-N/A: ¡Sorpresa! Actualizo ahora, porque mañana por la noche tengo una fiesta de cumpleaños (en mi casa), así que voy a estar muy ocupada. Creo que a nadie le parecerá mal que adelante la actualización un día, ¿verdad? jeje
Este capítulo es un poco más corto, solo tiene 7500 palabras jajajaja. Habrá poco dramione, pero lo que pasa es importante para la evolución de Hermione. Hasta que no suceda la gran revelación de su origen, casi todas las escenas estarán centradas en ella, porque creo que hay que perfilar muy bien su personaje y cómo poco a poco va cambiando y avanzando. Más adelante narrarán otros personajes, pero de momento no necesitamos saber qué piensan jeje. ¿De quién os gustaría leer un punto de vista?
Otra semana quiero agradeceros todo el apoyo que me dais *corazones*. No he podido responder a los reviews del capítulo 3, pero prometo hacerlo en los próximos días :D Mención especial a Hanya Jiwaku, Alice1420, hadramine, Lectora en las Sombras, Natxia Underwood, Love'sHeronstairs, Selene1912, Effy0Stonem, Angela-MG, Margarite Paroi, Fergrmz, Vale Malfoy Black, Between Black and White, Yaro Alex y luna-maga por sus reviews. Los comentarios que he recibido durante esta semana han sido maravillosos, me he emocionado al ver reviews tan largos y con tantas opiniones. Me ayudan mucho y me animan todavía más. ¡No me abandonéis!
A leer. N/A-
Into the Light
IV. Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas. (Jean Jacques Rousseau)
.
El punto de encuentro de los prefectos para el inicio de su ronda nocturna de vigilancia era la puerta del Gran Comedor, así que allí se dirigieron Draco y Hermione a las once en punto. Ellos y los de Hufflepuff eran los que vivían más cerca, por lo que llegaron prácticamente a la vez. McMillan y Abbott se apoyaron en la pared y se pusieron a charlar sobre la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas que habían tenido esa mañana; parecía que, junto a Herbología, era su asignatura favorita.
—Pues a mí los kneazles me parecen monísimos —decía Hannah Abbott en tono animado—. Con esos bigotes tan adorables… Creo que le llevaré una foto del medio kneazle que tiene mi abuela para que Hagrid me diga si le cambiamos el nombre de Puo a Pua, porque no tenemos claro cómo tiene el pelaje.
—Sí, superútil haber aprendido que los de lunares redondos son machos y los que tienen lunares más alargados son hembras. Esta noche dormiré más tranquilo gracias a esa información.
Draco, que estaba de espaldas a la otra pareja, tenía las manos en los bolsillos y la vista clavada en el cielo nocturno despejado. No le hacía falta mirar a alguien para crujir su opinión bajo el peso de un comentario sarcástico. Hermione, apoyada en una de las dos grandes columnas que hacían de entrada al pasillo interior semicerrado, puso los ojos en blanco.
—Tampoco sirve de nada aprender a convertir un escarabajo en un botón, Malfoy. ¿Es que tienes que quejarte de todo? —protestó Anthony Goldstein. Él, su compañera de casa y los de Gryffindor aparecieron en esos momentos por las escaleras.
Draco se giró y miró al ravenclaw con una sonrisa peligrosa, como si le pareciera divertido que osara desafiarlo.
—Yo me quejo de lo que me da la gana, Goldstein. Además, tengo que discrepar contigo: aprender a transformar elementos tan diferentes entre sí da esperanza a la gente como tú. Así, igual algún día consigues convertir el corcho que te rellena la cabeza en un cerebro de verdad.
Goldstein avanzó un paso, con las manos apretadas en sendos puños, pero Padma Patil y Hermione Nott se movieron al mismo tiempo: la primera, para impedir que su compañero empezara una pelea que probablemente no ganaría; la segunda, para cambiar de tema y así zanjar la discusión.
—Bueno —dijo la bruja en un tono más alto del que necesitaba para ser escuchada—, os recuerdo el protocolo: patrullaremos cada pareja una zona durante dos horas. Si pillamos a algún alumno infringiendo el toque de queda, le quitamos los puntos que consideremos apropiados. Si pensáis que merecen perder más de cuarenta puntos, tenéis que anotarlo en el informe y pasárselo a vuestros jefes de casa para que ellos evalúen cuál será el castigo más adecuado. —Sus deberes como Premio Anual incluían conocer el reglamento e instruir al resto de prefectos; Draco también se lo sabía, pero le dejaba a ella hacer de profesora—. ¿Entendido? —Cogió los kits portátiles de pluma, tintero y pergamino que debían usar para los informes de las rondas y los repartió a Potter, Goldstein, Patil y Abbott para que los guardaran—. No olvidéis completarlos antes de iros a dormir. —Se quedó mirándolos.
—Sí, vale.
—Entendido.
—Lo intentaremos —respondió Weasley de mala gana.
—No lo intentes: hazlo —replicó Hermione en tono severo—. Como prefecta no puedo restarte puntos, pero como Premio Anual puedo hablar con McGonagall si considero que no estás cumpliendo tu función como debes.
Draco sonrió con malicia.
—Piénsalo bien, Comadreja: así te liberarían de la anomalía que ha sido que te hayan nombrado prefecto.
—Cállate, Malfoy —replicó Potter, mirándolo con los ojos verdes entrecerrados.
—Callaos todos —ordenó Hermione, alzando los ojos al cielo. Le quedaba poca paciencia—. Draco y yo hemos dividido las zonas de patrulla, así que él y tú, Patil, tenéis del séptimo al quinto piso; no olvidéis revisar la Lechucería y la Torre de Astronomía. Weasley y McMillan, del cuarto al segundo piso. Goldstein y Abbott, vosotros primer piso, planta baja, mazmorras y sótano. —Miró a Harry Potter—. A ti y a mí nos toca el exterior. —El chico asintió con una sonrisa y Hermione no lo culpaba: las noches no eran tan frías todavía y era más interesante estar al aire libre que viendo paredes—. ¿Alguna pregunta?
Nadie pronunció palabra, así que se pusieron en marcha, no sin las respectivas miradas de odio entre Draco y Potter. Este último y Hermione seguirían un recorrido sencillo: primero el patio de la Torre del Reloj, que les pillaba al lado de la entrada, después el patio interior y a continuación el patio de Transformaciones.
Lo malo de hacer ronda con un prefecto que no era de tu misma casa era que, si no erais amigos, podía convertirse en las dos horas más largas de tu vida. Sin embargo, tras revisar el primer patio y confirmar que no había nadie, fue Potter quien abrió la boca primero.
—¿Por qué ayudaste a Ron ayer?
Hermione, pillada completamente por sorpresa, se detuvo un segundo, pero en seguida recuperó el paso.
—Porque iba a meter tanto la pata que Snape lo habría tenido limpiando dos cursos más. No me gusta ver a la gente haciendo el ridículo más de lo necesario.
—¿Más de lo necesario? —repitió el otro sin comprender.
La bruja sonrió, divertida.
—Bueno, Potter, no puedo ayudar a todo el mundo. Además, me dan puntos por hacer yo las cosas bien, no por hacer que otros las hagan.
Entraron en el segundo patio, más grande que el anterior. Este estaba decorado con unos pocos árboles colocados de manera simétrica.
—¿No te cansas de esforzarte tanto?
Hermione miró a su compañero con las cejas enarcadas. Hacía unas preguntas bastante curiosas; no lo recordaba tan avispado.
—No me esfuerzo en absoluto —desmintió—. Soy así. Cuando era pequeña, mi padre me dijo que, ya que era tan inteligente, debía aprovecharlo para ser la mejor, así que eso hice. —No sabía por qué estaba explicándole tanto de su vida, la verdad.
Potter se pasó una mano por el pelo, despeinándose todavía más.
—Curioso. Supongo que venimos de mundos distintos.
—Y tanto.
Cuando terminaron con ese patio, que estaba más integrado en el colegio, volvieron sobre sus pasos y revisaron el último de los tres antes de salir y dirigirse al campo de quidditch.
—¿Cómo ha ido el verano, Potter? —preguntó Hermione de repente. El gryffindor la miró con recelo—. Si vamos a estar juntos hora y media más, no pasa nada porque nos entretengamos charlando un rato —explicó. Al ver que este no respondía, añadió—: Aunque tampoco pasa nada si no quieres hablar.
—Bien —fue la escueta contestación que recibió, un minuto después. Suponía que Potter ya había terminado de analizar si era buena idea proporcionar información sobre su vida a una slytherin—. He estado una semana con mi padrino —Sirius Black, uno de los tíos caídos en desgracia de Draco—, pero el resto del verano lo he pasado con los Weasley.
Hermione lo miró sorprendida.
—¿En su casa? Tengo entendido que es… Bueno, un poco pequeña —terminó diciendo, aunque en realidad el adjetivo que quería usar era «destartalada»— para la cantidad de gente que vive en ella.
El tono de Harry se endureció.
—Es perfecta —replicó en tono defensivo—. Además, ahora solo Ron y Ginny siguen viviendo con sus padres.
Hermione no sabía a qué se dedicaban los Weasley mayores, pero sí que se había enterado de que los gemelos habían abierto dos tiendas de artículos de broma: una en el Callejón Diagon y otra en Hogsmeade. Les iba bastante bien, por lo que había oído. Durante sus años en Hogwarts, Fred y George Weasley se habían propuesto convertirse en la antítesis del estudiante perfecto, aunque Hermione debía admitir que muchas de sus bromas y trastadas habían sido muy graciosas. Todavía recordaba cuando habían teñido a Señora Norris, la gata de Filch, de un verde brillante que tardó un mes en desaparecer. A Filch casi le dieron dos infartos.
—Ah, bueno —respondió. Para ella era casi imposible imaginarse cómo debía ser compartir habitación con nadie, mucho menos que alguien tuviera una casa que era del tamaño de su salón—. ¿Y tus tíos? —Quizás se estaba sobrepasando, pero ahora que estaban hablando de familias, Hermione sentía curiosidad. Sabía que los padres de Potter habían muerto y él se había criado con la hermana muggle de su madre, su marido y su hijo.
Potter se encogió de hombros.
—Hace años que no los veo.
—¡Pero son tu familia!
—Compartir lazos de sangre no te convierte automáticamente en familia. Solo en gente con la que tienes algún familiar en común —explicó el gryffindor—. Estoy mejor con los Weasley.
Hermione frunció el ceño. No le entraba en la cabeza que dejara de lado a sus tíos para irse con gente que había conocido al entrar a Hogwarts.
—Si tú lo dices…
Ya habían llegado al campo de quidditch, así que se pasearon por la zona que había bajo las gradas, que muchas parejas usaban para besuquearse debido a la absurda creencia de que verse bajo el cielo estrellado era más romántico.
—¿Sabías que yo también soy rico?
Hermione se quedó clavada en su sitio y miró a Potter con los ojos como platos. De repente la conversación se había vuelto todavía más rara y, de alguna manera, más interesante.
—¿A qué te refieres? —quiso saber.
Paseaban por el centro del campo de quidditch. Todavía tenían que revisar en el Lago Negro, así que hacia allí fueron.
—Bueno, mis abuelos maternos eran muggles sin más, pero mi bisabuelo paterno fue el inventor de la poción alisadora de pelo, entre otros productos para el pelo y piel.
Hermione enrojeció.
—Yo uso la Poción para Rizos Rebeldes —confesó. Miró el pelo de su compañero con envidia—. No a todos nos quedan unos rizos tan perfectamente despeinados cuando nos duchamos. —El chico soltó una carcajada—. ¿Y si tienes tanto dinero, por qué…? —No sabía cómo expresar lo que estaba pensando sin que sonara a ofensa.
—Oh, en realidad no soy tan, tan rico. O sea, sí que tengo mucho dinero, pero no tanto como tú o Malfoy —pronunció el apellido sin poder disimular el tono de desagrado, pero Hermione decidió no arruinar el buen ambiente echándoselo en cara—. Y creo que no me gustaría vivir como vosotros. Estoy bien como estoy.
Hermione asintió. Ella tampoco se lo imaginaba de traje los sábados que iban a Hogsmeade.
—¿Y nunca te has dado un capricho? —le preguntó, sin disimular ya su lado más cotilla.
Potter se encogió de hombros.
—No como tal. Pero tu querido novio —pronunció las palabras en tono burlón— me obligó a comprar escobas nuevas al equipo de quidditch hace dos años.
La bruja se cruzó de brazos y lo miró con una ceja enarcada.
—Que Draco y tú no os llevéis bien…
—Que nos odiemos a muerte, dirás —corrigió él.
—Semántica. La cuestión es que no puedes culparlo de todo.
—En realidad de esto sí —argumentó Potter. Se quedó parado en la orilla del lago, cerca del agua—. El equipo de Slytherin consiguió las Nimbus 2002 cuando estábamos en cuarto gracias a la generosa donación de Lucius Malfoy, así que para quinto pensé que no pasaba nada si yo nos compraba la Barredora de Tercera Generación.
Hermione se quedó mirando la superficie del lago, que reflejaba de una forma muy bonita el cielo nocturno. La luna se había convertido en gran bola ondulante sobre el agua. Recordaba el cabreo que tuvo Draco cuando vio a los jugadores de Gryffindor con las nuevas escobas; estuvo quejándose e insultando a sus rivales, a los fabricantes de escobas y hasta al mismísimo Godric Gryffindor durante una semana.
—Ganasteis ese año, pero de nada os sirvieron el año pasado —señaló Hermione con una sonrisita de suficiencia. Todavía recordaba lo exultante que estaba Draco cuando atrapó la snitch en la final contra los leones y Slytherin ganó.
—Pura suerte —replicó Potter en tono cortante. Había herido su orgullo de buscador—. Que se olviden de ganar esta vez: Trelawney dice que este año la desgracia caerá sobre los malvados, así que es imposible que Malfoy atrape la snitch en la final.
Pretendía ser una broma, pero Hermione se tensó.
—No somos «malvados» —espetó.
Potter enarcó una ceja y la miró con escepticismo.
—Lo que tú digas. —Miró a su derecha, hacia la gran extensión de orilla del lago—. Oye, no creo que nadie se haya atrevido a ir tan lejos. ¿Echamos un vistazo hacia el otro lado y volvemos al colegio? —propuso.
Un escueto asentimiento de cabeza fue todo lo que recibió por parte de la joven bruja. Hermione todavía estaba ofendida por cómo se había referido a su casa, pero, cuanto más reflexionaba en el camino de regreso, más dudaba. ¿Tan malos eran?
Dieron una vuelta por el jardín exterior y pasaron por delante de la linde del bosque y cerca de la cabaña de Hagrid para rellenar las dos horas de ronda, pero no encontraron a ningún estudiante incauto que había decidido que era buena idea salir un miércoles por la noche. Volvieron al punto de encuentro. Antes de llegar, Hermione miró a su compañero y dijo:
—Como le cuentes a alguien algo sobre la poción que uso…
El gryffindor levantó las manos.
—Tranquila. Aunque tampoco veo por qué tendría que ser un secreto.
Hermione frunció los labios y levantó el mentón; él no entendía que para ella era muy importante mantener las apariencias de que nada le costaba trabajo.
—Tú mantente callado y no tendremos problemas.
—Antes de que me duerma ya se me habrá olvidado —aseguró él, encogiéndose de hombros.
Cuando se unieron a los demás, que ya habían terminado sus rondas, Draco los miró con suspicacia. Cada dúo se fue en dirección a su sala común. Hermione no pudo evitar bostezar; aunque durante el verano se había levantado a la misma hora, no solía realizar muchas actividades que requirieran esfuerzo durante el día, por lo que no se cansaba ni la mitad que ahora.
—¿Cómo ha ido? —le preguntó al mago que caminaba a su lado en silencio.
—Hemos pillado a dos de Hufflepuff intentando colarse en la Torre de Astronomía. Me encanta que las rondas sean secretas —dijo con malicia—. Ahora esos glotones tienen veinte puntos menos, pero seguro que lo usan como excusa para hincharse a bollos para ahogar la pena.
—¿En la Torre de Astronomía? ¿Qué hacían?
Draco rio entre dientes.
—Al parecer un imbécil de tercero le había dicho a la fea de su novia de segundo que era muy romántico contar estrellas de noche. Al menos esa es la milonga que nos ha contado a Patil y a mí mientras nos lloriqueaba para que no les restáramos puntos.
Hermione negó con la cabeza y sonrió.
—Creo que nadie ha tenido nunca tanto talento como nosotros para esquivar a prefectos y profesores.
Odiaba saltarse las normas, así la única excepción la había hecho al escabullirse con Draco a lugares más… íntimos. Bueno, quizás había hecho excepciones varias veces. Menos mal que solo ella y unos pocos más conocían la existencia de la Sala de los Menesteres, y a nadie le daba nunca por entrar a revisar que no hubiera ningún alumno travieso.
Draco y ella intercambiaron una mirada cómplice mientras entraban en su sala común, pero después él frunció el ceño.
—¿De qué hablabais Potter y tú, por cierto? —preguntó. Así que no se le había escapado el intercambio de palabras entre Hermione y el gryffindor.
La bruja decidió que era mejor mentir. Incluso Draco, a pesar de estar juntos, la acusaría de «confraternizar con el enemigo» si supiera que habían estado manteniendo algo parecido a una conversación cordial. Sin embargo, este pensamiento la hizo enfurecerse: ¿por qué tendría que esconder lo que hacía por miedo a la opinión ajena?
—De nada en especial —respondió en tono firme.
Draco enarcó una ceja.
—No sabía que ese bruto sabía hilvanar ideas.
—No seas exagerado —replicó Hermione—. Sabes perfectamente que Potter no es tonto.
Con los ojos entornados, su novio se cruzó de brazos e inclinó ligeramente la cabeza hacia ella.
—Tampoco es un alarde de inteligencia.
Hermione puso los ojos en blanco y se estiró para darle un beso.
—Debe de ser agotador ser tú —señaló en tono casual—, siempre pensando nuevas maneras de insultar a la gente.
Él soltó una carcajada seca.
—Fingiré que he oído «siempre siendo tan guapo y sumamente inteligente». Vámonos a la cama antes de que se nos haga la hora de desayunar aquí. —Se inclinó para darle otro beso. Hermione llevó una mano al cuello de él y entreabrió los labios. Draco se apartó unos centímetros para murmurar—: A no ser que quieras repetir lo de aquella noche en ese sofá de allí. —Señaló con la cabeza el mueble sobre el que habían tenido relaciones el año anterior.
Hermione rio y negó con la cabeza. Le dio otro breve beso antes de despedirse y subir a su dormitorio.
El resto de los días de clase trascurrieron sin incidentes y el sábado Theo le propuso a Hermione ir a ver el primer entrenamiento de Slytherin.
—Ya sabes que no me gusta el quidditch —rezongó ella.
—¿Y cuál era tu plan? Por favor, dime que la respuesta no era «Pasar la mañana en la biblioteca». —Su hermano la miró con expresión de cordero degollado.
Ella puso los ojos en blanco.
—Guárdate esos ojos verdes para quien quieras seducir, yo soy tu hermana y no me impresionas. Ir a la biblioteca no tiene nada de malo —replicó con testarudez.
Theo alargó las manos por encima de la mesa para coger las de su hermana. La miró intensamente.
—Hermione, querida, los ÉXTASIS son en junio y tú llevas preparada para sacar un Extraordinario en cada examen desde el curso pasado —dijo—. Hoy son las pruebas para el puesto libre de guardián. ¿No quieres ver cómo Flint insulta a todos los candidatos?
La bruja torció el gesto. Conocía la fama del capitán del equipo de Slytherin; según decía él mismo, la intimidación era la mejor estrategia, ya fuera contra el equipo contrario o para que sus jugadores dieran lo mejor de sí. A Hermione no le gustaba ese uso gratuito de la violencia.
Pero al final decidió complacer a su hermano. Al fin y al cabo, él tenía razón: no pasaba nada si no empezaba a estudiar ya. Llevaba los deberes al día y no habían avanzado tanto en las asignaturas como para saber por dónde seguir estudiando.
—Vale, pero la próxima vez me acompañarás tú a mí a la biblioteca.
Se dibujó una amplia sonrisa en el rostro de Theo, pero se hizo el sueco ante la mención a la biblioteca. Cogió una manzana para comérsela por el camino y Hermione y él se encaminaron hacia el campo de quidditch.
Subieron a la grada central y se sentaron en el tercer banco, así Theo podía apoyar las piernas en los bancos inferiores, porque era bastante alto. Hermione observó a los jugadores, ya en el aire. Divisó rápidamente a Draco gracias a ese color de pelo tan blanquecino. El chico también los vio y voló hacia ellos.
—¿Vienes a presentarte al casting, Nott? —preguntó en broma.
—¡Ni bajo un Imperio! —replicó el aludido, riendo.
Draco negó con la cabeza con una sonrisa y volvió a su posición anterior. Varias veces a lo largo de los años el rubio había intentado convencer a su amigo de intentar entrar en el equipo de quidditch, pero Theo prefería ser espectador (y narrador ocasionalmente) a jugador.
—¡Theo! —exclamó su hermana, mirándolo con los ojos como platos—. ¿Cómo se te ocurre? —Hermione miró a su alrededor y respiró aliviada al ver que las personas más cercanas estaban en la otra punta de la grada.
Theodore miró en la misma dirección que ella.
—Son slytherins también, no se escandalizarían porque haya mencionado de manera inocente una Imperdonable. —Y para rematar le quitó importancia con un ademán despreocupado de la mano. Se inclinó hacia ella con un brillo malicioso en la mirada—. No te hagas la santa, ¿o tengo que recordarte las prácticas con padre?
Su hermana miró al frente, disgustada. Aunque sabía que era una práctica habitual entre las familias de linaje como el suyo, no la enorgullecía decir que a sus diecisiete años ya había practicado dos de las tres Maldiciones Imperdonables, algo ilegal por partida doble: porque esos maleficios estaban prohibidos desde hacía cincuenta años y porque no tenía la edad legal para usar la magia fuera del colegio. Sin embargo, su padre había sabido cómo eludir el primer inconveniente; cualquier familia que se preciara había encantado sus casas para que no se notara que sus hijos practicaban magia ilegal. Lo que pasaba ahí dentro, se quedaba ahí dentro.
—Eso no significa que esté bien —respondió finalmente, casi en un susurro.
Theodore la contempló con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa? Qué rara te has levantado hoy. Míralo así: hemos aprendido cosas de las que aquí en Hogwarts ni habríamos oído hablar.
Eso hizo que Hermione se relajara un poco. Era el motivo principal por el que había accedido a aprender todos esos hechizos y pociones prohibidos, aunque su padre no era un profesor muy paciente ni comprensivo.
Se giró hacia su hermano y lo observó unos segundos antes de formular una pregunta que llevaba días rondándole por la cabeza.
—¿Tú crees que somos malvados?
Theo, que hasta entonces había estado muy concentrado en los torpes movimientos de un aspirante a guardián de tercero, se volvió hacia su hermana con el ceño fruncido. Negó con la cabeza y rio.
—Claro que no —respondió. Pasó un brazo por los hombros de su hermana y la atrajo hacia él, dándole un suave apretón—. Somos slytherins. Es ligeramente diferente.
Siguieron observando las pruebas, ahora en un silencio solo interrumpido por los comentarios sarcásticos del mago de ojos verdes. Al final, consiguió que Hermione se relajara y hasta la hizo reír. Incluso se levantó para animar a Blaise Zabini, que también se presentaba para el puesto.
Cuando ya no quedaron más valientes que quisieran enfrentarse a la ira de Marcus Flint, los jugadores bajaron a tierra para ir a las duchas y Hermione y Theo bajaron de las gradas para volver al castillo. Sin embargo, cuando ya se alejaban, Hermione se giró un momento y distinguió una figura menuda apoyada contra uno de los pilares que sostenían la estructura de madera.
—Ve yendo tú, yo voy en un rato —le dijo distraídamente a su hermano.
Este no tuvo tiempo de responder, porque la bruja ya estaba volviendo sobre sus pasos. Cuando estuvo más cerca reconoció a la persona: era la estudiante rusa de primero a la que habían clasificado en Slytherin. La hija de muggles. Estuvo a punto de retroceder e ir al castillo, pero en ese momento la niña la miró y Hermione se dio cuenta de que parecía extremadamente desanimada. Era su deber como prefecta de su casa y Premio Anual averiguar qué le pasaba, así que se acercó a ella.
—Hola —saludó con afabilidad. Vio que la niña se restregó rápidamente los ojos, había estado llorando—. ¿Qué te pasa?
—Nada —respondió la rusa de manera cortante. Ante la ceja enarcada de Hermione, que estaba acostumbrada a lidiar con contestaciones mucho peores, la alumna de primero apartó la mirada—. Estoy viendo los entrenamientos. —Se notaba que su lengua materna era el ruso solo en la entonación final de las palabras, el resto de su pronunciación era casi perfecto.
Hermione se cruzó de brazos, incrédula, y miró hacia el campo. Después de Slytherin le tocaba a Hufflepuff, y dudaba mucho que a una estudiante que llevaba pocos días pudiera interesarle algo tan aburrido como un simple entrenamiento de una casa que no era la suya.
—Venga, vamos a las gradas —dijo en un tono que no aceptaba discusión. La niña parpadeó varias veces, confundida, pero siguió a Hermione cuando vio que esta se disponía a subir las escaleras y no se giró a ver si iba detrás—. Mucho mejor vista, ¿no crees? —preguntó, satisfecha, una vez sentadas.
Permanecieron en silencio un buen rato, y Hermione observaba a su menuda acompañante de vez en cuanto. Los ojos azules de la niña no se perdían ni un solo movimiento de los jugadores que flotaban en el aire. Hufflepuff también necesitaba reemplazar varias posiciones que habían quedado vacantes porque sus jugadores se habían graduado el año anterior, así que también estaba realizando pruebas.
—¿Por qué en el equipo de Slytherin no hay chicas? —preguntó.
Hermione se alegró de poder entablar conversación por fin, porque no tenía intención de tragarse otra hora y media de quidditch, por mucho que quisiera ayudar a su compañera de casa recién llegada.
—No lo sé, aunque, ahora que lo dices, sería mucho mejor que el equipo fuera mixto —confesó Hermione—, porque, por ejemplo, normalmente es preferible tener chicas en la posición de cazador por su tamaño y agilidad, pero en Slytherin no conozco a ninguna que quiera serlo. ¿Te gustaría jugar al quidditch?
Maria Smirnova se encogió de hombros, aunque sus mejillas se tiñeron de un rosado adorable. Parecía una muñeca, con esos ojos de color cielo primaveral y el pelo rubio de un liso perfecto. Si tuviera el dinero y linaje de Hermione, en un par de años sería la alumna más codiciada de Hogwarts.
—No me dejarían de todos modos —replicó la niña en voz baja.
Hermione se giró hacia ella para poder mirarla mejor.
—Bueno, este año no, porque los de primero no podéis jugar todavía. Aunque Harry Potter entró en el equipo de Quidditch en cuanto llegó, pero eso fue porque McGonagall convenció al director de trasgredir las normas…
—Tampoco me cogerán —la cortó la chica. Tenía el ceño fruncido y el labio inferior le temblaba, como si estuviera conteniendo las lágrimas.
La prefecta estuvo a punto de replicar que eso no podía saberlo hasta que se dio cuenta de por qué la otra alumna hablaba con esa seguridad.
—Oh —musitó—. Dime: ¿te han dicho algo los otros estudiantes? ¿Has tenido problemas con alguien?
Smirnova la miró de reojo. Estaba claro que no se fiaba de ella.
—¿Cuántos alumnos hay en Slytherin como yo?
Hermione no iba a insultar su inteligencia preguntando si se refería a alumnos extranjeros, así que decidió ser sincera.
—Bueno, el año pasado se graduó un alumno cuyos padres eran médicos, y en tercero está Mark James: su padre es policía y su madre, profesora de matemáticas. —Eran tan pocos los alumnos hijos de muggles seleccionados para Slytherin que Hermione podía llevar la cuenta perfectamente—. ¡Pero hay muchos slytherins mestizos! —agregó en un intento para animarla.
—Uno de cuarto me dijo el otro día que yo no tendría que estar en Slytherin.
La bruja más mayor suspiró, presintiendo que tendría que dar un par de charlas.
—No es habitual, la verdad. Normalmente los hijos de muggles van a otras casas.
Maria Smirnova subió los pies al banco y se rodeó las piernas con los brazos; apoyó la barbilla en una de sus rodillas.
—Mis padres y yo llegamos aquí hace tres años y muchos niños se reían de mí porque tenía mucho acento, así que me esforcé para mejorar mi pronunciación —empezó a explicar—. Pero ¿qué hago ahora? No puedo cambiar de padres.
La idea hizo que Hermione sintiera ganas de reír por su absurdez, pero se contuvo, porque notaba a la niña muy desesperada.
—Claro que no. Si el Sombrero te mandó a Slytherin, será por algo. La primera semana es difícil, no pasa nada si no haces amigos a la primera.
Odiaba tener que mostrarse mucho más optimista de lo que se sentía, pero sinceridad no era algo que aquella hija de muggles necesitaba en esos momentos.
—Nadie quiere ser mi amigo. Me lo han dicho —agregó Maria, mirándola directamente a los ojos.
—Pues haz amigos fuera de Slytherin.
Si sus compañeros la escuchaban darle ese consejo tendrían una conversación muy larga en la que alguien la tildaría de traidora, pero no podía dejar que la niña pasara siete años siendo una apestada.
—Tampoco puedo —respondió Maria—. Me lo han prohibido —dijo en voz baja, como si tuviera miedo de que alguien la oyera.
—¿Quién? —Ahora no haría falta que Hermione le echara la bronca a toda la casa, podía seleccionar a los sujetos en cuestión.
—El capitán del equipo de quidditch. —No sabía de qué se sorprendía, con lo agradable que era Marcus Flint—. Y otro chico y una chica también de séptimo, creo.
—¿Cómo son?
—Uno es bajito y tiene los ojos marrones y el pelo casi rubio, un poco largo. Ella es esa chica que se sienta contigo, la del flequillo.
—Graham Montague y Pansy Parkinson. —Apoyó una mano en el brazo de la niña y la miró con reafirmación—. No les hagas caso. Si quieres tener amigos de otras casas, ellos no pueden prohibírtelo.
Una expresión de contradicción se instaló en la cara de Smirnova.
—¿Pero eso no sería traición?
Hermione puso los ojos en blanco.
—Claro que no. —La pregunta que la asaltó cuando presenció su selección volvió a ella, así que la formuló en voz alta—: ¿Es verdad que el Sombrero no sabía si mandarte a Slytherin o a Ravenclaw? —Recibió un asentimiento de cabeza como respuesta—. ¿Y por qué elegiste Slytherin?
La rusa se encogió de hombros y la miró con vacilación.
—Me dijo que Slytherin era la casa de las grandes ambiciones y que me ayudarían a conseguir lo que me propusiera.
La prefecta sonrió. Le recordaba a su propia Selección.
—¿Y tú qué quieres conseguir?
A Maria Smirnova le brillaron los ojos.
—¡Todo!
Hermione soltó una carcajada.
—¡Ese es el espíritu de Slytherin! —Permaneció callada un segundo, valorando si podía decir lo siguiente—: ¿Sabes que a mí el Sombrero Seleccionador también me preguntó dónde quería ir?
Sí… tantas posibilidades… Preveo un futuro brillante… Podrías ir a Ravenclaw, donde potenciarías toda tu inteligencia… O ir a Gryffindor, presiento que hay algo en ti que casaría con los leones… O a Slytherin, donde han ido todos los Nott, veo en ti su ambición, a pesar de todo…
—¿También te propuso Ravenclaw? —La niña la miró con interés, abandonando completamente el espectáculo aéreo que tenían delante.
—Sí. —Hermione había resuelto no contarle a nadie que durante su Selección se había mencionado a Gryffindor. Ni a Draco. Ni siquiera a su hermano—. Pero yo también tengo muchas metas que cumplir.
—¿Qué tengo que hacer para conseguir eso? —Maria señaló la placa de Premio Anual que Hermione llevaba enganchada a la blusa. Era sábado, así que no tenía que usar uniforme, pero estaba demasiado orgullosa de su cargo como para no lucirlo.
—Ser la mejor —respondió con el mentón levantado y una sonrisa.
—Vale —respondió la otra con sencillez.
Sin embargo, tenía un brillo decidido en la mirada. Hermione ensanchó su sonrisa: puede que Hogwarts no volviera a ver a otra Hermione Nott cuando ella se fuera, pero estaba segura de que alguien seguiría sus pasos.
. . .
Durante los siguientes días, Hermione estuvo atenta a Maria Smirnova, por si tenía que intervenir, pero al verla charlando entre las clases con estudiantes decidió que poco importaba que esos estudiantes llevaran corbatas amarillas y negras o azules y negras. La niña parecía empezar a tener amigos, así que no tendría que preocuparse más.
Sin embargo, se le olvidó que su casa estaba llena de víboras.
El jueves de la segunda semana del curso, Hermione estaba comiendo con Draco, Blaise, Theo y Daphne cuando sintió que alguien se plantaba tras ella. Cuando se dio la vuelta, vio a Snape de pie mirándola desde arriba con su habitual rictus de desagrado.
—Acompáñeme, señorita Nott. —Hermione se levantó y Draco la imitó, pero Snape levantó una mano en su dirección—. ¿Acaso usted también se llama Hermione Nott, señor Malfoy?
A pesar de que era su ahijado y alumno favorito, había momentos en que el profesor de Pociones no estaba de humor y no dejaba pasar una a nadie. Hermione miró con expresión de excusa a Draco y siguió al jefe de su casa. El mago no habló hasta que no estuvieron fuera del salón:
—Quiero que informe a los estudiantes de Slytherin de que si alguien vuelve a negarse a responder una pregunta de un profesor, se le castigará severamente.
Hermione frunció el ceño mientras se apresuraba para mantener el ritmo de Snape. El mago subía las escaleras como si lo persiguiera un trol.
—Me temo que no sé a qué se refiere, profesor.
Snape soltó un gruñido.
—El profesor Flitwick encontró a una alumna de primero en un aula abandonada. Había sido atacada con el embrujo para expulsar pus. —Hermione no pudo evitar una arcada; odiaba ese hechizo, era uno de los más asquerosos de presenciar—. Es la nueva. Maria Smirnova.
Hermione suspiró y elevó la mirada al cielo. No sabía cómo podía haber pensado que esa niña no se metería en problemas en algún momento. Las dos compartían un rasgo: la cabezonería. La diferencia principal era que Hermione tenía quién la respaldara.
—¿Cómo ha pasado? ¿Quién ha sido? —inquirió.
Snape abrió la puerta de la enfermería con un movimiento ágil de varita y se detuvo momentáneamente para responder.
—Se ha negado rotundamente a decirlo. Flitwick ha estado intentando sonsacárselo durante diez minutos antes de rendirse y venir a buscarme.
—¿Y no ha querido contárselo? —La joven bruja entró a la enfermería con expresión sorprendida, porque los estudiantes, sobre todo los más jóvenes, harían y dirían cualquier cosa con tal de no enfrentarse a la ira de Snape.
El profesor descorrió una cortina, donde estaba la alumna de la discordia en cuestión sentada en una cama y Madame Pomfrey se frotaba las manos con fuerza sobre una palangana con agua.
—Aquí la tiene, señorita Smirnova. Más le vale contarle a ella lo que ha pasado o recurriré a otros métodos. —Esa amenaza habría acobardado a cualquiera, pero la niña rubia frunció más el ceño y apretó los labios. Después, Snape miró a Hermione—. Encárguese usted a partir de ahora, yo no tengo tiempo para estas sandeces.
Tanto Severus Snape como Poppy Pomfrey desaparecieron, dejando a las dos chicas solas. Hermione se sentó en la cama hacia Maria y miró su brazo vendado.
—¿Duele? —preguntó.
—Un poco —musitó la niña, mirándose el brazo—. Pero al menos ya no huele mal. Madame Pomfrey me ha limpiado también el uniforme con un hechizo —explicó.
—¿Qué ha pasado, Maria? —inquirió Hermione, bajando la voz y adoptando un tono dulce. Necesitaba que confiara en ella para poder buscar una solución.
La niña se mordió el labio inferior, dubitativa. Finalmente, sus hombros bajaron, señal de que se rendía.
—Estaba hablando con Henriette y Ezekiel —Hermione no sabía quiénes eran, pero tampoco eran relevantes para la historia, así que no la interrumpió— cuando nos hemos cruzado con ese Flint y otros dos, esos que parecen gorilas. —Crabbe y Goyle. Hermione entrecerró los ojos; ¿tendría Draco algo que ver? Desechó la idea de inmediato: él mismo decía que no tenía tiempo para fijarse en los de los primeros cursos. Maria prosiguió el relato —: Primero le han dicho a Ezekiel que es un traidor a la sangre. Y luego me han dicho que no tengo que juntarme con chusma de Hufflepuff. Que si estoy contenta de estar ensuciando todavía más el buen nombre de Slytherin.
Llegada a ese punto, la niña estaba conteniendo las lágrimas. Claramente, esas palabras la habían trastocado.
—¿Y por qué no se lo has dicho a los profesores? —preguntó Hermione con cierto tono severo.
—Es que si se lo contaba al profesor Flitwick, seguro que les quitaría puntos. Y tenía miedo de que el profesor Snape me acusara de chivata —se excusó Smirnova.
Hermione suspiró.
—Voy a restarte cinco puntos, porque no puedes desobedecer así a dos profesores, así que quiero que te esfuerces al máximo y los recuperes respondiendo bien a preguntas en clase, ¿vale? —Lo planteó de una manera que hizo que Maria Smirnova pasara de estar desanimada a sonreír y asentir varias veces con vehemencia—. Yo me encargaré de Flint —aseguró. Hermione volvió a mirar el brazo vendado de la niña—. ¿Crees que puedes asistir a las clases de la tarde o prefieres quedarte descansando?
—¡No! —exclamó—. Iré. Me gusta Defensa Contra las Artes Oscuras. El profesor Moody es duro, me recuerda a mi abuelo.
Esa afirmación hizo reír a Hermione. La prefecta se levantó y ayudó a la estudiante más joven a bajar de la cama; juntas, volvieron al Gran Comedor, para comer algo antes de que sonara la campana que anunciaba que tenían que volver a clase. Hermione tenía Historia de la Magia, así que no quería ir con el estómago vacío o no podría concentrarse bien.
Smirnova se quedó al principio de la mesa, porque se sentaba en la esquina, y Hermione continuó hasta volver con su grupo. Pasó por enfrente de Marcus Flint, quien parecía no haberle quitado el ojo de encima desde que había entrado al Gran Comedor. Hermione le devolvió la mirada, desafiante, pero cortó el contacto cuando se sentó y la cabeza de Theo apareció en su campo visual.
—¿Qué ha pasado? ¿Qué quería Snape? —le preguntó su hermano.
Hermione cogió un sándwich de jamón ahumado y movió la mano en un gesto vago.
—Solucionar un pequeño conflicto. Al parecer se me da bien la mediación, aunque eso ya lo sabía.
No le apetecía tener que explicar toda la historia; además, todavía no había decidido qué haría a continuación. Nadie a su alrededor parecía convencido por su respuesta, pero la salvó la campana que marcaba el inicio de la siguiente clase. Hermione miró con anhelo toda la comida que pronto desaparecería de la mesa, porque se había quedado con hambre, pero se levantó y se dirigió a la clase junto con los demás.
Cuando entraron, el profesor todavía no había aparecido; al fantasma Binns le gustaba esperar a que todos estuvieran sentados para atravesar la pared frontal del aula, sentarse (¿los fantasmas podían hacer eso?) y empezar a leer sus interminables apuntes. Hermione se dirigió a su asiento habitual: la mesa de la tercera fila por la derecha. Se sentó, pero la silla vacía a su lado fue ocupada por Draco en vez de por Theo, como siempre. La bruja miró hacia atrás con el ceño fruncido, pero su hermano se encogió de hombros y sonrió despreocupadamente junto a Blaise.
—¿Qué haces? —le preguntó Hermione en voz baja a su novio.
Este se llevó un dedo a los labios y señaló hacia delante. Binns había hecho acto de aparición y, aunque estaba muerto y había pocas cosas que lo animaran, era el más estricto respecto al silencio en clase. El fantasma abrió sus apuntes, que debían pesar dos kilos, y empezó a leer con voz monótona:
—En 1550 en la región francesa de los Alpes se llevó a cabo una caza de brujas que…
Sin embargo, Hermione dejó de tomar notas cuando Draco le pasó un trozo de pergamino.
Te he visto entrar en el Gran Comedor con la nueva sangre sucia.
La bruja miró a su novio con un mohín disgustado en los labios, pero cogió su pluma y respondió:
Flint y tus amigos Crabbe y Goyle la habían atacado con un embrujo de pus. Snape me ha pedido que averiguara qué había pasado, porque Maria confía en mí. Ahora tengo que decidir qué hacer.
Draco leyó a medida que ella escribía y en cuanto escribió la última letra, le arrebató el papel para responder.
¿Desde cuándo eres amiguita de los de primero?
—Era un caso especial —murmuró Hermione con los ojos fijos en el profesor Binns para asegurarse de no llamar su atención.
Draco negó con la cabeza.
—¿Y qué se supone que tienes que hacer? —respondió en susurros. Eso no impidió que se notara que no entendía la gravedad de la situación.
Hermione se encogió de hombros y prosiguió con su toma de notas. Sintió la mirada de Draco sobre ella durante unos segundos, pero después el mago apoyó la cabeza en una mano y resopló, hastiado.
Dejaron estar el tema y siguieron con la clase. Después tuvieron DCAO y durante la cena a Hermione se le olvidó momentáneamente lo que había pasado mientras comentaba con los demás la extensa explicación del funcionamiento de Azkabán que les había dado Ojoloco. A la bruja le parecía fascinante la existencia de los dementores y le gustaría ver uno alguna vez, aunque sabía que era poco probable porque ni ella pensaba visitar la prisión mágica ni esperaba ver a esas criaturas rondando por Hogwarts.
Sin embargo, cuando volvieron todos a la sala común de Slytherin para pasar un rato antes de irse a dormir, Hermione vio su oportunidad y se resolvió a zanjar el tema de manera discreta. Draco y Theo habían subido a sus dormitorios a quitarse las capas del uniforme, así que estaba sola. Hermione vio a Marcus Flint sentado en uno de los sillones más cercanos al juego; estaba hablando con Graham Montague y Adrian Pucey, así que la bruja se acercó a ellos con paso decidido y se plantó en medio. Miró a los dos últimos con una sonrisa.
—¿Podéis dejarnos solos? Tengo que hablar con Marcus sobre una cosa.
Su gesto era amable, pero sus ojos les decían que ni se molestaran en protestar. Hermione había desarrollado con los años una actitud que no admitía discusión para compensar así su constitución pequeña.
—Qué suerte tienes, Flint. Nuestra perfecta prefecta quiere tener una charla contigo —dijo Montague en tono burlón.
Hermione entornó los ojos y lo miró con frialdad. Se sentó en uno de los sillones que habían dejado vacíos y se cruzó de piernas, estirando la falta sobre sus rodillas para que no quedara arrugada.
Marcus Flint la miró con una ceja enarcada.
—¿A qué debo el honor?
Hermione se inclinó hacia un lado, apoyando un codo en el reposabrazos del mullido sillón.
—¿No tienes nada mejor que hacer que molestar a otros estudiantes, Flint? —El capitán del equipo de quidditch parpadeó varias veces, como si no supiera de qué hablaba la bruja—. No te hagas el tonto, no te queda nada bien. —Hermione estuvo a punto de añadir que ya parecía tonto con su expresión normal, pero se abstuvo—. Has mandado a Maria Smirnova a la enfermería —lo acusó sin tapujos.
Marcus se inclinó hacia delante, con los ojos verdes entrecerrados. Parecía una bestia a punto de saltar sobre su presa. Sin embargo, Hermione no se amedrentaba con tan poco, por lo que lo imitó y le dedicó una seca sonrisa.
—No sería la primera vez ni la última.
—No puedes hechizar a los nuestros, me obligas a restarnos puntos.
El mago puso cara de asco.
—No es «de los nuestros». El Sombrero Seleccionador se equivocó.
Hermione rio.
—¿Sabes tú más que una criatura con siglos de antigüedad? Pues nada, el próximo año te quedas otra vez y seleccionas tú a los de primero —dijo en tono sarcástico.
Vio cómo la ira inundaba los rasgos de Flint; su cara se puso roja y apretó mucho los dientes. El mago se levantó y la miró desde arriba.
—¿Por qué defiendes a esa sangre sucia? ¿Se te ha olvidado quiénes somos?
Hermione lo imitó y levantó la cabeza para poder ver bien su cara, porque le sacaba media cabeza. Varias personas detuvieron sus conversaciones para mirarlos, por lo que la bruja bajó la voz.
—Es mi obligación. Smirnova ahora está en Slytherin, si quieres torturar a alguien, que no sea a ella.
Se dispuso a marcharse de allí, pero una de las manos de Flint la cogió por el brazo, deteniéndola. La bruja lo miró, tremendamente ofendida, y sacó su varita del bolsillo.
—Suéltame, Flint. No me hagas obligarte.
El mago soltó una risa cruel.
—Te crees muy poderosa por llevar una placa de mierda enganchada al uniforme y tener guardaespaldas que pelearán por ti cuando sea, ¿verdad?
Llegados a ese punto, casi toda la sala común los observaba y cuchicheaban entre ellos. Hermione movió el brazo con brusquedad y consiguió deshacerse del agarre.
—No hace falta que nadie me defienda —espetó, entornando los ojos y mirándolo con furia.
—Ya veremos.
—¿Qué pasa aquí?
La voz de Draco hizo que la sala entera contuviera la respiración, no osando a hacer el más mínimo sonido por si se convertía en un objetivo. El mago rubio, seguido por Theodore, se aproximó a Hermione y a su capitán de quidditch. Después de comprobar que su novia estuviera bien, se cruzó de brazos y lanzó una mirada desafiante a Flint, acompañada por una sonrisa ladina. Enarcó una ceja: esperaba una respuesta.
—Flint y yo estábamos aclarando un par de temas en los que discrepábamos —respondió Hermione, intentando que su tono sonara despreocupado—. Le había dicho que he tenido que restarle veinte puntos y estábamos discutiendo el motivo. Pero ahora ya lo tiene claro, ¿verdad, Flint?
—Por supuesto.
Sin embargo, sus ojos gritaban que no estaba dispuesto a dejarlo así.
-N/A: Me ha gustado mucho escribir la parte de Hermione y Harry, porque creo que tienen potencial para ser amigos, pero no lo saben todavía. También hemos podido ver un poco más de su relación con Theo y cuáles son sus valores (irán cambiando poco a poco). Las que sospecharon que Marcus Flint causaría problemas tenían razón, y eso que solo acaba de empezar xD.
Sé que no ha habido dramione, pero ¿me dejaréis un review igualmente? Me encanta leer vuestra opinión :D
La próxima actualización será el 13 de junio. N/A-
