Hola!
Siento que tardé años en escribir este capítulo pero no terminaba por convencerme, técnicamente porque no sé casi nada de Fútbol Americano y tuve que verme muchos tutoriales para Dummies xD además mi papá estuvo enfermito en el hospital y no me sentía con animos de escribir, a eso sumenle que perdí mi cuadernito donde escribo y tuve que empezar de cero los capítulos que ya llevaba adelantados T.T pero creo que va quedando mejor porque conservo las ideas, aunque debo volver a enlazar ciertas cosas.

En fin, espero que aun se acuerden de este fic y le dediquen algo de tiempo para leer :D espero todos estén muy bien en casa, sanos y salvos y que toda su familia y seres queridos se mantenga así, vamos a salir de esto, ánimo!


Operación: M.E.M.O.

Mejor

Elemento

Mueve cielo, mar y tierra para lograr

Objetivos del líder


Los pocos días que les separaban del final del curso pasaron sin ningún otro hecho remarcable en la vida del Sector V, incluso habían dejado de reunirse en la Casa del árbol para concentrarse mejor en sus exámenes, o quizás, para no pensar demasiado en lo que les deparaban las próximas semanas de forma individual y como equipo.

Kuki se había perdido el último torneo de karate, pero eso sirvió para que el entrenador la echara en falta y pidiera a la directora restituirla para el próximo semestre, exponiendo que si bien la chica había cometido un error, el equipo de la escuela no tenía por qué verse involucrado; después de casi un cuarto de hora, el hombre salió de allí con cara de autosuficiencia y sonrisa ganadora, se había salido con la suya y la señorita Kiut volvería al entrenamiento la cuarta semana del semestre, junto al resto de la población deportiva de la escuela.

Además de esta pequeña victoria, la asiática había conseguido pasar casi todas sus materias con notas más que aceptables, excepto física, la cual tendría que pasar en exámenes extraordinarios o bien cursar nuevamente si había suficientes reprobados como para abrirles un grupo especial el semestre entrante, logro obtenido gracias a la dedicación de Cuatro antes de que dejaran de hablarse por la pelea ocurrida en su casa.

Cinco había dejado de ir a la Casa del árbol y de nuevo se le veía con los deportistas y su amiga Kendra, había decidido tomarse un respiro al menos hasta tener calificaciones de excelencia. Aunado a lo anterior había dirigido al equipo femenil de baloncesto a uno de los juegos más memorables de su vida, habían perdido sí, pero no podía reprocharle a ningún miembro el resultado ya que todas habían dejado el corazón en la duela; si habían perdido era sólo porque en ese momento el otro equipo había sido mejor, no podía negarlo.

Uno había logrado lidiar con tantos exámenes y temas que había tenido que aprender casi de la nada, sus compañeros habían visto el desarrollo de esos temas a lo largo de tres años, mismos que él había estado aprendiendo posiciones de planetas y galaxias que la humanidad ni siquiera sabía que existía. Como plus, tenía a los de la Otra Cuadra presionando para la instauración de un Comité entre clase y clase, donde le proponían diversas ideas que él se limitaba a examinar en sus ratos libres ¿qué tramaban? Aún no estaba seguro, pero lo averiguaría.

Por su parte, Dos era el menos preocupado en sus materias o cualquier asunto de índole escolar, lo que no le dejaba dormir por las noches era el saber que pronto recordaría todo ¿podría lidiar con ello? Había pasado sus tardes en una casi vacía Casa del árbol, en la que sólo Uno se dejaba ver de tarde en tarde. Guillermo había invertido sus tardes en estudiar antiguos planos de tecnología que había hecho él mismo, así como un sostén que había robado del cuarto de Cinco, si se enteraba lo mataba, estaba seguro.

Lo había desarmado para intentar comprender qué se hallaba detrás de esa tecnología adolescente, lastimosamente, se había encontrado con más dudas que respuestas, mismas que había escrito para cuando pudiera comprenderlas. Otro de sus nuevos proyectos era la reestructuración no sólo de la motocicleta de Cinco, sino de lo que había quedado de la bicicleta de Cuatro.

Y hablando de Wally, según su propia madre, estaba irreconocible, por primera vez le había visto preocupado por sus estudios. El chico sólo respondía que no quería desperdiciar sus vacaciones en la escuela de verano, pero esta era la menor de sus preocupaciones en realidad. En el fondo, Cuatro estaba asustado de jamás recuperar sus memorias ¿y si hacía algo mal y jamás lo hacía? Era el único que faltaba para una fecha y no podía vivir sin saber cuántas cosas le habían hecho olvidar, a cuántas personas y situaciones.

Como si no hubiera tenido suficiente con eso para atormentarlo por las noches, cuando el cansancio no lo mandaba con Morfeo en cuanto tocaba su cama, tenía el gran juego. Los Ocelotes era el nombre de equipo de futbol americano y, por algún tipo de poder supremo, pese a los malos pronósticos, habían llegado a la final, misma que se jugaría el sábado posterior al cierre del ciclo escolar, día en que la mayoría de los chicos estarían en El punto, una fiesta, sus novias o cuando menos perdidos en el alcohol. Sin embargo, ellos estarían recibiendo a Las nutrias, el equipo rival y que, pese al nombre, eran todo menos tiernos, según el entrenador eran verdaderas bestias en el campo, sin importarles herir a los contrarios.

−¿Hay algo en el refrigerador con alto índice de carbohidratos y proteínas? –preguntó un sudado Cuatro al entrar a la cocina de la Casa del árbol ese viernes después de haber concluido el semestre, donde Dos comía unas papas con cátsup.

−¿Qué tal la práctica? –preguntó el castaño al verlo rebuscar en el refrigerador− pensé que irías a alguna fiesta o algo así con tu equipo.

−Me invitaron− dijo asomando la cabeza con un gran trozo de jamón en la boca− hasta el idiota de Evan parecía estar de acuerdo, pero la verdad es que prefiero intentar ganar sobrio, quizás así logre esquivar una tacleada mortal− se sentó junto a dos con un plato de chili con carne recién calentado en el microondas y una lata de gaseosa de naranja, bendita Tres que aunque no le hablara no olvidaba incluir esa bebida en la lista del súper.

−¿Y el último entrenamiento cómo estuvo?

−Bueno, si lo que pretendía era matarnos de agotamiento antes del gran día, puedo decir que hizo un gran trabajo− Dos comenzó a reír, poco a poco el rubio también− si será suficiente, eso no lo sé−Uno entró a la cocina y se sirvió un vaso de leche al tiempo que tomaba un paquete de galletas.

−¿Siempre puntual para el té? – bromeó el australiano.

−Mi madre te vio llegar, pensé que necesitarías apoyo− se encogió de hombros− ¿Mañana jugarás? Es decir, no unos minutos sino en el equipo principal. –Cuatro asintió.

−Bane no se ha recuperado del esguince y Rodríguez no se adaptaba a la ofensiva que el entrenador lleva todo el semestre elaborando, yo sí, al parecer.

−Si no mal recuerdo− rememoró Uno− eso quiere decir que tú y Evan trabajan como dos engranes− Wally le puso mala cara.

−No entiendo por qué te gusta ir a los partidos, ni mi madre va a esas cosas, ni yo iría si no tuviera qué, mi idea de un partido de americano es estar frente a la televisión con mucha soda, nachos y guacamole desde la comodidad de tu casa.

−Me gusta apoyar a mi equipo en lo que hace, también voy a los juegos de Cinco y a uno que otro entrenamiento de Dos, también de Kuki, pero en especial me gusta el americano, sobre todo la estrategia, creo que si observas bien a tus enemigos puedes ir unos pasos adelante y eso hago con los adultos− se excusó Uno sumergiendo sus galletas en la leche.

−Me suena a que tienes a tu fan número uno− le molestó Dos− si no se andan con cuidado serán el rumor de pareja de vacaciones.

−Cállate− le dijo Cuatro con mala cara mientras Uno los ignoraba y comía− Y mañana… ¿irán? No es que sea obligatorio, como ya dije…

−¿Me estás pidiendo una cita? – preguntó Dos− no lo sé, debo revisar mi agenda pero hay una gran posibilidad de que esté allí y hasta compre un banderín−le dijo haciendo como que ondeaba una gran bandera.

−Yo sí iré− contestó Uno sin poder evitar sonreír− ¿Invitaste a las chicas? – la sonrisa se esfumó del rostro de Cuatro.

−No creo que quieran, seguramente irán a sus tontas fiestas y…− todos escucharon que la puerta automática se abría.

−Creo que puedes preguntarles− dijo Uno divertido, no habían estado reunidos desde la noticia del regreso de Dos− sobre todo a quien en verdad quieres que vaya− compartió una sonrisa cómplice con Dos.

Cinco y Tres aparecieron por la puerta y se sorprendieron de ver a sus compañeros allí.

−¿De verdad todos somos ya tan perdedores que lo mejor en que pudimos pensar fue en venir a comer a la Casa del árbol? – bromeó Cinco antes de servirse cereal con leche mientras Kuki tomaba una pera de la canasta de frutas y se posicionaba entre su amiga y Uno− bueno, en mi caso sí, comienzo a volverme toda una nerd, en vez de estar en alguna de las fiestas a las que fui invitada lo único que quiero es dormir hasta mañana ¿Qué aburrida me he vuelto no?− dijo al ver que todos parecían haber sufrido con ese final de semestre.

−A mí no me invitaron a la fiesta de porristas− dijo Kuki en tono quedo− pero es el primer día que tengo permiso de salir de casa desde que me castigaron y no tengo otro lugar al que ir, pensé que al menos podría ver televisión.

−¿Mañana estarás en el partido? –preguntó directamente Uno al ver que Cuatro parecía haberse empequeñecido con la presencia de la chica.

−No me permitirán estar en el campo, si esa es la pregunta –contestó− he acudido a los entrenamientos, pero la entrenadora decidió que no quería que la gente comentara mi momento de locura más que los resultados del juego− estaré en la banca de suplentes, pero mientras nadie caiga de cabeza en una atrapada o se desmaye por no haber comido, allí me quedaré.

−¿Crees que te permitan sentarte con nosotros? Desde allí podrías animarlos sin problema− Uno miraba de reojo a Cuatro quien trataba de fingir verdadero interés por los restos de su chili pero en realidad estaba atento a la respuesta de Tres.

−Que gran idea− Cinco entendió lo que Uno tramaba− a mí no me han invitado, pero creo firmemente en que las mujeres no necesitamos una invitación o permiso para hacer lo que queremos, así que yo iré ¿Subirás con nosotros Kuki? Puedes ser la porrista personal de nuestro compañero Cuatro− el chico se sonrojó y estaba a punto de echarlo todo a perder alegando que no necesitaba nada de eso para hacerlo mejor que todos cuando la chica asintió lentamente.

−Supongo que no habrá problema, quizás hasta sea divertido− dijo quedamente mientras mordía la fruta, el estrés le había quitado el apetito por días.

−Perfecto, así seremos menos perdedores, tendremos a una porrista sentada con nosotros− sonrió la morena− hasta se me ocurre que el buen Miguelón podría invitar a Rachel−Uno sólo le puso mala cara.

−¿Por qué de pronto el partido parece ser lo más interesante para todos hoy? – les dijo Cuatro− ya escuché bastante del asunto, me voy a la cama.

−Para todos será divertido, pero no para él− dijo Tres entendiendo a su amigo, quien se había marchado dando zancadas− creo que es algo importante, aunque intente no demostrarlo.

−Ahora que irás tú, seguro se sentirá mejor− dijo Cinco con una pequeña sonrisa− aunque no sepa cómo expresarlo− ella se encogió de hombros, tenía jaqueca.

Ese sábado había estado callado en la Casa del árbol, con Dos trabajando en su tecnología adolescente y sin salir de su habitación, Cuatro dormido hasta que sonara su alarma, Cinco con un concierto privado gracias a sus discos y Tres viendo películas de comedia en la sala junto a Uno. A eso de las cinco de la tarde todos comenzaron a alistarse ya que habían decidido irse juntos, con padres incluidos.

A las seis en punto, los señores Uno ya estaban en el auto familiar con la camioneta de los Torres estacionada detrás, uno a uno los chicos comenzaron a salir de la casa. Uno, Dos y Cinco se subieron en la parte de atrás del auto mientras la señora Uno les sacaba una fotografía con su cámara de rollo (Mamá ¿quién usa cámaras de rollo todavía?). Detrás de ellos Wally le abría la puerta de su camioneta a Kuki, ya enfundada en su traje de porrista mientras él llevaba su uniforme en la maleta. Una vez en el auto notaron a Joey ya sentado del lado de la ventanilla con cara de fastidio.

−¿Nervioso hijo? –dijo el señor Torres que lucía una sudadera de la preparatoria que Cuatro no recordaba que tuviera, su madre llevaba una a juego y hasta a Joey le habían obligado a portar una.

−¿Y esa sudadera?

−¿Te gustan Güero? – su madre se veía radiante de emoción− mandamos a hacer unas para la ocasión y mira− le señaló que en la espalda llevaban escrito Familia Torres apoya al número 04− hasta las mandamos personalizar− el rubio sólo rodó los ojos, incapaz de gastar su energía reprochando.

−Son muy lindas señora Torres−logró decir Kuki, sintiéndose un poco incómoda por ir en ese vehículo.

−Gracias cielo y no te preocupes, nosotros te llevaremos a casa por la noche, llamé a tu madre esta mañana y le pedí permiso para ir a comer algo después del partido, cuando celebremos la victoria. −le sonrió de forma maternal− y déjame decirte querida que luces encantadora con el uniforme ¿ya se lo dijiste Wallabee? – el chico permaneció en silencio deseando haberse metido a la cajuela del auto de la familia de Uno.

−Te ves muy linda Kuki− le dijo Joey− casi ni pareces una odiosa adolescente como Wally. – el aludido le lanzó una mirada de advertencia.

−Gracias Joey.

−Escuché que Mushi está en un curso especial para chicos súper dotados, tu madre debe estar tan orgullosa, espero que mi Joey pueda asistir en unos años.

−Ojalá no− susurró Joey mientras veía a su padre arrancar y al carro de los Uno ponerse en marcha rumbo al estadio.

Una vez allí los grupos se dispersaron, los adultos y Joey subieron a buscar un lugar en las gradas mientras que los chicos se habían ido a las bancas más próximas al campo.

−¿En serio a tu padre le gustan los deportes? – dijo Cuatro con las manos en los bolsillos intentando romper la tensión que le embargaba.

−Sí− contestó Uno− creo que en realidad le gusta cualquier cosa que él piense que refleja el espíritu americano. Oye creo que te llaman− Uno señaló al entrenador que le hacía señas a Wally hacia los vestidores, donde seguramente ya estaría llegando el resto del equipo.

−Bueno, los veo luego, espero que al menos, si quedo inconsciente, no tenga que vivir con los recuerdos de esta derrota.

−Creo que yo también iré a los vestidores− dijo Kuki− le diré a la entrenadora que estaré en las gradas− los dos se separaron con rumbo a los vestidores en silencio, la incomodidad era notable ya que no habían hablado desde el incidente en la casa de los Torres− Oye Wally− empezó ella− pasé matemáticas gracias a ti y quiero agradecértelo.

−No es nada− dijo él.

−Y lamento cómo me puse el otro día, sé que no recuerdas− dijo al fin− pero yo sí y no pude evitar ponerme a la defensiva− había comenzado a jalarse las mangas− podemos dejar el asunto en paz hasta que…

−Joey dijo que debo recordar a alguien llamado Sarah−la chica se paró en seco y lo miró al borde de las lágrimas− pero temo que por más que trato no… no puedo, lo siento.

−Podemos no hablar de eso hasta que… sea el momento− le dijo sintiendo nauseas de pronto, estaba reprimiendo demasiados sentimientos− que sea una tregua hasta que lo recuerdes, sólo entonces podremos saber qué ocurrirá con… con nosotros.

−¿Hubo un nosotros? – le dijo él esperanzado y visiblemente nervioso− es decir… bueno ¿cómo un nosotros?

−Eres mi mejor amigo Wally, siempre ha habido un nosotros− suspiró ella intentando cambiar de tema− por favor, no quiero seguir hablando de esto y decir cosas que… que no debes escuchar porque no puedes defenderte, sólo espera un poco más ¿sí? Por favor.

−Supongo que estaría bien esa tregua− le dijo sobándose la nuca y extendiéndole la mano− pero no creas que se me olvidará el tema ¿eh?− le dijo cuando ella se la estrechó.

−¡Maldita sea Torres! – gritó el entrenador desde el final del pasillo− ¿¡traerás tu estúpido trasero acá o debo ir por ti!? Las novias pueden esperar− dijo destruyendo el momento por completo.

−¡Ella no…! Nosotros no… ¡Sólo me estaba pagando un dinero que me debe, eso es todo!− gritó nervioso mientras se dirigía hacia los vestidores de los atletas.

−Buena suerte Güero− le dijo ella sonriendo e intentando parecer tranquila, aunque sabía que había estado a punto de arruinarlo ¿cómo habría reaccionado el rubio si le hubiera dicho que en efecto, por algunos minutos, había existido un "nosotros"?

−¿Has visto al otro equipo?− logró gritarle casi llegando a la puerta− Suerte necesito pero para no morir− le dijo antes de entrar mientras Kuki se daba media vuelta e iba hacia el otro lado, con las porristas.

Minutos antes de empezar el juego Kuki se reunió con sus amigos que ya portaban banderines del equipo, ella debía estar al pendiente por si acaso la necesitaban para las rutinas, aunque únicamente estaba previsto que apareciera en el show de medio tiempo. Pronto la mascota de ambos equipos salió para avivar a ambas porras y los altavoces comenzaron a ser probados, no faltó mucho para que el equipo de los Ocelotes apareciera ante los gritos de un puñado de adolescentes que no sólo los festejaban a ellos, sino el fin del ciclo escolar.

En cuanto el equipo de las Nutrias apareció en el campo, el Sector V comprendió los comentarios de Wally sobre las posibilidades de que no sólo él sino el equipo completo terminaran en urgencias. Once chicos habían salido al campo con sus uniformes verdes con franjas marrones. Todos median al menos 1.80 y pesaban, sin reparos, cien kilos; sus rostros mostraban gestos hoscos y algunos lucían cicatrices que demostraban que eran tan rudos dentro como fuera del campo. Más que un equipo de fútbol americano adolescente, parecían un grupo de ex convictos con miras a regresar a prisión.

−¿Alguien más teme por la vida de Cuatro o sólo yo? – preguntó Dos tragando saliva.

El árbitro llamó entonces a los capitanes de ambos equipos, en el caso de los Ocelotes se trataba de Evan, para decidir quién iniciaría el partido. Habiéndoles dado a los Ocelotes la oportunidad de iniciar esa mitad, Evan regresó con su equipo para posicionarlos en ofensiva mientras el entrenador les aplaudía, un silbatazo dio inicio al partido y fue la señal para que se diera el Kickoff. El balón voló por los aires mientras las Nutrias se ponían en marcha corriendo hacia los Ocelotes, quienes ya se habían hecho con el balón.

Wally corrió entonces con el trozo de cuero entre sus manos, siendo el más bajo del equipo había sido un plan del entrenador darle la primera jugada a él, quien parecía el menos apto. El resto de la ofensiva bloqueaba a quienes intentaban frenarlo, hábilmente, el australiano había logrado abrirse paso entre varios intentos de tackle, las órdenes del entrenador habían sido claras, darle toda la ventaja posible a los Ocelotes desde el inicio, antes de que los huesos rotos y los jugadores lesionados hicieran mella en el ánimo del equipo.

Uno de los chicos se le lanzó intentando derribarlo; sin embargo, los reflejos de Cuatro fueron más rápidos y logró cambiar su trayectoria justo a tiempo, brincando sobre el cuerpo del chico que se había lanzado hacia sus pies. Logró correr un poco más antes de que otro de los muchachos lograra tirarlo, al tiempo que Kuki y la familia Torres contenían el aliento y se preguntaban si el Güero volvería a levantarse. El silbato y la mano del árbitro marcaron el primer Down en favor de los Ocelotes, quienes comenzaron a golpearse los cascos en señal de festejo por las yardas ganadas.

Cuatro se puso de pie como pudo mientras las porristas coreaban su nombre, aunque él sólo miraba las gradas, donde sus amigos movían los banderines y una pálida chica le aplaudía, los únicos vítores que realmente le importaban. Aparte de los de su familia, claro está, donde su madre estaría chillando en el brazo de su padre, seguramente preguntándose el por qué su hijo se había enlistado en ese deporte de bárbaros.

Los minutos y anotaciones pasaron lentamente para los Ocelotes, quienes en más de una ocasión vieron frustradas sus jugadas por enfrentarse a jugadores más altos y fuertes físicamente.

−¿Seguros que esos chicos son de preparatoria? –Dos cerró los ojos al ver como una camilla sacaba al tercer jugador en hilo que había sido herido por las Nutrias al intentar robar el balón.

−Las jugadas del equipo de Cuatro no son malas, se enfoca en distraer para así encubrir el ataque sorpresa− Uno observaba todo con ojo crítico− pero esos tipos pareciera que pueden ver a través de todas las jugadas, sólo Ace, Evan y Wally han logrado avanzar algunas yardas y es porque su entrenamiento los ha hecho imparables, el equipo lo hace bien, pero si las cosas no mejoran se quedarán sin jugadores y perderán.

−Lo que no puedes negar es que nos están aplastando, no me importaría si solo fueran los brutos adolescentes, pero Wally…−empezó Cinco.

−Se ha esforzado mucho− susurró Kuki− yo lo he visto en varias prácticas, podrá decir que en realidad no le importa, pero la realidad es que sí, le gusta jugar e incluso se sabe bueno en el americano.

−No es como que podamos hacer mucho, está por terminar la primera mitad y si las cosas no mejoran…− el árbitro levantó la bandera amarilla y amonestó a uno de las Nutrias, quien había tomado del casco a Ace para arruinarle un pase. Algunas yardas se sumaron a las de los Ocelotes y el silbatazo del medio tiempo levantó una nueva oleada de hurras de visitantes y locales, quienes aprovecharon la pausa para ir por hot dogs. papas o algo que pudiera ayudarles con la ansiedad.

Joey corrió hacia ellos en medio de la horda hambrienta adolescente, justo cuando Kuki se disponía a ir con las porristas para su única actuación estipulada.

−¿Sucede algo? – preguntó Uno.

−Ya sé quiénes son, les dicen los Brutos.

−¿Brutos? – preguntó Cinco sin estar familiarizada con el término.

−Son un grupo de adultos jóvenes rebeldes, ejército sin amo que no está a favor de nadie pero sí en contra de todos. Son temidos en el norte de Canadá por sus ataques a niños, adolescentes y adultos; simplemente odian que les digan que hacer, no se sabe muy bien para quién o qué trabajan, pero ha habido reportes de los sectores canadienses sobre estos tipos destruyendo sus reuniones ultra secretas, fiestas de emparedados y toda clase de aglomeraciones.− les mostró en su celular el reporte que 84 le había mandado.

−Escuché algo sobre ellos− recordó Cinco de pronto−No son ninja adolescentes, de hecho no les simpatizan del todo porque también han arruinado algunas de sus misiones.

−¿Y por qué vendrían a arruinar un partido de preparatoria? – preguntó Dos.

−No el partido, lo que vendría después− dijo Abby al pensar detenidamente− no fui a la última reunión porque mamá estaba resfriada y tuve que quedarme en casa a cuidarla, pero escuché rumores, no les puse demasiada atención pero decían que en la fiesta de la victoria algo bueno ocurriría, pensé que Wally y Kuki podrían colarse, si teníamos suerte− se quedó pensativa− pensé que podría ser algo de los cadetes desaparecidos pero ya no lo creo.

−¿Entonces? –preguntó Joey− ¿en qué andan metidos los adolescentes?

−Sobre Padre−susurró Uno− iban a hablar sobre la posición que ahora tiene sobre los ninjadolescentes y si le permitirían de nuevo ser el líder−susurró Uno− Rachel me dijo algo parecido, que por eso Los de la Otra Cuadra me quieren de su lado, piensan que yo soy un ninjadolescente o al menos estoy en la mira. Escuchen, tiene lógica, Padre perdió el mando cuando se largó a llorar por su pipa y ahora quiere retomar las riendas de su ejército, pero ya no están sus leales subordinados como Cree, Chad o el antiguo número 100, todas las cabecillas son nuevas y no le tienen ningún respeto o temor, quizás les haría un trato ¿no?

−Alguien no quiere que la junta se lleve a cabo−susurró Dos− no les conviene quizás.

−Ellos dan por hecho que todos los del equipo pertenecen a los ninja adolescentes, les están tratando de dar un mensaje tal vez…−susurró Kuki mirando a todos lados para asegurarles que nadie les estuviera prestando atención.

−Lo único que sé es que a esos torpes no les importa lastimar a nadie y mi hermano pude salir seriamente herido− les dijo Joey− la única oportunidad que tiene ese torpe de ir a la Universidad es con una beca en deportes o me tocará mantenerlo toda la vida y como nadie quiere eso, les pido que hagamos algo.

−¿Y qué hacemos? – preguntó Dos aterrado.

−Jugaremos su juego Dos− los lentes de Uno brillaron− haremos tregua con los adolescentes para que nadie muera hoy.

−¿Y ya hay un plan jefe? – rio Cinco al entender a lo que se refería su amigo mientras todos le miraban confusos.

−Estoy en eso, Kuki ve con las porristas y cuélate con "tus amigas", ya te diremos qué más hacer.

−Ya no me quedan amigas allí y se los dije, yo sólo estoy en una rutina.

−Si no quieres que esto se ponga feo hazlo, necesitamos tus tácticas distractivas, Cinco, es hora de que vayas a hacerle ojitos a los del equipo− la morena rodó los ojos− Dos necesito que te vuelvas un experto en futbol americano en 10 minutos y Joey… llama al resto del Sector, quizás necesitemos ayuda− el rubio comenzó a textear en su celular, los demás se pusieron en marcha.

Cuatro veía al entrenador ponerse rojo, verde y hasta azul de lo enojado que estaba, aunque él había dejado de prestarle atención hacía un rato, su cuerpo comenzaba a dolerle en zonas extrañas y se preguntaba si al otro día podría ponerse de pie.

−Es obvio que a esos tipos los sacaron de un reformatorio−Ace entró en los vestidores como si jamás se hubiera ido.

−¿Ya terminó su cita? –el entrenador lo miró con los ojos inyectados en sangre por la furia ¿desde cuándo una chica era más importante que ganar un partido?

−Sólo me deseaba ánimo, no hay nada más… por ahora− intercambió un par de miradas y risas con Evan mientras Cuatro ponía los ojos en blanco, llevaba queriendo ir al baño desde la yarda 50 y por culpa del entrenador y la ira que acumulaba no había podido ni siquiera tomar agua.

−Sus amiguitas pueden esperar, justo ahora…− una alarma se activó y los rociadores contra incendios comenzaron a esparcir agua− me lleva la… salgan de aquí, si me entero que es una bromita…− los chicos comenzaron a salir en tropel riéndose. Cuatro se desvió hacia el baño, si de verdad había un incendio al menos que lo encontrara con la vejiga vacía. Se sorprendió de que al salir, Kuki estuviera esperándolo.

−Kuki… ¿tú accionaste la alarma? – sí que se estaba volviendo una mala influencia para la asiática.

−Es una misión, necesito que llames al entrenador hacia las regaderas, Abby ya se encargará de distraer al resto del equipo, escucha este es el plan…

Un grupo de porristas y jugadores se había conglomerado en la parte posterior de los vestuarios, los jóvenes tomando todo con bromas y el entrenador a punto de sufrir un ataque de histeria. Cuatro salió y se acercó a él con paso inseguro.

−Entrenador… hay algo que quizás debería ver− comenzó a rascarse la nuca con la mano derecha.

−Si me entero que tuviste algo que ver con esto− comenzó el hombre entrando tras él.

Caminaron hasta el fondo de los vestidores, donde el entrenador entró dispuesto a desquitar su ira con aquel muchacho pero un dardo le dio en el cuello, durmiéndolo en el acto. Sonia bajó del techo, donde se había escondido Sector, los chicos bajaron también.

−¿Funcionó? – de una de las regaderas aparecieron Uno y Dos, ambos con hojas en las manos y arrastrando un pizarrón de jugadas.

−No entiendo que pasa− Cuatro vio a los niños amarrar al entrenador y esconderlo en una regadera vacía mientras ellos se metían en una especie de robot botarga adulto.

−Él es su nuevo entrenador, el señor… amm…Ernesto, el remplazo− le explicó Uno mientras terminaba de hacer líneas en su pizarra de jugadas.

−¿Remplazo?− Cuatro estaba cada vez más confundido.

−Sí, si quieren sobrevivir, tenemos que cambiar el modo de juego ¿verdad Dos? – el castaño asintió acabando de hacer algunos cálculos− tu eres el nuevo mariscal.

−Muy gracioso, Evan es el mariscal, es lo único que lo levanta por las mañanas no va a aceptar…

−Es oficial ¿ves? – le mostró un escrito firmado por el director, quien le había suspendido las veces suficientes como para reconocer la firma, así como la del entrenador y otros miembros del consejo.

−¿Cómo rayos…?

−Kuki es buena ¿no? – Abby y la asiática entraron a las regaderas también− de haber sabido que es tan buena falsificando firmas…

−Me gusta practicar distintas grafologías− dijo la chica− nunca había hecho algo como esto− se notaba avergonzada

−Ok, no hay mucho tiempo− Uno le pasó un audífono a las chicas− nosotros llevaremos ahora el partido, Ernesto te dará las jugadas que serán principalmente de supervivencia− Dos le explicó un par de pases que Cuatro trató de memorizar− como ves todas son variaciones de nuestras tácticas… esto es una tregua que no podemos hablar directamente con Evan así que tú serás nuestro vocero.

−Ellos no harán lo que yo les digo.

−Allí es donde entran Kuki y Abby− por vez primera Cuatro notó que la morena tenía un traje de porrista.

−¿Abby? – ahora entendía por qué Dos no paraba de mirarla de reojo.

−En el show de medio tiempo Teresa y Leah sufrieron un accidente, se lastimaron el tobillo y la muñeca y no hay remplazo, ups− dijo la morena.

−Necesitan ser un número par para que las rutinas funcionen y Abby ha estado en varias prácticas, además Cree fue alumna de la entrenadora y …

−¿Y por qué Evan…?

−Es una tradición que las porristas premian a los ganadores ¿no? Salen con ellos−le explicó Uno

−¿Vas a usarlas de carnada? – le dijo sintiéndose furioso− ese tipo no ha dejado de…

−Puedo defenderme sola Wally− le dijo algo molesta la asiática− y para que lo sepas, lo hago porque no quiero que esos brutos te maten.

−No van a matarme…

−No quisiera interrumpir su relación amor odio− intervino Sonia− pero si no empezamos ya el plan no dará tiempo, no podemos atrasar el partido por siempre.

−Vamos a ello− la botarga robot que lucían Lee y Joey empezó a salir mientras T dejaba salir algunos drones por la ventana, en una sección de la pizarra se vio entonces el campo mostrado por el dron.

Todos salieron al campo, Cuatro con la sensación de que todo se iría a pique en cuanto le dijeran a Evan que dejaría de ser el mariscal; sin embargo, aunque no le gustó para nada, se olvidó pronto del asunto cuando Kuki pasó casualmente a decir que apoyaría al equipo desde las filas de las porristas, el agente solo rodó los ojos y trató de concentrarse en las indicaciones que les daba el falso entrenador, más tarde encararía a Uno por exponer así a Tres, si sobrevivía.

Tras otro silbatazo, regresaron al campo. Las porristas comenzaron a hacer sus piruetas y rutinas más feroces para infundir de ánimo al equipo y espectadores. Pasados apenas diez minutos ya habían logrado avanzar veinte yardas; sin embargo, había sido a costa de dos piernas rotas y contusiones en quienes no habían salido del campo en camilla, era obvio que a las Nutrias no les importaba usar fuerza extrema con tal de ganar y dejar claro el mensaje.

Kuki miraba con terror cada que uno de esos bárbaros pasaba cerca de Cuatro o lo tacleaban para hacerlo retroceder, Abby no paraba de darle palmaditas sin saber qué más decir, ella también estaba preocupada por su amigo, más porque lo veía cojear desde que uno de esos grandulones le había puesto una zancadilla para evitar que atrapara un balón suelto.

−Creo que las cosas se están poniendo feas− Uno miraba la pantalla pensando en cómo contrarrestar su avanzada− ya no quedan jugadores de remplazo y aunque Cuatro, Evan y Ace están sacando al equipo delante, nos falta un corredor que pueda seguirles el paso, pronto incluso necesitaremos jugadores que puedan hacer lo que sea.

−Seguramente mi hermano es más rápido que cualquiera de ellos− exclamó T que manejaba el dron para mostrar el panorama.

−Pues si las cosas no mejoran, vamos a tener que meter a tu hermano al equipo− murmuró Uno mientras hacía unos dibujos en la pizarra al tiempo que Dos le miraba aterrado.

−Cuando acepté venir a ver Cuatro era más apoyo moral que otra cosa, sólo sé que corren con un balón en la mano, por eso dejo que tu hagas las jugadas, yo sólo hago operaciones matemáticas, ya me leí la teoría en Wikipedia y unos cuantos videos pero no creo haber jugado jamás…

−No es tan complejo, solo corres detrás de la pelota, la atrapas y vuelves correr evitando que te maten, lo que haces normalmente en la escuela− borró unas jugadas y luego dibujó un Dos− tienes razón, embonas en la ecuación ¿tenemos un uniforme de su talla? – T corrió a buscar en los vestidores mientras su hermano intentaba negarse.

−Uno no… yo no…volar un avión es fácil comparado a lo que me estás pidiendo.

−Abby te amará si haces algo así de heroico ¿no crees? Apuesto a que saldría contigo sin poner reparos− le dijo Tommy con astucia mientras llegaba con un uniforme.

−Pero ella… ella sabe que yo no soy ese tipo de personas y…−Abby entró con cara de circunstancias.

−Uno, tenemos problemas− dijo visiblemente agitada− uno de esos tipos se acercó a Evan a darle un mensaje, parece ser que no estábamos errados, sí buscan terminar con la fiesta de esta noche, quiere saber dónde está su lealtad.

−¿Lealtad? –preguntó Uno.

−Seguimos sin saber quién los comanda y si a ese equipo lo mandó Padre o su líder actual temiendo que lo traicionen−le dijo Cinco.

−Maldición− murmuró Uno tomando asiento− esto es cada vez más confuso, hay tantas pistas que no sé cuál seguir, mi instinto parece dormido.

−Un paso a la vez− le dijo Abby − ahora mismo lo único que tenemos claro es que esos tipos quieren aplastarnos, Cuatro está cojeando mucho, no creo que aguante mucho más ¿tienes un plan? Algo contundente y…

−Mi hermano va a salvar al equipo− dijo Tommy con orgullo− no sabrán qué nave los golpeó− la morena se giró a ver a Dos, con el uniforme en la mano.

−¿Jugarás?−miró al castaño con el uniforme en la mano.

−B-bueno yo… Tommy piensa que podría ayudar al equipo en algo…

−Nos hace falta un buen corredor− expuso Uno− alguien que logre llevar lejos los pases de Evan y Cuatro, el güero ya no puede correr igual así que…

−Sí, Dos es muy veloz, sería una gran aportación− le sonrió al castaño que suspiró resignado.

−S-si yo… yo puedo hacerlo, sólo debo correr con el balón y evitar que me maten ¿no? Suena sencillo, yo puedo hacerlo− el chico se encaminó al fondo de los vestidores para cambiarse.

Uno intercambió una mirada llena de significado con Abby que solo puso los ojos en blanco y desvió la mirada algo incómoda, no entendía muy bien que pasaba allí, pero al parecer había llegado en buen momento.

Unos minutos después Memo salió con el uniforme y un casco al tiempo que sacaban a otro de sus jugadores en camilla y Evan y Wally entablaban una acalorada discusión con el coreback del otro equipo. Las porristas, por otro lado, no dejaban un segundo de animar a su equipo, aunque parecía que el ánimo ya estaba por los suelos.

Wally vio al entrenador Ernesto hacerle señas y a Dos a su lado, se acercó a ver qué sucedía.

−¿Jugarás?− preguntó el rubio incrédulo.

−Eso parece− dijo con una sonrisa tonta al ver que Abby le saludaba desde la barra de porristas.

−¿Al menos sabes algo de futbol americano?

−Un par de videos y la Wikipedia− dijo sin quitar la vista de Abby− ¿no es tan difícil o si?

−Ok, solo atrapas el balón, corres con él y llega al otro lado del campo− dijo mientras se tapaba la cara con la mano− y si lo logras ya veremos quien dará la patada final, necesitamos terminar con esto ya.

−Es lo que planeaba hacer de todas formas − dijo el castaño.

−Espero que Uno sepa lo que hace− Cuatro miró a Evan acercarse dando zancadas.

−Logré que los amonestaran haciéndoles retroceder unas yardas, pero aun así nos han estado frenando demasiado, nuestra única oportunidad es marcar un touchdown y nos toca lanzar, no me gusta decirlo Wallabee, pero en las patadas eres el mejor del equipo− el rubio asintió intentando controlar el dolor que sentía en su cadera, podría hacerlo si sólo era una vez− ¿y este tipo qué hace aquí? − dijo despectivamente al ver a Memo, que comenzaba a entender lo que estaba a punto de pasar.

−Es nuestro nuevo corredor− dijo Wally al tiempo que el entrenador Esteban asentía.

−No es momento para chistes, este tipo no es parte del equipo.

−¿Te parece que tenemos opciones?− le señaló la banca ya vacía.

−Este joven se presentó como voluntario− contestó el entrenador con voz robótica− dijo que es veloz y eso es precisamente lo que nos falta− Evan lo miró con recelo pero no dijo nada.− Es eso o darles uniformes a las porristas− prosiguió el entrenador mientras Cuatro se quedaba pensativo, que Tres y Cinco jugaran no sería tan descabellado; sin embargo, sería peligroso y no quería ver a sus amigas heridas.

−Ok, ok, sabes qué Cuatro me da igual que tu entrenador sacado de quién sabe dónde y tú metan a su abuelita si quieren− Ace se había acercado junto al resto del equipo que quedaba en pie− pero tú eres el capitán así que debes responder por tus decisiones, si no ganamos será tu culpa y nos despediremos de jugar el próximo semestre ¿entiendes todo lo que implica este juego?

−Sí Evan, lo sé muy bien, pero creo que no sólo nos estamos jugando esto aquí, esos tipos están lesionándonos gravemente, si no terminamos esto rápido seremos incapaces de jugar de nuevo, ya viste cómo salió la mitad del equipo ¿de verdad crees que estarán recuperados para el próximo semestre?

−Quieren intimidarnos para que volvamos a su servicio, pero no lo van a conseguir−dijo Ace por lo bajo.

−¿Ah?− preguntó el rubio.

−Nada Wallabee, nada− interrumpió Evan− ¿Y entonces cuál es el plan?

Memo caminó rumbo al campo con las porristas deletreando su nombre, aunque eso no ayudaba con el plomo que sentía en sus piernas y estómago ¿cómo se había metido en eso? Ni siquiera sabía nada de ese deporte y de pronto él era la esperanza para ganar.

−Lo harás bien− Cuatro se emparejó con él y trató de sonreírle− eres veloz y estos tipos te cubrirán.

−Sí, sí… eso ya lo entendí, pero… ¿y si no atrapo el balón? Una cosa es correr, pero atrapar…

−Abby confía en ti, mira cómo te sonríe.

−Me quité los lentes Wally, no veo de cerca sin ellos− le dijo molesto− una cosa es resultar fracturado y otra terminar ciego y con vidrios en los ojos.

−Bueno, pero piensa en que podrás pedirle una cita.

−¿Qué?

−El tipo no lo sabe−Evan pasó a su lado de camino a sus posiciones− es una tradición, si nuestro equipo gana podemos elegir a una chica para tener una cita con ella y dado que tu morena de fuego está supliendo a alguna de ellas, entra en el combo, así que si no ganamos culpa a tu amigo. − echó a correr a donde ya lo esperaba el equipo.

−Eso es algo… machista ¿No lo crees? − Wally se encogió de hombros.

−Fue Uno el que las metió en eso, aunque Kuki tiene razón, han demostrado que saben defenderse solas, quizás pensar que necesitan que las cuidemos también es machista, pero bueno, allí tienes tu pretexto para invitarla.

−Tampoco quiero que se sienta obligada…

−Sólo anímate quieres, pase lo que pase haz tu mejor esfuerzo− dijo cuándo el entrenador robot le silbó para que se acercaran para pasarle la jugada que lo decidiría todo. Dos caminó hacia el resto del equipo sabiendo que su única misión era atrapar ese balón y correr con él como si su vida dependiera de ello, cosa que no estaba tan alejada de la realidad.

Al momento siguiente Dos se encontraba en medio de la formación, donde Ace lo había colocado explicándole la jugada que Wally daba en código.

−Oye− le dijo Ace− siempre te he respetado, más a quien eras antes que en el perdedor que te has convertido, pero sé que debajo de todo eso sigue ese chico tan persistente que no sabía cuándo rendirse, admiraba eso de ti sabes.

−¿Se supone que eso debería hacerme sentir mejor?

−Solo imagina que es igual a volar un avión− le dijo antes de tomar su lugar.

−Uy si, idéntico− pensó el castaño, entendiendo que ese tipo

Cuatro se abrió paso con el balón para colocarlo en la señal que el árbitro había hecho, sudaba a mares y para todos era evidente su persistente cojera; sin embargo, al igual que Dos, sabía que alguien entre las porristas lo miraba, la única que le importaba que le viera y que no se atrevía a invitar a salir aunque ganaran, aunque después de lo que le había dicho en el pasillo, sentía que quizás después de todo tendría una oportunidad.

−Una oportunidad− se dijo mientras veía al árbitro medir la distancia del balón y dar el silbatazo− es todo lo que necesito− dijo mientras tomaba impulso y salía corriendo hacia el balón a la par que escuchaba a sus compañeros correr. Cuatro pateó el balón con todas sus fuerzas confiando más que nunca en que Memo podría atraparla.

El castaño había corrido todo recto, protegido por Ace y Evan en más de una ocasión, sabían que era una jugada obvia por ser el que entraba, pero confiaban en poder lograrlo. Memo logró cambiar un poco su trayectoria para evitar una barrida de esos mastodontes, no podía verlos con claridad debido a su astigmatismo, pero los sentía, quizás estaba acostumbrado a huir del peligro de forma innata.

Todo pasaba en cámara lenta. Se giró a ver el balón y lo vio cerca, si no se apresuraba caería el suelo y los del otro equipo se dejarían caer sobre él y necesitaban hacen un touchdown que marcara la diferencia, no podían seguir alargando ese partido. Un tipo corría hacia él, pero el castaño fue más rápido, saltó en el momento justo en que el tipo se barría y, usando su cabeza como banco logró tomar la suficiente altura como para atrapar el balón en el aire antes de impulsarse y seguir corriendo, logró ver a Evan y a un chico que recordaba de alguna clase en común bloqueando a los tipos que se le acercaban y que pese a su esfuerzo no lograban alcanzarlo.

−Más les vale que me inviten la cena cuando esto acabe− pensó al ver que le faltaban pocos metros para llegar a la zona de anotación, pero entonces vio cómo por un lado uno de los tipos de mayor tamaño corría hacia él, no había forma de esquivarlo sin poner en riesgo el balón así que solo optó por intentar correr más rápido, pidiéndole a su padre, donde sea que estuviera, que le dejara ir un poco más allá de sus habilidades.

De quien sabe dónde logró ver una melena rubia emparejarse con él y lanzarse sobre el tipo gigante en el momento en que volaba para taclearlo y Memo anotaba. Aun presa de la confusión vio que había sido Wally quien le había salvado a costa de una ida al hospital, ya que su brazo, lo que había evitado alguna lesión quizás peor, sobresalía en un ángulo extraño.

Un estruendo ensordecedor dio paso a más gritos, Memo veía en cámara lenta como una parte del equipo le rodeaba y personas de las gradas corrían hacia el campo, entre ellas vio a dos porristas a un lado de la camilla que ya llegaba y al capitán del equipo contrario alegar algo con el paramédico que intentaba subir a Cuatro, entre los empujones, otro jugador había tocado al rubio, sacándole un grito ahogado. Inmediatamente unas llamas rodearon a la que recién reconocía como Kuki, quien se abalanzó sobre el tipo para alejarlo de Wally, una pelea campal comenzó a darse entre las Nutrias y los Ocelotes.

Una mano detrás en su hombro lo hizo salir de la visión morbosa de la pelea de adolescentes, era Uno quien le sonreía con orgullo.

−Siempre he dicho que no importa cuán difícil sea la tarea, número Dos puede hacerla−Memo se hinchó de orgullo.

−¡¿Qué están viendo?!− gritó Cinco− ayúdenos a llevar a Wally dentro y evitar que Kuki vaya a prisión, les llamó la morena desde la multitud.


En el hospital los doctores les dieron buenas noticias, pese al brazo roto, algunas contracturas de cadera y un esguince de tobillo, Wally estaba bien, mejor que los otros que habían llegado. El matrimonio Torres les compró a los amigos de sus hijos unas hamburguesas en la cafetería del hospital mientras ellos llenaban los papeles de ingreso del Güero, quien se quedaría unos días para más estudios.

−Parece que lo logramos− dijo Cinco con un bocado a medio masticar− pero la fiesta se canceló por mayor parte del equipo lesionado.

−No es como que tenga ganas de fiesta− le dijo Kuki dándole un trago grande a su lata de refresco de limón.

−¿Evan te invitó a salir? Vi cómo se te acercaba mientras el Señor Torres despedía a la ambulancia y preguntaba a qué hospital irían.

−Ya ni siquiera me molesta, es triste−le dijo poniendo los ojos en blanco− pero sí, lo intentó y claro que le dije que no.

−¿Cómo lo hiciste?− le preguntó con curiosidad Sonia− mi hermana Samantha solía decir que era una tradición que los chicos del equipo invitaran a una porrista.

−Bueno, Wally les había dicho que estábamos saliendo− les dijo algo avergonzada− ya casi nadie cree eso porque ni siquiera hablamos, pero… le dije que no podía salir con él porque saldría con Wally− todos la miraron con una sonrisa cómplice− ¿por qué me ven así? ¿Acaso querían que saliera con ese tipo?

−Si Wally no te invita a salir cuando pueda caminar, lo haré yo− les dijo Joey algo avergonzado.

−Si haces eso le diré a Mushi− le dijo Sonia dándole un codazo, pero enseguida el ambiente cambió a uno depresivo.

−¿Tú cómo te libraste de los chicos que querían salir contigo?− preguntó Dos girándose a Cinco− ¿o acaso saldrás con alguien?

−Abby no sale con nadie que no quiera así sea una tonta tradición− le dijo rotunda.

−No es que me aburra su plática adolescente− interrumpió T mientras Lee hacía el ademán de vomitar− pero me gustaría saber qué harán con lo de Padre y el nuevo líder adolescente, sea quien sea.

−Justo ahora Padre es asunto suyo más que nuestro a menos que Rachel nos de la orden, nosotros nos enfocaremos en traer a Mushi de vuelta cuando las condiciones sean idóneas− los niños asintieron, ellos también harían su parte.


Mientras tanto, Evan y Ace se reencontraron con Johna, el capitán del otro equipo, quien parecía aún más enorme envuelto en una sudadera negra y pantalones rotos.

−¿Acaso temes que te haga algo?− le dijo el hombre burlonamente−

−Es mi segundo al mando, además al ver cómo se comportaron hoy, debo tomar mis prevenciones−contestó Evan.

−Entonces ¿Qué le digo?− le apresuró Johna, quien ansiaba ir al bar de siempre para charlar con los perdedores del equipo que se habían dejado vencer por un puñado de pubertos.

−Lo que ya sabe− dijo Ace sin inmutarse− nuestra respuesta no ha cambiado.

−¿Y su lealtad?

−¿Dónde estuvo tantos años, eh? ¡¿Cómo puede exigir lealtad…?!− le dijo Ace, pero Evan lo detuvo.

−Esa es nuestra respuesta− le dijo el muchacho mientras tomaba a Ace por la chamarra y lo jalaba para alejarse del lugar.

−Eso vamos a verlo− susurró Johna al verlos marchar.


La recuperación de Cuatro duró lo que las vacaciones, mientras Joey salía cada mañana para jugar con sus amigos, el chico lo miraba desde la ventana de su habitación. A veces recibía visitas de sus amigos, otras, lograban sacarlo en la silla de ruedas a dar una vuelta, pero el primer día que logró regresar plenamente a la Casa del árbol fue el último sábado antes de volver a clases y sólo porque se negaba a perderse los acontecimientos que se llevarían a cabo esa noche.

En esta ocasión no había ningún representante supremo de ninguno de las fracciones de los Chicos del barrio puesto que estaban actuando a sus espaldas y si se enteraban, las consecuencias sería quizás la destitución y el borrado de memoria, eso si no terminaban prisioneros en la Base lunar. El pequeño Sector V llevaba casi una semana recalibrando la máquina, habían traído varios discos duros y unos rollos como de películas antiguas, más un montón de cacharros que Dos no tenía idea de para qué servían.

Y hablando de Dos, más de cinco veces su hermano lo había encontrado intentando colarse por el que ahora llamaban "El pasillo prohibido", ninguno de los niños quería a un adolescente fisgoneando por allí.

−Así es que yo seré el único sin recuerdos ¿no? − dijo el rubio viendo a Dos y Uno jugar Damas chinas en la sala de juegos.

−Dadas las circunstancias, no tenemos otra opción− contestó Uno mientras pasaba todas sus canicas al área de Dos− debemos asegurar que todos sean traídos con éxito y para eso debemos esperar a que la máquina esté en perfecto estado, además tu sabes que ahora a quien más necesitamos es a Dos.

−Lo sé, lo sé− refunfuñó el australiano.

−Dice Sonia que es hora de la película− Tres entró con la jovialidad de siempre− hay que preparar el cerebro de Dos− los tres chicos se pusieron de pie y comenzaron a seguirla hasta el sofá y la televisión, donde Cinco ya tenía las sodas y palomitas listas.

−Hasta parece mi cumpleaños− dijo Dos intentando hacer alguna broma al respecto.

El pequeño Sector V ya estaba sentado en otro sillón, Sonia se levantó y al ver a los adolescentes ya acomodados le dio play al aparato.

En la pantalla apareció un chico alto, algún algo regordete pero que se parecía más al Memo de ahora que al Dos de antes; sin embargo, eran las gafas de piloto que le colgaban del cuello las que demostraban quien era en realidad.

−Hola− contestó con una voz chillona y visiblemente nerviosa− soy tu yo del pasado y si no recuerdas esto es porque seguramente ahora mismo somos un manojo de granos y responsabilidades. − comenzó a reír− Debes saber que eres un ex agente, el más inteligente y guapo que pisó la Base Lunar, incluso tenemos un sabor de helado con nuestro nombre.

−Y sabe horrible− dijo Sonia por lo bajo mientras Tommy se tapaba la sonrisa que se le había formado en los labios.

−En estos momentos te puedo decir que las cosas marchan mal en KND, los traidores han llegado a las altas esferas y es cuestión de tiempo para que todos los sectores se vean infectados, seguramente para cuando estés viendo esto, ya pasó. Seguramente los agentes los traicionarán el doble que ahora, temiendo crecer y sabes, no los culpo, yo ahora mismo me estoy muriendo de miedo de no saber qué me deparará el futuro. No me mal entiendas, no voy a traicionar a KND, no lo haría porque ella no lo hizo− suspiró− he hablado con 88, nuestro nuevo Líder supremo, quien está convencido que el olvido es en realidad nuestro premio por haber servido a la organización y aunque yo no esté de acuerdo, lo entiendo, pero no me resigno. Sé que Uno va a volver y cuando lo haga quizás nos necesite ¿y cómo va a hacernos entender que somos su equipo? Yo soy su mejor amigo y es mi tarea hacérselo fácil, por eso inventé a S.A.R.N.A., con la finalidad de revertir el borrado de memoria, entiendo el por qué se nos priva de nuestros recuerdos, pero gracias a mi experiencia sé que siempre se necesita un plan B. – se levantó del escritorio donde había estado apoyado y dio algunas vueltas− Lamentablemente no fui capaz de tenerlo a tiempo para Cinco, pero espero ser capaz de echarlo a andar y recuperar a tu segunda al mando Uno− sonrió− sé que si estoy viendo esto es porque volviste− me confiaste la seguridad del equipo y por eso dejo esta herramienta en la espera de tu regreso− se quitó las gafas de piloto y las puso sobre la mesa− es hora de que siga con mi destino, nos vemos pronto− se giró y salió de la habitación, el video se cortó.

Lee se puso de pie, su equipo le siguió.

−Dos, síguenos por favor− le dijo Sonia, el castaño se levantó y miró a todos con cara de terror.

−¿Duele?− le preguntó a Kuki.

−Un poco − se sinceró− pero es más como estar mareado todo el tiempo, tener dolor de cabeza y sentirse desorientado. − Memo asintió y siguió su camino, tenía los pies de plomo.


Transmisión interrumpida