MUGEN

Tormenta

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—No sé cómo acepté salir así de casa. Lo más probable es que nos llueva dentro de poco y con lo mucho que se encharca el paso por la montaña, estaré puesta de barro mucho antes de llegar. Mi madre diría: "Kagome, te lo advertí, pero nunca llevas paraguas", aunque claro, las sombrillas aquí no aguantan el chaparrón que cae por estas fechas. Y luego están las sandalias que tampoco llevan bien el mal tiempo.

Dices en un hilado de palabras que sueltas con tanta rapidez que me cuesta saber si las he oído todas. Te miro detenidamente, sin comprender aún en qué momento se había comenzado a gestar la tormenta que hay en tu cabeza.

—No te compliques —comienzo a decir, sin embargo me interrumpes antes que consiga formar una frase completa.

—¡Qué no me complique! ¡Qué cosas dices, InuYasha! —me miras y me evades de inmediato. Tu ceño se arruga y miras a un punto del suelo mientras caminas con movimientos pesados que parecen querer dejar huella en el suelo— Desde que me desperté esta mañana supe que las cosas no irían bien. El cuervo que había parado sobre nuestra ventana auguraba un día funesto y negro. Y ahora ¿Cómo voy a llegar con buen talante si estoy segura de haber olvidado algo?

—¿El qué? —pregunto, aventurándome a mi suerte, mientras camino junto a ti y espero que liberes toda esa energía oscura que de ser posible, creo que formaría una nube negra sobre tu cabeza; tan negra como el cuervo de esta mañana.

—¡No lo sé! —gesticulas con ambas manos, agitándolas una vez en el aire con tanta energía que pierdes el aliento por un instante. Has detenido la caminata y me miras y arrugas más el ceño. Retrocedo un poco por precaución, por un momento rememoro los conjuros que me dejabas caer años atrás y que ahora no son más que un recuerdo en nuestra vida juntos— No estoy enfadada contigo —dices, buscando aclarar algo—, es por la sensación que tengo.

Por un momento pienso en si debería preguntar cuál es esa sensación o si con ello complicaría más este todo que se ha formado de la nada. No obstante, no necesito decidir, tú continúas con tu perorata.

—El cuervo era muy negro y en la historia de los malos augurios, ese es de los más fuertes —sigues gesticulando con las manos—. El primer gran problema que tuve en esta época fue un cuervo, uno de tres ojos, ese que se llevó la perla y se la comió y luego yo disparé la flecha y la perla ¡Crack!

Entonces detienes los brazos en el aire y me miras.

—En realidad, el primer gran problema que tuve aquí fuiste tú, quisiste matarme —pareces querer apuntarme con un dedo, mientras tu ceño se marca un poco más y casi puedo ver el modo en que tu pelo se va enmarañando igual que han ido haciendo las ideas en tu cabeza—, pero no estoy enfadada contigo.

Inhalo para cuestionar tus palabras, no obstante tú arremetes.

—¡Sabía que olvidaba algo!

—¿El qué? —pregunto nuevamente.

—La cesta con las hierbas —tus labios marcan una fina línea de frustración cuando terminas de hablar.

—¿Esta? —alzo la cesta que he llevado colgando a un lado desde que salimos.

Tú miras la cesta y comienzas a respirar de ese modo irregular que antecede a las lágrimas. Pienso en pedirte que no llores, sin embargo antes de eso te abrazas a mí.

—No estoy enfadada contigo —murmuras y acepto que en ocasiones es bueno que se desate la tormenta.

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N/A

Me ha encantado escribir este momento. Espero que ustedes lo disfrutasen al leer igual que yo al crear.

Besos

Anyara