Instantes

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Hay algo increíblemente placentero en el toque que las yemas de tus dedos dan sobre mi cabeza. Se trata de una caricia delicada y firme que ayuda a soltar la tensión, creando un estado de letargo en mí. Disfruto el modo en que masajeas suavemente los laterales para realizar un movimiento dócil con los pulgares en el inicio de la nuca.

Suspiro y con ello te muestro mi deleite y entrega.

Te escucho sonreír y emulo el gesto con una genuina alegría, cediendo por completo mi voluntad a ti que enredas los dedos por las hebras de mi pelo y extiendes los brazos a los laterales, desenredando éstas que aún permanecen húmedas por el baño que acabamos de darnos. Sentir que cuidas de mí es uno de los instantes que más atesoro y quizás sea por eso que me dejo hacer sin poner ni resistencia ni palabras a ello. Supongo, del modo en que se inician las suposiciones en el alma, que detalles de este tipo son los que crean instantes que jamás se olvidan y se convierten en los hermosos recuerdos que conforman una vida en unión a otra.

Ahora mismo, que me deleito en las caricias certeras de tus manos, recuerdo instantes en los que tú has sido primordial para mi calma y felicidad. Siento que el pecho se me llena de una emoción que perdura y se convierte en un sentimiento que habita y ya me hace imposible pensar en nada más que el amor que me recorre durante cada respiración y cada acción, ese es el amor que tú me inspiras.

Descanso la cabeza atrás, sobre tu pecho y me lleno de vitalidad con una inhalación profunda. Siento que te inclinas hacia mí, acercas un mechón de pelo a tu nariz y te llenas de su aroma. Abro los ojos y me reflejo en el dorado de los tuyos que me miran desde tu posición tras mi cuerpo. Estás envuelto en la yukata de casa que habitualmente usas después del baño, mientras tus manos retoman las caricias que le has dedicado a mi pelo.

—¿Te gusta así? —preguntas y no puedo evitar todas las connotaciones que esas palabras concitan en la intimidad del instante.

Abro ligeramente la mirada y sé que tú has conseguido leer mi pensamiento por la sonrisa que baila coqueta en la comisura de tu labio.

—Me refiero al masaje —aclaras, fracasando a la hora de contener esa sonrisa.

—Me encanta así… el masaje —respondo, dejando una pequeña pausa para la aclaración.

Niegas con un gesto de tu cabeza intentando que parezca un reproche que sé no sientes. Tu mirada permanece en la mía y me indica el precioso instante que compartimos.

Echo una mano atrás, para atraer tu cabeza y acercarme a ti en busca de un beso. Respiras hondamente y sueltas el aire sobre mis labios antes de tocarlos con los tuyos. Ambos nos permitimos sentir el instante, el ansia que comienza a gestarse desde dentro, desde el centro mismo de nuestros cuerpos, y el aire que nos rodea y toca la piel. Tus manos han dejado mi pelo y se han posado en mis hombros para alzarme un poco más cerca y suspiramos y sonreímos y nos miramos, deteniendo todo lo existente para hallar la razón del infinito en este instante.

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N/A

Vi la imagen de uno acicalando el pelo del otro y me gustó la idea de mantener la duda sobre quien estaba en qué posición.

Espero que les gustase.

Un beso

Anyara