Se levantó de la cama, resignada a que no podría volver a conciliar el sueño. Caminó al balcón, donde fue recibida por la suave brisa del amanecer. Desbloqueó su móvil, el cual había tomado instintivamente al levantarse, e inmediatamente buscó su chat
- Inuyasha - murmuró - Al parecer no ha usado su celular
En ese momento, otro mensaje apareció en la pantalla
- Buenos días, señorita Kikyou
- Joven Suikotzu - sonrió
- Buenos días joven Suikotzu...
Bloqueó su teléfono, al mismo tiempo en que dirigía su mirada hacia los primeros rayos de sol que comenzaban a teñir el cielo de color naranja
Anoche... estoy segura de que algo malo ocurrió... todavía no puedo quitarme esta sensación
Volvió a desbloquear el aparto, decidida a enviarle un mensaje
- ¿Qué? - abrió sus ojos ante aquellas palabras que le indicaba que el joven estaba activo en la aplicación - Yo... no debería... ¿o si?
- Bueno días Inuyasha... ¿puedo hablar contigo un momento?
Envió el mensaje, bloqueándolo rápidamente, como si no quisiera saber si su mensaje iba a obtener respuesta o no
- Un mensaje de Kikyou - dijo, con el móvil en la mano - ¿Me pregunto por qué está despierta tan temprano?
- ¿Va a responderle, amo?
El joven dirigió su mirada a Kagome, quién se encontraba dormida con su cabeza sobre el escritorio y su cuerpo en la silla
Debe estar incómoda... ¡Maldición! Si sólo pudiera moverme un poco mejor
- ¡Oiga amo! - lo devolvió a la realidad
- ¿Qué quieres? - respondió seriamente
- No me diga que usted va a corresponder los sentimientos de la señorita Kikyou
- ¿Heeee? - se sorprendió - ¿De que estás hablando?
- En la época feudal, usted tenia sentimientos muy fuertes por esa jovencita
- Bueno... siempre sentí una especie de conexión con Kikyou...
Inuyasha y Kikyou... ellos... ¿estuvieron juntos en la otra época? Y si él recupera sus recuerdos... ¿recuperará sus sentimientos por ella?
Pensaba Kagome, mientras escuchaba su conversación sin que se percataran
- Bah, sólo veré que es lo que quiere
Un leve sonido le indicó que había recibido una respuesta
- ¿Puedo preguntarle, que hace despierta un sábado, tan temprano?
La morena sonrió ante aquel mensaje
- Me temo que fui presa del insomnio nuevamente... ¿Y usted?
Envió su respuesta, al mismo tiempo en que un mensaje del peliplata aparecía en la pantalla
- Buenos días Kikyou... ¿ocurrió algo?
- No... sólo... - escribía y borraba - Quería saber como estabas
- Estoy bien, no te preocupes, ¿y tú?
Era evidente que él sólo estaba manteniendo una conversación con ella, debido a la rapidez de sus respuestas
- Estoy bien... Inuyasha... ¿Qué te parece si vamos juntos a la escuela el lunes?
- Lo siento, pero no iré a la escuela por un tiempo
- ¿Ocurrió algo?
- No es nada
- De acuerdo... sabes que puedes confiar en mi...
- Lo sé... gracias Kikyou
- No tienes que agradecerlo Inuyasha... nos vemos
- Nos vemos
Suspiró profundamente, tratando de ahogar aquella presión en su pecho, por lo que, continuo con su otra conversación
- Me ocurrió lo mismo y... a decir verdad, me alegro que así haya sido - respondió él
- ¿De verdad? ¿Puedo saber el porque?
- Porque... estaba pensando en usted, señorita Kikyou
- Joven Suikotzu - murmuró, abriendo sus ojos en señal de sorpresa
- No sé que decir... me halaga
Envió su respuesta no sin arrepentirse al instante
- No... no debo hacerlo - bloqueó su teléfono - No debo corresponder las palabras del joven Suikotzu si no puedo corresponder sus sentimientos
Sin embargo, no pudo resistirse a abrir el nuevo mensaje que había llegado
- Quisiera poder verla ésta tarde... claro, si usted lo desea
- Yo... - lo pensó unos instantes - Está bien... si quiere, podemos tomar el té
- Por supuesto señorita Kikyou... no hay nada que me haría más feliz que compartir mi sábado con usted
Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven
- De acuerdo... puede pasar por mi después de las 16:00
- Allí estaré
Ingresó nuevamente a su habitación, sentándose en la cama, tratando de descubrir porque su corazón estaba palpitando de esa manera por alguien que no era el hombre que amaba
- Mira cuánto has crecido jovencita - sonrió Inu No Taisho
- Vaya, de verdad Towa tenía razón - estrecho su mano - Me alegra verte
- ¿De verdad no vas a abrazarlo hermana? - todos miraron en dirección de donde provenía aquella voz
- ¡Towa! - sonrió
- ¡Moroha! - corrió a abrazarla - ¡Te extrañé!
- Yo igual prima - correspondió su abrazo
- A ti también me alegra verte - se separó de la joven y abrazó a su abuelo
El demonio miró a las otras jóvenes, quienes se unieron al abrazo
- Me alegra verlas juntas - cerró sus ojos - Al menos ustedes se llevan bien - suspiró
- ¿Acaso soy una pintura? - se quejó
- Hatsune - sonrió Towa - También nos alegramos de verte
- ¿En que podemos ayudarlos? - preguntó Setsuna
- ¿Se encuentra Kin? - respondió Moroha - Necesitamos de su ayuda
- Así es - miró hacia el interior de la fortaleza - Supongo que debe estar en el taller con Gyokuto
-Ya me parecían conocidas esas voces - se acercó un joven maduro
- Hisui - sonrió la sacerdotisa - Ha pasado tiempo - lo abrazó
- Así es - sonrió - Sin embargo veo que sigues exactamente igual que la última vez que nos cruzamos - miró al joven
- ¿Qué hay, Hisui? - extendió su mano
- ¿Cómo estas Hatsune? - estrechó su mano - Bienvenido señor - miró al demonio - Mi nombre es Hisui y, junto a Setsuna, somos los lideres de los exterminadores
- Ya veo - sonrió - Con que eres el hijo del amigo de Inuyasha... debo decirte que eres idéntico a él
- ¿Conoce a mi padre? - se sorprendió
- Él es nuestro abuelo - explicó Setsuna - Es el padre de mi padre y del tio Inuyasha
- ¡¿De verdad?! - abrió aún más grande sus ojos - ¡Es un placer señor Taisho!
- No es necesario - sonrió incómodo ante la reverencia del hombre
- Por favor, pasen - dijo Towa - Los llevaremos con Kin de inmediato
Un gran bostezo abandonó sus labios. Restregó sus ojos y volvió a contemplar el amanecer, a través de la ventana de la cocina, mientras tomaba su taza de café y le daba un mordisco a su tostada
Debería ser ilegal trabajar los sábados
Volteó ante aquellos pasos que ingresaron al lugar
- Buenos días, mamá - sonrió
- Rin - restregó sus ojos también - ¿Ya te vas?
- Si - suspiró, acomodando los botones de su camisa - Hoy me toca abrir el lugar
- Mi niña - la miró con compasión - Al menos deberías desayunar dignamente
- Bueno... - miró la taza de café sobre el mesón, junto a su tostada - Creo que es bastante digno
- Siéntate - le ordenó, al mismo tiempo en que encendía la cocina - Aún tienes tiempo y debes alimentarte bien
- De acuerdo - rio, observando como su madre comenzaba a preparar unos hot cakes con huevos revueltos
Mientras tanto, Sesshomaru y su compañero se mantenían sobre el techo de la casa de Kagome
- Oiga, amo bonito... su padre ya se demoró demasiado, ¿no le parece?
El peliplata no respondió, limitándose sólo a seguir observando el árbol
- ¿No cree que deberíamos ir a buscarlo?
- Preocúpate por ti mismo - respondió, al mismo tiempo en que descendió y comenzó a caminar
- ¡Espéreme amo Sesshomaru! - se lanzó, aterrizando estrepitosamente sobre las plantas
Se puso de pie, sacudiendo sus ropas y comenzó a correr detrás del demonio
- ¿No se supone que debía proteger a Inuyasha? - preguntó temeroso
- Inuyasha estará bien - respondió sin mirarlo - Ya está despierto
Se posicionó al frente de las escaleras y, de un salto, comenzó a volar, mientras el pequeño demonio se aferraba como podia a su pierna
¿A dónde se supone que va este muchacho?
Pensaba sin animarse a realizar más preguntas
Volaron durante unos minutos, hasta que, comenzaron su descenso en un barrio bastante lejano al de la familia Higurashi. Una vez que tocó tierra firma, comenzó a caminar con tranquilidad hasta frenarse en un árbol y mirar hacia la casa del frente
- Esteemmm, ¿amo bonito? - lo miró - ¿Puedo preguntarle que estamos haciendo aquí?
Como siempre, no obtuvo respuesta
- ¿Hm? - frunció el ceño, mirando a un costado, al mismo tiempo en que comenzaba a caminar
- ¿Qué ocurre? - comenzó a caminar también
- Espérame aquí - pronunció
- ¡¿Kah?! - abrió sus ojos en señal de sorpresa
El peliplata llegó hasta la mitad de la cuadra, en la que se encontraba un callejón y, sin dudarlo, se adentró en el
- Vaya... de verdad eres tú - giró ante aquella reconocible voz - Jamás pensé encontrarte aquí, Sesshomaru
Su ondulado y largo cabello negro caía a ambos lados de sus hombros, un vestido florado de un color similar al kimono que tenía puesto la última vez que la había visto, adornaba su bello cuerpo, al mismo tiempo en que entonaba bien con sus ojos rojos
- Kagura - pronunció con aquella expresión imperturbable - Sigues teniendo el olor a Naraku
- ¿Qué esperabas? - sonrió - Al fin y al cabo él fue mi creador
- ¿Qué estas haciendo aquí?
- Al parecer mi alma quiso jugarme una broma al momento de mi muerte
- Hm... entonces ¿eres una simple humana?
- Te equivocas - caminó hacia él, quedando a escasos centímetros, al mismo tiempo en que, con su mano derecha, tomaba el abanico escondido debajo de su cabello - Los demonios no reencarnamos en humanos, ni siquiera las extensiones de uno...
Él sólo la observó
- ¿Qué hay de ti? Tu energía me dice que no perteneces a éste mundo
- Eso no es de tu incumbencia - desvió la mirada, dispuesto a irse
- Espera - tomó su brazo, provocando que volviera a mirarla - No es quién piensas...
- ¿De que hablas Kagura?
- Me refiero a que... él no es...
- ¿Señor Sesshomaru?
Ambos giraron ante la voz de la jovencita, quién se encontraba en la entrada del callejón, observándolos
- Ya entiendo - susurró - Con que también viniste por ella
- Lo... lo siento - desvió la mirada - No quise... interrumpirlos
- Descuida niña - sonrió, apartándose del demonio y comenzando a caminar - No interrumpiste nada - pasó a su lado
- Kagura - pronunció, mientras ella volteaba a mirarlo - Iré a buscarte más tarde
Ella asintió, reanudando su caminata
- ¿Es su pareja? - preguntó seriamente. Él elevo sus cejas sutilmente, sin responderle - No tiene porque decirme nada - frunció el ceño - Después de todo... no es asunto mío
Miró sus ojos, con la esperanza de obtener algún tipo de contestación, sin embargo, no consiguió nada. Sin decir más, volteó y comenzó a caminar en dirección a su trabajo
- ¡Amo bonito! - llegó corriendo - ¡No me diga que esa joven era Rin!
- ¿Tu que crees?
- ¡La pequeña Rin! - comenzó a llorar - ¡Ay Jaken está muy feliz de volver a ver a Rin!
Sin que se percatara, Sesshomaru comenzó a caminar en dirección al restaurante
¡Muchas gracias a todos los que se toman un tiempo de leer y me dejan hermosos comentarios! De verdad, me inspiran a seguir avanzando con la historia y espero que la estén disfrutando tanto como yo
