No sabía cuándo sería el regreso, pero de que ese regreso tendría lugar, lo tendría. Y ahora aquí está. Los problemas de la vida adulta quisieron detenerme y lo lograron por un tiempo, pero no pudieron hacerlo por siempre. Aquí les dejo el capítulo 6.
Nota: Los personajes son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi. La historia es un pedacito de mi inspiración que quise compartir con ustedes.
Capítulo 6
Puedo sentir la brisa en mi rostro. Me despeina, es cierto, pero es como si me acariciara, así que no me molesta. Es un día increíble: soleado, con un viento suave que mece los miles de flores que me rodean, porque estoy sentada en medio de un prado de flores hermosas. Ahora mismo no me importa que mi uniforme haya desaparecido o que no sepa en donde estoy. Llevo puesto un vestido blanco, tanto como las flores que me rodean y a lo lejos escucho una melodía que sé que conozco, pero que no logro ubicar.
Yo voy a hacer cualquier cosa por verte sonreír:
ese será mi tesoro más preciado.
En una de las tantas veces que escucho que se repiten esas palabras, aparece ante mí un guerrero, como esos caballeros medievales que aparecen en las películas y rescatan damiselas en peligro. No logro distinguir mucho de él, pero sí veo que su armadura es roja y blanca, casi diría que ese blanco se convierte en plateado al contacto con los rayos del sol. No me da miedo, aunque no puedo ver su rostro, pero siento como si lo conociera y confiara plenamente en él. Su sola presencia me da una seguridad que siento que no tengo con nadie más.
Se acerca a mí con la intimidad y el ímpetu de quien se sabe aceptado y, yo diría que también, amado. Cuando solo unos centímetros nos separan, se inclina y me ofrece su mano. Sabe que gustosa le doy la mía en cualquier lugar y momento. Pero cuando estoy a punto de responder…
Despierto súbitamente de mis sueños. No pensé que fuera a dormir tan profundamente, sobre todo en las circunstancias en las que me encuentro actualmente, pero a juzgar por el sueño que acabo de experimentar, yo diría que lo hice (decir lo contrario sería mentir como una bellaca).
Por suerte, pasamos una noche tranquila. Yo no dormí mucho por la preocupación de que tal vez la espada no fuera suficiente para protegernos (si Colmillo de Acero pudiera hablar es muy probable que me preguntara a qué se debía mi escasa fe en ella. Y luego que me reclamara enumerándome todas las veces que me ha salvado o que ha salvado a Inuyasha). Sí es cierto que la espada parece tener hasta cierto punto conciencia y voluntad propias y ligadas a las de Inuyasha, pero nadie puede pretender que dadas las más que extrañas circunstancias en las que nos encontramos (o al menos más extrañas que de costumbre), yo no me preocupe exponencialmente.
Por suerte para mí, lo poco que dormí resultó ser reparador. Eso me va a ayudar en el día que tengo por delante, que promete ser tan o más "interesante" que ayer.
…
He estado despierta por un par de horas ya. No me he querido mover del saco de dormir por temor a despertar a Inuyasha, así que he tenido mucho tiempo para pensar. En un par de horas se pueden llegar a pensar un montón de cosas. Primero está la extraña situación en la que me encuentro y el hecho de que estoy dividida en dos posiciones: por un lado no puedo dejar de pensar en que mis amigos deben darse prisa en conseguir el agua que podría resolver todo este problema (aunque no es del todo seguro), por el otro sé que en el momento en el que regrese a la normalidad, voy a perder mi recientemente adquirida confianza con Inuyasha. También puede que resulte que Inuyasha no recuerde absolutamente nada de estos días, o que lo recuerde todo. Si no recuerda nada, supongo que seguiremos exactamente como hasta antes de que todo pasara. Pero si lo recuerda, si recuerda todo lo que me ha contado, lo que hemos compartido… no sé, no puedo imaginarme cómo reaccionará.
Otra cosa que me da vueltas de vez en cuando por la cabeza es mi sueño. Más bien se ha mantenido como un molesto ruido de fondo todo el tiempo, obligándome a pensar en él. Normalmente no recuerdo lo que sueño, pero en esta ocasión, permanece vívido como si de una película se tratara. Había escuchado comentar que los sueños son vaticinios de nuestro futuro, lo que no siempre nos percatamos ni los interpretamos correctamente. No sé en este caso si será de esa forma o si fue solo un sueño más notorio que los anteriores.
Y he estado empleando ese tiempo además en deliberar si existe alguna solución a mi problema de la escasez de armamento. Hasta ahora, no he dado con ninguna que no implique exponer a Inuyasha al contacto de otros humanos. Ni de casualidad se me ocurriría dejarlo en algún lugar para ir yo y reabastecerme de flechas. No me pienso despegar de él mientras sea un niño. Y, a juzgar por cómo me ha abrazado toda la noche, él tampoco se quiere separar de mí.
La mejor solución, después de analizarlo mucho y hacer una lista de "pros y contras", parece ser la de dirigirnos a la aldea de la anciana Kaede. Qué sucederá una vez que estemos allí será un misterio al que nos enfrentaremos cuando llegue el momento, pero no puedo proteger a Inuyasha si no tengo flechas.
La cuestión problemática, o una de ellas, es que tampoco podemos permanecer en la aldea por mucho tiempo. Siendo Inuyasha el imán de monstruos que es actualmente, no puedo permitir que ataquen la aldea. Así que solo me queda ir, abastecerme de flechas, y regresar aquí a esta pequeña cabaña en la que al parecer estamos seguros y regresar cuando necesite nuevas flechas. Parece un buen plan. Vamos a ejecutar entonces el paso 1: convencer a Inuyasha de que debemos ir a la aldea. Algo me dice que no será sencillo.
…
—Inuyasha, necesito que vayamos a la aldea de una amiga mía.
—No.
Pues ya vamos empezando bien el día. Me había preparado para que no fuera sencillo. Más me vale que esa preparación rinda sus frutos.
—Por favor, Inuyasha, ya no me quedan flechas y no sé utilizar una espada.
—No.
Soy solo yo o despertó con la negación a punta de lengua. Ni siquiera me deja razonar con él.
—¿Por qué estás tan reacio a ir a la aldea de mi amiga?
—Es una aldea de humanos.
—Ajá, y…
—Los humanos siempre huyen de mí, todos lo hacen menos mi mamá y ahora tú. Los niños no juegan conmigo porque me tienen miedo. Y los que no me tenían miedo era porque sus padres les habían dicho que yo era un monstruo. Por eso se burlaban.
Yo… escuchar eso me duele a sobremanera. Quiero decir, ya me lo imaginaba, pero cada confesión que Inuyasha me hace, cada nuevo dato que me da, me hace darme cuenta de que es alguien increíble y con un corazón único. Sí, sé que de vez en cuando protesta por tener que ayudar a alguien, pero son protestas poco contundentes que solo sirven para mantener su imagen. La realidad es que es alguien estupendo por haber sobrevivido a todo lo que sobrevivió y seguir siendo tan gentil.
—Esta vez no va a ser así. Te lo prometo. —la verdad es que los aldeanos se han adaptado a él y ya lo aprecian. Lo difícil será explicarles que es un niño, pero creo poder lidiar con eso.
—Siempre es así. —insiste.
—Estas personas son diferentes. Están acostumbrados a los hanyō.
—No puede ser. Ningún humano acepta a los que son como yo.
—En esta aldea sí. Recuerdas a mi amigo, del que te hablé anoche. —veo que asiente con comprensión ante el recuerdo— Pues resulta que mi amigo vivió allí por varios años.
Si es que se le puede llamar "vivir" a lo que Inuyasha hizo durante cincuenta años en la aldea de la anciana Kaede, o más bien en el bosque del Árbol Sagrado. Pero no le voy a explicar a la víctima de toda la historia que estuvo obligado a convivir con los humanos mientras dormía clavado a un árbol. No creo que eso me ayude a ganar puntos con él y desencadenaría otra serie de explicaciones que no estoy segura de querer y poder darle.
—Y, ¿dónde está ese amigo tuyo ahora? —me pregunta con suspicacia.
"Frente a mí convertido en un niño caprichoso" no es una buena respuesta, estoy segura de ello.
—Tuvo que viajar. Te dije que era un hanyō que peleaba mucho y muy bien, y su ayuda fue necesaria en una aldea que estaba siendo atacada por un enjambre de demonios. —supongo que, como mentira, no gana mucho, pero al menos logro que se calme y deje sus sospechas.
—No quiero estar rodeado de humanos.
Entiendo sus reticencias, pero por más que me gusta que pasemos tiempo él y yo solos, tenemos que esperar mínimo seis días más por nuestros amigos que traen (si la obtienen) el agua del manantial, cinco días si se dan prisa y solo descansan lo imprescindible (como sé que lo harán). Y dado lo asiduos que resultan ser los demonios cuando de perseguir a Inuyasha se trata, el que yo esté desarmada no es una opción.
—Mira, si te hace sentir mejor, te puedes quedar en casa de la anciana Kaede. Ella es mi amiga y vive sola. Además pasa la mayor parte del tiempo fuera de la cabaña.
—Ah sí, ¿por qué?
¿Había mencionado ya que Inuyasha es curioso por naturaleza? Estoy segura que eso lo mantuvo vivo en muchas ocasiones y lo ayudaba a ingeniárselas en situaciones peliagudas. Pero lidiar con su curiosidad pone a prueba mi creatividad de una manera que me asusta y me fascina al mismo tiempo. ¿Cómo sería si fuese así de abierto conmigo siendo adulto?
—Kaede es una sacerdotisa, una muy conocida y solicitada.
—Por eso viniste a esta región. Ella te entrena para ser una sacerdotisa también.
—Exacto. — "eso" no se apartaba mucho de la realidad.
—Y, ¿qué voy a hacer si los humanos no me quieren allí? ¿Y si se burlan?
—Yo te prometo que no será así, pero en el caso de que ocurra algo, lo que sea, te prometo que te voy a proteger, Inuyasha.
—¿En serio? ¿Me protegerías a mí?
—Sin dudarlo ni un instante.
—Bueno, entonces, de acuerdo. Iré.
—Gracias. Te prometo que todo irá bien.
Fue más difícil de lo que pensé, pero al menos lo convencí.
—Cuando desayunes, saldremos hacia la aldea, Inuyasha.
Y solo me queda esperar no haberme equivocado.
Continuará…
Gracias por leer.
Besos!
