Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.
Capítulo 23
Vistiendo un traje de negocios negro con terminaciones de cuero, mi cabello recogido firmemente lejos de mi rostro y en un rodete bajo, lucía y me sentía profesionalmente fuerte. Quizás incluso un poco poderosa. Todo lo que realmente necesitaba era un par de anteojos. Los cuales no tenía, así que en cambio, levanté mi barbilla y fruncí el ceño suavemente a mi reflejo en el espejo.
Ahí lo tienes. Cada milímetro de esa chica demuestra seriedad. No es la tonta de nadie. Ella tiene el poder.
Poniéndome un par de botas negras, sacudí los brazos como si fuera una luchadora preparándose para entrar al cuadrilátero. Entonces, di unos pequeños brincos de camino al armario, levantando mis manos para golpear al aire mientras avanzaba. Cuidado, Rocky Bolboa.
Había investigado lo que significaba compartimentar.
Primero era visualizar.
Iba a concentrarme en mi trabajo, en el cliente, en el plan para el mensaje del próximo mes. Me visualicé sentada tranquilamente en la presencia de Edward, con la cabeza en alto y hombros cuadrados, completamente seria mientras prestaba atención a lo que se decía. Diablos, incluso contesté una pregunta detalladamente.
Concéntrate en una cosa a la vez.
O lo que sea menos él.
A menos que él estuviera hablando.
Y entonces, me concentraría en las palabras y no en su boca mientras hablaba.
Reconoce cuándo te metes mucho en tu cabeza.
Bueno, eso definitivamente sería un desafío.
Escríbelo.
Había llenado una hoja con mis visualizaciones, sintiéndome como si fuera una estudiante que se había portado mal, y tenía que escribir cien veces algo como castigo.
No me fijaré en el lunar a un costado del cuello de Edward y no querré besarlo.
No me fijaré en el lunar a un costado del cuello de Edward y no querré besarlo.
Pero ayudó: mis visualizaciones daban vueltas en mi mente sin parar.
La súplica de Edward regresó: Ten un poco de fe en ti misma, Bella.
Con la cabeza en alto, me coloqué mi abrigo, y entonces colgué mi bolso sobre mi hombro.
Mi teléfono sonó al llegar un mensaje, y lo saqué del bolsillo de mi bolso.
Edward: Podemos con esto.
Bella: Por supuesto. Nos vemos allí.
Su respuesta provocó una corriente de placer por mi cuerpo.
Edward: Esa es mi chica.
De camino al trabajo, noté detalles que no notaba a menudo: el sonido del tráfico era un rugido suave en mis oídos, enfatizado por los bocinazos; cómo las miradas de los conductores, tanto femeninos como masculinos, incrementaban mi seguridad; lo estimulante que era el aire frío; el golpeteo de mis pasos contra el pavimento sonaban como afirmaciones en mi mente.
Puedes hacer esto. Puedes hacer esto.
Cuando llegué a los ascensores del edificio, me sentía animada, tranquila, y optimista mientras ocupaba mi lugar detrás de los demás en traje. Incluso sonreí educadamente a cualquiera con quien intercambiaba miradas.
—Luces muy profesional —me saludó Jessica entusiasmadamente mientras ingresaba a la oficina.
—Gracias. Pero... ¿no lo hago siempre?
Ella se puso nerviosa.
—Bueno, sí, por supuesto. Es solo que a veces luces... más suave, eso es todo. ¿Tienes una reunión o algo hoy?
Buena salvada, Jessica.
—Tal vez —contesté con facilidad, pasando por su escritorio con un guiño y una sonrisa.
Hasta ahora, todo bien.
De camino a mi escritorio, vi que la mayoría de los cubículos por los que pasaba aún estaban vacíos. Echando un vistazo al reloj en la pared, me di cuenta que en mi apuro por comenzar y terminar con el día, había llegado casi diez minutos temprano.
El sol de la mañana entraba por una fila de ventanas creando patrones rectangulares en la alfombra por la que caminaba. Moverme entre los rayos de sol fue un poco irreal—como si fuera la calma antes de la tormenta. Disfruté del momento, permitiendo sentirlo por todo mi cuerpo.
Mientras me acercaba a mi cubículo, noté que la oficina de Edward no estaba vacía. Mi corazón dio un salto y mi boca se hizo agua al ver sus hombros y su perfil marcado. Especialmente ya que parecía estar frunciendo el ceño a su monitor, concentrado; Edward frunciendo el ceño era hermosamente sexi.
Como si sintiera mi mirada o hubiera escuchado mis pasos, su rostro giró hacia mí. Su expresión era curiosa y entonces hambrienta, como si quisiera devorarme, y mi estómago se contrajo. Me esbozó una sonrisa lenta, y deliciosamente preciosa, y no puede evitar devolvérsela. De inmediato, quería correr a él, sentir la fuerza y el calor de sus brazos a mi alrededor. Sentir el calor de su boca contra la mía.
Mi garganta se cerró, porque me di cuenta que si me hubiera quedado con él anoche, hubiera tenido eso esta mañana.
Por lo que la desensibilización obviamente no funcionó. Si acaso, no estar con él hacía que verlo ahora fuera incluso peor. O mejor. Lo que fuera. Solo incrementaba mi anhelo porque ahora ansiaba estar en su espacio.
Como un rayo láser, nuestras miradas se mantuvieron fijas en el otro hasta que llegué a mi cubículo... y entonces lentamente entré y volteé.
Iba a ser un día largo.
Había una taza de café descartable de Goodwin's en mi escritorio. Bajando mi bolso, tomé la taza y olfateé por el orificio. Era un macchiato de caramelo, aún caliente. Cómo Edward supo que era mi favorito, no lo sabía, pero estaba felizmente sorprendida por su consideración. Colgué mi abrigo, y entonces marqué su extensión. Él contestó al primer tono.
—Ojos de Tigre.
Mis ojos se cerraron al sonido de su voz. Era suave, cálida, profunda, y hacía que mi interior se retorciera.
—Gracias por el café. Es una agradable sorpresa.
—Me pone contento. Me gusta cuidar de ti.
—Deseo haberme quedado contigo anoche.
—Siempre tenemos esta noche.
—Sí —susurré—. Por favor.
—¿Deberíamos quedarnos en tu apartamento esta vez?
Mi apartamento se encontraba demasiado cerca del trabajo.
—No, prefiero tu apartamento. Me tomaré un Uber una vez que me confirmes. En caso de que tú, eh, te quedes hasta tarde.
—No debería quedarme hasta tarde. No demasiado tarde, de todos modos. No si me estás esperando.
—De acuerdo.
—Trae una muda de ropa. Puedes ducharte y vestirte en mi apartamento mañana.
—Pero tendremos que llegar separados al trabajo —advertí.
—Está bien.
Escuchamos la respiración del otro por unos instantes, y entonces escuché pasos acercándose rápidamente.
—Tengo que irme —susurré y colgué.
Giré en mi silla para ver a quién le pertenecía esos pasos, y vi a Alice. En tacones color verde oscuro que hacían juego con su falda ajustada y el bolso que colgaba de su hombro, cada milímetro de ella lucía a la moda. Como siempre.
—Buenos días —canturreó mientras giraba la esquina hacia su cubículo. Mientras se quitaba su abrigo de lana color mostaza y lo colgaba en su perchero, revelando una blusa estampada llamativa color verde y mostaza, hablaba a dos kilómetros por minuto.
—Jasper y yo vimos Avatar en 3D este fin de semana, y oh por Dios, Bella. Los efectos especiales fueron impresionantes. Era como si estuviéramos bajo el agua con ellos. No sé si has visto la primera película de Avatar, pero Sully, él es personaje principal, ha madurado sumamente bien. Si me atrajeran los gatitos azules de tres metros, Jasper estaría en problemas.
Ella pasó a describir la trama principal, y volteando hacia ella, me puse de pie y me incliné sobre el borde de su pared. Directamente detrás de nuestros cubículos se encontraba la ventana a la oficina de Edward. Él parecía estar concentrado en lo que estaba haciendo. Lo cual era sexi, por supuesto.
—¿Bella?
Rápidamente llevé mi mirada hacia ella.
—¿Qué?
—Pregunté cómo estuvo tu fin de semana. ¿Dónde estás esta mañana?
—Lo siento —dije, y me aclaré la garganta—. Tengo la concentración de un mosquito antes de beber mi primera taza de café.
O, antes que las visualizaciones de enfoque se hayan activado.
—Bueno, bebe, chica. Tenemos un día atareado por delante.
Tomé el café que Edward me trajo y bebí un trago abundante.
—Mi fin de semana estuvo igual que siempre —dije, mintiendo deliberadamente y sonrojándome al mismo tiempo.
Con movimientos rápidos y como de un pájaro, sacó su iPad y su teléfono de su bolso, y entonces arqueó una ceja en mi dirección.
—Necesitas salir más. Divertirte un poco. Eres demasiado joven para pasarlo sola.
Oh, cómo quería decir que no lo había pasado sola. Que tuve el mejor, más mágico y apasionado fin de semana demi vida. Que estaba gloriosamente feliz. Que creía que había encontrado el indicado. Y que él era maravilloso, y estaba mirando en nuestra dirección.
Como eran las cosas, me encogí de hombros con una sonrisa y tragué el inesperado pinchazo de dolor porque no podía confiar en ella. Aún no. Quizás una vez que la incómoda idea de divulgar mi estado civil con los socios se fuera, podría hablar con Alice. Cuanto más se pudiera, no quería que ella se sintiera dolida.
Con suerte, rogué intensamente, ella no me juzgará tan mal.
Detrás nuestro, la oficina comenzaba a cobrar vida mientras llegaban las personas. Varias eran grupos charlatanes y sociables, especialmente para un lunes por la mañana.
—¡Alice! ¡Bella! Buenos días —dijo Ben a unos cubículos de distancia. Su sonrisa era tran grande que creía que su rostro se partiría en dos.
—Ben, buenos días. —Alice asintió en su dirección con su propia sonrisa y entonces se inclinó hacia mí—. Es muy bueno ya no tener a la Reina del Hielo.
Tanya. Se refería a Tanya.
Eché un vistazo al cubículo vacío frente al mío, y entonces hacia el otro extremo del piso, donde se encontraban los cubículos del departamento de Publicidad.
—Estoy segura que ella encajará bien con ellos —estaba diciendo Alice—. Sus habilidades interpersonales necesitan mejorar un poco, pero ella es muy creativa. Mientras tanto, tú y yo vamos a absorber uno de sus pequeños clientes, Bailey's Café y Bicicletas. Como ellos están aquí en la ciudad, pensé que podríamos ir a verlos esta mañana. Solo necesito la aprobación de Edward. ¿Te gustaría venir conmigo para ver con lo que estamos lidiando?
—Por supuesto... pero... ¿una cafetería con café y bicicletas?
Sonriendo, Alice asintió.
—Lo sé. Es por eso que necesitamos verlos.
Treinta minutos después, Edward comenzó sus rondas de los lunes por la mañana para ponerse al tanto con las personas. Como era su costumbre, y como se encontraba de regreso a su oficina, él se acercó a Alice a lo último.
Lo sentí antes de verlo; una sensación de quietud llenó el aire detrás de mí, y todo el vello de mi cuerpo se erizó. Cuando giré la cabeza, lo encontré de pie entre la unión del cubículo de Alice y el mío. Cuando su mirada penetrante se posó en mí, me sonrojé.
Otra versión de esos ojos, oscuros y demandantes, aparecieron en mi mente sin invitación.
—Buenos días, señoritas —nos saludó, su mirada yendo hacia Alice, y entonces de vuelta a mí.
—Buenos días, Edward —dijo Alice y se puso de pie.
Usualmente no me paraba; a menudo simplemente giraba mi rostro hacia él desde mi asiento.
Dos semanas atrás, hubiera hecho apenas eso.
Di algo. No te quedes mirando.
Carraspeé e intenté ocultar mi sonrojo. Intenté no notar lo salvajemente sexi que él lucía en su traje color azul marino con la corbata a juego.
—Buenos días —dije, juntando mis manos delicadamente en mi regazo.
Mi corazón cayó con un ruido sordo ante su sonrisa.
—Y bien —dijo Edward, arrastrando las palabras mientras estudiaba brevemente su iPad. Observando su mano aferrarlo me hacía querer su mano sobre mí—. Parece que hoy es su reunión inicial con Bailey's Café y Bicicletas.
Y me echó un vistazo.
Cada vez que me miraba, era como un puñetazo en el pecho. Diablos, ¿cuándo mi cuerpo dejaría de reaccionar tan visceralmente?
Mientras su mirada regresaba a Alice, me di cuenta que él no estaba consciente de lo a menudo que me miraba. Eso, o estaba haciendo todo lo posible para incluirme en la conversación.
—Así es —contestó Alice—. A Bella y a mí nos gustaría reunirnos con ellos esta mañana para conocer mejor quiénes son y de qué tratan. ¿Eso está bien?
Cuando ella mencionó mi nombre, él me miró de nuevo. Afortunadamente, no por mucho tiempo. Fue meramente una respuesta automática, pero mis latidos aún así se aceleraron.
—Eso está bien. Café y bicicletas —dijo Edward con una sonrisa irónica, sacudiendo la cabeza—. Qué combinación. Ellos han encontrado un nicho inusual.
—Es original, eso es seguro —concordó Alice. Apoyándose contra el estante superior de su pared, miró a Edward—. Ellos solo han estado en el mercado por seis meses. Hablé con Bob Bailey brevemente el viernes pasado, y dice que ellos han estado muy estables en el aspecto de la cafetería. Aparentemente, ellos atraen a sus clientes con sus cafés elaborados especialmente y con joyas hechas con partes de bicicletas, pero necesitan concentrarse más en vender las bicicletas.
La voz de Edward era un murmullo bajo y suave.
—Puede que ellos estén enfocándose mucho en la parte de la cafetería e ignorando la parte de vender bicicletas, así que nuestra estrategia necesita enfocarse en los compradores de bicicletas. ¿Quiénes son?
—¿Los ciclistas beben café? —pregunté—. ¿Acaso no preferirían agua o Gatorade?
—Eso es lo que necesitamos averiguar —me dijo Alice, sus ojos moviéndose entre Edward y yo.
¿Acaso notaba lo a menudo que él me miraba? ¿Podía notar que mi respiración era muy rápida?
—Ya sabemos que el sitio web de Bailey's necesita una mejora —continuó ella—. Pero revisaremos sus materiales de publicidad actuales. Veremos cuál es su misión y sus valores, y cómo podemos trabajar con eso.
—Me interesará saber qué encuentran —dijo Edward—. Pasa por mi oficina cuando regresen, ¿de acuerdo?
Él no estaba mirándome cuando dijo eso, y estuve momentáneamente confundida por el dolor que sentí al no ser incluida. Pero vi que sus ojos, bajos mientras me daba un vistazo, y y vi que ambos necesitábamos mitigar el tiempo que pasamos juntos en la oficina. Al menos hasta que aprendiéramos a balancear nuestro trabajo y nuestra relación romántica.
Llevé su breve sonrisa de despedida durante todo el trayecto hacia el estacionamiento, y al subir al asiento del pasajero del Toyota Prius de Alice. Abrazando mi bolso contra mi pecho, suspiré con felicidad. Y satisfacción.
Edward y yo podíamos hacer esto.
Alice depositó su bolso detrás del asiento del conductor y cerró la puerta. Ubicándose detrás del volante, ella soltó sus llaves con un estrépito en el portavasos. Entonces, simplemente se sentó allí con una mirada divertida en su rostro.
—¿Acaso todo eso con Edward no te pareció raro? —preguntó, y mi corazón se detuvo.
—¿A qué te refieres?
Parecía que ella estaba conteniendo la risa.
—Edward no suele sonreír tan a menudo. No como lo hizo allí atrás. Si no lo supiera, diría que él finalmente ha conocido a alguien.
Me sonrojé instantáneamente, porque sentí la verdad en lo profundo de mi ser. Fue a mí.
—No lo noté, no —dije suavemente, buscando mi teléfono en mi bolso. Era para hacer algo. Ayudaba a esconder mis ojos, mi rostro. Pero sentí el repentino peso de su mirada, e intenté no entrar en pánico porque ella seguramente había notado eso.
—Tú y tus relaciones, Alice —añadí, sacudiendo la cabeza—. Si te salieras con la tuya, todos estarían en una.
Finalmente, saqué mi teléfono de la cartera. Revisé los mensajes, pero no tenía ninguno.
¿Ella seguía mirándome?
Levantando la cabeza, le envié una mirada inquisitiva.
Había una arruga entre sus cejas; ella me estudiaba como si fuera un problema que tenía que resolver.
—¿Qué? —pregunté.
La observé mientras su confusión se transformaba en sorpresa y entonces en comprensión. Su boca se abrió y sus ojos se agrandaron.
—¡Isabella Swan!
El vacío en mi estómago se convirtió en una pelota de golf ante su expresión—asombro y comprensión evidente en su rostro.
—Le devolviste la sonrisa. Te vi —dijo con una pizca de maravilla en su voz.
Le fruncí el ceño, tratando de permanecer tranquila.
—Sí. ¿Y?
—Tú nunca le sonríes. Apenas lo miras. Pero esta mañana, los dos estaban conversando como si fueran viejos amigos.
—O compañeros de trabajo —dije arrastrando las palabras mientras mis latidos se instalaba en mi garganta—. Te dije que él y yo hablamos sobre nuestro pasado e hicimos las paces. Quizás lo que ves es que intentamos trabajar mejor juntos.
Ella chasqueó sus labios entre sí mientras consideraba eso, y comencé a contar los segundos en mi cabeza mientras luchaba para controlar mi expresión.
Sus ojos se entrecerraron, y entonces se volvieron a agrandar, como si ella se sorprendiera de sus pensamientos. Casi podía verla atando cabos en su mente.
—Tuviste una mirada embelesada toda la semana pasada —dijo, pronunciando las palabras lentamente—. Creía que habías conocido a alguien, pero le restaste importancia. Como alguien en una nueva relación haría cuando están asustados de sus sentimientos. Y has estado actuando distraída desde entonces, estás distraída en las reuniones, con la mirada perdida y suspirando, como alguien recientemente enamorada haría.
Podía sentir lo tenso que se encontraba mi rostro, pero me obligé a sonreír a pesar de mi pulso acelerado.
No estaba enamorada.
Era demasiado pronto.
—O, como se comportaría alguien que está poseída por un gran problema para resolver —le dije rotundamente—. He estado enfrentando un tema personal en las últimas semanas, y me ha consumido, eso es todo. Eso es lo que estás viendo.
Lo cual era verdad —había estado enfrentando problemas personales desde que comencé este trabajo— así que era solo una mentira parcial...
—Pero, ¿eso qué tiene que ver con que Edward estuviera sonriendo? —pregunté.
—Estoy llegando a eso —contestó, moviéndose en su asiento para mirarme de frente. La expresión en su rostro era seria, y tuve que resistir el impulso de apartarme de ella.
—Has estado feliz. Animada. No morosamente preocupada por un problema. No lo creo.
Le di una mirada de confundida impaciencia, montando el espectáculo de mi vida.
—¿Podrías, por favor, dejas de psicoanalizarme? Es más que un poco intrusivo.
Llevando sus manos hacia su rostro, Alice soltó un sonido ahogado.
—No estoy loca. No estoy viendo cosas, sé que no. Pero, Bella, esto es serio, si lo que sospecho es verdad.
Mientras su rostro estaba escondido, tragué e inhalé.
Ella no podía saberlo. No podía. Pero...
Iba a ser difícil, por no decir imposible, persuadirla para que saliera de su epifanía.
Dios, ayúdame.
—Alice, no te sigo. ¿Qué estás diciendo?
Sus manos bajaron, y ella me miró con una expresión oscura e intencionada.
—¿Crees que no reconozco las señales de atracción? —preguntó con un tono gentil y bajo, como si ella supiera que lo que estaba diciendo iba a destrozar mi mundo—. Especialmente cuando ambas partes están demostrando las señales en mis narices.
Oh, mierda.
Estrellé mi bolso contra mi pecho mientras el océano comenzaba a rugir en mis oídos.
—Estás viendo cosas —insistí—. ¿Estás loca? No hay nada. Nada entre nosotros más que una relación de trabajo.
Su cabeza se inclinó con decepción y lástima, y parpadeé para apartar las lágrimas de temor y frustración.
—Estás viendo cosas —repetí firmemente.
Ella simplemente siguió observándome con esa maldita expresión intencionada en su rostro, incitándome a que hablara.
—Él solía reírse de mí, por Dios santo. Él era odioso, horrible e infernal, y lo odiaba. Y ahora es mi jefe, y solía pensar que no lo sobreviviría. Quiero decir, ¿quién toma un trabajo donde su jefe es la persona que solía lastimarla? Desafía la lógica. Es tan estúpido. Durante un largo tiempo creí que había cometido un gran error. Creí que eventualmente tendría que renunciar y encontrar un trabajo nuevo. ¿De qué hablas? No puedo creer lo que estás sugiriendo. Tendría que estar completamente loca para involucrarme con él.
Escuché el tono de mi voz incrementar e incrementar mientras seguía hablando, pero no podía detener el flujo de las palabras. Y mientras más continuaba, más fuera de control me sentía. Ni siquiera me di cuenta que estaba llorando hasta que ella me tendió un pañuelo.
Oh, no, no, no.
Mierda, apestaba.
Jamás lograría ser una espía secreto bajo interrogación.
—Está bien —dije ahogadamente, secando mis ojos—. Así que estoy jodidamente loca. Y lo siento. Se suponía que solo seríamos amigos que trabajaban juntos. No fue mi intención que sucediera, honestamente no, pero de verdad me gusta. Más de lo que creía posible.
Y ahora que había quitado eso de mi pecho, sentía una sensación de ligereza, seguido por nervios. Con vacilo, le eché un vistazo a Alice. Ella seguía teniendo una mirada de lástima, pero también había resignación, y mi corazón se hundió.
—Lo que debes pensar de mí —susurré mientras mi cuerpo se debilitaba—. Sé lo estúpido y poco profesional que es involucrarse con tu jefe.
Ella se inclinó hacia adelante y su mano cubrió la mía, dándole un fuerte apretón.
—Oye, no pongas palabras en mi boca. Puedo ver que has tenido problemas con toda esta situación. ¡Un problema personal! Santo cielo.
—Lo sé —casi gruñí—. ¡Pero tú querías saber!
Ella se mantuvo en silencio por unos instantes, dejando que todo se asimilara.
Y con suerte, no pensando lo peor de mí.
—No puedes evitar de quién te enamoras. Como has descubierto, aparentemente. No... No estoy segura de qué pensar aún. Estoy sorprendida, pero más de Edward. Después de Tanya, él realmente comenzó a comportarse de manera diferente, casi fríamente, de hecho. Creo que él intentaba compensar por su traspié. No fue hasta la noche de la fiesta de karaoke que noté que actuaba extraño.
—Esa maldita fiesta de karaoke —mascullé.
—Sí. Los dos estaban en llamas esa noche. Tanto por separado como juntos. Lo que tenían definitivamente no era algo del pasado.
Alice no era tonta. Bien podría haber anunciado mi odio por Edward esa noche.
¿Y ahora?
—¿Crees que alguien más notó lo que tú notaste esa noche? O... ¿qué sabes? —Estaba curiosa de saber cómo lucía para los demás.
Ella me estudió con el ceño fruncido.
—Esa noche... No era difícil de ignorar, con la manera en que los dos actuaban. Pero no estoy segura si alguien más lo hace. No he escuchado nada. Pero ustedes...
—Tenemos planes para contárselo a Colin y a Stuart —interrumpí, solo en caso de que eso fuera lo que estaba a punto de decir.
—...necesitan tener cuidado —continuó—. Las personas notarán cómo te comportas alrededor de Edward.
Mi voz se quebró.
—Lo-Lo sé.
Ella negó con la cabeza y suspiró, como si no lo comprendiera.
—En un entorno de trabajo diferente, estarías firmando tu carta de despido al revelárselo a Colin y a Stuart. Tú y Edward tienen suerte en ese aspecto, porque Stuart se casó con uno de sus gerentes de cuentas. Él tuvo una relación con ella mientras seguían trabajando en la compañía.
—Edward me lo contó —admití.
Era en realidad cómo me había convencido de que podría funcionar entre nosotros.
A pesar de que podía ver que ella no estaba feliz con el giro, me sorprendió que Alice parecía aceptar mi relación con Edward. Su jefe. Si realmente lo hacía. Porque si ella estaba molesta o actuando como si no lo estuviera, Edward y yo estábamos en verdaderos problemas.
—¿En verdad... estás de acuerdo con esto?
Mis palabras son inseguras, pero buscaba cuidadosamente alguna pista reveladora que comunicara molestia o disgusto. ¿Ella se tensaría o apretaría la mandíbula? ¿Pondría los ojos en blanco o suspiraría de nuevo?
—Definitivamente no estoy emocionada al respecto. Me siento un poco desequilibrada y rara, para ser honesta. Me llevará un tiempo acostumbrarme a la idea. Pero... mientras que ninguo de los dos permita que afecte nuestra relación de trabajo, estaré bien con esto —dijo de una manera directa que relajó mis músculos tensos. Ella claramente no estaba feliz, pero no molesta o disgustada.
—Y me daré cuenta inmediatamente si lo hace —añadió con una mirada punzante—. No seré tan comprensiva entonces.
Agaché la cabeza.
—Lo entiendo.
Intercambiamos miradas en silencio, hasta que se me ocurrió algo más.
—¿Podrías... por favor, mantener esto entre nosotras, Alice? Nadie más puede saberlo. ¿Por favor?
Ella lucía ofendida de que se lo hubiera preguntado.
—Por favor. No voy a abrir ese nido de avispas.
—Un nido de avispas —repetí, tragando con dificultad—. ¿Cómo, eh, reaccionaron las personas cuando se enteraron sobre Stuart y Olivia? ¿Qué pensaste tú?
Ella resopló suavemente mientras su mirada se volvía distante.
—Stuart se dejó llevar en la fiesta de Navidad cuando besó a Olivia en la boca. Al principio, creí que era un chiste, pero entonces él se puso rojo. Pero hasta ese momento, nadie tenía idea de que habían estado saliendo. Debido a eso, varias personas se sintieron traicionadas, pero Stuart no permitió que tuvieran algo de qué hablar. Tampoco lo hizo Olivia. Ambos fueron... absolutamente profesionales.
Moviéndose en su asiento, se concentró en mí de nuevo.
—Oh, yo fui tomada por sorpresa, así como los demás, pero su relación realmente no me afectaba de una manera u otra. Varias personas se sintieron amenazadas, pero eran los detractores usuales y no del departamento de Stuart. Con el tiempo, se volvió noticia vieja.
Noticia vieja. Ya esperaba llegar a eso...
—Será diferente contigo y con Edward —dijo en voz baja—. Ninguno de los dos es un presidente de la compañía, y conociendo a algunas personas, ellos pensarán que intentas conseguir favoritismo. Sí, puedo ver que eso te aterra. Así que no les des nada sobre que hablar. Haz tu trabajo, y sigue siendo jodidamente buena en ello. Y ten cuidado de cómo te comportas a su alrededor, Bella. Muestras tus emociones abiertamente.
Sí. Mierda.
Alice volteó y se acomodó detrás del volante, entonces jaló del cinturón de seguridad hacia su cintura y este hizo un clic al trabarse.
Mirando hacia el parabrisas del coche, luché para contener las lágrimas de ira. Bajo el asombro y el temor de los últimos minutos, estaba furiosamente molesta conmigo misma. Odiaba que me hubiera quebrado, pero Alice había sido insistente con lo que creía que sabía. Que mis sentimientos me hubieran delatado. Que ella fuera inusualmente observadora. Solía ser capaz de esconder todo; papá jamás notó lo que pasaba en la escuela.
Pero diablos, estaba abrumada por los nuevos sentimientos por Edward. Me sentía tanto eufórica y fuera de lugar, razón por lo cual había querido esperar antes de compartir nuestra relación. Frente a la mirada terca y astuta de Alice, todo había sido demasiado para mí... sin mencionar mis malditas habilidades para la actuación.
Me preguntaba cómo se sentiría Edward de que Alice lo supiera. Después de todo, también era su secreto. ¿Iba a estar decepcionado de mí?
—¿Puedo preguntar cuándo Edward y tú planean contárselo? —preguntó Alice mientras salía del estacionamiento.
No había razones para no decírselo.
—El próximo lunes.
—¿Por qué la espera? —preguntó con un tono confundido, y entonces sacudió la cabeza—. Olvídalo, no necesito saber. Pero mientras más pronto, mejor.
Lo cual Edward había dicho más de una vez. Escuchar a Alice decir lo mismo me daba una chispa dolorosa de conciencia.
Mierda.
Una multitud de mariposas molestas invadió mi estómago mientras mi conciencia se activaba.
Ahora que Alice sabía de nosotros, quizás... quizás era hora de contárselo a los socios.
