Lo sabía... ahora comprendo porque me siento tan triste desde que Kagome llegó...
Pensaba, al mismo tiempo en que intentaba ocultar sus lágrimas
- Éste lugar - levantó la vista - Me siento tranquila aquí... en el silencio, dónde nadie pueda leer mis sentimientos
En ese momento, unos pasos se oyeron ingresar a la biblioteca
- ¿Señorita Kikyou? - dijo, al verla en una de las mesas, completamente sola
- Jóven Suikotzu - lo miró
- ¿Se encuentra bien?
- Bueno... - sonrió levemente - A usted no puedo mentirle
- ¿Puedo preguntarle, que le ocurre? - se sentó a su lado
- No importa - desvió la mirada - De cualquier forma, no puede ayudarme
- En ese caso... puede contar conmigo si lo necesita
- Jóven Suikotzu - lo miró, calidamente
- Y dígame... ¿cómo va su trabajo sobre la época feudal?
- La verdad... no he avanzado mucho con el
- Yo podría ayudarla después de clases, si lo desea
- ¿De verdad?
- Si... no sería ninguna molestia - sonrió
- Está bien - asintió - Podemos vernos aquí, después de clases
- Me parece buena idea
Ambos se quedaron mirándose a los ojos durante unos momentos, miéntras la campana daba el aviso de que debían retornar a sus salones
...
- Sabía que estarías aquí - dijo el jóven, acercándose a su padre
- Sesshomaru - volteó, al mismo tiempo en que emitía una leve sonrisa
- ¿No te preocupa que puedan verte?
- ¿Esas personas? - miró en dirección a la casa - No, nunca se han percatado de mi presencia
Giró nuevamente, en dirección al árbol sagrado
- ¿Puedes verla? - dijo Inu no Taisho. Sus ojos emitían un brillo especial - Jamás pensé volver a verla
Suspendida déntro del tronco, emitiendo una luz brillante, la cuál sólo era perceptible para ellos, se encontraba colmillo sagrado, esperando por su legítimo dueño
- Inuyasha estuvo aquí - pronunció su medio hermano
- Lo sé... puedo sentir su olor, sin embargo... - hizo una pausa - Aún no puede ver la espada... todavía tiene muchas cosas que recordar
Miró sobre su hombro y se percató de que su hijo se estaba alejando
- Sesshomaru - pronunció. El demonio volteó - También hay algo ahí para ti
- ¿Hmn? - giró, abiriendo levemente sus ojos ante aquel brillo que emergió debajo de colmillo de acero - Colmillo explosivo - pronunció
- Lamento haberme tardado tanto en conseguirla - sonrió - Pero Totosai logró recuperarla antes de que otro demonio se apoderara de ella
Sesshomaru se paró al lado de su padre, observando aquella arma
- No te ilusiones hijo... no puedes tocarla - él lo miró - Colmillo de acero y colmillo explosivo son espadas que pueden matar, por lo tanto, están más seguras ahí dentro
- ¿Quí insinuas, padre?
- Si esas espadas caen en manos humanas... me vería obligado a intervenir, poniendo en peligro nuestra tranquila vida en ésta época
Su hijo no respondió
- La sangre demóniaca de Inuyasha aún sigue dormida... por lo tanto, no puede dominar a colmillo de acero y tú... ya tienes a colmillo sagrado, por el momento, no necesitas más
Volvió a echarle un vistazo a su antigua espada, antes de voltear y caminar en dirección a la salida del templo Higurashi
- ¿Vas a ver a esa jóven? - preguntó sin obtener respuesta - No te preocupes - su hijo frenó su caminar, sin voltear a verlo - Tarde o temprano, todos recuperaran su memoria
Sesshomaru, sin cambiar su expresión, retomó su caminata hacía el restaurante dónde trabajaba la jóven
Aún no te has percatado Sesshomaru, pero, desde que tu hija llegó a ésta época, éste árbol puede usarse para regresar a la era feudal, sin embargo... no todos pueden abrir ese portal
- Señor Taisho - dijo una voz madura
- Anciana Kaede - giró su cabeza, al mismo tiempo en que emitía una sonrisa
- ¿Todavía contemplando a colmillo de acero? - se paró a su lado
- En realidad... vine a asegurarme de que la otra espada de Sesshomaru llegara bien
- Comprendo - miró el árbol - ¿Aún no es tiempo de que Inuyasha sepa la verdad?
- Me temo que a eso no lo manejo yo señora Kaede - cerró sus ojos - Eso depende de la capacidad de su mente para recordar su vida pasada
- En la escuela se ve bastante disperso - respondió, sin apartar la mirada del árbol - Además, habla mucho con Kagome - hizo una pausa - No sé cuánto abrá avanzado su relación, pero, al parecer, ya se tienen confianza
- No me sorprende - los abrió, sonriendo - El amor siempre trasciende... no importa el tiempo o la época, si el corazón de Inuyasha fue cautivado por esa jóvencita, aquel calor permanecerá en su interior, por siempre
- A Kagome le sucede lo mismo - sonrió la anciana - Puedo verlo en la forma en la que mira a su hijo durante mi clase - hizo una pausa - Sólo... lamento que mi hermana también esté aquí
- Esa sacerditisa es una chica fuerte Kaede... estará bien
- Lo sé señor Taisho, sin embargo... quisiera evitar que recordará aquel sufrimiento
- La vida le dió una segunda oportunidad... quizás en esta vida pueda encontrar la felicidad
La anciana lo miró, sonriendo
- ¿Qué ocurre?
- Al verlo aún siento la misma sensación que tuve al recordar mi vida en la época feudal - volvió a mirar el árbol - A decir verdad, jamás pensé en conocer al padre de Inuyasha
- Inuyasha confiaba mucho en usted - sonrió - Sabía que no había nadie mejor para ayudarlo cuando por fin pueda recordarlo todo
- ¿Necesitan algo?
Ambos voltearon ante aquella voz masculina
- Lo lamento señor Higurashi - sonrió la anciana - Sólo venía por unas decoraciones para mi hogar
- No es ninguna molestia señora Kaede - sonrió el anciano - ¿Necesita algo señor?
- Yo sólo la acompañaba - sonrió Inu no Taisho
- Pueden pasar por aquí si lo desean - señaló la tienda
- Yo tengo que irme - dijo el gran demonio - Tengo que volver a mi trabajo... nos vemos señora Kaede, señor...
- Nos veremos pronto señor Taisho - sonrió la anciana, acompañando al abuelo de Kagome a la tienda
...
- Sango - le susurró a su compañera - ¿Qué le ocurre a la señorita Kagome?
- No lo sé - lo miró - Pero... desde que regresamos, se ve triste - ¿Usted cree que fue a buscar a Inuyasha y Kikyou en lugar de ir al baño?
- Bueno... no lo sé, pero es muy probable
La morena estaba mirando al profesor, quién explicaba el tema de su clase en el pizarrón, sin embargo, no podía concentrarse. La imágen de los jóvenes besándose daba vueltas en su mente una y otra vez
Se supone que no debería importame... después de todo, apenas conozco a Inuyasha y... ellos ya se conocen desde hace tiempo
- Higurashi - dijo el profesor
- ¿He? - levantó la vista
- ¿Estas prestando atención? - bajó sus lentes un poco
- Heee... si, si señor Jinenji - titubeo, poniendose de pie
- Bien, ¿puedes leer este enunciado?
Kagome
Pensó el pelinegro, al mismo tiempo en que la observaba
Está triste... puedo nortarlo en sus ojos... no quiero... no quiero hacerla sentir mal
- Está bien - volteó - Puede sentarse
La jóven obedeció, suspirando
- Kagome - le susurro, ella lo miró
- ¿Estás bien?
- Hmhm - asintió, desviando la mirada
No puedo mirarlo a los ojos... Inuyasha... ¿por qué hiciste eso?
El jóven frunció el ceño, en señal de tristeza, sin embargo, decidió no molestarla
- Parece que Kagome no es la única afectada - murmuró Sango
- Me pregunto ¿Qué habrá visto cuando fue a buscarlos?
- Sea lo que sea... afectó mucho a Kagome
El timbre sonó, dando por finalizadas las clases de ese día. Todos se pusieron de pie, tomando sus cosas
- ¿Quieres que tomemos el té, Kagome? - preguntó su amiga
- Gracias Sango - sonrió levemente - Pero debo ir a casa
- ¿Se siente bien señorita Kagome?
- Si, no se preocupen por mi...
- ¿Segura que estás bien Kagome?
Dirigió su mirada a su compañero, el cuál tenía un dejo de tristeza en sus ojos
- Si
Sus palabras se oyeron como un suspiro. Giró y caminó hacía la salida, miéntras sus compañeros la seguían
- Inuyasha - murmuró Miroku tomándolo del brazo - ¿Qué le hiciste a la señorita Kagome?
- ¿De que hablas? Yo no le hice nada
- Kagome está muy triste Inuyasha - dijo Sango, al otro lado - Y seguro tiene que ver contigo
- ¡Qué no hice nada! - gritó, sin elevar mucho la voz
- No te creo - dijo Sango, con sus ojos entrecerrados
Abrieron la puerta del edificio y se encontraron con el jóven Koga, quién esperaba pacientemente al lado de ella
- Hola Kagome - la miró, sonriendo
- Jóven Koga - se sorprendió
- ¿Qué haces aquí pulgoso? - se paró al lado de la jóven, frunciendo el ceño
- No vine a hablar contigo bestia
- ¡¿A quién llamas bestia?! - elevó su puño
- Inuyasha - puso su mano en su hombro - Deja que hable
El jóven la miró, en parte sorprendido y en parte molesto
- Me preguntaba si... ¿podría acompañarte a casa?
- Está bien - respondió automaticamente
- ¿Qué? - la miró el pelinegro - Kagome... ¿Qué haces? - gruño
- No quiero ver tu cara por un tiempo - lo miró, notablemente molesta
- Hmg - se quedó observándola, incrédulo
- Nos vemos chicos - miró a sus amigos, sonriendo levemente, al mismo tiempo en que descendía las escaleras y comenzaba a caminar con el moreno
- Kagome - murmuró
- No se lo que le hiciste, pero debe ser bastante grabe - dijo su amigo, parándose a su lado
- ¡Ya les dije que no hice nada!
- Pues no parece Inuyasha - acotó seriamente Sango
- Inuyasha, ¿pasó algo entre tú y la señorita Kikyou?
- ¿Qué? ¿Por... por qué preguntas?
- Porque ella fue a buscarlos - respondió Sango - Tú le importas Inuyasha, es increible que no te des cuenta - comenzó a caminar
- Sa... Sango
- Inuyasha - suspiró su amigo - Sea lo que sea que haya pasado, por favor, trata de no lastimar a las jóvencitas - salió detrás de Sango
- Pe... pero si yo no le hice nada - se quedó parado, sin saber que hacer
