-N/A: ¡Hola, hola, hola! Ha pasado tiempo, pero prometí que volvería en verano y aquí estoy (aunque técnicamente todavía no es verano en el hemisferio norte, pero ya hace un calor del infierno :S).

Como hace casi tres meses que no actualizo, dejo aquí un pequeño resumen del capítulo anterior por si alguien no se acuerda (comprensible xd): Hermione decidió cambiarse de Cuidado de criaturas mágicas a Estudios muggles para tener un poco de paz mental. Hubo varios acercamientos con los que son sus amigos en el canon, por lo que ya se van entreviendo las futuras amistades :) y el capítulo terminó con un encontronazo entre Hermione y Draco por culpa del Quidditch.

Como es ya habitual, quiero tomarme un momento para dar las gracias a todas las personas que comentaron el capítulo anterior y que, pese a mis largas ausencias, siempre vuelven a mí y me apoyan *corazones*. Un abrazo muy fuerte a gabiimgk, uLiii, Dani H. Danvers, hadramine, Monicaisabel, Lucitachan, ivicab93, Tere, pelusa778, JuliaLestrange, vale granger, Between White and Black, Hakerenit CasRiv, fransanchez, Leslie08, NoraCg, Tayler-FZ, HarleySecretss, Candice Saint-Just, Claudia Porras, Valeria, Mitsuky092, Carolina Marquez y Adry-scrittore. Veo nombres nuevos en los reviews, ¡bienvenidas y gracias por animaros a comentar! Y a las de siempre, os amo. (Recordad que tengo una página de FB con mi nombre de usuario en la que aviso de actualizaciones y subo fragmentos).

En este capítulo podremos ver varias discusiones, momentos impactantes y corazones rotos. Mi estilo, vaya, jeje. Hablaré un poco más de los momentos más importantes en la N/A del final, no os la perdáis.

Para la gente que me sigue en FB, sé que dije que actualizaría el 15, pero como en mi país es casi medianoche, me permito subir el capítulo ya, jeje. N/A-


Into the Light


XVIII. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. (Miguel de Cervantes)

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Hermione bostezó mientras luchaba por no dormirse sobre su desayuno.

Parpadeó varias veces, intentando alejar el sueño, y se obligó a sentarse con la espalda recta mientras releía por tercera vez la página del libro que la profesora Burbage le había prestado: Todo lo que debes saber sobre la historia muggle. El día anterior había asistido a su primera clase de Estudios muggles y el entusiasmo ante lo nuevo pronto había dejado paso al estrés por todo lo que debía hacer para ponerse al día. No era solo que tenía que entregar un trabajo en menos de un mes, era que sus conocimientos sobre el mundo muggle eran, por decirlo suavemente, escasos. Todo lo que había aprendido alguna vez sobre los muggles era difamatorio, despreciativo o, con suerte, vago, por lo que tenía un gran vacío que llenar.

Ojalá tuviera un giratiempo.

Mientras se esforzaba en que su mente asimilara conceptos como «la revolución industrial» y su importancia, sonó la campana que avisaba de que la primera clase iba a empezar en breves, así que con un sonoro suspiro cerró el libro, lo guardó y se levantó para ir a Pociones.

Ocupó su solitario espacio en el último pupitre y sacó el libro de nuevo, sin importarle la mirada de incredulidad indignada que le dedicó Pansy cuando pasó por su lado. Esperaba que la bruja siguiera su camino con Tracey mientras la criticaba en voz baja, pero esa vez se detuvo a su lado y la observó desde su altura con el mentón levantado y expresión de superioridad.

—Ayer te echamos de menos en Cuidado de criaturas mágicas —le dijo en tono sarcástico—. ¿Qué pasa, te has cansado de ser irrelevante y estás buscando a quién le importes en otra asignatura?

Hermione, sin cerrar el libro, giró la cabeza hacia Pansy y le dedicó una sonrisa de oreja a oreja.

—Exacto, Pansy, me has pillado. Soy casi tan irrelevante como tu opinión —replicó con un suspiro falso de lástima. Al ver cómo la expresión de la otra bruja empezaba a volverse de furia y estaba a punto de responderle, añadió—: Cuidado con cómo hablas, que si te muerdes ahora igual te envenenas y dudo mucho que el profesor Snape tenga el antídoto.

Pansy dio un paso en su dirección, pero a ambas las sorprendió una risa escandalosa que solo podía pertenecer a una persona.

—Joder, hay que admitir que esa ha sido buena. —Blaise se les acercó con las manos en los bolsillos y una sonrisa divertida en el rostro—. Venga, Pans, sabes que es verdad, admítelo —le dijo a la bruja cuando esta lo fulminó con la mirada—. Bueno, ¿nos sentamos? —Movió la cabeza para señalar el pupitre de Pansy con el mentón—. A Snape no le va a hacer gracia que estemos aquí de cháchara.

—Así es, señor Zabini. Veo que cuando quiere sí que puede ser suspicaz.

Blaise, lejos de enfadarse porque el profesor lo hubiera pillado, se encogió de hombros, le dedicó una mirada de «Te lo he dicho» a Pansy y se fue tranquilamente a su asiento. Esta le lanzó una última mirada de condescendencia a Hermione antes de imitarlo.

Snape cruzó la clase con grandes zancadas y miró a los estudiantes con su habitual expresión adusta hasta que se hizo un silencio sepulcral. Sus ojos oscuros se detuvieron entonces en un rostro pecoso.

—Señor Weasley, ¿por qué el señor Potter no nos ha bendecido con su presencia hoy?

Hermione se fijó entonces en que, efectivamente, Harry no había ido a clase.

—No se encontraba bien, señor.

Snape enarcó una ceja y Hermione contuvo una sonrisa mientras negaba con la cabeza. Si eso era verdad, que le salieran orejas de gato en ese mismo momento. Desgraciadamente para ella, Snape decidió que podía ofrecerle algo peor.

—Señorita Nott, ocupe el asiento del señor Potter para la clase de hoy, a ver si el señor Weasley consigue hacer una poción bien… por cercanía aunque sea.

Hermione abrió la boca para protestar, pero la otra ceja de Snape se levantó, dejando claro que no entendía por qué pretendía cuestionar su decisión. Cogió sus cosas y se movió hasta sentarse al lado de Ronald Weasley, que había enrojecido y estaba mirando su tintero como si fuera el objeto más interesante del mundo.

Snape empezó la clase. Ese martes tocaba la última parte del temario que entraría en el examen de Navidad, por lo que estaban en la parte más difícil del trimestre: venenos con ingredientes raros de encontrar. Hermione, pese a la relevancia del tema, no podía evitar llevarse la mano una y otra vez a la boca para ocultar los bostezos.

—Bien, dicho esto, ¿quién sabe en cuántos países es legal el polvo de escama del pez dragón?

Hermione escribió la respuesta en sus apuntes y estaba a punto de levantar la mano cuando se contuvo.

—¿Señorita Nott?

Levantó la cabeza y abrió la boca para responder, pero se preguntó por qué debería hacerlo. «¿Qué ha hecho Slytherin por mí últimamente para merecerse que les dé puntos?».

—Lo siento, señor, no lo sé.

Se oyeron murmullos de sorpresa; hasta Snape parecía confundido por su aparente ignorancia. Weasley, a su lado, la contemplaba con los ojos como platos mientras bajaba la mirada a la clara respuesta que había apuntado en su pergamino.

—Bueno, supongo que alguna vez tenía que pasar. —Snape se llevó las manos a la espalda mientras se paseaba por delante de la clase—. ¿Alguien quiere intentarlo?

Sus ojos fueron a la siguiente opción más natural, Draco Malfoy, pero el slytherin permanecía con la mirada fija en un punto de la esquina de su mesa, sin intención aparente de responder.

—¿Qué haces? —susurró Ronald entonces a Hermione.

Ella le sonrió con indolencia mientras se encogía de hombros. Al ver que nadie más respondía, le dio un codazo. El gryffindor parecía claramente confundido, pero Hermione lo animó con la cabeza a que lo hiciera.

Estaba segura de que ver a Ronald Weasley levantando la mano para responder a una pregunta en la clase de Pociones era algo que nadie habría esperado nunca.

—¿Quiere ir al baño, señor Weasley?

Ignorando la pregunta humillante y las risas de algunos compañeros, Ronald se armó de valor para decir:

—Son tres, señor. —Desde luego, Snape tampoco estaba preparado para presenciar ese milagro. Hermione se habría reído si no le tuviera tanto respeto al profesor—. Tres países en los que es legal ese producto —aclaró el pelirrojo al ver la cara de pasmo de Snape—: Japón, Taiwán y Filipinas.

El profesor permaneció en silencio tanto tiempo que parecía que hubiera cruzado miradas con un basilisco. Finalmente, sus ojos se entrecerraron y fueron hasta Hermione para después volver a Weasley. La bruja hizo gala de su expresión más inocente, aunque dudaba estar engañándolo. Sin embargo, por algún extraño motivo, Snape decidió seguirles la corriente.

—Así es. Bueno, supongo que… —parecía que fuera a atragantarse con sus propias palabras— diez puntos para Gryffindor.

Los murmullos de sorpresa empezaron otra vez e incluso un par de atrevió a felicitar a Ronald en voz alta. Acababan de ser testigos de un momento histórico.

—¿Tengo que restar esos puntos? —amenazó Snape, haciendo que la clase volviera al silencio habitual.

Ronald Weasley parecía tan pagado de sí mismo que se había erguido en toda su estatura y sonreía de oreja a oreja. Cuando se calmaron los ánimos, se inclinó hacia su acompañante de mesa.

—Gracias —le dijo en voz baja.

Ella asintió.

—No te acostumbres, ¿eh? Potter volverá a clase algún día.

El pelirrojo le sonrió y Hermione estuvo a punto de reír de lo feliz que parecía. Estaba segura de que en sus casi siete años en Hogwarts Snape no le había hablado bien ni una sola vez.

Por el rabillo del ojo sintió que alguien los observaba y se giró disimuladamente.

Draco, que jugaba con la pluma entre los dedos, los miraba como si estuviera calculando la manera más rápida de asesinar a alguien. Hermione perdió la sonrisa y le aguantó la mirada con expresión seria hasta que él posó sus ojos acerados sobre Weasley y después dedicó su atención a Snape. Ella se quedó mirándolo unos segundos más y se fijó en que le habían aparecido ojeras.

Giró la cabeza bruscamente, enfadada. No tendría que fijarse en ese tipo de cosas, ya no era asunto suyo cómo Draco se sintiera o dejara de sentirse.


La escena que Blaise tenía ante él era, cuanto menos, digna de una tragicomedia.

Ver a Hermione Nott sentada junto a Ronald Weasley en una clase era sorprendente, y que él pareciera contento con la situación y ella no pusiera expresión desagrado no era lo que Blaise había tenido en mente sobre un contacto entre una slytherin y un gryffindor. En el fondo se alegraba de que Hermione tuviera un respiro, porque en las últimas semanas no la había visto sonreír de verdad ni una sola vez. Y, en su opinión (que nadie había pedido, como tan amablemente ya le había recordado Theo), nadie merecía el trato que ella estaba recibiendo. Nadie merecía estar tan triste todo el tiempo por decisiones ajenas.

Aunque por la mirada de Draco, no todos opinaban como él. Estaba tan absorto observando la escena que ni se daba cuenta de que Blaise lo estaba mirando entre divertido e incrédulo. La mirada de Draco iba de Hermione a la Comadreja y Blaise no sabía si tenía más ganas de asesinar a Weasley en aquel mismo instante y delante de todos o de coger a Hermione del brazo y sacarla de allí.

Sería un gran giro argumental si él y Hermione se fugaran, pero Draco Malfoy era demasiado orgulloso para ser así de valiente. Además, Blaise sospechaba que Hermione, como buena slytherin, también tenía su orgullo, y no las tenía todas con él de que lo fuera a aceptar.

Bien por ella, por otra parte.

Blaise observó con una sonrisa discreta cómo Hermione le explicaba algo a Ronald con su típico aire de suficiencia. ¿No sería gracioso que el pelirrojo se pillara por ella? Desde luego le daría emoción al último curso en Hogwarts. Aunque viendo cómo el gryffindor se inclinaba hacia ella de manera inconsciente y la escuchaba atentamente, quizás su fantasía pudiera volverse realidad.

Si todo iba bien (o mal, depende de a quien preguntaras), les esperaban unos meses bastante interesantes.

—Bien, pueden empezar la práctica. Tienen exactamente cuarenta y siete minutos.

Blaise maldijo para sus adentros; había estado tan absorto contemplando el espectáculo que había olvidado prestar atención.

—Theo —llamó en voz baja. La única señal de que lo había escuchado fue un ligero giro de cabeza—, ¿qué tenemos que hacer?

Theo se encogió de hombros.

—No sé.

Blaise ignoró el tono indiferente que usó y se giró hacia Draco, pero lo vio apretando la pluma con tanta fuerza que descartó preguntarle: no quería terminar con el objeto clavado en uno de sus preciosos ojos.

Una hora y dos minutos y una buena reprimenda de Snape después, salieron de la clase.

—Es increíble que nos hayáis hecho perder puntos —protestó Daphne—. Mira que es difícil con Snape, pero vosotros lo habéis conseguido.

Snape les había echado la bronca porque ninguno de los tres había hecho la poción de manera mínimamente decente y luego había procedido a quitarles puntos, algo raramente visto por parte del Jefe de Slytherin. Por la mirada que les había dedicado al salir, prefería asesinarlos antes que volver a quitarle puntos a su casa, así que más les valía ponerse las pilas.

Blaise se encogió de hombros; realmente le daba igual. Siempre le había parecido que el sistema de puntos era una pobre excusa para hacer que los estudiantes encontraran motivación para estudiar. Con él no funcionaba, eso estaba claro.

—Uno no puede distraerse un minuto, ya lo atacan —se defendió en tono de broma.

—Y encima Hermione no ha ganado puntos… —se lamentó Daphne. Al instante se vio en sus ojos cómo se arrepentía de haber sacado el tema, porque Draco se giró a mirarla con los ojos entrecerrados.

Blaise, que lo conocía mejor de lo que el rubio pensaba, lo cogió por el brazo al presentir cuál era su intención.

—Déjalo estar, Draco.

Él, con los ojos fijos en Hermione, que se alejaba codo con codo con Ronald Weasley, ni siquiera lo miró antes de deshacerse de su mano con un movimiento brusco y acercarse a grandes zancadas a su exprometida.

—Bueno, yo lo he intentado —suspiró Blaise.

—Otra vez metiéndote donde no te llaman.

Se giró sorprendido a mirar a Theo.

Se había acostumbrado a que apenas le prestara caso y hasta había intentado entenderlo (estaba pasando por una situación difícil, había perdido prácticamente a toda su familia), pero no le permitía que lo tratara con ese desdén. Estaba a punto de replicar cuando Theo posó su mirada desinteresada en Daphne.

—Oye, Daphne.

—¿Sí?

La chica estaba tan colada por Theo que era imposible no darse cuenta de la ilusión que sentía cuando él le hablaba. Blaise más de una vez le había recomendado no darle alas, pero Theo siempre lo había acusado de celoso, convencido de que solo eran imaginaciones suyas. Obviamente, previendo lo que iba a pasar, Blaise se acababa de dar cuenta de Theo por fin le había creído. En qué mala hora.

—¿Tienes pareja para el Baile de Navidad?

Blaise observó consternado cómo Theo esperaba pacientemente una respuesta; no se había dignado a dirigirle la mirada ni una sola vez, pese a que su opinión se podía leer diáfanamente en su cara. El mago trató de contenerse y dio un paso atrás, como si su corazón masoquista quisiera poder contemplar mejor la escena.

—No, todavía no.

«Claro que no, estabas esperando a que él te lo pidiera. Como si eso pudiera pasar». Sin embargo, la poca confianza que le quedaba en Theo terminó de resquebrajarse por completo con las siguientes palabras:

—¿Te gustaría ir conmigo?

La sonrisa de Daphne podría haber iluminado el castillo entero durante una tormenta, mientras que la expresión de Blaise se tornó sombría como una noche sin luna.

—¡Claro!

La bruja se giró hacia Pansy, quien asintió complacida.

—¿Tú ya tienes pareja, Blaise? —le preguntó Pansy. El aludido torció el gesto, se dio la vuelta y echó a andar—. ¿Adónde vas? ¡Tenemos DCAO!

—Potter me habrá pegado lo que sea que tiene, me duele la cabeza —graznó la excusa sin detenerse siquiera. Necesitaba salir de allí para tratar de darle sentido a lo que acababa de presenciar.

Estaba furioso, y él no era una persona que se enfadara con facilidad, lo cual no sabía si hablaba bien de él mismo o mal de Theo. Las dos cosas, probablemente.

Llevaba semanas con la sensación de que molestaba, de que Theo quería decirle algo y siempre lo tenía en la punta de la lengua pero nunca encontraba el valor. Su mayor miedo era que quisiera deshacerse de él, pero cada vez que había tenido ese pensamiento intrusivo, una voz le había recordado todo lo que habían pasado y las promesas que se habían hecho, y hasta se sentía culpable por tener una opinión tan pobre de él.

Sin embargo, se había vuelto más y más difícil callar ese pensamiento. Ahora era como mil voces gritando en una habitación cerrada con él dentro.

Por eso, durante la pausa de mediodía le dijo a Theo de encontrarse en el mismo punto de siempre esa noche: el baño de la cuarta planta. Le importaba bien poco si había o no ronda de prefectos; de hecho, por él podían pillarlos juntos: había altas probabilidades de que terminara sin novio esa misma noche, así que ya le daba igual todo.

Estuvo esperando durante quince minutos y cuando estaba a punto de volver a la sala común y enfrentar allí mismo a Theo, la puerta del baño se abrió. Blaise contuvo la respiración, pero soltó el aire con alivio al ver que su novio había acudido.

El chico se apoyó en la puerta cerrada con los brazos cruzados y lo miró brevemente antes de que sus ojos se movieran a un punto tras él; evitar su mirada ya se había convertido en un hábito. La única luz que los iluminaba era la de la noche despejada, pero eso no le impedía a Blaise ver con toda claridad cómo Theo desearía no estar allí.

—¿Qué quieres?

Ignorando el tono apático, Blaise dio un paso hacia él.

—Saber qué te pasa. Ya sabes que puedes contarme lo que sea —dijo en tono conciliador.

Theo volvió a mirarlo y enarcó una ceja.

—¿Estás así por Daphne? ¿No esperarías que fuéramos juntos al baile?

Blaise retrocedió, sintiéndose dolido y ridículo.

—Pues sí, la verdad. Pensaba que lo habíamos hablado.

lo comentaste, pero yo nunca dije que estuviera de acuerdo. Es nuestro último año aquí y quiero que sea normal.

Aquello se sintió como una bofetada.

—¿Normal? —repitió Blaise—. Vaya, perdóname por no ser una chica y privarte de tener experiencias como todo el mundo. No sabía que te acomplejaba tanto ser gay.

Theo entrecerró los ojos y lo apuntó con un dedo acusador.

—¡Me dijiste que no me preocupara, que a ti no te importaba esperar!

—¡No me importa esperar a que aceptes lo que eres y tomes la decisión de compartirlo con el mundo! —refutó Blaise. A la mierda su idea de hablar las cosas pacíficamente—. ¡Pero lo que no consiento es que me trates de la forma en la que me has tratado estas últimas semanas!

Theo soltó una risa sarcástica.

—¡Oh, vaya, qué inconveniente para ti que mi vida se haya ido a la mierda! ¡No sabes cuánto lo siento!

Porque vio el dolor en el fondo de los ojos de Theo, Blaise decidió tranquilizarse y tratar de apaciguar los ánimos. No permitiría que su historia terminara entre reproches. Se merecían mucho más.

—Tienes razón, lo siento. No sé por lo que estás pasando —admitió—, pero me duele que me evites, que me ignores y que parezca que no te importo en absoluto. —Se acercó a él y posó sus manos en sus mejillas, obligándolo suavemente a mirarlo. Respiró hondo antes de continuar—. Habla conmigo. Cuéntame lo que te pasa.

Los ojos de Theo se llenaron de lágrimas y a Blaise le pareció que la fachada de indiferencia cedía.

—No puedo más —susurró Theo. Cerró los ojos con fuerza, intentando contener las lágrimas, pero un par escaparon de sus ojos. Sin embargo, pareció recuperar las fuerzas para volver a ponerse la máscara, porque agarró a Blaise por las muñecas y lo obligó a soltarlo—. Esto es demasiado. No va a ningún sitio.

Blaise frunció el ceño y lo miró perplejo. Tenía miedo de preguntar, pero aun así lo hizo.

—¿El qué?

—Esto. —Theo señaló el espacio vacío entre ellos—. Nosotros. No va a funcionar.

—¿Estás… —Blaise tuvo que morderse el labio con fuerza para evitar llorar—. ¿Estás cortando conmigo? Pero todos los planes que…

La mirada de Theo se volvió cortante como el cristal roto.

—Irnos de viaje por Europa cuando terminemos aquí no va a solucionar mágicamente mis problemas. No puedo ni quiero sacrificar lo que queda de mi familia por ti.

Blaise dio otro paso atrás cuando el mensaje lo golpeó.

«No vales tanto la pena».

Se secó con rabia las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

—¿Es por tu padre? —Theo no respondió y Blaise ya estaba cansado de luchar—. ¿O es porque ya no me quieres? Podrías habérmelo dicho antes y nos habríamos ahorrado estas semanas de yo haciendo el imbécil detrás de ti.

Theo inspiró hondo.

—Yo no te lo pedí. Y claramente no lo quería, pero tú no te dabas cuenta.

Con los puños apretados con fuerza, Blaise levantó el mentón e hizo acopio del poco orgullo que no había sido herido todavía.

—Tranquilo, que no te molestaré más.

Salió del baño a grandes zancadas, pero en vez de ir a su dormitorio se metió en la primera clase vacía que encontró y la lanzó un hechizo insonorizador para que nadie escuchara el sonido de su corazón roto.


Hermione resopló cuando oyó su nombre en el pasillo mientras se alejaba de Pociones. Era la primera vez que mantenía una conversación con Weasley (las rondas nocturnas no contaban) y le estaba pareciendo hasta agradable. De hecho, se había sorprendido gratamente de que el gryffindor pudiera hilar más de tres frases seguidas, aunque nunca lo admitiría en voz alta, porque estaba intentando ser menos directa con los demás cuando intuía que podía rozar la crueldad.

—¡Hermione!

La bruja se detuvo y esperó con los brazos cruzados a que Draco los alcanzara. Claramente, tenía una opinión sobre ella que quería compartirle con urgencia.

—¿Qué quieres? —Ronald, que tenía una habilidad asombrosa para saltar ante la más mínima provocación (aunque no fuera a él), se encaró a Draco.

El slytherin lo contempló durante unos segundos y decidió que no valía la pena antes de dirigirse a Hermione.

—¿Por qué no has respondido a la pregunta de Snape?

Hermione presintió que Weasley estaba dispuesto a defenderla, por lo que replicó con rapidez:

—¿Por qué no lo has hecho tú?

La pregunta pareció pillar por sorpresa a Draco, quien frunció el ceño.

—No estaba prestando atención.

Hermione se encogió de hombros.

—Yo tampoco.

Draco bufó con sarcasmo.

—Claro, y por eso le has soplado la respuesta a este —señaló a Ronald con un movimiento de mentón mientras le dedicaba una breve mirada de su desprecio habitual.

—¡No me ha…!

El gryffindor intentó negarlo, pero Hermione posó una mano en su brazo, indicándole que podía dejarlo estar. Vio cómo los ojos de Draco se entrecerraban ante el contacto, pero decidió hacer caso omiso.

—Ha sido un placer charlar contigo, Ronald. Nos vemos. —Ante la clara señal de que debía abandonar la conversación, Ronald dio media vuelta no sin antes devolverle a Draco una mirada cargada de odio. Hermione se cruzó de brazos y permaneció en silencio hasta que el pelirrojo estuvo lejos—. ¿Y a ti qué?

—Con ese tipo de actitudes solo vas a conseguir que la gente de Slytherin te odie.

—Esa sí que es buena. —Hermione soltó una carcajada antes de añadir—: Tampoco es que ahora mismo me amen, así que ¿qué más me da? —Los labios de Draco estaban tan apretados que se habían convertido en una fina línea—. Bueno, si no hay nada más que te apetezca decirme, me voy, que el profesor Moody detesta a los tardones.

Pese a que Draco abrió la boca para añadir algo más, Hermione no le dio la oportunidad: se giró y se encaminó hacia las escaleras con la secreta satisfacción de haber dejado a Draco Malfoy con la palabra en la boca.

Sin embargo, lejos de dejarla en paz, Hermione empezó a sentir la mirada de Draco clavada en ella. Era siempre algo sutil, pero dos de cada tres veces que compartían espacio y ella levantaba la cabeza, los ojos de él estaban fijos en ella. Como si quisiera hacer que se arrepintiera de no haberle hecho caso.

Lo que más la frustraba era que estaba causando en ella el efecto contrario al que hubiera querido tener: cada vez se descubría más veces mirándolo, observándolo, intentando entender el porqué de esa nueva faceta. A veces, ambos luchaban en la distancia para ver quién aguantaba la mirada más tiempo, aunque siempre era él quien apartaba la vista primero con expresión aburrida, como si hubiera perdido todo el interés. Otras veces, se cruzaban por los pasillos, él, rodeado de Crabbe, Goyle, y cada vez más a menudo de Pansy; ella, sola al principio, otras veces con Padma. Los ojos de ambos se quedaban en el otro hasta que pasaban de largo. Hermione siempre se repetía que tenía que dejar de seguirle la corriente, que su ego ya era lo bastante grande como para que ella siguiera prestándole atención.

Hasta que volvían a encontrarse y la batalla volvía a empezar.

Era magnético y enfermizo.

El punto de inflexión llegó el día que Hermione fue a la biblioteca y se lo encontró en su mesa favorita, con la cabeza apoyada en el puño, expresión aburrida y rodeado del resto de slytherins con los que ella solía juntarse también.

Hermione decidió, por su bienestar mental, ignorar la mala cara que su hermano tenía siempre últimamente y concentrarse en la indignación, un sentimiento mucho más fácil de manejar, que sentía en esos momentos porque se hubiera atrevido a robarle su sitio.

Cuando él la vio, a Hermione le pareció que las comisuras de sus labios se elevaban, así que estuvo a punto de dar media vuelta e irse, pero se contuvo cuando un movimiento unas mesas más cerca de la puerta llamó su atención. Vio cómo Ronald Weasley la saludaba con la mano vacilante.

Una sonrisa de triunfo se dibujó en la cara de la bruja mientras caminaba hacia los gryffindors. Se había hecho prometer que no caería en los juegos sucios, pero la parte más slytherin de ella estaba regocijándose con la expresión que Draco había puesto.

—¿Puedo sentarme? —susurró Hermione, señalando el asiento vacío frente al pelirrojo.

—Claro —Harry Potter la recibió con una sonrisa desenfadada y un asentimiento de cabeza.

A su lado, Ginevra Weasley no parecía tan contenta de verla. Neville Longbottom, el único que estaba en su lado de la mesa, le lanzó una rápida mirada de reojo mientras se sentaba, pero tampoco dijo nada.

—¿A qué debemos el honor? —Era imposible no detectar el sarcasmo de la hermana pequeña de los Weasley.

—¡Ginny! —su hermano le lanzó una mirada fulminante, pero Hermione decidió no tenérselo en cuenta.

—Lo siento. Es que han ocupado mi mesa.

Potter giró la cabeza con muy poco disimulo para observar a los slytherins y fue recibido por la mirada de desdén de Draco.

—Si yo fuera tú le pediría a Dumbledore que le pusiera algún hechizo para mantenerlo a más de cien metros de ti. Empieza a ser un poco cansino, la verdad. Aunque nunca ha sido muy agradable que digamos.

—¿Y cómo va a ir a clase si Dumbledore hace eso? —Longbottom parecía verdaderamente intrigado, pero nadie le hizo caso.

—Yo sigo sin entender cómo pudiste estar con él —musitó Ronald mientras garabateaba algo en un pergamino.

Hermione iba a responder, pero una oleada de tristeza la invadió y cerró la boca. Mirando a Draco, que por fin parecía estar haciendo alguna de las cosas para las que se va a la biblioteca, se preguntó cómo la persona con la que había compartido tanto había llegado a ser totalmente extraña para ella. Draco la había hecho reír, la había reconfortado en los malos momentos, la había abrazado, besado y querido. ¿En quién se había convertido?

¿O es que siempre había sido así?

Hermione suspiró mientras sacaba sus libros. En momentos como aquel echaba de menos a su madre, quien siempre escuchaba cada uno de sus dramas sin juzgar; o a Theo, quien siempre se reía de «lo dramática que eres», pero al final acababa por ayudarla.

Pero su madre ya no estaba y su hermano había tomado la decisión de desaparecer de su vida. No estaba convencida de que las pérdidas hicieran a una persona más fuerte, pero lo que sí que sabía era que la volvían más reflexiva. Al fin y al cabo, no quedaba nadie más que ella misma con quien hablar.

Lo único bueno que sacó de la experiencia de la biblioteca fue que cada vez estaba menos sola. Weasley y Potter le dijeron que podía sentarse con ellos para estudiar cuando quisiera (en parte motivado por el hecho de que Hermione terminaba explicándoles cómo hacer todas las tareas) y gracias a Estudios muggles Padma y ella se estaban haciendo amigas.

De hecho, estaba con Padma cuando Pansy Parkinson decidió agraciarla con su palabra.

—¿Cuál creéis que es el mejor color para el vestido del Baile de Navidad? —Hermione, que iba escuchando a Padma, solo fue medio consciente de la conversación que Pansy estaba teniendo con sus amigas cuando se la cruzaron en un descanso—. ¡Hermione!

—No sé qué pasa pero últimamente cuando oigo mi nombre por los pasillos no suele ser para nada bueno —le confió a Padma en voz baja antes de girarse—. ¿Sí, Pansy?

Pansy sonrió con aires de inocencia mientras se acercaba a ella.

—Estaba comentando con Millicent y Tracey que no consigo decidirme sobre el vestido para el baile. —Hermione enarcó una ceja y estaba a punto de decirle que le preguntase a quien le importara cuando Pansy añadió con tono de maldad—: Como voy a ir con Draco, he pensado que tú podrías aconsejarme.

Hermione estuvo a punto de soltar un grito ahogado de indignación, pero apretó los labios antes de recuperar la compostura y responder:

—Creo que lo mejor será que les pidas prestado un vestido a una de tus amigas. —Ante la mirada perpleja de Pansy, añadió—: Como parece que te gusta ser el segundo plato, no te importará usar algo de segunda mano también —terminó con una sonrisa de triunfo.

Pansy tenía cara de haber recibido una bofetada. A su espalda, Hermione oyó cómo Padma intentaba contener las carcajadas. La ravenclaw se acercó.

—O puedes probar con un marrón mierda, va a juego con tu personalidad.

Hermione miró con los ojos como platos a Padma y en ese momento supo que había nacido una bonita amistad entre ellas. Al ver que la cara de Pansy enrojecía, cogió a Padma por el brazo y tiró de ella para alejarse entre risas.

—Vas a tener que ir con escolta lo que queda de curso si no quieres que te lance una maldición.

Padma se encogió de hombros mientras se echaba el pelo para atrás con un ademán.

—Se lo tiene bien empleado. —Intercambiaron una sonrisa cómplice—. Eso le pasa por querer ganar batallas dialécticas que están perdidas antes de empezar.

Hermione rio y decidió no darle importancia al asunto. Pensaba que Pansy la tomaría con ella en cualquier momento, sin embargo, no consideró lo calculadora que era la bruja. En vez de insultarla, como hacía siempre, Pansy decidió castigarla pasando todo el tiempo posible pegada a Draco.

Hermione quería que no le importase, pero en el fondo le dolía ver lo rápido que la había reemplazado. Dentro de ella, inconscientemente, había habido hasta ese momento una pequeña esperanza de que Draco todavía sintiera algo por ella; no porque quisiera volver con él, sino para decirse que no había sido tan irrelevante en su vida, que al chico todavía le importaba, aunque fuera un poco.

Y aunque Draco no le hacía mucho caso a Pansy, ver que tampoco la rechazaba hacía que le doliera el pecho.

Tanto enfado terminó por explotar el día que Hermione entró en su sala común y se encontró a Draco sentado en el sofá leyendo un libro. La bruja podría haberse comportado magnánimamente y haber subido a su habitación sin reconocer su presencia, pero estaba harta. No era típico de ella callarse las cosas, y en esa ocasión tampoco lo hizo.

Se plantó frente a él con los brazos cruzados y mirada desafiante.

—¿Te vas a duchar en mi baño a partir de ahora también? ¿Te doy mi habitación ya que estamos?

Él la miró brevemente antes de seguir con su lectura, pero Hermione lo habría matado al ver con qué petulancia sonreía.

—Que yo recuerde, esta también es mi torre. Los Premios Anuales son dos, ya sabes. —La señaló primero a ella y después a sí mismo—. Puedo estar aquí cuanto quiera y tú no puedes impedírmelo.

Hermione soltó un grito frustrado.

—¡Eres imposible! ¡Desde que no estamos juntos no me dejas en paz!

Draco cerró el libro y se puso en pie, obligándola a levantar la cabeza para mirarlo; nunca había odiado tanto como en ese momento que él fuera mucho más alto que ella, pero no se amedrentó. Una parte positiva de haber estado con él era que sus técnicas intimidatorias no surtían efecto en ella.

—¿Ahora resulta que no puedo respirar el mismo aire que tú? Porque te recuerdo que compartimos casa y clase, así que si no te gusta, te vas tú. —El tono de él se estaba volviendo más gélido, señal de que se estaba cabreando. Eso la hizo sentir mejor, extrañamente.

Hermione lo apuntó con un dedo.

—No te hagas el loco, Draco. Te pasas el tiempo mirándome y juzgando en silencio lo que hago y con quién me junto.

Por la mirada de él, supo que había dado en el clavo.

—Me molesta ver que alguien tan inteligente se relaciona con imbéciles que solo la quieren para sacar provecho. ¿O te crees que Weasley y Potter van a ser tus amigos? —preguntó con sorna.

Esa afirmación le dolió, pero no lo demostró.

—Eso es asunto mío. Déjame en paz —le advirtió—. ¿O te digo yo con quién tienes que ir al Baile?

Al darse cuenta de que su boca la había traicionado, Hermione maldijo para sus adentros mientras él esbozaba una sonrisa ladeada.

—O sea, que admites que te molesta que vaya con Pansy.

Podría haberle dicho la verdad, pero no estaba dispuesta a humillarse de esa manera. No cuando él no quería admitir que le ponía celoso verla con los gryffindors.

—¡Por supuesto que no! ¡Allá tú con tu mal gusto! ¡Si quieres invitar a alguien tan…!

Pero la boca de Draco sobre la suya le impidió seguir hablando.

Al principio, Hermione se quedó paralizada. Tendría que apartarlo de un empujón, recordarle que eso no entraba en su idea de que la dejara en paz; en vez de eso, se encontró devolviéndole el beso con ansia.


-N/A: Me odiaréis por terminar así el capítulo, pero os prometo que tiene más sentido cortar ahora que después de la escena que viene, ya veréis por qué ;) No puedo prometer que haya lemon explícito, porque es lo que más odio escribir en este mundo, pero de momento no lo he descartado, así que ¿quién sabe cómo seguirá esto? Jeje.

Respecto al capítulo, he abierto (o cerrado, depende de cómo se mire) la historia de Theo y Blaise, y obviamente esto no significa que haya terminado con ellos, tengo mucho (sufrimiento) que dar todavía :)

Antes de que preguntéis: esta historia nunca ha sido ni será un triángulo amoroso, así que por mucho que parezca que Ron pueda sentir algo por Hermione, no va a ser correspondido ni un impedimento entre ella y Draco. Suficiente tienen estos dos para meter por en medio a un tercero xD. Eso no significa que no haya momentos en los que veamos un acercamiento a uno u a otro, o incluso a Harry, pero todo tiene un propósito (que no tiene por qué ser romántico).

Como siempre, agradezco un montón los reviews con opiniones del capítulo :D 1 review = 1 beso de Draco.

PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: 25 DE JUNIO. Como lo leéis: tengo el siguiente capítulo casi listo, así que nos veremos en diez días :D ¡Os quiero! N/A-

MrsDarfoy