Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.
Capítulo 18
Edward Cullen: Por favor, enciende tu cámara.
El mensaje en Teams en la pantalla de mi computadora fue tan inesperado que no se registró al principio.
Edward nunca me había pedido que encendiera mi cámara durante una reunión de trabajo sobre seguridad antes. Además, más de la mitad de nosotros no encendía nuestras cámaras. No era una reunión del tipo colaborativa, y yo no tenía que hablar, así que nadie realmente necesitaba verme.
Me quedé sin aliento. A menos... A menos que por alguna razón, ¿él sí?
Sin quererlo, el recuerdo de nuestro abrazo de despedida de anoche pasó por mi mente, acalorándome, y tuve que enrollar las mangas de mi blusa. Había soñado sobre cómo ese abrazo me había afectado. Había dado vueltas y vueltas mientras discutía conmigo misma sobre qué tipo de amigos se suponía que debíamos ser con el otro.
Claro, compartimos un doloroso pasado... y, quizás algo incluso más raro la noche en que nos abrimos al otro. Lo cual solo reforzaba mi necesidad de no querer perder esa noche. No quería perderlo a él, o quién era para mí ahora. La idea de algo más me llegaba al corazón, pero podría crear todo tipo de problemas, uno de ellos siendo que podría destruir lo que habíamos encontrado en el otro.
Sin mencionar que él era mi jefe. Algo de lo que ambos aparentemente nos habíamos olvidado anoche.
Me sentía como una mujer dividida. Mi lógica, mis esperanzas, y mis anhelos se encontraban en conflicto, mientras que mi cuerpo vibraba a los lados, esperando un desenlace.
Isabella Swan: Creo que hay algo malo con mi cámara.
Cada primer martes del mes, la gerente de oficinas de la compañía —quién también era la gerente de seguridad— llevaba a cabo una reunión de Seguridad vía Teams. Su nombre era Jane, y me había enterado a través de Alice que Jane inspiraba a ser una comediante de stand up. Algo que definitivamente era útil para llevar a cabo reuniones para personas con pequeños períodos de concentración. A ella le gustaba comenzar sus reuniones diciendo que era su deber informarnos cómo podríamos ser lastimados, mutilados, o asesinados en el lugar de trabajo, por ende se aseguraba que estuviéramos preparados para nuestro destino mientras desafiábamos los pasillos potencialmente peligrosos de Smith & Devaney.
A veces, los temas de las reuniones encajaban con la vida diaria.
—El tema de hoy, casualmente, es la Semana de Prevención de Conducción Soñolienta —anunció alegremente—. Como Acción de Gracias está a unas semanas de distancia, esto podría ser un recordatorio que podría salvar su vida o la de alguien más. No comas pavo y te pongas detrás del volante.
Aunque no todos encendieron sus cámaras, estaba fuertemente recomendado. Yo jamás lo hacía, al menos ya no, porque había aprendido por las malas hace unos meses que mis pensamientos se transmitían con facilidad en mi rostro. Jane nos había pedido que tomemos agua cada vez que ella se equivocaba y llamaba al matafuegos, el hidratante. Después de la tercera vez que sucedió, me estaba riendo tanto que ella había interrumpido su propia reunión para llamarme la atención.
Desde ese momento, nadie vio nada más que mis iniciales durante las reuniones en Teams. Razón por la cual el que Edward pidiera que encendiera mi cámara ahora era un evento nuevo y sorprendente.
Edward Cullen: Enciende tu cámara, Bella.
De ninguna manera, José.
Como uno de los directores de los departamentos, Edward tenía que dar el ejemplo al tener encendida su cámara durante las reuniones. Yo era insignificante, y podía salirme con la mía respecto a la invisibilidad.
¿Dónde estaba él? Navegando por las dos galerías en la pantalla de video, lo encontré en una de las filas del medio, y no pude evitar suspirar. De verdad el hombre era increíblemente hermoso, aunque tenía una expresión de indiferencia en su rostro, lo cual creía que podría herir los sentimientos de Jane.
Isabella Swan: ¿Por qué luces aburrido?
Observé sus ojos moverse a un lado y hacia abajo, una pequeña sonrisa curvando su boca. El suéter color marrón claro que tenía puesto resaltaba el tono caoba en su alborotado cabello, y me preguntaba cuántos pares de ojos estarían viéndolo en ese momento.
Probablemente al menos la mitad de los asistentes.
Edward Cullen: ¿Por qué no estás haciendo lo que te he pedido?
Di unos golpecitos en mi barbilla con un dedo. ¿Estaba siendo un jefe insistente, o un amigo insistente? ¿Y cuál quería que él fuera?
Oh, lo sabía. No estaba engañándome.
Isabella Swan: No quiero que nadie comente lo aburrida que podría lucir.
Él era jodidamente bueno—ni siquiera esbozó una sonrisa ante mi respuesta, solo giró ligeramente su cabeza a un lado, lo cual mostró lo increíble que era su mandíbula. Pero cuando regresó, sus ojos estaban mirando hacia abajo, así que no podía decir qué estaba sintiendo él.
Edward Cullen: ENCIENDEtu cámara.
Entonces, levantó la cabeza y deliberadamente frunció el ceño hacia la pantalla como si estuviera concentrado, sus gruesas cejas agachándose sobre sus impresionantes ojos. Solté una risita con un bufido mientras me quedaba sin aliento; nadie podía hacer lucir un ceño fruncido mejor que Edward.
Él intentaba hacerme ceder con esa cara. ¿Acaso no sabía que esa mirada solo me hacía desear cosas que realmente no debería?
Sacudí la cabeza en su dirección. A mí misma.
Mis dedos se movieron sobre el teclado para enviarle otra respuesta, pero entonces, como si alguien de repente elevara el volumen de mis audífonos, escuché a Jane hablar sobre la tasa de mortalidad en los accidentes automovilísticos. Llevada abruptamente al día que supe que mamá había muerto, me encogí, tratando de contener una punzada de desesperación.
Mamá, pensé. Oh, mamá.
Sintiéndome mareada, me quité los audífonos y me obligué a respirar profundamente varias veces. Cuando escuché mi computadora tintinear de nuevo, abrí los ojos para encontrar otro mensaje.
Edward Cullen: Necesito ver tu rostro. Por favor, enciende tu cámara.
La arruga en su frente había desaparecido. Aunque aún mantenía una mirada serena, creí ver una pizca de esperanza en su mirada. Fue tan sutil que, si no hubiera estado estudiando su rostro tan de cerca últimamente y no me hubiera dado cuenta que Edward a menudo hablaba con sus ojos, me lo hubiera perdido.
A pesar de la roca que sentía en mi estómago, tenía que sonreír. ¿Cómo podía ignorar ese mensaje? Además, difícilmente podía negarle la misma satisfacción que sentía al poder ver su rostro.
Con un suspiro, hice clic en el ícono para encender mi cámara, y me sentí inmediatamente llamativa. Me encontraba más lejos de mi cámara, lo que quería decir que mi cabeza y parte de mi pecho aparecía en la galería de la reunión en la pantalla. Al observar mi imagen en la galería vi que parecía tensa, y como si intentara permanecer desapercibida.
Apartando la mirada de mí misma, me concentré en el rostro de Edward. Él estaba... casi sonriendo. Parecía menos un jefe aburrido y rígido, y más agradable. Abierto.
Sexy.
Edward Cullen: Allí estás.
Intenté esconder mi sonrisa agachando la cabeza brevemente.
Isabella Swan: Me siento ridícula.
Edward Cullen: No luces ridícula. ¿Te encuentras bien?
Me llevó un momento comprender a lo que quería llegar; aparentemente, él también había escuchado el comentario de Jane, y recordaba que mi madre había muerto en un accidente automovilístico.
Podríamos haber estado en el trabajo, pero las cosas habían cambiado. Ahora sabíamos cosas del otro.
Isabella Swan: Estoy bien. Aunque tuve que quitarme los audífonos. Un poco más, y habría vomitado en cámara. (¡Es por eso que no me gusta encender mi cámara!) Además, no estoy en peligro de sufrir de triptófano y ponerme detrás del volante estando ebria.
Una nueva ventana de mensaje se abrió entonces.
Alice Brandon: Hurra, decidiste unirte a nosotros.
Encontré su rostro burbujeante en la galería e internamente la fulminé con la mirada.
Isabella Swan: Por el pedido de Edward, sí.
A mi costado, escuché la risita amortiguada de Alice.
Alice Brandon: Oh, ¿él demandó que aparecieras? Ja, ja.
Sí, pero no era al jefe a quien respondí; sino al hombre.
Una tercera ventana de mensaje se abrió entonces, y no pude evitar poner los ojos en blanco. ¿Qué era esto, la hora de hacer sociales? Debíamos estar prestando atención a la maldita reunión sobre seguridad.
Ben Cheney: Hola, Bella, es bueno ver tu rostro para variar.
En el extremo interior de mi pantalla, Ben me sonrió de manera cursi.
Y a todos los que podrían haber estado mirándolo.
Isabella Swan: No te acostumbres. ;-)
Esto definitivamente iba a ser algo de una vez.
Edward Cullen: ¿Por qué pones los ojos en blanco? ¿Qué pasa?
Mis ojos regresaron a su rostro casi inexpresivo, excepto por la curva torcida de su boca. Parecía que estaba conteniendo una sonrisa. Diablos, él estaba observándome de cerca, tan de cerca como yo a él. Sin pensarlo, sacudí la cabeza.
Isabella Swan: Aparentemente, ver mi rostro en la pantalla es una sorpresa para algunas personas, a pesar que me ven en persona a diario.
Hubo una larga pausa, durante la cual estudié su rostro mucho más de cerca de lo que debería.
Edward Cullen: Entonces, ¿no irás a casa por Acción de Gracias?
Bueno, eso no era donde creí que él iría luego.
Isabella Swan: No, paso Acción de Gracias con la familia de Rose. Guardo mi tiempo de vacaciones para Navidad, y voy a casa entonces.
Después de eso, volví a colocarme los audífonos e intenté lucir interesada en lo que Jane estaba diciendo.
—La única solución real para conducir despierto es dormir —dijo—. Incluso una pequeña siesta en un estacionamiento público ayudará más que encender el aire acondicionado, bajar las ventanas, abofetearte a ti mismo, o todas las otras cosas con las que nos engañábamos de niños para pensar que ayudará a despertarnos.
Sí, cierto. Me preguntaba si alguien realmente aparcaba en un estacionamiento de Walmart para una pequeña siesta.
Edward Cullen: ¿A Rose le molestaría si hicieras algo diferente por Acción de Gracias este año? Quiero decir, ¿si lo pasaras conmigo, con Esme y Carlisle?
Mi corazón dio un vuelto, y luché para mantener mi expresión bajo control. Oh. ¿Él quería que celebrara Acción de Gracias con él? Mordiéndome el labio, estudié su imagen en la pantalla. Él aún lucía tranquilo y sereno, aunque noté que uno de sus hombros temblaba, como si su brazo estuviera moviéndose nerviosamente.
¿Realmente creía que le diría que no a él?
Alice Brandon: Puedo escuchar que escribes allí... ¿con quién hablas?
Mierda. La mujer notaba todo, pero incitaría a demasiadas preguntas si le contaba que estaba hablando con Edward.
Isabella Swan: Tengo un club de fanáticos. Ben está tan sorprendido como tú ante mi aparición.
Escuché su risita de nuevo.
Edward Cullen: Si no pudiera ver la sonrisa en tu rostro, estaría nervioso ahora mismo...
Ah, mierda, mierda, mierda.
Isabella Swan: ¡Lo siento! Sí, me encantaría ir. Gracias por invitarme.
Alice Brandon: ¿Oh, en serio? Creo que le gustas a Ben.
Oh, santo cielo.
Me di cuenta que estaba sacudiendo la cabeza, y quise abofetearme. Diablos. Con suerte, nadie me estaba mirando a excepción de Edward, Alice, y Ben.
Isabella Swan: SOLO somos compañeros de trabajo y amigos.
Edward Cullen: ¿Con quién más estás hablando? Porque es evidentemente obvio que no tengo toda tu atención.
Atrapada.
Su boca estaba curvada hacia abajo ligeramente, como si decepcionado, y sentí una inesperada pizca de remordimiento.
Isabella Swan: Tienes gran parte de ella, pero mi vecina me sigue escribiendo.
Creo que ella intenta emparejarme con Ben, pensé.
Isabella Swan: Ella sigue sorprendida de verme. Es molesto.
Edward Cullen: No lo dudo. Supongo que quizás debas encender tu cámara más a menudo.
Improbable.
Pero entonces me di cuenta de lo mucho que había estado observando su rostro a través de nuestra conversación. Por alguna loca razón, quería ver su rostro. Una semana atrás, el solo verlo me hubiera dado ansiedad. Ahora, ser capaz de verlo sin ser observada era una comodidad. Me había encariñado con su rostro.
Isabella Swan: De acuerdo, por ti, lo haré. Me gusta poder verte también, así que es lo justo.
En la pantalla, vi una de sus cejas arquearse. Una esquina de su boca se elevó un poco, y él levantó una mano para pasarla por su cabello, como si estuviera nervioso o se sintiera cohibido.
E hizo que mi corazón se expandiera en mi pecho.
Los amigos se podían hacerle cumplidos, ¿cierto? Esa suave sensación en mi pecho era normal—del tipo que sientes cuando hacías feliz a alguien.
Edward Cullen: Estás sonriendo.
No parecía poder parar.
Isabella Swan: Tú también.
Alice Brandon: ¿Por qué estás sonriendo?
Isabella Swan: Porque esta reunión finalmente se termina.
~SLG~
—Pareces más tranquila de alguna forma —notó Alice mientras nos acomodábamos en una de las mesas en Goodwin's.
El aroma a pan recién horneado y canela hizo que mi estómago gruñera, lo cual fue cubierto por la música que sonaba de una estación de radio local. Como había pocas personas en el restaurante ahora mismo, fuimos capaces de conseguir la mesa en el rincón. Había un solo cliente más a unas mesas de distancia, un hombre que parecía estar ignorando su almuerzo por el teléfono en su mano.
Había estado tratando de minimizar mi humor, pero los recuerdos de Edward de anoche habían estado llenando mi cabeza, y las pequeñas sonrisas había estado escapándose entre alegres suspiros. Me encontraba más tranquila, y no había manera de ocultarlo.
También estaba confundida, pero eso era algo que no podía compartir.
—Edward y yo finalmente hablamos del pasado —admití en voz baja mientras desenvolvía mi sándwich de atún, echando un vistazo bajo el pan para asegurarme que Gloria no hubiera añadido alguna rodaja de pepinillo—. Fue una... charla realmente buena. Siento como si hubiera quitado un gran peso de mi pecho, así que probablemente sea eso lo que ves.
Sus ojos casi se duplicaron de tamaño.
—¿Cuándo? —susurró.
—El sábado por la noche. Nosotras, eh, también nos topamos con él.
Su boca se abrió con consternación.
—Oh. No ibas a contármelo, ¿o no?
Exhalé bruscamente.
—Iba a hacerlo. Solo que no estaba lista para hacerlo a primera hora de ayer. Además, sigue siendo nuevo. Sigue estando fresco. —Por decir lo menos—. Es... realmente una cosa personal, y aún lo sigo procesando.
Ignorando su comida, ella se sentó allí con ambas manos presionadas contra la mesa, y me observó. Como si ella intentara descifrarme.
Mientras yo intentaba encontrar un resumen sobre qué compartir.
—Sucedió espontáneamente. Creo que fue el alcohol —bromeé—. Yo... lo invité a mi apartamento. Todo lo que hicimos fue hablar.
Ella frunció el ceño, y me di cuenta con horror que eso había sonado defensivo. Mierda.
—Entonces... hablamos.
Eso fue incluso peor. Sonaba como una idiota.
Ella inclinó la cabeza mientras levantaba un palito de zanahoria a su boca. Mordiéndola ruidosamente, ella me miró como si fuera la cosa más fascinante que había visto, y una imagen de alguien comiendo palomitas luciendo entretenido apareció en mi mente.
—Sigue.
Tomé un sorbo rápido de mi té helado para calmar mi garganta seca repentina.
—Le conté cómo él me había herido en el pasado, saqué a relucir cada recuerdo que se me ocurrió, y me desmoroné un poco —dije con una mueca, restándole importancia a lo que realmente había sucedido—. Esencialmente, lo hice sentir jodidamente culpable, y él se disculpó. Ya sabes, una discusión polémica y normal con un final feliz.
—¿En serio? —Alice se inclinó hacia adelante—. Está bien, permitiré que lo cubras todo porque me doy cuenta que es personal. No pediré detalles. Pero... diré que pensé que Edward parecía estar de un humor inusualmente bueno ayer. Su pasado contigo realmente debió haber estado molestándolo.
¿Edward se encontraba de un humor inusualmente bueno ayer?
—Como dije, llegamos a un acuerdo. Él se disculpó y acepté. Supongo que se podría decir que ambos estamos en paz con todo ahora.
—Entonces, ¿no más reuniones personales entre ustedes dos? ¿No habrá más llamadas inesperadas a su oficina?
Lo sabía. Alice notaba todo.
—No —contesté firmemente y le di un mordisco a mi sándwich.
Aún estudiándome más de cerca de lo que me hubiera gustado, ella le dio un gran mordisco a su propio sándwich.
—Eshto debió haber quitahdo un gran peso de tus hombros —dijo ella entre masticadas, con su mano contra su boca. Para alguien como Alice, a quien le gustaba hablar tanto, comer debía haber sido una verdadera inconveniencia.
—Sí. Ahora, él y yo podemos trabajar puramente a un nivel profesional sin ninguna posible complicación —dije altivamente, sonando como si fuera una persona rígida.
¿Además? Mintiendo deliberadamente. ¿A quién intentaba convencer, de todos modos? ¿Por qué no podía simplemente callarme?
—Y bien, sí —dijo y tomó un trago de su bebida—. ¿Qué pasa con los suspiros soñadores entonces?
¿Los qué?
Ella sonrió engreídamente.
—Anoche, mientras bajábamos en el ascensor, vi tus ojos volverse distantes... y entonces suspiraste. Te he pillado haciendo lo mismo más de una vez desde entonces.
Mierda. ¿Yo realmente había hecho eso?
—No sé a lo que te refieres. Quizás estás notando algo que en realidad no está allí —dije a la defensiva—. Quizás tienes un severo caso de Felizmente Casaditis que te hace querer ver a todos en el mismo estado.
Su ceño se profundizaba mientras más hablaba.
—Esas son... puras tonterías. Si no supiera mejor, creería que conociste a alguien —continuó.
No me gustaba la manera en que ella me estaba mirando. Nop, ni un poco.
—No hay nadie nuevo en mi vida. Excepto por Irina.
Alice lucía sorprendida.
—¿Mi instructora de yoga?
—Oye —dije y levanté mi mano, contenta de que Alice hubiera caído en mi cambio de tema—. Ella cambió mi vida.
Entrecerrando los ojos en mi dirección, me observó como si estuviera molesta.
—De acuerdo. Mantén tu secreto, entonces. No husmearé si no estás lista para hablar de ello. Estoy aquí cuando lo estés.
—Sé que lo estás —contesté suavemente. Ella no iba a presionarme, y estaba modestamente agradecida—. Gracias.
—Como sea... Iré esta noche.
—¿Irás? —pregunté—. ¿A yoga? No traje mi ropa. ¿Qué tal la próxima vez?
—Cada martes —dijo, señalándome—. Es el día más difícil de la semana, así que es cuando voy.
Solté una risita con un bufido.
—¿Creía que el lunes era el día más difícil de la semana?
Ella negó con la cabeza mientras metía el último trozo de su sándwich en su boca. Mientras masticaba, me estudiaba de cerca, hablándome con los ojos.
Los martes apestan.
El sándwich está bueno.
Creo que estás ocultando algo.
—Los lunes son un comienzo, y me encanta eso —dijo después de un momento—. Pero para mí, los martes usualmente es cuando las cosas salen mal, o algo se sale de las manos. Siempre ha sido así. Si tengo un mal día, siempre es un martes.
Conteniendo una sonrisa, fui el abogado del diablo.
—¿Y si tienes un mal día un miércoles? ¿O un viernes?
Arqueó una ceja.
—Miércoles, puedo con ello; sigo concentrada por la sesión de yoga del martes. Y los viernes es noche de cócteles. Si es cualquier otra noche, lidio con ello corriendo en la cinta. —Sonrió retorcidamente—. Y entonces, está Jaz.
—Allí lo tienes —dije y sonreí. Aunque, repetí su última frase en mi mente y sentí un momento de envidia; Alice estaba enamorada de su marido. Si hacer el amor no ayudaba con el estrés, entonces hablarlo con él podría.
Mis orientadores eran papá y Rose, pero ninguno de ellos podían llenar el vacío que había estado sintiendo por un tiempo. Se sentía como un deseo que necesitaba satisfacer. Quizás lo había confundido meses atrás con simplemente desear el cuerpo caliente de alguien junto al mío. Esta nueva intimidad con Edward había renovado mi necesidad para sentirme cercana a alguien de nuevo. Algo real, completamente diferente a la breve cercanía que Paul una vez había ofrecido.
—Tienes esa mirada en tu rostro de nuevo.
—¿Qué mirada?
—Como si tuvieras un secreto jugoso.
Le di una mirada.
—Tengo muchos secretos.
—Este parece ser algo nuevo.
Comí el último bocado de mi sándwich y la miré fríamente. Ella entrecerró los ojos.
—Bella, ¿has conocido a alguien?
Algo así. No. ¿Sí?
—Quizás. Pero no es lo que estás pensando.
Solo somos amigos. Y él es mi jefe. Absolutamente... no de esa manera.
—Entonces, sigue siendo nuevo —observó mientras esbozaba una enorme sonrisa.
Su irritante percepción me hacía sentir incómoda.
—Mayormente, solo estoy resolviendo mis frustraciones. Trato de conocerme a mí misma y mis límites. Así que... supongo que podrías decir que la persona nueva soy yo.
Ella sacudió la cabeza.
—Sé cómo luce alguien distraído por un interés amoroso nuevo. Tienes todos los síntomas: las sonrisas cursis, la mirada distante, estás inusualmente animada.
Con el corazón martillando en alarma, resoplé.
—Y tienes una imaginación hiperactiva. ¿Por qué las personas que están en una relación feliz siempre quieren que los demás están igual también? Como dije antes, estás mirándome con tus propios lentes, Alice. Viendo algo que no está allí.
Iba a tener que controlar mi felicidad sobre la amistad de Edward. Y controlarlo bien.
Ella levantó una palma.
—Está bien. Lo dejaré pasar. Pero ¿puedo decir que estoy feliz de verte así? Es bonito.
—Bonito —resoplé y puse los ojos en blanco—. Por supuesto. Seguro.
La voz de Alice bajó.
—Te mereces ser feliz, ¿sabes?
—Demonios, soy feliz.
—Sí, la cara molesta en tu rostro claramente lo grita —arrastró las palabras con un guiño.
~SLG~
Esa tarde, mi programa Adobe Acrobat de repente dejó de funcionar. Mi pantalla se congeló, y entonces apareció un mensaje.
Ingresa a tu cuenta.
¿Qué? ¿No estaba ya ingresada? Había estado trabajando en el programa todo el día.
Maldiciendo en un susurro, intenté ingresar con las credenciales usuales, pero nada funcionó.
—Diablos, jamás me pides ingresar —mascullé a mi monitor.
Después de varios intentos, me di por vencida.
Tenía que notificar a los de informática. Lo que querría decir, notificar a Jacob.
Mierda.
Abrí el canal de Ayuda Informática en Teams. Con suerte, alguien en el departamento de Jacob podría ayudarme.
Después de unos minutos sin respuesta, decidí buscar una taza de café fresco. Mientras caminaba por la oficina hacia la cocina, eché un vistazo secretamente a la oficina de Edward. Tenía puesto sus audífonos, pero no parecía que estuviera hablando con alguien. Justo antes de salir de su vista, él captó mi mirada. Enviándole una pequeña sonrisa, continué hacia la cocina.
Jessica, y otra mujer cuyo nombre había olvidado, ya se encontraban allí.
—Estamos haciendo una jarra fresca —dijo Jessica, apenas mirándome. Ella obviamente estaba sumida en una conversación con la otra mujer, y siguió susurrando enérgicamente mientras yo me detenía cerca de la puerta. Encogiéndome de hombros, tomé asiento frente a una de las mesas y ojeé una revista que había allí. Unos segundos más tarde, los susurros de Jessica se detuvieron y un silencio pesado descendió.
Levanté la mirada de la revista y vi que Jessica estaba mordiéndose el labio mientras miraba detrás de mí.
—Hola, señoritas —dijo Edward—. Parece que todos tenemos la misma idea.
Cierto, pensé. Es solo el bajón de azúcar de las tres de la tarde.
—Estará listo en cualquier momento —dijo Jessica, mientras un sonrojo cubría su rostro.
Cielos, y yo apenas obtuve un vistazo de ella.
Pero escuchar la suave voz de Edward me llenaba de calor también. La mujer parada junto a Jessica también lo estaba observando, un poco servilmente, pensé con una risita interna. Verlas a las dos comportarse como lo hacían alrededor de él me hacía sentir incluso mejor.
¿Ven? Era normal reaccionar a un hombre hermoso de esta manera, incluso si era solo un amigo.
—No hay apuro —contestó mientras se dirigía hacia donde me encontraba sentada—. Me vendría bien un descanso. Hola, Bella.
Consciente de que estábamos siendo vistos y escuchados, sonreí mientras Edward apartaba la silla a mi lado.
—Hola, Edward. Es bueno verte fuera de tu oficina.
Intenté decirlo como cuestión de rutina, pero salió un poco jadeante. Por supuesto que sí.
Mierda, mierda, mierda.
Cuando él sonrió, bajé la mirada de vuelta a la revista. Por el rabillo de mi ojo, vi su mano descansar sobre la mesa. Su pulgar estaba frotando círculos de manera distraída contra la superficie, y pequeñas corrientes de emoción subían y bajaban por mi espalda mientras recordaba su toque.
—La Mejor Sopa de Pollo —leyó Edward en voz alta sobre mi hombro—. ¿Qué la convierte en la mejor sopa?
Eché un vistazo a las mujeres, quienes no habían retomado su conversación aún. Ambas estaban simplemente... paradas allí mirándonos como si estuviéramos en una exhibición en el zoológico. Me sentía acalorada y fría a la vez, y quería gritarles algo infantil.
¿Por qué no toman una foto? Puede que dure más.
—Parece que muslos con hueso —mascullé, ignorando nuestra audiencia. Entonces, recordando que él era cocinero, pregunté—. ¿Estás de acuerdo?
—Sí —contestó, su voz intencionadamente demasiado baja. La mano que descansaba contra la mesa se acercó para darle unos golpecitos a la página que estaba leyendo—. Pero la carne blanca puede ser buena también, mientras que la selles con mantequilla primero.
Necesité de todas mis fuerzas para no mirarlo boquiabierta por la manera en que él había acariciado las palabras—como si estuviera divulgando un secreto romántico. No estaba segura si era mi imaginación, o si estaba volviéndome loca. Su maldita proximidad también era una enorme distracción.
—¿Qué? —preguntó Jessica—. ¿Qué dijiste?
Moviéndome deliberadamente a un costado, lejos de Edward, quise golpearlo por decir algo tan provocativamente. También ansiaba golpear a Jessica por tratar de husmear.
Edward se reclinó en su silla y le dio a Jessica una de sus sonrisas encantadoras.
—¿Ese café ya está listo?
—Oh. —Jessica volteó hacia la cafetera—. Sí.
Cuando ella miró por encima de su hombro hacia Edward, y entonces a mí, le di una mirada, sugiriendo que ella estaba siendo ridícula. Porque, por supuesto, Edward no estaba haciendo ni diciendo algo digno de mención. Él solo estaba hablando sobre carne de pollo, diablos.
—Sí. —Tosió y se repitió—. El café ya está listo.
—Esperaremos a que ustedes dos se sirvan primero —dije dulcemente, y entonces sentí algo tocar mi pie. Oh, no, no lo hizo. Flexionando mi tobillo, enterré mi talón sobre su zapato. Con un suave carraspeo, él apartó su pie.
Pasando la página hacia las técnicas para dorar un pollo, le envié una pequeña mirada furiosa en su dirección. Él respondió acercándose de nuevo, como si estuviera leyendo conmigo.
—El truco es dejar que tu sartén esté lo suficientemente caliente —masculló, y sus palabras eran suaves y sedosas, dejando un rastro de fuego contra mi piel.
Oh. Por. Dios.
Navegando por la ola de calor, cerré la revista de cocina con un golpe, y entonces tomé la de Harper's Bazaar y la abrí para encontrar a Beyoncé hablando sobre el cuidado propio y rechazando la cultura de la dieta.
Lo cual Edward ignoró, porque, aparentemente, él tenía un gusto por el pollo.
—¿Sabías que el pollo de hecho tiene más triptófano que el pavo? —preguntó demasiado suave para que las otras mujeres escucharan—. El triptófano estimula los niveles de serotonina en el cerebro, el cual envía mensajes entre las neuronas en tu cerebro y tu cuerpo... mensajes tales como el sueño, el humor, y el deseo sexual.
¿Qué sexual?
Aclaré mi garganta seca como la tundra.
—Mmm, parece que el sueño es el mensaje dominante —me obligué a decir en un tono normal de voz. No estaba segura de si fue un éxito, pero lo intenté—. Como la mayoría de las personas se quedan dormidas después de un plato de carne blanca y papas cubiertas por jugo de carne.
Edward se reclinó, una pequeña sonrisa curvándose en su boca. En sus ojos había diversión, y un gentil regaño que jalaba de mi pecho.
—¿Sabes que el mes de agosto es cuando más bebés nacen?
Era lo último que había esperado que dijera.
—Eh, no, no estoy consciente de ese dato —dije con un dejo de confusión. ¿Adónde iba él con eso?
—Bueno, si cuentas nueve meses hacia atrás desde agosto, nos trae a noviembre —dijo con una sonrisa torcida—. Lo cual podría derribar tu teoría de que la mayoría de las personas se quedan dormidas después de haber comido carne blanca.
Intenté no contener mi risa, pero se escapó.
—Estás demente. Las personas con los estómagos llenos no están pensando en... sexo —siseé, demasiado consciente de que aún seguíamos siendo escuchados.
—Oh, están pensando en ello —insistió, aún dedicándome esa sonrisa encantadora.
—Pero no lo están haciendo —susurré.
—Obviamente, varios de ellos lo están —contestó, apenas un susurro, despertando a todos los vellos de mi cuerpo.
—Es todo suyo —dijo Jessica, su voz alta y repentinamente intrusiva.
Me enderecé en alarma mientras ella y su amiga pasaban por nuestro lado. Jessica parecía estar un poco ofendida de que ella no hubiera sido incluida en nuestra conversación, pero la mujer que la seguía simplemente le asintió y sonrió educadamente a Edward. Bien yo podría haber sido invisible.
Con un pesado suspiro, me puse de pie mientras le sacudía la cabeza.
—Sí que tienes un interesante rango de conocimiento —dije acusatoriamente.
—Lo hago —contestó y se puso de pie—. Esa es otra cosa que mi padre había insistido: un hijo educado y completo. Si no estaba practicando piano o béisbol, él me hacía leer libros tales como ¡Rechaza y Prospera! Cambiando el Índice de Natalidad Global y las Ventajas de Pocos Niños.
La expresión en su rostro era una de dolorosa conciencia, y él me había atrapado de nuevo. Dándome cuenta que estaba estirándome hacia él para tocarlo, retrocedí con sorpresa, algo que hizo que agachara la cabeza.
—Lamento eso —masculló—. No fue mi intención ir allí. Pero no hay necesidad de estar nerviosa. No estás haciendo algo malo.
Sentí una pequeña chispa de furia. Furia debido a la montaña rusa emocional en la que él me ponía.
—Tocarte en la oficina estaría mal —susurré. Una caricia casual hubiera estado bien si no sintiera algo más por él, pero lo hacía. Diablos, lo hacía. Y era algo que necesitaba suprimir—. ¿No se supone que seas firme e inaccesible?
Él se quedó parado allí observándome con picardía, y entonces fríamente, como si estuviéramos discutiendo sobre el clima.
—Eso eras tú, Bella. Jamás he sido ese tipo de jefe.
Entonces, me dio una sonrisa torcida que envió una corriente de fuego a través de mi cuerpo.
—Pero si te hace sentir mejor, por favor, sirve tu café y vuelve a trabajar.
Y el fuego estalló en una planta rodadora ardiente, destruyendo mi sentido común mientras avanzaba por mi flujo sanguíneo.
Apágalo, diablos.
—Mejor —susurré, mis ojos apartándose de él.
Esta vez, Edward llenó nuestras tazas de café. Y aunque bebía el suyo negro, él esperó mientras llenaba el mío con crema y azúcar, su presencia a mi lado fuerte como una atracción gravitacional.
Apágalo.
—¿Puedo llamarte esta noche? —preguntó suavemente.
No lo mires. No lo mires.
—Por supuesto. Puedes llamarme cuando sea que quieras —contesté, hablando en serio.
—¿Qué hay de Skype?
Mi corazón se aceleró. ¿Los amigos hablaban por Skype entre ellos? Rose y yo no lo hacíamos, pero entonces, nos veíamos regularmente. ¿Era diferente cuando los amigos eran un hombre y una mujer?
—Eh, ¿claro?
Se supone que debes apagarlo.
Justo antes de que alcanzáramos la puerta que nos llevaba de vuelta a las oficinas, le eché un vistazo de nuevo. Porque no podía no hacerlo.
No debería haberlo hecho.
—Hablaremos más tarde entonces —me obligué a decir sobre el martilleo de mi corazón.
Él había estado mirándome como si yo fuera todo lo que necesitaba.
La ardiente intensidad de su mirada taladraba mi mente y mis sentidos mientras entraba en un estado de ensueño de regreso a mi escritorio. La semana pasada, no habíamos estado siquiera hablando. Hace dos días, él había sido un amigo. La noche anterior, él había actuado como algo más.
Y me encontraba justo allí con él. Era como si estuviéramos marchando hacia una relación a toda velocidad. Alguien necesitaba pisar los frenos, y no iba a ser él. Obviamente él había perdido la cabeza, y yo estaba cerca de perder la mía.
Me hundí en mi silla y me encorvé sobre mi escritorio, sintiéndome abrumada y fuera de lugar.
... Como en un sueño.
... Uno peligroso.
