*Personajes propiedad de Tom Warburton
Operación T.I.E.R.R.A
Tenebrosa,
Indómita y
Esperanzadora
Reunión
Resuelve
Amistades
Una nave en forma de caparazón de tortuga volaba por el espacio con dirección al planeta Tierra, en ella viajaba un chico calvo que observaba por la ventana la inmensidad del espacio ¿en cuántos de esos planetas no había sometido la tiranía adulta? ¿Cuántos asteroides no habían impactado contra las naves que Rocket, mejor conocido dentro de su equipo galáctico como C3PO, fabricaba? Una lágrima se le escurrió al recordar la apresurada despedida que había tenido con su equipo, todo a través del intercomunicador ya que ellos habían sido asignados a una misión encubierta en otro sistema solar muy lejos de allí. Aunque todos le desearon suerte y lo animaron a esforzarse para salvar su planeta, él sabía que tardaría mucho en volverlos a ver, y eso lo hacía sentirse confundido, por una parte estaba nostálgico por su equipo galáctico, pero no podía evitar sentir emoción de ver de nuevo al sector V, y claro que tenía miedo de lo que se iba a encontrar ¿de verdad les habían borrado la memoria? ¿Cómo serían ahora? ¿Tendrían barros y pelos por todos lados? ¿Tres y Cuatro estarían juntos? ¿Y si Cree había reclutado a Cinco?
-A ver, a ver, número Uno- dijo una voz chillona que lo sacó de sus pensamientos- ¿te estas despidiendo del espacio? Seguramente en la tierra aun usan árboles para fabricar barcas vikingas- dijo una chica con antenas en la frente y piel verde esmeralda con unos vivarachos ojos marrones, tenía el cabello agarrado en dos coletas, un blanca y la otra violeta, usaba un vestido de algún material sintético que brillaba y sonaba cada vez que se movía, la falda tenía un gran aro blanco dado de volumen, que a Uno le recordaba a los vestidos ampones que usaban las niñas terrícolas para sus fiestas religiosas.
-XW99- contestó Uno intentando no ser demasiado grosero con una de las gemelas neptunianas que habían mandado a escoltarlo-los vikingos ya no existen y tenemos tecnología 2x4, o al menos la teníamos cuando yo era cadete en mi planeta, seguramente se han actualizado, te recuerdo que la base a la que nos dirigimos está ¡En la luna!
-Bien podrían usar una escalera- contestó la otra niña, idéntica a la primera excepto por el color del pelo, que era contrario al de su hermana y que las ayudaba a verse como espejo cuando se paraba una delante de otra.
-XW66- dijo Uno intentando hallar una paciencia que no tenía- los Chicos del Barrio creamos tecnología que no sea fácilmente detectada por adultos ¡Una escalera es algo muy burdo! No somos neandertales, o sea hello, yo sé que como guerreras son unas campeonas y dejan a la mujer maravilla como una principiante, pero de verdad hasta el Güero tiene más cerebro y eso no lo digo de cualquiera- les gritó exasperado.
-Y si son tan súper inteligentes ¿por qué no te implantaron pelo?- dijeron a coro para después soltar una risita que se volvió carcajada mientras el chico se golpeaba contra el cristal exasperado ¿por qué de entre todos los cadetes galácticos le habían mandado con ellas dos? Sí, lo aceptaba eran muy buenas en batalla, pero como compañía, ningún sector las toleraba más de tres misiones.
Tres horas después, Uno estaba enfrascado leyendo historietas que había coleccionado de varios planetas cuando de nuevo escuchó ruido en la cabina y se preparó para una discusión más, pero esta vez XW99 le llevaba su traje espacial, pero el cristal del casco estaba completamente negro.
-¿Cómo se supone que veré por dónde camino? O sea hello.
-No lo necesitarás, los chicos que vienen por ti no saben ni deben saber quién eres. Piensan que llevarán a un reo altamente peligroso, principalmente se temía un ataque adulto a esta nave, pero también es por la seguridad que pidió el líder terrícola, no quiere que nadie sepa que estás de vuelta. Así que no debes hablar ni nada hasta que estés frente a él ¿de acuerdo?- el chico asintió- prepárate porque colisionaremos con la nave que te llevará a la Base lunar en cinco minutos.
La nave enviada por la base lunar se posiciono paralela al caparazón espacial, las gemelas hicieron la entrega del prisionero con los brazos esposados y una sencilla bolsa de lona con las pertenencias. Número 879 y 880 escoltaron al reo dentro y permanecieron uno a cada lato mientras 1034 piloteaba, nadie intentó hablarle, pero todos se preguntaban qué clase de psicópata transportaban que ni siquiera sabían su nombre. Cuarenta minutos después aterrizaron en la luna, las escoltas llevaron a Uno a través de la base lunar, por donde de vez en cuando pasaba algún científico con aparatos de medición o algún soldado dando su habitual recorrido de seguridad, Uno no dejó de notar que la Base parecía desierta.
Los guardias lo llevaron al despacho vacío del líder y lo esposaron a una silla, allí le echaron una última mirada y le ordenaron que esperara a que 587 volviera. No habían pasado ni dos minutos cuando la puerta se abrió y el hermano menor de la pecosa entró, aseguró las puertas y le quito el casco y las esposas a Uno.
-A ver, a ver ¿para qué soy bueno?- se dijo sobándose las muñecas.
-Bienvenido a la luna, número Uno- el chico le extendió la mano que sacudió con efusividad- lamento que hayas tenido un recibimiento tan duro por parte de mis guardias, pero eres un adolescente, o pronto lo serás- le dijo notándole las primeras imperfecciones en la nariz- y no puedo dejar que cunda el pánico si saben que hay un adolescente en la Base. Además quiero mantener tú llegada como un secreto lo más posible, como seguro ya te informó el líder espacial, hay traidores en la organización.
-Siempre los ha habido, pero antes eran minoría, por lo que entiendo eso está cambiando.
-Y con las desapariciones más, muchos cadetes se han dado de baja y otros más prefieren ayudar a los adolescentes a exponerse a que algo así les ocurra. He mandado varios grupos de búsqueda y rescate, pero todos han desaparecido, por eso me atreví a pedir tu ayuda. No tenemos muchas pistas, todo lo que tengo son los expedientes de los niños que se han extraviado- le extendió una carpeta con estampas de Hora de aventura- quiero que esta misión se mantenga por debajo del agua, no quiero asustar más a los chicos y tampoco quiero exponerte a que seas un blanco fácil para los adultos, no soy tonto y sé que sabrán de tu regreso pero quiero que piensen que no recueras nada- Uno asintió mientras hojeaba los expedientes- Serás asignado a tu antiguo sector, eso quiere decir que regresarás a casa de tus padres a quienes se les hizo creer que estabas de intercambio académico en Canadá, ahora bien, para cumplir con las condiciones que pusiste, fuiste inscrito en la preparatoria donde estudia tu antiguo sector, no tienes prohibido hablar con ellos, pero no debes decirles nada que comprometa a la organización, según lo que pude investigar no han sido reclutados, pero con los adolescentes nunca podemos estar seguros, ya sabes que siempre están cambiando de opinión- rodó los ojos mientras hacía una mueca- quizás tú mismo seas reclutado cuando se corra el rumor de tu regreso, intenta no parecer muy urgido, toma las cosas con calma; aunque infiltrarte entre ellos no es tu misión, hazlo sólo si crees que eso ayudará con la ubicación de los miembros extraviados.
-Entiendo- el chico hizo un saludo militar- te aseguro que yo y mi equipo los encontraremos.
-Uno, sin ofender, creo que les tienes mucha fe. No voy a negar que tu equipo fue el mejor entre los mejores, pero han crecido y ya sabes, cambian.- se encogió de hombros- yo solía ser muy unido a número 86, aunque está medio loca claro, pero era una buena hermana, estaba orgullosa de mi cuando fui reclutado, pero ahora… rara vez hablamos, ya no podemos hacerlo.
-Los traeré de vuelta si es que eso pasa, no voy a dejar que un puñado de estúpidos adolescentes se quede a mi equipo, ellos son mejores que eso, señor deje todo en mis manos- hizo un saludo militar.
-De acuerdo Uno, por el momento no tengo más que decirte, ya me pondré en contacto contigo cuando te hayas adaptado al nuevo mundo, recuerda que tengo muchos ojos en ti, aunque tú no los veas. Aquí está tu nave, presionó la cabeza de un muñeco de Spiderman que estaba en su escritorio y del suelo apareció una nave del tamaño de una lavadora, dentro había una sudadera grande roja, unas bermudas beige y unos tenis junto a la maleta que Miguel había traído del espacio.
-Espero que esa ropa te quede, cuando entres al campo atmosférico de la Tierra empezarás a crecer y mmm tienes que dejar esas gafas- señaló el rostro del chico que tenía una especie de visor 3D de colores neón.
-¿Mis gafas? Pero están muy de moda en Zatherian, la galaxia de a lado, o sea hello.
-Bueno las puedes conservar pero no salgas con eso a la calle, guárdalo como recuerdo de Canadá o algo así- el chic rebuscó en su escritorio y le dio un armazón de lentes- pruébate estos, te quedan mejor, sólo que asegúrate de ir a que le pongan graduación, no te quiero estrellándote con postes o algo así- Uno se las probo, eran simples, pero servirían.
Unas horas después, un chico con una sudadera el doble de su tamaño, unos bermudas beige y unos tenis que no le combinaban para nada caminaba con un saco al hombro mirando a un lado y el otro, sintiéndose un extraño en su barrio. Llevaba unos audífonos enormes conectados a un aparato de música que había encontrado con la ropa y que al parecer estaba cargado de las canciones pop/ rock del momento, para su pesar debía admitir que no todas estaban tan mal. Sentía su cuerpo raro, había crecido varios centímetros y ahora se sentía una especie de lombriz mutante con brazos demasiado largos y sí, aun sin pelo. Al llegar a una casa al centro de la calle tocó el timbre sintiendo un nudo en el estómago, no pasó mucho para que unos pasos se escucharan.
-Hola, hola ¿quién toca?- escuchó que una voz grave decía y el intentaba parecer sereno.
-Que hay mi buen- le dijo indiferente al ver a su padre asomarse.
-¡Miguelón!- gritó el hombre mientras abrazaba a un malhumorado joven- has vuelto de ese intercambio en el extranjero.
-Ay ya papá- le dijo con impaciencia- no me avergüences así. Obio que ya llegué ¿me estás viendo no? O sea hello, ya bájale y déjame entrar y… ¡¿Dónde demonios está mi casa del árbol?!- gritó señalando hacia arriba con la boca abierta y sintiendo que el corazón se le paraba.
-Ah bueno… eso desapareció hace mucho tiempo, no creí que aun quisieras jugar en ella, aunque la verdad no creo que pudieras, mírate cómo has crecido. Además tus amigos en algún momento dejaron de pasar a saludar y…
-¿Cuáles amigos? Nunca sé de qué me hablas, y ya déjame pasar porque o sea hello, me muero de hambre- le dijo empujándolo y entrando a casa, debía ver que más había cambiado. No había dado ni cuatro pasos cuando su madre comenzó a chillar al notar que su hijo había vuelto, el nuevo adolescente se golpeó la frente ¿en serio era para tanto?
Esa noche el chico miraba las bolsas sobre su cama con ropa nueva y suspiró harto, casi se muere cuando se vio en un espejo y vio su cuerpo de adolescente, casi sufría un infarto por segunda vez en el día. Suspiró y se puso a rebuscar en su antiguo armario algo de tecnología 2x4, pero con decepción vio que sólo había partes de algunos cachivaches inservibles, pues claro si todo lo cool lo guardaba en su casa del árbol que ahora también estaba desaparecida. Con asombro encontró un simio arcoíris azul y sonrió, ese lo dejó bajo su almohada.
-¡Es inútil!- admitió al recordar que el especialista en tecnología dentro de su sector era Dos, e incluso lo llamaban de la Base Lunar de vez en cuando- ¿Dónde está mi equipo cuando lo necesito? ¿Dónde está la casa del árbol?- se recostó mirando el techo y abrazando su simio arcoíris, poco a poco se durmió.
A la mañana siguiente Miguel bajó del auto de su padre sin mucho ánimo, sabía que debía pasar desapercibido entre los adolescentes, pero ya no se sentía en absoluto seguro, no sin tener al menos una pequeña pistola lanza mostaza o sus botas cohete. También tenía miedo de no poder reconocer a sus antiguos amigos ¿de verdad habrían podido cumplir su promesa de ser siempre niños de corazón?
-Ten un buen día hijo- su padre había bajado la ventanilla para hablar con él.
-Ajá- le contestó distraído.
-Mira que guapo te ves con tu camisa nueva y esos pantalones, hasta las botas te van bien, déjame tomarte una foto para tu madre- el hombre disparó el flash.
-¡Ya vete papá!- gritó el chico poniéndose nervioso al notar que algunos chicos ya lo miraban y otros se reían. Caminó hacia la escuela intentando no prestar atención a lo que lo rodeaba, prendió el reproductor a todo volumen e intentó concentrarse en las percusiones, cuando se vio dentro y localizó su casillero revisó a conciencia su horario y vio que tenía clase de inglés, intentando verse despreocupado y cool se encaminó por el pasillo en busca de su salón. En cuanto entró al salón cayó en cuenta de en lo que se había metido, allí había chicas con el uniforme de porristas, otras tantas vestidas de negro como si fuera Halloween, más allá reconoció a Hueverto Hueverston pero intentó no prestarle mucha atención, también unos chicos se pasaban un cigarro y los menos, tenían algo que lo atemorizo, sin decir nada más se sentó en el lugar más apartado y localizó las salidas en caso de emergencia; el profesor no tardó en llegar. La siguiente clase fue más o menos igual, pero esta vez ya tenía algunas miradas en él y estaba segura que en alguna ocasión había escuchado su nombre de labios de Hueverto.
Para su tercera clase vio a Ace con la chamarra del equipo de futbol americano hablando con más chicos que la portaban, intentó no mirarlo muy fijamente pero se alegró un poco de no ver a Dos o a Cuatro entre ellos. Se giró y vio más porristas que esta vez lo miraban con curiosidad y una chica de cabello chino le guiñó un ojo haciéndolo ruborizarse. Siguió caminando al intentar encontrar un asiento vacío y pudo notar que había demasiadas revistas, aparatos de música y celulares en las mesas ¿cómo se suponía que iba a encajar si había estado años en el espacio?
-Oye guapo ¿te gustaría sentarte a mi lado?- le dijo una chica de cabello negro peinado en un chongo y con unos impresionantes ojos verdes.
-Yo… yo… le digo… me dice…- había empezado a retroceder asustado ¿qué se hacía en esos casos?
-Siéntate y ya idiota- le dijo la chica que estaba detrás de la primera, con un corte de chico y el cabello rubio- mi amiga no muerde- Uno no pudo dejar pasar que la chica usaba un entallado corsé rojo.
-¡Oye! A mí nadie, y menos una tonta adolescente, me va a morder- gritó perdiendo todo sentido común y sacó lo primero que encontró en su mochila, una botella de soda y empezó a agitarla con fuerza- ¿dónde vas a querer tus pataditas?- gritó con la adrenalina al máximo, pero enseguida se vio en el piso, sin arma y con el ánimo por los suelos.
-¡Quítate de mi camino idiota!- escuchó que le decían y vio pasar unos tenis de lona blancos y unas largas piernas de tez morena, no pudo ver más pues casi enseguida la profesora de filosofía le estaba regañando y pidiendo que se sentara y dejara comenzar la clase.
Cuando la profesora les dio el pase de salida y todos se arremolinaron en la puerta para disfrutar de sus diez minutos libres de cambio de clase Miguel se quedó rezagado, suspirando y pensando que quizás había subestimado la dificultad de la misión, se sentía tan solo y patético que estaba decidido a ir a hablar con Hueverto, solo esperaba que no fuera peligroso. Se puso de pie perdido en sus pensamientos, creyéndose ya el único en el salón, tan ensimismado iba que no logró defenderse del golpe que le propinaron para meterlo al armario donde se guardaba el material.
-¡No sean montoneros!- logró gritar mientras lanzaba golpes a lo loco- malvados adolescentes, ya verán como les doy sus pataditas- gritaba fuera de sí hasta que recibió un par de bofetadas de su agresor desconocido, el armario estaba a oscuras y varios libros le habían caído encima.
-Quieres callarte- escuchó en voz de la misma persona que lo había tirado al iniciar la clase- ¿acaso eres un novato idiota? No puedes ir por allí amenazando a tus compañeros y menos con una gaseosa, sólo lograrás que te descubran ¿cómo rayos te eligieron?
-No sé de qué me estás hablando adolescente, pero ya verás por abofetearme, yo soy número Uno y te castigaré en el nombre de la luna.
-Déjate de tonterías, nadie puede ocupar ese número de nuevo y yo no te pregunté eso, nunca, pero nunca rebeles esos datos a nadie, idiota- le dio un zape.
-Pero ese número siempre ha sido mío- dijo agarrándose la cabeza, ese último golpe sí que le había dolido- y no sé qué más quieres que te diga.
-A ver loquito, conmigo no quieras hacerte pasar por Uno solo para verte cool.
-No me estoy haciendo pasar por nadie ¡yo soy Uno! Y ya estuvo ¿tú quién eres?
-Si eres Uno, cosa que no eres, dime un secreto que involucre a cada miembro de tu sector.
-¡Claro que no! Jamás revelaría algo como eso, ellos me confiaron sus vidas y antes que ir de chismoso prefiero que me hagan calzón chino.
-Respuesta más o menos correcta ¿Quién es número Seis?
-Mitad zorrillo, mitad arma mortal, o sea hello ¿tu cómo sabes de la existencia de RoboBradley?- le dijo incrédulo ¿con quién estaba hablando?
-Porque yo soy su madrina- le dijo en un susurro antes de encender la luz de su celular y revelar unos ojos chocolate vivarachos, una piel morena y un cabello peinado hacia atrás en modo afro- Número Cinco, oh si nene.- Miguel la miró con los ojos como plato, aparte de los tenis que ya le había visto usaba un short de mezclilla gastada y una sudadera azul marino con el logo de la preparatoria- pero sin duda era ella, su segunda al mando, su mano derecha, su mejor amiga.
-¡Abby!- gritó al tiempo que se levantaba y la abrazaba mientras ella soltaba una carcajada- ¡Espera! ¿Cómo rayos recuerdas todo esto?- y entonces la miró con cautela ¿había traicionado al sector V para irse con los adolescentes?
-Transmisión interrumpida-
