No es que no fuera a publicar esta semana, sino que me fue imposible hacerlo el fin de semana. Ya saben, tediosos problemas de la conexión a Internet con los que no los voy a aburrir.

Sin más aquí les dejo la continuación.

Nota: Los personajes son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi. La historia es un pedacito de mi inspiración que quise compartir con ustedes.

Capítulo 5

Esta próxima semana va a ser una pesadilla y no sé si podamos sobrevivirla.

En lo que llevamos de día nos han atacado trece demonios (sin contar la polilla que inició todo este problema, que técnicamente atacó ayer, y el humanoide que logró que Inuyasha ya no me odiara). Es como si un hanyō niño fuera un imán para los monstruos. Todos lo quieren devorar. Es increíble, y no en el buen sentido.

Ahora que llegó la noche, nos refugiamos en una cabaña abandonada que encontramos en nuestro camino de regreso al punto de encuentro con los demás, camino que se ha visto enlentecido por los múltiples ataques sufridos.

Ya ni siquiera tengo flechas y no soy buena con la espada. Lo único que pude hacer para protegernos esta noche fue colocar a Colmillo de Acero en la puerta de la cabaña. Es una suerte que me quedara con la espada. Inuyasha no la puede utilizar. Incluso en el caso que cambiara para convertirse en el arma que conocemos, Inuyasha no tienen ni el tamaño ni la fuerza para blandirla. En la puerta, si bien no se transforma, al menos el campo de energía nos puede proteger. Así tal vez logre tener una noche de sueño medianamente tranquila.

Volviendo a mi escasez, o más bien absoluta carencia, de flechas, creo que tendremos que hacer una parada por alguna aldea. La aldea de la anciana Kaede es una opción que queda bastante cerca. A fin de cuentas, ayer salí del pozo, pasé por la cabaña de Kaede a llevarle vendas y medicinas que le había traído y luego caminé con los muchachos una distancia corta (tal vez unas dos millas) y en las lindes del bosque fue que montamos el campamento.

Después sí es cierto que Inuyasha en su rabieta nos hizo alejarnos, pero no me parece que haya sido tanto. A lo mucho calculo que fueron unas diez millas. Es una distancia fácil de recorrer a pie (y yo uso zapatos extremadamente cómodos). Además, parte del camino de regreso ya lo realizamos. Puede que ya solo nos quede poco más de la mitad.

Sí, definitivamente la aldea de la anciana Kaede es una opción, pero explicarles a todos los aldeanos (que contrario a lo que pensaba cierto hanyō, han llegado a apreciarlo y considerarlo uno de ellos) que Inuyasha se convirtió en niño podría llegar a resultar engorroso. Yo misma todavía no me hago completamente a la idea. Y explicarle a Inuyasha que se puede acercar a una aldea humana tal vez tampoco sea una buena idea, no viendo cómo me trató al principio solo por el hecho de que soy de esa especie.

Y ni de chiste lo voy a llevar a mi casa. No es una mala idea desde el punto de vista de que allí estaría seguro y a salvo de los múltiples monstruos que aparentemente hacen cola para devorarlo, pero, si como adulto hay cuestiones de mi época que le son difíciles de entender, no quiero verlo allá como niño. Estaría completamente extasiado.

He descubierto que tiene una curiosidad exhaustiva por todo lo que lo rodea. Mientras veníamos para acá (cuando no lo interrumpían los demonios tratando de devorarlo) estaba al pendiente de todo lo que lo rodeaba: lo mismo me explicaba algo que yo no conocía que me preguntaba por algo que le resultaba desconocido. Y aprende increíblemente rápido. Estoy comenzando a pensar que esas ocasiones en las que parece ignorante es porque en realidad se hace el ignorante ya que no quiere que nos demos cuenta de lo inteligente y vivo que es. No sabe, al parecer, que viendo lo que tuvo que pasar en su infancia, y algún que otro comentario velado del anciano Myoga, nosotros sabemos que es perspicaz y valiente. Aunque no mucho en lo que a sentimientos se refiere, pero no lo puedo culpar por eso.

Ahora mismo está haciendo uso de otra de las "cosas extrañas" que traigo de mi "región". Todavía me cuesta un poco cambiar los términos, pero no lo voy a confundir diciéndole que procedo de otra época. Son unos crayones de colores que traje para Shippo. Supongo que le llamó la atención sobre todo la parte en la que pintan "a colores".

Siento mi pecho calentarse. No me deja ver lo que pinta, pero mentiría si dijera que no me encanta verlo comportarse como un niño. Sobre todo, por cómo y con qué frecuencia me incorpora a mí en sus conversaciones. El momento en el que descubrió los crayones todavía me resulta entrañable.

Estaba revisando mi mochila mientras yo preparaba la cena cuando se quedó muy quieto y observando algo que había encontrado dentro.

¿Qué ocurre, Inuyasha?

¿Qué es esto, Kagome?

En su mano sostenía la caja de crayones que había traído para Shippo en este viaje.

Son crayones, Inuyasha. Sirven para pintar.

¿Cómo se usan?

El brillo de su mirada mientras le mostraba cómo se utilizaban, el asombro puro de conocer algo nuevo y del todo ajeno a él… todo eso lo recordaré siempre. Dado que sé que tiene que regresar a la normalidad, voy a disfrutar estos días tanto como pueda.

Dejo que pasen unos minutos en los que termino de preparar el fuego que nos alumbrará parte de esta noche y en el que hace un rato ya preparé la cena y, cuando mi curiosidad no puede controlarse más, le pregunto:

—Inuyasha, ¿siempre te han perseguido así los monstruos?

Veo que oculta el dibujo dentro de su túnica y organiza los crayones en su caja y luego los guarda en el mismo lugar que el dibujo. Su expresión se vuelve hosca.

—Sí, siempre que estoy solo me buscan. —me responde finalmente.

—¿Por qué?

—Nunca me ha dado tiempo a preguntarles.

—No seas irónico, por favor. —lo regaño.

—Me desprecian, Kagome, soy un error. Mi padre era un gran yōkai y mi madre, humana. Para los demonios, soy un ser inferior que tienen que destruir.

Tal vez no debí preguntar, pero me resulta imposible de comprender. Sí es diferente y sí es la mezcla de dos razas, pero eso lo hace tan increíble, tan único y especial. Me cuesta creer que alguien lo desprecie, pero también entiendo que la realidad no es para que yo la crea correcta.

—Al final yo también me odio. —murmura, tratando de que no lo escuchara, pero lo hago.

—¿Qué?

—Soy un ser débil y raro. Y ¿has visto mis orejas? ¿Mis garras? —me dice señalando esas partes de su cuerpo— No soy un demonio, pero tampoco humano. No soy nada.

—Estás completamente equivocado. —no puedo permitir que siga pensando de esa manera.

—No es así, hasta mi madre lloraba por mi culpa.

—Yo no lo veo así. Me parece que estás pensando las cosas al revés.

—No, no lo hago.

—A ver, —le digo mientras tomo su mano—¿no puedes ver mejor que un humano?, ¿incluso ahora siendo un niño?, ¿incluso en la oscuridad?

—Sí, pero…

—¿No puedes escuchar muchos sonidos que para los humanos son un misterio? —esta vez no voy a permitir que me interrumpa. Así sea a golpes (verbales) pero lo voy a hacer entender que no es cierto lo que dice, o al menos, no lo es para mí.

—Sí, pero…

—¿No puedes percibir olores y seguir rastros y encontrar así lo que buscas? —me salvó más de una vez gracias a esa habilidad.

—Sí…—ya va perdiendo fuerzas a la hora de discutir conmigo.

—Además, ¿no eres más fuerte que un humano débil, así como yo?

—Sí, y tú no eres débil. Eres muy fuerte.

Creo que después retomaré eso. Ahora lo importante es levantarle a él la moral y el espíritu.

—Si yo no soy débil, tú tampoco lo eres. Inuyasha, eres la persona más fuerte que conozco.

—¿En serio lo crees?

—Sí…

—Pero los demonios…

—Te digo un secreto: son unos cobardes. Todos esos demonios que buscan acabar contigo ahora siendo pequeño, lo hacen porque les da miedo ver en qué te convertirás.

—En qué me convertiré…

—Porque cuando crezcas, te convertirás en el hanyō más poderoso que haya existido jamás y nadie, ni humano ni demonio, te podrá derrotar.

—¿En serio? —me pregunta completamente asombrado.

—Sí, y cuando ese día llegue, esas orejas que ahora criticas porque te hacen diferente te permitirán detectar a los peores demonios a las mayores distancias; y esas garras salvarán a tantas personas que perderás la cuenta.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque… —hora de improvisar— porque tengo un amigo hanyō que pasó por estas mismas experiencias que estás pasando tú ahora, y él se volvió invencible. Y sé que tú serás mejor que él.

—¿Lo voy a superar?

—Sí. Cuando seas adulto, Inuyasha, tu nombre será respetado y temido a partes iguales, tu valor será alabado por muchos y tu nombre pasará de boca en boca sin importar la especie. Serás invencible.

—Voy a ser genial. —ruedo los ojos porque ya está de fanfarrón otra vez, pero lo prefiero así que alicaído.

—Así es. Tú ni siquiera te imaginas cuánto.

—Voy a ser un gran guerrero.

—El mejor.

—Entonces, —volvió a cambiar de actitud—¿por qué mi mamá lloraba?

—Inuyasha, ella se preocupaba por ti. Sin importar la especie, la vida está llena de retos que debemos afrontar y superar para seguir adelante. Para ti, esos obstáculos serían mayores, y ella lo sabía. No se le puede pedir a una madre que no se preocupe por sus hijos. Ella siempre te ha amado. Es por eso que lloraba.

—Entonces, ¿lloraba porque me quería? Eso no tiene sentido.

—Generalmente se llora cuando estamos tristes. Pero llorar porque se es feliz es posible. Así que sí, llorar porque amas a alguien no es nada extraño. Llorar porque temes que se lastime, llorar porque no te quieres alejar de la persona a la que amas… es algo normal—yo misma lo he hecho en algunas ocasiones—. Y tiene todo el sentido del mundo dentro de su escaso sentido.

—No entiendo.

—Otra cosa que harás cuando seas grande: entender a lo que me refiero. Pero ahora te voy a decir otro secreto: a mí me encantan tus orejas.

—¿Sí?

—Claro, me parecen tiernas.

—Eso no me gusta. —no le gusta que le diga "tierno", no le gusta que le diga "tierno". Es idea mía o eso también le pasaba de adulto. Creo que lo que trato de decir es: "HOMBRES", mientras ruedo nuevamente los ojos.

—Además que son muy llamativas y únicas. Y útiles en la batalla. —creo que eso va más por su línea de pensamiento.

—A mí, — se acerca como si me fuera a contar una confidencia— me gusta que me las rasquen.

—¿En serio? —eso era algo que no me esperaba en lo absoluto.

—Sí. Mi mamá me dormía siempre acariciándome las orejas y cantándome una canción.

Siento que me está mandando un mensaje… y no con demasiada sutileza.

—¿Te gustaría que te acariciara las orejas mientras te canto algo?

—¿Puedes? —no le podría decir que no a esos ojos gigantes que me miran como si yo les pudiera regalar el mundo.

—Claro, pero no conozco la canción que tu mamá solía cantarte, así que te cantaré una de las de mi épo… eh, región. ¿Te parece bien?

—Claro.

—Bueno, ahora ayúdame a preparar el saco de dormir.

—¿Te refieres a este capullo gigante?

—Sí, ese.

Paso los siguientes minutos decidiendo qué canción cantarle. En mi época hay millones de canciones. Cuando ya el saco está preparado, me aseguro de que Colmillo de Acero esté bien ajustada en la puerta y me acuesto al lado de Inuyasha, quien ya se acomodó en el interior del saco.

Al final, me doy cuenta que no había mejor canción que cantarle que la que había estado dándome vueltas en la cabeza desde que estaba ayer preparándole la comida en mi casa. Esa era la única que podía cantarle en este caso.

Así que mientras le acariciaba muy suavemente las orejas y veía cómo lentamente se le cerraban los ojos, comencé a cantar los versos de una canción que había escuchado lo suficiente como para que se quedara tatuada en mi corazón. Tal vez, inconscientemente, me di cuenta de que era la que mejor me representaba.

Cuando el cansancio te venció y te dormiste,

yo contenía el aliento y te observaba

Porque solo yo conozco tu dulce rostro

indefenso y desprotegido.

Un día, uno como otro cualquiera,

cuando la luz del sol alumbraba como de costumbre,

cuando el viento soplaba suavemente,

sentí que algo dentro de mí comenzaba a cambiar,

y, sin ninguna duda, sentí que me volvía más fuerte.

Aunque no me sentía triste, pude sentir mis lágrimas derramarse

Porque tus sentimientos dolorosos

Penetraron en las cicatrices de lo profundo de mi corazón

Y se transformaron en ternura.

Si te encuentras sufriendo un profundo dolor

Espero que lo compartas conmigo.

Yo voy a hacer cualquier cosa por verte sonreír:

ese será mi tesoro más preciado.

—Kagome…—me llama con voz adormilada.

—Dime — respondo en un susurro.

—Me gusta tu canción…—y diciéndome esto, queda dormido.

—Y yo espero que la recuerdes, Inuyasha. Quiero que la recuerdes siempre.

Continúo repitiendo el último verso hasta que me aseguro que esté profundamente dormido y luego me permito caer en brazos de mis sueños, mientras la canción se repite en mi mente una y otra vez. Al fin y al cabo, yo hago cualquier cosa por verlo sonreír. Sus sonrisas, los momentos a su lado, todo él, eran mi mayor y más preciado tesoro.

Continuará…

La canción es una belleza y yo soy la primera en admitirlo. Obviamente no es mía. Esta es una traducción que hice yo (por lo que cualquier error en la traducción sí es culpa mía) de la canción "Jewel" de Ayumi Hamasaki. Dado que apenas estoy comenzando a aprender japonés, espero que me disculpen los errores en la traducción, aunque también traté de mantener el sentimiento de la canción, para lo cual me tomé la libertad de cambiar algunos detalles gramaticales. No me linchen.

Si nunca la han escuchado, corran ahora mismo a hacerlo. Es una intérprete genial con una voz muy tierna y la canción, ya lo dije, es una belleza.

Gracias por leer.

Besos!