Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.


Capítulo 9

Riley, el diseñador gráfico senior que trabajaba en la cuenta de Luxe, estaba furioso como siempre.

Parecía un Archie Andrews de cuarenta años de una historieta, y hubiera sido atractivo de manera juvenil sin el perpetuo ceño fruncido. La primera vez que presencié su ira, fui tomada por sorpresa, pero pronto me di cuenta que parecía ser su estado de ánimo usual. Riley tendía a quejarse primero y producir luego. Afortunadamente, lo que él creaba era generalmente deslumbrante.

Mientras tanto, él iba a provocarse una úlcera.

—Tienes que estar bromeando. No recuerdo que Luxe fuera así de complicado cuando Stephenie trabajaba con ellos —dijo nasalmente, pasándose una mano por su llamativo cabello colorado.

Contuve una sonrisa cuando éste siguió parado.

Jamás han sido así de indecisos antes —acusó.

Esperen un minuto. ¿Estaba insinuando que esto era mi culpa?

—Es un concurso de becas, Riley, y ellos nunca han ofrecido una antes —dije sin problemas, tragando mi propia furia. Aún así, estaba jodidamente cansada de que él siempre fuera duro conmigo—. Ellos están nerviosos y emocionados de hacerlo, así que creo que esa es la razón por la que el diseño ha cambiado tantas veces. Pero también comprendo que ellos son uno de nuestros clientes más importantes, así que es importante que nos acomodemos a ellos, ¿de acuerdo?

Era lo correcto para decir, pero también lo incorrecto, porque sus oídos prácticamente echaban humo.

No. No estás aquí tratando de decirme algo que ya —pronunció de una manera despectiva, dejando caer su muñeca exageradamente, como una reina del drama molesta.

—No, simplemente te lo estoy recordando.

—Ahora, escucha aquí...

Girando en su silla, me envió una mirada furiosa que rápidamente se esfumó al ver algo detrás de mí. De repente, lucía disgustado y encantado.

—Edward —dijo altaneramente, y me di la vuelta.

Edward atravesó la puerta de la oficina de Riley como un ángel vengador con mirada intensa, vestido del gris más oscuro. Registrando su rostro pasivo y su mirada fría hacía que mi pulso se acelerara. Era una mirada familiar, una que había visto en una expresión más joven, y repentinamente, me sentía mareada.

Oh, no. ¿Había escuchado nuestra conversación?

Brevemente, su mirada me estudió antes de llevarla de nuevo a Riley.

—Parece que eres muy duro con Bella —dijo Edward, su tono ártico.

Bueno, eso respondía a eso.

Riley, con sus pies alrededor de las barras de su taburete, estaba visiblemente alterado, y su postura se enderezó. Verlo reaccionar así me hizo llevar mi iPad hacia mi pecho.

—Soy muy duro con todos, eso lo sabes —intentó bromear él.

Salió monótono. Fríamente silencioso, Edward evaluó a Riley estoicamente. Después de un momento, Riley comenzó a retorcerse.

Comencé a retorcerme internamente yo misma. Primero que todo, no necesitaba de la ayuda de Edward, y segundo, su mirada contundente podría ser jodidamente sexy, pero también era intimidante. Estaba indirectamente nerviosa y temblando.

Había mentido en la oficina de Edward el día que le dije que Riley trabajaba bien con mis conceptos, porque no quería crear problemas. También creía que cualquier dilema que hubiera sería mío para lidiar. Pero incluso si no lo fueran, hubiera tragado mi propio pie primero antes de mencionarle algo a Edward.

Unos largos segundos pasaron mientras los dos hombres se sumían en un concurso de miradas, y se estaba volviendo incómodamente ridículo. Estaba a punto de hablar cuando Riley finalmente cedió.

—Quizás estoy siendo un poco irrazonable —admitió—. Pero el cliente ha cambiado de parecer cuatro veces ya. Quizás el concepto de Bella no fue lo suficientemente claro, porque me parece que no saben lo que quieren.

Mi boca se abrió. ¡No, él no iba a echarme a los leones!

—El concepto es claro, Riley —dijo Edward—. Lo he leído yo mismo. El cliente sabe lo que quiere. Es tu trabajo crearlo visualmente, incluso si toma más de cuatro intentos para conseguirlo. Como has trabajado aquí por años, tengo que asumir que te has enfrentado a situaciones como esta en el pasado.

—Bueno, no hasta este punto...

—Pero lo que realmente me preocupa es tu evidente falta de respeto hacia otro empleado.

Una ola de temor recorrió mi cuerpo mientras Riley palidecía y tragaba.

—Por supuesto —comenzó—. Definitivamente he...

—Porque así no es cómo Smith & Devaney opera. Quizás necesites un repaso sobre los valores de la compañía.

—Está bien —dije, esperando dispersar la ira de Edward—. Estamos trabajando en ello, ¿o no, Riley?

—No está bien —dijo Edward, y mi corazón comenzó a acelerarse—. Escuché toda la conversación. Así no es cómo los profesionales de un mismo equipo trabajan juntos, y Riley lo sabe.

Edward dio unos pasos más hacia el escritorio donde Riley se sentaba, obligado a que Riley levantara la mirada hacia él. Cuando habló, su tono era conversacional, pero las palabras eran firmes y llevaban una advertencia.

—Entiendo que Betsy te ascendió a diseñador gráfico senior recientemente. Quizás eso ha añadido más estrés de lo que puedes lidiar, y ha nublado tu juicio.

—Por favor, no hagas de esto un problema —le imploré a Edward.

Él me echó un vistazo, su mirada suavizándose ante lo que fuera que vio reflejado en mi rostro. Probablemente una sensación de pánico, porque sentía que su crítica estaba saliéndose de control.

—Él tiene razón, Bella —dijo Riley con un pesado suspiro, y el tono nasal había desaparecido de su voz. Con su cabello aún parado y su ceño fruncido, lucía como un niño reprendido—. No te he tratado justamente, y me disculpo.

—Aceptado —dije inmediatamente, desesperada por calmar la situación—. Sé que trabajaremos bien juntos ahora. No puedo esperar a eso.

Su mirada era agradecida mientras me miraba, aunque aún lucía intimidado y avergonzado.

—Mientras que eso suceda, no tendremos que involucrar a Betsy y a Stuart —dijo Edward y dio un paso hacia atrás.

—Gracias —dijo Riley modestamente—. Aprecio que me des otra oportunidad.

—En todos los ámbitos, Riley. No quiero escuchar más historias sobre que eres complicado, o vamos a revisitar esta conversación, y habrá un resultado completamente diferente —añadió Edward.

Riley agachó la cabeza y asintió.

Edward volteó y extendió su brazo entonces, indicando que debería irme.

Muy bien, suponía que mi reunión había terminado.

—Tendré algo para que mires mañana, Bella —me dijo Riley por detrás.

Giré para mirar en su dirección.

—Gracias.

Mientras Edward y yo caminábamos por el pasillo hacia la sección de Mercadotecnia del piso, mi corazón estaba martillando con la urgencia de llamarle la atención. Él había usado su posición para intimidar a Riley, y no podía evitar relacionar sus acciones con aquellas de su pasado. En mi mente, seguía viendo la expresión fría e imperturbable en su rostro.

Sintiendo la mirada de Edward, suavicé mi expresión, tratando de esconder lo molesta que estaba.

—¿Necesitamos hablar de esto? —preguntó.

—No —gruñí, y di dos pasos antes de detenerme y darme la vuelta—. No has cambiado mucho en absoluto —susurré—. ¡Estabas hostigando a Riley!

Él me estudió, y entonces se pasó una mano por la boca.

—Vayamos a mi oficina.

—No.

—Bella, por favor. No estoy preguntando —contestó, y mi mano libre se cerró en un puño.

Mientras caminaba, podía sentir lo tensa que me encontraba, lo fuerte que aferraba mi iPad. Cuando mis pasos se detuvieron junto a mi cubículo, Edward carraspeó.

Tanya nos vio mientras pasábamos —su radar interno de Edward parecía ser tan agudo como el mío— pero no me atreví a encontrarme con su mirada. Del otro lado del pasillo, Alice estaba escribiendo activamente en su teclado mientras tenía puestos sus auriculares.

Estaba segura que las personas se preguntaban qué estaba pasando mientras marchábamos silenciosamente por el piso hacia la oficina de Edward. La piel se me erizaba al sentir ojos sobre nosotros mientras pasábamos. Podía escuchar las palabras «oh, alguien está en problemas».

—Por favor, recuerda que todos fácilmente pueden ver el interior de la oficina —dijo Edward ni bien había cerrado la puerta detrás nuestro.

—Sonreiré de oreja a oreja mientras hablamos, entonces —mascullé.

—Sentémonos. Estar de pie da la apariencia de que estamos discutiendo.

Dándome cuenta de que tenía razón, me senté mientras Edward caminaba alrededor del escritorio hacia su propia silla. Intentando calmarme, respiré profundo varias veces.

Esto no se trata de ti, me dije a mí misma.

—Cuando giré en la esquina y escuché la manera en que Riley te estaba hablando, sabía que me habías mentido. ¿Por qué?

O quizás era sobre mí.

Tuve que apartar la mirada por la intensidad en sus ojos. ¿Por qué todo era tan de alto octanaje? Honestamente me dejaba exhausta.

—Lucho mis propias batallas.

—No podrías saber esto, pero Riley tiene una reputación de ser una persona complicada con quien trabajar a veces —dijo Edward con una expresión mordaz en su rostro—. Es por eso que te pregunté cómo estaba yendo con el Departamento Gráfico. No era por qué creía que no podías hacer tu trabajo.

Escuchar que Riley también era complicado para trabajar con los demás me dio una pequeña pausa, pero apenas disminuía mi ira.

—A pesar de eso, él se echó atrás al instante que lo desafiaste —dije—. ¿Por qué tenías que hacerle entrar en razón repetidamente? Fue vergonzoso.

—Para asegurar que su comportamiento no siga pasando. Él era el que abusaba.

Mi respiración se aceleró.

—Y tú sabrías todo sobre eso, ¿o no?

—Sí —dijo firmemente—. Lo sabría, porque tuve que enfrentarlo yo mismo. Confía en mí, me han dejado perfectamente en claro lo que es el abuso y cómo lidiar con ello. No hay lugar en el trabajo para ese tipo de comportamiento, y se lo dejé en claro a Riley.

—Lo intimidaste frente a alguien más. Hubiera sido diferente si yo no hubiera estado allí, pero lo estaba.

—Intimidarlo hubiera implicado llamar a su jefe y al director ejecutivo de Publicidad a la oficina, y explicar exactamente lo que le había escuchado decirte. Basado en lo que he escuchado de los demás en este departamento, hubiera sido bien merecido. Riley te debe un agradecimiento por evitarle esa experiencia, porque estaba preparado para hacerlo.

Aún nerviosa, mis uñas se enterraron en mis palmas.

—Exactamente lo que hace un matón. Forzar las cosas.

—Simplemente le recordaba su lugar dentro de nuestra organización —respondió Edward, completamente sereno—. Y Riley aceptó que no había sido justo contigo.

Negué con la cabeza, sintiendo las lágrimas arder en mis ojos. No sabía por qué la ira de Edward con Riley me estaba afectando tanto, pero necesitaba controlar mis emociones y rápidamente.

La firme consideración de Edward no ayudaba.

—¿Escuchaste cuando dijo que lo lamentaba?

Parpadeé, notando una extraña nota de preocupación en su voz.

—Sí, lo escuché.

—¿Y aceptas su disculpa?

—Estabas allí —contesté. ¿A dónde iba con esto?

—Así que aceptaste su disculpa, y apuesto que él ha estado actuando de esta manera desde el primer día. ¿Estoy en lo correcto?

Exhalé bruscamente y le di una mirada de reojo.

—Eso no es sobre nosotros.

—¿No lo es? —masculló.

Nuestras miradas se cruzaron, la de Edward penetrante como siempre, la mía molesta y acusadora... y comenzando a nadar con lágrimas, diablos. Apartándola, observé el patrón borroso de la luz solar en el suelo frente a la ventana.

—Creo que involuntariamente te pusiste en el lugar de Riley justo ahora —dijo, su voz baja, gentil, su paciencia incrementando mientras que la mía se hacía pedazos—. Así que, comprendo por qué estás molesta y avergonzada. Lo siento, Bella.

Su disculpa me tomó desprevenida, y tragué dolorosamente mientras un sollozo intentaba asomarse por mi garganta. Cerrando los ojos fuertemente, me obligué a controlarme. Una lágrima se escapó y rodó por mi mejilla. La sequé frenéticamente, queriendo desaparecer en el suelo, sabiendo que él estaba allí observándome.

Viéndome quebrarme.

—Pero necesitaba ser dicho, así Riley comprende que su comportamiento está mal. Fue poco profesional, sin mencionar sumamente malo, actuar de la manera en que lo hizo contigo. Alguien necesitaba llamarle la atención, y tuve que ser yo porque lo escuché. La política número uno de nuestra compañía es el trabajo en equipo, y Riley claramente la olvidó. Lo que hacemos aquí es colaborar, y él no estaba colaborando contigo.

Mientras más hablaba, más era capaz de recuperarme, hasta que finalmente busqué su mirada de nuevo. Cauteloso, abierto, suave, Edward parecía más vulnerable de lo que jamás lo había visto; parecía que estaba dándome un pedazo de sí mismo a mí en respuesta a mi reacción.

Estaba sorprendida, incluso agradecida, pero tremendamente incómoda.

—Lo entiendo —dije, y mi voz sonaba apagada, ronca, y fría.

—¿Qué entiendes? Dime.

Suspiré de manera abrupta.

—Sé que Riley estaba equivocado, ¿de acuerdo?

—¿Qué más?

Diablos.

—Tenías razones para llamarle la atención. Simplemente deseo no haber estado allí para verlo. O, deseo que simplemente lo hubieras reportado con su supervisora y dejar que ella se encargara —dijo, recuperando parte de mi compostura.

—Él ha sido reportado ante Betsy antes —dijo Edward, y mis ojos se agrandaron—. Él tiene suerte de que no está bajo mi mando, o él se hubiera ido.

Asentí, apartando la mirada de él de nuevo. Sus hermosos ojos eran simplemente demasiado astutos, demasiado penetrantes, demasiado.

—Entonces... ¿estamos bien? —me preguntó después de unos momentos de silencio.

—Sí —contesté secamente, y me puse de pie. Había tenido suficiente de este tipo de intimidad vergonzosa—. ¿Puedo irme ahora?

—Por supuesto.

Sentí su mirada en mí mientras caminaba hacia la puerta, pero no me molestaba como usualmente lo hacía. Quizás porque él había estado tan decidido a ayudarme con mi malinterpretación de la situación. Quizás porque él no me había hecho sentir mal por reaccionar exageradamente. Y quizás porque él se había asegurado de que comprendiera toda la historia.

—¿Bella?

Él nunca podía simplemente dejarme ir, ¿no?

—¿Qué?

Él no contestó, así que estuve obligada a volver a girar. Mi corazón saltó a mi garganta ante la mirada de amabilidad en sus ojos.

—Espero que sepas que siempre puedes hablar conmigo —masculló.

Arqueé una ceja.

—O podrías hablar con Alice —añadió y sonrió con remordimiento, haciendo estremecer mi pecho.

Fue su sonrisa triste la que me impactó; esa mirada que hacía evidente que él sabía que vendría a él solo como último recurso. Un pequeño pinchazo de vergüenza atravesó un rincón de mi corazón.

—Lo sé —admití. Y lo dije en serio, a pesar que probablemente nunca lo haría. Estaba acostumbrada a lidiar con todo sola.

De vuelta en mi escritorio, exhalé temblorosamente mientras me hundía en mi silla. Sentía como si hubiera sido pisoteada, y hubiera dejado un pedazo de mí misma atrás en su suelo. Mi cuerpo y mi cabeza se sentían pesados, y mi alma definitivamente estaba alterada.

Con la excepción de la primera vez que nos habíamos conocido, jamás había permitido que Edward Cullen viera mis lágrimas. ¿Qué me estaba pasando? ¿Él me daba una mirada suave, y perdía un pedazo de mi armadura?

No, él me había tomado por sorpresa, eso era todo. Todo lo de Riley había sido como una maldita montaña rusa, arrojándome por una colina, y entonces llevándome de arriba abajo. Odiaba las montañas rusas; probablemente me hubiera desmoronado frente a cualquiera después de ese paseo.

—¿Qué pasa?

Me sobresalté ante la pregunta de Alice y giré para ver una expresión seria en su rostro.

—Tanya pasó alrededor de quince minutos diciendo que tú y Edward estaban en una reunión a puertas cerradas. Y Edward raramente tiene reuniones a puertas cerradas, así que...

Comenzaba a sentir náuseas. ¿Por qué Edward estaba cambiando las cosas?

—Hubo un pequeño malentendido con Riley.

Alice se apoyó contra mi escritorio y se cruzó de brazos.

—Jamás ha habido un pequeño malentendido con Riley. Es puras adversidades con él. ¿Qué pasó?

—Edward escuchó una conversación entre nosotros —comencé, las palabras saliendo con dificultad—. Él tenía unas palabras fuertes para Riley. Como estaba allí, me afectó. Es difícil ver a alguien meterse en problemas.

—¿Incluso si Riley se lo merecía?

Me encogí de hombros y asentí.

—Riley se lo tenía merecido por un tiempo. Betsy es buena en lo que hace, pero no impone disciplina. Aún así, es raro que Edward no me haya llamado también. Soy tu supervisora.

Era un comentario provocativo, y ella me estudió de manera expectante.

¿Qué se suponía que debía decir?

Esto era personal. Necesitaba echarle la bronca a Edward por hostigar a Riley. Solo que estaba monumentalmente equivocada. Fue un completo desastre. Y vergonzoso.

—Él me dio una especie de discurso motivacional —dije y sonreí, pero incluso yo podía ver que no era convincente. Decir medias verdades definitivamente no era mi fuerte. O, aparentemente, esconder lo desequilibrada que aún me sentía. Solía ser jodidamente buena en ello, solía esconder mucho dolor de mi papá, pero evidentemente, estaba fuera de práctica.

Alice me estudió silenciosamente por unos momentos, y entonces relajó sus brazos.

—Aún pareces alterada, pero Riley no lo vale, confía en mí.

No estaba exactamente alterada por Riley, pero asentí de todos modos. E intenté lucir tranquila. Básicamente, no la engañé ni por un segundo, pero ella lo dejó pasar y regresó a su escritorio.

Y yo me senté en el mío sintiéndome vulnerable, mi mundo inclinándose ligeramente sobre su eje. No siempre tenía razón, pero no estaba acostumbrada a estar tan equivocada.

Mi ira con Edward me había cegado.

Era una llamada de atención vergonzosa.


Traduje otro capítulo, así que pude subir este :)

¡Muchas gracias por leer!