Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.
Capítulo 13
El tronido repetitivo de pelotas de goma impactando las paredes hacía eco mientras levantaba mi raqueta y golpeaba mi propia pelota. Esta chocó satisfactoriamente contra la pared más lejana y rebotó en el suelo, y Rose la golpeó con su raqueta en una feroz respuesta.
—¿Cómo va con el Jefe? —preguntó, y la pelota pasó por mi lado en un borrón de color.
Diablos.
Atrapé a la cosa evasiva, fulminando con la mirada a Rose. Desde nuestros días de universidad cuando tenía problemas para hablar de lo que me molestaba, Rose me había presionado a practicar raquetbol. De acuerdo con ella, el raquetbol era el único deporte donde podías simultáneamente estar mirando la pelota y aún así te impactaría en la cabeza a ciento cincuenta kilómetros por hora. Era su remedio, su despierta y huele el maldito café.
Aunque apreciaba el sentimiento, el raquetbol no era una de mis fortalezas. Tampoco lo era hablar mientras intentabas concentrarte en no ser golpeada.
—Bien, supongo —respondí a su pregunta sobre Edward—. Él finalmente dejó de presionarme para hablar del pasado —contesté con un gruñido mientras mandaba a volar la pelota de nuevo.
—Oh, jo —dijo ella, moviéndose como cangrejo a un costado para realizar su voleo—. ¿Entonces te está dando un poco de paz?
Gruñí mientras golpeaba la pelota hacia el otro extremo de la pista, pero fue inestable y no logró cruzar la línea al rebotar.
Paz no era exactamente lo que diría que Edward me estaba dando. Se sentía más a un rechazo. Como una pared vacía de pesado silencio. Si creía que él me había estado ignorando antes, no era nada comparado con lo que había estado experimentando en las últimas semanas.
—Él ha estado ignorándome —dije, mientras ella se preparaba para otro recibimiento—. Ya no mira más en mi dirección.
—Pero eso es lo que has querido desde el comienzo.
Sí. O eso creía.
Ahora que él estaba evitándome, provocaba todo tipo de sentimientos. El número uno era asombro, porque aparentemente, él había cambiado de parecer sobre evitarme. El número dos era confusión, porque no debería importarme, seguido de ira porque lo hacía, transformándose en simple dolor.
Cuando él caminaba por mi cubículo ahora, ni siquiera me echaba un vistazo. Ni siquiera si casualmente me encontraba hablando en ese momento. La mayoría de las veces, él caminaba entre cubículos de otras filas, tomando el camino más largo para ir o venir de su oficina. Y él debía saber que lo notaría, especialmente desde que se lo había enfatizado antes.
Pensamientos sobre su comportamiento desconcertante plagaban mi mente a menudo. ¿Estaba actuando de esa manera debido a Tanya, o era realmente debido a mí? ¿Se había quedado sin paciencia? ¿Realmente estaba dejándome tranquila? ¿Estaba dándose por vencido conmigo?
¿Por qué esa idea me llenaba de tanta desesperación?
Lo que quería decir que era la peor hipócrita del mundo, porque sabía que me había negado a escucharlo repetidamente. Y ahora que él estaba haciendo lo que quería, estaba descubriendo que no parecía ser lo que quería en absoluto.
Sentía que estaba siendo partida a la mitad; me sentía voluble. Me habían dado exactamente lo que había pedido, y lo encontraba dolorosamente vacío. Mi espíritu estaba más caído de lo que había estado en mucho tiempo. Estaba teniendo problemas para concentrarme en el trabajo y para dormir durante la noche.
Edward siempre había sido muy receptivo a mí, ansioso por seguirme la corriente, casi rompiéndose el lomo para mostrarme quién era él hoy. Pero la pared completamente vacía que era conmigo ahora me hacía querer golpear mi cabeza contra ella. O quizás hacerla pedazos.
—No me gusta ser ignorada deliberadamente —resoplé en respuesta ante la declaración de Rose, golpeando la pelota con todas mis fuerzas. Cuando esta rebotó inmediatamente contra la pared y hacia el costado de mi muslo, Rose se sofocó de la risa.
—Tu puntería es una mierda cuando estás molesta.
Me incliné, con las manos en mis rodillas, mirando con odio a la pelota entre mis pies.
—Así que, ¿no quieres que él te ignore?
—No. ¡Sí! No lo sé —gruñí—. Simplemente no me gusta quién es él últimamente.
—Tampoco te gustaba antes.
Como era el turno de Rose, reboté la pelota con mi pie y se la lancé.
—No, no me gustaba cuando era un adolescente. Está bien ahora. Pero... simplemente no últimamente. Él ha cambiado.
Me enderecé, observando como ella rebotaba la pelota entre su raqueta y el suelo.
—Entonces, ¿no crees que eres tú quién ha cambiado?
—¿A qué te refieres?
—Pareces menos irritable con él últimamente. No te quejas de él como solías hacerlo.
—Quizás porque todo es interno —respondí.
—¿Sabes? Lo que sea que busques, lo conseguirás —dijo, guiñando un ojo.
Ella sonaba como una galleta de la fortuna.
—¿Qué?
—Si estás buscando ira, eso es lo que conseguirás. Si estás buscando respuestas, eso es lo que encontrarás. Me parece que no has decidido qué quieres en realidad cuando se trata de Edward, así que estás confundida. Ahora, ¡golpea esa pelota si puedes! —dijo e hizo un lanzamiento.
Lo hice, y ella de inmediato la mandó a volar hacia el lado opuesto de la cancha, obligándome a correr detrás de la trayectoria de la pelota. La intercepté justo apenas antes de enviarla de vuelta, y la voleamos varias veces antes de que le errara de nuevo.
—No creo que alguna vez te haya visto así de distraída —dijo Rose—. Pareces estar muy preocupada.
—Simplemente no estoy de humor —mascullé mientras ella azotaba la raqueta de nuevo.
—¡Concéntrate! —gritó Rose—. Quiero ejercitarme. ¡Golpea la pelota! Finge que es la cabeza de Edward.
—¡No soy tan violenta! —bufé mientras corría y respondía a su movimiento.
—No, solo estás confundida, ¿cierto?
—Cierto.
Ella impactó la pelota.
—Entonces habla con él.
Di varios saltos hacia adelante para interceptarla.
—No llegarás a ninguna parte hasta que lo hagas —añadió.
—Él me está ignorando —le recordé.
—Quizás haya decidido que lo dejaría todo en tus manos —contestó.
Lo cual tenía sentido. Quizás lo estaba. Eso me hacía preguntar si intentaba obligarme a que hiciera algo, o simplemente estaba respetando mis deseos. Pero, eso requeriría un acto de fe, considerando cómo creía que yo estaba conforme con la actual normalidad.
Impacté la pelota, fingiendo que era la manifestación de toda mi frustración y sentí la resonante sacudida hasta el hombro.
—Estoy en el limbo —bufé—. Y lo odio.
—Entonces baila el limbo. Da el paso. Se supone que es bueno que hagamos algo aterrador todos los días.
¿Todos los días?
—Usé toda mi cuota cuando acepté este trabajo.
—Patrañas. Tienes más agallas que cualquiera que conozco.
—Eres mi amiga. No eres parcial.
Ella golpeó la pelota rápidamente, y la erré por un metro.
—Sí, pero también sé lo que has vivido. Deja de subestimarte.
—Lo siento —jadeé, levantando mi raqueta para rebotar la red contra mi cabeza—. No es mi intención ser un dolor en el culo.
—No lo eres. Diablos, Bella. ¿Por qué eres tan dura contigo misma?
Su pregunta me detuvo en seco.
—¿Lo soy?
—¡Sí! Sabes que te amo hasta el fin del mundo, pero a tu actitud le vendría bien un poco de trabajo. Tienes el ánimo por el suelo, chica.
Era lo mismo que ella me había dicho años atrás poco después de haberme mudado a Chicago.
—¿El ánimo por el suelo? —pregunté con voz chiquita.
—Tanto que apestas. ¿No lo hueles?
Me crucé de brazos, la raqueta colgando contra mi cadera.
—Supongo que no. Supongo que me he acostumbrado a ello.
—Bueno, ahora lo sabes —dijo, haciendo su brazo hacia atrás para golpear la pelota de nuevo—. Ponte en posición de nuevo. No hemos acabado aún.
Su juego me obligó a prestar atención entonces, y aceché a mi frustración por la cancha, hasta quedar sudada y sin aliento.
—Ahí lo tienes —jadeó Rose, llevando su botella de agua a la boca.
Di unas palmadas a mi frente y mis sienes con la toalla, sintiendo mis muslos temblar por el esfuerzo.
—He terminado.
Ella sonrió.
—Lo sé. Lo hiciste bien. ¿Te sientes bien?
—Tengo ganas de sentarme.
—Probablemente deberías ducharte primero. Como dije antes, apestas.
—Eres graciosa.
Abandonamos la cancha de raquetbol y nos dirigimos hacia el vestuario, recibiendo las miradas de los chicos que pasábamos. Me sentía asquerosa y sudada; mi coleta había caído de su posición alta en la parte trasera de mi cabeza a mi cuello, y largas mechas de cabello caían sobre mi pecho izquierdo. Lo que ellos veían en mí ahora desafiaba la imaginación.
Mientras caminábamos por el piso donde se encontraban las pesas, vi al tipo enorme que trabajaba en Contabilidad. Del trabajo. Estaba flexionando su bicep en tanto que nos miraba a Rose y a mí con reconocimiento en su rostro. Vaya, él era gigante. Como el tronco de un árbol. Músculos sobre músculos.
—¡Bella! —exclamó, soltando las mancuernas con un sonido metálico.
—Eh —dije, mordiéndome el labio. Era terrible con los nombres, pero definitivamente lo recordaba de la noche de karaoke. Él había cantado «My Way» de Frank Sinatra, moviéndose en el escenario de poca manera como Sinatra, probablemente haciendo que el hombre se retorciera en su tumba. Había sido realmente terrible, pero de alguna manera él lo había exagerado perfectamente, y todos lo habían amado de todos modos.
—Emmett McCarty —dijo él—. ¿Ñoño de Contabilidad?
—Sí, cierto. —Asentí—. Te recuerdo.
Él sonrió de manera juvenil.
—También te recuerdo a ti. Ese fue un gran aterrizaje que hiciste esa noche.
Por supuesto que él recordaría eso.
—Estoy muy seguro que tu actuación fue mejor que la mía —arrastré las palabras, y él echó su cabeza hacia atrás con carcajadas.
—Quizás. Me gusta causar una buena impresión. —Miró a mi lado, donde Rose estaba parada, sus ojos brillando mientras su sonrisa se agrandaba.
—Ella es mi amiga, Rosalie Hale.
Rose asintió en su dirección, actuando como si fuera ajena a su obvio interés, pero podía ver su intriga cuando levantó la mano e intentó acomodar su cabello.
—Si ustedes dos no tienen planes esta noche, varios de nosotros del trabajo vamos a ir a Moxy's en el centro, en la calle LaSalle —dijo—. El DJ es genial, y realmente no has vivido hasta que hayas probado un taco Zombi en la medianoche.
Rose arqueó una ceja en mi dirección de una manera que me dejaba saber que debería considerar seriamente ir.
—¿A qué hora?
—Vengan en cualquier momento después de las nueve, y estaremos allí.
—De acuerdo, gracias —dije—. Supongo que nos veremos más tarde.
Mientras pasábamos por su lado, vi a Emmett darle un guiño a Rose.
—Él es increíblemente intrépido para enviar a una chica que no conoce un guiño así —me dijo mientras entrábamos al vestuario para mujeres del club.
—Oh, eso no es nada —bufé con una carcajada—. Deberías haberlo visto tratar de cantar como Frank Sinatra mientras intentaba moverse ebriamente como un bailarín de una banda de chicos.
~PJE~
Moxy's era un estudio de cristal, con superficies negras laqueadas, paredes de ladrillo, e iluminación rosa. Cuando atravesamos las puertas, la música se encontraba a un decibel seis—lo suficientemente fuerte para hacer que tu cabeza rebotara, pero no lo suficientemente alto para entorpecer las conversaciones. La multitud de tono rosado, la cual no era demasiado abrumadora aún, no mantenía en secreto que estábamos siendo escudriñadas mientras nos movíamos por la pista.
Rose y yo nos habíamos vestido para impactar, y encajamos bien con el resto de las mujeres con su piel al descubierto. Estaba vistiendo un pequeño vestido con cuello halter de cuero color azul marino que se ataba entre mis pechos, y Rose un pequeño vestido de dos piezas color negro con la parte de arriba en forma de bikini.
«Vaya», había dicho cuando vi su atuendo. «Emmett no tiene posibilidades».
«Oye, si lo tengo, lo muestro. Así como tú, Tinkerbella. Ese vestido es impresionante con tu color de cabello y tono de piel».
Mi vestido era mucho más sutil que el suyo —más que la mayoría de las chicas aquí— pero con suerte, era suficiente para captar la atención de un hombre lo suficientemente interesante para llevar a casa.
Mientras nos adentrábamos en el salón y nos acercábamos a la barra con iluminación rosa, alguien estiró una mano y dio unos golpecitos en mi hombro desnudo.
Emmett.
—Llegaron —dijo, mientras recibía su sonrisa con una de las mías. Él se acercó en busca de un abrazo, y me di cuenta que él ya estaba alegre y levemente ebrio. Lo vi darle una segunda mirada a Rose ante su atuendo, de hecho, pegó un salto, y entonces la acercó a él para abrazarla.
Rose, quien a menudo odiaba ser tocada por extraños, se derritió contra él. Sentí mi boca abrirse, y entonces solté unas risitas.
—Por Dios, él da los mejores abrazos —me dijo al oído—. Es como ser jalada hacia el pecho de un oso de peluche.
Emmett nos dirigió hacia el rincón y un sofá negro en forma de U.
—Estos son Jake y Erik. Jake es un ñoño de las finanzas, y Erik es nuestro gerente de informática —dijo él, y entonces se inclinó hacia mí—. Erik está prácticamente comprometido, así que escoge a Jake.
Negué con la cabeza y le golpeé el brazo en broma.
Erik, quién había estado con su teléfono, era asiático y tenía cabello marrón con una sonrisa tímida. Jake, noté, era el hombre que Edward había hecho a un lado cuando había intentado ayudarme a ponerme de pie durante el desastre del karaoke.
—Hola —dijo Jake, y se puso de pie mientras nos acercábamos. Él era fácilmente tan alto como Emmett, aunque no tan fornido. Cabello negro oscuro cubría su cabeza en ondas, y su sonrisa era tentativa—. Estás de pie esta vez.
—Jamás me permitirán olvidar esa noche —dije con una mueca.
—Fue una actuación memorable para comenzar —dijo Jake con una risita—. Pero sí, tengo que admitir que te consolidó en el ámbito del karaoke cuando lo remataste con esa salida.
—Creo que mi actuación debería ser lo suficientemente buena para los próximos cinco años de participación de empleados, ¿o no? —pregunté, él rio, y entonces preguntó qué quería beber.
Después de eso, desafortunadamente, se quedó fijo a mi lado como un erizo. Y no era que no estuviera interesada en él; era que esperaba llevar a un tipo a casa conmigo esta noche. Por supuesto, esa idea quedó descartada, a menos que él encontrara a alguien más o se emborrachara, lo cual no era probable.
—¿Quieres cenar conmigo alguna noche? —gritó mientras comenzaba el baile y el volumen de la música incrementaba.
Terminé el segundo martini de manzana de la noche y le dediqué una mirada.
—Jake, no creo que sería una buena idea salir con alguien del trabajo.
Frunciendo el ceño, él se acercó a mí en el sofá.
—Pero nosotros no trabajamos juntos. Incluso jamás te veo, Bella.
Eché un vistazo en dirección a Rose, justo cuando Emmett la llevaba hacia la pista de baile.
No tendría ayuda allí.
—Lo siento, Jake.
Él inclinó la cabeza y me dio una mirada.
—No me doy por vencido.
Genial.
—Deja que te traiga un trago esta vez —dije y me puse de pie, educadamente tratando de rechazarlo—. Ya regreso.
Nop.
Él me siguió como un caballero hacia la barra con sus luces tenues rosas, su mano descansando en la parte baja de mi espalda. Mientras nos movíamos por una cadena de cuerpos, capté la mirada fría de Edward y trastabillé.
Las manos de Jake estaban alrededor de mis hombros, su boca rozando mi oreja.
—Oye, ¿estás bien?
Al siguiente instante, alguien se cruzó delante de mí, bloqueando mi vista. Sacudí la cabeza, preguntándome si estaba viendo cosas, porque no había manera que Edward estuviera allí. Pero cuando la persona pasó, allí se encontraba, vistiendo una camisa de vestir negra y jeans oscuros, de pie junto a otro hombre en una mesa del otro lado del salón.
Una vez que nuestros ojos se encontraron de nuevo, vi que su mirada se movió hacia Jake detrás de mí, antes de asentir con la cabeza y girar el rostro.
Oh, ¿Realmente estaba saludándome ahora?
—Mierda. Cullen —escuché a Jake gritar con un tono definitivamente infeliz mientras me empujaba suavemente hacia adelante.
Le di una mirada de reojo.
—No nos llevamos bien —contestó secamente.
—Qué gracioso. Tampoco nosotros —mascullé, demasiado bajo como para que Jake lo escuchara.
Desde la barra, podía ver a Edward y a su apuesto amigo en mi vista periférica. Cuando una pareja de chicas ligeras de ropas se acercaron a su mesa, contuve la respiración.
—¿Qué puedo ofrecerte? —Alguien repitió de manera un poco grosera, y miré a la mujer detrás de la barra.
—Lo siento —dije—. Una cerveza y un martini de manzana.
Jake se inclinó cerca de mí, su boca contra mi oído de nuevo. Él no bromeaba cuando dijo que no se daría por vencido.
—Gracias, Bella.
Saqué mi tarjeta de mi cartera, viendo como la chica rubia con un vestido tubo negro con recortes se acercaba lo suficiente a Edward que sus cuerpos estaban presionados entre sí. Un momento después, ella se retiró con una mirada enojada, y entonces jaló bruscamente del brazo de su amiga.
Me reí, disfrutando del hecho que Edward había aparentemente rechazado a la chica. Obviamente, él no estaba aquí buscando algo. O si lo estaba, la rubia no era su tipo. Mientras me preguntaba cuál podría serlo, sus ojos se encontraron con los míos de nuevo, y mi corazón dio un salto.
—¿Estás interesada en Cullen? —me gritó Jake dolorosamente al oído, y me di la vuelta con asombro y enojo.
—¿Qué? No.
—Podrías haberme tomado por tonto —gritó Jake, y lucía realmente molesto.
Bueno, mierda.
—Solo lo miro porque lo conozco —expliqué—. ¡Porque estoy sorprendida de verlo aquí!
También quería ver qué pasaría con las chicas.
La mujer detrás de la barra colocó una botella de cerveza frente a nosotros, y Jake la tomó.
—Eres realmente mala mintiendo, y evidentemente, tienes doble moral. Gracias de nuevo por la cerveza —gruñó contra mi rostro, y entonces volteó y se alejó de mí.
—De hecho, no soy mala mintiendo —le dije a su espalda.
¿Y doble moral? ¿Qué mierda había querido decir con eso? ¿Solo porque había estado mirando a Edward, tenía doble moral? Allí se fue la actuación de buen tipo.
El hombre en la fila detrás de mí esbozó una sonrisa.
—¿Pelea de pareja?
Él tenía puesto una camiseta estampada, así que seguramente seguía en la universidad y era un chiquillo. No que hubiera algo malo con eso, pero me hacía corregir mi previa observación de hombre a niño. No era exactamente mi tipo.
—Juego previo —espeté, y volví a darme la vuelta mientras él estallaba en carcajadas.
La barwoman se encontraba al final de la barra hablando con su compañera de trabajo mientras agitaba algo en un vaso mezclador plateado. Echando un vistazo hacia el otro lado, vi que Edward se había ido, pero su amigo seguía en la mesa.
Necesité de toda mi fuerza de voluntad para no estudiar mi alrededor inmediatamente en busca de Edward.
Caminando de regreso a los sofás en el rincón, estudié el salón en busca de posibles ligues. Aunque encontré muchas miradas interesadas, ninguno generó una chispa. Hasta que vi a Edward de nuevo, cuando la chispa encendió un fuego en mi vientre. Estaba hablando con Emmett y Rose. A Jake, afortunadamente, no se lo veía por ninguna parte.
—¡Bella! —gritó Emmett mientras me acercaba—. ¡Mira quién está aquí! ¡Tenemos una pequeña reunión de la compañía aquí!
Rose me miró con los ojos bien abiertos, y entonces se abanicó exageradamente.
La sonrisa de Edward desapareció mientras me acercaba, pero antes que pudiera decirle una palabra, él había volteado hacia Emmett de nuevo. No escuché lo que dijo, pero de repente se estaba apartando y alejando, obviamente no se iba a quedar.
Y él podría haberse ido por la izquierda, pero en cambio, caminó directo hacia mí. Su hermoso rostro estaba estoico, sus ojos despectivos mientras pasaba por mi lado. Bien podríamos haber sido extraños.
—Bella —creo que dijo, pero no podía estar segura ya que él no se molestó en dirigirse a mí personalmente.
Me sacudió. De nuevo.
Me sentía engañada por alguna razón.
—No me dijiste que él era tan apuesto —gritó Rose cuando me ubiqué a su lado.
Levanté mi vaso y bebí un trago largo, tratando de no mirar hacia donde él se había ido.
—Quizás no creo que lo sea —le dije ilógicamente.
—Oh, no creo que haya alguna duda —respondió con una risita—. Él también parecía realmente bueno.
—Él es bueno. Ahora —grité en respuesta—. Tan perfectamente bueno —mascullé para mí misma.
Duré quizás cinco minutos antes de mirar en dirección a Edward de nuevo.
Misma mesa. Mismo amigo. Solo que ahora, estaba mirando hacia el otro lado, como si no quisiera tener la oportunidad de que nuestras miradas se encontraran.
Aún dándome lo que creí que quería, suponía.
Bebí el resto de mi martini de manzana.
—Me voy —le dije a Rose.
Ella me miró boquiabierta.
—¿Ya?
—Jake está molesto conmigo, Erik está prácticamente comprometido, y tú has tomado a Emmett.
Y Edward está aquí e ignorándome, y me siento triste y confundida.
—Oh, cielo. Lamento que no estés pasándola bien. ¿Llamarás un Uber?
La abracé fuerte.
—Lo haré, sí.
—De acuerdo. Escríbeme cuando llegues a casa.
Me reí.
—Escríbeme cuando tú llegues a casa.
Ella arqueó una ceja.
—Si las cosas salen como lo planeado, eso no será hasta mañana.
Bueno, al menos una de nosotras tendría suerte esta noche.
Con el teléfono en mi mano, me dirigí hacia la salida. Podría haber pasado por la mesa de Edward con mi nariz en el aire si quería, pero perversamente, no quería que él supiera que me estaba yendo. Me gustaba la idea de que él pensara que estaba ignorando a alguien que ya no se encontraba presente.
Por supuesto, ese plan resultó contraproducente cuando lo vi a él irse.
Edward le dio unas palmadas al hombro del hombre con el que estaba, y entonces marchó hacia la salida, atravesando la multitud de cuerpos sin mirar atrás. Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, estaba siguiéndolo tan rápido como mis tacones —y todos los demás en mi camino— lo permitían. No sabía cómo lucía, pero por las expresiones en los rostros que veía, finalmente estaba volviéndome loca.
Me sentía así.
Cuando llegué a la salida, vi que Edward se había detenido afuera. Me detuve abruptamente, mis dedos extendidos contra el cristal de la puerta desde el interior. Una de sus manos se elevó para acomodar su cabello, un movimiento elegante de un modelo, pero el gesto fue breve y brusco, sugiriendo inquietud.
Vi la luz azul de su teléfono y me di cuenta que él también estaba pidiendo un Uber. Lo cual quería decir que su coche llegaría en cuestión de minutos.
Abriendo la puerta con un brote de energía, mis tacones repiquetearon contra el pavimento, llamando la atención de Edward. Su sorpresa rápidamente se transformó en indiferencia mientras avanzaba, lo cual solo me enfurecía aún más.
—Está bien —le grité—. ¡Tú ganas! ¿Quieres resolver el asunto? Resolvamos el asunto.
Y caminé hacia él hasta encontrarme a solo unos metros de distancia y estar respirando el mismo aire que él. Sus ojos eran gemas verde jade en la oscuridad, ardiendo con algo mientras estudiaban mis ojos y mi rostro.
Él exhaló fuerte.
—¿Mi apartamento o el tuyo?
*Corre a esconderse*
Ya saben, adelantos en el grupo y pronto habrá pequeñas escenas EPOV allí. Gracias por leer :3
