Luz
.
Ahí donde hay sombras y luz, tú iluminas.
Te miro y me pareces un pequeño ser que contiene la luz completa del cielo, o de cualquier otra cosa que alguien pudiese considerar divina y maravillosa. Tus ojos permanecen cerrados, han estado así durante horas, todas las que llevas en este mundo, y en ninguna de ellas he dejado de esperar a que los abras y me mires. Sé que amaré esa mirada tanto como amo cada parte de ti: ese primer llanto que diste hace poco tiempo y parece que ha pasado una eternidad, la forma en que te cobijaste hacia el pecho de tu madre buscando su olor; te comprendo, pequeña Moroha.
Había oído hablar de maestros hechiceros que creaban, tomando unos elementos para formar otros, algunos les llaman magos, otros alquimistas. Nunca pensé que Kagome y yo pudiésemos convertirnos en algo como eso, sin embargo al mirarte dormida ahí, pequeña luz, sé que hemos hecho alquimia.
¡Aquel pensamiento me llena como una revelación!
Y cómo pocas veces en mi vida, antes de ustedes dos, se me suben las lágrimas a los ojos.
Cómo puedo amarte tanto, si apenas has llegado —pienso, mientras te toco delicadamente los dedos que recoges hacia tu pecho.
Yo, que he llegado a creer que el amor se construía poco a poco, he descubierto que de amor no sabía nada en absoluto hasta que te he visto y el pecho se me ha expandido como si no existiera un límite para lo que haría por ti: aun creo que ese límite no existe y preveo que jamás lo encontraré.
De pronto abres tu pequeña boca y tomas aire en un suspiro que liberas de inmediato. Agudizo mi oído para escuchar el diminuto sonido que produces al respirar y me recuesto con ambas manos unidas bajo el mentón para continuar observándote.
Permanezco así durante un tiempo, ni siquiera sé medir cuánto, es como si nada más importase, sólo estar aquí junto a ambas.
—¿No duermes? —escucho la voz de tu madre que habla en un susurro que sabe que escucharé.
Yo niego con un gesto, tan ensimismado en ti que extiendo la mano, sin dejar de mirarte, para ir al encuentro de la suya. Entonces reacciono y la miro, no quiero que piense que ya no me importa del mismo modo, porque no es como si el amor nuestro se dividiera, al contrario, siento que se ha expandido para comenzar a recorrer un espacio infinito.
—Aún no abre los ojos —le digo a tu madre y vuelvo a observarte.
—Y no lo hará aún —responde, con el mismo susurro suave que protege tu sueño.
La miró y me quedó en sus ojos, en silencio.
—Te amo —dice ella y yo me pierdo en el inmenso castaño de su mirada.
Acerco su mano, por encima de ti, y la beso.
No sé cuál será tu destino o el nuestro, sólo sé que desde hoy das un nuevo significado a la luz.
.
Un poco más de MUGEN/INFINITO
Un poco más de amor.
Anyara
