Llegó a la escuela y Miroku estaba junto a Sango, esperándola
- Buen día chicos - dijo sonriendo
- Buen día Kagome - su amiga le devolvió la sonrisa
- Señorita Kagome - dijo entusiasmado Miroku - Espero que haya podido leer mi mensaje
- Si, no pude responder, lo siento
- No tiene que disculparse, sólo quería hablar con usted sobre un peculiar sueño que tuve anoche
Por alguna razón, por su mente pasó la secuencia que había visto miéntras desayunaba
- ¿Ah si? - abrió sus ojos, un poco sonrojada
- ¿Estas bien Kagome? - preguntó Sango
- Si... si jeje sólo que...
- Creo que puede ser una gran pista para avanzar en éste caso
Un suspiro abandono los labios de la morena, desechando toda duda que la había invadido en ese momento. De repente giró a un costado y vió una imágen que no le agrado para nada
- ¿Ese es Inuyasha? - preguntó la castaña
- Así es - miró Miroku - Y parece que viene acompañado de la señorita Kikyou
Ambos jóvenes redirigieron su mirada a la morena y pudieron obervar cómo la tristeza y decepción se apoderaban de sus ojos
Inuyasha... él fue a buscar a Kikyou para venir a la escuela
Pensaba miéntras intentaba ocultar una lágrima que trataba de escabullirse
- Inuyasha está enamorado de ti
La voz de la jóven pasó por su mente, miéntras ella misma se repondia
No kikyou... Inuyasha está enamorado de... ti
- Buenos días - dijo el pelinegro, parándose delante de sus amigos
- Buenos días chicos - sonrió, ingresando al edificio
Todos los saluadron, incluyendo Kagome. La campana sonó indicando el ingreso de los estudiantes
- Inuyasha - murmuró, acercandose a su amigo - ¿Qué demonios estas haciendo?
- ¿Keh? ¿Qué te ocurre?
- ¿Por qué fuiste a buscar a la señorita Kikyou?
- Yo no fui a buscarla - respondió con cierta molestia - Sólo me la cruce en el camino
- Bueno, tendrás que explicarle eso a la señorita Kagome - ambos miraron a sus compañeras ingresar al salón - Ya que se puso muy triste cuando te vio llegar con ella
Las jóvenes dejaron sus mochilas sobre sus respectivos pupitres
- ¿Estas bien Kagome? - le preguntó Sango, al mismo tiempo en que se sentaba
- Si Sango - sonrió - No te preocupes - también se sentó, dándole la espalda a su amiga
¿Qué se supone que debo hacer en este momento?
Cómo si el destino respondiera a su pregunta, otra secuencia de recuerdos atravesó su mente
- ¡¿Por qué no puedes dejarme en paz?! - gritó, al mismo tiempo en que una mirada de asombro y miedo aparecía en el rostro de Inuyasha - ¡Tuviste que estropearlo todo!
- ¿Lo ves? Entonces si estas molesta - respondió con su voz temblorosa
- ¡ABAJO! - gritó, provocando que el híbrido estrellara su cara contra el suelo
- ¿He? - se sorprendió - ¿Qué... que fue eso?
- Kagome - dijo, sentandose a su lado - ¿Estas bien?
- ¿Qué? - lo miró confundida - ¿Por qué preguntas?
- Por la expresión de tu rostro
¿Acaso...?
- Inuyasha... abajo - el moreno parpadeo, tratando de entender la situacion - Oh, no funcionó
- ¿Que tratabas de hacer?
- Nada - suspiró, frustrada
Si sólo supiera cómo hacer que eso funcionara... tal vez me sentiría más tranquila
- ¿Segura que estas bien? - insitió
- ¡Ya deja de molestarme! - gritó
- Pe... pero si no te hice nada - ella no respondió - ¡¿Por qué me ignoras?!
- ¡¿Por qué mejor no te cambias al salón de Kikyou y me dejas en paz?!
- ¿Qué? - dijo casi suspirando - Kagome...
- Buenos días muchachos - dijo la anciana Kaede, ingresando con un tazón de hierbas medicinales - Hoy hablaremos de la medicina en la época feudal - sonrió, poniendo especial atención en la miko, quién tenía su mirada depositada sobre su pupitre
- Bien jóvenes, ésto es todo lo que tienen que estudiar - dijo Totosai, dejándo las tizas sobre el pizarron y sentándose en su escritorio
- ¿Cómo se encuentra señorita Kikyou? - preguntó, sonriendo
- Muy bien jóven Suikotzu - le devolvió la sonrisa - Gracias por preguntar
- Oye Suikotzu - giró sobre su asiento - ¿Hasta cuándo cortejarás a la chica? ¿No crees que es momento de declararte?
- Bankotzu - dijo molesto - Te pido por favor, que respetes a la señorita
- Kikyou - la jóven lo miró, seriamente - La chica nueva del otro salón ¿es tu hermana? dile, de mi parte, que es muy hermosa
- No Bankotzu - desvió su mirada a la pizarra - Ella no es mi hermana
- Pues es una pena - miró a su hermano - Podríamos haber sido cuñados, hermano
- Ya déjalo en paz, hermano - intervino Rencotzu - Después de todo, ¿qué te hace pensar que alguna de estas jóvencitas, se fijarían en ustedes?
- Quizás si te parecieras a Inuyasha - acoto Yakotzu, suspirando - Ese chico... es el chico de mis sueños - apoyo su cara sobre su mano, mirándo la nada
- Jóvencitos - dijo Totosai desde su escritorio - Será mejor que dejen de parlotear y presten atención si quieren aprobar mi clase
¿Por qué me siento tan incómoda cuándo los hermanos del jóven Suikotzu están cerca? Quizás esté loca... pero siento una gran energía negativa alrededor de ellos
- Disculpe señorita Kikyou - dijo apenado el jóven
- Descuide - sonrió calidamente - Usted no debe hacerse cargo de los comentarios de sus hermanos
El jóven Suikotzu parece diferente de los demás... es cómo... como si su alma fuera cien por ciento pura
Media jornada estudiantil había terminado, por lo que, los jóvenes se encontraban camino al comedor de la escuela
El pelinegro iba caminando al lado de su compañera, sin embargo, ambos tenian los brazos cruzados y evitaban mirarse, llevándo notables expresiones de molestia en sus rostros
- ¿Para que caminan juntos si no se soportan? - dijo la castaña
- Así es el amor, mi querida Sango - sonrió, tomando sus manos - Menos mal que nosotros no somos así
- Usted y yo no somos nada - respondió, con sus ojos entrecerrados
- Todavía no, pero estoy seguro que pronto lo seremos
- ¿Qué cosas dice? - se soltó, avergonzada
- ¿Vas a ignorarme todo el día Kagome? - preguntó, sin cambiar su expresión
- Ya te dije que no me molestes - respondió, sin mirarlo
- ¡Kagome!
- ¡Oid ya déjame tranquila! - gritó, más fuerte
- ¡¿Por qué me gritas?!
- ¡¿Por qué no te vas con Kikyou de una buena vez?!
- ¡Hdmg! - miró a un costado, con sus brazos cruzados - Al menos ella no me grita
- ¿Ah si? - lo miró de una manera fatal, provocando que un esclofrio subiera por la espalda del jóven
- ¿Qué... qué le pasa a tus ojitos? - su rostro reflejaba su temor
- No te necesito... ¡TONTO!
Su gritó retumbo en todo el comedor, al mismo tiempo en que abandonaba el lugar
- Inuyasha... ¿Qué le dijiste? - se acercó Miroku, sorprendido
- N...na.. nada - aún temblaba
- Tienes que ir a buscarla - acotó Sango
- ¿Qué? - la miró - ¿Y yo por qué?
- ¡Oid! - apretó su puño - ¡¿Todavía no lo entiendes?! - lo miró, molesta
- San... Sango, ¿Qué te pasa?
- Déjalo Sango - puso la mano sobre el hombro de su compañera - Inuyasha a veces puede ser un poco lento, pero te aseguro que no lo hace a próposito
- Grrr, ¿Qué insinuas Miroku?
- Calla boca, o ella va a golpearte - murmuró
- Hgmn - miró en dirección a la salida
Ka...Kagome
Se sentó en uno de los bancos, ubicados debajo del árbol de la escuela
Soy una tonta... estaba enojada y me desquité con Inuyasha... seguro me odia
Suspiró, tratando de guardar aquellas lágrimas que pedían salir a la luz. Miró a un costado, intentando calmar su dolor
Inuyasha no tiene la culpa... él no hizo nada malo después de todo. Sin embargo... no es la primera vez que siento este vacío en mi corazón
Abrió los ojos en señal de sorpresa, al mismo tiempo en que giraba
- Inuyasha - murmuró al verlo sentado a su lado, mirando en la dirección contraria
- Todavia... ¿sigues molesta conmigo?
- No - respondió casi en un suspiro, desviando su mirada al piso
- Entonces... ¿qué te ocurre?
- Sólo... - intentaba ocultar la verdad, pero su tristeza estaba siendo mayor de lo que ella podía soportar - Inuyasha... tú... ¿qué sientes?
- ¿Qué? - la miró, sonrojandosé un poco
- ¿Qué sientes por... mi?
- Bu... bueno... yo... - titubeaba
- Tú... ¿quieres estar al lado de Kikyou?
- ¿Keh? ¿por qué dices eso?
- No lo sé... quizás... tú... estas enamorado de ella
En ese momento, el moreno tomó su mano, provocando que ella lo mirara
- No es por eso Kagome...
- Inuyasha - mumuró
- Kikyou es alguien que conozco hace tiempo, pero... nunca le dije lo que sentía y...
- Entonces... ¿quieres confesarle tu amor?
- ¡Tonta! - apretó su mano con fuerza - Ya te dije que... no es por eso
Comenzó a acercar su rostro al de la morena, quién comenzó a sonrojarse
¿Qué... qué está haciendo? ¿Acaso quiere...?
La imágen del pelinegro besando a Kikyou apareció en la mente de la morena
- No - susurró - No puedo - bajo la mirada, deteniendo al jóven
- Kagome - murmuró él
- Yo... lo siento Inuyasha, pero... no puedo sacarme esa imágen de la cabeza
- ¿Imagen?
- Tú y Kikyou... besandose
- Tonta... - la tomó del brazo, jalandola hacía él, al mismo tiempo en que la rodeaba con sus brazos - Quiero que estes a mi lado... ¿por qué eres tan terca? - cerró sus ojos - Puedes estar tranquila... no haré nada que no quieras
- Inu...yasha - suspiró, con sus ojos llenos de lágrimas
Pero... ¿por qué lo estoy alejando? Yo... yo quiero...
Se separó abruptamente de él, provocando cierto desconcierto en la mirada del jóven, el cual incrementó cuando ella tomó su rostro entre sus manos
- Kagome - susurró, observando el brillo que emanaba de los ojos de la jóven
Sin responder, se acercó lentamente, apoyando sus labios sobre los labios de él, al mismo tiempo en que rodeaba su cuello con sus brazos
Kagome
Cerró sus ojos, envolviendo a su compañera por la cintura y apretándola contra su cuerpo
El tiempo se detuvo en ese momento, al menos ellos así lo sintieron. Por un instante, pareció que una luz blanca los envolvía, haciendo saltar sus corazones y brindandole paz a sus almas. Separaron sus rostros unos centímetros, mirándo fijamente sus ojos
- Inuyasha - su nombre abandonó sus labios tan suavemente, que apenas pudo escucharlo
En ese momento pudo verlo con aquella apariencia. Su rostro sonrojado, sus lindas orejas relajadas, aquel pelo blanco perfectamente alineado y sus ojos dorados emitiendo aquel brillo que reflejaba lo que estaba sintiendo
- Kagome - acarició su mejilla, jurando que, por un instante, vio aquellas garras en sus manos, sin embargo, decidió mantenerlo en secreto
Ahora estoy segura... Inuyasha... tú... cautivaste mi corazón
Pensó ella, sin intenciones de apartar su mirada de aquellos ojos que, lentamente volvieron a mostraste castaños
El timbre sonó a lo lejos, devolviendolos a la realidad
- ¡Las clases! - gritó ella, tomándolo de la mano y poniendose de pie
- Es... espera Kagome - sin soltarla, se levantó como pudo y comenzó a seguirle el paso
- ¡Rápido Inuyasha!
Kagome
Pensó él, al mismo tiempo en que sus labios se arqueaban en una tenue sonrisa, invadida por aquellas sensaciones que los labios de su compañera le habían transmitido en unos segundos
