No tengo palabras para agradecerles su comprensión por el hecho de que la semana pasada no pude publicar. Prometo que eso solo ocurrirá en situaciones muy complejas.
Sin más aquí les dejo la continuación.
Nota: Los personajes son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi. La historia es un pedacito de mi inspiración que quise compartir con ustedes.
Capítulo 4
—¿Te sientes mejor ahora?
Inuyasha ha estado llorando por un buen rato. Supongo que era mucho lo que necesitaba sacar de dentro. Llorar no es una opción para él como adulto, lo considera una muestra de debilidad. Aparentemente su mente también retrocedió a una época donde le avergüenza que lo vean llorar, pero no podía contenerlo.
Lo he mantenido abrazado todo este tiempo, ignorando lo que nos rodea y concentrada solo en él. Por increíble que parezca, o tal vez no lo parezca tanto, siento que yo también liberé muchas frustraciones en ese momento, y no he derramado ni una lágrima.
—Mmm. —asiente suavemente mientras se limpia la cara con la manga de su túnica. —Pero tú no. Estás sangrando. y mucho. —señala apuntando a mi brazo doblemente herido y, si voy a ser sincera, infinitamente adolorido.
—Estoy bien, no te preocupes. —tampoco es que sea la primera vez que me hieren desde que vine a esta época por primera vez.
—Es mi culpa, ¿no es cierto? —alcanzo a ver nuevas lágrimas formarse en sus ojos y comenzar su recorrido por su rostro.
—No, no lo fue. Estaba herida desde ayer. Un monstruo me atacó porque fui muy imprudente y me fui al bosque desarmada.
Tengo que aceptar que, al menos por esta semana, y eso es si nuestros amigos tienen éxito en su búsqueda, este es un Inuyasha totalmente nuevo, que no me recuerda, no sabe nada de lo que hemos vivido juntos y, sobre todo, que yo no conozco. Tengo que ser extremadamente cuidadosa con lo que digo porque, aparentemente, también es un Inuyasha más dado a los arranques emotivos.
—¿Te… te puedo ayudar a curarte?
—Claro. ¿Me alcanzas mi mochila? Ahí tengo todo lo necesario.
—¿Mo…mochila? —pregunta confundido.
Nuevo recordatorio: Inuyasha no recuerda tampoco los nombres de los objetos que traigo de mi época.
—Sí, esa bolsa amarilla gigante. —le explico.
—Esto es una… ¿mochila? —me la señala.
—Sí. Es un bolso grande en el que guardo mis cosas y que, utilizando estas dos azas, me puedo llevar a la espalda a donde quiera que vaya.
—¡Wow!
—Ven aquí y ayúdame.
El pomo de antiséptico llama muchísimo su atención, así como el de antibiótico y el medicamento para controlar el dolor. Al final, y después de mucho más tiempo que el que hubiera hecho falta en circunstancias diferentes, entre los dos, él con mucha menos experiencia que la que tenía antes y toneladas de curiosidad por cada objeto que yo sacaba del interior de la mochila y yo con un brazo malherido, conseguimos hacerme un vendaje "decente". Al menos, no está goteando mi sangre y el dolor, gracias a la medicina, ha comenzado a ceder.
—¿Te sientes mejor ahora, Kagome?
—Sí, mucho mejor. Pero, ¿cómo sabes mi nombre?
—Tengo buen oído. —me dice orgulloso. Me recuerda a cuando fanfarronea en batalla— Ayer, tú y tus amigos estuvieron hablando y escuché que así te llamaban. Es un nombre bonito.
¿Acabo de escuchar a Inuyasha haciéndome un cumplido o será la pérdida de sangre que me alteró los sentidos?
—¿En serio, crees que es un nombre bonito?
—Claro, y va contigo. Tu nombre significa que tienes poderes espirituales buenos. Además de que significa "perla brillante" o "sagrada". Eso último no sé si tenga mucha relación contigo, aunque los poderes espirituales son sagrados, pero lo de "perla brillante" sí.
¿Alguien podría pellizcarme? ¿Alguien? ¿Nadie? Me volví completamente loca. Seguro. Puede que ese haya sido el discurso más largo que le he escuchado nunca a Inuyasha, pero no es solo eso. Es la emoción con la que me lo ha explicado todo. Es como si estuviera… encantado, con esa alteración propia de los niños que se sienten felices de descubrir algo nuevo del mundo o de que lo que saben sea utilizado. Eso por no mencionar que me dijo cosas muy bonitas, sobre todo, para ser Inuyasha.
—Bueno, supongo que ya te tienes que ir. —musita compungido.
—Perdona, ¿qué?
—Seguro que tienes que irte, volver con esos amigos tuyos con los que hablabas anoche.
Supongo que mi asombro anterior me sigue nublando el entendimiento porque tardo algo de tiempo en entender. ¿Él cree que lo dejaré solo?
—Inuyasha, no voy a ninguna parte. No sin ti al menos.
—Pero tienes que regresar con tus amigos humanos. Yo no puedo ir.
—Inuyasha, llevo persiguiéndote desde anoche porque insistías en deshacerte de nosotros, fundamentalmente de mí. ¿Por qué crees que ahora te voy a dejar para irme con mis amigos?
—Porque eres humana, es lo que los humanos hacen.
—Pues no es lo que yo hago. —le respondo molesta. No lo voy a dejar solo, aunque entiendo que eso él no lo sabe —Ahora será mejor que busquemos un lugar seguro para acampar y comer algo.
—¿En serio?
—Sí, en serio.
—¿No te vas a ir?
—No. Ahora ayúdame a encontrar un buen lugar.
—Ven conmigo. —veo que ya le regresó la alegría. — Conozco este bosque y sé cuál es un buen lugar para acampar sin ser vistos. Incluso podemos hacer una fogata. Por cierto, ¿cocinas rico?
…
Fiel a su palabra, Inuyasha me lleva de la mano (la que no está herida porque ese brazo mejor no lo muevo en un rato) por el bosque hasta que encontramos una formación rocosa en forma de boca gigante poco profunda y rodeada por varios árboles de troncos gruesos y copas muy tupidas. Como ventaja mayor del lugar, un pequeño arroyo de agua limpia y cristalina corría a un lado de la entrada. Inuyasha tenía razón, aquí estaremos seguros mientras descansamos, además de que será muy sencillo preparar algo que comer.
Gracias al más que frustrante hecho (sí, todavía cuando lo recuerdo, algo de mi frustración regresa) de que anoche se desató el desastre, la mayor parte de la comida que había traído de mi época se mantenía intacta, aunque fría. Eso por no mencionar los muchos recipientes (más de 15) de sopas instantáneas que traje (a veces me sorprendo por lo mucho que traigo a esta época y, sobre todo, por la gran cantidad de cosas que puedo traer en esta mochila amarilla).
—Kagome, quédate aquí mientras recojo leña y preparo el fuego. No te preocupes, aquí no nos atacará nadie.
Viendo que parece defenderse bien en este lugar, lo dejo que haga lo que dijo sin ponerle más inconvenientes aparte de que tenga cuidado y que regrese si se encuentra con algún monstruo en lugar de enfrentarse contra él.
Me dedico yo, mientras, a preparar la comida. En una olla recojo un poco de agua que pondré a hervir en cuanto tenga fuego a mi disposición para preparar las sopas instantáneas. Tendría que haber traído la hervidora de mi época, pero no me cabía en la mochila (porque sí, la mochila no es mágica y hay ocasiones en las que tengo que dejar unas cosas para traer otras. Esta vez la prioridad fueron las sopas instantáneas, así que Inuyasha no se podía quejar. Aparte del hecho que no recuerda lo que son las sopas instantáneas, por lo que no hablemos de su modo de preparación).
Por otro lado, saco de la mochila los muchos recipientes y loncheras que mi mamá y yo preparamos con comida (pero mayormente yo, ya sabemos lo que desencadenó todo este problema), aunque tengo que admitir que mi mamá tiene más pericia que yo en esto de preparar los bentos. Debe ser algo propio de ser mamá. La mayoría de lo que hay dentro se puede comer frío (de hecho, se prefiere que se coma frío), pero voy a tener que preparar otra tortilla, pues las que había preparado ayer ya no deben ser comidas.
Suerte que siempre llevo conmigo sartenes y palillos, además de huevos frescos y vegetales en latas (para emergencias), o al menos lo hago cuando recién llego de mi época. Tener que alimentar a tres humanos (Sango, Miroku y yo), un hanyō (obviamente Inuyasha) que come como por cuatro humanos juntos, y dos demonios (Shippo y Kirara, sobre todo Shippo que está en crecimiento) da buena cuenta de esas reservas y generalmente se agotan a los dos días de yo llegar aquí. Esta vez, cuento con todo mi arsenal de alimentos para comer Inuyasha y yo solamente.
Agradezco internamente el hecho de que Sango, a pesar de que Miroku y Shippo la miraron como si hubiese cometido un pecado mortal, me permitiera quedarme con todo en lugar de darles algo a ellos para el viaje. —Nosotros podemos apañárnoslas —había dicho— y ella estará sola con Inuyasha, que está más insoportable que nunca y tal vez no coopere.
En serio se lo agradezco mucho (reiterado) aunque se equivocó en un detalle. Tal vez al principio había sido así, pero desde nuestra, digamos, "alianza" para enfrentar al demonio, Inuyasha había sufrido un cambio de personalidad total y se podría decir que se comportaba como un niño feliz, o todo lo feliz que podía ser.
—Kagome, mira esto. —interrumpe mis cavilaciones el protagonista de las mismas.
Trae en el ángulo que forma su brazo contra su pequeño cuerpo un montón bastante grande de leña, mientras que me enseña más que orgulloso su otra mano en la que se retuercen en sus últimos momentos de vida cuatro peces.
—Los pesqué al final de este arroyo. ¿Crees que podrías cocinarlos?
Examino los peces con ojo crítico. Se ven saludables y grandes. Parece que voy a poder reservar los huevos para otro momento.
—Sí, Inuyasha, puedo cocinarlos.
—¡Bien! — grita contento —Prepararé el fuego.
…
Decir que estoy un poco asustada sería mentira. Estoy temblando como no lo hago ni siquiera cuando me he tenido que enfrentar a Naraku. Estoy completamente aterrada y con la mirada fija frente a mí.
Preparé los pescados que Inuyasha me había traído con especias de mi época, sin pasarme con el picante (sé lo mucho que Inuyasha odia el picante siendo adulto, así que no digamos como niño que debe tener un paladar más delicado) y los freí un poco en la sartén. Le añadí sal al gusto y se lo serví.
Ahora mismo solo estoy esperando a su reacción cuando lo pruebe. Yo solo probé un bocado para asegurarme de que estuviera bueno y no demasiado salado, pero fue todo lo que conseguí tragar. Los nervios me cerraron la garganta y en serio espero que le guste.
Cuando lo veo que toma la primera mordida, sin siquiera dejarlo saborearla, le pregunto.
—Y, ¿qué te parece?
Veo cómo sus ojos se iluminan y comienza a comer con gran velocidad, como si sintiera que alguien se lo podía robar.
—Está delicioso. Gracias, Kagome.
—¿En serio te gusta?
—Sí, es lo mejor que he probado después del pescado que me preparaba mi mamá. De hecho, está mejor que el que preparaba mi mamá. Tiene un sabor diferente, pero me gusta.
Dejo escapar el aire que estaba conteniendo y como yo también, ya más tranquila y con más apetito. Decido que solo comeré el pescado que tengo en mi mano, en un final, yo no necesito tanta energía y le dejo el resto a él.
—Toma, Inuyasha, —le digo entregándole una de las sopas instantáneas que ya había preparado— acompaña el pescado con esto.
Inuyasha es un niño, así que tengo que alimentarlo bien.
—¿Qué es esto? —me pregunta mirándolo extrañado.
—Es un platillo típico de mi épo… de mi pueblo. —rectifico a tiempo.
—¿Por qué tengo que comer esto? Me gusta el pescado que cocinaste.
—Pero tienes que complementarlo.
—En tu pueblo tienen costumbres extrañas. —me dice mirándome extrañado, pero tomando el primer sorbo del líquido caliente.
—¿Qué te parece?
—Me gusta mucho, pero me sigue gustando más lo que tú cocinas.
Me siento como si pudiera llorar. Prefiere lo que yo le cociné. Creo que acabo de levantarme unos metros sobre el suelo de lo ligera que me siento.
Tal vez esta próxima semana no sea tan mala. Y, tal vez, yo pueda aprender algo nuevo de Inuyasha en el proceso.
