Fortaleza

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Te escucho gruñir y a ese sonido le sigue el de Tessaiga al ser desenvainada. Te observo, a pesar de lo comprometida de la situación, porque cada vez que entras en batalla, ya sea una pequeña o más grande, surge en mí la necesidad de verte y recordar lo fuerte que eres. Ese fue el primer pensamiento que se iluminó en mi mente sobre ti, el día que te liberé del sello que te tenía prisionero en el Árbol Sagrado y vi cómo te alzabas por el aire para batir a ese demonio ciempiés como si cortaras una hoja de papel.

En este momento veo cómo te lanzas hacia los demonios serpientes, moviéndote con agilidad. Te impulsas desde el suelo y la presión te eleva por encima de la cabeza del más grande de ellos. Con uno de tus pies tocas ligeramente el lomo del demonio, te giras en el mismo movimiento, casi como su danzaras en el aire, y asestas un golpe con Tessaiga, cortando la cabeza de ese ser. De inmediato, como si lo hubiese visto acercarse, aprovechas el cuerpo del demonio que aún cae y te impulsar con una voltereta en el aire, para esquivar al que va desde tu espalda, directo a tus piernas. Asestas un nuevo golpe con tu espada y otra cabeza cae.

Lamento tener que abandonar el espectáculo de verte luchar, necesito hacerlo yo también.

Al cabo de un largo momento, hemos podido acabar con el nido que estaba entramado bajo tierra. Eran muchos, aun así pudimos con ellos. Te veo envainar a Tessaiga y a pesar de las manchas que llevas en la ropa y en las manos, debido a la lucha, mantienes esa postura digna que siempre te ha caracterizado y que conseguí dilucidar con el tiempo de lucha, juntos; el mismo tiempo que nos ayudó a confiar uno en las cualidades y fortalezas del otro. Creo que comencé a descubrir tu fortaleza cuando te trasformaste en humano por primera vez en mi presencia y a pesar de haber perdido todo lo que te hacía fuerte, te enfrentaste a aquel demonio araña.

Desde que nos conocimos, y hasta ahora, creo que he podido comprender en distintos momentos la diferencia entre fuerza y fortaleza. Cuando te vi luchar por primera vez noté de inmediato la fuerza que había en cada uno de tus movimientos, aunque la primera fuerza que quisiste esgrimir fue la de una arrogancia que te protegiera de parecer débil o inferior. Aquello es algo que incluso ahora que estamos juntos y somos inseparables, te cuesta un poco no blandir como un arma de vez en cuando, para protegerte de mostrar la sensibilidad enorme que también te compone.

—¿Vas cómoda? —preguntas. Me llevas sobre tu espalda, de vuelta a nuestro hogar.

—Sí, aunque sabes que no necesitas cargarme —te digo con suavidad, algo adormecida por la cadencia de tus pasos.

—Lo sé. Me gusta hacerlo —es tu respuesta habitual.

—Y a mí me gusta que lo hagas —me rindo a lo inevitable. Reconozco que hacerme sentir bien, también es parte de tu fortaleza.

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N/A

Aquí les dejo un momento de ver a InuYasha en batalla. Ver, con los ojos de Kagome.

Gracias por leer y acompañarme

Anyara