Capítulo 1
En América
El vuelo de Tokio hasta Los Ángeles duró aproximadamente unas nueve horas, y fue bastante tranquilo en términos generales; nada más embarcar llegué a llamar un poco la atención, reconociéndome unos cuantos japoneses que también viajaban en el mismo vuelo. Aun a pesar de los posibles inconvenientes que podrían haber causado fueron bastante considerados conmigo, firmando unos cuantos autógrafos y haciéndome un par de fotos con ellos. Tras eso regresamos a nuestros respectivos asientos y el resto del viaje fue de lo más tranquilo. Me lo pasé dormida durante las primeras etapas, despertándome a mitad de camino y comiendo algo mientras escuchaba música y leía algunos de los libros que Luka me había ido recomendando a lo largo de todo el tiempo que estuvimos juntas.
Sin embargo, aunque estaba yendo de camino a Estados Unidos, mi mente y pensamientos seguían en Japón, incapaces de olvidar los últimos años. Nunca antes había estado tan segura en toda mi vida acerca de mis sentimientos por alguien, sin embargo no podía evitar que ese viaje me despertara ciertas dudas al respecto. Seguramente mis padres ya estarían enterados, no me esperaba que me fueran a reprender así sin más ni nada parecido, después de todo siempre habían sido muy tolerantes y me habían apoyado en mis decisiones y sueños, sin embargo la duda estaba ahí conmigo, haciéndome compañía.
Hayate Hatsune siempre tuvo grandes sueños, y ser un compositor de renombre era uno de ellos; le costó mucho al principio, pero finalmente logró impulsar su carrera poco después de tener a su primer hijo, ganando mucha fama rápidamente tras dar banda sonora a multitud de películas de éxito dentro de Japón, lo que le garantizó su salida al resto del mundo. Con el éxito vinieron los primeros contratos gordos, llamando así la atención de Hollywood y haciéndole ir a vivir a Los Ángeles tras un largo tiempo viviendo en Japón. Normalmente alterna entre ambos países, pero su residencia permanente siempre estuvo en la gran ciudad californiana, aunque nunca renunció a sus raíces japonesas y seguía empadronado en Ashikaga, una pequeña ciudad en la prefectura de Tochigi.
Por su parte, el éxito tardó algo más en llegar para Kokoa Hatsune, que nació y creció en un pequeño pueblito muy tradicional a las afueras de Saitama; sus padres querían que siguiera las costumbres y fuera la perfecta ama de casa con muchos hijos, pero ella soñaba a lo grande, justo como mi padre, quizás fue por eso por lo que acabaron juntos. Eso, junto con su gran voz de soprano, la garantizó su entrada a los escenarios, destacando sobre todo por su gran dominio de los agudos que cautivaban en todas las representaciones en las que formaba parte. De hecho fue ella quien me enseñó a trabajar estos tonos, entrenando la voz y siendo capaz de sacar mis mejores agudos en canciones como World is mine o Tell your world.
Y también estaba Makoto Hatsune, mi hermano mayor, que también se dedicaba a la música como todos en la familia, no obstante desde una perspectiva distinta; aunque los dos nacimos en Japón, siendo japoneses de nacimiento, Makoto pasó mucho más tiempo viviendo en California que en Tokio, empapándose mucho más de la música de allí y uniéndose a una banda de rock de la cual él es el vocalista. Siempre andaba de aquí para allá en conciertos y giras, pero mi madre me dijo que para ese verano estaría de vuelta tras una larga temporada fuera, por lo que podríamos estar todos juntos de nuevo tras tanto tiempo separados.
Finalmente llegué al aeropuerto internacional de Los Ángeles en torno a las ocho de la tarde, la soleada California me saludó nada más llegar con un calor de lo más húmedo, aunque era lo normal para esa época del año. El desembarco fue rápido al no haber muchos pasajeros, dirigiéndome directamente hacia las cintas transportadoras para recoger el equipaje. Normalmente ese solía ser el momento más aburrido cuando se viaja en avión, ya que entre que abren las compuertas, lo comprueban todo y lo llevan hacia las cintas pueden llegar a pasar unos buenos veinte o veinticinco minutos, e incluso más. Y, por supuesto, siempre estaba la posibilidad de que acabara extraviado, pero si se facturaba todo bien en principio no tiene por qué suceder nada extraño. Por suerte en poco menos de diez minutos la cinta se puso en marcha y las primeras maletas comenzaron a aparecer, llegando a distinguir la mía gracias a sus vivos colores. Una vez la tuve conmigo salí de la terminal hacia el vestíbulo.
Evidentemente no iba a salir a la jungla de asfalto así sin más, mis padres sabían que venía y habían venido a buscarme. Escudriñé entre la multitud, no sería muy complicado ubicarles ya que después de todo tan solo tenía que buscar rasgos asiáticos como los míos entre un mar de occidentales. Al contrario que otras veces en las que una marea de fans nos esperaba a la salida de la terminal, que nadie me abordara como un loco y me pidiera un autógrafo como si le fuera la vida en ello fue bastante agradable a la par que extraño al mismo tiempo, ya que de cierta forma me había acostumbrado a las aglomeraciones y los recibimientos calurosos. Sin embargo lo único caluroso esta vez era el ambiente, agradeciendo el haberme marchado con un conjunto mucho más fresco y veraniego, compuesto por una camisa de tirantes blanca, mi eterna corbata de vestir de color turquesa, una minifalda negra con los motivos típicos de Yamaha, medias negras de licra y zapatos de vestir. Formal, pero no en exceso, supongo que mi tiempo como idol ha repercutido en ese aspecto, aunque no me molesta en absoluto.
Finalmente, y andando un poco hacia delante, les vi y eché a correr hacia ellos particularmente emocionada. Mi madre fue la primera en adelantarse y me estrechó entre sus brazos con particular fuerza, cubriéndome a besos.
-¡Miku, cariño, cuánto me alegro de verte!
-¡Hola mamá!-exclamé yo dejándola hacer, después de todo llevábamos mucho tiempo sin vernos.
Siempre me habían dicho que tenía los ojos de mi madre, y después de todo ese tiempo sin verla podía asegurar, sin ningún atisbo de duda, que así era. También decían que era casi tan guapa como ella, sin embargo ahí ya no estaba tan de acuerdo, siendo ella mucho más guapa que yo y con diferencia. De pelo largo, ondulado y castaño claro siempre tenía una sonrisa cariñosa y muy maternal dibujada en su cara.
En cuanto terminó de mimarme y achucharme me miró un poco mejor, comentándome de seguido.
-¡Pero mírate, cariño, si ya estás hecha toda una mujercita! Ay, mi niña se ha hecho mayor…
-Oh, venga ya, mamá, tampoco es para tanto…
-Por esta vez estoy de acuerdo con tu madre, cielo, realmente has crecido en todos los sentidos, y por mi parte se refiere no puedo estar más orgulloso-añadió entonces una voz detrás de mi madre.
-¡Papá!-exclamé entonces, abrazándole de seguido.
Si de mi madre saqué los ojos y su capacidad de canto, de mi padre heredé principalmente el gusto por la composición y su persistencia. De ojos claros, parecidos a los míos, pelo corto moreno y complexión delgada, su finura y elegancia se podía equiparar a las mías propias casi al milímetro. Sin embargo, y aunque a veces se viera como un hombre muy estirado, era un padre atento y cariñoso, siempre estando a bromas con mi madre y picándose entre ellos mutuamente siempre que podían.
-Vamos para el coche, debes estar cansada.
-Sí, un poco…
Una vez fuera pude comprobar la diferencia de temperatura en mis carnes, aunque ya empezaba a atardecer la humedad estaba muy presente y esto acentuaba aún más el calor. Por suerte el coche no estaba muy lejos, comprobando por mí misma de qué modelo se trataba.
-¿En serio, papá? ¿Un Corolla?
-Vaya, pensaba que te iba a hacer más gracia a decir verdad.
-Pues no te pega, qué quieres que te diga...
-¡Pero si salías de lo más mona en los anuncios! Si al final tu padre se lo compró fue precisamente por ti…-añadió mi madre, divertida.
Ante eso tan solo rodé los ojos con gesto cansado; aún recordaba la promoción del por aquel entonces nuevo modelo del Toyota Corolla en 2011, fue precisamente idea de Master y se lo vendió tan bien a los ejecutivos de Toyota que finalmente logró convencerles. He de admitir que rodar los spots fue divertido, y la promoción fue todo un éxito, aunque no me esperaba para nada que mi padre fuera de comprarse un Toyota sólo por eso.
-Sigo pensando que no te pega, eso es todo.
-¿Ah, no? ¿Y entonces qué me pegaría más?
-Pues seguramente algo más moderno, más aerodinámico… un Ford, quizás, o bien un Mercedes…
-Mmmh, lo tendré en cuenta para cuando me compre el siguiente, aunque éste sigue tirando muy bien.
Dejé la maleta en el maletero y nos pusimos de camino a casa.
Hacía ya un largo tiempo desde la última vez que estuve en esa ciudad, de vez en cuando solíamos venir a veranear y poco más, por aquel entonces era más pequeña pero ahora con mis dieciocho años la ciudad parecía verse de forma distinta. Apenas había cambiado, eso sí, pero ahora se veía más alta y ancha, o al menos esa era la sensación que me daba. Apenas me acordaba de casi nada, por lo que la vi pasar ante mí sin mucho interés.
El viaje hasta casa fue un poco largo ya que debíamos atravesar todo el distrito financiero y el centro de la enorme ciudad hasta Hollywood Hills, que era donde vivían mis padres. La casa seguía igual que siempre, y al contrario de lo que uno podía esperar de un barrio como ese no era, ni de lejos, una de las mansiones opulentas situadas en los puntos más altos de las colinas. Era amplia y espaciosa, eso sí, pero no se comparaba en casi nada a lo que normalmente había por allí.
Situada en una de las zonas más bajas de las colinas, y bastante cerca del distrito de Hollywood, era una casa de un estilo entre modernista y clásico, con tejado plano pero con aleros de tejas en los bordes, paredes blancas y ventanas con un corte más clásico y no tan minimalista. Tenía dos plantas, la baja y la superior; la baja incluía cocina con isleta, un salón-comedor bastante amplio, un baño pequeño, garaje y un pequeño estudio musical en el que mi padre normalmente trabajaba. En la planta superior estaban los dormitorios, un total de cuatro, dos baños grandes (uno de ellos contiguo a la habitación de mis padres) y una pequeña sala de juegos donde teníamos la gran mayoría de medios electrónicos y de entretenimiento, tales como un ordenador de sobremesa, una cadena musical, una televisión a la que estaba conectada la gran mayoría de consolas de videojuegos (casi todas de mi hermano) y varias de sus guitarras eléctricas, ya que además de vocalista también tocaba de vez en cuando. Finalmente, y en un jardín de lo más cuidado, había una pequeña piscina que todos los veranos usábamos.
Nada más llegar me dirigí directamente a mi habitación para deshacer la maleta y empezar a ordenar algunas cosas que me traje conmigo, principalmente ropa y otros efectos personales; de entre varias de las cosas que me traje de Japón había varias fotos enmarcadas que llegamos a imprimir, en una salíamos todos juntos sonrientes y felices tras el término de un concierto de lo más exitoso. En otra aparecía yo posando junto con Master y Thelma, recordaba que esa fue idea mía ya que quería tener una foto con ellos y así poder recordarles cada vez que la viera. Aunque hubo una en concreto que copó toda mi atención, esbozando una triste sonrisa al verla. Y es que en ella Luka y yo aparecíamos abrazadas y con dos amplias sonrisas grabadas en nuestras caras; recordaba el momento en que nos hicimos esa foto, fue en aquel fotomatón, justo cuando dejamos de hacer el bobo y nos pusimos más serias. Fue un día estupendo, de esos que nunca olvidarías por mucho que lo intentaras. Y así, perdida en mis recuerdos y pensamientos, oí una voz tras de mí que decía.
-¿Es ella?
Me sobresalté un poco ante la abrupta voz de mi madre, sin embargo no le di mayor importancia y murmuré.
-Ah, sí…
-Es muy guapa… a ver si te la traes alguna vez y nos la presentas…
Ante eso volví a esbozar una triste mirada, murmurando de seguido.
-Sí, bueno, el caso es que… ella y yo… ya no…
Mi madre me miró con gesto inquisitivo, un tanto extrañada por mí, sin embargo no hizo falta decirla mucho más. Mi madre siempre había sido muy intuitiva, y ese momento tampoco fue ninguna excepción.
-Ya veo… puedo entenderlo, a mí también me costaría estar lejos de tu padre, aunque por lo que veo hay algo más ¿verdad?
Suspiré, algo atacada, sin embargo logré reunir algo de valor y me dirigí a ella con gesto dubitativo.
-Mamá, tú… ¿estás bien con… con que yo sea…?
Antes de que pudiera siquiera terminar la pregunta me cortó entonces con un súbito abrazo, al tiempo que murmuraba.
-Miku, cariño ¿cómo me va a importar algo así? Eres mi hija, mi pequeña niña ¿cómo voy a dejar de quererte sólo por el simple hecho de amar a una persona? No seas tonta…
Sentí entonces un gran alivio apoderándose de mí, devolviéndole el abrazo a mi madre mientras murmuraba.
-Gracias, mamá…
-Oh, Miku…
Aun a pesar de mis dudas iniciales, en el fondo sabía que no tenía nada que temer, y en ese sentido mi madre me lo había confirmado ella misma; la verdad es que me consideraba de lo más afortunada en ese aspecto, mis padres siempre habían estado ahí para mí sin importar qué. Y en esos momentos era algo que me hacía inmensamente feliz.
Vale, tiempo muerto, voy a aclarar algo. Ya sé que dije que me retiraría y dejaría de escribir (cosa que aún no sé cuando sucederá, por cierto), pero digamos que esto es algo que me debía desde hacía un tiempo. No sé si os acordaréis de que llegué a subir en su día un "Proyecto Vocaloid" en el cual presentaba una historia típicamente escolar rodeada de clichés. No era algo malo como tal, pero cometí el error de querer involucrar a la comunidad. Aquello acabó como el rosario del aurora y la idea no terminó de cuajar, por lo que abandoné el proyecto al no haber tocado la tecla adecuada.
Desde entonces escribir una historia de Vocaloid se convirtió en una espinita que se me quedó clavada en lo más profundo, y mentiría si me dijera que no me molestaba. Sin embargo, y un buen día en que me aburría, me topé con la historia "Mi vida con Vocaloid" de Al Dolmayan y, tras leerla, se me volvió a encender la bombilla. Quiero agradecer al susodicho por darme permiso para continuar con esta idea y estar abierto a una interpretación distinta de la historia, pero con acontecimientos posteriores. Y sí, aconsejo leer antes "Mi vida con Vocaloid" para entender mejor lo que leeréis aquí.
Ahora, centrándonos en la historia, ésta será cortita (no quiero dar ninguna estimación por si al final no la cumplo, pero no serán muchos capítulos) y me centraré sobre todo en Miku y en su nueva vida tras los acontecimientos acaecidos en el primer fic. Puede que algunos os estéis cagando en mis muelas por separar a las dos tortolitas, pero tranquilos, que será algo temporal.
Y eso es todo de momento, quería dejar lo que ya estaba escrito subido, ya continuaré cuando toque. Espero que os guste, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
