Sudor

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La tarde resultaba particularmente calurosa, el verano estaba siendo poco indulgente con nosotros y yo debía de reconocer que las ropas de sacerdotisa no eran la mejor indumentaria para esta estación.

—Debería ir por agua —expreso en voz alta. Sentada al alero del descansillo que hay en la entrada de nuestra cabaña.

Estaba cansada después de una mañana ajetreada. En los días calurosos como éste, los quehaceres comienzan muy pronto, para estar en calma la mayor parte de la tarde, que es cuando más se siente la humedad y la alta temperatura.

—Ya voy yo —dices a poca distancia tras de mí.

Te miro por encima del hombro y veo que comienzas a quitarte el kosode para dejarlo en el sitio e ir a la parte trasera de casa que es donde almacenamos el agua, el lugar en el que podemos resguardarla de los rayos del sol.

Saco una cinta del bolsillo interno de mi manga y comienzo a recogerme en pelo en un moño alto que me libere el cuello y de ese modo sentir algo de la escasa brisa que de vez en cuando pasa. Escucho tus pasos acercarse, vienes con una jarra de bambú llena de agua, puedo ver como saltan las gotas fuera de ella producto del movimiento. Te pasas el dorso de un brazo por la frente y puedo ver que tienes el flequillo humedecido, probablemente te has echado agua por la cabeza como acostumbras a hacer.

Cuando llegas a mi lado me extiendes la jarra.

—Gracias —te sonrió suavemente a modo de agradecimiento.

Comienzo a beber, el agua está bastante fresca y alivia en parte el calor. Comienzas a tirar del hitoe para sacarlo de la cintura de tu hakama y quitarlo; yo me quedo mirándote mientras aún bebo. Sé que es extraño, porque ya te he visto con el pecho desnudo muchas veces, y sin embargo no dejo de quedarme embelesada por un largo instante cuando lo vuelves a hacer. Hay tal perfecta armonía en la forma de tu cuerpo y en tus movimientos, que si alguien me preguntara creería que has sido esculpido por alguna deidad.

Dejo de beber, no obstante sigo centrada en tu cuello que se ha plagado de una película de sudor que poco a poco va formando gotas que se fortalecen hasta que su propia consistencia las lleva a caer y deslizarse hacia la clavícula, creando una ligera curva antes de sumarse a otra gota, sortear el rosario y caer hacia el pecho para rozar muy de cerca un pezón y desde ahí continuar hacia el estómago.

Vuelvo a alzar la mirada hasta encontrar el punto de tu cuello en el que se forma otra gota. Se me seca la boca y vuelvo a tener sed. Dejo la jarra a un lado y no sé en qué momento decido ir hacia ti.

—¿Qué haces? —preguntas en medio de un suspiro que muestra tu asombro.

Te miro desde el sitio en tu pecho al que he accedido y recojo la gota que baja desde tu clavícula, con la lengua, arrastrando ésta por tu piel.

—Bebo.

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N/A

Calor en pleno invierno aquí en donde vivo xD

Este drabble fue inspirado por una imagen que dejó mi amiga Len en sus redes de un Inu exquisitamente sudado. Espero les haya gustado.

Gracias por leer y por acompañarme.

Anyara