MUGEN

Reto

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—Seamos sinceros, Kagome, no podrás pescar nada con una flecha, para cuando dispares el pez ya estará mar adentro —te escucho con fingida paciencia, mientras preparo una flecha. A continuación me detengo; una idea ha cruzado mi mente.

Te miro.

—Lo has entendido —insistes y sonríes.

—Te reto —digo y me miras apretando un poco el ceño.

—¿Un reto? ¿Cómo? —la pregunta resulta dubitativa.

—Sí, un reto. Si yo le doy a un pez, tú intentarás hacer lo mismo —aclaro, o eso creo.

—¿Con la espada?

Casi me echo a reír en tu cara, lo que habría sido anticlimático para mi actitud digna.

—Con el arco —especifico.

De pronto te pones algo más rígido, tensando la espalda mientras me miras y piensas. Tus ojos han adquirido ese rictus ligeramente salvaje que se te pone cuando ves el desafío y éste te incita.

—¡Hecho! —aceptas.

Asiento ante tus palabras y no tengo claro si tu seguridad es porque sabes que puedes hacerlo o porque crees que yo no. De todos modos no me detendré en ello.

Me giro hacia el río y sostengo nuevamente la flecha que lleva atada una cuerda y la tenso en el arco, observando a los peces que se acercan. Defino el movimiento que hacen y que me muestra un patrón. Apunto a unos cuantos metros por delante del lugar al que miro, espero, y disparo cuando veo al pez pasar por una roca en el río. En el momento en que la flecha se hunde en el agua y es arrastrada recojo la cuerda y me encuentro con un pez atravesado por la saeta.

—¡Sí! —salto en el lugar, con la flecha en la mano y el pez hacia la punta.

Me miras con los ojos dorados muy abiertos en un gesto de clara incredulidad.

—Adelante —te invito, extendiendo el arco hacia ti.

Lo recibes, tomas una flecha de mi carcaj y atas a ella una cuerda del mismo modo que he hecho yo. Debo reconocer que no esperaba que me gustase tanto verte tomar la posición adecuada para el tiro. Me acerco a ti.

—Tensa la cuerda —te indico. Con una mano toco el brazo que sostiene mi arco en esta apuesta que hemos hecho; la otra comprueba la postura de tu cintura y espalda, rozando con suavidad la curva.

—Kagome, si tenso más esto, se romperá.

—Ya lo creo —digo, descansando la mano en tu cuerpo como una guía, demorando en ello un momento más del necesario.

Tomas aire y esperas y mientras lo haces yo me deleito con la expresión centrada de tus ojos, el perfil perfectamente delineado y la mandíbula firme. No sé en qué momento ha dejado de importarme el reto inicial.

Disparas

—¡Kuso! —exclamas. Has fallado.

—Te dije que no era fácil —mi voz se ha vuelto dulce y sonrío, mientras comienzo a acecharte.

Me miras y supongo que tu instinto de sobrevivencia te avisa de algo.

—Ya me gustaría verte usar mi espada —sueltas, con una carga de ingenuidad que me hace ampliar la sonrisa.

—Tranquilo, tengo pensado usarla —la confesión, y el tono en que la expreso, te hacen parar con tu idea y comprender la mía.

—Oh —expresas. Tus ojos como dos soles que irradian.

—¿Alguna objeción? —he reducido el espacio entre ambos a casi nada.

Tomas aire por la boca, profundamente, y olvidas la flecha que intentas recuperar para posar tu mano en mi cintura.

—Ninguna.

Nuevamente tus ojos tienen ese rictus ligeramente salvaje de cuando algo te desafía y te incita.

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N/A