- ¡¿Qui... Quién eres tú?! - dio un respingo, intentando levantarse
¡¿Qué me ocurre?! No puedo moverme
Sus ojos castaños habían quedado observando a aquel ente, el cual comenzó a abrir lentamente la ventana
- Descuida, no pienso matarte - aquellas manos humanas sostenían el marco, elevando el vidrio - A decir verdad, no es a mi a quién le interesas, Kohaku
¿Fue por eso que Kohaku comenzó a tener esas visiones? ¿Le estaban advirtiendo que venían por él?
- ¡Resiste Kohaku!
Gritó, ingresando a la casa y subiendo las escaleras con largas zancadas. Dobló por el pasillo y, sin pensarlo dos veces, pateo la puerta de la habitación del niño
- ¡¿Tú?! - frunció el entrecejo ante aquella figura parada al lado de la cama de su hermano - ¡Aléjate de él!
- Oh Sango, la exterminadora - sonrió - Que gusto verte de nuevo
- Her...hermana - pronunció, aún sin poder moverse
La mujer tomó el sujetador de su boomerang y miró de forma amenazante al ente
- ¡Sango! - gritó Miroku, asomándose por la puerta que había quedado abierta - ¿Dónde estará? - cerró los ojos, concentrándose en aquella energía que percibía - Está arriba
Subió lo más rápido que pudo. Giró a la derecha e ingresó a la primera habitación que apareció, sin embargo, ni Sango ni la presencia estaban allí, por el contrario, un hombre parecía estar profundamente dormido
¿Será su padre?
Se acercó lentamente, observándolo con detenimiento
- Con todo el ruido que hice y, que con toda seguridad, Sango ha hecho al llegar, es imposible que lograra mantenerse dormido
¿Estará bajo una especie de conjuro?
Salió del lugar y comenzó a correr en la dirección contraria
- No tiene caso que intentes detenerme Sango... el destino de tu hermano ya está marcado
- ¡Cierra la boca!
Unas manos humanas emergieron por debajo de la piel de mandril, dirigiéndose a la cara del niño
- ¡No te atrevas a tocarlo! ¡HiraiKotzu! - lanzó el arma
Onigumo retrocedió, lanzándose por la ventana al mismo tiempo en que el boomerang volaba el vidrio en mil pedazos
- ¡Maldito! - gruñó - ¡Kohaku! ¡Quédate aquí! - salió de la habitación
El sonido de aquella explosión hizo que el joven se detuviera a mitad de camino
- ¡Sango! - gritó para luego ver a su compañera salir despedida del cuarto, corriendo en su dirección - ¡Sango! - repitió - ¡¿Te encuentras bien?!
- Vino por Kohaku - fue lo único que pudo pronunciar antes de pasar por el lado de él y comenzar a descender bruscamente las escaleras
¿Vino por su hermano?
La siguió, intentando procesar todo lo que estaba ocurriendo. La castaña cruzó el living, pasando por la cocina para finalmente llegar al patio, en dónde vio su boomerang colgado en la cerca que dividía su casa con la del vecino
- Escapó - pronunció con frustración
- Sango - intentaba respirar - ¿Qué ocurrió?
Sin responder, tomó su arma y volvió a dirigirse a la salida de su casa
Es imposible que haya ido muy lejos, tiene que estar por aquí, ¿verdad?
Se detuvo al frente de su hogar, mirando en ambas direcciones
- Sango - finalmente, la voz de Miroku la devolvió a la realidad - Ya se marchó... no importa que tanto intentes seguirlo, su presencia se ha desvanecido
- Maldición - sus ojos parecían intentar humedecerse, sin embargo, se esforzaba por no llorar - Estuve tan cerca de...
- Dime, ¿Qué fue lo que ocurrió?
- No... no lo sé... sólo, cuando entré a la habitación de Kohaku...
Kohaku
Abrió sus ojos, imaginando que su hermano debía encontrarse paralizado en su cuarto
- Se... lo explicaré dentro de la casa - miró el suelo - Tengo que ver como se encuentra mi hermano
El sol se posaba en lo más alto, mientras la joven abría lentamente sus ojos. Un nuevo día había comenzado, sin embargo, los tormentos vividos la noche anterior no abandonaban su mente
Salieron del cementerio y los tres comenzaron a caminar en dirección de la casa de Kagome
- Oye, espera un momento - dijo el hanyo - ¿A dónde se supone que vas, lobo?
- ¿Acaso no es obvio, bestia? - lo miró, molesto - Tengo que asegurarme de que Kagome esté a salvo
- Pues para eso me tiene a mi
- ¿A ti? Pero si eres una nena... un poco de peligro y ya te transformas
- ¡¿Qué dijiste?!
- Ya dejen de pelear ustedes dos - intervino la joven, visiblemente cansada - Te agradezco mucho tu ayuda Koga, pero puedo seguir con Inuyasha
- ¿Estás segura Kagome? - tomó sus manos
- ¿He? S... Si, claro
- Sarnoso - le dio un golpe en la cabeza - No es necesario que la tomes de las manos - gruñó
- Estén atentos - dijo el youkai, pasando su mano por el lugar en el que recibió el golpe - Dudo mucho que el bastardo de Naraku se quede muy tranquilo
- Es verdad - suspiró la joven - Tú también Koga, ten mucho cuidado y, por favor, si algo ocurre, sólo avísanos
- Lo haré Kagome - sonrió, alejándose
Sin más, la joven se subió a la espalda del híbrido y este comenzó a correr por las desiertas calles, mientras ambos permanecían inmersos en sus pensamientos. Ninguno emitió palabra, hasta que llegaron al templo
- ¿Te encuentras bien? - preguntó al percatarse de la expresión de su compañera
- Si... sólo estoy cansada y confundida, además - hizo una pausa - No encontré las llaves... mi abuelo se molestará mucho por eso
- Pues no estaban en el cementerio, quizás... se te cayeron en otro lugar
- Tal vez - suspiró - De cualquier forma, no quiero pensar en eso ahora - miró el suelo unos segundos
- Yo... debo regresar a mi casa - también dirigió su mirada al piso - No he visto a mi madre desde el viernes... debe estar muy preocupada por mi
- Lo sé - sonrió levemente - ¿Irás a ver a Kikyou mañana?
- Tengo que hacerlo - notó que su cuerpo se tensó - Si quieres venir...
- No es por eso - interrumpió - Sólo...
- Vendré a verte luego de ir a su casa
- ¿Qué? - un brillo brotó de sus ojos castaños
Sin responder, la abrazó, aferrándose a ella como si no quisiera irse jamás
- Lamento... no poder quedarme más tiempo
- Inuyasha - murmuró, correspondiendo su afecto
Se sentó y suspiró profundamente. Tenía que recobrar fuerzas para enfrentar a su abuelo y decirle que había perdido las llaves de la despensa, lo cuál, estaba casi segura, provocaría que el anciano estallara en una marea de gritos y quejas. Sin embargo, eso no era lo único que rondaba su mente
- Naraku... él... intentó secuestrarme - murmuró - ¿Por qué?
Sesshomaru parecía sorprendido cuando le pregunte el porque querría llevarme con ellos
Pensó, mientras la expresión del youkai pasaba por su mente
En ese momento, el niño abrió la puerta de la habitación
- Buenos días hermana - sonrió - El desayuno está listo
Ingresó a su habitación por la ventana y se recostó en la cama. Por alguna razón, había decidido dormir sobre la rama del árbol que se encontraba al frente de su casa
¿Tendrá algo que ver con esta apariencia?
Pensó, siguiendo su instinto y saltado por la ventana para trepar hasta la rama más alta, sobre la cual, se sentó, apoyando su espalda en el tronco. Para su sorpresa, se quedó dormido con mayor rapidez de la que habría imaginado
Posó sus ojos en el techo de su casa, mientras recordaba su llegada la noche anterior
- ¿Debería entrar por le puerta? - murmuró frente a ella
Al llegar a su hogar, sintió el repentino deseo de escabullirse por el árbol inmediatamente
No, mi madre me debe estar esperando
Cerró sus ojos, emitiendo un profundo suspiro mientras ingresaba a su hogar
- ¿Inuyasha? - logró escucharla aunque ella se encontraba en su habitación
Luego, el repiqueteo de sus pasos en la segunda planta. Por la rapidez de ellos, pudo darse cuenta de que estaba corriendo, poco después, apareció por detrás de la pared
- ¡Inuyasha! - contrajo su rostro en una notoria expresión de tristeza y alivio, al mismo tiempo en que comenzaba a descender velozmente las escaleras - ¡Inuyasha! - repitió, aprisionando a su hijo entre sus brazos y apoyando su cara en su pecho - ¿Estas bien? ¿Estas lastimado?
De alguna manera, aquellas palabras le recordaron a Kagome, ya que ella era la primera mujer que se preocupaba por el de la misma manera en la que Izayoi lo hacía
- Madre - pronunció, sonriendo levemente y dejándose abrazar por el cariño que ella profesaba. Correspondió su gesto, cerrando sus ojos - Estoy bien
Permanecieron así durante unos momentos, reconfortándose el uno al otro, hasta que ella se apartó unos centímetros, observando su rostro
- Luces... - comenzó a acariciar su mejilla - Idéntico a la época antigua - sonrió, mientras las lágrimas seguían rodando por sus mejillas
- No llores - murmuró, casi de manera inaudible - No quiero... volver a verte llorar por mi, nunca más
- Hijo - susurró
El recuerdo de él mismo siendo un niño hanyo, en la era Sengoku, volvió a aparecer en su mente, provocando que su pecho se estrujara un poco
- Ya no es como antes, mamá - volvió a abrazarla - Te prometo... que no será como en la otra vida
- De acuerdo - se aferró aún más, intentando proteger a su pequeño, que ya no era pequeño
Volvió a suspirar ante ese recuerdo. Rápidamente otro pensamiento ocupo su lugar
- Kikyou - murmuró
Recordó las palabras que Sango y Miroku le habían profesado el día anterior, relatándole lo ocurrido entre Kikyou y ese ser, el cual ya tenía nombre: Onigumo
- Yo... conozco a ese bastardo - frunció el entrecejo, recordando lo confiado que se veía luego de atacarlos, cómo si tuviera un haz bajo la manga por si las cosas se salían de control - De alguna manera... es como si estuviera conectado conmigo
La mañana había transcurrido demasiado tranquila en el restaurante, teniendo en cuenta de que era domingo. Sin embargo, al llegar el mediodía, mucha más gente se acercó
Supongo que debe ser porque las mañanas son cada vez mas frescas
Pensó, mientras comía su almuerzo en la cocina del lugar
Le había costado demasiado conciliar el sueño después de todo lo vivido la noche anterior
- Dígame señor Jaken - pronunció con su tierna voz, observando al youkai sentado a su lado - ¿Por qué no recuerdo al señor Sesshomaru?
- Ay niña ¿y yo cómo voy a saberlo? - se encogió de hombros - Después de todo, no sé como es el tema de la reencarnación, aún no he muerto
- Y la época en la que vivíamos, ¿era tranquila?
- Bueno... no era precisamente el lugar más pacífico del mundo
- Que extraño - redirigió la vista al frente - Yo me veía muy feliz allí
- Eso es porque estabas en compañía del amo bonito - la miró - Todavía recuerdo el brillito en tus ojos cada vez que lo mirabas
- Tal vez - sonrió - Pero... cuando era una niña pequeña, estoy segura de que no sabía nada de amor
- No te confundas niña, al amo bonito le llevó mucho tiempo darse cuenta de lo que sentía por ti... cuando sólo eras una chamaca te cuidaba como su protector
- Comprendo... tengo la sensación de que... lo veía como a un dios
De hecho... siguió pensando que tiene la apariencia de uno
Sonrió, sonrojándose un poco al pensar en él de esa manera
- Rin
Giró su cabeza para encontrarse con los orbes dorados del youkai, el cuál estaba a unos pasos de distancia
- Señor Sesshomaru - murmuró
- Vámonos
Sin esperar respuesta, comenzó a caminar, seguido por Jaken. Por un momento, aquellas palabras y la misma situación, se le tornaron demasiado familiares. Con cada momento que pasaba, se daba cuenta de que realmente ellos habían estado relacionados en otra vida
Caminaron por las calles desiertas, invadidos por un sereno silencio. Cómo siempre, el peliplata iba a la cabecera
- Señor Sesshomaru - él la miró por sobre su hombro - Usted... ¿vino aquí por mi?
- Hm - pronunció, mirando nuevamente al frente
Ella sonrió. Por alguna razón, aquel sonido sin sentido, era una confirmación
- Y dígame... ¿jamás se le ocurrió pensar que podría...? no sé... ¿estar con alguien más?
El joven detuvo su caminar
- ¡Ay Rin! - murmuró el pequeño demonio, mientras sus ojos se llenaban de terror
- Acaso... ¿hay alguien más, Rin? - preguntó con aquel tono neutro con el que generalmente hablaba, sin voltear a verla
- Bueno... no por el momento
Notó como el cuerpo de él se tensaba, al mismo tiempo en que apretaba los puños
- ¿Planeas que haya alguien más? - seguía sin posar sus ojos en ella
La muchacha notó que Jaken se había alejado unos pasos, quizás demasiado temeroso de la reacción de su amo
- No... no lo planeo
- Entonces, ya no digas tonterías - reanudó su caminar
Ella emitió una leve sonrisa burlona, mientras Jaken pronunció un sonoro suspiro de alivio
- ¡Niña! - gritó en voz baja - ¡¿Acaso estás loca?! ¡¿Por qué dijiste eso?!
- Sólo quería ver su reacción - sonrió - Además... dijiste que él sería incapaz de hacerme daño
- ¡¿Y quién crees que pagaría el precio por esto?!
- Tranquilo señor Jaken - cerró los ojos, sin perder la sonrisa - No le paso nada después de todo - continuo su camino
- Cómo se nota que no recuerdas el humor del amo bonito - dijo entre dientes
- Él... se puso celoso - rio levemente, mientras tomaba una de sus papas fritas
Sin embargo, su sonrisa se esfumó rápidamente al recordar al ser que intentó hacerle daño. Redirigió sus ojos castaños a la pequeña ventana de la puerta que daba al callejón, pensando una y otra vez en las palabras que el demonio había profesado, explicando muy brevemente lo ocurrido
