Kagome

.

KA-GO-ME

Esa fue la forma en que conocí tu nombre. Estabas furibunda, con las mejillas sonrosadas por el esfuerzo de correr hasta mí, escapando del peligro que te amenazaba. Nunca te pregunté por qué decidiste que llegar a mi lado te daría seguridad. Tampoco sé cómo fue que me despertaste. Quizás ambas preguntas encuentren una respuesta en la definición de lo que tú y yo somos juntos.

KA-GO-ME

Aún retumba en mis oídos la fuerza con que expresaste el cómo te llamabas y la forma en que tus ojos castaños se enfocaron en los míos sin temor a lo que yo era, quizás, simplemente por el desconocimiento sobre todo este mundo; quizás por tu valentía innata.

Recuerdo la forma en que esas sílabas dichas por ti se quedaron retumbando en mi mente por días. Cada vez que te miraba las oía, cada vez que comparaba tu apariencia, tu nombre surgía con una fuerza aplastante. Fuiste llenando las sílabas que lo componen con el paso de los acontecimientos. Kagome; cuando a pesar de estar en peligro buscaste ayudar a aquellos bandidos que estaban a merced del demonio cuervo, al igual que tú. Kagome; cuando de forma insensata te arrojaste al río a rescatar a ese niño. Por entonces aún no te veía como lo hice luego, mucho menos como lo hago ahora que descansas entre mis brazos en la entrada de nuestro hogar. Me costó aceptar que cuando desperté no me sentía bueno, estaba lejos de esa emoción. Mientras más lo pienso, me hago más consciente de que fue tu inocencia y credulidad de entonces la que me volvió mejor, creíste en mí sólo porque no concebías el mundo de otro modo.

Ahora que la tarde va muriendo en el horizonte en uno de los últimos soles que quedan de verano, me hablas y me cuentas el día. Te escucho y tu voz me resulta calma del modo en que lo son las cosas que se adhieren al alma. Enlazas un dedo en las cuentas de mi kotodama no Nenju en un gesto que ya es nuestro y que aprecio como cada uno de los que tienes para mí.

Kagome —tu nombre brota y se eleva, lo mismo que tu mirada, con la calidez de aquello que se ha vuelto propio y resuena dentro.

Te acuno la cabeza con la mano, enredando los dedos en las hebras de tu pelo y te beso con suavidad. No hay prisa en esta tarde de verano. Pronto hará tres lunas desde que llevas contigo a la encarnación de los sentimientos que encierra este beso. Una criatura que tendrá todo lo maravilloso que te compone y todo lo que me descubriste de mí mismo.

Te amo —pienso, y como tantas otras veces la frase se queda en mi garganta, por pequeña y por incapaz, porque no te podrá contar todo lo que encierra.

KA-GO-ME

Aún recuerdo la entonación de tu voz, aún suena clara en mi mente. Presumo que ese día retumbó en mi pecho como el augurio del modo en que resonaría el resto de mi vida. Tantas cosas suceden una primera vez sin que entonces conozcamos el alcance que tendrán.

.

N/A

Espero que disfrutaran de leer este momento, tanto como yo escribiendo.

Inspirada en "Te amo", de Len Barboza

Besos

Anyara