Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permissio n.


Capítulo 24

Edward apenas abrió la puerta antes de que me aventara a él. Dejando que mi bolso cayera de mi hombro, me acerqué a él, envolviendo mis brazos firmemente a su alrededor. Fue un alivio abrumador y dulce cuando sus brazos me rodearon y me jalaron hacia él. Y entonces estaba inhalándolo, tragando bocanadas de aire mientras presionaba mi boca en un beso contra la fina tela de su camiseta. No podía tener suficiente de ese aroma suyo. No podía estar lo suficientemente cerca. Bajo las palmas de mis manos, su pecho retumbó con risitas.

—Me extrañaste, realmente me extrañaste —dijo con un tono alegre y me llevó al interior de su apartamento.

Mientras la puerta se cerraba detrás nuestro, él se inclinó y tomó mi boca con la suya. Él era tan intenso y demandante como yo; estábamos desesperados, e intercambiando alientos mientras nos besábamos ávidamente. Mis manos no parecían poder decidirse; probaron el calor de su cuello, se aferraron a sus hombros, jalaron de su camiseta. Quería hundirme en él así éramos el mismo cuerpo, pero mi maldito abrigo estaba en el medio.

Gruñí y me aparté para quitármelo, y cayó a nuestros pies mientras él me tomaba en sus brazos. Apenas deteniéndose para respirar, él llevó su boca hacia la mía de nuevo y me presionó contra la pared. Envolví mis piernas alrededor de su cintura, mis brazos alrededor de sus hombros. Él se encontraba justo donde lo quería, firme y caliente contra mí, su peso bien recibido y reconfortante. Me derretí y me derretí de nuevo.

Su cabello era sedoso al tacto, y jalé de este hasta que él levantó la cabeza y pude alcanzar su cuello. Él gimió, sus caderas embistiendo contra mí mientras rozaba mis dientes sobre la piel justo debajo de su oreja. Bajo mis labios, sentí su pulso acelerado.

—Quítalo —demandé, tirando del cuello de su sudadera.

Él me permitió deslizarme por su cuerpo, y mientras llevaba una mano por encima de su cabeza para quitarse la sudadera, tomé la cintura de sus pantalones y los jalé hacia abajo. Debajo de estos, él se encontraba desnudo. Jadeó cuando estiré mi mano hacia su polla, rodeándolo con mis dedos y dándole un suave apretón. Mientras se deshacía de la tela en sus tobillos, moví la palma de mi otra mano por su vientre bajo, y los firmes músculos que se marcaban allí. Su cuerpo era una obra de arte increíble con la que quería pasar mi tiempo adorando.

Más tarde.

Me arrodillé, rozando mis dedos y mis labios por su camino a la felicidad al hacerlo. Sus muslos eran fuertes y pronunciados con músculos bajo la palma de mi mano, pero era su sobresaliente erección la que tenía toda mi atención. Él jadeó cuando llevé la cálida punta a mi boca, dejando que su suave largo se deslizara por mi lengua. Echando un vistazo a su vientre, seguí el laberinto de líneas y abdominales hacia su pecho, a sus ojos oscuros y deslumbrados. Estos me adoraban al mismo tiempo que yo a él. Él era tan hermoso, cada parte de él.

Metí tanto de él como pude, dejando que la punta tocara el fondo de mi garganta. Él soltó un sonido brusco y tembló, uno de sus brazos levantándose para aferrarse a la pared. Los dedos de su otra mano se enredaron en mi cabello y jalaron de este gentilmente. Sosteniendo su mirada, besé la punta, lamiendo la parte baja, y su boca se abrió. Intensificando mis labios a su alrededor, me moví rápidamente arriba y abajo por su largo. Cuando sus muslos comenzaron a temblar, él me puso de pie.

—Te necesito —susurró mientras me jalaba hacia él, su polla presionando fuerte y caliente contra mi abdomen.

Presionó besos ardientes por mi mejilla bajando hacia mi cuello, sus manos yendo hacia mi espalda baja. Cuando sus dedos se deslizaron por debajo de mis leggings para tomar mi trasero, se erizó toda la piel de mi cuerpo ante su firme y cálido agarre. Lo ayudé a quitármelos, pateándolos a un costado con mis zapatillas, y entonces estaba jalando del borde de mi camiseta de mangas largas. Los dos trabajamos para quitarme el sostén, y finalmente, me encontraba tan desnuda como él.

Sorprendiéndome, él se inclinó, deslizó sus brazos por debajo de mis muslos y me alzó. Me aferré a sus hombros mientras él me sujetaba contra la pared, y entonces jadeé cuando me di cuenta que estaba siendo sostenida en alto y abierta para él. Una corriente de sensaciones atravesó mi cuerpo cuando vi que él estaba completamente sonrojado hasta el cuello, donde sus músculos resaltaban. Sexi.

—Ponme dentro —rogó.

Ya temblando por él, estiré mi brazo, llevando su polla a mi entrada. Deslicé su punta entre mis labios y sobre mi clítoris, haciéndonos estremecer.

Sus ojos cargados se oscurecieron aún más. Los dedos de mis pies se curvaron al ver la mirada de desesperada necesidad, y me sentía arder desde adentro. Cuando él gruñó, lo deslicé hacia abajo, y él me bajó hacia él con un simple movimiento. Ambos gemimos cuando me llenó por completo. Me contraje a su alrededor, deliciosamente caliente, y temblando por dentro. Y cerca, ya muy cerca.

Él permaneció agonizantemente quieto, sosteniéndome allí y simplemente mirándome mientras nos acercábamos al éxtasis. La mirada en su rostro era una de completa adoración, y podría haber llorado si no me encontraba casi tonta por la urgente sensación.

—Edward, por favor —susurré, enterrando mis uñas en la piel de sus hombros mientras me retorcía y me contraía a su alrededor de nuevo.

Su sonrisa era placenteramente retorcida mientras doblaba las rodillas, retrocediendo, y entonces llenándome una y otra vez. Y era deliciosamente sexi, la euforia me estaba matando, pero necesitaba más.

—Te sientes tan bien. Quiero hacer que dure —gruñó mientras me quejaba.

—Podemos hacer que dure más tarde —balbuceé con urgencia—. Solo por favor, por favor, por favor.

Retrocediendo de nuevo, comenzó a embestir fuerte y firme, y me rompí en pedazos. Lo cuál provocó lo mismo en él, y entonces estábamos chillando con nuestra liberación mientras sus caderas me sujetaban contra la pared. Su frente cayó a mi hombro, su respiración rápida y caliente contra mi pecho. Presioné mis labios contra su oreja, susurrando lo bueno que fue, y entonces besé la piel erizada que apareció a lo largo de su cuello.

Hubo un ligero temblor en sus brazos cuando me alejó de la pared. Mientras me bajaba al suelo, mis piernas también estaban temblando. Riendo sin aliento, apreté mis muslos entre sí, y él me tendió su camiseta para presionarla allí.

Después de asearme y volverme a vestir en el baño, lo encontré sentado frente al piano perezosamente tocando las notas de una canción que no reconocía. Durante un largo momento, me quedé parada en el pasillo y simplemente observé la imagen sexi que él presentaba. Su cabello era un desorden caótico, dándole un aspecto juvenil, y sus ojos estaban cerrados en concentración. Con su pecho desnudo, mis ojos adoraron sus amplios hombros, y la amplitud de piel color miel. Uno de sus brazos descansaba sobre el piano, y estaba maravillada de la canción que él podía crear con solo los dedos de una mano.

Con mi corazón dando volteretas en mi pecho, caminé hacia él con una sonrisa en mi rostro. Él me escuchó acercarme, y cuando sus ojos se abrieron y encontraron los míos, mi estómago dio un vuelco ante su intensidad. Incluso libre y relajado, era una fuerza cautivadora que me atraía a él.

Al sentarme en el banco junto a él, llevó su brazo libre alrededor de mí y me abrazó contra su pecho. Presioné un beso allí con un suspiro de felicidad, y él rio.

—Tremendo recibimiento —masculló.

Por un segundo, creí que hablaba de mi beso, e iba a corregir eso con un verdadero beso. Entonces, me di cuenta que hablaba de cuando llegué y silenciosamente me aventé hacia él.

—Oh. Eso —dije con una sonrisa.

Mientras seguía presionando las teclas del piano, apoyé mi mejilla contra su antebrazo, y miré por la ventana, hacia el puerto que se encontraba abajo, las sombras persiguiendo una pequeña lancha que se acercaba al muelle.

—Tenías razón, te extrañé. También tuve un día infernal. Vino con más de varias revelaciones dolorosas.

—Dime —alentó.

Girando en el asiento para mirarlo de frente, tomé sus manos en las mías.

—La primera fue cuando me di cuenta que el tiempo lejos de ti iba a doler más de lo que me iba a ayudar. Te vi esta mañana, y se sintió como si me hubiera cortado la nariz a propósito —confesé, confusa y simplemente arrepentida—. El tiempo que pasamos separados no... atenúa lo que siento.

Con sus ojos extremadamente gentiles, levantó una de mis manos hacia sus labios.

—Y, aparentemente, tampoco ayuda a esconder lo que siento. Alice lo notó casi de inmediato. Ella... Ella sabe de nosotros, Edward.

Aunque él no parecía estar sorprendido o molesto al respecto. Esos ojos hermosos simplemente me miraban con ternura, pacientemente esperándome a que continuara.

—Ni bien subimos a su coche, ella preguntó por qué los dos nos estábamos sonriendo tan a menudo. Ella era como un sabueso olfateando su presa. —Cerré los ojos fuertemente, presionando los nudillos de una de sus manos contra mi frente—. Intenté convencerla de que estaba equivocada, pero ella ha notado todas estas cosas sobre nosotros. La manera en que nos comportamos en la fiesta de karaoke, cómo nos miramos, lo distraída que estoy a tu alrededor. Ella me ha estado observando como un halcón por meses.

Su voz era un baritono divertido.

—Estábamos destinados al fracaso desde el principio.

Lo fulminé con la mirada.

—No es gracioso. Ella sabe de nosotros. Trabajamos con ella.

—Eso explica la mirada extraña en su rostro cuando vino a mi oficina esta tarde. Aunque no me gusta que ella no se sintiera lo suficientemente cómoda para hablarlo conmigo, tengo que decir que estoy aliviado. Esa es una persona menos para la cual actuar, Bella.

—Pero ella es mi supervisora.

Como era su costumbre cuando estaba volviéndome loca, él comenzó a frotar sus pulgares sobre la piel sensible del interior de mis muñecas.

—Creo que ella es más que eso. Son amigas. Pero también te he visto navegar esa relación casi con facilidad; nunca te has aprovechado de tu amistad con ella. Eso no debería cambiar. Que Alice lo sepa es algo bueno.

Solo el tiempo diría si eso era verdad, no importaba lo que él dijera.

—Me asusta que ella lo notara tan rápido. ¿Y si los demás lo hacen?

En respuesta, él llevó un mechón de mi cabello por detrás de mi oreja, y entonces deslizó su dedo a lo largo de mi mejilla de manera tranquilizante. Cómo él podía ser tan indiferente con nuestra situación, no lo sabía. Él estaba tan tranquilo con la idea de nosotros, tan seguro de nuestra relación. Me reconfortaba, pero envidiaba su certeza—su calma seguridad de que todo esto resultaría al final.

Y quizás esa fácil certeza estaba dejando una buena impresión... porque me estaba ayudando a que confiara en él al respecto. Si Edward decía que los socios aceptarían nuestra relación, estaba ansiosa de que ellos lo hicieran. Brevemente, imaginé qué se sentiría ir al trabajo teniendo su bendición, y casi me relajé con alivio. Si tan solo...

Pero si ellos no aceptaban nuestra relación... si no lo hacían, podía encontrar otro trabajo, por tan aterrador que esa idea fuera. Tenía ahorros suficientes para unos meses si llegara a eso.

Piensa en positivo, diablos.

—Quizás deberíamos contarle a Stuart y a Collin ahora —dije mientras mi pulso se aceleraba con temor y adrenalina.

Edward me observó por un largo tiempo con intensidad, su agarre más firme alrededor de mi mano.

—¿Estás segura?

Agaché la cabeza. ¿Estaba segura? De Edward, sí. De los socios, no tanto. Esa certidumbre no vendría hasta que estuviera frente a ellos y viera la prueba de que ellos nos habían aceptado. Pero mientras tanto, no quería que nuestro secreto fuera otro problema con el cual me seguía obsesionando. Estaba cansada de estar preocupada.

—Confío en ti —dije.

La mirada de alivio en su rostro me hizo desear haber admitido esa verdad antes.

—Y Alice dijo lo mismo sobre contárselo lo más pronto posible —añadí con un suspiro.

—Entonces, hagámoslo. Ya no quiero preocuparme por esto.

Él tomó mi rostro en sus manos, y entonces me acercó a él para descansar su frente contra la mía. Y cuando me besó, encontré el consuelo que ansiaba.

~PJE~

Mi corazón latía aceleradamente mientras me encontraba sentada en el asiento de cuero en el restaurante Roanoke la noche siguiente. Estaba nerviosa y resignada, pero más que lista para enfrentar lo que fuera que viniera. Enfrentarlo sería más fácil que temerlo—que obsesionarme incansablemente con ello.

El lugar no estaba lleno aún, y podía escuchar la suave música que se asomaba por los parlantes escondidos. Solo varios camareros, usando delantales de lino negro sobre simples camisas blancas, se encontraban en el salón para servir a los hombres de negocios y las mujeres que habían. Luces color ámbar que colgaban de candelabros iluminaban la superficie de la barra de teca, donde un hombre solo se sentaba charlando con la cantinera.

Edward había hecho la reserva para las cinco treinta, pero le pidió a Stuart y a Colin que se reunieran con nosotros a las seis.

«Tendremos un cóctel primero, solo tú y yo», había dicho.

Sabía que querría más de un cóctel, pero hubiera sido una mala decisión, y marqué mi límite al salir con mi jefe.

Mi copa de matini temblaba cuando la levanté hacia mi boca.

Diablos.

No quería parecer débil o insegura; quería estar serenamente profesional, y orgullosa de estar al lado de Edward. Porque lo estaba. Él valía la pena, no importaba cómo terminara esta noche.

Pero piensa positivamente, diablos.

A mi lado, Edward me miraba casi sensualmente, su mirada haciéndome el amor. Incluso sabiendo que era una estrategia de distracción, caí en su trampa, ardiendo. Dios, él era tan...

—Por nosotros —dijo, y levantó su vaso de whisky. Él era la imagen de pecaminosa tranquilidad vestido de negro y gris. No queriendo lucir a juego, yo tenía puesto una chaqueta marrón oscura sobre pantalones de vestir a cuadros.

En estos momentos, tanto Colin como Stuart sabían que estábamos juntos; estaba segura que ellos habían visto la invitación por correo de Edward y habían atado los cabos. Con un movimiento que me había llenado de alivio, Colin confirmó casi de inmediato que vendría. Stuart había esperado horas.

Así que el escenario estaba listo, y estábamos comprometidos.

—No pareces para nada nervioso —noté, aliviada de que mi voz no estuviera temblando. El martini definitivamente había ayudado a calmar mis nervios.

Edward me guiñó el ojo.

—Lo escondo bien. Esto va a ser difícil, sí, pero podemos hacerlo, Bella. El truco es ser seguro y profesional sin ser arrogante.

Solté una risita con un bufido.

—Estoy demasiado ansiosa como para ser arrogante.

Cuando vi a Colin caminar hacia nosotros detrás de la recepcionista, mi estómago dio una voltereta. A finales de sus cincuentas, él era un hombre bajo y fornido con cabello color arena que se estaba cayendo, ojos azules, y una sonrisa rápida. Él era el socio más extrovertido, el mago de los negocios tras bastidores, un bromista en persona. Cuando me cruzaba con él en el trabajo, siempre me saludaba con una sonrisa y mi nombre.

¿Haría lo mismo después de esto?

Edward se movió hacia atrás en su silla y se puso de pie para saludar a Colin. Los dos hombres estrecharon sus manos brevemente antes de que Colin se ubicara en la silla frente a mí, su mirada respetuosa cuando echó un vistazo en mi dirección y asintió una vez en saludo.

—Bella —dijo.

Entonces, con una mirada extraña para los dos, la cual sugería un tipo de sorpresa, él miró seriamente a Edward.

—¿Sabes? Comienzo a temer estas cenas tuyas, Edward; todas parecen venir con malas noticias. ¿Por cuánto tiempo?

Y allí estaba.

No podía evitar sentirme cohibida ante la expresión de decepción en su rostro.

—Han sido unas semanas —admitió Edward con una mirada firme, su tono educado, pero aún así sin remordimientos.

Me tensé, porque no estaba segura de si ese era el ángulo a tomar. ¿No deberíamos al menos estar un poco arrepentidos?

Edward estaba a punto de seguir hablando cuando Stuart se acercó a la mesa. Y aunque Edward se puso de pie y ofreció su mano, Stuart lo ignoró. Como un completo imbécil.

—No me saludes como si todo fuera normal, diablos —gruñó Stuart, apartando la silla junto a Colin y sentándose pesadamente en ella.

Su mirada, cuando se posó en mí, rozaba la ira.

—Hola, Sr. Devaney —dije sin problemas mientras Edward se volvía a acomodar en su silla.

Gracias a Dios por los martinis fuertes.

Stuart era el socio más joven, el que conocía menos ya que era de otro departamento. Suponía que se encontraba a principios de sus cuarentas. Con cabello negro y una barba fina y recortada, él era apuesto de la manera que lo era un profesor de secundaria. Justo entonces, sus ojos marrones estaban gritándome. Bien podría ser él el malhumorado, pero también era quién había estado en nuestra posición. Como Alice una vez había mencionado, esperaba que su ladrido fuera peor que su mordida. Si lo era, tenía justamente una buena idea de cómo lidiar con él ya que mi frecuentemente intimidante padre era igual: no te dejes pisotear. Devuelve lo que te dan, pero sé jodidamente gentil al hacerlo.

—¿Vas a dirigirte a directamente? —respondió con una brusca carcajada, sorprendiéndome con su rudeza—. Tiene pelotas, ¿no, Srta. Swan?

Edward se movió a mi lado como si fuera a hablar.

—En realidad, no —dije suavemente—. Mis pelotas son más del tamaño de las nueces de macadamia.

Esto lo hizo reír, pero no fue un sonido feliz.

—Y aún así aquí están, alardeando la peor de las relaciones problemáticas.

Mi instinto inmediato fue corregirlo —recordarle que el Manual de Empleados no había prohibido la fraternización— pero bajo las circunstancias, me mordí la lengua. Fuera una regla no escrita o no, Edward y yo éramos los que estábamos pidiendo consideración. Quizás una vez que él haya sacado la ira de su sistema, Stuart dejaría su comportamiento de imbécil.

Nuestra camarera se acercó a la mesa entonces y preguntó si podía ofrecerle algo de beber a los hombres. Ni bien ella tomó sus órdenes y se fue, Edward fue directo al grano.

—Los hemos invitado a los dos aquí para dar a conocer nuestro estado civil —comenzó—. Justo estaba contándole a Colin que Bella y yo hemos estado juntos por unas semanas.

—¿Dices que solo unas semanas? —preguntó Stuart bruscamente—. Entonces, sigue siendo lo suficientemente nuevo que podrías alejarte. El cual es mi consejo en esta situación.

Bajé la cabeza, pero Edward no fue disuadido por el comentario de Stuart.

—No seguiste tu propio consejo, Stuart —respondió él simplemente—. Como imagino que sucedió contigo, este es un caso de enamorarse de alguien inesperado en un lugar inesperado. No es un amorío de oficina.

—¿Cómo lo sabes? Solo han pasado unas semanas —replicó Stuart.

Edward volteó y sostuvo mi mirada mientras contestaba.

—Porque lo sé.

Respira, Bella, respira.

—¿Y supongo que crees que estaremos de acuerdo con esta relación debido a mi esposa? —gruñó Stuart. Debajo de su ira, creí que lucía un poco incómodo. O avergonzado.

—Porque hay un precedente, sí —contestó Edward, aún manteniendo sus respuestas cortas y al punto—. Tú y Olivia tuvieron éxito al navegar su relación en el trabajo, y estoy seguro que Bella y yo planeamos hacer lo mismo.

El ceño fruncido de Stuart se profundizó y una esquina de su boca se curvó con burla. En ninguna parte vi la empatía que había esperado. Era obvio que él creía que éramos un par de tontos. Eso o él estaba furioso de que su situación haya dado lugar a la nuestra. En cualquier caso, él estaba comportándose como un hipócrita poco profesional.

Colin presionó sus manos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante.

—Esa es una gran declaración con numerosos inconvenientes —le dijo a Edward—. Tu relación crea un serio problema para la compañía, sin mencionar las consecuencias. Estoy hablando de funciones de supervisión, elección de tareas, y cargos de acoso sexual si las cosas no funcionan.

Me tensé.

¿Acoso sexual? ¡Jamás lo haría!

Tratando de no entrar en pánico ante las palabras de Colin fue difícil. Haciéndolo a un lado, apenas logré mantenerme profesional y tranquila por fuera. Afortunadamente, tuve un momento de alivio cuando nuestra camarera apareció con las bebidas de Stuart y Colin. Ajena a la tensión a su alrededor, ella animadamente preguntó si queríamos alguna entrada.

Oh, cómo deseaba otro martini.

—No, gracias —soltó Stuart con un gesto despectivo, y la camarera se retiró de inmediato.

De acuerdo, entonces.

—La única garantía que puedo darles, por escrito, es que mi relación con Bella no afectará a la compañía, o mi desempeño con ella o cualquier otra persona —Edward le dijo a Colin, pero su mirada también incluía a Stuart—. También estoy preparado para dar un paso atrás como su jefe. Alice Brandon actualmente superviza el trabajo de Bella, y no veo alguna razón para que eso no pueda continuar. Ella puede lidiar con la evaluación del desempeño de Bella y puede entregarle a Colin sus comentarios sobre cualquier ascenso o aumento.

Estaba tan orgullosa de él; Edward lo estaba haciendo estupendo.

—¡Tu pareja está en tu departamento, hombre! —gruñó Stuart.

Bueno, no estaba equivocado, pero comenzaba a ponerme impaciente su ira. Hablando de doble moral...

—Y Olivia estaba en el tuyo —contestó Edward, tranquilo y mordaz—. Aún así, lo hicieron funcionar. Y como no hay una regla escrita en contra de la fraternización, todo lo que pedimos es una oportunidad para hacer lo mismo.

Los ojos de Stuart se entrecerraron, pero era un buen argumento, y él tenía que saberlo. Aún así, solo tuve dos segundos para apreciarlo antes que Colin volviera a hablar.

—Stuart y Olivia son mayores que ustedes dos. Más maduros. ¿Qué pasa si lo inesperado sucede y los dos se separan como lo hacen las parejas jóvenes a menudo?

—No ofrecemos en un maldito sitio de búsqueda de parejas —añadió Stuart bruscamente.

Maduros, mi trasero. Si él iba a jugar al policía malo, estaba llevando las cosas demasiado lejos.

—Stuart, puedo asegurarte que nadie pensó eso de ti y tu posición —dijo Edward con una pizca de ira confundida en su rostro—. Además, ¿no es para eso que está el documento sobre Acuerdo de Relación? Protege a la compañía en esas circunstancias.

Mientras más disgustado estaba Stuart, más directas eran las palabras de Edward, lo cual solo parecía enfurecer a Stuart aún más.

—Renunciaré —dije, sorprendiéndome a mí misma.

Todas las miradas voltearon a mí.

—Si mi relación con Edward no funciona, renunciaré.

—¿Por qué no renuncias ahora? —cuestionó Stuart, estudiándome con interés.

Tragué.

—Me encanta mi trabajo, y a pesar de cómo te estás comportando ahora, me encanta trabajar para ti y para Colin. No quiero tener que ceder eso.

—¿Pero lo harías? —presionó, ignorando mi mofa—. Qué es más importante, ¿tu trabajo o tu relación con Edward?

Nada como ponerme en evidencia.

Edward se tensó a mi lado, y hablé rápidamente.

—Ambos son importantes para mí. Pero si tengo que elegir, lo elegiré a él.

Los dos elegimos quedarnos en Smith & Devaney —dijo Edward firmemente. Una de sus manos descansaba casualmente contra la mesa, y envidiaba su tranquila profesionalidad, su calma—. Ambos nos desempeñamos con ambición y excelencia en esta compañía, y eso no va a cambiar. Pido la misma confianza y seguridad que le fue otorgada a Stuart y a Olivia.

Stuart se tensó en su silla.

—No estoy seguro de si se lo han ganado. Tu juicio no siempre es sensato. ¿Acaso tu involucramiento con Tanya Taylor, ni siquiera hace un año, resultó en problemas de conducta?

Mientras el dardo impactaba, Edward parpadeó.

Mierda.

—Tanto Tanya como yo acordamos que tuvimos un error de juicio mientras estábamos ebrios en la fiesta navideña —comenzó, tranquila y educadamente—. Acudí a Colin de inmediato para mitigar cualquier efecto colateral. Tanya y yo hemos trabajado juntos con éxito desde entonces. Solo recientemente te pedí que la aceptaras en tu departamento porque ella demostraba tendencias creativas que creí que podrían beneficiar a la parte publicitaria. Obviamente, estuviste de acuerdo.

Stuart frunció los labios.

—¿Y vas a pedir que reubique a la Srta. Swan dentro de un año cuando tu nueva subordinada te llame la atención? —preguntó fríamente.

—Stuart —lo reprendió Colin—. Has dejado muy claro tu punto.

—No estoy comenzando una relación con Bella a la ligera —dijo Edward con un tono bajo que apenas permanecía profesional—. Solo estoy pidiendo, basado en mis contribuciones previas y mi valor en esta compañía, que se me ofrezca la misma confianza y seguridad que se te dio a ti cuando te encontraste en una relación con una subordinada.

Transcurrieron unos largos segundos donde Stuart parecía satisfecho de que hubiera sido capaz de penetrar en la tranquilidad de Edward. Entonces, con un pequeño asentimiento, giró hacia Colin.

—Bueno, tú eres su jefe. En tu opinión, ¿el desempeño del Sr. Cullen garantiza este tipo de confianza?

Suspirando, Colin se reclinó en su silla y estudió a Edward con una mirada crítica. Bajo la mesa, crucé los dedos.

—Edward ha logrado y ha entrenado un equipo de mercadotecnia exitoso por más de dos años ya. Él ha sido fundamental para mantener a Luxe y a Tomkinson, nuestros dos clientes más importantes. Él ayuda manteniendo su mirada en la competencia así estamos un paso adelante en sus campos. Él tiene fuertes relaciones con muchos de nuestros clientes, muchos de los cuales afirman que él es el estratega más exitoso con el que han trabajado jamás. Y, más de varias personas en su equipo activamente buscan estar a la par de su desempeño, la Srta. Swan en particular.

Me sentí mareada mientras un dulce alivio recorría mi cuerpo. En efecto, era un gran elogio. Estaba alentando a Edward, a mí, por dentro.

Colin inclinó la cabeza mientras continuaba.

—Perder a Edward... sería un pérdida para la compañía —dijo lentamente—. Honestamente, odiaría perder a alguno de los dos.

Cualquiera es reemplazable —dijo Stuart.

—No necesitas reemplazarme —contestó Edward—. En este momento, no quiero ir a ningún otro lado.

Mi corazón se aceleró ante su velada amenaza. Colin lo notó también—vi su expresión caer ligeramente.

—Aprecio eso, Edward —dijo—. Pero tenemos el problema de tu relación con Bella contra el cual competir. Haciendo a un lado la relación de Stuart con Olivia, es un problema involucrarse con alguien con el que trabajas.

—Eso lo entiendo —contestó Edward—. Ni Bella ni yo planeamos o quisimos que nuestra relación sea un problema. Pero los dos estamos preparados para firmar los documentos que protegerán a la compañía. Y como creo que hemos demostrado eso esta noche, también estamos preparados para comportarnos de manera profesional.

Levanté el puño por dentro ante la mirada severa que Edward le envió a Stuart.

—Ciertamente —Stuart habló secamente, consciente de la observación mordaz de Edward—. Pero no siempre puedes planear cada situación. Y las personas se enterarán. ¿Y entonces qué?

—Si tenemos el respaldo de la compañía, no importará la opinión de nadie.

—Oh, importará, ¿de acuerdo? —intervino Colin—. No te engañes, Edward. Bella estará especialmente vulnerable. Crees que los dos están preparados para comportarse de manera profesional tras un chisme circunstancial, pero será algo diferente cuando realmente se enfrenten a uno. Y tendrán que estar por encima de eso.

Edward se encogió de hombros.

—No quiero restarle importancia a ninguna de las consecuencias, pero no planeamos darles algo sobre qué hablar. Y eventualmente, el chisme morirá.

Stuart llevó sus ardientes ojos marrones hacia mí.

—Señorita Swan, ¿por qué está tan callada? —preguntó de manera provocativa, y me enderecé.

Solo escuchando con incredulidad cómo te comportas como un completo imbécil.

—Solo dejo que digan su parte primero —contesté después de un breve vacilo—. Edward y yo hemos hablado de esto en detalle varias veces. Él habla por mí también. Y me doy cuenta que el chisme puede ser dañino, pero como dijo Edward, no planeo darle a nadie algo sobre qué hablar.

—Probablemente lo harás, sin darte cuenta —contesté con una mirada firme y fulminante—. Pero es cómo te comportes después que le importará a la compañía. Y si piensas que te lo estoy poniendo difícil, solo espera a que alguien mencione tus circunstancias. Nadie dijo nada sobre mí, pero sí lo hicieron sobre Olivia.

Mi barbilla se levantó.

—Mi trabajo es más importante que la opinión de los demás sobre cómo vivo mi vida.

—Dices eso ahora. Pero, ¿si las cosas terminan mal entre tú y Edward? ¿Vas a desquitar ese enojo con tus clientes? ¿Con tus compañeros de trabajo? ¿Con él?

Oh, por favor, pensé. Dame un poco de crédito por no comportarme como tú.

—Si las cosas terminan mal entre Edward y yo, renunciaré —repetí mi declaración previa—. Si tenemos un desacuerdo, no permitiré que afecte mi trabajo o mis relaciones. Entiendo que si estoy en el trabajo, soy una empleada primero, no la pareja de Edward.

—Muy bien dicho —expresó Stuart, y entonces hábilmente inclinó su vaso en su mano y lo llevó hacia su boca.

—Estamos preparados para firmar los papeles que establecen eso —Edward les recordó—. Estamos preparados para proteger a la compañía.

—Parece que los están. —Colin suspiró—. Pero les daremos un tiempo de prueba de seis semanas. Firmarán los documentos, y vamos a monitorear sus desempeños y sus actitudes. Espero que vaya bien.

—Esperanza en una mano, mierda en la otra —fue el comentario de Stuart.

—Estoy realmente sorprendida, Sr. Devaney; creí que sería más comprensivo con nuestra situación —le dije, mi tono cuidadosamente respetuoso. ¿Por qué demonios nos lo estaban poniendo tan difícil?

lo comprendo —espetó—. Estoy muy consciente de las consecuencias. —Miró a Edward—. Aunque pareciera que fue fácil para Olivia y para mí, no siempre fue así. Ella a menudo tuvo que luchar para mantener su profesionalismo en la mira. Alguien que ya no se encuentra en la compañía solía hacer comentarios maliciosos sobre acostarse con el jefe, algo que ella no me lo mencionó hasta después que él se fue.

Me sentía ligeramente mareada, imaginándolo. Si alguien me dijera eso, querría darle un puñetazo en la nariz.

—Sin mencionar —comenzó Stuart—, que una pelea en casa no necesariamente era olvidada mientras estábamos en el trabajo.

—No olvidada, quizás, pero nadie alguna vez tuvo una razón para cuestionar tu conducta —dijo Edward—. No recuerdo ver o escuchar sobre algún problema. Y Bella y yo también hemos discutido sobre las consecuencias cuando los otros descubran nuestra relación. Nos estamos entrando en esto a ciegas.

Con eso dicho, él se inclinó para tomar su portafolios. Colocándolo sobre la mesa, lo abrió y tomó un manojo de papeles y un bolígrafo.

El Acuerdo de Relación de la compañía.

Rápidamente, Edward escribió su nombre y la fecha en una de las líneas de la última página. Entonces, hice lo mismo, antes de deslizar los documentos hacia Stuart. Él observó dónde habíamos firmado, y entonces le echó un vistazo a Colin.

—¿En serio vamos a hacer esto? —preguntó.

—Por última vez —dijo Colin con un asentimiento lento—. Por un período de prueba de seis semanas. Sí.

Eché una mirada a Edward—su apuesto rostro con facciones duras y sus pómulos extremadamente altos seguía sereno y calmo. Él se encontraba completamente en control, y era jodidamente sexi. Sintiendo mi mirada, me sonrió suavemente. Me mordí el labio, incapaz de esconder mi sonrisa en respuesta.

Por dentro, estaba cayendo de mi silla y al suelo por el alivio.

Colin tomó los documentos de Stuart, y entonces comenzó a escribir mientras hablaba.

—Y si hay complicaciones con alguno de sus desempeños en el trabajo dentro del período asignado, Bella acepta encontrar otro trabajo de inmediato.

Él me devolvió los papeles con esas palabras.

Edward frunció el ceño ante la advertencia, y mi estómago cayó ante la idea, pero yo misma había mencionado la idea. Y también firmé mi nombre de nuevo.

Cuando volví a levantar la mirada, fue hacia Edward. Indiferente a lo que Colin o Stuart pudieran ver, él me dio su sonrisa roba alientos y me guiñó el ojo.

Podemos con esto, me decían sus ojos.

Durante la cena, Stuart finalmente se relajó y se volvió humano. Quizás el segundo trago ayudó también. Compartió algunas de las situaciones que él y Olivia habían atravesado, y luego habló sobre las posibles consecuencias y nos ofreció algunos tips, gradualmente ganándose mi confianza. Tuve que contener las lágrimas, estaba tan aliviada. Después del momento difícil que nos habían hecho pasar, me ayudaba comprender por qué Edward creía que él podía confiar en él en primer lugar.

Aunque Colin no era su ser jovial usual, también ofreció sugerencias. Y aunque sus ideas podrían haber sido dadas con el bienestar de la compañía en mente, también era evidente que iban a estar de nuestro lado.

Era jodidamente irreal, y tuve que pellizcarme a mí misma más de una vez.