La joven se encontraba sentada en la cocina, terminando de almorzar. Su madre había salido, no sin antes ofrecerle acompañarla, algo que ella había negado rotundamente. Le dio su último bocado a lo que quedaba de sus verduras al vapor, cuando su celular sonó. Lo tomó y sonrió ante aquel mensaje

- Buenas tardes mi querida señorita Kikyou... sólo escribo para desearle un feliz día y hacerle saber lo ansioso que estoy por verla mañana en la escuela

- Joven Suikotzu - murmuró sin dejar de sonreír - ¿Por qué tiene que ser tan dulce?

No quería admitirlo, pero un pequeño golpecito en su pecho se producía cuando pensaba en ese joven o, de la nada, su nombre aparecía en la pantalla del celular. Tampoco se percataba de que no dejaba de sonreír cada vez que recordaba la despedida de su merienda

Fueron charlando y sonriendo durante todo su regreso, aún cuando los sentidos de la morena se encontraban siempre alertas, por si Naraku u Onigumo decidían hacerle una visita sorpresa

Se detuvieron frente a la casa de ella, con los colores del atardecer alumbrando su despedida

- Yo... - pronunció un poco avergonzado - La pase muy bien con usted

- Muchas gracias joven Suikotzu - sonrió sinceramente - Yo también la pase bien a su lado

Él le devolvió la sonrisa, tomando, para su sorpresa, una de sus manos

- Le dije que quiero estar a su lado - un intenso brillo permanecía en las pupilas del castaño

- Suikotzu...

- Por favor - intervino - Le pido que no me de una respuesta ahora si no la tiene, sólo... con que acepte mi compañía, para mi... es suficiente

El corazón de la chica golpeaba fuerte su pecho, mientras sentía sus mejillas cada vez más sonrojadas. Por alguna razón, no podía negarse a su propuesta

- Por supuesto... - respondió, casi en un suspiro - Que acepto su compañía

- ¿De... de verdad? - separó ligeramente sus labios - Señorita Kikyou

No sabía en que momento los brazos del joven la habían tomado ni que tan fuerte era su agarre, sin embargo, correspondió su abrazo, apoyando su cabeza, de lado, en su hombro

Sus brazos... se sienten tan... cálidos

Pensó, al mismo tiempo en que cerró sus ojos. No tenía idea de cuanto tiempo transcurrió, sólo reaccionó cuando el se apartó levemente, dejando su rostro a escasos centímetros del suyo

- Espero que no le moleste si le escribo mañana

- Nada que provenga de usted podría molestarme

Sus palabras abandonaron casi involuntariamente sus labios, pero provocaron la reacción que había deseado obtener, él estaba sonrojado

- Hasta mañana... señorita Kikyou - se separó, besando una de sus manos

- Hasta mañana... joven Suikotzu - un nuevo brillo había aparecido en su mirar

- Aún así - pronunció, apartando aquel recuerdo - No puedo olvidarme del rostro que apareció frente a él... aquel rostro despedía una enorme energía maligna... Necesito averiguar quién era en la otra vida

Giró rápidamente en dirección al patio, al percatarse de aquella energía ya conocida. Envió su respuesta y se puso de pie, dirigiéndose afuera. Se acercó al joven árbol, el cual estaba plantado en el medio del espacio

- Vaya - pronunció abriendo ligeramente sus ojos - Te ves familiar - sonrió

Él le devolvió la sonrisa, descendiendo

- Kikyou, lamento llegar así

- No te preocupes, veo que parte de tu verdadero ser ha regresado

- Si - apartó la mirada - No sé si es algo bueno o no, pero... es lo que soy

- Está bien - respondió cálidamente - Así es como te veías en mis visiones

- Kikyou - cambio de tema - Necesito preguntarte algo

- ¿Quieres pasar? - señaló el interior de la casa - Puedo preparar té

- No lo tomes a mal - volvió a desviar la mirada - Pero, me siento más cómodo aquí

- No tienes que sentirte mal, te entiendo perfectamente

Se sentó al pie del árbol, observándolo, casi invitándolo a que se sentara a su lado. Él lo hizo

- Dime Inuyasha - pronunció, contemplando las plantas de su madre, las cuales se veían más hermosas bajo la luz del sol del mediodía - ¿Por qué viniste? Dudo que sea para verme

- Vine... porque quería saber lo que ocurrió ayer, Miroku me lo comentó

- ¿Te preocupaste por mi?

- ¿Qué dices? Por supuesto que me preocupé - evitaba mirarla - Te conozco desde hace bastante tiempo Kikyou, es normal que me interese tu seguridad

Asique es sólo por eso

Sonrió levemente, mientras dirigía su mirada al hanyo

- Te lo agradezco - volvió a mirar al frente - Onigumo fue quién me atacó

- Lo sé - frunció el entrecejo - Anoche... Kagome y yo los vimos

- ¿Qué?

- Ellos nos atacaron y... Naraku trató de llevársela

¿Quieren a Kagome? Pero... ¿por qué?

- El bastardo de Onigumo dijo que había estado contigo - continuó

- También lo sientes, ¿no es así?

- ¿A que te refieres?

- Una horrenda conexión con ese ser - frunció el entrecejo - Es como si... de alguna manera, estuviera profundamente relacionado con nosotros

- Es verdad - dijo casi en un suspiro - Cuando dijo su nombre, fue como si ya lo hubiera escuchado antes

- Mi amada Kikyou... está vez, no te dejaré escapar - pronunció, repitiendo aquella frase en su mente, con la voz del ser

- ¿Eso fue lo que te dijo? - la miró, seriamente

- Si... Kaede me dijo que él estaba enamorado de mi

- ¿Kaede? ¿La anciana Kaede habló contigo?

- ¿No te lo dijo? Ella es mi hermana menor - sonrió

- ¡¿Qué?! - abrió sus ojos - ¿Esa anciana... tu hermana menor?

- Bueno - rio - En la época antigua fue mi hermana y... en mi corazón lo sigue siendo

- Entonces... ¿Tú la recuerdas? Si no, no me dirías esto

- Así es... recuerdo todo lo relacionado a Kaede, sin embargo... - hizo una pausa - Yo morí... cuando ella aún era una niña, la primera vez

- ¿Primera vez?

- Es complejo de explicar Inuyasha - sus ojos mostraban una notable tristeza - Pero... al parecer, mi alma fue forzada a volver

- No te estoy comprendiendo Kikyou

La mujer redirigió su mirada a sus orbes dorados, provocando que una especie de angustia se formara en su pecho

- Inuyasha... después de que te sellé en ese árbol, yo...

- ¡Hermana! ¡HERMANA!

La imagen de la niña Kaede, gritando frente a sus ojos, pasó por su mente

- Yo... perdí la vida, en ese momento

- ¿Qué? - murmuró - Pe... pero... tu... estabas en mis brazos cuando... yo... lo vi

- Lo sé - sonrió, mientras sus ojos comenzaban a humedecerse - Yo también vi ese momento

- Pe... pero... entonces... ¿Cómo es posible?

- Tengo una teoría, pero no se si estoy en lo correcto - el híbrido la observaba atentamente - Pienso que, de alguna manera, mi alma regresó nuevamente después de mi muerte

- ¿Regresar de la muerte?

- No... sólo mi alma - una expresión de confusión se apoderó de él - Cuando tuve las visiones sobre aquella época... no percibí ningún rastro de vida en mi cuerpo, era como... como si sólo fuera un recipiente

- No sé que decir

Yo... percibí una enrome tristeza en cada oportunidad que te vi, Kikyou ¿es eso a lo que te refieres?

- No hace falta que digas nada - su tono transmitía melancolía

- Kikyou - volvió a mirarlo - No sé porque están ocurriendo estas cosas... tampoco sé si están detrás de ti, de Kagome o de todos, pero... - hizo una pausa, observando sus ojos castaño - Prometo que voy a protegerte, no dejaré... que nadie te mate

- Gracias - sonrió, mientras sus lágrimas comenzaban a caer

- Además... si todos trabajamos juntos, podremos volver a vencer a Naraku y a ese Onigumo, incluso con la ayuda del sarnoso de Koga - bufó

- ¿Koga también es un demonio?

- ¿No percibiste sus energías demoníacas?

- Bueno... supongo que mis poderes espirituales están regresando de a poco - miró sus manos - Además, hace bastante que no veo a Koga, por lo general no lo cruzo en la escuela

- Ojalá a Kagome le pasara lo mismo - pronunció entre dientes, en un tono demasiado bajo

- ¿Dijiste algo?

- No - desvió su mirada - Dime Kikyou, tú... ¿Qué crees que ocurre? ¿Qué es lo que están buscando?

- No lo sé - ambos miraron el cielo - Pero... si trataron de llevarse a Kagome, supongo que ella posee algo que ellos necesitan, tal vez... sus poderes espirituales

Los poderes de Kagome

Pensó, mientras la secuencia de la joven lanzando aquella flecha, la cual se envolvió de una poderosa energía, durante su entrenamiento con Totosai, pasó por su mente

- Al parecer... ella tiene unos poderes bastante grandes

- Los tiene - confirmó la mujer - Estoy segura de que, de alguna manera, nuestros poderes son similares, pero... lo corroboraré cuando vuelva a verla

- Tú también posees grandes poderes, después de todo, sigues siendo una sacerdotisa Kikyou - sus palabras parecían intentar consolarla, aunque no hubiera un motivo - Además, no sabes que pensaba hacer Onigumo si Miroku y Sango no hubieran aparecido

- Eso no importa - dijo seriamente - El punto es, que si lo que pensamos es correcto, entonces necesitan de un poder purificador o sagrado - permanecieron en silencio unos segundos - Onigumo es un cadáver humano y sólo he visto a Naraku a la distancia

- ¿Un cadáver? - abrió ligeramente sus ojos

Por eso no percibí la presencia de Onigumo en el cementerio

- Naraku despide un desagradable olor a cadáver, pero no es el mismo que el de Onigumo, es mucho más intenso

- No es humano... sus energías son más fuertes que la de Onigumo, pude notarlo

- ¿Cuándo los viste? - la miró nuevamente

- Ayer... salí con el joven Suikotzu - se sintió un poco avergonzada - Y ellos me estaban observando a la distancia

- ¿No era que no tenías nada con él?

- Decidí que... me gustaría conocerlo un poco más, tal vez... sea diferente

Sabía perfectamente a lo que se refería y no pudo evitar sentirse culpable por un momento

Kikyou... sé lo que sientes por mi y... lamento no poder corresponderte... mereces ser feliz y estar al lado de alguien que si pueda hacerte sonreír, al igual que yo lo tengo

Pensó, observando su rostro y emitiendo una leve sonrisa

- Sólo asegúrate que sea buena persona

Ella giró su cabeza, sonriendo

- Lo haré

Ambos permanecieron en silencio unos momentos más, hasta que el hanyo se puso de pie

- Tengo que irme - le extendió la mano, ayudando a que la joven se levantara - Tendrías que hablar con los chicos, juntos será mucho más fácil averiguar y terminar con todo esto

- ¿Iras a la escuela mañana?

Desvió la mirada, frunciendo levemente el entrecejo. Todavía no sabía que hacer en relación a su nuevo aspecto

- Yo... no lo sé y... no quiero hablar de eso ahora

- De acuerdo... Inuyasha - sus ojos volvieron a encontrarse - Gracias... por venir

- No tienes que agradecerme - le devolvió la sonrisa - Por favor, ten cuidado y, si necesitas ayuda, sólo... búscame

Ella asintió, al mismo tiempo en que él se retiraba del lugar de la misma forma en la que había llegado

- Inuyasha - murmuró, observándolo hasta que desapareció de su rango de visión


Se encontraban todos reunidos en la mesa, almorzando. Ella estaba nerviosa, observando fijamente a su abuelo, quién hablaba cómodamente con Sota, mientras su madre solo los escuchaba atentamente

- Abuelo - pronunció con una voz sombría

- ¿Qué ocurre Kagome? - la miró e inmediatamente se preocupó por el semblante de su nieta

- Yo... tengo que decirte algo

- Hermana, estás pálida - pronunció el niño, con sus fideos colgando en su boca

- ¿Te sientes bien hija? - su madre apoyó su mano sobre su frente - No tienes fiebre

- Estoy bien, es solo que...

Hacía un esfuerzo para que sus ojos no se llenaran de lágrimas. Se encontraba abrumada por todo, desde Naraku, Onigumo, pasando por Inuyasha, Kikyou y los sentimientos que, ella sabía, que los unían, hasta finalizar en los recuerdos de su otra vida, los cuales también habían comenzado a hacer estragos en su paz mental, ya que, al ser secuencias o imágenes sueltas, le costaba trabajo hilar las situaciones y lo que significaban. Perder la llave fue la gota que rebalso el vaso, pues sabía lo importante que era la tienda para su abuelo y no quería ocasionarle más problemas que los que ya había enfrentado antes de mudarse allí

- Las llaves del local...

- ¿Qué pasa con las llaves?

- Yo... lo lamento - dijo casi en un suspiro - Pero... las... las perdí - dejo de respirar - Y... te prometo que te pagaré otra copia, le pediré dinero a mis amigos... sé que te dije que la cuidaría pero...

- Hermana - Sota abrió sus ojos, redirigiendo su mirada al abuelo, esperando una especie de colapso nervioso o un ataque de histeria

Sin embargo, el anciano emitió una tierna sonrisa

- Lo sé Kagome

- ¿Qué? - se sorprendió

Metió la mano en el bolsillo de su hakama y sacó el juego de llaves, los cuales tenían como llavero a la Shikon No Tama que vendían en la tienda

- Las encontré tiradas al frente de la tienda después de que se fueron - las observó - Supuse que se te cayeron cuando cerraste la puerta - volvió a mirarla - Iba a hacerte sufrir para que aprendieras a ser más responsable, pero viendo que me dijiste la verdad...

- Abuelo - sonrió al mismo tiempo en que una lágrima cayó por su mejilla derecha - Gracias... estaba muy preocupada

- Se te nota hermana

- Eres una chica honesta Kagome - sonrió su madre - Me llenas de orgullo

Nuevamente agradeció, con una sonrisa de alivio en su rostro. El almuerzo siguió sin más inconvenientes. Luego de comer y de ayudar a su madre con los trastes, la joven se retiró a su habitación, en dónde se zambulló en la cama, observando el techo

Inuyasha no ha venido... ni siquiera me ha llamado o mandado un mensaje... Seguramente está con Kikyou

- No - pronunció con firmeza - Tengo que confiar en él... después de todo, me ha dicho lo que siente por mi

Pero, ¿Qué pasará cuando recupere la memoria y los sentimientos que tenía por ella?

- También tenía sentimientos por mi - le respondía a la voz que rondaba en su cabeza, tratando de boicotear su poca seguridad - Supongo que también los recordará cuando recupere la memoria

Pero... ¿Y si el amor que sentía por Kikyou era mas intenso que el que tenía por mi?

- Basta - giró, enterrando su cabeza en la almohada

¡Tenemos una hija en la época feudal!

La voz del joven pasó por su mente

- Moroha - sonrió levemente - Desearía recordarte... me gustaría... verte

Cerró sus ojos por un momento, sin embargo, los abrió repentinamente ante la presencia de aquella conocida energía. Rápidamente se puso de pie y se asomó por la ventana

- Es el padre de Inuyasha - pronunció, observando al demonio contemplar el árbol - Y está con una mujer... ¿Quién es ella?


Época feudal

- Moroha, ¿vas a quedarte durante más tiempo aquí? - preguntó el zorrito, tirado en el suelo, observando el sol del mediodía

- Tengo que vigilar el árbol Shippo, recuerda que el campo de energía se debilita todos los días - respondió sentada, con su arco sobre su regazo

- Pero ningún demonio se ha acercado en días y Hatsune no está aquí para jugar conmigo

- No lo culpes - lo miró sonriendo - Tiene que estar con su manada, después de todo, él es su líder

- ¿Todavía no decidieron cuando van a casarse? - se sentó

- ¿He? - se sonrojó - Bu... bueno... yo... creo... que todavía tenemos mucho tiempo para eso

- Moroha - la miró - Llevan demasiados años comprometidos, no me digas que eres igual de lenta que Inuyasha - se encogió de hombros - Ese perrucho tardó una eternidad en casarse con Kagome y eso que la amaba con todo su corazón

- Oye, eso es grosero - rio, cerrando sus ojos

- Moroha, desearía recordarte... me gustaría... verte

Puso la mano en su pecho, abriendo ligeramente sus ojos y labios, su respiración se detuvo. Miró a Shippo, quién estaba jugando con unas ramas y notó que él no se había percatado de aquella voz

- Mamá - pronunció aquella palabra mucho antes de darse cuenta

- ¿Qué? - el niño la miró, sorprendido - ¿Dijiste mamá?

- E... escuche su voz - volvió a mirarlo - Era... era la voz de mamá

- ¡¿De verdad lo dices Moroha?! - se puso de pie, emocionado - ¡¿Escuchaste la voz de Kagome?!

- Eso creo

No puede ser... eso es imposible, mis padres están en otra vida, ni siquiera deben recordarme

- Tal vez... fue sólo mi imaginación

En ese momento, una luz blanca se formó alrededor del árbol, provocando que ambos seres se pusieran de pie y la sacerdotisa tomara su arco. Lentamente, la luz fue tomando forma, hasta mostrarse completamente

- Espíritu sagrado - pronunció la mujer, bajando su arma

El Jidaiju, el cual permanecía con la forma de la sacerdotisa Kikyou, se veía bastante mejor en relación al aspecto que poseía cuando había visto por ultima vez a Inu no Taisho

- Sacerdotisa mitad demonio - pronunció, emulando la dulce voz de la miko

- En realidad soy un cuarto demonio - sonrió, poniendo su mano en su nuca - Pero supongo que es una forma de decir

- Posees las habilidades sagradas y de purificación de tu madre y el poder demoníaco de tu padre - sonrió - Si logras perfeccionarlas, podrías convertirte en un ser casi invencible

- ¿Qué? - aquellas palabras sorprendieron a la mujer y al zorrito

- Sacerdotisa Moroha, tu cuerpo de hanyo está diseñado para que puedas soportar ambos poderes, sin embargo, cuando tu forma Beniyasha se apodera de ti, tus energías se consumen por completo... lo mismo ocurre cuando fuerzas al máximo tu poder espiritual

- Vaya... si conoces algunas cosas sobre mi

- Tengo una misión para ti

- ¿Una misión? - murmuró

- Tiempos bastantes complejos se avecinan Moroha - pronunció con seriedad - Pronto, el portal se abrirá - miró la barrera protectora - No sé cuanto tiempo más podré aguantar - murmuró - Y tu habilidad sería de mucha ayuda - sonrió

- ¿Qué es lo que intentas decirme?

- Tienes que comenzar a entrenar... debes fortalecer ambas partes de tu ser y sólo así, la verdadera naturaleza de tus poderes serán revelados

- ¿Entiendes algo de lo que dice? - susurró el niño

- Bueno... algo así

- Pronto tus maestros se contactaran contigo

- ¿Maestros?

La luz comenzó a envolver al espíritu sagrado

- ¡Espera! - estiró su mano - ¿Realmente escuche la voz de mi madre?

- Sus corazones están conectados - sonrió - Ya lo entenderás

Se desvaneció, dejando a la miko con mil preguntas en la cabeza y al pequeño niño tratando de procesar todas las palabras que emergieron de sus labios