Capítulo 20

かごめ (Kagome)

Me siento libre. Sí, creo que es la mejor manera de describirlo.

Al fin le pude contar lo que ocurrió y me siento mucho mejor. Aún aguardo a que me diga algo. Lleva mirando al cielo por un par de minutos. A veces cierra los ojos, como buscando sentir la brisa y otras, los abre y mira las nubes con un brillo que, quiero pensar, es de esperanza.

Me permito respirar y absorber la presencia de este lugar. Y me dejo consolar por la paz que se siente. Inuyasha no se ha alejado de mí, a pesar de que la verdad es más inverosímil de lo que convendría, pero es la verdad.

—¿Por qué no me dijiste la verdad desde el principio?

Sabía que la pregunta llegaría, tarde o temprano. Su voz no parece molesta y su mirada, ahora fija en la mía, no me habla de odio ni de incomprensión. Hasta cierto punto creo que entiende el porqué de lo que le dije.

Pero la verdad yo no tengo una respuesta. Lo único que tengo son mis sentimientos. Y mi esperanza de que sean suficientes.

—No sé, Inuyasha. Al principio lo intenté, pero luego me di cuenta de que no nos recordabas, que no me recordabas. Yo… —mi voz se quiebra, pero no puedo evitarlo, menos si recuerdo por lo que pasé en ese momento, pero yo le prometí no esconderle nada más y es una promesa que pretendo cumplir—cuando saliste de ese capullo y no me recordabas, yo… supongo que me dejé llevar por el pánico. Eres la persona más importante para mí y de repente no tenías idea de quién era o de si nos conocíamos. Sentí que, si te saturaba con nuestra extraña historia, podías alejarte mucho más de mí y eso me aterraba.

Me observa fijamente, pero no me interrumpe. Sé que está concentrado en los latidos de mi corazón, que ahora mismo parece el de caballo a todo galope. Sin embargo sus ojos no abandonan los míos y sé que ve el brillo de las lágrimas que contengo y el miedo que reflejan. Aceptaré las consecuencias de mis errores y, si él se va, lo entenderé. Pero se me partirá el corazón en el proceso.

Inuyasha siempre es honesto conmigo, algo huraño y hosco, pero siempre real. Hasta ahora, creo que no me había dado cuenta de hasta qué punto constituye una piedra angular en mi vida, sin embargo siempre supe que, si lo perdía, perdería una parte de mí misma que nunca podría recuperar.

Sí es cierto que muy pocas veces se muestra vulnerable o me cuenta por lo que ha pasado. Pero es justo por eso que, tener esta oportunidad de conocerlo, de aprender tanto de él, es algo de lo que no me arrepiento. Incluso si él no recuerda lo que ocurrió en estos días, yo siempre lo haré. Incluso si me aleja de su lado, lo entenderé. Pero si de algo estoy convencida, es de que nunca podré olvidarlo.

» Poco a poco te fui conociendo nuevamente y gracias a eso te comprendí más. Siempre has sido un símbolo de fuerza para mí, y me diste la valentía para salir adelante en muchas ocasiones y de disímiles maneras. Me apoyaste cuando lo necesité, me cuidaste, me protegiste… te convertiste en un ejemplo para mí. Ya te dije que te convertiste en el héroe de muchos, pero —sonrío, aunque sé que mis lágrimas amenazan con desbordarse— para mí… para mí eres mucho más: eres mi héroe. No sé cómo explicarlo. Es algo que siento aquí—señalo mi corazón— No quería perderte, aunque creo que al final terminé sentando las bases para hacerlo. No tengo justificación, lo sé y lo entiendo.

Esta vez soy yo quien lo mira a los ojos y lo dejo ver todo: mis miedos y mis sentimientos. Solo me queda esperar por su decisión.

Inuyasha mira al cielo una vez más y luego, me habla con una voz aniñada pero que ya tiene la fuerza del adulto en el que se convertirá…

—Kagome, no sé cómo es el adulto que conoces. Yo ahora mismo no lo recuerdo, pero sí sé que desde que desperté estabas ahí. Nunca he sido aceptado por alguien que no fuese mi madre porque no soy humano y no soy demonio. Soy una combinación de ambos y siempre los que me rodeaban me han considerado un error. Y todo lo que recuerdo es estar solo desde que mi madre murió y que cuando salí de ese capullo ahí estabas tú.

» Puedo verlo todavía. Sangrabas y te veías adolorida, pero aun así tus palabras hacia mí fueron suaves. Lo siguiente que recuerdo es estar entre tus brazos. Me abrazabas, podía sentir tu corazón extremadamente cerca del mío y esa sensación me hizo feliz porque era lo más cercano que había estado a alguien en mucho tiempo. Luego traté de dejarte atrás, pero ni siquiera así me dejaste y después me protegiste, poniendo tu propia vida en riesgo no te separaste de mí. ¿Recuerdas ese momento? ¿Cuándo el ogro nos atacó? —espera ver mi asentimiento antes de continuar— Estabas dispuesta a dar tu vida por mí, para que yo escapara.

No lo interrumpo, pero dejo que en mi mirada se perciba el mensaje: "Y estaría dispuesta a hacerlo tantas veces como fuesen necesarias". No necesité articularlo con ninguna palabra y sé, por el brillo de sus ojos, que él entendió mi mensaje.

» No sabía por qué me mentías, pero sí sabía que no quería huir de esas mentiras, sino quedarme a desvelarlas. Algo siempre me decía que confiara en ti. —Lo veo extraer una hoja de papel del interior de su manga y quedarse mirándola, para luego volverme a ver a los ojos y continuar con la misma resolución inquebrantable que lo caracteriza—. Y ahora que sé la verdad quiero quedarme. Y quiero, algún día, ser capaz hacer lo mismo por ti: apoyarte, ayudarte y protegerte.

Mi suspiro de alivio fue más que evidente y agitó suavemente la hoja de papel que sostenía en su mano. Extiende el brazo mostrándome el dibujo que hizo, el que llevaba haciendo todos estos días. Es una imagen de nosotros, él mucho más alto que ahora, rebasando mi estatura por una cabeza y media y tomando mi mano. Obviamente es el dibujo de un niño, talentoso, pero un niño, al fin y al cabo. Sin embargo, para mí es una obra maestra, sobre todo, por las repercusiones que tiene en mi futuro, en nuestro futuro.

» ¿Me lo permitirás?

Y en este punto no puedo evitar que las lágrimas caigan y ni siquiera lo intento. Sé que no lo recuerda y necesitaríamos mucho tiempo para contarle todas las veces en las que ya me ha protegido, todas las ocasiones en las que me ha ayudado, cada vez que me ha dado fuerza o que el saberlo conmigo ha despertado una valentía en mí que nadie nunca habría inspirado. Pero lo ha hecho, desde que lo conocí.

Él me dijo una vez que soy la persona más fuerte que conoce, y puede que esa fuerza estuviese siempre dentro de mí, pero si no lo hubiera conocido a él nunca habría sabido hasta qué punto puedo llegar o, incluso, que no existen límites en lo que puedo llegar a hacer. La realidad es que, si no fuese por él, yo no sería quien soy ahora. Estoy tan conmovida y agradecida que solo consigo sonreír en medio del llanto y decirle, sin un asomo de duda:

—Nada me haría más feliz.

Inuyasha se acerca un poco a mí y seca mis lágrimas, lo que solo hace que mi sonrisa se ensanche más, si es posible. Veo que me sonríe y eleva su vista al cielo una vez más. Yo me siento como si flotara. Tomo el dibujo y lo estudio teniendo cuidado de no mojarlo con mi llanto. Este se convertirá en uno de mis mayores tesoros. Eso es seguro. Estoy feliz y, al fin, me permito estar tranquila.

Incluso me atrevo a abrazarlo durante unos pocos segundos en los que lo noto ligeramente tenso, como quien ya no acostumbra a recibir estas muestras de cariño, pero luego se relaja y me lo devuelve, preguntándome en un susurro cerca de mi oído:

—¿Te molesta si… me recuesto en tus piernas?

Sé que no he dejado de sonreír, pero honestamente no me importa. Y nunca me ha molestado que se recueste en mis piernas.

—Por supuesto que no. —y cuando se recuesta en mi regazo, le acaricio suavemente el pelo y la base de las orejitas, tal como me dijo que le gustaba.

Me permito por un instante escuchar los sonidos que nos rodean, pendiente de cualquier peligro. Este lugar me parece tranquilo, y se respira una tranquilidad única, pero sería poco sabio confiarse solo por eso. En una época como esta, el peligro acecha donde menos lo imagino. Y ahora me corresponde a mí protegerlo, algo que me tomo muy en serio.

Estuvo callado unos minutos, tantos que pensé que se había dormido. Pero me había equivocado.

—¿Kagome?

—Dime.

—Si estamos en la búsqueda de esos fragmentos, eso significa que todos somos amigos…

—Así es…

—Entonces, eso… bueno… ¿ya no voy a estar solo? Así como ahora. ¿Nunca más?

No lo pude evitar: mis ojos se llenaron de lágrimas nuevamente. De lágrimas por ese niño que sufrió tanto y por el hombre resentido en que se convirtió para protegerse. No importa cuántas veces le diga que no lo voy a dejar solo, que, mientras él me quiera y me deje, estaré a su lado… el miedo a la profunda soledad que sintió durante mucho tiempo sigue latente y no sé si yo pueda llegar a borrarlo por completo.

Ahora entendía tantas cosas. Siendo niño es más abierto conmigo y más propenso a contarme lo que siente y lo que ha sentido toda su vida. Y esa verdad, aunque me desgarra, abre una perspectiva totalmente nueva para mí. No es que antes no me imaginara lo que le había sucedido, pero escucharlo de él lo hacía más real, y más cruel, si cabía.

No puedo rechazar completamente todo lo que le pasó, porque esos hechos lo convirtieron en el hombre del que me enamoré: un hombre con un alma rota, pero que cuando se juntaban los pedazos era infinita; pero sí desearía que no hubiera tenido que pasar por todas las pruebas y tribulaciones que sufrió. Él iba a ser bueno no importaba qué, y estoy segura de que, sin importar las circunstancias, la época o el mundo en que lo conociera, lo iba a amar del mismo modo que lo hago ahora.

Por esa razón no dejo que, esta vez, mis lágrimas traspasen el límite de mis ojos. Y porque sé que, si lo hago, corro el riesgo de que Inuyasha se cierre en banda. No soportaba que le tuvieran lástima. Así que en su lugar cierro los ojos y controlo el llanto.

—No, no estarás solo. De hecho, nunca más lo estarás. Ahora ya tienes amigos que te aprecian y nos divertimos mucho juntos, a pesar de la misión tan peligrosa que tenemos. Y… bueno… —prometí decirle la verdad, pero eso no quita que me asalte la timidez—Yo siempre voy a estar contigo.

—¿Siempre? —me mira esperanzado.

—Siempre.

—¿Me lo prometes?

—Claro que sí.

—Entonces, ¿tú vas a ser mi esposa?

Continuará…

Shiroi Hana comienza con una pelea entre Inuyasha y Kagome. Luego continúa con Kagome siendo lo que llamaré una "adolescente berrinchuda" y con Inuyasha volviéndose niño a causa de protegerla. Eso es más o menos la esencia inicial que ellos tenían como pareja, incluso en la serie.

Lo que busco con esta historia cuando llegue al final es que hayan alcanzado un proceso de mutua maduración de vivencias, caracteres y sentimientos. Kagome, al entender mejor a Inuyasha y entenderse mejor a sí misma, crece y comprende mejor a este Inuyasha niño lo que luego le permite conocer y querer más al adulto. E Inuyasha, incluso si al final no recuerda lo que pasó durante esta semana, sentirá algo, voy a llamarlo un "soplo de esperanza" de que sí dejará de estar solo, para siempre.

Quiero que Kagome también vea un lado más maduro de Inuyasha, uno que contraste con su edad y su tamaño. A menudo la inteligencia de los niños se subestima, así como su capacidad empática. Me gustaría mostrar aquí a un Inuyasha que sigue siendo un niño, pero que fue marcado por la vida, uno que no entiende muchas cuestiones y las pregunta, que no sabe de algunos temas complicados, pero algunos los domina, a pesar de ser muy "de adultos"… uno que tiene miedos pero que sabe guiarse por la esperanza, incluso si esta se ve pequeña.

Quiero que Inuyasha no esté tan ciego a lo que Kagome siente y que no lo atribuya a simple responsabilidad o sentido del deber. Que cuando ella le dice te amo, aunque sea a través de una historia de "ficción", él le crea y se le llene el pecho con el sentimiento cálido que esa frase genera.

Cuando comencé a escribir y publicar esta historia no pensé llegar tan lejos (aunque tampoco pensé dejarla inconclusa), por eso ahora, cuando la releo para concatenar todo de una manera que yo sienta correcta, me doy cuenta del cambio en la narrativa o en la manera en la que lo escribía. Yo siento ese cambio como un crecimiento en mi alma y espero que a quien lo lea no le moleste.

Cada palabra tiene un pedacito de mi espíritu, cada momento tiene parte de mí y toda la obra es el resultado de los "bloques" que voy utilizando para construir mi sueño.

Gracias por leer.

Besos!