Suspiro

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De entre todas las cosas que sé, estoy seguro que besarte es de aquellas a las que imposiblemente renunciaría. De alguna manera lo sabía desde mucho antes de saberlo y al ver que te acercas lo he tenido claro como la luz del mediodía. Caminas hacia mí después de tres días lejos; tres días en los que tú y Sango quisieron alejarse para que ella descansara de la vida habitual de madre, esposa y ser sólo mujer, así lo planteaste. Me costó mucho dejarte partir y probablemente lo hice porque sé lo fuerte que eres y lo fuerte que es Sango también. Aun así, han sido tres días tan largos como tres años.

Te acercas y sonríes, mientras yo te espero a pasos de la puerta de nuestra cabaña y del farol de piedra que la ilumina algunas noches. Traes a la espalda y cruzado hacia el pecho el furoshiki que has usado para trasladar algunas prendas de ropa. Quiero ir hacia ti, sin embargo espero, con las manos sosteniendo mis brazos dentro de las mangas de mi kosode rojo, como en una especie de promesa que me hice de dejar que cruzaras la línea imaginaria ante la que estoy de pie y volvieras a ella.

Los últimos pasos los das con mayor prisa, casi como si se tratara de una carrerilla. Yo siento mi cuerpo ir hacia ti y entierro los dedos de los pies en la tierra para no moverme; sin embargo…

—InuYasha

Pronuncias mi nombre y a la mierda las auto promesas.

Doy dos pasos largos en tu encuentro y lo primero que hago es enmarcar tu cara con las manos, para mirarte, para saber que aun tienes todos aquellos tonos de castaño en tus ojos. Sueltas el aire en un suave suspiro y en ese mismo momento desciendo el poco espacio que me queda hasta rozar tus labios y vuelvo a percibir esa suavidad que reconozco y he añorado casi desesperadamente. Noto el modo en que mi aire te pertenece, te lo llevas en una inhalación y yo me siento pleno sólo por dártelo. Te escuchó sonreír y luego suspirar y todo aquello aun tocando mi boca. En ese momento te invado con la lengua, noto el sabor de las bayas que has comido recientemente y bajo ese gusto encuentro el tuyo, el sabor de tu boca, de tu saliva que se entremezcla con la mía. La suave textura de tu lengua que me busca y me atrapa en un increíble acto de posesión, que se acentúa por la sujeción de tus manos casi tirando de mi cadera para tenerme así más cerca; más tuyo. Te rodeo con los brazos e igualo tu manera de sostenerme, mientras mi pecho acumula suspiros que mi boca apenas puede liberar.

Te escucho murmurar algo y estoy tan centrado en los maravillosos y alocados latidos de tu corazón que no lo entiendo y en medio del beso promulgo una interrogación y tú vuelves a sonreír, sin romper el contacto de nuestros labios.

—Cabaña —murmuras.

—Sí —suspiro.

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N/A

Esta mañana he visto una ilustración de un beso y no sabía cuánto necesitaba ver a estos dos besándose y eso me inspiró.

Espero que les haya gustado

Más besos!

Anyara