Inuyasha ha estado muy callado desde que peleó con Koga... estoy segura de que tuvo una visión, sin embargo... ¿cómo puedo preguntarle?
Pensaba mientras observaba al pelinegro comer, con su mirada perdida en la mesa y sin emitir palabra
- Entonces, ¿si podemos ir a tu casa Kagome?
- ¿Ha? - la miró - Claro Sango - sonrió
- De acuerdo - dijo Miroku - ¿Tú que dices Inuyasha? - el jóven no respondió - ¿Inuyasha?
- ¿Qué? - los miró - He si, lo que ustedes digan
- Está muy callado desde que hablo con Koga - le susurró Sango
- Tienes razón... algo le ocurré - susurró Miroku
- Inuyasha - dijo Kagome, mirándolo - Puedes confiar en nosotros
- No me pasa nada - redirigió su mirada a su comida
Ese sarnoso también estaba en esa época y, al parecer, también estaba enamorado de Kagome... sin embargo... su apariencia no era humana y estaba acompañado de dos jóvenes extraños... además, ese niño estaba allí y yo... yo parecía herido, nuevamente... la única que se veía igual, era Kagome
La miró, miéntras ella hablaba con sus amigos, sonriendo
Su sonrisa... me hace sentir... bien
Casi sin notarlo, él emitió una leve sonrisa miéntras observaba a su compañera
Lo puro se ensucia, lo sucio se purifica... Lo bueno se vuelve malo, lo malo se vuelve bueno... todo lo que vive muere y lo que muere, renace
- Esas palabras - murmuró miéntras se encontraba en la biblioteca - Desde está mañana las tengo en mi mente, sin embargo... ¿Qué significan?
- Señorita Kikyou - apareció de repente
- Jóven Suikotzu - se sorprendió - Acaso ¿me esta siguiendo? - sonrió
- Oh no no - levantó sus manos - Disculpe, no quise incómodarla
- Es broma... y dígame, ¿qué está haciendo aquí?
- Vine a investigar sobre el trabajo de la era feudal... ¿y usted?
- Igual - redirigió su mirada a los estantes - ¿Sobre que hará su trabajo?
- La medicina en la época feudal - comenzó a buscar entre los libros - ¿Usted?
- La espiritualidad
- Vaya - la miró - Es un tema interesante - sonrió
- Lo sé - poso sus ojos en los ojos del castaño - Siento una gran conexión con él
- Me sucede lo mismo... con la medicina de aquella época
Ambos tomaron sus respectivos libros y se dirigieron a las mesas
- Jóven Suikotzu - dijo, al sentarse - ¿Usted cree en la reencarnación?
- Claro - respondió, sonriendo - En mi familia se dice que todas las almas son capaces de reencarnar, sólo si han dejado su anterior vida en paz
- ¿En paz?
- Exácto... si un alma, al momento de su muerte, siente algún tipo de odio o resenimiento, quedará atrapada, imposibilitada de encontrar el descanso eterno...
Entonces... ¿mi alma si logró encontrarlo? ¿Aún cuando fui asesinada?
- Entiendo - redirigió su mirada a su libro - Y... ¿piensa que éxiste la posibilidad de reencarnar en la misma persona que era al momento de morir? En otra época, claro esta
- Bueno... no lo sé con exactitud... quizás, si algo quedó pendiente en su vida anterior...
Inuyasha
Pensó, sin modificar su seria expresión. De repente y, sin que él lo notara, levantó su vista, observándo al jóven leer
El jóven Suikotzu realmente es muy amable... me siento bien de saber que puedo hablar de estas cosas con alguien... es como si me entendiera
- ¿Cómo va su trabajo jóvenes? - se acercó la anciana a la mesa de los chicos
- Bien señora Kaede - sonrió la morena - ¿No es así, Inuyasha?
- Si - respondió, sin mirarla
- Señora Kaede - interrumpió Sango
- Diganme - miró a la pareja
- Tenemos una duda aquí
- De acuerdo - se alejó de los jóvenes para ayudar a sus amigos
- Inuyasha - el la miró - ¿Qué ocurre?
Habla con ella
Las palabras de su medio hermano hicieron eco en su cabeza
- Sabes... - dijo ella, mirando hacía el frente - Desde que llegué aquí... he tenido sueños extraños...
El jóven la miraba con atención
- En ellos... estoy en un lugar hermoso ¿sabes? - hizo una pausa - Hay mucha naturaleza y parece muy pacífico
Está hablando de ese extraño lugar... eso quiere decir, ¿qué ella también estuvo allí?
- Y... Miroku, Sango y tú están ahí... también, esta Kikyou
- ¿Qué? - dijo, casi en un suspiro
- Tú... te veías diferente, como... como si no...
- Cómo si no fuera humano - terminó por ella
Ella lo miro, totalmente sorprendida
- Lo sabía - sonrió - Tú también conoces ese lugar ¿verdad?
- Unos días antes de que llegarás... - desvió la mirada al suelo - Tuve un sueño... soñé con ese lugar - miró al frente - Había un árbol... tenía una marca extraña
¿Acaso estará hablando del árbol de mi casa?
- Y... tú estabas allí
- ¿He? - se sorprendió
- Estabas vestida de una forma extraña... al igual que Kikyou...
Kikyou... Inuyasha también la vio allí
- Fue... fue - sus ojos, los cuáles tenían un brillo especial, se encontraron con los de ella - Cómo si ya te conociera Kagome
- Inuyasha - murmuró
En ese momento, el timbre sonó, invitando a los jóvenes a retirarse a sus casa
- Bueno muchachos... la siguiente clase continuaremos - sonrió la anciana miéntras recogía sus pertenencias de su escritorio
Salieron del edifico, rumbo a la casa de la morena
- Mi mamá estará muy contenta de recibirlos - soniró - Además, estarán mi abuelo y mi hermano Sota
- ¿Tienes un hermano? - preguntó Sango
- Si, Sota es un niño muy inteligente - levantó su dedo índice
- Dime, ¿tiene la edad de Kohaku?
- Bueno, eso creo - sonrió
- Inuyasha - ambos venian unos metros detrás de las chicas - Dime, ¿Qué es lo que ocurre entre tú y la señorita Kagome?
- ¿A que te refieres? - lo miró, miéntras caminaba con sus brazos cruzados
- Bueno, hoy parecían muy a gusto en la clase de la señora Kaede
El pelinegro redirigió su vista hacía la morena
- Dime Inuyasha... ¿te gusta?
- Bueno... - dijo dubitativo - Cuando estoy con ella... me siento... tranquilo
Su amigo sonrió ante aquella respuesta
Caminaron durante un largo rato, hasta que, lograron divisar el gran lugar
- Es ahí - señaló la jóven
- ¿Esa es tu casa? - dijo, sorprendida su amiga
- No es para tanto - sonrió, modesta
- No nos había comentado que vivia en un templo - sonrió Miroku
- Bueno... mi mamá consiguió este lugar a un buen precio, con la condición de que mi abuelo se haga cargo de la tienda
- ¿Y que venden en esa tienda? - preguntó Inuyasha
- Amuletos y toda clase de chucherias
Subieron aquellas grandes escaleras
- Es enorme - dijo Sango, quién, al igual que los jóvenes, miraban todo a su alrededor
En ese momento, Inuyasha se encontró con aquel árbol
Ese es... el árbol
Como por inercia, comenzó a caminar en su dirección y, antes de que se diera cuenta, estaba parado delante de el
Por su mente pasó aquel sueño con el que comenzó todo este misterio, aquella imágen se intercalaba con la del presente. En ese momento, sintió la misma sensación que en el sueño
Kagome
La vio allí, parada en el mismo lugar en el que estaba la primera vez que sus miradas se cruzaron en su mente y, por unos segundos, le pareció que tenía aquella extraña ropa. Ella volteó, regalandole aquella mágica sonrisa que, hasta ese día, no había podido olvidar
- Ese es el árbol ságrado - dijo el abuelo, parado cerca de la casa - Su historia es muy interesante...
- Abuelo - sonrió al voltear
- El té esta listo, por si quieren entrar - sonrió calidamente
- Su abuelo es muy amable señorita Kagome - sonrió el jóven - Usted mencionó que tenía una tienda ¿no es asi?
- ¿Te interesa algo de la tienda, muchacho? - se acercó, interesado
- Bueno... si no es mucha molestia - sonrió, poniendo su mano en la nuca
- Ven por aquí - dijo el anciano, miéntras el jóven lo seguía
- Esperen - dijo Sango - Yo tambien quiero ver
Kagome sonrió, divertida y volvió a dirigir su mirada al pelinegro, que seguía mirando el árbol
- Este es el árbol, ¿verdad?
- Si - murmuró
- Inuyasha - miró el suelo miéntras él redirigía su mirada hacía ella - Tú crees...
En ese momento, reunió coraje y tomó la mano del jóven, el cuál, abrió sus ojos en señal de sorpresa, al mismo tiempo en que se sonrojaba
- Crees que... ¿Nosotros estábamos juntos en ésa época? - lo miró
- Kagome - murmuró al ver que los ojos de la morena tenía un brillo especial
No respondió, sólo cerró sus dedos alredor de la mano de ella y sonrió, dejándo en claro lo que estaba sintiendo en ese momento
