Estaba sentada en la cama, con su plato sobre sus piernas. Había aceptado cenar, sin embargo, su estómago estaba cerrado

- Ay ¿por qué tengo que sentirme asi? - dijo, al mismo tiempo en que revolvía la sopa

En ese momento, su celular comenzó a sonar. Una llamada de un número que no estaba en sus contactos apareció en la pantalla

- ¿Será Koga? - frunció el ceño - No, ya tengo su número

Pensó unos segundos, hasta que decidió responder

- ¿Hola?

- Hola Kagome

- ¿Inuyasha? - abrió sus ojos

- ¿Te desperté?

- No... estaba... - miró el plato unos segundos y se levantó para dejarlo sobre su escritorio - No importa... ¿necesitas algo?

- Oye Kagome - hizo una pausa - ¿Te encuentras bien?

- Bueno...

Quisiera decirle todo lo que estoy sintiendo en éste momento, pero... por alguna razón, creo que no tiene sentido


Está triste... puedo notarlo por el tono de su voz

Pensó, sentado al borde de su cama, con su torso desnudo y su pantalón pijama ya puesto

- Sólo estoy un poco cansada... supongo que todavía no me acostumbro a esta ciudad

- Debe ser todo muy nuevo para ti

- Eso creo

- Kagome... sobre lo que viste hoy a la tarde...

- Descuida Inuyasha - lo interrumpió - Ya hablamos de eso

- Sólo quiero dejar en claro que no hay nada entre Kikyou y yo

- Está bien

- ¡Tonta! ¿Acaso no te das cuenta?

Se puso de pie, caminando hacía la ventana que daba a la calle

- ¿Darme cuenta? - se escuchaba confundida

- Te necesito a mi lado, ¿es que no puedes comprenderlo?

El silencio reinó durante unos segundos, en los cuáles, el pelinegro comenzó a dudar de las palabras que salieron de su boca

- Inu...yasha - murmuró

- Disculpa - dijo casi por inercia - No quise incomodarte

- No lo haces - su voz tenía un tono dulce - Estoy contigo porque me gusta

El moreno abrió grande sus ojos, ante aquella imágen que apareció en su mente

El cielo estaba pintado con los colores del amanecer. Él y sus amigos regresaban a una especie de aldea, en la cuál, la anciana Kaede y ese niño extraño los estabán esperando.

Inuyasha encabezaba la fila, la cuál era completada con Sango, Miroku y una especie de gato, caminando detrás de él, sobre su espalda, descansaba Kagome

- Disculpame Kagome - dijo en un tono triste - No debí llevarte a ese lugar tan peligroso

- No te preocupes - mumuró, con su cabeza apoyada en su hombro - Estoy contigo porque me gusta

- Kagome - susurró, sonriendo

- Kagome - dijo, procesando aquella imágen

- ¿Estás bien? Te quedaste en silencio de repente

- S..si - sonrió - Estoy bien

- Hablaremos mañana en la escuela - dijo ella - Ya es muy tarde

- Si... tienes razón

- Nos vemos Inuyasha

- Hasta luego... Kagome

Ambos colgaron, casi al mismo tiempo, miéntras él se recostaba, con la imágen de su compeñera en la mente


Dejó el telefono sobre su mesa de noche y volvió a sentarse en la cama

Inuyasha estaba siendio sincero, sin embargo... él correspondió el beso de Kikyou

En ese momento, una electricidad recorrió su espalda y sintió la necesidad de mirar por la ventana

- ¿He? - dijo al abrirla - ¿Quienes son?

Frente al árbol sagrado se distinguian dos figuras masculinas, una de ellas, visiblemente más alta que la otra

- ¿No teme que lo descubran señor? - preguntó el anciano

- Suenas como Sesshomaru - sonrió

- No me compare con su hijo - cerró sus ojos - Ese chico tiene muy mal caracter

- Lo sé... sin embargo, el corazón de Sesshomaru ha cambiado desde que conoció a esa jóven

Eso no quita que lo siga detestando

- Sé que trató de matarte Totosai - lo miró - Pero ya no es el mismo

- De no haber sido por Inuyasha, lo habría conseguido

- Sin embargo... tú lo ayudaste con colmillo sagrado y forjaste una funda para colmillo explosivo

- Lo hice contra mi voluntad - miró el árbol, observando las espadas - Colmillo sagrado fue quién me pidió ayuda

- Totosai - rió - ¿Te costó mucho trabajo recuperar a colmillo explosivo?

- Bueno - se rascó la cabeza - Digamos que no fue una tarea muy fácil de realizar

Inu no Taisho cerró sus ojos, sin perder la sonrisa

- ¿Ocurre algo? - preguntó Totosai

- Nos está observando

El anciano miró a su alrededor

- Pues yo no veo a nadie

- Está en la ventana - abrió sus ojos - Esa jóvencita

- ¿Se refiere a Kagome? Deberiamos irnos...

- No Totosai - respondió - Ella vendrá hacía nosotros en cualquier momento

- No me diga que planea decirle que aquí están las espadas

- Debe saberlo... ella es la única que guiará a Inuyasha hacía la verdad - miró el árbol

En su habitación, Kagome seguía observándolos

- Están mirando el árbol - hizo una pausa - Por alguna razón no siento temor ante sus presencias...

Se alejó, con su dedo indice sobre su menton, tratando de decidir que hacer

- No debería decirle nada a mamá o al abuelo... después de todo ellos ignoran todo lo que está pasando

Se calzó sus pantuflas y salió hacia las escaleras

Parece que ya todos están durmiendo... que alivio

Bajó silenciosamente, atenta a que nadie la descubriera. Abrió la puerta sigilosamente y salió corriendo en dirección al árbol

- ¿Qué es lo que está planenando señor?

- Tú ayudarás a Inuyasha a recobrar el poder de colmillo de acero

- Aquí sus poderes no poseen la misma intensidad que en la otra época

- Lo sé - lo miró - Es por eso que estás aquí

Se quedó en silencio un momento, mirando por sobre su hombro

- No es necesario que te escondas - dijo - Puedo percibir tu presencia

De detrás de una especie de casilla, se asomó la morena

- ¿Maestro Totosai? - pronunció, sorprendida

- Hola Kagome - sonrió simpáticamente

- ¿Qué... que hace aquí? - caminó en dirección a ellos - ¿Y quién es usted?

- Señorita Kagome - sonrió - Es un placer conocer... a la esposa de mi hijo, Inuyasha

- ¡¿Que dijo?! - abrió aún más sus ojos, miéntras se sonrojaba


- Oye Rin - dijo uno de sus compañeros - Ese hombre extraño está ahí de nuevo

- ¿Qué? - respondió, asómandose por la pequeña ventana de la puerta que conectaba el salón con la cocina

- Me acerqué a su mesa, pero quiere que sólo tú lo atiendas

- ¿De verdad? - sonrió

- ¿No te da miedo?

- ¿Miedo? - lo miró - No parece una mala persona

- ¿No? - su compañero abrió sus ojos - Rin... a veces pienso que no eres normal

- Callate - respondió divertida, saliendo de la cocina

Camino directo a la mesa en la que se encontraba aquel hombre de cabello platinado

- Buenas noches señor - dijo con una gran sonrisa en su rostro

Fiel a su costumbre, Sesshomaru no respondió, limitandose sólo a observarla

- ¿Qué desea cenar esta noche?

- ¿Cómo te ecuentras, Rin? - pronunció, ignorando su pregunta

- ¿Cómo sabe mi nombre?

- Así te llaman aquí

- Oh claro

Por un momento pensé que me conocía

- ¿Quiere que le traiga la carta?

El jóven no respondió ni desvió sus ojos de los de ella

Esa mirada

- No quiero nada - dijo, poniendose de pie

- ¿Ya se va? - por alguna razón, esas palabras sonaron más a decepción

Él intentó pasar a su lado

- Espere - dijo tomándolo de la mano

En ese momento, una secuencia se hizo presente en la mente de la jóvencita

Estaba visiblemente maltratada, sin embargo, eso no le impedía escalar aquella montaña, en busca de la planta medicinal que eliminaría el veneno del señor Jaken

- No quiero ver más muertes - dijo, al mismo tiempo en que se acercaba a su obejtivo

Una vez que logró alcanzarlo, la piedra sobre la cuál estaba apoyada, se desmoronó, provocando que cayera al vacío

- ¡AHHHHHHHHHH! ¡AMO SESSHOMARU! - gritó, con sus ojos cerrados

Una luz apareció, tomándola en sus brazos y llevándola a un lugar seguro. La figura de aquel imponente demonio se hizo presente, miéntras la observaba

- ¿Qué? - murmuró, redirigiendo su mirada al peliplata - Usted...

- Ya tengo que irme - se soltó de su agarre y caminó en dirección a la puerta

La imágen del jóven marchandose, por un segundo, se intercaló con otra, en la cuál él tenía una extraña vestimenta y una gran estola sobre su hombro derecho

- ¿Quién es usted? - susurró, observando como se alejaba, cómo si aquella no fuera la primera vez que lo veía irse

- Rin - se acercó otro compañero, al miso tiempo en que ella volteaba - ¿Estas bien?

- Si... eso creo - volvió a mirar en la misma dirección, sin embargo, Sesshomaru ya no estaba

El peliplata se encontraba parado en la acera del frente, escóndido, observando a la jóven

Rin

Pensaba, tratando de sacar de su mente aquellos pensamientos que hacían que sintiera ganas de tomarla en sus brazos y hacerla recordar todo lo vivido, sin embargo, sabía que eso no era posible, al menos hasta que Jaken llegara