- No podrás escapar Kohaku... no importa cuanto intentes resistirte

Repetía aquella figura. Estaba cubierta con la misma capa de mandril que aquella que lo había atacado, sin embargo, si lograba reconocer su voz

- ¡No permitiré que vuelvas a manipularme! - respondió, parado a unos metros del ente, con ese extraño traje y esa enorme arma - ¡Me encargaré de matarte...!

Corrió en su dirección, elevando su kurasigama, con la intención de cortarle la cabeza

- ¡NARAKU! - gritó, sentándose abruptamente en su cama

- Kohaku - pronunció su hermana, apoyando su mano en el hombro del niño, provocando que este diera un respingo, mirándola repentinamente - Tranquilo

- Her... hermana - pronunció, con su respiración agitada

- ¿Estás bien? - sus ojos castaños estaban contraídos en una expresión de tristeza

Asintió, aspirando profundamente, para luego soltar el aire lentamente

- Tuve una pesadilla - la miró y notó que sus ojos comenzaron a humedecerse

- No son sólo sueños, Kohaku

Desvió la mirada y notó la presencia del joven

- ¿Quién es usted? - preguntó, con una expresión de miedo

- Tranquilo - acariciaba su espalda - Es mi amigo - miró al castaño, emitiendo una leve sonrisa

- Mi nombre es Miroku - sonrió cálidamente

El niño no sabía que responder, por lo que sólo se limitó a mirarlo

Yo... conozco a este sujeto

- ¿Puedes decirme que estabas soñando, Kohaku? - la voz de su hermana lo regresó a la realidad

- Gritaste el nombre de Naraku al despertar - acotó Miroku - ¿Estabas soñando con él?

- Si - respondió, desviando la mirada al pie de la cama - Estaba... estaba... a punto de matarlo

- ¿Qué? - murmuró ella

- Él... se estaba burlando de mi y yo... tenía ese traje - hizo una pausa - El mismo traje que tenía puesto en mi pesadilla, además de esa extraña arma

Entonces ¿realmente este niño también estaba en aquella época?

Pensó, sin apartar sus ojos de él

- Kohaku - volteó a ver a su hermana - Hay... algunas cosas que creo que deberías saber

- ¿Vas a decirle Sango?

- Debo hacerlo - lo miró, mientras una lágrima escapaba - O no podrá defenderse

- ¿Defenderme? - abrió ligeramente sus ojos - ¿Del ser que vino anoche?

- De los dos - pronunció, visiblemente afectada - Kohaku... esto... es demasiado complejo

Procedió a relatarle todo lo que ella y sus amigos habían estado viviendo durante los últimos días, además del sueño en el que el niño asesinaba a sus padres y la atacaba, dejándola gravemente herida

- Entonces... - intentaba procesar todo lo que había escuchado - Entonces... es verdad - sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas - Yo... yo los maté

- Kohaku - intentó tocarlo, sin embargo, él se alejó

- No te acerques a mi - su espalda chocó con la pared - Soy... soy un asesino

- ¡¿Qué estas diciendo?! - gritó, poniéndose de pie - ¡Tú no eres un asesino!

- ¡Si lo soy! - sus manos temblaban, necesitaba salir de allí de inmediato - ¡Déjame tranquilo!

Saltó de la cama para, posteriormente, salir de su habitación

- ¡Kohaku! - trató de seguirlo, pero el joven se interpuso - ¡¿Qué está haciendo?!

- Déjalo... necesita procesar todo

- ¡Es sólo un niño! ¡Maldita sea! - se tapó los ojos con ambas manos

Él la abrazó, apoyando su barbilla sobre su cabeza y cerrando sus ojos

- Esto fue demasiado para nosotros, sólo... imagina lo doloroso que debe ser para Kohaku

Sobre todo, teniendo en cuenta que asesinó a su familia

Abrió levemente sus ojos, mientras escuchaba el llanto desconsolado de Sango contra su pecho

- Tranquila - murmuró - Yo estoy a tu lado

Ella pasó sus brazos por su espalda, abrazándolo fuertemente

- Gracias - logró pronunciar, mientras trataba de recomponer su respiración y la secuencia de lo vivido volvía a su mente

Ingresó a la habitación del niño y lo encontraron acostado, con sus frazadas cubriendo su cabeza

- Kohaku - pronunció ella, apoyando su mano sobre el pecho del niño, el cual se descubrió su rostro, con una expresión de terror - Tranquilo, soy yo

- Hermana - se elevó, abrazándola fuertemente - Tenia mucho miedo - dijo con su voz temblorosa

- Lo sé - frunció el entrecejo, con sus ojos cerrados, tratando de no llorar - Estoy contigo

Ambos permanecieron en silencio por unos momentos, abrazados, hasta que el niño se apartó

- ¿Va a regresar?

- ¿Qué? - murmuró

- Él... intentaba llevarme, ¿no es así?

- Bueno... yo... no lo sé - mintió, no se atrevió a decirle la verdad mientras él estaba en ese estado

- Tengo miedo - sus ojos comenzaron a humedecerse

- No tienes porque temer Kohaku - acarició su mejilla - Mientras yo esté a tu lado... nada ni nadie podrá hacerte daño - él asintió - Pero... ahora debes volver a dormir

- Quédate - pronunció con sus ojos llenos de súplica - No... no me dejes sólo, por favor

- Está bien - sonrió levemente

Se acostó a su lado, sobre la sábanas, mientras él le daba la espalda y ella le acariciaba el cabello

Su mente era un mar de ideas y pensamientos. Miles de preguntas se habían apoderado de ella, ya no se trataba sólo de sus amigos, ahora una de las personas más importantes de su vida y, quizás, la más vulnerable, también estaba involucrada y, peor aún, al parecer era objetivo de los villanos por alguna razón

Si Kirara hubiera estado conmigo, habría atrapado a ese maldito

Pensó, observando el techo. Lastimosamente, el pequeño animal no regresaría hasta el día siguiente, ya que se había marchado con Totosai, para que este la ayudara a mantener sus energías en este mundo

No supo cuanto tiempo transcurrió, sin embargo, cuando se asomó a ver el rostro de su hermano, este estaba profundamente dormido. Se levantó lo más sigilosamente que pudo y se dirigió al armario del niño para tomar una de sus pesadas frazadas y colocarla en el lugar en el que su HiraiKotzu había destruido la ventana

- Mañana me encargaré - murmuró

Le dio el último vistazo a su hermano y descendió la escaleras

- Pensé que se había marchado - dijo, sorprendida, al ver al joven sentado al borde de la mesa

- No voy a dejarte sola - la miró, sonriendo levemente

- Pero... ¿Qué hay de sus padres?

- Ellos ya están enterados - elevó su celular

- Gracias - sonrió

Se sentó al frente de Miroku y un largo suspiro abandonó sus labios

- Te ves cansada

- Lo estoy - apoyó sus manos sobre su rostro

- Deberías ir a descansar... mañana podemos discutir sobre lo que paso hoy

Ella asintió. Se puso de pie y le indicó que lo siguiera. Ambos subieron las escaleras, caminaron por el pasillo y se detuvieron al frente del cuarto de Kohaku

- Yo... dormiré con él - miró al joven - Necesito saber que podré protegerlo en caso de que ese ser regrese - Miroku asintió - Mi cuarto está desocupado... usted puede dormir allí si lo desea, después de todo, se ve tan agotado como yo

Ambos sonrieron ante ese comentario

- Espero que no te ofendas Sango, pero desearía pasar la noche aquí - miró la frazada en la ventana - No podré conciliar el sueño si estoy lejos de ustedes

- Pero... estará demasiado incómodo

Le dio un vistazo panorámico a la habitación, notando que no había otro lugar en dónde el joven pudiera recostarse con comodidad

- No te preocupes, sólo dame una frazada y encontraré un lugar

- ¿Está seguro?

- Por supuesto - le dedicó una cálida sonrisa, con sus ojos cerrados, contagiándola con el gesto

Ella se dirigió brevemente a su habitación y buscó la manta más abrigada que poseía, después de todo, el frio se avecinaba con demasiada rapidez y regresó al cuarto de su hermano

- Tome... al menos con esto no sentirá frio

- Muchas gracias Sango

La mujer se colocó al costado de su hermano mientras que el joven se sentó en el suelo, al pide de la cama, apoyando su espada en ella

- ¿Seguro que estará bien? - preguntó, observándolo con sus pies cruzado, abrazado a su cetro y cubierto por la manta

- No te preocupes - respondió con sus ojos cerrados - Sólo... descansa

- Muchas gracias, joven Miroku - sonrió, cerrando sus ojos

- No tienes que agradecerme nada... mi querida Sango - murmuró


La joven descendió las escaleras como si nada, normalmente, hubiera atravesado aquella estructura con la misma velocidad con la que hubiera corrido una maratón, sin embargo, no poseía ni las fuerzas ni las ganas de hacerlo

- ¿A dónde vas Kagome? - preguntó su abuelo, leyendo el diario

- Sólo iré a tomar un poco de aire - respondió, mirando en su dirección y notando que Sota estaba jugando con sus videojuegos

Al parecer mamá se fue

Pensó fugazmente mientras salía de la casa. Caminó con sus hombros caídos y una seria expresión, la cual se transformó al ver la cálida sonrisa que le dedicaba Inu No Taisho

- Ahí está - pronunció sin modificar su rostro

En ese momento, la mujer volteó y le regaló una otra cálida, tierna y amorosa sonrisa, la cuál se iluminaba aún más, con el brillo de sus ojos

- Kagome - pronunció el youkai - Buenos días

- Bu... buenos días - respondió con cierto nerviosismo

- Lamento si es un momento inoportuno, pero mi esposa quería conocerte - redirigió su vista a la mujer, quién no modificaba su expresión - Su nombre es, Izayoi

Izayoi

- Al fin puedo conocerte - sin decir más, la abrazó - Muchas gracias... por todo

La joven no sabía que responder. Sus brazos se sentían cálidos y, por alguna razón, sus palabras habían provocado un cierto alivio en su pecho, cómo si, inconscientemente, la estuviera ayudando a lidiar con la situación. Sonrió, entrelazando sus manos en la espalda de la mujer, al mismo tiempo en que cerraba sus ojos, dejando que el cariño que ella emanaba, la envolviera

- Kagome - se apartó unos centímetros, observando sus ojos - Eres hermosa

- Muchas gracias - respondió al fin - Usted... usted lo es

- Izayoi quería agradecerte, por todo lo que has echo por Inuyasha

- Oh, no es nada - rio - Sólo lo acompañé

- No es solo eso - intervino la mujer, sorprendiendo un poco a la chica - Haz echo mucho más que cualquiera otra persona en el mundo... no sólo estos días, si no, en la otra vida

- ¿De verdad? - se sonrojó un poco

- No te imaginas lo doloroso que fue para mi dejar a mi pequeño Inuyasha - dijo con un tono de melancolía - Fue... muy duro verlo crecer en esas condiciones...

La vida de Inuyasha debió ser muy triste en la época feudal

Pensó, escuchando atentamente

- Sin embargo... él cambio completamente cuando te conoció - hizo una pausa - Tú... curaste su corazón herido Kagome... lo ayudaste a que aceptara su condición de hanyo... y... yo siempre estaré agradecida contigo

No encontraba las palabras para responder a tal confesión, sin embargo, aquella lágrima que rodó por su mejilla, fue más que suficiente para la mujer

- No quiero interrumpir el hermoso momento - pronunció, provocando que ambas lo miraran - Cariño, tu sabes a que hemos venido

La mujer asintió, parándose nuevamente a su lado

- ¿Qué... que está ocurriendo?

Desvió la mirada al árbol y notó que un intenso brillo se encontraba en su interior

¿Qué es eso?

Pensó, observando a Bakusaiga, flotando dentro de la planta

- ¿Puedes verla? - preguntó, intrigado

- Es... ¿una espada?

Una gran sonrisa se formó en el rostro del youkai

- Es un gran avance

- ¿He? - lo miró confundida - ¿Qué está pasando?

- ¿Qué están haciendo aquí? - preguntó el híbrido, acercándose

- ¿Inuyasha? - lo miró, tratando de procesar todo

- Hijo - sonrió el demonio - Estaba tan emocionado que no noté tu aroma

- ¿Emocionado? - paso la mirada por todos los presentes - ¿Ocurre algo madre?

- No hijo - sonrió, haciendo un esfuerzo para contener sus lágrimas

Abrió sus ojos ligeramente ante aquel nuevo olor que no había percibido antes

- ¿Sucede algo, Inuyasha?

Ese olor... ¿proviene del árbol?

Se acercó a el, olfateándolo

- ¿Qué hay ahí? - redirigió su mirada a su padre

- Bien, esto me deja un poco más tranquilo - pasó el brazo por el hombro de su esposa

El hanyo y la morena se miraron, con claras expresiones de confusión

- Kagome - pronunció Izayoi - ¿Podrías tomar la mano de Inuyasha?

- ¿Tomar su mano? - ambos se sonrojaron, mientras la mujer asentía

Se paró a su lado y, con cierta timidez, lo tomó. En ese momento, colmillo explosivo se hizo visible a los ojos del joven

Yo conozco esa espada

Pensó, abriendo ligeramente sus ojos, mientras una secuencia pasaba por su mente

Estaban luchando con un demonio al cual no reconocía. Miroku se encontraba sobre un extraño animal, al frente de él, Kohaku y una niña pequeña humana lo acompañaban. Sango estaba montada sobre Kirara y, en tierra, él, Kagome y ese niño de aspecto extraño, además de otro ser pequeño, al cual no le encontraba forma, estaban parados, observando a Sesshomaru luchar

Aquel demonio había envuelto al youkai y, a vista de todos, parecía estar ganando la batalla

- Sesshomaru - pronunció

En ese momento, una luz cegadora, de color verde, emergió del interior de aquellos trozos de carne, dejando ver a su medio hermano, sano y salvo, sosteniendo una espada

- Colmillo explosivo - susurró

- Con que lo recordaste ¿no es así?

Miró a su padre, sin soltar la mano de su compañera

- Esa espada... es de Sesshomaru - el youkai asintió - ¿Qué está haciendo aquí?

- Eso te lo explicaré después, ahora... tienen que entrenar

- ¿Qué? - dijeron al unísono, soltándose de sus manos

- Kagome... ve por tu arco, nosotros te esperaremos aquí

- De... de acuerdo

Sin mirar al hanyo, volteó y comenzó a caminar en dirección a su hogar

Algo le sucede a Kagome... parece... triste


El sonido del llamado de la puerta hizo que levantara su mirada. No esperaba a nadie, Inuyasha no iba a regresar y el joven Suikotzu estaba con su familia

¿Quién podrá ser?

Pensó, dejando su libro sobre el sofá de su cuarto y descendiendo rápidamente las escaleras. Abrió la puerta y no pudo ocultar su expresión de sorpresa

- Kaede - pronunció en voz baja

- Lamento molestarte hermana - sonrió - Pero... he venido por ti... espero que no sea un momento inoportuno

- ¿Viniste por mi? ¿Para que? - redirigió sus ojos castaños al arco que sostenía

La expresión de la anciana se contrajo un poco, por lo que desvió su triste mirada

- Hablé con el padre de Inuyasha anoche cuando salí de aquí

- ¿Qué?

Ingresó a su casa y se dirigió al salón, en dónde se arrodilló frente a la mesa

Onigumo llegó a esta época... podía creer lo de Naraku, pero jamás me imaginé que ese bandido también regresaría por venganza... francamente, creo que, en este momento, este ser es quién representa un mayor peligro para mi hermana Kikyou

Se puso de pie y se dirigió al pequeño cuarto de entrada, en dónde se encontraba su teléfono. Lo tomó y, luego de buscar, en su canasta de tejido, el número que el señor Taisho le había dejado la primera vez que se encontraron, marcó y esperó

- ¿Diga?

- Izayoi - sonrió - ¿Se encuentra el señor Taisho?

- Kaede - respondió dulcemente - Si, espera un momento

Segundos después, la voz del gran demonio retumbo a través de la bocina

- Kaede, buenas noches

- Buenas noches señor - respondió con cordialidad - Lamento molestarlo a estas horas, pero... creo que necesita saber esto

Procedió a relatarle el encuentro de la sacerdotisa con aquel cadáver humano, de la misma forma en la que la había escuchado de boca del joven Miroku

- Debo decirle... que estoy muy preocupada por mi hermana Kikyou

- Lo entiendo - hizo una pausa - Para ser sincero, pensé que ese ente no representaba un peligro, después de todo, solo es un recipiente humano

- El joven Miroku dijo que una gran energía maligna emanaba de él, sin embargo, estaba casi convencido de que no le pertenecía a su cuerpo

El youkai no respondió, por lo que, ella dedujo, que se había quedado pensando

- Tenemos que entrenarlos... lo más rápido posible...

- Estoy de acuerdo

- Kaede... escúcheme con atención...

- Y vine por ti - sonrió, elevando el arco

- ¿Me estás diciendo que tengo que practicar con el arco? ¿Junto a Inuyasha y Kagome?

- No tenemos opción hermana - extendió su mano

La joven tomó el arma, observándola con detenimiento

Se siente... tan familiar

Elevó la mirada, para encontrarse con el recipiente de flechas

- Sango y Miroku también estarán allí - dijo, buscando que se sintiera más segura - Totosai fue a buscarlos

- ¿El maestro Totosai?

- Así es - asintió - Te sorprenderías si supieras cuantos profesores son demonios - sonrió levemente - Sólo... no te asustes de la apariencia de Inuyasha...

- No te preocupes por eso - dijo con seriedad - Ya lo he visto

- ¿Qué? - se sorprendió - ¿Te encontraste con Inuyasha?

- Él vino hasta aquí... quería saber lo que había sucedido con Onigumo y si tenía idea de lo que estaba ocurriendo

- Entiendo - notó que los ojos castaños de la joven no estaban bien - Si no quieres ir, lo comprenderé

- No - respondió con seriedad - Necesito recuperar mis habilidades - apretó un poco más el agarre sobre su arco

- De acuerdo - respondió en el mismo tono