-N/A: ¡Hola! Me alegra mucho poder traer un capítulo poco después de haber actualizado :D Eso significa que tengo más tiempo yaaay (o que estoy descuidando mis obligaciones, pero no hablaremos de eso aquí jejej). Lo importante es que vamos a poder leer qué pasó en esa escena final del capítulo anterior.
Como siempre, mil gracias a Ryuuha Boon, hadramine, Hakerenit CasRiv, JuliaLestrange, Hanya Jiwaku, Majo 1989, LeslieeMariia, Gaby Grey, vale granger, Hermione1403, Monicaisabel, NoraCg, uLii, Adry-scrittore, sofihikarichan, Carla718, tere, Dani H. Danvers, pelusa778, leslyle18, Ali Troublemaker, Black'Uchiha'Leto'Salvatore, valeriadg27, CaroMoony, Karlagarcia04 y HarleySecretss por sus reviews. No he podido responder a todos los comentarios, pero lo iré haciendo a lo largo de la semana :D ¡Me gusta mucho leer lo que pensáis y me mantiene motivada!
Este capítulo es un poco más corto de lo habitual, pero cierra un ciclo. ¡A leer! N/A-
Into the Light
XIX. Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas les hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener. (Herman Hesse)
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En la sala común de la torre de los Premios Anuales el único sonido que se escuchaba era en de dos respiraciones desacompasadas y jadeantes. Los besos, las caricias y las palabras entrecortadas habían dado paso a un silencio reflexivo.
Hermione, todavía tumbada en el sofá, se preguntaba en qué momento empezaría a arrepentirse de haberse acostado allí mismo con Draco en medio de lo que había empezado como una discusión acalorada.
Pero no tuvo que preguntárselo durante mucho más tiempo, porque cuando lo vio empezar a vestirse sin decir nada el arrepentimiento la golpeó de lleno. Cerró los ojos con fuerza y se maldijo con todos los insultos que conocía por haber sido tan tonta y débil.
«¿En qué estabas pensando, Hermione?».
Cuando la besó quiso apartarse, lo juraba por Merlín, pero era innegable que entre ellos todavía existía tensión no resuelta. Se atraían, eso estaba claro, y quizás habían elegido la peor manera de resolverla, pero ¿qué culpa tenía ella de que él besara tan bien y supiera tocarla en los sitios correctos?
Sería muy hipócrita negar que no lo había echado de menos, aunque ni en ese momento ni en un futuro próximo lo admitiría en voz alta.
—Hermione… —la mirada de soslayo que él le dedicó la devolvió a la realidad.
La bruja suspiró inaudiblemente y se incorporó, abrochándose los botones de la camisa. Se fijó en que uno había saltado y tomó nota mentalmente de buscar uno de repuesto.
—Sí, ya lo sé. Esto no ha pasado.
No lo miró, por miedo a echarse a llorar, cuando pronunció las palabras que él no había encontrado el coraje de decir. ¿Por qué, si tanto ella como él lo habían hecho libremente, le parecía que había sido utilizada? En realidad la respuesta era muy fácil: nadie a quien molestaran en público y besaran en privado podía sentirse bien con una situación así.
Su único consuelo era que Draco era tan orgulloso que no presumiría con sus amigos de lo fácil que había sido acostarse con ella, porque posiblemente lo considerara una mancha en su expediente. Tirarse a la sangre sucia cuando no conocía su estatus de sangre era excusable, pero hacerlo sabiéndolo era una bajeza.
Todavía tenía las piernas débiles, pero se levantó, dispuesta a subir a su habitación. Quizás con una ducha se le olvidara que aquello se suponía que debía hacerla sentir bien.
Sin embargo, cayó en un detalle fatal.
—¡No! —exclamó, llevándose una mano a la boca.
Draco la miró extrañado y ella le devolvió una mirada de pánico. Si pudiera verse en un espejo en ese momento, un fantasma le habría devuelto la mirada.
—¿Qué pasa? —el mago dio un paso hacia ella. Su voz tenía tinte preocupado—. ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?
Su preocupación era genuina, y Hermione se habría sentido conmovida si hubiera estado segura de si podría contener las lágrimas, así que se mordió el labio inferior con fuerza antes de responder.
—El mes pasado la imbécil de Pansy destrozó mis cosas antes de que las sacara del dormitorio de Slytherin. En mi baúl estaban las pociones anticonceptivas y se rompieron, pero no pensé que las necesitaría otra vez, así que no me preocupé en reponerlas… —informó con un hilo de voz—. Y ya estamos en diciembre.
Las pociones funcionaban durante cuatro semanas exactas. Para el mes de noviembre sí que se había tomado la correspondiente, pero para diciembre no había podido, porque ya no tenía. El pánico se apoderó de la cara de Draco.
—¿Y no sabes de ningún hechizo?
Hermione negó con la cabeza. Cada día descubría hasta qué nivel podía llegar a sentirse estúpida. ¿Cómo era posible que ella, que siempre se había preciado de tratar el sexo con extremo cuidado, no supiera cómo conjurar un simple hechizo anticonceptivo?
—Asumo que tú tampoco. —Iba a matar a Pansy Parkinson en cuanto tuviera la más mínima oportunidad.
Draco pareció avergonzado mientras imitaba su gesto negativo.
—¿Y ahora qué? —preguntó.
Hermione se cubrió la cara con las manos. Ojalá la tierra se abriese y la tragara entera.
—Supongo que en la Enfermería tendrán algo, ¿no?
Nunca había oído de ningún caso similar, pero tampoco había habido ningún embarazo no deseado en Hogwarts, así que o Madame Pomfrey tenía la solución a sus problemas o la gente era más cuidadosa que ellos dos.
—Pero… ¿vas a explicar el motivo?
Al ver la expresión cautelosa de Draco, Hermione no sabía si reír o pegarle. Sus prioridades, a pesar de todo, estaban claras, así que la bruja decidió preocuparse solo por ella. Tampoco quería que la gente supiera lo que había pasado y tuviera otro motivo más para despreciarla.
—Tranquilo, no le diré que no quiero tener un hijo tuyo —espetó—. De hecho… —Miró el reloj de pared de la sala común y se dio cuenta de que era casi la hora de cenar. Ella tampoco quería tener que dar explicaciones; no había nada que insultara más a su intelecto que su propia estupidez—. Voy a esperar a que estén todos cenando. Seguro que Madame Pomfrey no cierra con llave la Enfermería. —«Eso espero al menos».
Empezó a moverse en dirección a las escaleras que llevaban a los dormitorios.
—¿Dónde vas?
—A ducharme. Mientras tanto, reflexionaré sobre cómo hemos podido ser tan estúpidos.
Aprovechó el chorro de agua caliente cayendo sobre ella para soltar las lágrimas de estrés y tristeza que sentía. Era la primera vez que el sexo la hacía sentir miserable, pero también era la primera vez que lo hacía con alguien por rabia y no por amor.
Aunque quizás ambos sentimientos no estuvieran tan lejos el uno del otro.
Y menos cuando el objeto de ambos sentimientos era el mismo.
Salió de la ducha determinada a no dejar que las remanencias de sus sentimientos por Draco la volvieran a poner en una situación en la que se sintiera una mierda. Total, posiblemente él ya se habría marchado a cenar o a donde fuera.
Sin embargo, cuando bajó a la sala común, se sorprendió al ver que él seguía allí.
—¿Vamos?
La determinación en su mirada la hizo sentir menos sola, aunque no menos triste, pues le recordó a los tiempos en los que estaban juntos. Quizás si se hubiera atrevido a contarle lo que pasaba cuando su madre murió, no habrían terminado así…
Parpadeó varias veces y negó con la cabeza mientras bajaba las escaleras. «No puede ser que te acuestes con él una sola vez y ya empieces a verlo con otros ojos, Hermione». Para volver a la realidad de su situación, se obligó a recordar cuánto había llorado semanas atrás.
Todo el mundo estaba cenando, así que el castillo estaba vacío. Casi nadie se percataría de que Hermione no había ido a cenar y, con suerte, los amigos de Draco pensarían que le dolía la cabeza o algo así para explicar su ausencia.
Mientras caminaban en silencio uno al lado del otro, Hermione se percató de que Draco no paraba de lanzarle miradas de reojo.
—¿Qué? —le preguntó bruscamente.
Él torció el gesto ante su actitud, pero no protestó.
—No me había fijado en lo corto que llevas el pelo.
Hermione se llevó una mano a uno de sus rizos, descolocada por el súbito comentario, y apartó la mirada.
—Sí.
—Te queda bien.
La bruja bufó y le lanzó una mirada sarcástica.
—Que nos haya pasado esto no significa que tengas que ser amable conmigo de repente.
La expresión de él se endureció y clavó sus ojos en las escaleras frente a ellos.
—Como quieras.
Quizás era su modo de pedirle disculpas e intentar un acercamiento, pero Hermione había llegado a un punto en el que ya no podía excusar que él fuera así. En el pasado, no le había importado que Draco nunca se disculpara directamente, pero esa Hermione ya no existía. Ahora, todo lo que no fuera un «Siento mucho cómo te he tratado» no le servía para nada.
E incluso así.
¿Tan difícil era admitir que se había comportado como un niñato? ¿Por qué era incapaz de reconocer que Hermione no le era tan indiferente como quería que todos creyeran?
Todo por su puto orgullo. Solo los sentimientos negativos se alimentaban de orgullo.
Llegaron a la primera planta, donde la Enfermería estaba ubicada, y la recorrieron rápidamente y en silencio. Sin embargo, oyeron una puerta abrirse. Hermione contuvo la respiración y soltó una maldición entre dientes cuando oyó su nombre.
Siempre era algo malo, siempre.
—Buenas noches, profesora Burbage.
La profesora de Estudios muggles los observaba con sorpresa, con la mano todavía en el pomo de la puerta de su clase.
—¿Qué hacen aquí? ¿No deberían estar en el Comedor?
Hermione se llevó las manos a la espalda, porque estaba segura de que la bruja podría ver cómo le estaban empezando a sudar.
—Sí, es que…
—Hermione se encontraba mal y me ha pedido que la acompañe a la Enfermería.
La profesora levantó una ceja con sospecha. No había en el colegio ni una sola alma que no se hubiera enterado de su ruptura y el posterior muro de hielo entre ellos, así que el hecho de que precisamente Draco acompañara a Hermione a la Enfermería era, cuanto menos, difícil de creer.
Hermione se llevó una mano a la cabeza para corroborar la débil historia.
—Sí, estábamos en la Biblioteca cuando ha empezado a dolerme la cabeza.
Su gesto de dolor fingido pareció ablandar un poco a la profesora.
—Claro, ya le he dicho que estudia demasiado —la sermoneó con afecto. Sin embargo, frunció el ceño—. Pero Madame Pomfrey estará cenando, como todo el mundo. ¿Quieren que la avise de que están aquí y le pida que suba?
—¡No! —La negación de Hermione fue tan rápida que sorprendió a la profesora, pero la bruja se obligó a sonreír y negar con la cabeza—. No hace falta que la moleste por mí, gracias. Volveré a la sala común y esperaré a que Madame Pomfrey haya vuelto.
Cogió a Draco por el brazo y tiró de él para deshacer el camino hacia las escaleras.
—Disimula —le susurró—. Cuando se vaya, volveremos.
Esperaron en silencio en lo alto de las escaleras hasta que los tacones de la profesora dejaron de oírse. Estaban muy cerca, tan cerca que Hermione corría peligro de encontrarse con su cara si levantaba la cabeza, por lo que bajó la escalera casi al trote para alejarse de él.
Distancia, necesitaba distancia.
Efectivamente, Madame Pomfrey no había cerrado la Enfermería con llave, así que pudieron pasar sin problemas.
—Menos mal que no hay nadie —apuntó Draco.
—Sí, qué suerte que esta semana ninguno de tus amiguitos haya decidido mandar a un estudiante a que lo curen.
Hermione se acercó al gran armario donde la enfermera guardaba las pócimas y empezó a leer las etiquetas cuidadosamente para ver si alguna coincidía con lo que buscaban. Draco hizo lo mismo por el lado contrario.
El mago se detuvo en la segunda estantería por arriba y soltó una risa entre dientes, ganándose una mirada curiosa de Hermione. Cogió una botellita y se la enseñó a la bruja. Según la etiqueta, contenía flores de jícaro y piel de anguila de río. Le recordaba a algo, pero no podía ubicar bien el qué.
—Tercer año. Goyle decidió que era buena idea tocar a un streeler y estuvo oliendo a esto durante las tres semanas que tardó en curársele el dedo.
Hermione rio muy a su pesar, acordándose de la cara constante de asco que llevó Gregory durante todo ese tiempo. Hasta tuvo que comer solo en una esquina del Gran Comedor y dormir en la sala común de Slytherin porque nadie quería estar a menos de dos metros de él.
—Eso le pasa por no hacer caso al profesor Hagrid. ¡Y eso que nos lo advirtió cuatro veces antes de sacar a los caracoles esos!
Draco sonrió, lo que obligó a Hermione a concentrarse en su tarea. No era admisible que la única vez que se llevaban bien en todo ese mes era justo en medio de una crisis.
—Vaya, veo que se lo están pasando muy bien.
Madame Pomfrey los observaba desde la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y cara de pocos amigos en un rostro que normalmente tenía una sonrisa para todo el mundo.
Hermione deseó de verdad que la tierra se abriese y la tragara. O tener cerca a Charity Burbage para asesinarla con sus propias manos. Su lista de muertes pendientes no hacía más que aumentar.
—¿Serían tan amables de explicarme qué intentan robar?
La bruja se adelantó unos pasos con las manos en alto.
—No intentamos robar nada, solo buscábamos…
Madame Pomfrey negó con la cabeza.
—Mejor explíquenselo al Jefe de su casa, seguro que estará encantado de oír sus razones. —Meneó la cabeza—. Los dos Premios Anuales, qué decepción…
Las mejillas de Hermione empezaron a arder y se fijó de reojo en que hasta Draco había enrojecido. No sabía qué era peor: que Madame Pomfrey los hubiera pillado con las manos en la masa, haberla decepcionado, o saber que Snape (y posiblemente el director también) iba a enterarse de lo que habían hecho.
De todo lo que habían hecho.
Severus Snape y el basilisco de Salazar Slytherin debían de ser parientes, porque ambos tenían la capacidad de petrificar a quien fuera con la mirada. Draco, acostumbrado al trato frío de su padrino, se limitaba a parecer arrepentido, pero Hermione a su lado era incapaz casi ni de respirar.
—Veamos… —Los dos jóvenes permanecían de pie delante de las camillas, con Madame Pomfrey observando la escena apoyada en la pared y Snape paseándose entre ellos. El profesor se detuvo a observarlos con los ojos entornados—. Me están diciendo que los dos estudiantes más inteligentes de su curso… De todo Hogwarts, podríamos decir… ¿Han sido tan estúpidos de colarse en la Enfermería a esta hora y, encima, dejarse pillar?
Draco estuvo tentado de reír. A Snape no le molestaba su comportamiento, lo que le jodía era que dos slytherins hubieran sido descubiertos.
Al notar la mirada gélida de su padrino sobre él, cuadró los hombros y recuperó el gesto serio.
—Lo sentimos muchísimo, profesor Snape. —Hermione tenía cara de estar a punto de desfallecer en cualquier momento, observó Draco con preocupación. Al menos ya estaban en la Enfermería—. No volverá a pasar.
—Más les vale —replicó Snape entre dientes—.Y den gracias de que no quiero molestar al director Dumbledore con su «escarceo». Cincuenta puntos menos para Slytherin.
Hermione soltó un grito ahogado y hasta a Draco le dolió, pero una ceja enarcada del Jefe de su casa bastó para que no se atrevieran a protestar. Cuando echó a andar y les hizo un gesto con la mano para que lo siguieran, ninguno cuestionó la orden.
Ya fuera de la Enfermería, Snape se giró a mirarlos con las manos tras la espalda. Negó con la cabeza lentamente y chasqueó la lengua.
—Señorita Nott, vuelva a su sala común —ordenó. La bruja abrió la boca para protestar, pero Snape se le adelantó—. Yo me encargaré de su… problema.
Hermione obedeció, no sin antes dedicar una última mirada a Draco. Él la observó marcharse, preguntándose si alguna vez iba a meter tanto la pata como esa tarde. Y lo más importante, si Hermione iba a volver a mirarlo a la cara después de lo que había pasado.
Apretó los dientes, recordándose que no tendría que preocuparse por eso. De hecho, su objetivo era alejarse lo máximo de ella, encontrarle todos los fallos posibles para olvidarla de una vez.
Nadie lo diría, viendo su comportamiento de las últimas semanas, pero es que le era imposible mantenerse lejos. Tanto tiempo juntos era imposible de borrar en un mes. Para él, Hermione era magnética. Y tenerla tan cerca hacía apenas una hora, sentir su piel bajo la suya, sus labios… No había ayudado en absoluto. Por no decir que era la primera y única chica que verdaderamente lo había fascinado. Se había pasado tanto tiempo pensando que ella era la única que podía estar a su altura que ahora no comprendía cómo la vida le había dado ese revés.
—Ven conmigo.
Draco siguió a Snape hasta las mazmorras, al aula de Pociones y de ahí a su despacho.
Snape empezó a abrir armarios y coger ingredientes mientras Draco lo observaba desde la puerta, sin saber bien qué hacer. El profesor encendió el fuego de su caldero y le echó agua para a continuación empezar a cortar una raíz de color verde oscuro en pequeños cuadrados.
—Sabía que Lucius había criado a un mocoso mimado, pero no que Narcisa había permitido que su hijo fuera así de inmaduro. —Lo dijo en un tono tan concluyente que Draco ni siquiera sintió la necesidad de ofenderse. En el fondo, era verdad.
—Snape…
—Profesor Snape para ti hoy —lo corrigió el otro mago, lanzándole una mirada de advertencia.
Draco se quedó mirándolo: no era normal en él preocuparse por vidas ajenas, mucho menos las de sus estudiantes. Dio varios pasos adelante, intrigado por lo que estaba haciendo.
—Tardará aproximadamente media hora, así que puedes aprovechar para responderte a la siguiente pregunta: si en veinte años volvieras la vista atrás a este momento, ¿estarías orgulloso de cómo te has comportado?
No creía que fuera justo su juicio: al fin y al cabo, no se había marchado y la había dejado sola para lidiar con el problema. Estaba ahí, haciéndose cargo y reconociendo su parte de culpa.
—Hemos venido juntos y la he…
La defensa murió en sus labios cuando Snape lo apuntó con el cuchillo.
—¡Sabes perfectamente que no me refiero a este momento en particular! —espetó—. ¿Crees que nadie se ha dado cuenta de cómo la miras y la buscas?
Draco se cruzó de brazos y torció el gesto.
—Ya tengo un padre, no necesito tus sermones sobre alejarme de ella y bla, bla, bla.
Los ojos oscuros del profesor lo miraron de una manera que asustaría a cualquiera.
—Da gracias porque es él y no yo, porque me avergonzaría tener un hijo tan egoísta como tú. —Dejó caer la raíz en el caldero burbujeante y empezó a romper con las manos hojas de una planta que Draco desconocía en cuatro trozos exactos cada una—. Voy a contarte una historia, a ver si consigo hacer que tu cerebro empiece a funcionar.
El mago más joven estuvo tentado de poner los ojos en blanco, pero se refrenó al recordar que Snape seguía teniendo un cuchillo en su poder.
»Una vez conocí a alguien que se enamoró de una hija de muggles. Eran amigos, y él creyó que eso bastaría, pero con el tiempo empezó a querer más. Ella, sin embargo, se había enamorado de otro, así que él empezó a estar resentido; decía que estaba por encima de alguien de su estatus, pero la realidad era que habría matado al otro tipo con sus propias manos si eso hubiera hecho que ella le correspondiera. Al final, un día, discutieron y él la insultó. Usó esa palabra con la que tus padres y su círculo definen a quienes tienen padres muggles.
Draco, absorto por la historia, miró a Snape con impaciencia, esperando el final.
—¿Ella lo perdonó?
Vio algo que en Severus Snape era insólito: un amago de sonrisa. Nunca había parecido más triste.
—Por supuesto que no, y con razón. Porque no se puede querer y despreciar algo al mismo tiempo. —Snape levantó la mirada del caldero—. Elige, Draco.
Pensó en su tía Andrómeda, repudiada por los suyos. En el futuro que tendría que labrarse de cero si elegía como ella.
—No es tan fácil —se quejó.
Snape añadió el último ingrediente al caldero y lo tapó.
—Eso es que ya has elegido. Déjala ir.
«No», quiso responder Draco. Su padrino tenía razón: era egoísta. No concebía tener que renunciar a nada ni nadie solo porque se lo impusieran los demás. Sin embargo, también era rencoroso, y lo que más odiaba era sentir que le habían tomado el pelo. Nunca podría quitarse de la cabeza la pregunta de qué habría pasado si hubiera llegado el día de la boda. Hermione sabía lo importante que era la pureza para su familia; ¿le habría hablado de su origen antes de ligarlo a ella para siempre?
Pero por más que quisiera, no podía quitarse de la cabeza su expresión cuando rompió el collar que le había regalado con sus recuerdos.
—¿Qué pasó al final? —preguntó—. ¿Se quedó con el otro?
—Sí. Fueron muy felices. Hasta tuvieron un hijo.
—¿Y qué pasó con…? —empezaba a sospechar que ese «alguien» que Snape había conocido en realidad no existía.
—Tardó años en asumir su culpa. De hecho, hay días en que es incapaz de mirarse al espejo.
La siguiente media hora ni una palabra flotó entre ellos, aunque ambos tenían la mirada perdida de quien meditaba sobre las decisiones que había tomado. Cuando la poción estuvo lista, su padrino rellenó un frasquito transparente con el líquido verdoso y se la tendió a Draco.
—Dile a Hermione que tiene que tomársela antes de medianoche para que tenga pleno efecto.
A Draco le sorprendía que Severus Snape supiera preparar una poción anticonceptiva de emergencia, pero no dijo nada al respecto. Sabía que había defraudado a su padrino y que lo mejor era desaparecer de su vista cuanto antes, así que le dio las gracias y se encaminó hacia la Torre de los Premios Anuales con el frasco en el bolsillo.
No se cruzó con nadie, así que no tuvo que dar explicaciones de por qué estaba fuera de su dormitorio a aquella hora y, mejor, no tenía que explicar cuál era su propósito.
La sala común estaba iluminada solo por la luz procedente de las antorchas del pasillo de los dormitorios, suficiente para que Draco pudiera orientarse sin caerse en el camino. Una vez frente a la puerta de Hermione, observó el frasco en su mano.
¿Qué pasaría si Hermione no se lo tomaba y después descubría que estaba embarazada? ¿Les permitiría así su padre estar juntos? ¿Y si no lo hacía, qué iba a hacer Draco con un hijo suyo ilegítimo en el mundo? Eso los ataría para siempre, pero ¿qué haría con Hermione? ¿Aceptaría ella que él se casara con otra?
Draco se horrorizó ante sus propios pensamientos, sintiéndose miserable por, durante un momento, haber considerado jugar con la elección y la felicidad Hermione. Además, ¿qué tipo de padre sería? ¿Qué tipo de futuro podía garantizar a una familia tan rota? Snape tenía razón: era un inmaduro, egocéntrico e hipócrita.
Fue así cuando se dio cuenta de que tenía que parar ya.
Antes de que tuviera tiempo de llamar a la puerta, esta se abrió y una Hermione que a todas luces había estado llorando se quedó mirándolo, sorprendida.
—Estaba a punto de ir a buscarte. Habéis tardado una eternidad.
No era verdad, pero Draco podía entender que los nervios estuvieran devorándola por dentro. Hermione nunca había sido de sentarse a esperar que los problemas se solucionaran solos, era una de las cualidades que habían hecho que se sintiera atraído por ella.
Decidió practicar esa cualidad llamada «decencia humana» y le dio la poción.
—Snape dice que tienes que tomártela antes de medianoche.
Hermione asintió, destapó el frasco y se bebió el contenido de golpe, aunque no pudo evitar tener una arcada.
—Nunca más —masculló, secándose la boca con el dorso de la mano.
Ambos se quedaron en silencio, cada uno a un lado de la puerta. La mano de Hermione fue al pomo para cerrarla, pero Draco dio un paso hacia ella.
—Lo siento.
Eran, posiblemente, las palabras más pesadas que había pronunciado jamás. Pensaba que se sentiría mejor al soltarlas, pero solo hizo que su mente admitiera que su comportamiento no había sido el mejor del mundo. La culpa era un sentimiento nuevo para él, uno que no le gustaba ni sabía cómo quitarse de encima.
Para no ver la reacción de Hermione ni darle tiempo a mandarlo a la mierda, tiró de ella para estrecharla entre sus brazos. Se tensó, esperando un empujón (merecido, si decidía hacerlo), pero, como cuando la había besado, ella le devolvió el gesto. Sus manos, al principio vacilantes, se unieron a su espalda, como hacía siempre, y dejó caer la cabeza sobre el pecho de él.
Draco se permitió quedarse así unos segundos más, guardando la sensación en lo más profundo de su ser para poder rememorar su esencia en el futuro. Al fin y al cabo, había muchas posibilidades de que ese momento nunca volviera a repetirse.
Después, se separó de ella y se marchó casi corriendo, intentando huir de algo que llevaba engastado en lo más profundo de su ser.
-N/A: Sí, sé que muchas esperaríais lemon para continuar la escena anterior, pero lo siento, odio escribirlo y no lo consideré esencial para el desarrollo de la historia :( Más adelante me animaré con una escena, lo prometo :D Pero vamos a lo importante: ¿qué os ha parecido la situación? ¿Pensáis que Draco será capaz de cumplir su palabra? Os leo en los reviews.
Próximo capítulo: entre el 1 y el 6 de julio (tendré vacaciones la primera quincena de julio y tengo muchos planes, por eso no puedo prometer una fecha exacta). ¡Nos leemos pronto! N/A-
MrsDarfoy
