-N/A: ¡Hola! No, no estáis soñando ni habéis leído mal: ¡hay nuevo capítulo! Es el más corto hasta ahora (solo 3k), pero creo que necesitamos cerrar la parte del juicio para despedirnos de Lawrence (al menos durante un tiempecito) y centrarnos en otras cosas.

Muchas gracias a las personas que, a pesar de no haber actualizado en ocho meses, han sido tan buenas como para dejarme un review: Gaby Grey, Margarite Paroi, Love'sHeronstairs, MaripositaDebby, JuliaLestrange, HarleySecretss, Tere, Dani H Danvers, Mitsuky092, Claudia Porras, NoraCg, Angela Crimson07, sofihikarichan, Sally ElizabethHR, Between White and Black y Bombon Kou Malfoy. Todavía no he podido responder a todos los comentarios, pero lo haré durante los próximos días *corazones*

Nos leemos al final. N/A-


Into the Light


XIII. A veces, el silencio es la peor mentira. (Miguel de Unamuno)

.

La noche anterior

Blaise permanecía con la mirada fija en el techo. Hacía ya mucho que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, por lo que podía percibir las sombras y los bordes de lo que rodeaba la cama. También podía escuchar perfectamente la respiración acompasada de sus compañeros de dormitorio o, al menos, de Crabbe y Goyle. Dudaba mucho que Draco estuviera durmiendo, pero si el rubio había oído a Blaise escabullirse de su cama para ir a la de Theo, no había dado señales de ello.

Y hablando de Theo… El chico permanecía con las manos en el abdomen, los ojos también clavados arriba y el ceño profundamente fruncido.

—Deberías intentar dormir —le susurró Blaise. Siempre que se colaba en la cama del muchacho procuraban instalar un hechizo silenciador, pero no estaba de más ser precavido.

No obtuvo respuesta, pero sí una reacción: Theo se dio la vuelta hacia el lado contrario, dándole la espalda. Blaise suspiró e hizo lo mismo hacia el lado contrario. Conocía lo bastante al chico para saber cuándo no quería ser molestado. No se había comportado así en muchas ocasiones, pero sí las suficientes como para saber que nada de lo que diría Blaise surtiría efecto. La única capaz de tranquilizarlo era Hermione, pero esta vez era ella la causante de todo aquel embrollo.

Aunque quizás llamarla «causante» era juzgarla con demasiada dureza. Theo había estado todo el día dándole vueltas al asunto, buscando mil explicaciones, maldiciendo a todo y todos por lo bajinis, pero Blaise no creía que su hermana mereciera críticas tan duras. Tal vez porque el hecho de que fuera una sangre sucia todavía no había calado en él o tal vez porque, en el fondo, tampoco le veía la gravedad al asunto.

Pero eso era porque Blaise nunca se tomaba las cosas demasiado en serio; eso decían sus amigos. La verdad era que Blaise sí pensaba que había temas que merecían seriedad, pero la gente necesitaba reordenar sus prioridades. Por ejemplo, ¿a quién le importaba que a él le gustaran los chicos y las chicas? Pero claro, para Theo era diferente. Él decía que al menos Blaise podía aparentar. Podía ser normal. Eso mosqueaba a Blaise, pero nunca había encontrado las fuerzas para discutir al respecto.

Tal vez si lo hubiera hecho podrían cogerse de la mano en público y quedar en otro horario que no fuera después de medianoche o en otro lugar que no fuera un aula abandonada o unos baños olvidados. A veces deseaba que Hermione y Patil los hubieran descubierto aquella noche de guardia, así ahora sería todo más fácil. Podría gritar al mundo: «Mírame, tengo novio. Si tienes algún problema, ya sabes dónde puedes metértelo». Así, quizás, Theodore se relajaría y no tendría tanto miedo de que alguien descubriera su secreto de piel negra y metro ochenta.

Con otro suspiro típico de la mente inquieta, se dio la vuelta y apoyó una mano en el brazo de Theo. Normalmente el chico respondía buscando sus dedos, pero aquella vez se quedó quieto.

Blaise se autoconvenció de que se había dormido.


—Déjame en paz.

Esas palabras fueron como una bofetada para Hermione.

—Theo, ¿qué te pasa?

El joven la miró como si acabara de escupirle y se separó varios pasos de ella.

—¿Qué me pasa? ¿En serio? ¿¡Qué has hecho!? —espetó.

Hermione pudo apreciar que tenía los ojos rojos y las manos apretadas en puños, aunque ni siquiera así era capaz de contener los temblores. Su instinto fue abrazarlo para que se sintiera mejor, pero por primera vez en su vida temía hacerlo.

—Yo no he hecho nada —se defendió ella—. Padre…

—¡No te atrevas a nombrarlo! —le gritó Theo—. Si va a Azkaban por tu culpa… Más te vale arreglarlo cuando te llamen a testificar.

A pesar de que la presencia de Tonks le impidió continuar, el daño ya estaba hecho. Hermione sintió que la desesperación se apoderaba de ella y negó con la cabeza repetidamente, incapaz de creer lo que estaba pasando. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a él y hablar de lo sucedido, pero ni en un millón de años habría esperado esa reacción por parte de Theodore. Era su hermano, por Merlín. Él era el risueño, el desenfadado de los dos.

Tonks la cogió suavemente por el codo y la obligó a moverse, porque la gente empezaba a agolparse en las puertas del Wizengamot, observándola. Cuando entraron, la auror la hizo sentarse en el mismo sitio que había ocupado ayer. Hermione era incapaz de reaccionar, así que se dejó mover. Sus ojos no podían despegarse de Theo, que se había sentado en el mismo banco que ella, pero en el extremo opuesto. No le dedicó una mirada ni una sola vez, a pesar de que cada célula de Hermione pedía a gritos que lo hiciera.

—Silencio, por favor. —Kingsley Shacklebolt habló con voz potente, mirando a todos los presentes antes de continuar—. Que pasen los acusados.

Hermione seguía con la vista fija en Theodore y pudo respirar cuando vio que él giraba la cabeza en su dirección. Sin embargo, sus ojos verdes no la tocaron, sino que fueron directamente a la puerta. La bruja pudo ver el cambio en su expresión, de frustración a miedo. Cuando ella siguió su mirada, se encontró con su padre y entonces lo comprendió.

¿Qué le había dicho a Theo? ¿Cómo había envenenado su mente?

Se quedó ahí quieta, con la mirada perdida, mientras condenaban al mercenario que su padre había contratado al Beso del Dementor. El hombre no protestó ni una sola vez y se marchó con la cabeza alta y la resignación de quien sabía que su profesión tarde o temprano lo llevaría a la muerte.

Antes de que se diera cuenta, el nombre «Hermione Jean Nott» fue pronunciado en voz alta.

—Es tu turno —le susurró Tonks al oído.

Hermione parpadeó varias veces, volviendo a la realidad, y se dio cuenta de que toda la sala guardaba silencio, esperando que cumpliera su papel.

La joven se levantó, se alisó el vestido y se acercó a la silla vacía. Una vez había leído que en algún país muggle a los condenados a muerte se los sentaban en una silla y los electrocutaban hasta morir. Una parte pequeña de ella temía que fuera a pasarle lo mismo, pero cuando ocupó su lugar, nada pasó.

Inspiró hondo y soltó el aire lentamente por la nariz.

—Señorita Nott, intentaremos ser breves —empezó Shacklebolt—. Solo es un interrogatorio de confirmación, pues el Wizengamot ya ha tenido oportunidad de ver sus recuerdos. —Hermione asintió, confirmando que entendía lo que iba a pasar—. ¿Cuándo conoció al señor Travers?

—No puedo decir que lo conociera realmente —la voz le salió estrangulada, así que carraspeó antes de continuar—, solamente era una persona que venía a casa de vez en cuando. Nunca hablé directamente con él. Bueno —corrigió—, a excepción de… —Shacklebolt enarcó ambas cejas, animándola a continuar— la noche que descubrí que… —las palabras se aferraban a las paredes de su garganta, pero Hermione las obligó a salir— mis padres no eran mis padres biológicos.

Se oyó algún murmullo en el estrado del jurado. «Lo sabía, es cómplice», resonó en la mente de Hermione, a pesar de que era muy probable que nadie hubiera dicho eso. Pero se encontraba frente a personas que despreciaban en secreto a cualquier mago o bruja que no viniera de una familia mágica, así que nunca se sabía.

—¿Qué descubrió exactamente?

Hermione entrelazó los dedos en el regazo y los apretó con fuerza.

—Que con Theodore había nacido otra niña, pero había muerto y mi padre buscó otro bebé para sustituirla sin que nadie se enterara. Yo.

—¿Sabe algo más de su familia biológica? —Una negación de cabeza—. ¿Aparte de usted, sus padres adoptivos y la víctima, lo sabía alguien más?

Hermione pensó en Theo. Quizás uno de los mayores errores de su vida había sido no decírselo.

—Los elfos, probablemente.

—¿Por qué no se lo contó a nadie?

La pregunta real era: ¿por qué no lo denunció al Ministerio? La bruja tragó saliva. Miró a Lawrence Nott, que tenía los ojos clavados en ella con fuerza. Cuidado. Su instinto fue responder: «Porque es mi padre». Volvió a mirar al hombre. ¿Era realmente su padre solo por haberle dado un techo, cosas caras, pero nada de amor? ¿Le debía esa lealtad?

Y así, en un segundo, Hermione selló el futuro de mucha gente.

—Porque mi padre me aseguró que mi vida quedaría arruinada si lo hacía.

No sabía cómo iba a enfrentarse a Theo después de aquello.

—Gracias por su sinceridad. En sus recuerdos hemos podido ver que estuvo investigando libros de magia oscura. —La bruja apretó la mandíbula; por unas horas había olvidado ese detalle—. Lo atribuiremos a la conmoción y le restaremos importancia porque no llevó nada a cabo, pero es mi deber advertirle que usar ese tipo de magia es ilegal y está penado con un mínimo de seis meses en Azkaban. ¿Lo entiende? —Hermione asintió con las mejillas teñidas de rojo por la vergüenza—. Bien. Muchas gracias por su colaboración, señorita Nott. Puede volver a su sitio.

Cuando se levantó y se giró, vio que Theodore estaba observándola y pudo reconocer en su rostro el sentimiento de haber sido traicionado. Eso abrió un boquete en su corazón.

El ministro se dirigió entonces al acusado.

—Señor Nott, está en su derecho de defenderse. ¿Hay algo que quiera decirle al Wizengamot antes de que se dictamine su sentencia?

Lawrence Nott se levantó en toda su estatura y miró a los que eran sus amigos sin una pizca de arrepentimiento ni miedo.

—Todos aquí conocen mi integridad y mis principios. Cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo. —Entonces se giró y señaló a Hermione con el mentón—. Esta niña ha tenido una vida mucho mejor de la que sus padres muggles podrían haberle ofrecido, aunque ella misma lo haya olvidado. —Por cómo la miraron varios miembros del Wizengamot, estaba claro que pensaban como él. Hermione bajó la mirada y cerró los ojos, deseando poder desaparecer—. Barnaby Travers era un parásito de la sociedad y no iba a permitirle que amenazara a mi familia. Hice lo que debía.

Era una gran truco ese de apelar al deber familiar para situarse bajo una luz mejor que la que lo enfocaba en ese momento, pero todos allí sabían que no podían exculparlo, a pesar de que muchos lo desearan.

Se dio unos últimos minutos al Wizengamot para deliberar, amparados por un hechizo insonorizador. Hermione pasó todo ese tiempo dando golpecitos contra el suelo con un pie, contándolos en su cabeza. Cuando llegaba a cincuenta, volvía a empezar.

—¿Estás bien? ¿Quieres salir? —El pelo rosa de Tonks apareció en su campo de visión. La joven se había agachado junto a ella y la miraba con expresión preocupada—. Parece que vayas a desmayarte en cualquier momento, estás pálida como un fantasma.

Ojalá lo fuera, porque así podría desaparecer de allí atravesando las paredes y nadie podría ir tras ella. Sin embargo, de nada servía huir. No cuando faltaba poco para que aquella parte de su tortura terminara.

—No, estoy bien —dijo con voz débil pero decidida.

Las bocas moviéndose del Wizengamot finalmente se detuvieron, desapareciendo así el hechizo que anulaba el sonido, y una mujer rubia se levantó con solemnidad.

—¿Cuál es el veredicto?

—Tras deliberar sobre los hechos, el Wizengamot ha llegado a la conclusión de que el acusado deberá pasar veinte años en Azkaban, puesto que no asesinó él mismo a la víctima ni causó daño alguno a los muggles a los que sustrajo a la señorita Nott, por lo que una condena superior sería injusta.

Hermione soltó un grito ahogado. ¿Veinte años por un asesinato, secuestro y manipulación de recuerdos? Y ni siquiera la habían mencionado a ella o el hecho de que la habían privado de una vida con su familia biológica.

Si así funcionaba la justicia, Hermione ya no creía en ella tanto como antes.

Se quedó allí sentada mientras la gente empezaba a moverse. Vio cómo Theo se acercaba a su padre con los hombros bajados y la mirada fija en cualquier parte menos en los ojos de su progenitor y vio cómo este le ponía una mano en el hombro y apretaba con fuerza antes de susurrarle algo al oído. Hermione no pudo oír qué era, pero conociendo al señor Nott, no podía ser ni una despedida cariñosa ni la promesa de un futuro sin problemas. ç

Y, por cómo la miraron ambos justo después, empezaba a pensar que no iba a conseguir nada bueno de su familia a partir de ese momento.

Una figura se plantó frente a ella, bloqueándole la visión y protegiéndola de las miradas hostiles.

—Lamento mucho todo lo que ha pasado estos días, señorita Nott. —Kingsley Shacklebolt era una ola de calidez en ese mundo frío—. Si tiene cualquier problema o cambia de opinión sobre el tema de sus padres, no dude en contactar conmigo o con la auror Tonks.

Hermione se lo agradeció con un movimiento de cabeza, porque tenía la sensación de que si abría la boca empezaría a gritar.

Theo pasó por delante de ella sin siquiera mirarla, pero la bruja no podía dejarlo irse así. No cuando sentía una opresión tan grande en el pecho que casi le costaba respirar.

—¡Theo! ¡Theodore! —lo llamó. Vio cómo el chico se detenía en mitad del pasillo y apretaba las manos en sendos puños antes de darse la vuelta. Esto hizo que Hermione avanzara con cautela—. Lo siento mucho. Sé que debería habértelo contado… —empezó, buscando en la mirada de su hermano cualquier atisbo de perdón o cariño.

—¿Contarme el qué? —replicó él—. ¿Qué ibas a destruir a nuestra familia? ¿No bastó con que mamá muriera? ¿Tenías que quitarme a mi padre también?

Hermione frunció el ceño, desesperada por hacerlo comprender.

—Yo no lo obligué a ordenar que asesinara a Travers —se defendió.

—¡Pero lo hizo por ti! —espetó Theo. Había gente arremolinándose a su alrededor, pero varios aurores los dispersaron—. ¡Ni siquiera eres su hija real y mira las molestias que se tomó para protegerte! ¡Y así se lo pagas!

La bruja habría querido abrirle la cabeza e introducirle a la fuerza la idea de que Lawrence Nott no había hecho nada de todo aquello por ella, sino para cubrirse las espaldas, pero que Theo, precisamente Theo, pronunciara las palabras «su hija real» le dolió tanto como una Cruciatus.

No, estaba segura de que una Cruciatus dolía menos.

Por eso, porque fue incapaz de reaccionar ante palabras tan duras, no pudo impedir que su hermano se alejara de ella. Era como si con cada paso cortara el hilo que los unía. Como si toda una vida juntos de repente no fuera más que ceniza barrida por el viento.

Hermione se echó a llorar, sin importarle quién la viera, hasta que sintió que Tonks la abrazaba y le susurraba palabras de ánimo.

La auror la ayudó a llegar a las chimeneas de la planta baja y después la instó a cruzar.

—Llegarás al despacho de Dumbledore. ¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?

—Sí —respondió la joven con la voz quebrada.

Estaba aterrorizada, pero era un miedo que le impedía pensar. Sabía que al otro lado de la Red Flu tendría que enfrentarse a muchas más cosas, pero en esos momentos no se encontraba con fuerzas suficientes para pensar un plan de huida. Solo quería meterse en la cama y taparse con el edredón hasta que esa pesadilla terminara o la engullera por completo.

Dumbledore la recibió con una actitud serena, sin miradas de pena.

—Si necesita cualquier cosa, señorita Nott, puede llamarnos a cualquiera de los profesores o a un elfo. He levantado la prohibición de dormir más de dos noches seguidas en la torre de Premios anuales: he pensado que se sentirá más cómoda allí.

—Gracias —contestó Hermione. Iba a salir del despacho cuando recordó una cosa—. Lamento mucho haberme aprovechado de mis privilegios para sacar libros de magia prohibida.

Dumbledore negó con la cabeza con una sonrisa divertida.

—No se preocupe, querida. No es la primera que lo hace, aunque sí la que tenía el motivo más justificado. Ahora vaya a descansar —dijo mientras la acompañaba a la escalera de piedra—. He prohibido a los estudiantes salir de sus salas comunes hasta la hora de comer —la informó.

Una oleada de gratitud invadió a Hermione. El alivio de saber que no tendría que enfrentarse a miradas curiosas la llenó de la energía suficiente para recorrer el camino hasta la torre. Todavía tenía muchas conversaciones pendientes, pero era preferible que los ánimos se calmaran. Además, si tenía que intentar explicarse una vez más tal vez le diera un ataque de nervios.

Mientras caminaba por los pasillos vacíos, se dio cuenta de una realidad abrumadora: acababa de quedarse sola. Nunca había tenido muchos amigos, pero siempre había podido contar con unas pocas personas leales en su vida. Sin embargo, el encuentro con Theo le había caído como un balde de agua fría.

Una minúscula parte de ella confiaba en que su hermano se diera cuenta de la persona que era realmente su padre y entendiera que seguían siendo hermanos. Para Hermione, ese hecho no había cambiado. Su padre podía no serlo, porque así lo había decidido él, pero era imposible que Theo dejara de quererla de la noche a la mañana.

Y así, sumida en el desastre en que se había convertido su familia, llegó a la sala común. El lugar estaba suavemente iluminado por la luz exterior y por la chimenea encendida, por lo que pudo ver claramente a Draco sentado en el sofá, con la mirada perdida en el fuego y la mandíbula apretada.

—Tenemos que hablar, ¿no crees? —le dijo.

No había ni rastro de calidez en su voz ni en sus ojos cuando los dirigió hacia Hermione.


-N/A: ¡Booom, Theo gay! Algunas ya se lo olían, pero ha llegado el momento de confirmarlo. Tenía pensado escribir desde su punto de vista, pero creo que me lo reservo para un poquito más adelante. ¿Qué pensáis de su reacción? Se aceptan teorías, insultos, defensas...

En el siguiente capítulo leeremos la conversación con Draco. No, no será agradable. Por mucho que quiera a Hermione, Draco tiene su orgullo y sus prejuicios y estos no van a desaparecer mágicamente. In this house we do not believe en el poder del amor para arreglarlo todo, hay que aprender y madurar. Pero todo a su tiempo, no quiero adelantar nada todavía ;) No sé cuándo actualizaré otra vez, pero al menos ya he pasado la parte más aburrida de escribir, así que confío en que la inspiración me visite más a menudo.

Si os ha gustado el capítulo (o no), me haría muy feliz un review. N/A-

MrsDarfoy