Antes

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Nunca llegué a contarte la historia de dos días antes que regresaras.

Shippo tenía razón, solía pasar por el pozo cada tres días para hablar, a veces por corto tiempo y otras veces por horas. Te contaba cómo estaba todo de este lado y las personas que conocimos juntos. También te contaba de aquellos que habían llegado: las gemelas de Miroku, cuando fue su momento, e incluso de lo difícil que estuvo el carácter de Sango las últimas dos semanas de embarazo.

Hace unos meses vine a contarte del niño que también han tenido, aunque en ese momento no había mucho qué decir de él, era un manojo de necesidades como suelen ser los niños, por lo demás.

Ahora te observo aquí, junto a mí, dormida bajo la sombra del Goshinboku, este lugar que se ha vuelto nuestro por sincronía. Te miro descansar después de un largo día de trabajo en busca de hierbas y arbustos en el campo. Los últimos días te he observado escribir sobre aquello que recolectas e incluso intentar dibujos que luego odias y dices que harás nuevamente cuando dispongas de más papel.

Tengo que buscar más papel para ti.

Se siente tan bien tenerte de vuelta, me llena el pecho. El viento mece las ramas del árbol y ambienta con su sonido calmo este momento en que te contemplo. Me gusta cómo cambian los colores de tu piel según las sombras que crean las hojas y tu aroma que lo llena todo.

Quiero vivir contigo —pienso.

Y aunque no digo nada, dentro de mí se escucha como un grito que quiero tronar en lo alto de las montañas.

Quiero vivir contigo

Lo repito en mi mente con la misma ansia con que te lo conté dos días antes que regresaras, pasando aquellas palabras a través del pozo como hice tantas otras veces antes, durante los últimos tres años.

En ese momento, dos días antes, te hablé de una cabaña y del sitio en que me gustaría que la hiciéramos. Te conté que Miroku había aprendido mucho de la construcción de éstas y que cuando volvieses le pediría ayuda y también que fuera pondría un farol para que nos iluminara la entrada. Debo confesar que durante tu ausencia la esperanza siempre estuvo de la mano del miedo.

Me recuesto a tu lado y pongo mis brazos tras la cabeza, mientras mis pensamientos vuelan como en ese momento, dos días antes, y recreo todo lo que quiero vivir contigo, siempre contigo.

Te siento buscarme en medio de la somnolencia y pones tu cabeza sobre mi pecho; me quieres cerca. Yo te abrazo, respiro hondamente y te huelo en el proceso. Me lleno de ti del mismo modo que anhelé, ese día, dos días antes.

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Besos!

Anyara