FUTON II
.
¡InuYasha!
Escucho mi nombre y pego las orejas instintivamente a la cabeza; nada que empezara así, y en ese tono, implicaba algo bueno.
La noche había sido cálida y en algún momento de la madrugada se había vuelto realmente caliente. No estaba demasiado seguro de qué había pasado, quizás fuese el aroma de Kagome mezclado con el de ese maldito lobo que había aparecido a saludarla cuando yo estaba en la aldea, trayendo un animal que él mismo había cazado, porque según su opinión: yo no estaba alimentando bien a mi compañera.
Me lo había espetado así a la cara cuando me vio llegar de un salto. Nada más olerlo cerca me supuse que estaría con Kagome. El problema no era ese, ella no podía huir de alguien a quien consideraba su amigo, el problema era ese lobo sarnoso que siempre estaba intentando quitarme la atención de mi compañera, de mi hembra.
Supongo que así lo entendió mi lado youkai que se desató en mitad de la noche. Tenía atisbos de conciencia de lo sucedido, algunas imágenes del momento y la sensación de notarla a Kagome primero temerosa, para rápidamente sentirla como la mujer indómita que también es. Me sonrío, estoy seguro de que si ella fuese hanyou, igualmente habría liberado su lado youkai.
¡InuYasha!
Escucho de nuevo mi nombre, esta vez más cerca, y comprendo que tu paciencia se está acabando. Lo cierto es que no tengo muy claro cuál será el problema. Quizás me he dejado la leña sin cortar, o no he previsto que faltaría agua en ese estanque que mantienes a un lado de casa y que cuando las lluvias no son suficientes hay que rellenar con agua del río.
Me acerco a la cabaña, intentando mantener cierto aire de seriedad que espero sea suficiente como para apaciguar en algo tu carácter. Te veo cuando la espesura del bosque me da paso al claro en que está la cabaña, estás junto al farol de piedra que construimos para iluminar el camino.
—¿No me escuchabas? —preguntas.
Cómo si eso fuese posible.
—Ya estoy aquí —digo, ahorrándome el: qué he hecho ahora.
Caminas hacia el interior de la cabaña y yo te sigo en silencio. Nada más dar un par de pasos dentro te veo de pie junto al futón indicando algo con el dedo. Me acerco y veo que tiene tres rasgaduras profundas por las que salen las plumas que forman el relleno y una cuarta marca que no alcanzó a profundizar tanto en la tela como para que las plumas afloraran.
Me sonrío, no puedo evitar recordar que aquello sucedió mientras entraba en ti con fuerza.
—¿Te ríes? Has roto el futón —reclamas.
Te miro con intensidad y noto cómo se te tensa la espalda mientras deslizo mi kosode y el hitoe juntos, descubriendo el hombro que aún me duele y te muestro el mordisco que me dejaste. La piel colorea alrededor y la postilla tardará todavía un par de horas en caer.
—Anoche no pareció molestarte —te recuerdo.
—Oops —dices.
—Ya, oops —digo yo.
.
N/A
Espero que disfrutaran la lectura.
Gracias por leer y acompañarme.
Anyara
