*Personajes propiedad de Tom Warburton y Cartoon Network


Operación S.E.C.T.O.R. V.

Solo

Equipos

Correctos

Tienen

Opción de

Rescatar

Vidas

Esa tarde, después de clases Miguel estaba sentado en las gradas del gimnasio comiéndose un chocolate, después de vagar por los pasillos y preguntar, al fin había dado con Abby. Ella estaba en el entrenamiento de basquetbol ya que pertenecía al equipo y era tremendamente buena; aunque si había de ser sincero, su mirada se iba de vez en cuando a los del equipo de karate, que entrenaban en la otra mitad del gimnasio y donde, por supuesto, estaba Kuki Kiut. El antiguo líder pudo observar con orgullo que la chica era mejor que todos sus compañeros, pues claro, él mismo la había entrenado y luego Cuatro le había enseñado un par de cosillas: quizás su cerebro no recordaba esos días, pero por la forma en que se movía, su cuerpo sí.

Mientras repasaba el gimnasio con la mirada, absorto en sus recuerdos y el sabor de su chocolate, una sudadera naranja lo hizo regresar al presente. Número Cuatro se acomodaba del otro lado de las gradas con la mirada perdida en la práctica de Kuki; Uno sonrió, había cosas que nunca iban a cambiar. Estaba a punto de llamarlo para que se sentaran juntos cuando un balonazo el dio de lleno en la cara, tirándolo del asiento.

-¿Te dolió demasiado? Lo lamento chico, me desconcentré al lanzar el pase, sin rencores ¿no?- le dijo Abby tomando el balón y regresando a la práctica mientras él se presionaba la nariz e intentaba aguantarse las lágrimas.

Mientras tanto, Wally, alias "El güero" y mejor conocido antaño como número Cuatro, aunque él no lo supiera, miraba al equipo de karate con detenimiento como cada tarde que se libraba de los diversos castigos que los maestros se empeñaban en ponerle, pero no miraba a todos, en realidad su vista siempre estaba puesta en cierta japonesa que seguramente ni siquiera notaba que existía, gran cosa, como si le importara. Y no sólo le admiraba ese gancho izquierdo de muerte que admitía, sería imposible bloquear hasta para él, sino por algo que no tenía explicación; había pensado que era hambre, pero por más que comía la sensación en su estómago y su pecho cuando ella estaba cerca no desaparecían.

Él mismo no sabía por qué tanta curiosida, sí tenían algunas clases en común pero fuera de allí su único parecido es que eran representantes de la raza humana, ella era una niña tonta amante de los changos arcoíris y que ni siquiera, a pesar de las burlas, intentaba ocultarlo. El chico cruzó los brazos con fastidio ¿por qué se sentaba cada tarde en esas gradas a verla de lejos? Muchas veces había intentado resistirse, pero había algo que lo hacía terminar con el trasero aplastado allí, quisiera o no ¿y sí ella salía herida? Bueno pues se lo había buscado por estar en algo tan rudo en lo que sin duda no encajaba ¿no? Y además era su problema. Lanzó un suspiro e intentó recordar la primera vez que la había visto, ella era la chica nueva y él acababa de regresar de otro internado del que había escapado, como siempre, pero entonces se detuvo en sus recuerdos.

-No, esa no fue la primera vez que la vi- se susurró- fue antes, vamos recuérdalo Güero.

Y entonces recordó, había sido antes de que ella entrara a la misma escuela, él solía vagar por allí en busca de algo que hacer para no estar en casa y escuchar a su madre gritando que debía comer vegetales o nunca crecería. Uno de tantos días comenzó a sentirse vigilado, con todos sus sentidos al límite descubrió que quien estaba mirándolo fijamente era una niña de sudadera verde escondida detrás de un árbol, en cuanto se vio descubierta había huido. Esa no fue la última vez que algo como aquello había ocurrido; a pesar de que la chica intentaba ser cuidadosa él siempre la descubría. Con el paso de las semanas Wally se había acostumbrado a la niña detrás de él, no lo molestaba en absoluto como sí lo hacían algunas chicas de su escuela que habían empezado a acosarlo.

Un día él había sucumbido a la curiosidad y se acercó a preguntarle su nombre, pero ella escapó aterrorizada, después de unas semanas de aparente paz en las que ella había desaparecido, se acercó de nuevo a él. Wally estaba comiendo una hamburguesa en el parque y esta vez ella se puso enfrente y lo miró fijamente mientras abrazaba un tonto simio arcoíris, él notó que estaba llorando. Sintió que el corazón se le partía y buscó algo que pudiera decir o hacer, le preguntó si necesitaba algo pero ella no contestó, sólo lo miró fijamente y después movió levemente los labios antes de salir corriendo; y luego nada, nunca más. Hasta que apareció en la escuela como la chica nueva, pero ella no parecía reconocerlo, pasaba a su lado como si no existiera, no hablaban, no nada. Y ahora era él quien la seguía sin saber el porqué, ella personificaba todo lo que el odiaba.

Un ruido en las gradas lo hizo salir de sus monólogos cada vez más frecuentes y se percató del chico al que Abby había golpeado por estar distraído, sin contenerse rio muy fuerte, eso le pasaba por idiota. Lo miró con más atención ¿no era el chico nuevo que compartía ciencias sociales con él? Sí, no había muchos chicos calvos en la escuela, y hasta creía haberlo oído gritar su nombre en la cafetería, pero eso era imposible, no se conocían de nada aunque, si seguía mirando así a Kuki sí que lo conocería.

Miró a Abigail Olivera quien lo saludó antes de recibir un pase, el hizo un gesto de reconocimiento con la cabeza, esa chica le caía muy bien, no era engreída ni tonta, y en varias ocasiones le había salvado de Jena y Eva, las líderes de porristas que tenían un crush con él. El chico regresó su atención a Kuki al escuchar sus gritos, al parecer le tocaba pelear y eso, siempre era un espectáculo.


Uno esperaba a Abby sentado en el pasillo de los vestidores, se sobaba mecánicamente la nariz y esperaba que eso no le hubiera arruinado el porte de Luis Miguel ¿qué tenía de malo mirar a sus antiguos compañeros de equipo? Ella misma solía reírse del despiste de Cuatro y su poca iniciativa, todos sabían y notaban que el Güero siempre miraba a Tres, pero cuando se le preguntaba siempre lo negaba con respuestas tontas; él por otro lado, admitía que sólo estaba mirando a Kuki un poco, ni siquiera de la misma forma en que el rubio lo hacía.

-¿Te encuentras bien?- escuchó que le susurraba una voz conocida que lo hizo casi saltar, levantó la vista y vio a Kuki en cuclillas frente a él, sonriéndole- vi ese tiro de Abby, es raro que ella falle pero te tocó perder ¿duele mucho?

-N-no- le dijo algo sonrojado al notar lo linda que se había puesto su compañera de equipo- ya no mucho, son gajes del oficio, le digo… me dice…

-Eres gracioso ¿cómo te llamas?

-Miguel, todos me dicen Migue, bueno, solían hacerlo.

-Yo soy Kuki Kiut, mucho gusto ¿eres nuevo? Escuché que mis amigas mencionaban a un chico extranjero ¿eres tú?- el chico asintió efusivamente sin saber muy bien qué decir, tenía miedo de terminar rebelando por error algún dato trascendental.

-Miguel acaba de volver del extranjero- Abigail había salido del vestidor oliendo a vainilla y chocolate- la maestra de historia me asignó como su guía- las chicas intercambiaron miradas y se echaron a reír- es un fastidio porque parece mi sombra, al parecer no puede ni volver solo a casa.

-Ser el chico nuevo no es fácil. Recuerdo mi primer día en secundaria y no reconocer a nadie- se quedó pensativa unos momentos – pero yo ya vivía aquí… ¿por qué no conocía a nadie?- susurró para ella misma mientras Uno y Cinco se miraban.

-Kuki ¿es cierto que harás las pruebas para porrista? Escuché que lo mencionabas a Karina.

-En realidad aún no me decido. Me encanta el uniforme pero fuera de eso no tengo mucha motivación para serlo, no hay alguien a quien quiera animar de forma particular, y no sé, eso mi quitaría tiempo para el karate y las tareas- se encogió de hombros- aún me lo estoy pensando.

-Deberías hacer lo que te hace feliz, es un consejo de Abby- le dijo la morena.

-Kuki, llevamos años esperándote- le gritó una chica rubia y de mejillas sonrosadas al final del pasillo- vamos a ver a los chicos de futbol, corre.

-Debo irme, ya mandaron a mamá a buscarme- bromeó ella mientras rebuscaba algo en su mochila- espero que te recuperes Migue, te dejo en buenas manos- le tendió una paleta de simios arcoíris y se alejó corriendo por el pasillo.

-Sigue siendo la misma- susurró Uno mirando la paleta que le había tendido.

-Vaya con tu encuentro con la porrista- una chica morena y con el cabello en pequeñas trenzas enlazadas con estambre morado había salido de los vestidores y se había quedado viendo la escena.

-Vamos Kendra, ella aún no es una porrista- le recriminó Abby.

-Pero más tarde que temprano lo será, eso te lo aseguro. Y lástima porque Kuki me caía muy bien, está conmigo en arte y es muy buena- se acercó a Uno que la mira con curiosidad- Hola, soy Kendra Borell, amiga de Abby- le estrechó la mano con efusividad- así que tú eres el famoso Miguelón del que todos susurran, tu primer día y ya eres tan popular, para bien y para mal.- le mostró una sonrisa perfecta y el chico notó que sus ojos eran casi grises; la reconoció como la chica que había estado junto a Cinco en clase de historia.

-Pues ya veremos si se vuelve porrista o no- comentó Abby- y no es que te corra ¿pero no vas tarde a tu empleo? Es la tercera vez en el mes- la chica suspiró.

-Lo sé, lo sé. Ya me voy, y ya sabes cuando quieras arreglarte el cabello eres bienvenida- se giró a Uno- me gustaría ofrecerte lo mismo pero… cuando quieras también damos masajes capilares- después de eso echó a correr.

-¿Tu amiga?

-Sí, es única. Trabaja medio tiempo en un salón de belleza en el Centro. Se mudó hace unos años desde Jamaica, una buena chica.

-¿Ella fue…?

-Quizás, pero le borraron las memorias, es difícil saberlo con exactitud. Pero ya tendrás mucho tiempo de conocer a Kendra, ahora quiero mostrarte algo- le ofreció una mano- vamos.- ambos se retiraron por el pasillo sin notar que alguien los había estado vigilando desde el otro lado del pasillo.

-¿Cómo que sigue siendo la misma?- se preguntó Wally- ¿él la conoce? Pero parece que ella a él no… aunque le dio una paleta- se quedó pensando unos minutos y entonces recordó que Abigail la había cuestionado sobre unirse a las porristas ¿de verdad se volvería una tonta? Se cruzó de brazos y recordó lo bueno que él era en todos los deportes aunque no practicaba oficialmente ninguno, quizás le estaba llegando el momento de decidirse y hacer méritos para la universidad, como su madre se lo recordaba siempre.


Uno y Cinco caminaban en silencio y con los auriculares puestos, las manos en los bolsillos y aparentemente en calma, dejaban en duda si iban juntos o solo caminaban a la misma dirección. La morena se adentró en el parque con él pisándole los talones, pasaron el área de niños, que los miraron huraños y a la defensiva y llegaron a donde los arbustos y árboles empezaban a espesar. Buscó con la mirada una vieja y destartalada resbaladilla a la mitad de la nada y subió por ella haciendo que cada escalón crujiera bajo su peso, cada día era más difícil pasar por ciertos lugares.

-¿Piensas lanzarte por allí? O sea hello ¿al menos tienes la vacuna del tétanos?- le espetó el chico desde abajo.

-Si claro, como si eso nos hubiera importado antes- rodó los ojos- creí que hasta hace unas horas eras un chaval.

-¡Ahh! hable como adolescente ¿verdad?- se llevó las manos a la boca con horror.

-Tranquilo, Abby también lo hace a veces, supongo que es inevitable, ahora deja de ser una niñita y sígueme- la chica entró a la resbaladilla que parecía adentrarse por los matorrales y el subsuelo. Mientras se deslizaba sintió esas cosquillas en el estómago y soltó una carcajada; por primera vez en mucho tiempo, se sintió libre, casi había olvidado lo divertido que era deslizarse por las resbaladillas, ahora siempre debía fingir, ya casi nunca jugaba.

Uno subió y se lanzó tras ella, pronto dejó de ver el destartalado metal y aparecieron flechas, dibujos y estampas en las paredes, brillaban en la oscuridad gracias a la pintura usada para crearlas; el chico miró con asombro que había algunas secuencias de los simios arcoíris que pronto fueron remplazados por pintas de KND. El aterrizaje fue suave, una alberca de pelotas lo esperaba, en ella, Abby ya intentaba ponerse de pie, aunque no lo logró pues su amigo cayó con la cabeza por delante y volvió a tirarla; ambos comenzaron a reír a todo pulmón.

-¿Dónde estamos Cinco?- varias luces de neón de colores alumbraban el cuarto que tenían aún más dibujos, donde se veían a los adultos siendo vencidos por niños con sombreros de periódicos.

-Bienvenido a la Base Secreta Subterránea del actual Sector V.

-¿Base subterránea?

El chico no logró obtener una respuesta pues unos pasos lo hicieron girar sólo para ver como cinco luces de colores le apuntaban en la cabeza y le cegaban.

-A ver, a ver adolescentes, levanten esas manos y regresen a sus conciertos o les vamos a dar sus pataditas- dijeron cinco voces a coro.

-Calma nenes, solo es la vieja Abby- la morena había levantado las manos para que vieran que iba desarmada. Las luces que le apuntaron cambiaron de objetivo al otro chico y una de las figuras dio un paso al frente, se acercó a una prudente distancia y la observó.

-¡Es cierto!- dijo una voz infantil que le pareció conocida a Uno, en el acto los demás niños bajaron las armas y se acercaron a la morena. Él pudo apreciar que todos tenían máscaras de soldar en el rostro.

-Les traigo una sorpresa, alguien vino desde el Infinito y más allá- ella señaló al chico y este trato de adoptar su mejor pose.

-¡Pero si es número Uno!- gritó uno de los niños y empezó a dar saltitos de emoción, el inglés juraría que esa voz también la conocía- ¡Ha vuelto! Les dije que lo haría, que no se olvidaría de nosotros- se quitó la máscara y corrió a abrazarlo; era Tommy González.

-¿Tommy?- le dijo Uno cuando se vio libre de sus brazos- pero… ¿qué haces aquí? Para salvarnos de Padre sacaste tu ADN del módulo.

-Mi hermano mayor encontró la manera de remediarlo- le dijo con orgullo- era el mejor.

-Cuando te fuiste nos mandaron distintos cadetes para apoyar al equipo, esperando que alguno se acoplara a nuestra forma de trabajo; pero fue inútil- la castaña lo miraba con los brazos cruzados- En muchas misiones nos vimos obligados a pedirle ayuda a Tommy, él era un miembro original después de todo, conocía nuestras tácticas.

-P…pero las reglas …

-Sin ti no había nadie que nos obligara a seguirlas- se rio la castaña- la verdad es que nos las saltamos muchas veces, estábamos cerca de la adolescencia- se encogió de hombros- Dos comenzó a pensar que era injusto que su hermano no pudiera ser un Chico del Barrio, así que ideó la forma de regresar su ADN al sistema.

-Pero era una protección contra los adolescentes, así no podrían regresar a KND cuando cumplieran 13.

-Sólo Dos sabe cómo hacerlo, el resto del equipo estábamos peleando contra Los de la Otra Cuadra que habían robado el módulo, y a menos que los adolescentes consigan cómo regresarlos antes que nosotros, ese secreto está seguro.- Uno se giró a ver al chico y suspiró resignado.

-Así que número T ha vuelto.

-A la orden señor- se llevó una mano a la frente a modo de saludo militar.

-Espera, relaja esto un momento o como quiera que lo digan los adolescentes ¿cómo es que saben de ti y eso? Eres un adolescente y ellos niños, o sea hello Cinco ¿cómo eres así de irresponsable?

-El Sector V es algo especial- le dijo sonriendo- siempre ha sido así, con Cree y Mauricio, contigo y conmigo, y por supuesto con ellos. Saben que yo fui elegida para seguir como parte de KND y que si estamos en público deben temerme como a cualquiera, pero a solas, pueden confiar en la buena de Abby.

-La primera misión que nos fue encargada por el líder 88 cuando asumí el mando del Sector V fue ayudar a número Cinco a proteger al antiguo Sector V, ella no puede pelear contra los adolescentes porque la descubrirían, pero nosotros sí, en caso de que necesite refuerzos somos los más cercanos en llegar, si es necesario nosotros llamamos a otros sectores o a la Base Lunar. Trabajamos hombro a hombro, aunque casi nunca nos vemos personalmente- uno de los niños se había quitado la máscara dejando ver un gorro café de pelo de oso, el chico usaba una playera azul con franjas naranjas, hizo un saludo militar a número Uno.

-A ti te conozco ¿rango y número?- le exigió Uno.

-Actual líder del sector V, número 84, señor. Nos conocimos hace años cuando ayudó a mi antiguo sector, el W, a causa de un mal corte de cabello. Mi nombre es Lee.

-Eres el niño del yoyo, ya me acordé de ti… oye y…- otro de los chicos dio un paso al frente y se quitó la máscara rebelando unas colitas rubias.

-¿Me recuerda Señor Uno? Soy Sonia, número 83, antigua miembro del Sector W y segunda al mando del Sector V.

-Claro que te recuerdo, ustedes eran los compañeros de Tommy en la Base del Ártico- la chica sonrió encantada de ver que Uno, la leyenda dentro de KND, la recordara.

-Para este sector se escogieron miembros fuertes Uno, cadetes que tienen toda la confianza de la organización además de fuertes motivos para cuidar a los antiguos agentes.

-Ellos dos no conocían…

-Te falta conocer a dos miembros Uno- le dijo señalando al niño más bajo que se estaba quitando la careta para dejar caer una mata de pelo rubio.

-Te pareces mucho a…. ¡¿Joey?!- gritó Miguel señalándolo sin dar crédito a lo que veía- el hermano menor de Cuatro- el chico asintió lentamente- pero ¿no eres demasiado pequeño? ¿Cuántos años tienes?

-Joey es el cadete más joven en graduarse y con el promedio más alto de su generación- dijo Sonia pasándole un brazo por los hombros al chico- no sólo heredó el cabello, también las tácticas de pelea de número Cuatro, aunque sí que es más inteligente que él.

-Soy número 43.- dijo el chico algo incómodo por toda la atención- y casi tengo siete.- lucía casi igual a su hermano sólo que sus dientes frontales sobresalían de sus labios, además de usar una sudadera roja.

-¿Y de mí no te acuerdas Uno?- la primera niña que se había acercado a Abby dio unos pasos al frente y se quitó la máscara para dejar ver sus rasgos orientales.

-¡Mushi!- el chico abrazó a la niña que estalló en risas- mírate cómo has crecido.

-Ahora me dicen 34, o maldita mocosa- le dijo pensativa- depende de la situación.

-El sector está conformado de los hermanos menores de los ex agentes en riesgo, así como dos agentes experimentados. El equipo tiene motivos personales para cuidar a Dos, Tres y Cuatro además de que me conocen y saben la forma de operar sin levantar sospechas.

-Señor Uno, señor- dijo 84 acercándose sigilosamente- usted es una Leyenda dentro de los Chicos del Barrio, si los rumores son ciertos usted fue al espacio a liberar más planetas de la opresión adulta ¿por qué volvió? ¿Algún problema con el antiguo Sector V?

-Una misión sobre cadetes desaparecidos en la Base de Ártico y para eso necesito a mi antiguo equipo.

-Uno está empeñado en hacerlos recordar cueste lo que cueste y la verdad, me vendría muy bien porque se me acaban las ideas de cómo alejar a Kuki de las porristas- el ceño de Mushi formó una sola línea mientras apretaba los puños.

-¿Traerlos de vuelta?- 84 había empezado a jugar con su yoyo- pero ellos fueron destituidos, no son como Cinco.

-Hay rumores- dijo Cinco- de que Dos inventó algo que puede traer sus recuerdos de vuelta ¿ustedes saben algo?

-¿Te refieres a S.A.R.N.A.?- inquirió Tommy.

-¿S.A.R.N.A.?-dijeron los adolescentes a coro.

-Súper Artefacto Recuperador de Niños Adolescentes- contestó él- un invento de mi hermano para contrarrestar el borrado de memoria. Él decía que algún día volverías y él se aseguraría que si eran dignos, volvieran a ser un equipo.- el resto de su equipo lo miró.

-Siempre había pensado que eso era sólo un rumor- agregó Joey- no pensé que existiera algo así.

-Yo si lo sabía- dijo Sonia con orgullo- pero pensé que jamás lo vería funcionar. Sólo Tommy sabe construirlo, es el guardián de los planos.

-¡Que Bárbaro!- gritó Uno radiante- Memo es el mejor, sin duda alguna, pues ya que esperas pon en marcha esa cosa y devuélveme a mi equipo.

-Hay reglas Uno- se excusó el niño- no puedo hacerlo sólo porque sí. En primera necesito armarlo, no está activo. Y aparte, debo estar seguro, en realidad todos nosotros debemos estar seguros que sus intenciones aún son buenas, que no se han pasado del lado de los adolescentes y que no traicionaran a KND, mi hermano era medio distraído pero no descuidado, y menos en algo tan importante.

-¡Ay por favor!- se exasperó el chico- pero si son sus hermanos, ustedes ya sabrían si algo fuera mal.

-No han dicho que sí, pero tampoco que no- afirmó Cinco.

-¿Y entonces?- la encaró Uno- ¿me estas pidiendo que los pruebe? Que los exponga a ese mundo que ni siquiera conocen, ellos son del Sector V, mis amigos y no puedo quedarme quieto y sólo esperar.

-Uno- intervino T- para que la máquina funcione ellos deben creer que alguna vez fueron Chicos del Barrio y estar de acuerdo con su filosofía, tienes que reagrupar al equipo, ganarte su confianza y ver si en verdad son leales en lo más profundo de su ser.

-Se supone que debo fingir no conocerlos ¿cómo les digo que fueron Chicos del Barrio?

-No vas a pararte frente a ellos y gritar ¡Güero, güero, mírame, soy Migue, vamos por un helado de chocolomo!- le dijo Cinco con sarcasmo- pero si te acercas con cuidado puedes hacerte su amigo, como lo he hecho yo. Tu deberías lograr aún más avances que Abby, fue por ti que nos hicimos amigos antes ¿recuerdas? Hoy hiciste que Kuki supiera que existías y estoy segura que Cuatro también ya se enteró, y eso no es precisamente algo bueno.

-Pues claro que puedo- el chico se sintió lleno de ánimos- si Juan Gabriel se puso de pie tras sus caídas, yo puedo juntar a mi equipo, soy número Uno.- dijo el chico sonriendo.


Base subterránea del Sector V

Horas más tarde y ya libres de intrusos en la base, Número 84 jugaba con su yoyo mientras veía de reojo la televisión acostado en el gran sillón, a su lado, en otro mueble, 83 reía con las caricaturas y comía ositos de gomitas. Más atrás, sentados en la alfombra, T y 43 jugaban cartas Yip!, como lo hacían sus hermanos antes que ellos, muchas calles más al centro, en la vieja casa del árbol. 34 estaba recargada en la pared peinando a su simio Arcoíris "Peinados mágicos" de forma mecánica.

-¡No podemos permitirlo!- gritó la niña llamando la atención- no podemos dejar que mi hermana sea una porrista- se puso de pie molesta.

-Pero 34, hemos tenido esa amenaza por semanas y no ha pasado nada grave- intervino T-Cinco no nos ha dicho que actuemos o algo parecido, eso significa que se las está arreglando ¿no?

-¿Y si no puede? Ella y Uno se ven limitados por las apariencias, no pueden ir abiertamente contra los adolescentes.

-¿Y qué propones?- Lee había dejado de jugar con el yoyo y la miraba fijamente- te escucho Mushi- él no era un chico muy expresivo, quizás tampoco tenía la personalidad que Uno portaba, pero conocía a su equipo, y sabía que la niña estaba preocupada por su hermana y no estaba haciendo una simple rabieta.

-Que le ayudemos- la chica los miró a los ojos a uno por uno- aunque ahora son dos no tienen un equipo que les respalde, son débiles. No podemos interferir en el libre al-be-drío- dijo la chica lentamente puesto que esa palabra se le dificultaba- pero quizás podríamos hacer algo para que recordaran que son amigos, son nuestros hermanos ¿no? Los conocemos, más que ellos mismos. Si se hacen amigos se verán menos vulnerables ante los adolescentes, si están juntos son fuertes.

-Eso es del Planeta de los simios- intervino T.

-Me gusta tu iniciativa, este sector no se queda cruzado de brazos cuando hay acción cerca, tracemos un plan para ayudarlos, démosles un empujoncito.- concedió Lee.

-Pero no tienen nada en común, solo que todos eran Chicos del Barrio, ahora ya no- Tommy se interrumpió cuando vio que Joey miraba pensativo las tarjetas con las que jugaban- no me hagas trampa eh, te estoy viendo.

-Chicos- intervino Sonia- creo que 43 tiene un plan en mente- el rubio sonrió un poco mientras terminaba de acomodar las cosas en su mente, no era solo un plan, era El Plan.

-Cuéntanos 43- 84 sonrió, siempre que su amigo ponía esa cara, las cosas se ponían divertidas.


Transmisión interrumpida