Capítulo 2

Esto es Hollywood

Los siguientes días pasaron lenta y tranquilamente mientras me pegaba la vida padre en todos y cada uno de los sentidos de la palabra. Los meses posteriores a la disolución de VOCALOID en Japón fueron en parte de relax debido a esto mismo, pero también tuvimos que centrarnos en terminar nuestra formación escolar, por lo que no fue de relax total en ese sentido. Es por eso que, en comparación, la estancia en Los Ángeles era total y exclusivamente de relax y no hacer nada salvo descansar y divertirme, al menos a mi manera.

La temporada coincidió sobre todo en que mi madre no tenía ensayos ni encargos, por lo que pasábamos el tiempo juntas la gran mayoría de las veces yendo a la playa de Santa Mónica, de compras por Sunset Boulevard o visitando sitios turísticos de la ciudad de los que apenas me acordaba. Dimos una vuelta por el paseo de la fama de Hollywood, fuimos a ver el cartel homónimo (aunque de lejos, ya que no dejaban pasar desde hacía ya un tiempo), Olvera Street y su plaza (donde la ciudad nació), el observatorio Griffith, los pozos de brea de Rancho La Brea, Beverly Hills, el centro de la ciudad, entre muchos otros. Lo que más destacó de todas esas visitas es que no tuve ningún problema a la hora de moverme por la ciudad sin tener que usar pelucas o esconder mi identidad, ya que nadie me paraba por la calle para pedirme un autógrafo o hacerse una foto conmigo. Algún que otro fan de VOCALOID llegaba a reconocerme, pero por suerte no montaban ningún pollo como los que se solían montar cuando estaba en Japón, agradeciéndolo en ese sentido, ya que la fama allí se vivía de forma completamente diferente.

En una de esas veces en las que me pararon, tan solo me tuve que tomar una foto con un chico y una chica otakus mientras iba de compras por Little Tokio; en cuanto terminé me reagrupé con mi madre enseguida, la cual me comentó de pasada.

-Menos mal que sólo se trata de fotos, me imagino que en Tokio sería todo más complicado…

-Bof, si tú supieras, teníamos que salir prácticamente disfrazadas con pelucas y maquilladas para que nadie nos reconociera, alguna que otra vez tuvimos problemas en ese sentido y Master nos tenía que ayudar para salir de donde estuviéramos en ese momento…

-Madre mía, debía de ser duro…

-Mucho, sí, es por eso que agradezco toda esta tranquilidad, aunque…

-¿Aunque?

Abrí la boca para hablar, sin embargo me encontré con que no supe muy bien qué decir a continuación; de alguna manera, y aun a pesar de ser una vida de lo más ajetreada, echaba un poco en falta sobre todo la emoción de cantar y actuar en público, sin embargo tampoco descartaba para nada la tranquilidad y la paz de los últimos días. Aun así preferí no darle mayor importancia, comentando de seguido.

-No, no es nada, tranquila…

-¿Segura?

-Del todo, de verdad ¿cuándo volvía Makoto?-inquirí entonces para cambiar de tema.

-Este fin de semana, iremos a recogerle a la estación de tren de Union Station.

-Qué bien, tengo ganas de verle…-murmuré de lo más animada.

Y eso era particularmente cierto, hacía mucho tiempo que no le veía y tenía ganas de reconectar con él tras todo ese tiempo separados. Al contrario de lo que muchas películas y series promedio tienden a mostrar, Makoto siempre había sido un muy buen hermano mayor para mí, no era del tipo que chinchaba sólo por ser el mayor, ayudándome siempre cuando más lo necesitaba y apoyándome en los momentos difíciles. Al igual que mis padres, él también me había animado a ser idol, por lo que volver a verle era algo que tenía muchas ganas de hacer.

Tras ese breve paseo por Little Tokio nos dirigimos a Broadway, dónde se concentraban la gran mayoría de teatros y salas de cine de la ciudad; mi madre me estuvo haciendo un rápido tour, ya que había actuado en muchos de ellos, y esa vez fue su turno para ser parada y fotografiada por gente que la reconoció al pasar. Estuve esperando pacientemente a que terminara con algunas peticiones de autógrafos, incluso algún que otro fan se lanzaba a hablar con ella, llegando a presentarme un par de veces, pero por suerte no llegaban a ir más allá, sorprendiéndome en ese aspecto.

-Caramba, qué gente más lanzada ¿no?-inquirí cuando la última pareja se fue.

-Sí, bueno, a veces pasa, pero no es algo que me moleste ni mucho menos… ah, mira, el teatro Orpheum, en éste es donde más veces he actuado, vamos a pasarnos un momento a ver si está un buen amigo mío que es director de obra…

Entramos en el susodicho teatro y mi madre se dirigió a los camerinos para ver si había alguien que la pudiera indicar, diciéndola que estaba de audiciones con un grupo nuevo para una nueva obra. Sin dudar en ningún instante, mi madre se adelantó y entramos en la platea de la sala principal, donde varias cantantes se encontraban de receso subidas en el escenario. En cuanto estuvimos lo suficientemente cerca, mi madre exclamó.

-¡Paolo!

El aludido se levantó como un resorte al oír su voz, dándose la vuelta y exclamando en cuanto la vio.

-¡Kokoa, mi bellíssima perla oriental, a mis brazos querida!

Un hombre de mediana edad, claramente europeo, de facciones rectas, alto, de pelo rizado y ojos castaños se acercó hasta mi madre y la dio un efusivo y cariñoso abrazo, siendo el primero en hablar.

-¡Qué sorpresa, no te hacía por aquí! Estás de receso ¿no?

-Así es, pero como pasaba por aquí me he dicho: voy a ver si está mi querido Paolo…

-Oh, querida, me halagan tus palabras… ¿quién te acompaña?-inquirió en ese momento, fijándose en mí.

-Es mi hija pequeña, Miku, ha venido a pasar una temporada en casa con nosotros. Miku, éste es Paolo Santoro, un director de obra amigo mío con el que he trabajado bastante-hizo mi madre las presentaciones.

-¡Ah, sí, así que esta es la famosa Miku de la que tanto me hablabas! Un placer conocerte, querida, permíteme decirte que tienes los ojos de tu madre…

-Muchas gracias, aunque ella es quien los luce mejor, a decir verdad…-murmuré rápidamente, quitándole hierro al asunto.

-Oh, cariño, no hace falta que digas eso…-comentó ella, algo turbada.

-¡Una bella donna y humilde, está claro que es tu hija, Kokoa!

-Bueno, bueno, no sólo ha heredado mis ojos, canta tan bien como yo realmente…

Ante eso quise decir algo, notando por dónde iban los tiros, sin embargo Paolo se adelantó, comentando con sorpresa.

-¿Es eso cierto? ¿Tan bien como tú, Kokoa? Dudo mucho que haya alguien más que pueda igualarte en agudos…

Esta vez fue mi turno para intervenir, notando cómo algo dentro de mí se encendía por mucho que intentaba hacer justamente lo contrario.

-Fue precisamente ella quien me enseñó, de hecho…

Esa afirmación dejó del todo anonadado a Paolo, el cual decidió rápidamente echar el resto comentando.

-No quiero pecar de entrometido, querida, pero… ¿serías tan amable de mostrármelo? No es que no me lo crea, ni mucho menos, pero después de oír tantísimas veces a tu madre dando el do de pecho en agudos me es difícil concebir que alguien más llegue a su nivel…

Miré a mi madre con un gesto entre inquisitivo y represivo, a lo que ella tan solo se limitó a encogerse de hombros haciéndose la tonta; rodé los ojos levemente, mientras mi mente se debatía entre negarme o complacer a mi madre más que a Paolo. Sabía muy bien por qué lo hacía, y mentiría si dijera que, en el fondo, una parte de mí quería volver a subir a un escenario después de todo ese tiempo. Que tampoco era tanto en comparación, pero aun así ese deseo, ese anhelo, seguía estando ahí conmigo, haciéndome compañía, como si estuviera esperando una oportunidad para volver a salir. Y, en esos momentos, parecía que por fin había llegado. Para bien o para mal.

-Está bien, por qué no…-murmuré finalmente, haciendo de tripas corazón.

-¡Maravilloso, esto es algo que quiero ver y escuchar! ¡Chicas, por favor, desalojad un momento el escenario!-exclamó Paolo, dirigiéndose a las demás.

Aproveché entonces ese momento para acercarme a mi madre y decirla por lo bajo.

-Esta te la guardo…

-¿Y eso por qué, cariño?-inquirió ella, fingiendo extrañeza.

Preferí dejarlo ahí, repasando mentalmente mi repertorio; si se trataba de mostrar mis agudos, un buen tema para ello sería, sin lugar a dudas, World is mine. Dado que no tenía conmigo una maqueta ni nada parecido, tuve que improvisar con la ayuda del staff del teatro para conseguir, al menos por internet, una base de la canción que pudiera usar para la representación. Mientras tanto, aproveché para dirigirme a Paolo y comentarle el detalle de mi propia música en sí.

-Por cierto, Paolo…

-Dime, querida.

-Dado que estuve un tiempo trabajando como idol yo tan solo canto en japonés, espero que no sea ningún inconveniente…

-¡Para nada, tú canta como mejor te sientas, la música sigue siendo la misma independientemente de la lengua en que se cante!

Esa frase me dejó un tanto sorprendida, ya que después de todo era tan obvia de por sí que era sencillo pasarlo por alto. Aun así comencé a prepararme para cantar, calentando un poco la garganta, ya que después de todo había pasado un tiempo desde la última vez que lo hice. Para cuando terminé, los del staff ya habían conseguido una versión instrumental buena y decente de la canción, pasándosela a los de sonido y teniéndolo todo listo rápidamente.

Sin mayor dilación subí al escenario, viendo a mi madre, mirándome con gesto divertido, y a Paolo, que hacía lo propio con expresión intrigada y ansiosa por escucharme. Las chicas que estaban de audición también se sentaron cerca, invitadas por el propio Paolo. Dejé escapar un pequeño y casi inaudible suspiro y, tras un gesto mío, el audio comenzó a sonar. Y yo a cantar.

World is mine se consideraba ya todo un clásico de VOCALOID, no había ni un solo concierto en todos los que estuvimos en el que no la cantara, y ya me la sabía de memoria incluyendo coreografía. Escrita y compuesta por Ryo de Supercell, un grupo de doujin, me fue adjudicada por Master desde el primer momento que la escuchó ser cantada por mí, convirtiéndose en ese sentido en mi tema principal, por así decirlo. El tema en sí hablaba de una chica de lo más mimada que se autodenomina una princesa y piensa que todo el mundo gira a su alrededor, incluyendo a un chico distante del que se enamora y al cual le canta cómo debe tratarla. De buenas a primeras todo el mundo daba por sentado que esa chica se trataba ni más ni menos que una servidora, pero nada más lejos de la realidad. Aunque es cierto que a veces suelo ser un poco exigente según qué cosas, para nada era tan mimada como la canción pintaba, sino todo lo contrario. Después de todo tan solo era un personaje de la propia canción, pero por alguna extraña razón todo el mundo pensaba que se trataba de mí. Aun así no le di más vueltas y me concentré en cantarla como mejor sabía, dándole un mayor énfasis a los agudos en los momentos clave: entre estrofas y justo al final. Fue en estos momentos cuando Paolo se quedó de piedra al comprobar que entonaba exactamente igual que mi madre, la cual me escuchaba cabeceando al ritmo de la canción y acompañándome sobre todo en los estribillos. Finalmente rematé la canción con el último agudo que prolongué más de lo normal y terminé haciendo la pose final de la coreografía.

Nada más terminar, Paolo se levantó de su asiento aplaudiendo a rabiar mientras exclamaba.

-¡Bravo, bravísimo, qué agudos, son los mismos! ¡Kokoa, eres tú en todo y cada uno de los sentidos, es increíble, se nota que es tu hija!

Mi madre tan solo esbozó una sonrisita, mirándome con orgullo, mientras que por mi parte no pude evitar sonrojarme un poco; aunque estaba acostumbrada a que me elogiaran desde el punto de vista de una idol, no lo estaba tanto desde el punto de vista más normal, ya que después de todo había dejado de serlo.

-¡Tienes una voz angelical! ¿Has pensado en dedicarte a la ópera como tu madre, querida?-inquirió en ese momento Paolo.

Esa pregunta me cogió con la guardia baja, apresurándome a contestar al respecto.

-Oh, no, qué va, prefiero dejárselo a ella…

-¿Segura, cariño? No me importaría compartir el escenario contigo…

-Segura, ya sabes que yo soy más de pop y derivados…

-Bueno, da igual lo que hagas con tal de aprovechar ese gran talento que tienes, eso desde luego. ¡Una voz como la tuya está hecha para brillar en cualquier circunstancia, querida! No lo olvides.

-Está bien…

Sus palabras me dieron qué pensar, aunque no las tenía todas conmigo, a decir verdad.

Finalmente nos despedimos de él y volvimos a la calle, una vez solas me dirigí a mi madre con voz queda.

-¿Qué? ¿Contenta?

-¿Yo? Ya sabes que sí, cariño, mentiría si te dijera que no tenía ganas de escucharte de nuevo cantar, además, esa canción fue de las primeras ¿verdad?

-Sí, de las de mi repertorio concretamente.

-Es de las que más me acuerdo porque siempre me hacía mucha gracia, no eres tú para nada pero sin embargo todo el mundo te reconocía por ella.

-Ya… en ese sentido me alegro de no seguir siendo una idol, si te soy sincera, al menos ahora puedo mostrarme tal y como soy. Pero por otro lado…

Me quedé callada por un momento, no muy segura de si seguir con esa conversación, sin embargo mi madre tan solo sonrió y respondió por mí rápidamente.

-Es por la música ¿verdad?

Ante eso tan solo suspiré, sin poder evitar sentirme un tanto desnuda ante ella en ese sentido. Sin embargo no tenía sentido seguir negando lo evidente.

-Sí, aunque no quiero precipitarme así sin más, después de todo no llevo tanto tiempo aquí y yo… no quiero volver a separarme de vosotros después de todo.

-No tienes por qué hacerlo si no quieres, cariño, aunque si me lo preguntas a mí te diría que te lo tomaras con calma, tienes toda una vida por delante y mucho talento también. Después de todo, y visto lo visto, es algo que corre en esta familia ¿no crees?

No pude evitar esbozar una sonrisa, ya que después de todo tenía razón. La música era algo que formaba parte de nuestras vidas de forma muy profunda, y en ese sentido no había razón para sentirme así, al menos en ese momento. Por ahora lo mejor que podía hacer era descansar y divertirme. Luego, el tiempo diría.

-Gracias, mamá…

-Oh, no es nada, cielo, ya sabes que mamá sabe más.

Ante eso nos reímos confidentemente, sin poder evitar abrazarla con cariño. Definitivamente sentía que, por el momento, mi sitio estaba allí con ellos. Y nada más, salvo la música, opacaba mis pensamientos.


Cuando no salía por allí con mi madre, la otra parte del tiempo lo pasaba en casa relajada leyendo, metiéndome en la piscina cuando el calor más apretaba, jugando videojuegos y hablando con mis amigos por Skype o Discord. Por mucha distancia que hubiera entre nosotros, eso no nos detenía para seguir hablando mediante todos los medios disponibles a nuestro alcance. El grupo de Whatsapp era lo que más usábamos para conversaciones esporádicas, pero desde el ordenador siempre era mucho más directo, y a veces nos pasábamos las horas muertas hablando de todo un poco y viendo vídeos juntos compartidos.

-¡Hola Miku! ¿Qué tal por EEUU?

-Hola Meiko, pues bien, de vuelta con mis padres y relajándome.

-¡Qué bien, Gakupo y yo también hemos vuelto a casa con nuestros padres! ahora él está aprendiendo un poco del negocio por si tuviera que llevarlo en caso de necesidad, pero sigue tan apegado a sus costumbres como siempre. ¡Y tengo un gatito nuevo! ¡Mirad!

-¡Qué mono!

-Me alegro por ti, Gumi…

-¡Gracias! Oye Meiko ¿has vuelto competir recientemente en alguna de tus carreras?

-¡Por supuesto! Ahora que no hay ningún contrato de por medio soy libre de quemar rueda cuando quiera, aunque ya no lo hago tanto como antes debido al toque de atención de mis padres, pero bueno, se hace lo que se puede…

-¡Así me gusta! Siempre he pensado que tienes tu lado responsable, Meiko…

-¡Por supuesto! ¿Por quién me tomas?

-¿Y qué hay de vosotros, Rin y Len, cómo estáis?

-¡Oh, pues muy bien también!

-¡Volvimos a las aguas termales de nuestros tíos con Kii y les hemos estado ayudando con el negocio!

-Ah, entonces como yo, cambiasteis de aires…

-Básicamente. ¿Y qué hay de ti, Luka?

-No mucho realmente, yo también ando de relax, no hay mucho más que comentar…

-¿No? Vamos, algo te debes estar guardando…

-No realmente, estoy bien, tranquila…

En el fondo sabía por qué lo decía, sin embargo preferí dejarlo estar para que los demás no se preocuparan, cambiando rápidamente de tema y hablando de cosas más triviales.

Por otro lado, y aunque con mi madre habíamos recuperado mucho tiempo juntas, no era lo mismo con mi padre. A diferencia de ella, él seguía trabajando y no tenía tanto tiempo para mí en comparación, sin embargo eso no me impedía a mí sacar tiempo de donde fuera. Una tarde entré en su estudio y le vi enfrascado sobre una alargada partitura en la que iba componiendo las melodías para las películas. Llena de curiosidad me acerqué a él y le saludé.

-Hola papá.

-Hola, Miku…

-¿En qué trabajas?

-En la banda sonora para una nueva película de la Warner…

-Oh ¿de qué se trata?

-Me temo que no puedo decirte nada, he firmado un contrato de confidencialidad de lo más estricto que me impide contar nada a nadie.

-Vaya… ¿ni siquiera a mí?

-Ni amigos ni familiares, lo siento.

Eso me dejó un tanto abatida, ya que confiaba en poder hablar con él aunque sólo fuera de trabajo; aun y con todo, en ese momento comentó.

-Sin embargo el contrato no dice nada acerca de mostrar la composición en sí, así que puedes echar un vistazo… si te atreves, claro está.

Ante eso esbocé una sonrisita, sabiendo por qué lo decía; y es que más de una vez había llegado a ayudarle en alguna ocasión, con unos resultados de lo más destacables. Me incliné sobre la partitura, viendo que en realidad se trataba de la parte de los violines, al tiempo que mi padre comentaba.

-Estoy escribiendo para una escena dramática que luego desemboca en otra llena de acción, a ver qué te parece la transición.

-Vale, a ver…

Mis ojos recorrieron la composición como una centella, interpretando cada nota en mi cabeza y montando la consiguiente melodía, tarareándola por lo bajo. Como bien me esperaba, llevaba el sello de mi padre de principio a fin, notándose su mano en todo momento. Me centré sobre todo en los extremos, si algo caracterizaba a mi padre eran los puentes musicales, que los ejecutaba con gran maestría, cosa que también me enseñó en su día. Bamboleé mi cabeza al ritmo de la música, notando enseguida el cambio, siendo de lo más fluido. No había nada que pudiera mejorarse a simple vista, sin embargo vi algo que me llamó la atención.

-Está muy bien, aunque… prueba a meter un par de semicorcheas justo aquí, seguido de un sostenido…

-Adelante, hazlo tú.

-¿Puedo?

-Claro, todo tuyo.

Cogí un lápiz y agregué un par de notas nuevas, sin embargo me lo pensé mejor y uní las últimas cuatro semicorcheas, seguidas después del sostenido, todo bajo una clave de sol a tres cuartos.

-¿Qué te parece así?-inquirí en cuanto terminé.

Mi padre revisó el añadido, esbozando una sonrisita en cuando acabó.

-Me gusta, le añade un poco más de énfasis, aunque permíteme que termine de rematarlo.

Entonces, y para mi sorpresa, justo al final, terminó con una figura puesta a contralto y seguido por su correspondiente silencio que hacía tiempo que no veía.

-¿Una garrapatea? Pero si ya apenas se usa…

-Lo sé, pero siempre ha sido una figura que me ha gustado mucho como suena, le da más brío a la composición… ya sabes que yo soy todo un clásico.

-Sí, lo sé… queda bien además, lo remata de forma distinta, me gusta.

-Bien, pues con esto esta parte está terminada. Gracias por ayudarme, hija.

-¡Qué bien! ¿Eso significa que ya estarás más libre?

-No del todo, me han pedido en el estudio que supervise algunas de las grabaciones, así que tendré que ir…

-Oh…

-No puedo llevarte como tal a las grabaciones, pero sí que puedes estar en el estudio, de hecho hacen visitas guiadas por allí, si quieres puedes acompañarme, ver los estudios y luego cuando salga vamos a tomar algo.

La idea, aunque no me atraía mucho de buenas a primeras, al final acabó convenciéndome y acepté más por el hecho de pasar más tiempo con mi padre después, aunque por otro lado podría ser divertido ir de visita a los estudios.

Lo bueno era que no estaba muy lejos de casa, ya que Burbank no formaba parte de la ciudad como tal al tener su propia mancomunidad aparte, al menos administrativamente hablando, le pasaba algo parecido a lugares como Santa Mónica, Beverly Hills o San Fernando. En poco menos de media hora yendo en coche nos plantamos allí y mientras mi padre se metía en uno de los tantos estudios que allí había, yo me dirigí al edificio donde comenzaba el tour.

El recorrido comenzó dando una vuelta por las calles principales de los estudios y parándonos en los puntos más destacados mientras nos contaban la historia del lugar, aunque lo que más destacaba en altura era la famosa torre de agua del complejo, donde nos detuvimos brevemente mientras la guía nos explicaba.

-Ah, y aquí está el principal icono de nuestros estudios, a ver, a ver ¿Quién sabe quiénes están encerrados allí arriba?

Esa pregunta cogió por sorpresa a algunos de los niños que allí había, despertando su curiosidad, mientras que algunos adultos esbozaban graciosas sonrisitas; por mi parte se refería me hice una idea aproximada de cuál podría ser la respuesta, sin embargo un niño contestó con la ayuda de su padre.

-¡Los Animaniacs!

-¡Exacto, los revoltosos Yakko, Wakko y Dot Warner acaban ahí arriba cuando se meten en líos! Será mejor que los dejemos estar si no queremos acabar completamente locos…

Todo el minibús se rió ante la ocurrencia, al tiempo que la guía seguía explicando.

-Fue construida en 1927, tiene cien pies de altura y capacidad para almacenar cien mil galones de agua, aunque ya no se usa como tal. Antes estaba justo al lado del cuartel de bomberos, pero luego fue trasladada a su ubicación actual principalmente para prevenir incendios, ya que la celulosa por aquel entonces era altamente inflamable.

Tras ese breve apunte continuamos el tour, esta vez entrando en algunos estudios y viendo partes de algunos antiguos decorados de lo más famosos, entre ellos los de la serie Friends, una amplia colección de batmóviles usados en las distintas películas de Batman, vestuario proveniente de las películas de Harry Potter, entre muchos otros. Fue particularmente interesante, aunque eché un poco en falta el poder verlo con mi padre.

Tras finalizar el tour me dirigí al estudio cuatro, justo enfrente de la torre de agua, y mi padre salió al poco rato cargando con sus cosas.

-¡Hola papá!

-Hola cariño. Bueno, pues esto ya está.

-¿Entonces ya estás libre del todo?-inquirí con emoción.

-En principio sí, a no ser que al productor se le vuelvan a cruzar los cables y le dé por que cambie algo de nuevo…

-Espero que no… ¿les ha gustado la parte de los violines?

-Sí, me dijeron que estaba loco por utilizar una garrapatea en una composición contemporánea, pero ya ves, aquí tienes a tu loco padre…

-Ah, ya ves tú, como si hubiera cosas peores…

-Pues sí, vamos a tomar algo.

Salimos de los estudios y buscamos un sitio donde relajarnos, no muy lejos de allí estaba Magnolia Park, un centro de ocio de lo más destacado, encontrando allí una cafetería y sentándonos en la terraza mientras hablábamos de todo un poco.

-¿Y qué tal todo, cielo? ¿Te aclimatas bien?

-Ah, sí, sin problemas, me alegro de volver a estar con vosotros tras todo este tiempo fuera…

-Tu madre me comentó que aún echas de menos toda esa vida ¿quieres hablarlo conmigo?

Esa pregunta me cogió un poco con la guardia baja, ya que no me esperaba que mi padre fuera a ser tan directo conmigo. Sin embargo en el fondo no me extrañaba, ya que él siempre había sido de decir las cosas tal y como eran, y en ese sentido no era tan raro de por sí. Por lo que, sin darle muchas más vueltas, finalmente decidí echar el resto y comenté.

-No es tanto por la vida de idol, sino más por la música. Lo de ser idol estaba bien aun a pesar de los menos, pero hasta ahora no me arrepiento de haber venido aquí con vosotros. Supongo que es algo que tengo en mí independientemente de otra cosa…

Ante eso mi padre sonrió con gesto comprensivo, sin tardar mucho más en opinar al respecto.

-Bueno, creo que hablo en nombre de todos en esta familia si digo que lo nuestro es el talento con la música…

Ante eso esbocé un gesto obvio en mi rostro, queriendo decir algo al respecto, sin embargo mi padre se adelantó y continuó.

-Es considerado de tu parte que nos tengas en cuenta tanto a tu madre como a mí, pero eso no debería ser un impedimento para ti de ningún modo, cielo.

-¡Pero no lo es! Como ya te he dicho se trata de la música, y eso no quiere decir que me vaya a volver a ir porque no lo voy a hacer. Estoy muy a gusto con vosotros y no quiero marcharme-insistí, muy convencida.

-Pero… algo quieres. Y creo saber el qué.

Me quedé entonces callada, sin saber muy bien qué decir a continuación; en el fondo sabía muy bien lo que quería, pero tampoco quería precipitarme así sin más, sin antes haberlo pensado bien. Quise decir algo al respecto, sin embargo mi padre se adelantó comentando.

-¿Sabes? Tengo un par de contactos que trabajan en WaterTower Music, el sello discográfico de la Warner, si quieres puedo hablar con ellos y pedirles que te hagan una audición…

-¿Una audición? No sé, papá, después de todo mamá me dijo que me lo tomara con calma, y creo que va a ser lo mejor que puedo hacer de momento-admití, sin mayores rodeos.

-Como veas, pero si al final te animas dímelo y yo hablo con ellos.

-Gracias de todas formas…

-No tengas miedo a expresar lo que sientes, Miku, después de todo si algo sabemos todos aquí es que la música es el reflejo del alma. Si alguna vez no sabes expresar lo que sientes como tal, hazlo con una canción, o escribe una melodía, quien sabe lo que puede salir de eso que sientes que te atenaza.

Las palabras de mi padre se quedaron conmigo y en mi cabeza, haciéndome pensar al respecto. Tal vez todo lo que había estado sintiendo recientemente me podría servir para algo más que sembrar dudas en mi cabeza. Después de todo, se trataba de música.


El trajín de gente yendo y viniendo no parecía tener fin, sin embargo sabía que no tendría problemas a la hora de encontrar a quien estaba buscando. Y es que entre las ganas que tenía de volver a verle y todo lo demás, no me sería particularmente complicado encontrarle entre una gran marea de occidentales. Un Amtrak estacionado en uno de los andenes se puso en marcha tocando la sirena y, de entre el gentío que salía al vestíbulo desde el acceso, lo vi.

-¡Makoto!

El aludido levantó la vista y, al verme corriendo hacia él, soltó las bolsas que llevaba y me recibió con una gran sonrisa y los brazos abiertos. Algo más alto que yo, de ojos más parecidos a los de papá y pelo corto, revoltoso y de un azul algo más oscuro, apenas había cambiado desde la última vez que lo vi.

-¡Miku, hermanita!

El abrazo posterior fue largo y muy fuerte, tan fuerte que casi me rompe las costillas.

-¡Auch!

-¡Huy, perdona, creo que me he pasado un pelín!

-¿Un pelín? ¡Casi me rompes entera! ¿Cuándo te has vuelto tan fuerte?

-Huy, te sorprendería saber cuánto dan de sí varias giras seguidas…

Lo demostró enseguida cargando él solo con todas las bolsas que llevaba consigo, un total de tres, además de la funda de una guitarra de lo más voluptuosa. Le ofrecí mi ayuda, pero la desestimó amablemente y nos acercamos hasta nuestros padres, los cuales se acercaron a nuestro encuentro.

-¡Makoto, cariño!

-¡Mamá, ahí estás!

Mamá fue la primera en saludarle, abrazándole con cariño, mientras que papá fue el siguiente, revolviéndole el pelo como siempre hacía cuando le veía desde pequeño.

-¿Las buenas costumbres, viejo?-inquirió Makoto, con sorna.

-Ya sabes que sí, hijo-asintió él, divertido.

Ante eso todos nos reímos confidentemente, al tiempo que notaba algo crecer en mi interior que hacía tiempo que no sentía. Por primera vez en mucho tiempo, los cuatro estábamos juntos de nuevo y volvíamos a ser una gran familia. Y sólo por eso, el hecho de haberme ido ya no se hacía tan duro como en un principio fue.

Yendo de vuelta a casa, durante el camino todas las preguntas fueron dirigidas directamente a Makoto, el cual las fue respondiendo a todas pacientemente, siendo mamá la primera.

-¿Y qué tal las giras, cariño?

-¡Genial, acabamos todos agotados pero muy satisfechos, hacíamos lleno en todas!

-¿Dónde habéis estado?-inquirí yo, curiosa.

-En muchos sitios, principalmente por el noroeste, Seattle, Portland, Cheyenne, Helena, Boise…

-Menuda pateada, espero que no os vuelvan a pedir una gira semejante-comentó en ese momento mi padre, conduciendo.

-¡Tranquilos, ya les hemos dicho a los de la discográfica que se relajen porque por mi parte se refiere, he cubierto el cupo para el resto del año! En caso de volver a actuar, no pienso salir de California, eso por descontado.

-Menos mal… ¡volvemos a estar todos juntos después de mucho tiempo! No sabéis bien lo que me alegra…-murmuró en ese momento mamá.

-Sí, la verdad es que sí…-asentí yo, esbozando una sincera sonrisa.

-¡Por fin puedo relajarme, y en compañía de mi querida hermanita! Al final dejaste lo de ser idol por lo que oí ¿no?-inquirió Makoto en ese momento, dirigiéndose a mí.

-Ah, sí, la cosa no acabó muy bien y al final nos disolvimos…

-¡Tienes que contármelo todo, apenas estoy enterado! Sé que has estado de aquí para allá porque te veía de vez en cuando por twitter, pero no mucho más…

-Sí, ha llovido mucho desde entonces, luego te cuento con más detalle.

Llegar a casa desde la estación de tren fue mucho más rápido que desde el aeropuerto ya que estaba más cerca, una vez allí Makoto estuvo deshaciendo todas las bolsas, recolocando algunas de sus cosas y echando a lavar la ropa sucia. En cuanto terminó de asentarse entré en su habitación, no sin antes llamar a la puerta entreabierta.

-¿Se puede?

-¡Sí, pasa!

Nada más entrar vi que había adecentado rápidamente su habitación, con algunas cosas aún sin colocar esparcidas en su mesa y algo de ropa sin colgar a los pies de la cama; en la pared contigua había colgado un póster de las últimas giras que su banda había tenido, llamada Indivisible.

-Qué chulo el diseño…-comenté al verla.

-¿Verdad? Tenemos varios artistas en la discográfica que nos hacen los diseños siguiendo nuestras pautas, la verdad es que se lo curran bastante y nos dan bastante libertad también.

-Qué suerte tenéis de que vuestra discográfica os cuide tanto…

-Sí… ¿qué pasó entonces con la vuestra?-inquirió él, intuyendo por dónde iban los tiros.

Dejando escapar un leve suspiro, me senté en la cama junto a él y comencé a explicarle todo lo que había pasado a lo largo de todo ese tiempo trabajando para ellos, incluyendo el complot y posterior "resolución", por llamarlo de alguna forma. Una vez que estuvo del todo enterado, Makoto no tardó nada en dar su opinión.

-¡Menuda panda de cabrones! Me alegro de que acabaran cerrando, se lo merecían por desleales. Ya sabes que yo siempre te he apoyado con lo de ser idol, pero en un ambiente como ese no merecía la pena seguir adelante…

-No, la verdad es que no, nunca pensé que Kirihara fuera a ser tan retorcido, y lo que nos dijo a Luka y a mí…

Me quedé callada por un momento, no muy segura de si continuar por allí, sin embargo Makoto no se cortó y comentó.

-Ah, sí, esa es tu novia ¿no?

-Ah, sí, bueno, lo era… aunque bueno, sobre eso…

Antes de que pudiera seguir, él me cortó rápidamente.

-Para el carro que te veo venir ¿en serio, tía? Da igual con quien salgas, no dejas de ser mi hermana pequeña, y yo tengo una responsabilidad ¿sabes?

Ante eso sonreí aliviada, pensando en lo evidente. A veces me preocupaba en demasía, sobre todo en cuanto a mi familia se refería. Supongo que provenir de un país tan tradicionalista como lo era Japón no evitaba sembrar algo de duda en mí, sin embargo a veces olvidaba que ya no vivía allí.

-Pero bueno, tú tranquila, ya sabes que las cosas aquí son diferentes, y en caso de independizarnos siempre nos queda la bahía-comentó él en ese momento.

-¿La bahía?

-¡San Francisco, por supuesto! ¡Ciudad de artistas y liberales, lugar de festivales y eventos sociales! Es el sitio ideal para alguien como tú y yo ¿no crees?-inquirió él, con una divertida sonrisita.

-Supongo…

-Huy, qué mustia te veo… tenemos que salir de fiesta tú y yo un día de estos, ahora que estoy de vuelta reconectaré con algunos colegas de por aquí y nos iremos por ahí un día de estos ¿te hace?

No supe muy bien qué decir en ese momento, aunque me gustaba la música como cantante que era, la vida de idol apenas me había dejado tiempo material para divertirme e irme de fiesta como tal. Al principio quise negarme, pero después me lo pensé mejor y lo vi más como una oportunidad de hacer cosas que antes no podía hacer.

-Bueno, está bien…

-¡Genial, ya quiero ver cómo te las gastas! Me alegro mucho de volver a estar contigo, hermanita-exclamó Makoto, apretándome con un brazo por la espalda en un gesto de cariño.

Ante ese gesto no pude evitar sonreír ampliamente y me pegué a él devolviéndole el gesto, murmurando de seguido.

-Yo también…

Sí, definitivamente no me arrepentía de haber vuelto. Aunque muy en el fondo, en lo más profundo de mi corazón, Luka seguía estando presente en mis pensamientos. Y eso dolía. Más de lo que yo misma me hubiera esperado.


Bueno, pues aquí empieza este fic tras su introducción, de momento la cosa irá despacio pero con muchos detalles de por medio, para ir construyendo el nuevo escenario que se irá desarrollando a lo largo de los siguientes capítulos. Decir tiene que no soy ningún experto en música ni mucho menos, por lo que no vayáis a pensar que el detalle de la garrapatea lo he hecho con algún tipo de intención, simplemente me informé previamente junto con algunos de mis antiguos conocimientos de notación que llegué a ver en la carrera (documentación musical), pero no mucho más.

En un principio quise poner la letra de World is mine, pero al final preferí abordar la canción hablando de la misma sin tener que recurrir a tirar de la letra como tal, ya que en principio no está permitido subir la letra de una canción por temas del copyright. Prefiero no arriesgarme en ese sentido, así que mejor así para evitar males mayores.

Y no mucho más por el momento, seguiré con el siguiente capítulo y probablemente lo dejaré por aquí para ponerme con otra cosa, así que esperadlo más pronto que tarde. Y nada más, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!