- Entonces... ¿ese ser estaba detrás de Kikyou?

- Así parece - respondió su amigo - La señorita Kikyou estaba muy asustada

- No la culpo - intervino Sango - Esa cosa emanaba una energía espantosa

- ¿Energía dijiste? - preguntó el anciano

- Así es - lo miró - El joven Miroku también la sintió, ¿no es así?

- Efectivamente... de echo, siguiendo esa energía fue que llegamos a dónde se encontraba Kikyou

- Bueno, eso es un gran avance

- ¿Avance? ¿Para que? - preguntó el híbrido

- Para recuperar todo lo que perdieron

- Ya estoy lista - llegó la joven, sonriendo - ¿Qué les ocurre? - preguntó, observando las serias expresiones de sus amigos

- No es nada - respondió él, desviando la mirada ante la disimulada sorpresa de los demás - Dinos anciano, ¿Dónde entrenaremos?

- Teniendo en cuenta que aún no pueden atravesar la barrera del tiempo, me temo que tendré que recurrir a alguien más para que nos saqué de aquí

- ¿Qué hay de nuestras armas? - preguntó la castaña

- Kagome, ¿puedes traerles las armas a tus amigos?

- ¿He? - lo miró confundida

- Así es, después de todo, se encuentran en la tienda de tu abuelo, ¿no es así?

- Asique... de verdad eran de su propiedad - sonrió, recordando aquella tarde en la que sus amigos se acercaron a ellas, sin saber que no había sido coincidencia o casualidad - De acuerdo - volvió a caminar en dirección de su casa

Si ese ser fue en busca de Kikyou, no debería extrañarme de que también esté detrás de Kagome

Pensaba, al mismo tiempo en que veía a la mujer alejarse

- ¿Por qué no quisiste decirle? - preguntó Sango

- Porque no quiero preocuparla más

- ¿Seguro que sólo es eso? - lo miró, desconfiada

- Oye ¿Qué insinúas? - entrecerró sus ojos

- Debes admitir Inuyasha - intervino el joven - Que es un poco extraño

- ¡Dejen de pensar tonterías! - gritó - Ayudaré a Kikyou en lo que pueda... la protegeré si es necesario, pero no con las intenciones que ustedes piensan

- Me parece lo más razonable - se cruzó de brazos el castaño

- Mmm deberé pedir ayudar - tomó su celular y se apartó unos metros de lo jóvenes

Mientras tanto, la morena había ido en busca de su abuelo

- Oye abuelo - dijo, ingresando a la sala - ¿Podrías darme las llaves de la tienda?

- ¿Y para que las quieres? - preguntó, sin apartar la mirada de su periódico - ¿No me digas que te interesan esos artículos? - la miró con un brillo especial en sus ojos

- En... en realidad... mis amigos quieren comprarte los artículos que vieron la otra vez...

- ¡¿De verdad?! - se paró de un sólo salto - Iré de inmediato

- ¡No! - elevó su mano - He jajaja no es necesario - colocó su palma detrás de su nuca - Yo puedo entregárselos

- ¿Estás segura?

- Si, no te preocupes, puedo hacerlo - sonrió

- Está bien, pero por favor, cuida las llaves - se las entregó

- Lo haré, muchas gracias abuelo - dijo dulcemente para luego comenzar a correr en dirección a la salida

- Tenemos que irnos de inmediato o se nos hará tarde - se acercó el anciano

- ¡Aquí estoy! - gritó, corriendo, al mismo tiempo en que giraba en dirección a la tienda - !Por aquí!

Todos comenzaron a caminar en aquella dirección mientras la joven abría la puerta

- Adelante - sonrió - Pueden sacarlos

Ambos ingresaron, mientras los demás permanecían en la puerta. Las dos armas se encontraban apoyadas contra la pared, una a la par de la otra. Sango fue la primera en tomar el boomerang, mientras una secuencia comenzaba a pasar por su mente

Se encontraba en el interior de algo, sumergida en una especie de líquido, mientras que, frente a ella, varios monstruos la observaban

- HiraiKotzu... te pido que luches a mi lado una vez más

Aquella secuencia se intercaló con todos los momentos vividos a su lado, desde el momento en que se lo obsequiaron, hasta cuando se lo entrego a su hijo mayor, para que comenzara a portarlo, sin embargo, había regresado a sus manos

- Hi... HiraiKotzu - lo abrazó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas - Realmente eres tú

- ¿Logró recordarlo? - preguntó la estudiante

- Eso parece - sonrió el anciano

- De acuerdo - desvió aquellos ojos llenos de amor con los que miraba a la castaña y los redirigió a su cetro, tomándolo

Al igual que con su compañera, varias imágenes atravesaron sus pensamientos, en todas ellas se encontraba destruyendo demonios con el, acompañado de pergaminos

- Buen trabajo muchacho - sonrió al ver como una secuencia, en la que golpeaba a Inuyasha con aquella arma, se hacía presente - Has regresado, buen compañero

- Miroku... - murmuró el híbrido

- Chicos - ingresó, emocionada - ¿Recuperaron sus recuerdos?

- Bueno... sólo los relacionados a HiraiKotzu

- Lo mismo para mi - se acercó el castaño - Sin embargo, no vi a Naraku en ninguna de esas imágenes

- Yo tampoco - suspiró

- Eso es porque aún no están preparados para luchar - respondió el anciano, quien aún permanecía en la puerta

- Totosai - dijo el joven - ¿Por qué la primera vez que vimos nuestras armas, no recordamos nada?

- Supongo que porque aún no era necesario

- Entonces, ¿Por qué yo no recuerdo como usar a colmillo de acero?

- Porque eres un inútil

- ¡Repite eso! - le propino un golpe en la cabeza

- Sólo estaba bromeando - dijo, al mismo tiempo en que un chichón salía en su cabellera

- Tranquilo Inuyasha - sonrió - Yo tampoco sé como usar mis flechas aún - miró su arco

- Debemos irnos - giró, comenzando a caminar - O se nos hará tarde

...

El timbre sonó, indicando que el joven había llegado a buscarla

- Hola - sonrió la madre, abriéndole la puerta - Por favor, pasa, ella vendrá en un segundo

- Muchas gracias señora - sonrió cálidamente el castaño - Es usted muy amable

El muchacho ingresó, sentándose al frente de la mesa, a la espera de su cita

El joven Suikotzu ya está aquí, sin embargo... mi mente sólo puede pensar en lo que acaba de ver

- Inuyasha - suspiró - Desearía... que fueras tú quién estuviera esperándome en la sala

- Hija - se asomó su madre - El joven Suikotzu ya está aquí

- Lo sé madre - sonrió - Iré en un momento

La mujer se retiró, mientras ella seguía viendo su rostro en el espejo

No puedo... no puedo continuar aferrándome a algo que jamás va a pasar

Acarició su reflejo en el espejo, dándose ánimos. Suspiró profundamente y emprendió el camino a la sala

- Vaya - murmuró el joven, abriendo sus ojos ante la imagen de la joven bajando las escaleras - Bu... buenas tardes señorita

- Buenas tardes Suikotzu - sonrió

- Yo... no quiero sonar impertinente, pero... esta muy hermosa señorita Kikyou

- Me halaga - se ruborizó mínimamente - ¿Qué le parece si...?

- Por supuesto, permítame - caminó a la puerta, abriéndola e invitándola a salir

- Muchas gracias - salió, seguida por él

Comenzaron a caminar en dirección al restaurante que se encontraba al frente del gran parque. Los primeros metros fueron en silencio, era evidente que ambos estaban nerviosos y ninguno sabía como sacar un tema de conversación

- Es un día muy bonito, ¿no le parece? - rompió el hielo

- Así es - sonrió dulcemente - Perfecto para tomar el té al aire libre

- Entonces pediremos una mesa fuera, si le parece

- Por supuesto que si

Su rostro parecía estar total y completamente relajado, sin embargo, la realidad era que intentaba ocultar la gran preocupación y malestar que estaba sintiendo

Nos está siguiendo

Miró, sutilmente, por sobre su hombro y logró verlo, escondido entre los árboles de las casas que dejaban atrás

Está presencia... no se parece en nada a la que me atacó anteriormente... su energía, es demoníaca, sin embargo, posee las mismas ropas que tenía puesta Onigumo

- ¿Qué le parece?

- ¿Qué? - la voz del joven la trajo nuevamente a la realidad

- Pensaba en pedir un plato de okonomiyaki para acompañar el té

- Oh, si... me parece una muy buena elección

Continuaron su camino, mientras ella observaba a su alrededor, prestándole mayor atención a aquellas personas que pasaba a su lado, sólo para descifrar si podían percatarse de la presencia de la entidad que los perseguía, sin embargo, todo parecía indicar que sólo ella podría verlo o saber que estaba allí

Ingresaron al restaurante para pedir una mesa en la sección exterior. Pasaron por el bar, en dónde la mirada de la joven se cruzó con los orbes dorados del demonio, quién había quedado sólo

¿Sesshomaru?

Pensó, al mismo tiempo en que un recuerdo pasaba por su mente

- Y ahora resulta que tengo un hermano - suspiró Inuyasha, mientras almorzaban en el comedor de la escuela

- Eso es algo bueno - sonrió la morena - Ya no estarás sólo en casa

- Lo dices porque no conoces a Sesshomaru...

- Con que ese es su nombre ¿he?

- Sesshomaru es la persona más extraña y repulsiva que vi en mi vida - frunció su ceño

- No creo que sea tan malo

Sin embargo, esa misma tarde, mientras el pelinegro la acompañaba a su casa, se cruzaron con él en el parque. El youkai se encontraba mirando al frente, como si estuviera vigilando algo a la distancia

- Él es Sesshomaru - le susurró

- Vaya - respondió - Son parecidos - emitió una pequeña sonrisa complice

- Oye, no te burles - entrecerró sus ojos

El youkai se quedó observándola un momento, hasta que desvió la mirada al parque, ella hizo lo miso y, pudo observar que, entre la gente que caminaba por el lugar, se encontraban 2 figuras vestidas exactamente igual, paradas una al lado de la otra

¿Acaso puede verlos?

Pensó, volviendo a mirar al joven sólo para corroborar que estaba en lo cierto, Sesshomaru los estaba mirando directamente

...

- Mi hermana Kikyou está muy decidida a recuperar su memoria - dijo la anciana mientras caminaban

- Eso es muy bueno Kaede - respondió Inu No Taisho - Esa jovencita posee poderes espirituales muy grandes, será de mucha ayuda

- Lo sé, sin embargo, cómo ya le había comentado señor Taisho, eso implica volver a vivir el dolor por el amor no correspondido de Inuyasha

- Créame, que ese dolor será la cura que necesita para poder disfrutar de la vida que no pudo tener en la época feudal

En ese momento, Kirara emitió su característico maullido

- Muchas gracias Kirara - sonrió, acariciándola - Ahora podrás luchar junto a Sango nuevamente

- Debes estar emocionada, pequeña - el demonio tocó sus orejas

- Dígame señor Taisho... ¿Usted sabe quién se encuentra detrás de todo esto?

- Me temó que no Kaede - suspiró - Y eso es lo que más me preocupa...

- ¿El joven Sesshomaru no le ha dicho nada?

- Sesshomaru teme que esta amenaza sea superior a cualquier cosa a lo que se haya enfrentado - dijo con seriedad - Y yo soy el único que puede confirmárselo, por lo que...

- Comprendo - su semblante se oscureció - Es por eso que no ha revelado lo que le sucedió cuando se encontraba de camino aquí - ambos permanecieron en silencio unos metros - ¿Podría hacerle una pregunta?

- Por supuesto - la miró, sonriendo

- ¿Cómo logró Totosai traer las espadas a ésta época?

- Pues... por lo que me comentó... no fue una tarea para nada sencilla, al menos con colmillo explosivo y colmillo de acero...

- Mi señor - dijo Izayoi ingresando a la habitación

- ¿Qué ocurre, cariño? - la miró, bajando el libro que estaba leyendo

- Totosai lo está esperando

- De acuerdo - asintió, al mismo tiempo en que se ponía de pie

Salió de su casa, en dirección al lugar en dónde había pactado el encuentro con el anciano en el momento en el que recuperara las espadas

Comenzó a subir las grandes escaleras del templo y, al llegar a la cima, pudo divisarlo parado frente al árbol sagrado, observándolo

- Totosai - se acercó

- Señor - lo miró, haciendo una pequeña reverencia

- Oh, ya no lo hagas - sonrió, redirigiendo su mirada al árbol

El anciano hizo lo mismo

- Vaya... - sus ojos cobraron un brillo especial - Lograste recuperarlas a las dos - pronunció, observando a Tessaiga y Tensseiga, ambas suspendidas en su interior

- Debo decir, que no fue sencillo recuperar a colmillo de acero

Inicio del flashback

- Creo que con esto será suficiente - dijo el anciano, colocándose aquel cesto en su espalda. Montó su vaca y salió en dirección a la aldea

El día era perfecto, ya que se encontraban en plena primavera. Moroha estaba recogiendo los cultivos en compañía de Shippo, cuando aquel característico rayo se hizo presente, provocando que ambos youkai dieran un salto, asustados

- ¡¿No tienes otra forma de llegar Totosai?! - se quejó, mientras recogía las verduras que habían caído al suelo

- ¡Algún día vas a matarnos! - gritó el zorrito

- Ya dejen de ser quejarse - se rasco la oreja - Moroha, necesito que me lleves a la tumba de Inuyasha

- ¿Qué? - se sorprendió - ¿Para que quieres ir? - desvió la mirada, la cual poseía una mezcla de tristeza y molestia

- Moroha... - la miró el niño

- Se los explicaré allá

Comenzaron a caminar en dirección al Torii. Ascendieron las grandes escaleras, pasaron por la tumba de Kikyou, haciendo una especie de reverencia a modo de saludo, caminaron unos metros más hasta dar con aquel sagrado lugar

- Mamá, papá - pronunció la chica, haciendo otra reverencia para luego arrodillarse ante aquellas estructuras, levantadas en su honor

- Ella no suele venir muy seguido aquí - le susurró Shippo

- Mmm, con que aún no lo supera, ¿no es así?

- Oigan - entrecerró sus ojos - Puedo oírlos

- Bien - se bajó de su transporte, acercándose y arrodillándose al lado de la mujer - Seguro te estas preguntando el porque te pedí que me trajeras aquí

- Así es

- No sé si debería decirte esto, pero tu padre se encuentra vivo, en otra época

- ¡¿Qué?! - dijo casi en un suspiro, abriendo sus ojos en señal de sorpresa

- ¿Inuyasha está con vida? - se sorprendió el niño

- Su alma reencarnó poco después de su muerte... fue en busca de tu madre

- Eso significa... ¿Qué ellos volverán a encontrarse?

- Es probable

- Eso es... hermoso - sus ojos se llenaron de lágrimas - Gracias por decírmelo anciano

- Sin embargo... necesito que me ayudes con algo - la miró seriamente