- Kagome - dijo, serio - Pase lo que pase... quédate atrás
- ¡Maldito hanyo! - gruñó - ¡Sé que estás aquí! Puedo sentir tu presencia
Esa cosa... si sigue gritando así, llamará la atención de todos en la casa
- Mamá... abuelo... Sota - murmuró - No puedo permitir que algo les pasé
- ¡¿Qué haces?! - gritó al ver que la jóven salía corriendo - ¡Kagome!
Se acercó al demonio, quién se encontraba al frente del árbol sagrado
- ¡Oye tú! - gritó, provocando que volteara - ¡Por aquí!
- ¡¿Qué?! ¿Quién eres tú?
Sin responder, la morena se descolgó su pesada mochila, lanzándola e impactándola en la cara del youkai, al mismo tiempo en que comenzaba a correr
- ¡Maldita humana! - gruñó, persiguiéndola
Maldición
Pensó al ver la escena
Una bola de energía comenzó a emerger del aguijón del demonio
- ¡Kagome! - gritó, saltando y tomando a la jóven, alejándola del paso del ataque
- Inuyasha - murmuró al ver al pelinegro sobre ella, miéntras el polvo del impacto se disipaba
- ¿Estas bien? ¿No te lastimaste? - preguntó él
- ¡Inuyasha! - gruño, acercándose - ¿Eres tú maldito híbrido? Te ves tan debilucho
- Grrr... no se que cosa seas tú - se puso de pie - Pero si me buscabas... me encontraste
- ¡Te asesinaré de la misma manera en la que tú mataste a mi padre con tu bastarda hija!
¿Hija?
La jóven abrió sus ojos en señal de sorpresa
- Vete Kagome
- ¡¿Qué?!
- ¡VETE! ¡No permitiré que esta cosa te haga daño!
- ¡Hablas demasiado bestia! - gritó, agitando su cola, lanzando al jóven cerca de la despensa de la familia
- ¡Inuyasha! - corrió a su lado
- Mal... maldición - se quejó, tratando de sentarse
- ¡Jamás podrás derrotarme con esa forma tan débil!
No puedo dejar que lastime a Inuyasha
- Ven - lo tomó de mano, al mismo tiempo en que comenzaban a correr
- ¡Tonta! - gritó, corriendo con dificultad - ¡Déjame aquí!
- ¡Cierra la boca! - miró sobre su hombro, para ver como esa criatura se acercaba rápidamente - ¡Por aquí!
Dobló en dirección al templo, no sin antes tomar unas piedras que había al lado de las plantas de su madre y lanzárselas con la suficiente puntería como para darle en uno de sus putrefactos ojos. El demonio se retorcía de dolor, mientras ellos cerraban la puerta del santuario, con la mayor discreción posible
- Inuyasha - murmuró, al ver a su compañero arrodillado, tomándose el brazo - ¿Estas bien?
- Si... no te preocupes por mi - levantó la vista, tratando de ver algo en la penumbra del lugar - Eso de allí... ¿es un pozo?
- Si - miró también - Mi abuelo dice que es un pozo devorador de cadáveres, sin embargo, estaba sellado cuando llegamos aquí
Ese pozo... es el mismo que vi en mi primer sueño
Pensó, recordando aquella secuencia
- Parece que no hay nadie en casa - miró a través de las ranuras de la puerta - De lo contrario, todo este alboroto los hubiera alertado... que alivio - murmuró
- ¡Arggggh! ¡Insignificantes humanos! - gritó - ¡Sal de ahí Inuyasha! ¡Sal y pelea cómo lo hiciste con mi padre! ¡Destrúyeme con aquella espada!
- ¿Está hablando de colmillo de acero? - preguntó ella
- Si... así parece
Si tan sólo tuviera esa espada, tendría oportunidad de defenderme
En ese momento, aquella esfera de energía destrozó las puertas del templo, arrojando a los jóvenes contra el pozo
- No tienes oportunidad Inuyasha - se acercó
- Maldito - se quejó, sentándose
Kagome
Miró a un costado y pudo verla inconsciente a su lado
- ¡Kagome! - la tomó en sus brazos - ¡Reacciona! - la jóven no se movía - La... la lastimaste - gruñó - ¡No te lo perdonaré!
- ¡No me importa! - ingresó al lugar, tomándo a ambos jóvenes con aquellas putrefactas manos, al mismo tiempo en salía hacia el exterior
- ¡Amo bonito no vuele tan deprisa! - gritó Jaken, aferrándose a la pierna del youkai
Ay, cómo extraño su mokomoko
El demonio no respondió
- Algo le sucedió al amo Inuyasha ¿no es así Sesshomaru? - dijo la pulga, sobre su hombro
- Está en la casa de Kagome - pronunció sin decir más
Y un demonio está con ellos
Frunció el ceño
Del otro lado de la ciudad, Koga y sus amigos corrían a toda velocidad
- ¿Estas seguro de lo que dices Koga? - dijo Ginta, tratando de seguirle el paso
- ¡Si! ¡No hay tiempo que perder!
Percibo el olor de un demonio en la casa de Kagome... esa bestia está con ella
- ¡¿Qué?! - frenó su andar de repente
- ¿Qué sucede? - preguntó Hakkaku
- La sangre de Inuyasha - pronunció - ¡DE PRISA! - retomó su carrera con mayor velocidad
Mientras tanto, Kikyou se encontraba en el patio de su casa, mirando al cielo
- Hija - dijo su madre saliendo - ¿Te encuentras bien?
- ¿He? - la miró seriamente - Si, no te preocupes... sólo estoy pensando
- De acuerdo - apoyó las manos sobre sus hombros, mientras ella tomaba una de ellas - La cena estará lista pronto
- Enseguida voy - la miró, sonriendo tenuemente, miéntras volvía a dirigir su mirada al cielo
Puedo percibir una energía maligna no muy lejos de aquí... éste poder, no pertenece a ésta época, estoy segura... acaso ¿estos son los póderes espirituales que poseía en la época feudal?
Su madre regresó al interior de su casa sin que ella se percatara de ello
- Tengo un mal presentimiento - murmuró - Inuyasha...
¡Kagome! ¡Maldición! ¡No puedo liberarme!
Pensaba al observar a su compañera presa de las garras de ese demonio
- Con que te importa mucho la vida de ésta joven ¿no es así? - se burló - Te daré el gusto de que la veas morir primero - el pelinegro frunció el ceño
El demonio empuño nuevamente su aguijón, con la intención de traspasar el cuerpo de la jóven
- ¡Muere! - lanzó su ataque
- ¡KAGOME! - gritó, abriendo sus ojos de par en par
- ¿Qué? - murmuró el youkai - ¿Qué está ocurriendo?
El aguijón se desvió, cortando sólo el hombro derecho de la morena, al mismo tiempo en que dirigía su vista a Inuyasha
- ¡¿Qué te ocurre maldito híbrido?! ¡Hiciste que perdiera la concentración!
El rostro del jóven se veía ensombrecido gracias a la penumbra de la noche, la cuál había llegado momentos atrás
Mi mente... no puedo...
Pensaba, al mismo tiempo en que un pálpito comenzaba a emerger de sus entrañas y su sangre parecía estar en estado de ebullición. Una poderosa energía se apoderó de su cuerpo, provocando que sus ojos castaños se volvieran completamente rojos, al mismo tiempo en que marcas brotaban a los costados de su cara, garras salían de sus manos, colmillos de su boca y su pelo negro se teñía de aquel platinado color
- ¿Realmente crees...? - su voz había cambiado completamente - ¿Qué vas a a matarme en este lugar? - gruño, al mismo tiempo en que cortaba su brazo con sus garras
- ¡¿Qué?! - gritó, agónicamente
El híbrido cayó en cuclillas. Levantó su vista, observando a Kagome, quién seguía prisionera. Sonrió cínicamente, al mismo tiempo en que se elevaba, cortando su otro brazo
La jóven cayó al suelo, mientras el demonio gruñía de dolor. Elevó su aguijón y, con un rápido movimiento, atravesó el abdomen del híbrido, elevándolo hacia el cielo
- Inu...yasha - murmuró, abriendo lentamente sus ojos - ¡KYAAAAAA! - gritó al ver la mano del youkai alrededor de su cintura
Con movimientos torpes, logró liberarse de su agarre, al mismo tiempo en que levantaba su mirada, contemplando aquella escena
- ¡INUYASHA! - gritó
¿Qué... que le ocurrió? Su apariencia... ha cambiado... su cuerpo... está atravesado
La castaña se encontraba en su habitación, terminando de escribir su parte del ensayo de la época feudal, cuando un escalofrío subió por su espalda
¿Qué?
Pensó, al mismo tiempo en que su lápiz caía sobre el escritorio. En ese momento, su celular comenzó a sonar
- Miroku - murmuró, respondiendo el llamado - ¿Jóven Miroku?
- ¡Sango! Gracias al cielo que respondiste - dijo, notablemente preocupado
- ¿O... ocurrió algo?
- No quisiera alarmarte, pero tengo que preguntarte si...
- Si - lo interrumpió - Pude sentir ese escalofrío
- ¿Qué crees que está pasando?
- No lo sé... pero no es nada bueno... ¿Dónde se encuentra?
- Hermana - ingresó de repente
- Kohaku - volteó, sorprendida - Me asustaste...
- La cena ya está lista
- De acuerdo... en un minuto voy
El niño se retiró, cerrando la puerta miéntras ella volvía a mirar hacía su escritorio
- Disculpe... mi hermano ingresó sin avisarme...
- Lo siento, hermana
Volteó rápidamente ante aquellas palabras y lo encontró parado delante de ella, vestido con aquel extraño traje, el mismo que Miroku les había mostrado en la casa de Kagome cuando trataban de averiguar lo que estaba sucediendo, y empuñando una especie de arma
- Kohaku - murmuró, bajando su celular - ¿Qué... te ocurre?
Sin mediar palabra, lanzó su kurasigama, la cuál impacto en el pecho de la jóven
- Ko..haku - cayó de rodillas - ¿Por... por qué?
Miró los ojos del niño, lo cuáles no mostraban signos vitales, al mismo tiempo en que los suyos se llenaban de lágrimas
- ¡SANGO! - la voz del jóven, a través del celular, la devolvió a la realidad
- ¿He? - se puso de pie - ¿Fue... fue un sueño?
- ¡¿Qué ocurre Sango?! Estabas gritando...
- Jóven Miroku - murmuró - Yo... vi... mi hermano - trataba de hilar una frase
- Tranquila... ¿Dónde estas? Voy para allá
- No - respondió, saliendo del shock - Por favor... lo veré en la plaza de la ciudad
- De acuerdo... pero si te demoras mucho, iré a buscarte
- Está... está bien
Colgó la llamada, la mismo tiempo en que dejaba el móvil sobre el escritorio
Kohaku...
