Desde que comencé a escribir los puntos de vista de Inuyasha en esta historia, estaba deseando llegar al capítulo de la canción. Yo la siento tan de ellos que quería que Inuyasha lo sintiera igual.
Espero que les continúe gustando.
Nota: Los personajes son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi. La historia es un pedacito de mi inspiración que quise compartir con ustedes.
Estamos refugiados en una cabaña abandonada que encontramos en nuestro camino de regreso al punto de encuentro con los amigos de Kagome. Ella insiste en que tenemos que volver con ellos y, al menos por ahora, yo voy a permanecer con ella. Tal vez cuando sus amigos vuelvan Kagome se vaya con ellos y me deje solo nuevamente, pero por lo pronto, voy a disfrutar de su compañía.
Nos costó toda la tarde llegar hasta aquí porque nos atacaron algunos demonios. Kagome se la pasó refunfuñando porque, según ella "es como si un hanyō niño fuera un imán para los monstruos". No sé lo que es un imán, pero lo que hemos vivido hoy no ha sido nada. Me atacan monstruos a diario, es algo así como mi constante en la vida, aparte de la soledad, pero a ella le parece inaudito. Creo que ya me había hecho a la idea de que Kagome es extraña.
Y también tiene cosas muy extrañas en la "mochila". Como estos "crayones de colores" que estoy usando ahora. Los encontré mientras revisaba su mochila buscando otro de esos objetos de nombre extraño que ella decía que era necesario y nutritivo para que yo lo comiera y me llamaron la atención enseguida. Lo más curioso eran los colores brillantes y que no necesitaban tinta para utilizarlos.
Ella se había quedado extrañada por mi mirada curiosa.
—¿Qué ocurre, Inuyasha?
—¿Qué es esto, Kagome?
En mi mano sostenía la caja de "crayones".
—Son crayones, Inuyasha. Sirven para pintar.
—¿Cómo se usan?
Desde que me lo explicó los he estado utilizando para hacerle un regalo que espero que le guste, eso si me atrevo a dárselo. Pero si se va a ir con sus amigos, me gustaría que tuviese algo mío para recordarme. Yo sé que no necesitaré nada para recordarla a ella. Kagome permanecerá en mi mente por mucho, mucho tiempo…
Desde aquí, a pesar de que parezco enfrascado en mi dibujo, veo su mente trabajar. Eso, sumado a que murmura algunos de sus pensamientos me lleva a darme cuenta de que está preocupada por su falta de armamento.
No tiene muy buena puntería, pero es obvio que es una arquera. Además que tengo que reconocer su acierto en la elección de su tipo de arma. Los poderes espirituales tienen la ventaja que se pueden proyectar a través del cuerpo del portador y pasar a cualquier arma que se utilice. Utilizar espadas o lanzar requeriría de lucha cuerpo a cuerpo, y aunque tiene sus ventajas, en el caso de que yo tuviese poderes espirituales, también me decantaría por arco y flecha. De ese modo tendría una ventaja estratégica de campo, así como la posibilidad de ocultarme y un mayor alcance a la hora de acabar con mi enemigo. Kagome es buena, y tiene mucho poder. Si pudiese mejorar su puntería, sería la sacerdotisa más poderosa que existe.
Sin embargo, ese pequeño problema de la puntería hace que gaste el doble de flechas y ahora mismo no le queda ni una. Lo único que tenemos para defendernos es la espada oxidada que estaba a mi lado cuando desperté en el capullo y que incrustó en la puerta porque según ella es mágica. Ya puede serlo y mantener a todos los demonios alejados, o no conseguiremos dormir esta noche.
Sé que está pensando en llegarse a alguna aldea para reabastecerse de flechas, pero también noto su duda. Estoy seguro de que es por culpa mía, no quiere que los humanos la vean conmigo. Nadie en su sano juicio querría.
Me pude percatar en nuestro camino aquí que mi curiosidad exhaustiva por todo lo que me rodea le parece maravillosa y me lo hizo saber, así que le hice caso a la sensación cálida en mi pecho y me dejé llevar. Mientras veníamos para acá estaba al pendiente de todo lo que me rodeaba: lo mismo le explicaba algo que no conocía que le preguntaba por algo que me resultaba desconocido. Incluso a veces se sorprendía con mis respuestas y mis conclusiones.
Pero una cosa es estar conmigo a solas y otra es estar rodeada por su gente, los que son como ella. Es muy probable que por esa razón no quiera llevarme a una aldea humana.
Nuevamente detecto cuando su pensamiento cambia. No solo es el cambio en su respiración lo que me lo da a entender, sino también el pequeño fruncimiento de sus cejas. Algo le preocupa. Hasta cierto punto me asusta ver lo apegado que me estoy volviendo a ella y sé que eso me ocasionará daño en el futuro, pero por lo pronto lo dejo estar. Que hable conmigo, que me quiera a su lado, aunque sea temporalmente, tendrá que ser suficiente.
—Inuyasha, ¿siempre te han perseguido así los monstruos?
Esa es una pregunta que tiene una respuesta fácil y difícil a la vez. Pensando bien qué decirle, oculto el dibujo dentro de mi túnica y organizo los crayones en su caja y luego los guardo en el mismo lugar que el dibujo. Sé que mi expresión se vuelve hosca, pero no lo puedo evitar.
—Sí, siempre que estoy solo me buscan. — respondo finalmente.
—¿Por qué?
—Nunca me ha dado tiempo a preguntarles.
—No seas irónico, por favor. —me regaña. Es extraño y entrañable que alguien me regañe.
—Me desprecian, Kagome, soy un error. Mi padre era un gran yōkai y mi madre, humana. Para los demonios, soy un ser inferior que tienen que destruir. —dejo salir en mi respuesta todo el autodesprecio que siento, unido a mis dudas de por qué no quiere que la acompañe a la aldea humana, unido a los años de soledad, de angustia, con un solo objetivo: sobrevivir. —Al final yo también me odio. —murmuro, seguro de que no me va a escuchar, pero lo hace.
—¿Qué?
—Soy un ser débil y raro. Y ¿has visto mis orejas? ¿Mis garras? —le digo señalando esas partes de mi cuerpo— No soy un demonio, pero tampoco humano. No soy nada.
—Estás completamente equivocado. —creo que es la primera vez que la veo completa y absolutamente enojada, incluso más que cuando pensé que se iba a ir luego de vencer al ogro en el bosque.
—No es así, hasta mi madre lloraba por mi culpa.
—Yo no lo veo así. Me parece que estás pensando las cosas al revés.
—No, no lo hago. —ella no vio las lágrimas en el rostro de mi madre, ella no sintió sus temblores mientras me abrazaba y yo sentía que enterraba su rostro en el hueco de mi hombro y mojaba mi túnica.
—A ver, —me dice respirando profundo, como quien busca paciencia o palabras correctas o ambas, mientras toma mi mano—¿no puedes ver mejor que un humano?, ¿incluso ahora siendo un niño?, ¿incluso en la oscuridad?
—Sí, pero…
—¿No puedes escuchar muchos sonidos que para los humanos son un misterio?
—Sí, pero…
—¿No puedes percibir olores y seguir rastros y encontrar así lo que buscas?
—Sí…—si siguiéramos por esa línea de razonamiento, hasta pareciera que soy especial, pero sé que no lo soy.
—Además, ¿no eres más fuerte que un humano débil, así como yo?
—Sí, y tú no eres débil. Eres muy fuerte. —es la persona más fuerte que conozco.
—Si yo no soy débil, tú tampoco lo eres. Inuyasha, eres la persona más fuerte que conozco. —es increíble cómo a veces repite mis pensamientos. Eso me gusta y me asusta a partes iguales.
—¿En serio lo crees?
—Sí…
—Pero los demonios…
—Te digo un secreto: son unos cobardes. Todos esos demonios que buscan acabar contigo ahora siendo pequeño, lo hacen porque les da miedo ver en qué te convertirás.
—En qué me convertiré…
—Porque cuando crezcas, te convertirás en el hanyō más poderoso que haya existido jamás y nadie, ni humano ni demonio, te podrá derrotar.
—¿En serio? —le pregunto completamente asombrado. Eso no es posible. Ella no tiene manera de saberlo, ¿o sí?
—Sí, y cuando ese día llegue, esas orejas que ahora criticas porque te hacen diferente te permitirán detectar a los peores demonios a las mayores distancias; y esas garras salvarán a tantas personas que perderás la cuenta.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque… porque tengo un amigo hanyō que pasó por estas mismas experiencias que estás pasando tú ahora, —eso explica muchas cosas, sobre todo por qué no huye de mí— y él se volvió invencible. Y sé que tú serás mejor que él.
—¿Lo voy a superar?
—Sí. Cuando seas adulto, Inuyasha, tu nombre será respetado y temido a partes iguales, tu valor será alabado por muchos y tu nombre pasará de boca en boca sin importar la especie. Serás invencible.
—Voy a ser genial. —sé que ella no tiene manera de predecir el futuro, pero me permito creer que lo que me cuenta es cierto, aunque sea solo esta noche.
—Así es. Tú ni siquiera te imaginas cuánto.
—Voy a ser un gran guerrero.
—El mejor.
—Entonces, —volví a cambiar de actitud al recordar lo que había iniciado toda esta conversación—¿por qué mi mamá lloraba?
—Inuyasha, ella se preocupaba por ti. Sin importar la especie, la vida está llena de retos que debemos afrontar y superar para seguir adelante. Para ti, esos obstáculos serían mayores, y ella lo sabía. No se le puede pedir a una madre que no se preocupe por sus hijos. Ella siempre te ha amado. Es por eso que lloraba.
—Entonces, ¿lloraba porque me quería? Eso no tiene sentido.
—Generalmente se llora cuando estamos tristes. Pero llorar porque se es feliz es posible. Así que sí, llorar porque amas a alguien no es nada extraño. Llorar porque temes que se lastime, llorar porque no te quieres alejar de la persona a la que amas… es algo normal. Y tiene todo el sentido del mundo dentro de su escaso sentido.
—No entiendo. —¿ahora habla en acertijos?
—Otra cosa que harás cuando seas grande: entender a lo que me refiero. Pero ahora te voy a decir otro secreto: a mí me encantan tus orejas.
—¿Sí?
—Claro, me parecen tiernas.
—Eso no me gusta. —no me gusta ser tierno. Quiero ser fuerte, invencible, pero no "tierno".
—Además que son muy llamativas y únicas. Y útiles en la batalla. —eso me gusta más.
—A mí, — me acerco a ella para abrirle un poco mi corazón y contarle una confidencia y uno de mis mayores secretos— me gusta que me las rasquen.
—¿En serio?
—Sí. Mi mamá me dormía siempre acariciándome las orejas y cantándome una canción.
—¿Te gustaría que te acariciara las orejas mientras te canto algo?
—¿Puedes?
—Claro, pero no conozco la canción que tu mamá solía cantarte, así que te cantaré una de las de mi épo… eh, región. ¿Te parece bien?
—Claro.
—Bueno, ahora ayúdame a preparar el saco de dormir.
—¿Te refieres a este capullo gigante?
—Sí, ese.
Cuando ya el saco está preparado, me acuesto, disfrutando de la comodidad y el calor del capullo en el que Kagome me dijo que debíamos dormir. Cuando se acuesta a mi lado, comienza a acariciarme muy suavemente las orejas y siento cómo lentamente se van cerrando mis ojos, mientras comienza a cantar con una voz suave y melodiosa.
Cuando el cansancio te venció y te dormiste,
yo contenía el aliento y te observaba
Porque solo yo conozco tu dulce rostro
indefenso y desprotegido.
Un día, uno como otro cualquiera,
cuando la luz del sol alumbraba como de costumbre,
cuando el viento soplaba suavemente,
sentí que algo dentro de mí comenzaba a cambiar,
y, sin ninguna duda, sentí que me volvía más fuerte.
Aunque no me sentía triste, pude sentir mis lágrimas derramarse
Porque tus sentimientos dolorosos
Penetraron en las cicatrices de lo profundo de mi corazón
Y se transformaron en ternura.
Si te encuentras sufriendo un profundo dolor
Espero que lo compartas conmigo.
Yo voy a hacer cualquier cosa por verte sonreír:
ese será mi tesoro más preciado.
A pesar de que el sueño me arrastra, no puedo dejar de desear que la letra de esa canción sea algo más para Kagome que solo algo que aprendió de memoria. Porque yo no puedo dejar de darme cuenta de que yo también quiero hacer cualquier cosa por hacerla sonreír.
—Kagome…—la llamo con voz adormilada.
—Dime — responde en un susurro.
—Me gusta tu canción…—y diciéndole esto, me quedo profundamente dormido. Aunque sueño que ella me susurra al oído:
—Y yo espero que la recuerdes, Inuyasha. Quiero que la recuerdes siempre.
Mañana tal vez ella me deje, y yo volveré a estar solo, pero la esperanza que me está dando, la calidez con la que me envuelve, la sonrisa que me regala, se están asentando en mí a pesar de mi lucha por evitarlo.
Sin pretenderlo, Kagome está consiguiendo que mi alma herida y maltrecha sane, y con ello, está logrando convertirse en mi mayor y más preciado tesoro.
Continuará…
Gracias por leer.
Besos!
