Ingresó a su casa, al mismo tiempo en que su esposa saltaba de las escaleras, atrapándolo con sus brazos

- ¡Mi señor! - pronunció, tratando de que su voz no se entrecortara

- Izayoi - reaccionó, rodeando su cuerpo - ¿Estuviste despierta toda la noche?

- Me temo... que no pude dormir... ¿Cómo esta? - se apartó, mirando sus ojos, mientras que los de ella, se encontraban llenos de lágrimas - ¿Cómo se encuentra Inuyasha?

- Tranquila - murmuró - Él esta bien... esa jovencita lo esta cuidando en estos momentos

- Sucedió, ¿no es así? - sus ojos suplicaban por una respuesta negativa, provocando que el alma del demonio se ensombreciera al no poder brindársela

- Si - asintió, mientras la mujer enterraba su rostro en su pecho, dejando salir aquel llanto reprimido - Tranquila - volvió a decir

- Inuyasha... - sollozaba - Mi pequeño Inuyasha... yo... no quería

- Izayoi - pronunció con firmeza - Ambos sabíamos que esto podía llegar a ocurrir... nada ganaremos con lamentarnos

- Usted no lo entiende - se apartó, el demonio podía leer el miedo y la tristeza en sus ojos castaños - Inuyasha sufrió mucho en la época antigua por su condición... Él... él fue rechazado la mayor parte de su vida

- Esta vez será diferente

- ¿Cómo está tan seguro?

- Porque se encontró con su esposa primero... además... sus amigos, jamás lo abandonarían

La mujer volvió a apoyar su cabeza en su pecho

- Tengo miedo, mi señor

- No temas... yo estoy aquí para ustedes... mientras yo viva, nada ni nadie podrá destruir a mis hijos ni a ti... tenlo por seguro, mi querida Izayoi

Cerró sus ojos, intentando encontrar el consuelo en las palabras de su esposo, sin embargo, la secuencia ocurrida el atardecer anterior, se hizo presente

Ambos se encontraban sentados en la cocina, mientras degustaban de un té

- ¿Qué? - murmuró, abriendo sus ojos

- ¿Ocurre algo, mi señor? - lo miró, al percatarse de su reacción

- No... no es nada - se puso de pie - Regresaré en un momento

- ¿Está seguro que no ocurre nada? - insistió

Buscaba el abrigo que contenía aquella estrella

- Izayoi - pronunció seriamente - Por ningún motivo salgas de aquí

- Por favor dígame - se mostraba preocupada - ¿Sucedió algo con Inuyasha?

- Aún no - no quería preocuparla más de lo que ya la veía - Llama a Totosai y dile que voy a tomar a colmillo de acero

- ¡¿QUÉ?! - abrió sus ojos - Eso significa que... Inuyasha...

- Quédate tranquila - se acercó a la salida - Prometo que nada malo le ocurrirá a Inuyasha

Segundos después, se perdió tras la puerta, mientras ella corría a llamar al anciano


El mediodía se acercaba, mientras la ex sacerdotisa se encontraba en su habitación, adelantando su trabajo de la época feudal

- Sacerdotisa - murmuró, leyendo un artículo en internet - ¿Acaso ese era mi deber en la época antigua?

Cerró los ojos, tratando de forzar a su mente a recordar algo más, algo que pudiera aliviar el dolor de su alma cada vez que pensaba en ello

- ¿Es usted la sacerdotisa que ayuda a las personas sin importan si son bandidos?

La imagen de un hombre, seguido por otros, con las tradicionales ropas de un soldado de aquella época, se hizo presente

- Hm - sonrió - Supongo que esa es la respuesta a mi pregunta

Viste cuando moriste por primera vez

- Morí por primera vez - susurró, recordando las palabras de su hermana - Significa que... en algún momento ¿volví a la vida? ¿Realmente es eso posible?

La única que puede ayudarme con todo esto es Kaede

Tomó su celular y caminando hacia el balcón, marcó el número de su hermana

Mientras tanto, la anciana se encontraba en su casa, tejiendo una manta, preparándose para el otoño, el cual no estaba muy lejos. El teléfono de la sala comenzó a sonar, al mismo tiempo en que ella se ponía de pie para responder

- ¿Diga? - levantó el tubo

- Buenos días Kaede - respondió aquella dulce voz

- ¿Kikyou? - abrió sus ojos, sorprendida

- ¿No reconoces la voz de tu hermana?

- Si... sólo que... no esperaba tu llamado

- Espero no haber llamado en un momento inoportuno

- No... para nada hermana, dime... ¿Qué necesitas?

- Me preguntaba si, ¿Querrías que almorzáramos juntas?

- ¿De verdad? - sus ojos comenzaron a humedecerse - Me... me encantaría... ¿Quieres venir a mi casa?

- Claro... me encantaría - sonrió

- De acuerdo... ¿puedes anotar la dirección?

La joven regresó al interior de su cuarto, sentándose sobre la cama

- Hermana - murmuró, al mismo tiempo en que sus ojos también se llenaban de lágrimas - Acaso... nuestra vida en la época feudal... ¿fue tan triste? - hizo una pausa - De lo contrario, no debería sentir esta culpa y angustia al hablar contigo


La castaña caminaba, inmersa en sus pensamientos, dirigiéndose al restaurante

¿Por qué?... ¿Por qué involucrar a Kohaku en esto?

Esperaba que Miroku pudiera ayudarla a encontrar las respuestas

Cruzó la calle, en dirección al restaurante. Ingresó y, automáticamente, una jovencita de tierna sonrisa se acercó a ella

- Buenos días, ¿en que puedo ayudarla?

- Bueno días - le devolvió la sonrisa - Quisiera una mesa para dos personas si es posible

- Por supuesto, por aquí

Comenzó a caminar, mientras Sango la seguía. Pasaron al frente del bar, en dónde se encontraba sentado aquel peliplata, con la mirada posada sobre la camarera. Los ojos de la ex exterminadora se encontraron con los orbes dorados del demonio, al mismo tiempo en que una secuencia comenzaba a transcurrir en la mente de ella

- ¡Escúchame! - gritó, sobre el lomo de Kirara, junto a Kohaku, mientras él permanecía flotando - Su excelencia ha absorbido el veneno de Magatsuhi y también Rin ha sido afectada por él...

- ¿Humg? - entrecerró sus ojos, girando y comenzando a volar en dirección a la aldea

Su rostro y su cabello se veían exactamente de la misma manera, sin embargo, su vestimenta consistía en un extraño kimono y una estola sobre su hombro

- ¿Qué? - murmuró, mientras él desviaba su mirada

- ¿Le parece bien esta mesa? - la miró, percatándose de que la joven no apartaba la mirada de Sesshomaru - Disculpe...

- ¿He? - reaccionó - Si... si, está bien - sonrió, sentándose

- ¿Puedo hacerle una pregunta? - el semblante de la joven se veía serio

- Si, por supuesto, dime...

- No quisiera incomodarla, pero... ¿usted lo conoce? - indicó, con un movimiento de su cabeza, la dirección del demonio

- ¿A él? - volvió a mirarlo - Sólo... es el hermano de un amigo

- Disculpe - se avergonzó - No es de mi incumbencia

- Oye - puso su mano sobre el brazo de la joven

Se encontraban en el interior de algo, aunque no llegaba a distinguir bien que era. Nuevamente estaba montada sobre el lomo de Kirara, con la diferencia de que ahora tenia empuñado su boomerang. Al frente de ella, un hombre con un aspecto monstruoso sonreía cínicamente, mientras sostenía a una niña en sus brazos

- ¿Qué harás Sango? - pronunció con una voz igual de molesta que su mirada - Si me matas, salvarás la vida de ese monje, sin embargo... también matarás a la pequeña Rin

- Maldito - gruñó

Yo... yo no puedo permitir... que su excelencia muera

- ¡Perdóname Rin! - gritó, al mismo tiempo en que lanzaba su HiraiKotzu

- No... no puede ser - murmuró, observando los ojos de la joven

- ¿Qué le ocurre? - la miró confundida - Se puso pálida de repente

- Tú... ¿eres Rin? - parecía que sus ojos iban a llenarse de lágrimas

- Si... ¿por qué pregunta?

La joven redirigió la vista a Sesshomaru, quién estaba observándola. En ese instante, el demonio negó dos veces con la cabeza

- Porque... - titubeo, comprendiendo la señal - Porque me habían hablado de ti... debido a que haces... haces muy bien tu trabajo - sonrió, volviendo a mirar a la muchacha - De verdad... la atención es espectacular

- Gra... gracias - respondió, tratando de procesar toda la secuencia vivida - Ya... le traigo la carta para su orden

- De acuerdo - asintió, sin perder la sonrisa

La joven se retiró, al mismo tiempo en que ella posaba los ojos en el hermano de Inuyasha, quién mantenía la mirada en Rin

Acaso... ¿pudo darse cuenta de lo que estaba pensando?


- El almuerzo estará listo en un momento - ingresó sonriente a la habitación - ¿Ya puedes sentarte Inuyasha?

- Eso creo - dijo, elevándose con dificultad, al mismo tiempo en que bajaba las piernas

- Oye - miró alrededor - ¿Y el anciano Myoga?

- Se fue con mi padre - se puso de pie - ¿Puedo usar tu baño?

- De acuerdo - se acercó, tomando su brazo - Te ayudaré

- Esta bien - sonrió

Salieron de la habitación y comenzaron a descender las escaleras

- ¡Kagome! ¿puedes preguntarle si quiere...? - la mujer se quedó en silencio, al encontrarse con ambos jovenes a mitad de camino

- ¿Ma... má? - la morena abrió sus ojos de par en par

El híbrido tenía la misma mirada que ella e, instintivamente, sus orejas hicieron un movimiento, mientras trataba de taparse su torso desnudo

- Vaya - murmuró la mujer - ¿Te encuentras bien? - miró el vendaje - Kagome, nos dijiste que su herida no era de gran importancia

- No lo es, señora - respondió sonrojado

- De acuerdo - sonrió, bajando las escaleras - Oh - giró - Me agrada tu nuevo estilo - guiñó su ojo antes de regresar a la cocina

- ¿Qué demonios fue eso? - miró a la joven

- No lo sé - susurró, antes de retomar su camino al baño

Kagome se quedó afuera, mientras el se encontraba en el interior

- ¿Segura que no quieres llamar a la policía? - se acercó

- No abuelo - respondió en un suspiro - Estamos bien

- La herida de ese jovencito no se ve para nada insignificante

- No te preocupes - sonrió, mientras el híbrido salía al pasillo - Inuyasha se encuentra muy bien, ¿no es asi? - lo miró

- ¿He? Si... eso creo

Ambos emprendieron el regreso a la habitación, ante la atenta mirada del anciano

- ¿Quieres volver a acostarte? - se pararon al lado de la cama

- No... me quedaré sentado - dijo, descendiendo

- De acuerdo - lo ayudó - Iré a buscar la comida

- Kagome - la tomó de la mano, provocando que girara - Tenemos que hablar sobre todo esto

- Inuyasha - murmuró - Primero tienes que mejorarte

- Ya me siento mejor - insistió - Por favor... - sus ojos parecían suplicar que no se marchara

Ella asintió, sentándose a su lado

- ¿Qué ocurre? Te ves... bastante preocupado

- Yo... quiero saber que piensas

- ¿Qué pienso?

- Si... ¿Qué piensas de... todo esto?

- ¿Te refieres a tu aspecto? - él no respondió - Inuyasha...

- No sé... no sé como podré continuar con mi vida... si luzco así

En ese momento, ella se acercó, abrazándolo, al mismo tiempo en que apoyaba su cabeza en su pecho

- A mi... no me importa como luzcas Inuyasha... yo... siempre estaré a tu lado - cerró sus ojos

- Ka...gome - la estrechó en sus brazos, apoyando su cabeza sobre la de ella

Permanecieron así unos momentos, hasta que él se apartó, buscando su mirada

- ¿Qué ocurre? - susurró

Sin responder, el híbrido acarició su mejilla, mientras comenzaba a acercar su rostro con la intención de besarla

- ¡Hermana! - abrió la puerta de repente, al mismo tiempo en que ella lo empujaba - ¿Qué están haciendo?

- N... nada - se puso de pie - ¿Tú que estas haciendo?

- Sólo vine a decirles que el almuerzo ya está listo

- No era necesario - gruñó el híbrido, tratando de ponerse de pie

- Ya iré a buscarlo - respondió la joven

- De acuerdo - cerró la puerta

- Sota - suspiró, al mismo tiempo en que comenzaba a caminar

La mano del híbrido la sujeto por la cintura, volviéndola hacia él

- Estas muy equivocada si piensas que te dejaré ir después de esto - tenía un brillo especial en sus ojos

- Inu...yasha - murmuró, sonrojándose

Sin perder el tiempo, el peliplata posó sus labios sobre los labios de la morena, quién rápidamente envolvió las manos en su cuello. Una nueva sensación invadió sus cuerpos, causando que los dolores, provocados por su heridas, pasara a segundo plano. Comenzó a empujar a la mujer hasta quedar a escasos centímetros de la puerta, sin separar sus bocas, que se seguían fundiendo en un beso cada vez más apasionado

Cómo si comprendiera lo que él insinuaba, elevó su pierna, rodeando la cintura del joven. En ese momento la puerta golpeó estrepitosamente la cabeza de la morena, quién, en un acto reflejo, volvió a empujar al híbrido, mientras ahogaba un grito de dolor

- Hermana - dijo ingresando - Mamá pregunta si quieren comer aquí

- - su tono se había transformado, al mismo tiempo en que acariciaba su nuca - Ya voy

- ¿Qué le pasó al orejas de perro? - miró al hanyo, quién se encontraba tendido en el suelo, boca arriba, con expresiones de dolor

- Sólo se cayó, vamos - lo empujo hasta sacarlo de la habitación - Lo siento - susurró, cerrando la puerta

- Arghhhh maldito enano - gruñó, tratando de ponerse de pie