Todo comenzó una mañana en el salón de clases, cuando Stan se levantó de la silla a exponer el tema que investigó para el área de Biología, sintió que esta era una de las tantas malas jugadas que su maestro le ponía trampa de rajarlo en la materia. Últimamente, le estaba yendo de mal en peor en esa asignatura porqué no le entendía un carajo lo que ese viejo cascarrabias explicaba en su clase, afortunadamente su mejor amigo le ayudó con la cartelera y resolverle ese par de interrogantes que se acumularon en su cabeza.
El pelinegro dirigía su mirada hacia varios lados del aula, exactamente enfocándose en la atención prestada de sus compañeros que le hicieron entrar más en confianza con el fin de que sus palabras salieran fluidas para terminar a la brevedad posible en un dos x tres el tema ya expuesto, por que sentía que en cualquier momento, su maestro lo iba a avergonzar en frente de todos.
Kenneth alzaba la mirada de vez en cuando, copiando lo que decía la cartelera que había pegado el pelinegro, en compañía de su mejor amigo, quién le colaboró en ese sentido, antes de que comenzará con su exposición, teniendo en cuenta que su maestro pasaba por todos los puestos, observando también lo que hacían los demás alumnos, realmente no quería darle papaya a que lo jodiera, interrumpiendo la exposición de su compañero. Poco le entendía a lo que estaba diciendo, solo sentía que lo hacía por inercia o prácticamente un deber de llenar una hoja en blanco con algo de información que mantendría en su cuaderno. Sin embargo, al observar la figura de Stan con detenimiento, bajo la mirada hacia su parte íntima, cubierta por la camiseta oscura que trae puesta en esos instantes, advierte que esto llega a ser una atracción iminente que le conlleva a sentirse atraído por su masculinidad en fantasear con su parte íntima, antes de cogérselo.
-—¿Alguna pregunta? —Interrogó su maestro al espabilarlo de su fantasía erótica, acercándose al lado de Stanley.
El silencio habló por sí solo en todo el aula, lo que hizo que su maestro asumiera que todos habían entendido la explicación de su compañero.
—Bien... Puede tomar asiento Señor Marsh —Señaló el docente al retomar su puesto nuevamente—.
El mencionado asiente quitando la cartelera del tablero, enrollándola dónde estaba parado para asímismo regresar a su puesto y estar atento lo que quedaba de clase, sin mencionar que tal vez su maestro saliera con alguna sorpresita que lo hicieran quedar como el malo del paseo.
El profesor tomó de nuevo el puesto, anunciando que el próximo viernes habrá una salida ecológica al parque Brown Country State Park, añadiendo que todos los detalles de la excursión los dará a través del e-mail, informándole de paso a sus padres que tengan previo conocimiento sobre la susodicha excursión.
El timbre sonó de inmediato y todos los alumnos recogieron sus cosas para salir a receso. Stan se quedó en el salón unos minutos con la finalidad de arreglar la nota que había concordado con el docente a favor de la exposición. Así que, sus amigos lo esperaron afuera en el pasillo, menos Eric Cartman que se dirigió hacia la cafetería con Heidi.
Al rato, sale el pelinegro del aula, suspirando con algo de pesadez, porqué no levanto la nota como esperaba para este período.
—Stan, ¿Qué ocurre? —Preguntó Kyle al verlo en ese estado—.
—Dígamos que no muy bien. Pero, por ahora, no quiero hablar del tema. Más bien, vamos a la cafetería que quiero comer algo.
—Como quieras, dude...
El pelirrojo asintió no queriendo entrar por ahora en detalles, solo esperaba a que él le contará por iniciativa propia lo que había pasado adentro.
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Ese día por la tarde, después de la escuela, Kenny se encierra en su habitación, contemplando ahora la sensación de masturbarse en honor al pelinegro que ya lo tenía en jaque por querer disfrutar todo lo que viniera de Stan hacia él. No obstante, lo que más se sorprendió fue el comentario que hizo saber en el receso, cuando estaban sentados en la mesa y él a su lado, observando de vez en cuando la entrepierna con disimulo; mientras que llevaba algo de comida a su boca, saboreando en su paladar aquella fantasía del azabache. Por un lado, se alegraba que su ex pareja no le haya cumplido lo que él quería y por otro lado llegó a preguntarse ¿Como haría para satisfacer su deseo, sin que él llegará a ofenderse?
Una respuesta que tan sólo se lo diría el momento adecuado.
Por lo tanto, se masajeo su miembro hasta correrse en sus manos y después iría a tomar una ducha que le bajaría un poco la calentura que llevaba consigo desde el salón de clases hasta ahora.
Mientras que en la casa de los Marsh, Stan se encontraba recostado como estrella de mar en su cama, mirando al techo, recordando la plática que tuvo en la hora del receso, sobre las fantasías sexuales. Sabía que, para él eso era algo imposible que alguien le cumpliera su fantasía, ninguno de sus amigos pintaba de ser marica y lo peor es que por ahora no tenía ningún interés en otra mujer. Entonces, dejó su fantasía por ahora en veremos. Recostando, su cuerpo de medio lado para echarse una siesta y luego levantarse con el fin de hacer cualquier cosa.
Al cabo de unos minutos, escucha el timbre de su casa y se extraña de quién podía ser, ya que hoy no esperaba a nadie en su residencia, por tanto, baja las escaleras al salir de su alcoba tras ponerse de nuevo los tennis que los había dejado cerca a su cama. En cuanto, abre la puerta se da cuenta que es su amigo Kenneth, quién estaba afuera con una sonrisa estúpida que no entendía y prefirió ignorar esa parte...
—Y, ¿Eso amigo qué te trae por aquí? —Preguntó Stan con asombro—.
—Hola Stanley... ¿Puedo pasar? —Saludó con una voz cantarina, dándole ahora importancia a que lo estaba viendo atrayente para sus ojos—.
—Claro amigo, sigue. —Asintió el pelinegro, dándole la bienvenida con la mano.
El rubio dió un paso hacia adelante, esperando a que su pelinegro cerrará la puerta.
—Y, ¿Qué quieres hacer? —Preguntó Kenneth al observarle de nuevo su figura—.
—No sé, ¿Te gustaría ver una película? Hoy no quiero jugar videojuegos —Respondió el pelinegro en un tono de aburrimiento.
—Sí, lo que tú quieras.
—¡Ok, vamos! ¿Tú ya comiste algo?
—No... No tenía hambre.
—Bien... voy a pedir algo domicilio.
—¿No has almorzado?
—No, no quería comer tampoco.
—Ya veo. Entonces sí, pide lo que tú quieras.
El pelinegro asintió con una sonrisa para llamar a McDonald's y ordenar la promoción el combo de hamburguesas con papas fritas y gaseosa de 1.5 LTS, antes de subir a la habitación y ver Netflix en su televisor.
Ocho días después...
—Kenny, ¿Qué carajos haces? —Susurró el pelinegro tras apartar la mirada de la ventana y ver cómo la mano del rubio no se detenía de acariciarle suavemente y constante la entrepierna, con la intención de excitarle la parte íntima, antes de que llegarán al Brown Country State Park.
—Pues, que quiero sastifacer esa fantasía —Habló el rubio de la misma forma que empleó Stan hace un momento—.
—¿En serio?
—Sí, te quiero joder...
Stanley soltó una carcajada minuciosa, tratando de ocultar frente a los demás pasajeros el chiste del día, seguido de Kenny que también suelta la risa, dejándole de acariciar el bulto al pelinegro.
—¡Ya Kenny! Estuvo bueno el chiste... —Habló con seriedad Marsh al parar su risa, presentiendo que en cualquier momento se iba a acercar el maestro de biología—.
—Yo estoy hablando muy en serio ó te recuerdo lo que pasó ese día... —Musitó el rubio al volverle a tocar el bulto a su amigo—.
—¿D-de qué mierda hablas? —Cuestionó Stan con un leve sonrojo en sus mejillas—.
—De lo que hiciste ese día ó, ¿Quieres qué te lo recuerde?
—¿Cómo?
—¡Mmphm! ¿Con un beso o una mamada? Escoge bebé...
—Enserio Kenny ¿desde cuándo eres un maricón?
—Desde el día que te ví atractivo.
