-N/A: ¡Hola! Hemos llegado al capítulo 20, no me lo creooooo (no pensaba que llegaría nunca jeje). Este es más largo que el anterior, de hecho tiene el doble de palabras, y nos vamos a centrar más en la relación con otros personajes y amistades que se están forjando.
Me gustaría aclarar una cosa, a riesgo de que pueda parecer un spoiler: Hermione no tendrá nada con Ron más allá de una amistad. Independientemente de lo que Ronald pueda hacer o sentir, para Hermione nunca será un candidato para un romance. Quería explicarlo porque he recibido varias dudas al respecto y sé que hay gente a la que no le gusta las historias con un personaje a dos bandas. A mí tampoco me gusta ni leerlo ni escribirlo, así que en ese aspecto podemos estar tranquilas :)
Esta vez menos gente ha comentado :( así que hoy más que nunca me gustaría agradecer a las personas que sí lo han hecho sus maravillosos reviews: Hanya Jiwaku, Ali TroubleMaker, Adry-scrittore, Javiera, Ryuuha Boon, sofihikarichan, Majo 1989, Dani H Danvers, NoraCg, Carla718, Lucitachan, Candice Saint-Just, Sofiland, crazzy76, HarleySecretss, Gaby Grey y fransanchez. Mi parte favorita es el casi-odio que compartimos por Draco jajaja. Os prometo que mejorará y se volverá digno de Hermione ;) N/A-
Into the Light
XX. Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo lo llama mariposa. (Lao Tzu)
.
Los días siguientes al inefable accidente, Hermione se sentía como si su vida estuviera dando un giro de ciento ochenta grados y ella no tuviera voz ni voto al respecto.
Aunque eso no significaba que fuera un cambio a peor.
Eso sí, empezaba a sospechar que, igual que oír su nombre solía significar algo (casi nunca bueno), el universo siempre aprovechaba la hora del desayuno para sorprenderla (no siempre para mal).
—¡Qué cara llevas! ¿Nuestra prefecta quiere que diseñen una nota por encima de Extraordinario solo para ella?
Hermione se sobresaltó de tal manera que estuvo a punto de tirar el café sobre sus tostadas. Blaise Zabini, con la misma sonrisa divertida de siempre —aunque más ojeras—, ocupó el espacio vacío frente a ella. La bruja observó con el ceño fruncido cómo se sentaba despreocupadamente en su esquina de la mesa y empezaba a llenarse el plato para desayunar.
—¿Qué haces? —quiso saber.
El mago levantó un bollo y le dio un mordisco.
—¿No es evidente? —replicó con la boca llena.
Hermione puso los ojos en blanco y le dedicó una mueca antes de que sus ojos viajaran a la zona que él solía ocupar, aquella en la que en un pasado no muy lejano ella misma solía comer también. Allí estaba Draco, acompañado —cómo no— por Pansy, Crabbe y Goyle. Frente a ellos estaba Theo, que clavó sus ojos en Hermione brevemente antes de girarse hacia Daphne, a su lado. La chica rubia estaba explicando algo con aspecto emocionado, pero a Hermione no le hacía falta estar cerca para darse cuenta de que su hermano tenía que forzarse a prestar atención a lo que Daphne le estaba contando.
Volvió a mirar a Blaise, esta vez con expresión suspicaz. No hacía falta ser muy lista para adivinar lo que había pasado, y desgraciadamente la inteligencia de Hermione estaba por encima de la media.
—¿Os habéis peleado?
Él se encogió de hombros y, aunque nunca habían estado especialmente unidos, la bruja intuía que no era tan simple como él quería hacer entender.
—Sinceramente, lo que pasa es que Draco, Pansy y compañía son unos amigos de mierda. ¿Cuándo los has visto preocupados por alguien que no fueran ellos mismos?
Lo decía con tanta naturalidad y en un tono tan alto que la gente que estaba sentada más cerca de ellos se quedó mirándolos. Hermione volvió a poner los ojos en blanco, pero les dirigió una mirada de advertencia a esos estudiantes y consiguió que volvieran a sus asuntos. O, al menos, que lo fingieran.
—No soy yo quién para defenderlos, pero… —Pensó en Draco acompañándola a la Enfermería, pero ¿qué menos? No iba a aplaudirle tener un mínimo de decencia. Ya no—. Siempre han sido así. ¿Por qué ahora? —Se inclinó hacia delante y bajó la voz—: ¿Es por Theo?
Blaise podía ser muy bueno fingiendo, pero cuando dabas en el blanco, no había manera de enmascarar el dolor. Durante unos pocos segundos, Hermione reconoció en los ojos de Blaise la mirada de alguien a quien habían hecho daño, porque ella también la había llevado durante un tiempo.
—Digamos que… No es fácil perdonar que te rompan el corazón —replicó él, mirando su plato lleno de comida. Sonrió de nuevo mientras daba un sorbo a su té, pero nadie con dos dedos se frente se creería que no le importaba—. Además, estoy harto de esta guerra absurda que se lleva contigo.
Hermione se sorprendió por la clara admisión de la historia que Theo y él tenían, o habían tenido más bien, pero no podía decir que le venía de nuevas. Solo había que observarlos un poco durante las últimas semanas para saber que entre ellos se cocía algo. Parecía que la receta no había salido bien.
—No es una guerra si solo lucha él.
Se masajeó distraídamente el antebrazo de la cicatriz mientras volvía a mirar a su hermano. Había tomado la resolución de no volver a acercarse a él mientras siguiera absurdamente enfadado con ella. Si algún día quería hablar con ella, ya sabía dónde podía encontrarla.
Blaise le restó importancia con un ademán de mano.
—Lo importante es que aquí tienes un soldado que ha desertado de su bando y quiere unirse al tuyo.
A lo largo y ancho de la mesa de las serpientes la gente ya se había percatado de que Blaise se había sentado con ella, por lo que decenas de ellos estaban ahora atentos a sus movimientos. Pansy Parkinson los observaba mientras susurraba algo al oído de Draco con cara de indignación, pero él se limitó a seguir desayunando con la vista al frente.
Hermione sintió un extraño vacío, pero no era momento de sumergirse en él.
—¿Estás seguro? Luego te va a costar el doble que te readmitan. Nadie en esta mesa es precisamente de perdonar y olvidar con facilidad.
—Beh. Nos queda medio año aquí y dudo mucho que mantengamos el contacto cuando terminemos. Oye —le dio un mordisco a una manzana y no volvió a hablar hasta que hubo masticado y tragado, cosa que Hermione agradeció—, ¿nos sentamos juntos a partir de ahora? Desde que cortasteis, estar con Draco es como mantener una conversación con las estatuas de los pasillos.
—No todas son estáticas: algunas están encantadas y sí que actúan como sus antiguos propietarios, pero rara vez. Y creo que suelen atacar a la gente, así que… —Al ver la expresión de Blaise, meneó la cabeza. No era momento para datos educativos—. Da igual. Si lo haces por mí, no es necesario que te preocupes. Tampoco éramos tan amigos antes, ¿no?
Él se llevó una mano al pecho y puso gesto de haber sido golpeado.
—Conque esa es la opinión que tienes de mí. Venga, va, así al menos podré terminar el curso con algo más que un Aceptable en algún ÉXTASIS.
Le guiñó un ojo y Hermione no pudo evitar sonreír. Desde luego, Blaise era encantador aunque no se lo propusiera.
Una parte de ella tenía miedo de volver a ser amiga de un slytherin y que después la dejara tirada porque no era suficiente, como ya le había pasado. Pero si lo pensaba bien, Blaise tenía razón: solo quedaba medio año en Hogwarts. Sería agradable no estar casi siempre sola, para variar. Y pese a que hacía buenas migas con Padma y el dúo de Gryffindor, sentía que no llegarían a confiar nunca en ella por ser de la casa que era.
—Vale, pero como me pidas los deberes para copiarte más de tres veces, le digo al director que me estás acosando.
—Pero… ¿tres al día, a la semana...? Especifica, Nott. La sinceridad es lo más importante en una relación.
Hermione amenazó con tirarle la cucharilla del café y ambos se rieron.
Mientras iban a la primera clase del viernes, Blaise le comentó una cosa que la dejó sorprendida.
—Por cierto, ¿has tenido tú algo que ver en que los de primero puedan estar en el equipo de Quidditch? No veo a Draco haciendo realidad de buena fe las ilusiones de unos cuantos niños.
Hermione estuvo a punto de quedarse clavada en el sitio por la sorpresa.
—Pensaba que ya teníais todos los puestos cubiertos.
Blaise abrió la puerta del invernadero y la dejó pasar primero. Se quitaron los abrigos y los dejaron en los percheros de la entrada.
—Pues sí, pero resulta que el de tercero que cubre a Montague... ¿cómo se llama? ¡Ah, sí, Capell!
—Cavendish querrás decir.
—Ese mismo. Bueno, para el caso, que Draco lo echó después del entrenamiento de la semana pasada.
—¿Y eso? —Hermione estaba intrigada por el repentino cambio de parecer de Draco.
El mismo Draco se colocó justo enfrente de ellos en el enorme terrario donde estaban las plantas con las que iban a practicar ese día. Hermione decidió que era buen momento para fijarse en la textura de los guantes de jardinería.
Cualquier cosa menos los ojos posados en ella en ese momento.
—Porque era un paquete. Madame Hooch nos ha permitido excepcionalmente aceptar a alguien de primero siempre que pase las pruebas y ella crea que podrá jugar sin que entrañe un peligro para su salud —explicó el slytherin—. Además, como Dumbledore ha aplazado todos los partidos hasta enero, qué menos que conseguir a gente que sepa mantenerse sobre una escoba.
Hermione se alegraba de que Maria y sus amigos pudieran participar.
—Seguro que los de primero están muy contentos.
—Primero tendrán que demostrar que son mejores que Cavendish, así que es mejor que no se hagan ilusiones. Probablemente los descartaremos a todos. Además, no lo hago por ellos.
Esas palabras hicieron que Hermione levantara la cabeza de golpe y mirara a Draco. Mantenía la misma actitud altiva de siempre, pero su voz ya no estaba cargada de su desdén habitual. Quizás lo que les había pasado unos días atrás había servido para que se dejara de petulancias con ella. La verdad, Hermione lo agradecía, porque era agotador estar siempre en guardia.
Blaise intervino en ese momento:
—Por cierto, Draco, voy a cambiarme con Hermione a partir de ahora. Tú puedes ponerte de pareja con Theo si quieres. —El aludido estaba en el terrario contiguo, pero no dio señales de querer intervenir, pese a que sí que les echó una ojeada rápida.
Draco enarcó las cejas levemente y miró primero a su amigo y luego a Hermione, pero terminó por encogerse de hombros.
—Como quieras.
Hermione lo observó mientras se desplazaba al lado de Theo. No era típico de él parecer desinteresado sin esa pizca de malicia que lo caracterizaba. Ni una protesta, ni una amenaza. Nada. Y más teniendo en cuenta que era la primera conversación desde que la había abrazado aquella noche.
Estaba empezando a encerrarse en sí mismo otra vez, como antes de que salieran juntos.
—¡Buenos días, muchachos! —Pomona Sprout, con su afabilidad habitual, los saludó mientras se ponía los guantes y cogía unas tijeras de podar—. Hoy vamos a trabajar con los cactus invernales de la Costa de Marfil. Como saben…
Un golpecito en su brazo distrajo a Hermione. Blaise se inclinó hacia ella.
—Oye, ¿es verdad que no vas a ir al Baile de Navidad? —Movimiento afirmativo de cabeza —. ¿Por qué?
—Casi todo el mundo está demasiado ocupado con los exámenes de Navidad o el Quidditch para ocuparse de organizarlo, así que me he ofrecido voluntaria para hacerlo yo. —En realidad, ella también tenía muchas cosas que hacer, como ese trabajo de Estudios Muggles que todavía no había terminado, pero era una excusa para maquillar la verdad—: Además, tampoco tengo pareja con la que ir, así que…
Blaise volvió a darle unos golpecitos en el brazo, obligándola a lanzarle una mirada de advertencia que ignoró.
—Vayamos juntos —le susurró.
—¿Es porque Theo va con Daphne? ¿Soy un dos por uno: cita y venganza a la vez? —le preguntó ella en voz baja.
—Quizás en parte sí, pero piénsalo: son nuestras últimas navidades aquí.
La bruja agradeció su sinceridad; por eso le gustaba Blaise: nunca lo había visto mentir ni usar subterfugios.
Se encogió de hombros.
—Suficientes cosas han pasado ya como para preocuparme por un baile tonto. He tenido emociones para vida y media y ni siquiera hemos entrado en el nuevo año.
Sprout los miró significativamente, por lo que Hermione le dio un codazo a su nuevo compañero y se separó un paso de él, pero su mente estaba en otras cosas.
Lo que no le contó era que no se sentía con fuerzas para fingir que se lo estaba pasando bien en un evento donde su hermano negaba su presencia y su exprometido bailaba con otra. Tantos años de práctica, como requería su posición, social, y no era capaz de sonreír falsamente; su abuela habría estado muy decepcionada con ella.
El día siguiente durante el desayuno fue Padma quien se acercó a ella. Blaise, aprovechando que era sábado, todavía no se había despertado, por lo que la bruja había vuelto a su habitual soledad.
—¡Hermione! —la saludó. Era increíble que tuviera tanta energía dada la hora—. He tenido una idea fantástica, a ver qué te parece.
La bruja la recibió con un bostezo. La noche anterior se había quedado despierta hasta tarde por el trabajo de Estudios Muggles y, pese a que le faltaban varias horas de sueño, por fin estaba a punto de terminarlo.
—Dime.
Padma se sentó junto a ella y cogió un vaso para servirse zumo. Si ya era raro que un slytherin se sentara en una mesa distinta a la suya, que alguien ajeno a Slytherin se sentara en la mesa de las serpientes era inaudito. Sin embargo, Padma no parecía muy preocupada al respecto.
—Es imposible estar en la Biblioteca en grupo, porque tenemos a Madame Pince cada dos por tres mandándonos callar; y todavía hay mucha gente reticente a ir a una sala común de otra casa, así que eso nos deja con muy pocas opciones si queremos poder hablar mientras estudiamos.
—Pero la Biblioteca no está para hablar —argumentó Hermione—. Para eso hay varias aulas vacías por todo el castillo.
Padma arrugó la nariz.
—Ya, pero si queremos consultar algún libro tenemos que hacer todo el camino hasta allí, e incluso así hay libros que no se pueden sacar.
En eso tenía razón. Hermione era una firme defensora del silencio en la Biblioteca y nunca había estudiado con nadie de otras casas, pero entendía que eso fuera un problema para algunos.
—¿Y qué se te ha ocurrido?
—Podríamos pedirle permiso a Dumbledore para poner hechizos insonorizadores en algunas de las mesas del fondo.
Hermione intentó ponerle alguna pega, pero así a botepronto no se le ocurría ninguna.
—Y me lo estás contando a mí para que se lo pida yo, ¿no? —dijo en tono desenfadado.
Padma sonrió como excusándose.
—Eras tú o Malfoy.
Una de sus funciones como Premio Anual era escuchar los ruegos del resto de alumnos y trasmitírselos a quien hiciera falta, así que en cuanto terminó de desayunar, Hermione fue a ver al director. Dumbledore se mostró conforme con la idea e incluso le aseguró que esa misma tarde podrían disponer de las zonas de estudio grupal.
—O sea, ¿eso es un sí?
El entusiasmo de Padma era contagioso y Hermione se sentía orgullosa de haber manejado el asunto con tanta rapidez y eficacia, por lo que le devolvió la sonrisa mientras asentía.
—Y no solo eso: dice que los de séptimo y los de quinto tendremos cuatro mesas cada curso solamente para nosotros, para poder estudiar tranquilamente para los TIMO y los ÉXTASIS.
Madame Pince no parecía tan contenta con la modificación, pero no protestó mientras Hermione y Padma la ayudaban a poner los hechizos. Cuando terminaron, el lugar parecía el mismo, pero había un breve brillo en las zonas donde estaban las mesas.
—Espero que los estudiantes entiendan que esto no significa que pueden hacer lo que quieran en mi biblioteca —les advirtió la bibliotecaria en tono severo.
Hermione empleó su expresión más responsable para asegurarle que eso no sería así. Cuando la mujer las dejó solas, Padma se llevó las manos a las caderas y asintió.
—Tendremos que reforzar los hechizos semanalmente —recordó la slytherin. Lo último que quería era que los hechizos desaparecieran de repente y Madame Pince los sacara a todos de los pelos por gritar en su lugar sagrado.
—Ahora solo falta comprobar su efectividad. —Una sonrisa calculada se formó en la boca de Padma—. Y creo que sé a quién podemos usar.
Cuando Padma le había dicho que iba a traer a un par de personas para saber si los hechizos insonorizadores funcionan de verdad, Hermione no estaba ver a medio Gryffindor de séptimo entrar por la puerta de la Biblioteca.
Una cosa era juntarse con Ronald y Harry, a los cuales había empezado a aprender a apreciar; o incluso Longbottom le parecía bien, ya que intuía que se sentía intimidado por ella; pero ver a la hermana gemela de Padma cogida del brazo de Lavender Brown mientras cuchicheaban y soltaban risitas era otra cosa muy diferente.
—Para la próxima prefiero ponerme a gritar como una loca —le dijo a Padma en voz baja—, seguro que nos sirve igual de bien.
La ravenclaw se sentó frente a ella y rio.
—Si supieras lo que me ha costado convencerlos para que vinieran…
—Acuérdate de que tienes que dejarme los pendientes en forma de media luna. —Parvati se sentó junto a su hermana y le dedicó una sonrisa maliciosa.
Claramente, ambas hermanas solo se parecían en el físico, porque del resto compartían pocas cualidades.
—Ah, ¿que se podía pedir algo a cambio de venir? —Harry se sentó frente a Lavender y Ronald ocupó el lugar libre entre él y Hermione. Se pasó una mano por el pelo todavía mojado; si Hermione no recordaba mal los horarios, los de gryffindor acababan de tener entrenamiento de quidditch—. Y yo pasando la tarde del sábado aquí gratuitamente.
—No has estado rápido, Potter, lo siento. Además, se avecina tormenta, al menos aquí no te mojas —replicó Padma encogiéndose de hombros. Era cierto: el cielo estaba teñido de un gris oscuro que no vaticinaba nada bueno. Padma se dirigió a Hermione después—. ¿Ya has terminado el trabajo de Burbage?
Hermione suspiró.
—Casi. Mi problema es que ahora tengo demasiada información. —Levantó las ocho páginas que llevaba redactadas—. Y me está costando mucho quitar cosas. —Se giró hacia Harry—. Oye, tú te has criado con tus tíos muggles. —Odiaba tener que pedir ayuda, pero el mundo muggle seguía siendo un misterio para ella en muchos aspectos—. ¿No podrías echarle un ojo y decirme si está bien?
Harry no parecía contento ante el prospecto (ni Hermione ante la idea de que él le revisara un trabajo, pero no tenía muchas más opciones), pero Ronald le dio un codazo.
—¿Sobre qué es?
—Las protestas de principio de siglo para conseguir el voto femenino. —El gryffindor la miró como si le estuviera hablando en un idioma inventado—. Potter, no me digas que no sabes nada sobre la historia muggle.
El chico se cruzó de brazos a la defensiva.
—Bueno, es que fui a un colegio muggle solo hasta los once años. Ya casi no me acuerdo de lo que nos enseñaban y estoy casi seguro de que eso no venía en el temario.
Hermione suspiró de nuevo. Había sido demasiado rápida en juzgarlo (era algo en lo que tenía que trabajar todavía), así que decidió dejarlo estar.
Miró su montón de papeles y cogió el bolígrafo, determinada a no salir de allí hasta que tuviera sus cinco folios redactados. La verdad era que aprender sobre el mundo muggle era fascinante y descorazonador al mismo tiempo. Gracias al tema que había elegido, se había dado cuenta de que, mientras que en el mundo mágico algunos la rechazarían por su estatus de sangre, en el mundo muggle podían discriminarla por ser mujer. Estudios muggles debería ser una asignatura obligatoria para todos: quizás mucha gente aprendiera así que ambos mundos tenían sus pros y sus contras. Al final, todos eran seres humanos, pero unos llamaban por teléfono para comunicarse y otros mandaban lechuzas.
Mientras la tarde avanzaba, Hermione intentaba convencerse de que la idea de Padma de insonorizar esa parte de la biblioteca había sido buena idea a pesar de que hubiera gente que no se callara la boca. De hecho, estaba segura de que Lavender ni siquiera había abierto un libro todavía.
—Preguntémoselo —oyó que esta le susurraba a Parvati.
Al parecer, no eran conscientes de que pese a que hablaran en voz baja, allí se escuchaba todo. De reojo, vio cómo las dos brujas la miraban disimuladamente.
—¿Estás loca? —repuso Parvati en voz baja, negando con la cabeza.
Hermione puso los ojos en blanco y, dejando el bolígrafo sobre la mesa, les dedicó una mirada inquisitiva.
—¿Qué queréis preguntarme?
Lavender puso una cara que Hermione solo había visto antes en Pansy, por lo que la bruja se arrepintió inmediatamente de haber hablado. Era como un niño en el salón de su casa justo antes de abrir los regalos de Navidad, solo que los regalos eran nuevas formas de tortura y los iba a probar con los vecinos.
—¿Es verdad que Malfoy le ha pedido a Pansy Parkinson que vaya con él al baile?
Hermione bajó la mirada y volvió a coger el bolígrafo. Fingiendo indiferencia, respondió:
—Eso parece.
No tenía suficiente con los murmullos sobre el tema cuando pasaba cerca de ciertos grupos, ahora también se lo decían directamente a la cara para ver su reacción.
—Entonces, ¿es cierto también que tú vas a ir con Blaise Zabini? Como últimamente se os ve muy juntos…
Hermione levantó la cabeza de golpe y miró a Lavender con los ojos entrecerrados. No le gustaba nada el tono con el que lo había dicho, como si por sentarse juntos ya tuvieran que empezar a salir.
—Brown, ¿Rita Skeeter te paga por pregunta? —La gryffindor se quedó mirándola con los ojos muy abiertos, por lo que Hermione se obligó a relajarse—. No, yo no voy al baile —agregó en un tono más suave.
—¿No? —Por la expresión de Lavender, parecía que no asistir fuera un crimen—. Pues es una lástima, porque ya no vamos a tener otra oportunidad igual. Aunque, claro, sin pareja… Yo voy con Ro-Ro —Lavender miró con ojos acaramelados a Ronald, pero este parecía que acabara de ver un poltergeist. Hermione casi lo compadecía— ¡y, por supuesto, será una noche mágica! Verdad, ¿Ro-Ro?
—¡No me llames así!
Ronald tenía la misma cara que un niño cuando su madre le daba un beso en la mejilla delante de sus amigos, pero Lavender lo ignoró completamente. Seguía empeñada en que Hermione iba a perderse la noche de su vida si no iba al baile.
—¡Piénsalo! Zabini es muy guapo, haría buena pareja con cualquiera. —Hermione no sabía si reírse u ofenderse, así que optó por seguir con su impasividad—. Además, ¿qué mejor que celebrar que han terminado los exámenes con una última fiesta con tus amigos?
Amigos.
Al decir estas palabras, Hermione se quedó mirándola y observó cómo Parvati le daba un codazo mientras ella intentaba disimular la cara de haber metido la pata.
—O sea, quiero decir que… —Lavender intentó arreglarlo, pero Hermione empezó a recoger sus cosas y se levantó.
—No tengo amigos, eso es un hecho. Padma —la ravenclaw, que estaba fulminando con la mirada a su gemela y a Lavender, se giró rápidamente hacia ella—, le diré a Dumbledore que el hechizo funciona bien. Si quieres puedo escribir yo el anuncio para informar al resto de los estudiantes. Nos vemos.
Salió de la biblioteca a toda prisa, aunque realmente no tenía ningún lugar al que ir. Las palabras de Lavender, pese a su verdad, habían escocido. Aunque se llevara mejor con esa gente, no eran sus amigos de verdad. No acudiría a ellos si tuviera un problema o una buena noticia que contar, y estaba segura de que ellos tampoco lo harían si fuera al revés. La idea la puso más triste de lo que se había imaginado.
—¡Hermione!
Para su sorpresa, cuando se giró vio que Potter corría para alcanzarla.
—No hagas caso a Lavender, tenemos la teoría de que su cerebro es de quita y pon y a veces se le olvida conectárselo.
El comentario la hizo reír, pero negó con la cabeza.
—En el fondo tiene razón. No pasa nada.
Potter se llevó las manos a los bolsillos y frunció los labios.
—¡Pero si ya hemos intercambiado más de dos frases! Además, acuérdate de que estoy guardando tu secreto. —Hermione parpadeó varias veces, confundida, hasta que Harry le señaló el pelo. La bruja recordó aquella conversación durante una ronda sobre el producto para pelo que había inventado un Potter—. Aunque creo que ahora ha dejado de serlo.
Era agradable poder mantener una conversación con alguien sin discutir o que buscaran algo de ella. Sin contar a Blaise, hacía mucho que no tenía una así.
—Pero, Harry, piénsalo: ¿Gryffindor y Slytherin, siendo amigos? ¡Qué atrocidad! —bromeó—. Lo máximo que acepto es una relación cordial —añadió en tono serio.
El gryffindor sonrió y soltó un suspiro de derrota.
—Es verdad, hay que respetar la tradición. De todas maneras, si cambias de opinión y quieres unirte a nosotros durante el baile, siempre hay sitio para uno más. —El ofrecimiento emocionó a la bruja—. Pero solo si Zabini trae una botella de whiskey de fuego como compensación.
La bruja enarcó una ceja y levantó el mentón, en su mejor pose de estudiante perfecta.
—No me obligues a quitarte puntos, Harry Potter.
—¡Lo retiro! ¿Te vas entonces?
Hermione asintió.
—Con esas dos en la biblioteca es imposible concentrarse. Creo que volveré a mi sala común.
El mago señaló el pasillo frente a ellos.
—Te acompaño. Quería volver a la torre de Gryffindor en algún momento de todas formas. —Echaron a andar—. He caído en que no puedo hacer el resumen de Historia si no tengo el libro, y Ron también se lo ha dejado.
Hermione chasqueó la lengua con desaprobación.
—¿Sabes? El año pasado le regalé a mi hermano un libro en el que podía consultar todos los libros de las asignaturas. Creo que uno así os vendría bien. —Al hablar de Theo una oleada de tristeza la invadió, así que decidió cambiar de tema rápidamente—. Por cierto, ¿con quién vas tú al baile?
Para Hermione, la respuesta estaba clara, pero estuvo a punto de pisar mal un escalón cuando Potter le reveló quién sería su acompañante.
—Con Luna.
—¿¡Lovegood!?
—Creo que es la única que tiene ese nombre. ¿Por qué? Me cae muy bien —agregó en un tono ligeramente defensor.
—Sí, sí, no lo niego. Es solo que pensaba que irías con Ginevra.
Harry la miró con curiosidad, aunque Hermione notó que empezaba a ponerse nervioso.
—¿Por qué?
Para la bruja, era más que evidente que ambos se gustaban, así que nunca había entendido bien por qué no salían juntos. Bueno, quizás Harry fuera un poco más despistado, pero Ginevra tenía escrito en la frente que estaba loca por él. Eso no le impedía salir con otros chicos, algo que a Hermione le parecía curioso pero aprobaba.
—No sé, como os conocéis desde hace mucho y pasáis mucho tiempo juntos, había supuesto que…
—Ginny ya tenía pareja —respondió el mago. Después, se apresuró a añadir—: O sea, no me habría importado ir con ella, y no es que no pensara en pedírselo, pero como Dean se lo pidió primero y ella aceptó…
—Ah, claro.
Hermione reprimió una sonrisa. Qué difícil se volvía a veces darse cuenta de lo que uno tenía justo delante. Especialmente si eras chico. Aunque en su caso, había sido Draco quien estuvo detrás de ella durante meses hasta que Hermione admitió que sí que le gustaba.
Otra vez esa nostalgia que no se podía permitir sentir. Sacudió la cabeza de lado a lado rápidamente para deshacerse de los recuerdos.
—¿Estás bien? —Al parecer su gesto no había pasado desapercibido para Harry, que la observaba con curiosidad.
—Sí, sí, cosas mías —replicó vagamente la bruja—. Bueno, yo me quedo aquí —habían llegado a la quinta planta—, gracias por la compañía y la conversación.
—Adiós.
Hermione volvió a pensar en aquella oferta que le había hecho el director para cambiar de casa. Quizás se había equivocado al pensar que le habría ido fatal entre leones. Otro golpe de realidad que derrumbaba sus prejuicios: cuando los conocía, no eran tan insulsos y brabucones. Podía hacer excepciones con algunos, al menos.
Draco se había prometido decenas de veces que no iba a hacer caso a los rumores. Sin embargo, su fuerza de voluntad no era tan fuerte como ese gusano llamado curiosidad alimentado por ese monstruo llamado celos. Por eso, cuando terminaron el primero de los exámenes de Navidad, el de Cuidado de criaturas mágicas, decidió que era el momento de salir de dudas.
—¡Blaise!
El chico, que iba por delante de él charlando con un estudiante de Ravenclaw, se detuvo y se giró a mirarlo con las manos en los bolsillos.
—¿Sí?
—Ya no te sientas con nosotros en las comidas. ¿Va a ser algo indefinido?
Blaise chasqueó la lengua.
—Muy observador, Draco, solo has tardado dos semanas en darte cuenta. Seguro que en el examen de Trelawney te va de maravilla.
Draco entornó los ojos.
—No te hagas el listo conmigo. ¿Por qué?
Blaise se encogió de hombros.
—Me apetecía un cambio. Últimamente el aire en nuestra zona está un poco enrarecido.
En eso tenía razón: desde lo que pasó con Hermione, Theo apenas hablaba, Pansy era una pesada, Crabbe y Goyle no tenían nunca nada inteligente que decir, y Daphne solo hacía caso a su hermana o a Theo. Hacía tiempo que no se mantenía una conversación interesante en esa parte de la mesa de Slytherin.
—Si no quiere sentarse con nosotros, mejor. —Theo se acercó a ellos y miró a Blaise con aire desafiante—. Ya has visto con quién prefiere juntarse ahora.
Por su expresión, Blaise no estaba dispuesto a dejar que nadie lo mirara por encima del hombro.
—Con tu hermana. Te recuerdo que tienes una, por si lo has olvidado. ¿O vas a seguir con esa cruzada tuya absurda?
Al ver la cara que puso Theo, Draco decidió intervenir. La gente todavía respetaba la jerarquía en Slytherin y para qué mentir, no sabía cómo reaccionaría si Theo empezaba a hablar mal de Hermione.
—Theo, déjalo estar.
Su amigo se giró hacia él como si le hubiera dedicado el peor de los insultos.
—¿¡Ahora tú también la defiendes!? ¿Tengo que recordarte que a ti también te mintió?
Draco apretó los dientes con fuerza e inspiró hondo para no cabrearse; su grupo de amigos, que tan inseparable había sido hacía apenas unos meses, parecía haberse desintegrado ante sus ojos.
—Creo que se la devolviste de sobra —Blaise dio un paso hacia Theo— cuando la dejaste sola y Flint la marcó como a un animal.
Las palabras habían sido brutales y si Blaise había pretendido herir e Theo, dio en el blanco. Theo palideció y se marchó a grandes zancadas sin defenderse siquiera; Blaise giró la cabeza para observarlo con una expresión que Draco no supo describir.
—Blaise —lo llamó—, a mí me da igual que quieras sentarte con ella.
Su amigo (si es que todavía podía llamarlo así) se inclinó ante él en una reverencia burlona.
—Qué magnánimo —le dijo en tono sarcástico.
—¿Es verdad que también vais a ir al baile juntos?
Era el tema de muchas conversaciones. Incluso se especulaba (Draco se lo había oído decir a esa cateta de Lavender Brown) que estaban juntos en secreto. En el fondo sabía que era imposible, pero ¿y si no lo era? Hasta hacía nada, Blaise y Theo habían mantenido una relación, pero ya ni se miraban, así que Draco había intuido que habían roto. Nada le impedía a Blaise estar con alguien más. Quizás su idea de que solo le gustaban los chicos era errónea. Quizás se había dado cuenta de todas las cualidades de Hermione.
La sonrisa enigmática de Blaise le sentó como un puñal en las tripas.
—Quizás. ¿Por qué? ¿Te molesta? —preguntó en tono malicioso.
—¿A mí? En absoluto. Pero me habría gustado que me lo contaras tú en vez de enterarme por rumores.
Draco odiaba mostrarse vulnerable, así que pronunciar esas palabras sonó en sus oídos como una admisión de derrota.
La mirada de Blaise se endureció.
—Ya ves, la gente a veces es así: decepcionante. A mí, por ejemplo, me habría gustado que mis amigos no hubieran sido tan egoístas y me hubieran tratado un poco mejor, pero qué se le va a hacer. Vienes y me hablas solo para averiguar si tu ex y yo estamos liados, pese a que hace días que no hablamos, y ni siquiera te interesas por mí. —Dio una patada en el suelo, salpicando de barro a su alrededor—. Se supone que somos amigos, pero ¿qué tipo de amigos no se cuentan los problemas, Draco? Si solo nos apoyamos para joder a otras casas y para montar fiestas, quizás esta amistad sea una mierda y estemos mejor cada uno por su lado.
No le faltaba razón, por eso cuando se dio la vuelta y echó a andar hacia el castillo, Draco dejó morir la discusión y lo siguió en silencio a través del campo enfangado.
Joder, hasta él huiría de sí mismo cuando estaba enfadado si pudiera. Y últimamente se pasaba el día enfadado. Con Hermione, con sus padres, con el mundo.
Y consigo mismo.
Cuando la clase de Estudios muggles terminó, Hermione se sintió liberada. Ya habían entregado el trabajo trimestral y no quedaban más exámenes que hacer, así que solamente tenía que esperar unos cuantos días para recibir las notas. Puede que incluso menos que el resto, ya que se quedaba en el Castillo y no tendrían que mandárselas a ningún sitio.
Se acercó a la profesora Burbage mientras el resto de los alumnos salían.
—Quería darle las gracias por aceptarme en su clase pese a las circunstancias.
La bruja de mediana edad le dedicó una sonrisa.
—El placer ha sido mío, señorita Nott. No hay nada más satisfactorio para un profesor que tener estudiantes interesados en la asignatura. —El pecho de Hermione se hinchó de orgullo. Burbage colocó una mano sobre el montón de trabajos—. Y no se preocupe, tendré en cuenta que se ha incorporado tarde y que… bueno, nunca ha estado muy familiarizada con el tema de mi asignatura.
El primer impulso de Hermione fue señalarle que no necesitaba ningún trato de favor, pero estaba tratando de familiarizarse con el concepto de la humildad, así que no quería rechazar una ayuda que, por otra parte, quizás le viniera bien.
—Gracias y feliz Navidad —le deseó.
—Igualmente. ¿Qué vas a hacer estas fiestas?
Aunque el interés era genuino y sin maldad alguna, Hermione no pudo evitar el gesto dolido. Bajó la mirada a la punta de sus zapatos.
—Me quedo aquí.
Hermione no dio más datos, pero la profesora pareció darse cuenta de su metedura de pata, porque se quedó blanca.
—Ah, ya…
—¡Qué suerte! —Padma, que todavía estaba en el aula, intervino para salvarla—. Mis navidades consisten en intentar meter a quince personas en una casa con tres habitaciones, un salón y un baño. —Los Parvati volvían a la India durante las vacaciones de Navidad—. ¡Y sin magia!
Hermione frunció el ceño.
—Pero tus abuelos también son magos, ¿no?
Padma suspiró.
—Mi abuelo está empeñado en que un día va a llegar el fin del mundo, todos perderemos nuestra magia y tendremos que apañárnoslas con las manos. O algo así, yo qué sé. Yo creo que una visita a un medimago no le vendría mal.
Las tres mujeres rieron.
—Bueno, como sea, espero que puedan descansar. Se vienen unos meses… interesantes. —Burbage usaba ese adjetivo como sinónimo de «duro»—. ¡Ánimo!
Hermione y Padma se despidieron de la profesora y salieron del aula.
—¿Estás segura de que no quieres ayuda revisando los preparativos del baile?
Como Hermione no pensaba asistir, se había presentado voluntaria para hacer las últimas comprobaciones y asegurar que el Baile de Navidad saliera a la perfección.
—Tranquila. Ya sabes que si no lo hago yo no me quedo tranquila.
Era una manera de no esconderse en su habitación hasta la mañana siguiente, cuando todos se hubieran ido ya a sus casas. Ya que no iría, al menos podría hacerse una idea de cómo habría sido.
El Gran Comedor estaba decorado exquisitamente: había un gran abeto cerca de la mesa de los profesores, y las paredes estaban adornadas con luces doradas; los estandartes de las cuatro casas habían sido modificados para adquirir un brillo sedoso similar al de las bolas que decoraban el abeto; y las velas que iluminaban la sala estaban envueltos en pequeñas guirnaldas. Además, las paredes laterales se convertirían en espejos, de modo que la sala parecería el doble de grande.
Se le formó un nudo en la garganta al pensar en la belleza que iba a perderse, porque nunca más podría disfrutar de una oportunidad como aquella. Si pudiera volver atrás en el tiempo, habría disfrutado mucho más de las últimas navidades.
Cómo había cambiado su vida en solo un año.
—¿Ya está todo listo? —oyó una voz calmada a sus espaldas. El director del colegio la observaba con las manos entrelazadas y una de sus sonrisas características en el rostro.
Hermione carraspeó.
—Así es, señor. Ya he comprobado que los hechizos estén bien colocados. —Señaló hacia arriba—. A las ocho en punto, cuando empiece a sonar la música del baile inaugural, las velas se apartarán a los lados y empezará a nevar.
—Bien, bien. —Dumbledore parecía complacido—. No ha cambiado de opinión sobre su asistencia, ¿verdad? —Hermione se guardó la varita en la túnica y asintió con gesto decidido. Dumbledore suspiró mientras negaba con la cabeza—. Ah, la tozudez juvenil… Mandaré a algún elfo con la cena, al menos no se irá a dormir con el estómago vacío.
Hermione se lo agradeció con una sonrisa y salió del Gran Comedor. Empezaba a tener dudas, a plantearse ir, pero ¿con qué vestido? Aunque Blaise fuera su acompañante, no tenía nada que ponerse, porque Pansy se lo había roto todo y en aquel momento había preferido tirar la ropa a preocuparse por algo tan insustancial como qué ponerse para un estúpido baile.
Tomó nota mental de empezar a pensar con previsión hacia el futuro.
Ya en la sala común de su torre, cogió un libro de los que Burbage le había recomendado. La profesora le había dado una larga lista no solo de no-ficción, sino de novelas para que fuera poniéndose al día de cuáles eran los libros más importantes de la literatura muggle. Ahora estaba con uno titulado Jane Eyre, sobre una institutriz que se estaba enamorando del hombre que la había contratado para educar a su protegida. Hermione quería gritarle que no lo hiciera, que se alejara de él, porque intuía que la iba a hacer sufrir, pero al mismo tiempo sabía que, con su fortaleza de carácter, estaría bien tomara la decisión que tomara.
La verdad era que la literatura muggle le parecía un añadido enriquecedor a su vida. La mayoría de las novelas escritas por magos o brujas (por no decir todas) contenían magia de algún tipo o criaturas mágicas; en cambio, la literatura muggle giraba en torno a la vida de las personas. Era agradable saber que también estaba bien que tus problemas giraran en torno a cosas que no fueran la magia.
Cuando ya había conseguido que su mente solo se preocupara por la lectura, un repiqueteo en la ventana la hizo sobresaltarse. Se fijó en que una lechuza luchaba contra el fuerte viento del exterior y se apresuró a abrir. No reconocía al animal negro con las plumas de la cola grisáceas, así que cogió la nota que llevaba enganchada a la pata con curiosidad.
«Ábreme, estoy en la puerta».
La letra le resultaba familiar, pero no conseguía ubicarla. No era de Theo ni de Draco, eso estaba claro, y un pinchazo de decepción la asaltó cuando se dio cuenta de que le habría gustado… No sabía bien qué esperaba de ellos, pero algo.
Dejó salir al animal, que voló de nuevo a la Lechucería, y fue a la gran puerta de piedra. Al otro lado estaba Daphne Greengrass, con una caja enorme en las manos y una sonrisa de disculpa.
—¿Daphne? ¿Me has mandado tú la nota? —La caligrafía le había parecido masculina, pero quizás estaba equivocada.
La rubia negó con la cabeza.
—No, en realidad ha sido…
—¡Yo! —Blaise se acercaba corriendo por el pasillo. Cuando llegó a su altura, apoyó las manos en las rodillas respirando con dificultad—. Creo que… necesito hacer… más deporte. —Inhaló profundamente antes de volver a erguirse—. No sabéis la carrera que me he pegado de la Lechucería aquí y en tiempo récord.
Hermione no entendía nada.
—No quiero parecer maleducada, pero, ¿qué hacéis aquí? —Se fijó en que Daphne ya estaba completamente preparada para el baile, con un vestido de tirantes finos color verde pino con pedrería en el escote y la cintura y el pelo rubio perfectamente recogido en un moño alto. Blaise, en cambio, seguía con el uniforme—. El baile va a empezar en nada.
El mago le dedicó una sonrisa llena de confianza.
—He venido a traerte tu vestido. —Hermione enarcó una ceja—. Para el baile —añadió, como si fuera un hecho probado que ella hubiera cambiado de opinión—. Daphne estaba en la sala común justo cuando ha llegado y se ha ofrecido a ayudarte con el maquillaje y el peinado.
La bruja rubia asintió para corroborar la historia.
Hermione se cruzó de brazos y se apoyó en la pared, mirándolos a ambos con cara de pocos amigos. Pero, ¿a quién pretendía engañar? Suspiró y se hizo a un lado.
—Pasad.
—¡Sí! —Blaise la abrazó con fuerza antes de quitarle la caja a Daphne de las manos y entrar en la sala común—. Guau, esto sí que es bonito. No me creo que tengas todo esto para ti sola solo porque eres Premio Anual.
Técnicamente no era para ella sola, pero parecía haber un acuerdo tácito para no hablar de Draco, así que lo siguió.
—Es lo que tiene estudiar. ¿Te suena la palabra?
Blaise soltó una carcajada.
—No mucho. Bueno —dejó la caja negra sobre la mesa y la abrió con cuidado—, espero que te guste. Le pedí a mi madre que buscara una modista que lo hiciera y tenía miedo de la extravagancia que pudiera haber encargado, pero a mí me parece bonito.
Hermione se acercó al mago y miró dentro de la caja. Soltó un grito ahogado. Solo se veía la parte del busto, pero era de un blanco puro como la nieve con motivos dorados. Lo cogió con sumo cuidado para sacarlo de la caja y observarlo mejor. El escote tenía forma de pico y se abría hacia la parte exterior de los hombros para formar dos tirantes gruesos que dejaban a la vista las clavículas. La decoración dorada, que estaba formada por pequeñas rosas que empezaban en los hombros, llegaba hasta la cintura y se iba esparciendo por la falda hasta la zona de los muslos, donde terminaba y dejaba paso otra vez al blanco.
Más que un vestido, era un trabajo de artesanía.
—Pero, Blaise… —Hermione se giró hacia el mago, indecisa—. Parece…
—¡Un vestido de novia! —Daphne completó la frase por ella. En tono soñador, añadió—: ¿No es maravilloso? —suspiró—. Ahora el mío parece algo sacado de Moda Tiros Largos en comparación. —Una tienda de ropa de Quidditch que había en Hogsmeade.
—No digas tonterías, tú estás guapa te pongas lo que te pongas —le aseguró Hermione. Daphne tenía una belleza muy similar a la de una veela. No tenía nada que envidiar a nadie.
—Bueno, mis hermosas damas —Blaise hizo una reverencia exagerada—, vuelvo a Slytherin a cambiarme. —Miró a Hermione—. Vendré a recogerte en… —consultó el reloj— media hora. —Después, se giró hacia Daphne—. Más te vale que no tardes mucho o Theo se cabreará con nosotros por retenerte contra su voluntad. —Aunque lo había dicho en tono de broma, Hermione percibió que seguía dolido por lo que hubiera pasado con su hermano y lo compadeció.
Una vez solas, Daphne empezó con el maquillaje de Hermione.
—Creo que en este caso, menos es más. —Y menos mal, porque la bruja odiaba ir muy maquillada; la hacía sentir que se esforzaba demasiado por estar guapa—. Pero el rojo en los labios siempre es una buena opción. —Daphne le guiñó un ojo mientras le aplicaba el color y después cayeron en el silencio mientras pasaba a su pelo—. Oye, Hermione…
La bruja calló, por lo que Hermione giró la cabeza levemente para poder mirarla. Daphne volvió a colocársela recta mientras enganchaba otro rizo suyo a saber dónde.
—¿Qué?
—Siento mucho haberte ignorado estas semanas, de verdad.
Hermione negó con la cabeza cuidadosamente. Aunque sí que le había dolido que Daphne, con quien consideraba que tenía una buena relación, hubiese dejado de hablarle, entendía por qué lo había hecho.
—No te preocupes. Es complicado.
La bruja rubia le dio un suave apretón en el hombro antes de seguir en tono más animado:
—Pero seguro que todo mejora a partir de ahora. Quién sabe, puede que a Theo se le pase el enfado y…
Querría haberle señalado que Theo no tenía por qué estar enfadado con ella, porque ella no había hecho nada malo, pero ¿cómo explicar su situación a alguien que solo la había vivido desde fuera? Además, sabía que a Daphne le gustaba Theo. Era mejor dejarla en la ignorancia.
—… quizás con el tiempo lleguemos a ser hermanas. —Esto último llamó la atención de Hermione y no pudo evitar girarse para observarla. Bajo el colorete, Daphne había enrojecido—. ¿No sería maravilloso?
La chica abusaba de la palabra «maravilloso», qué privilegio.
Hermione volvió a girarse hacia delante, incapaz de mirarla a los ojos. La chica estaba allí, ayudándola pese a que Theo podía enfadarse con ella, y Hermione era incapaz de contarle la verdad. Verdad que, por otro lado, no era suya para revelar. Optó por la opción más fácil
—Sí , claro —respondió, intentando sonar convincente.
—Por cierto, ¿sabes qué pasa entre Theo y Blaise?
Otra pregunta cuya respuesta Hermione no podía desvelar. Tragó saliva con fuerza.
—¿A… a qué te refieres?
—Como antes estaban siempre juntos y ahora solo se hablan para discutir…
Hermione soltó el aire contenido lentamente. Decidió que una media verdad sería suficiente.
—Creo que es por mi culpa. A Theo no le hace gracia que Blaise pase tiempo conmigo.
—Ah, ya.
La rubia no añadió nada más, seguramente porque no quería hablar mal del que suponía su futuro novio, y Hermione dejó que la conversación muriera así.
Una vez Hermione estuvo maquillada y vestida, Daphne se despidió y se marchó a toda prisa, no sin antes asegurarle que estaba preciosa. Hermione podría haber subido a su habitación a contemplarse en el espejo, pero le daba miedo parecerse demasiado a una novia el día de su boda. No sabía si podría soportarlo.
¿Qué pensaría Draco al verla?
«Seguro que le da igual», pensó con dureza. Últimamente apenas la miraba cuando se cruzaban. Era como si hubiera tomado la decisión final de ignorar su existencia. Era lo que Hermione le había pedido, pero entonces ¿por qué estaba tan decepcionada?
Se puso los tacones, que también le había comprado Blaise (tenía que averiguar a qué modista su madre le había encargado la ropa, porque nunca había visto nada igual) y abrió la puerta de salida para comprobar si Blaise ya había llegado.
El mago estaba apoyado en la pared con aire distraído. Llevaba un traje de color rojo oscuro que solo él se pondría y que solo a él podría quedarle bien.
Soltó un silbido cuando la vio.
—Si hoy hay una sola persona que no quiera besarte, matarte o ser tú la noche será bastante decepcionante para mí.
Hermione se sonrojó mientras miraba hacia abajo.
—Es tan bonito que dudo mucho que no le quedara bien a cualquiera.
—Si quieres luego le pedimos a Crabbe que se lo pruebe, a ver qué tal —bromeó Blaise.
Le ofreció un brazo, que Hermione tomó, y se encaminaron hacia la planta baja.
—Oye, una pregunta —Hermione no sabía si estaba metiéndose en terreno pantanoso, pero ahora ya había abierto la boca—: ¿por qué has traído a Daphne? Pensaba que no os llevaríais bien. O que no te caería bien.
Blaise la miró de reojo y sonrió con resignación.
—Difícilmente me puedo enfadar con alguien con tan poca maldad en el cuerpo como Daphne Greengrass. Además, ella ni siquiera sabe que me está sustituyendo, así que ¿de qué sirve empezar una guerra mientras el otro bando está en su casa preparando té? —Estaban llegado al Gran Comedor y ya se oía la voz amortiguada del director dando su habitual discurso—. Creo que todo el mundo ya está allí —al ver la mirada asustada de Hermione, añadió—, pero no te preocupes, seguro que todo el mundo está prestando atención a Dumbledore. Nadie se fijará en nuestra entrada.
Sin embargo, cuando llegaron al Gran Comedor y atravesaron las puertas, todos los ojos se volvieron hacia ellos.
-N/A: POR FIN ha llegado la Navidad. Estamos entrando ya en las escenas que primero imaginé cuando empecé a escribir el fic, allá por 2020. Estoy muy emocionada porque leáis lo que viene :D
Me gustaría saber vuestra opinión sobre la aparición de Blaise en la vida de Hermione y las amistades con otros personajes como Harry y Padma, así que ¡dejadme un review! También me interesa saber qué os gustaría ver en el futuro, porque quizás coincida con mi idea o se pueda incluir ;)
Estas dos semanas estaré de vacaciones, así que no puedo dar una fecha de actualización exacta (además, voy a empezar un curso de inglés aparte del trabajo), pero sí que quisiera actualizar antes de que acabe el mes :) ¡Nos leemos pronto! N/A-
MrsDarfoy
