-N/A: Siento el retraso, sé que en Facebook anuncié que actualizaría la semana pasada pero se me complicó la vida :(
Gracias cien veces a todas las que comentasteis el capítulo anterior: Fergrmz, uLiiii, hadramine, Black'Uchiha'Leto'Salvatore, Hakerenit CasRiv, LeNaMoBa, bobillo123, HelenaJane28, Ali TroubleMaker, sofihikarichan, CaroMoony, Tere, Dani H Danvers, fransanchez, Ryuuha Boon, veritolove96, pelusa778, Between White and Black, Claudia Porras, NoraCg, Jaaaviera, Mitsuky092, Gaby Grey, Violeta15 y un guest.
Canción para el baile: Dandelions - Ruth B. N/A-
Into the Light
XXI. Decir adiós también cuenta como amor. (Nicolás Andreoli)
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No habría sido exagerado decir que hasta Albus Dumbledore perdió el hilo de su discurso durante un par de segundos cuando Blaise y Hermione entraron en el Gran Comedor. De hecho, el anciano sonrió antes de proseguir mientras la bruja se sonrojaba y deseaba haber mandado a la mierda a su acompañante.
Quien, por cierto, sonreía de oreja a oreja mientras observaba con satisfacción cómo todo el mundo los miraba.
—Estás disfrutando con esto, ¿verdad? —le musitó Hermione.
Él le guiñó un ojo antes de responder:
—No lo sabes tú bien.
Se colocaron al final de la sala, junto a unos alumnos de segundo que empezaron a cuchichear hasta que Blaise se llevó un dedo a los labios para que se callaran. Sí, se estaba divirtiendo de lo lindo.
Mientras Dumbledore terminaba de hablar, recuperando parte de la atención que la entrada repentina le había quitado, Hermione aprovechó para mirar a su alrededor.
La primera persona que llamó su atención fue Padma, quien la observaba desde el otro lado con una sonrisa enorme. Cuando sus ojos se encontraron le levantó ambos pulgares en señal de aprobación. Hermione le devolvió la sonrisa antes de percatarse de que un poco más a su derecha estaban Potter, Weasley y compañía. Al ver que Harry sonreía y asentía, Hermione empezó a alegrarse de haber ido. Quizás, después de todo, sí que podía tener nuevos amigos.
Ronald, por el contrario, la miraba de reojo y se había sonrojado, pero Hermione no tuvo tiempo de pararse a pensar en el porqué, ya que sintió una mirada clavada en ella de manera intensa.
Su hermano estaba casi en las primeras filas, pero en vez de prestar atención a Dumbledore, estaba girado hacia donde ella estaba. Incluso desde la distancia que los separaba, Hermione se fijó en las ojeras que enmarcaban sus ojos; parecía extremadamente cansado. Cansado y furioso, a juzgar por la forma en que apretaba los labios y tenía la mano libre apretada en un puño. Hermione suspiró. Algún día le gustaría saber qué era eso tan grave que le había hecho para que la despreciara así de la noche a la mañana. Sin embargo, por cómo sus ojos verdes se movieron hacia su acompañante, parecía que al menos esta vez no estaba solamente enfadado con ella. Hermione miró disimuladamente a Blaise, si no fuera porque estaba terriblemente tenso y tenía la vista clavada al frente con una fijación sospechosa, Hermione habría dicho que no se daba cuenta de lo que pasaba.
Cuando volvió a mirar a su hermano, este ya se había girado hacia delante, pero Daphne, que iba cogida de él por el otro lado, le lanzó una muda disculpa con los ojos.
—¡Y ahora —las palabras del director la sobresaltaron, pero Hermione miró al frente y se obligó a prestar atención— demos paso al baile inaugural! Que los Premios Anuales se sitúen en el centro de la pista, por favor.
Hermione inspiró hondo e iba a dar un paso al frente cuando sus ojos se encontraron con los de Draco. Su expresión no dejaba entrever ningún sentimiento más allá de la apatía, pero sus ojos transmitían tal intensidad que la hicieron quedarse clavada donde estaba.
De repente, Draco empezó a andar. Pansy, junto a él en un precioso vestido plateado, hizo ademán de seguirlo, pero el mago se deshizo de su agarre y siguió andando solo. Hermione sintió cierta lástima al ver la expresión primero desconcertada y luego dolida de la bruja. Vio cómo sus ojos verdes se posaban en la espalda de Draco, alejándose cada vez más en dirección a… Hermione. Habría hecho bien en tomar nota de la rabia con que Pansy la miró, pero la bruja se había dado cuenta también del rumbo de los pasos de Draco y no sabía bien cómo actuar.
Draco se plantó frente a ella y alargó una mano mientras se inclinaba lentamente.
—¿Qué haces? —masculló Hermione, mirando frenéticamente a su alrededor, donde decenas de cuchicheos empezaban a llenar la sala.
—Los Premios Anuales deben empezar el baile. —Draco sonaba calmado, como si lo que estuviera explicando tuviera la mayor lógica del mundo y fuera lo que se había planeado desde un principio.
Hermione se perdió durante un segundo en la fantasía que tenía frente a ella, pero se obligó a levantar una barrera entre los dos.
—Mi pareja para el baile es Blaise. Y la tuya —añadió, mirando el lugar donde Pansy había estado, aunque ya no se la veía por ninguna parte— debe de estar muy cabreada ahora mismo.
La mención a Pansy causó el mismo impacto en él que si estuvieran hablando del tiempo. Permaneció en la misma posición, esperando una respuesta. Aunque, si Hermione no se equivocaba, estaba conteniendo la respiración. Se dio cuenta porque ella estaba haciendo lo mismo.
Al final, fue Blaise quien dio el paso. Con un suave empujón en la espalda, obligó a Hermione a avanzar. Esta le dedicó una mirada de pánico.
—Pero que conste que me debes el resto de los bailes de esta noche —le dijo él en tono desenfadado.
Hermione inspiró hondo y, entrelazando su mirada con la de Draco, aceptó su mano. El tacto era como volver a un lugar familiar, como transportarse a unos recuerdos que siempre estaban en su mente.
Él sonrió ligeramente mientras la conducía al centro de la pista.
Uno frente al otro, esperaron las primeras notas de la canción y se saludaron con una reverencia. Las manos de ambos se colocaron en sus respectivos lugares, aunque Draco tenía la costumbre de que su mano estuviera unos centímetros más abajo de lo socialmente aceptable en la espalda de Hermione. Era lo más cerca que habían estado uno del otro desde… bueno, desde ese día a principios de mes y, a juzgar por lo tensos que estaban, ambos habían caído en la cuenta de ello.
Empezaron a moverse por la pista, él con su elegancia natural, ella con la facilidad otorgada por años y años de práctica. La gente siempre había comentado que hacían un buen contraste y esa noche no debía de ser una excepción.
Hermione frunció el ceño.
—No has seguido el tema del baile —le echó en cara. Era una forma curiosa de romper el hielo, pero al menos no se pasarían en silencio toda la pieza.
Él la ayudó a dar una vuelta y después se encogió de hombros.
—Me parecía una tontería eso de los colores.
Hermione puso los ojos en blanco. Claro, cómo no. Draco Malfoy tenía que ser especial y diferente a los demás y lo demostraba con un traje negro como la noche cerrada.
—El tuyo, en cambio… —Sus ojos grises la recorrieron durante unos lentos segundos antes de volver a su rostro. Los pasos del baile los obligaron a acercarse, por lo que sus pechos estaban casi rozándose— muy bonito.
Las mejillas de la bruja se tiñeron de rojo cuando la idea de que parecía un vestido de novia volvió a cruzar su mente.
—Ha sido un regalo de Blaise. Yo no iba a venir, pero insistió y… —Apretó los labios para obligarse a callar, recordándose que no le debía explicaciones.
Draco la cogió de la cintura para elevarla suavemente mientras se desplazaban hacia un lado. Sus ojos no se habían despegado de los de ella en todo ese tiempo y Hermione empezaba a no saber dónde mirar para evitarlo sin que pareciera que estaba incómoda.
—No sabía que Blaise fuera tan considerado.
A su alrededor, los prefectos de las distintas casas empezaron a bailar. Dentro de poco la pista estaría llena y dejarían de tener todas las miradas clavadas en ellos. Hermione se armó de valor para formular una pregunta:
—¿Por qué me has sacado a bailar?
Draco parpadeó varias veces y, por primera vez, su mirada se desvió hacia la gente que los rodeaba durante unos segundos. Cuando volvieron a posarse en ella, todo su rostro se había convertido en una máscara inexpresiva.
—Ya te lo he dicho, somos los Premios Anuales y…
Desgraciadamente para él, Hermione lo conocía demasiado bien.
—En ningún lugar pone que debamos bailar juntos. No deberías haber invitado a Pansy a venir si ibas a hacerle este desplante.
Al ver el conflicto que apareció tras sus ojos, Hermione cayó en que, quizás, había actuado impulsivamente.
—Se le pasará.
Como la pista estaba cada vez más llena, podían permitirse hablar con franqueza sin miedo a oídos indiscretos.
—No puedes hacer eso, Draco. No puedes marear a la gente a tu gusto.
Pese a que se había repetido mil y una veces que la vida de Draco no era asunto suyo, no podía evitar molestarse porque, tras tantas discusiones y tantos intentos por hacérselo ver, él siguiera sin darse cuenta de que las vidas de los demás no era algo que pudiera alterar a su conveniencia.
Draco suspiró con hastío.
—Luego le pediré perdón a Pansy.
Hermione estuvo a punto de replicar que eso no era lo que tenía que hacer, pero optó por callar. Ya no estaban juntos, ya no era su labor educarlo. Si no lo veía por sí mismo, ella no podía estar ayudándolo constantemente.
La parte final de la canción se acercaba y siguieron bailando en silencio con los ojos enlazados.
—Solo te he pedido bailar juntos porque… —se notaba cuánto le costaba admitir la verdad por cómo luchaba contra ella— he pensado que sería una bonita manera de cerrar el círculo.
Hermione frunció el ceño, pero entonces lo comprendió. Habían asistido juntos a cada baile desde que habían tenido edad para hacerlo. Si su madre no hubiera muerto, lo más seguro es que también hubieran ido juntos al Baile de Navidad.
Esa comprensión, lejos de tranquilizarla, la hizo sentir muy miserable al darse cuenta de que ese último baile era solo una copia barata, un premio de consolación para todo lo que podría haber sido.
Miró hacia arriba y parpadeó varias veces para alejar las lágrimas de sus mejillas y se obligó a sonreír mientras la música terminaba.
—Ha sido un placer entonces, Draco Malfoy.
Hizo una reverencia que él devolvió con una inclinación.
—El placer ha sido mío , Hermione Nott.
Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió. Se habían despedido decenas de veces, tanto física como mentalmente en los últimos meses, pero ninguna parecía tan real como esta última.
Sin embargo, luchar contra el tiempo era inútil, y cuando la gente empezó a dispersarse, Hermione volvió a la realidad. Se dio la vuelta y empezó a alejarse lentamente hasta que estuvo casi en la salida, pero unas personas la interceptaron.
—¡Hermione, qué bien que hayas venido al final! —Una Padma sonriente se había parado frente a ella. La bruja frunció el ceño y la miró preocupada—. ¿Estás bien? ¡Estás llorando!
Hermione se llevó una mano a la mejilla y comprobó con sorpresa que era verdad. Se secó las lágrimas con rapidez y negó con la cabeza.
—La emoción de que sea el último Baile de Navidad, ya sabes.
—¡Hermione! —Hannah Abbott se acercó a ellas y se cruzó de brazos con seriedad fingida—. Podrías haber avisado de que ibas a venir así —movió la mano arriba y abajo para abarcar su vestido— y el resto no nos habríamos esforzado tanto.
Esto le arrancó una carcajada. Pasó las manos por el corsé como alisándolo y se puso recta como siempre le habían enseñado.
—El mérito es de la madre de Blaise.
—Ay, el pobre. —Hannah miró a la espalda de Hermione y luego se inclinó hacia las chicas en tono confidencial—. ¿Habéis visto cómo casi ha tenido que arrastrar a Parkinson a la pista de baile? ¡Yo estaba segura de que iba a darle un mordisco en cualquier momento!
—¡Pero he sobrevivido! —El aludido estaba de pie a su lado y les dedicó una sonrisa encantadora. Después, fingió un escalofrío—. Aunque no lo pasaba tan mal desde que Hagrid nos hizo trabajar con aquellos escorbutos, ¡casi me quedo sin dedos!
Así que Blaise había terminado sacando a Pansy a bailar… Hermione le lanzó una mirada inquisitiva.
—Bueno, bellas damas, creo que me llevo a mi acompañante a la zona de comidas, no quiero que desfallezca en mitad de uno de los muchos bailes que me debe.
Blaise les guiñó un ojo a las otras chicas (quienes, por supuesto, quedaron encandiladas) antes de guiar a Hermione sutil pero decididamente hacia la parte reservada para las comidas y bebidas. Era una de las pocas noches del año en que comían de pie en Hogwarts y los platos no eran cosas como pollo al horno sino sándwiches y demás.
Hermione, obstinada como ella sola, estaba decidida a averiguar qué había pasado.
—¿En qué estabas pensando? —lo increpó.
Él le lanzó una mirada inocente mientras se metía un canapé entero en la boca.
—Draco estaba muy decidido. Era retirarme elegantemente o batirme con él a un duelo de varitas. —Se encogió de hombros mientras intentaba no sonreír—. Y la verdad es que no soy el mejor duelista del mundo. Tanto ejercicio mental me aburre.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Espero que el baile con Pansy te haya servido como castigo. Aunque ha sido un detalle que la sacaras a bailar —añadió.
Blaise llenó un vaso con ponche, que ofreció a la bruja, y luego se sirvió uno él.
—Algo había que hacer para que no nos maldijera a todos.
Aunque el mago se lo tomara todo a broma, Hermione sospechaba que en el fondo tenía un gran corazón.
—Por cierto —Blaise se metió una mano en la chaqueta y le enseñó disimuladamente lo que parecía ser una petaca —, ¿te apetece animar un poco el ponche?
Hermione se llevó una mano a la cara y negó con la cabeza. No sabía qué era peor: el hecho de que no tenía ningún respeto por las normas; que se lo hubiera enseñado a ella, una Premio Anual y prefecta ni más ni menos; o que la situación llegados a ese punto le causaba más gracia que indignación.
Eligió la última y soltó una carcajada.
—Un poco pronto para mí. Espera al menos a que sea medianoche.
Blaise le sacó la lengua en un gesto burlón.
—Esperar a que sea la hora apropiada es para cobardes. —Se giró y echó un chorro de whisky en su vaso—. Además, en algún lugar ya es de madrugada —añadió con una sonrisa provista de muy poca vergüenza.
Hicieron chocar los vasos. Hermione sonrió y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía olvidarse durante una noche de sus preocupaciones y disfrutar del momento. Incluso la perspectiva de pasar las navidades allí sola ya no le parecía tan sombría. Miró a su acompañante.
—Blaise…
—¡Ah, no, momentos sensibleros no! —El mago, intuyendo sus intenciones, dejó el vaso vacío sobre la mesa. Se acercó a ella y le pasó un brazo por los hombros—. Ya sé que soy un gran amigo y si no hubiera sido por mí habrías pasado la noche más patética de tu vida, pero no es necesario agradecérmelo. —Hermione le dio un codazo en las costillas y el mago protestó—. Mira, como tengo unos… negocios que resolver con unos hufflepuffs de sexto, te voy a dejar con otra gente.
Hermione intentó protestar mientras la arrastraba por la estancia. Pasaron de largo por dónde Theo, Daphne, Draco, Pansy y otros slytherins estaban, pero si se dieron cuenta de su presencia, la ignoraron. Hermione meneó la cabeza y se obligó a dejar de prestarles atención. Aquella noche era suya y de nadie más.
El grupo al que se dirigían estaba situado justo al lado de una de las mesas de comida, donde sin duda Ronald Weasley estaba disfrutando de lo lindo. Cuando los vio plantarse junto a ellos, tragó con tanta rapidez que se atragantó. Hermione reprimió una carcajada mientras la hermana del pelirrojo le daba golpes poco delicados en la espalda y ponía los ojos en blanco.
—Buenas noches, ¿a alguno le interesa una botella de whisky?
Hermione miró a Blaise con los ojos como platos, pero la recepción del grupo fue distinta. Dean Thomas lo miró con recelo, pero preguntó:
—¿Por cuánto?
La sonrisa del slytherin era todo dientes. Les mostró una mano abierta.
—Por ser vosotros, quince galeones.
Dean resopló.
—Un poco caro, Zabini. Seguro que no eres el único que tiene alcohol.
Blaise se encogió de hombros sin perder la expresión alegre.
—Pero seguro que sí el más listo. —Se giró y señaló con un movimiento de mentón a Ojoloco Moody, que inspeccionaba a los estudiantes como si fueran criminales encubiertos—. ¿Cuánto nos apostamos a que al primero que pillan es McMillan?
El hufflepuff se comportaba como si llevara encima tres quilos de una sustancia ilegal y fueran a descubrirlo en cualquier momento. Hermione se arrepentía de haber dicho en más de una ocasión que los tejones no brillaban por su inteligencia, pero en aquel contexto podía afirmarlo sin miedo a equivocarse.
—Harry —Dean y Seamus miraron a su prefecto—, ¿nos los prestas?
El aludido torció el gesto y bufó, pero terminó por asentir.
—Seguidme.
Blaise se separó de Hermione y se marchó del Gran Comedor con los tres gryffindors detrás de él, a los que se unieron un par de hufflepuffs por el camino. Una parte de la bruja se preguntaba qué excusa pondría su acompañante si lo descubrían. Desde luego, sería un momento entretenido.
Una vez sola con el resto del grupo, Hermione cogió un vaso y se sirvió un poco de agua, sin saber bien qué decir. Fue Luna Lovegood quien rompió el hielo.
—Qué vestido tan bonito. Me recuerda a una foto de una novia que vi una vez en una revista muggle.
—Gracias. El tuyo es muy bonito también.
La ravenclaw llevaba un vestido de tirantes azul noche con pequeños brillantes que asemejaban estrellas acompañado por unas zapatillas amarillas, pero sobre ellas Hermione decidió no opinar.
—Pensaba que no vendrías.
Ginevra Weasley tenía siempre una expresión descontenta cuando hablaba con ella. Quizás todavía se acordaba de la discusión que tuvieron aquel día en Hogsmeade; Hermione no podía culparla.
—Esa era mi intención, pero Blaise prácticamente me ha obligado así que… —se encogió de hombros con una sonrisa contrita.
—Menos mal —Ronald intervino, llevándose una mirada sorprendida de todo el mundo—. Me refiero a que era una lástima que te lo perdieras, siendo el último y todo eso.
La bruja le dedicó una sonrisa agradecida y, antes de que un silencio incómodo cayera sobre ellos, echó mano de un tema seguro para ella:
—¿Qué tal los exámenes finales?
Las reacciones fueron desde la indiferencia hasta el más absoluto horror.
—Solo le pido a Merlín y a los Fundadores un Aceptable en Pociones. —La cara de Neville Longbottom, hasta ese momento callado, adquirió un tono ceniciento—. Si no, mi abuela me matará.
—Bueno, un Aceptable no es… —Hermione se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir y decidió ser más amable—. Estoy segura de que sí.
—Piénsalo así: ¡este curso no has hecho explotar nada! —La manera de animar de Ronald era un poco extraña, pero por la sonrisa de Longbottom, funcionó.
—¿No estaréis hablando de las notas? —Lavender Brown apareció seguida de su inseparable amiga Parvati y se situó inmediatamente al lado de Ronald—. ¡No seáis aguafiestas! —Miró a Hermione—. Bonito vestido, por cierto. —La sonrisa de la bruja murió en sus labios cuando añadió—. Casi parecías una novia. Qué ironía, ¿verdad? —soltó una risita que hizo que a Hermione le hirvieran la sangre en las venas.
¿Desde cuándo Lavender Brown, que era más tonta que un ladrillo, soltaba comentarios dignos de Pansy Parkinson, más mala que la viruela de dragón?
—Ron, ¿por qué no sacas a Lavender a bailar?
Ginevra intervino, inesperadamente para Hermione. Ronald parecía preferir que le cortasen una mano, pero ante los grititos de entusiasmo de su pareja, se vio obligado a seguirla hasta la pista (entre otras cosas porque lo había cogido de la mano y no lo soltaba).
La gryffindor y la slytherin se miraron y la primera asintió imperceptiblemente. Quizás Ginevra no fuera muy fan suya, pero estaba segura de que en la lista de gente que no le caía bien Lavender iba por delante de ella.
Blaise y los gryffindors volvieron poco después y siguieron juntos toda la noche, con incorporaciones como Padma o Hannah Abbott, que los visitaban esporádicamente para robarles sorbos a su «ponche mágico», como Blaise lo había bautizado.
Era la primera noche en mucho tiempo que Hermione no pensó en nada que no estuviera pasando en ese momento. La primera vez que lo que no la dejaba dormir era las emociones vividas en vez de las preocupaciones o los arrepentimientos.
Durmió tan bien que la mañana siguiente se despertó a la hora habitual, en vez de quedarse en la cama hasta tarde como había sido su plan original. Decidió bajar a desayunar con el resto para despedirse de los que se iban a casa y asegurarse de que ninguno de los de primer año se quedaba atrás u olvidaba algo.
Cuando llegó a su esquina, Blaise ya estaba allí, con una mano sobre la frente y lo que parecía un café solo en la taza.
—Parece que la fiesta siguió después de que yo me fuera —comentó la bruja, divertida.
Blaise soltó un gruñido antes de masajearse la frente.
—¿Te puedes creer que Snape me pilló justo cuando ya me iba?
Hermione soltó un grito ahogado.
—Te habrá castigado, supongo. —Se alegró de haberse ido a dormir antes y así poder desentenderse del asunto.
El slytherin se encogió de hombros.
—Dijo no-se-qué sobre limpiar y el tercer piso, pero que me lo repita cuando volvamos de las vacaciones. Por cierto, si te apetece no quedarte aquí triste y sola durante semana y media, seguro que a mi madre no le importa que vengas a los Alpes con nosotros.
Hermione contempló la perspectiva de pasar Navidad en la casa de montaña de los Zabini con Blaise, su madre y su futuro marido número… a saber. Negó con la cabeza.
—Estaré perfectamente yo sola. Como no habrá nadie, no me molestaréis y podré estudiar en paz.
Los ojos de Blaise se desviaron hacia la derecha de la bruja y esbozó una sonrisa ladeada.
—O a lo mejor no.
—Señorita Nott. —Cuando Hermione se dio la vuelta, se encontró con el director Dumbledore en persona flanqueado por Ronald Weasley y Harry Potter. El pelirrojo parecía tener mucho interés en mirarse la punta de los zapatos, mientras que su amigo tenía una expresión extrañamente divertida—. Me gustaría hablar con usted, si ya ha terminado de desayunar.
La bruja se limpió las manos y siguió al director al pasillo. Lanzó una mirada inquisitiva a Potter, que era el único de los dos estudiantes que no miraba al suelo al andar, pero este se encogió de hombros con una sonrisa vaga.
Una vez a salvo de miradas indiscretas, el director se giró y miró a Hermione como si fuera a notificarle que había ganado la lotería. Pero en vez de decir nada, le indicó a Ronald que podía hablar. El chico nunca había tenido la cara tan roja como en ese momento.
—Bueno, es que… —su pie derecho barría algo imaginario en el suelo, de donde, por supuesto, sus ojos no se habían despegado en todo ese tiempo—. Es una tontería en realidad, pero le comenté a mi madre en una carta, de pasada totalmente…
Viendo que Weasley perdía por momentos su facultad para expresarse como un adulto, Dumbledore salió en su ayuda. Miró a Hermione por encima de las gafas antes de decir con una sonrisa:
—La señora Weasley ha sido tan amable de ofrecerle pasar las navidades en su casa.
Hermione parpadeó varias veces, intentando dilucidar si había escuchado bien. Después, frunció el ceño lentamente ante la absurdidad de la idea. Pero al ver que nadie reía, puso cara de pánico.
—Pero…
¿Por dónde empezaba? Vale que se llevara mucho mejor que al inicio de curso con Weasley, pero eso no era motivo ni de lejos para pasar unas fiestas tan importantes como Navidad con su familia.
—Se lo agradezco de corazón —finalmente encontró las palabras—, pero preferiría quedarme aquí. No quiero molestar. —Estuvo a punto de añadir que la casa de los Weasley era enana, pero no habría sido muy amable por su parte. Quizás la Hermione del pasado sí lo hubiera dicho, pero había aprendido a morderse la lengua a tiempo—. Pero gracias —añadió, esbozando una sonrisa en dirección a Ronald, que seguía sin mirarla a los ojos.
—Tonterías —el director desechó su negativa con un ademán—, estoy seguro de que Arthur y Molly estarán encantados de recibirla. ¿Verdad, señor Weasley? —Este murmuró algo que sonaba como un «Sí»—. Haga las maletas, el tren sale a las once.
Y sin decir nada más, Dumbledore volvió al gran comedor con paso alegre, dejando a una Hermione perpleja, a un Ronald que no sabía dónde meterse y a un Harry que parecía estar disfrutando de lo lindo con la situación. La bruja se giró hacia ellos con expresión asesina.
—¿Qué le has contado a tu madre exactamente, Weasley?
El pelirrojo parecía estar preparado mentalmente para recibir una paliza.
—Bueno, solo le comenté de pasada que varios estudiantes se quedaban… Supongo que mis padres sabían lo de tu… Ya sabes…
Hermione bufó y lo cortó levantando una mano.
—Si tengo que vivir contigo varios días y no puedes juntas más de cuatro palabras seguidas vamos a terminar muy mal. —Antes de que él tuviera tiempo de disculparse, su expresión se suavizó; al fin y al cabo, él no tenía la culpa. Bueno, quizás sí, pero sus intenciones eran buenas—. Voy, pero el veintiséis me buscaré otro sitio para no molestar. —Tenía entendido que en Las Tres Escobas había habitaciones disponibles—. Nos vemos luego.
Se dio media vuelta y volvió al Gran Comedor. Blaise parecía haberse recuperado completamente de la resaca y la miraba expectante.
—¿Y bien?
—Voy a pasar Navidad en su casa. —Al ver que la expresión de Blaise no variaba, añadió—: En casa de los Weasley.
Blaise parpadeó varias veces con perplejidad, pero después estalló en carcajadas. Hermione lo fulminó con la mirada mientras cogía una galleta de chocolate y le daba un mordisco, pero la dejó en el plato al darse cuenta de que se le había quitado el hambre.
—Merlín… Ni en mis mejores sueños se me habría ocurrido un chiste tan gracioso. —Hermione le dedicó una mueca—. Por favor, tienes que contármelo todo al volver. ¡Ojalá pudiera ir yo también!
—Te lo cambio —repuso la bruja con rapidez . Irse con la madre de Blaise y su prometido ya no le parecía tan mala idea.
El mago negó efusivamente con la cabeza.
—¿Y privarte de la experiencia? ¡Jamás! Aunque si no recuerdo mal los hermanos mayores de Weasley son bastante guapos… —añadió sugerentemente.
Hermione puso los ojos en blanco.
Una vez en su habitación, empezó a empacar ropa. Normalmente lo doblaba todo de manera cuidadosa y lo organizaba según el tamaño, pero aquella vez se limitaba a lanzarlo al baúl con furia. Le apetecía matar a Ronald Weasley pero no podía porque sería muy feo por su parte dejar a su madre sin un hijo justo por Navidad. Aunque claro, tenía seis más, igual Ronald era el menos querido. Cuanto más pensaba en él, más se molestaba. ¿Por qué había tenido que contarle a sus padres que no tenía dónde pasar las fiestas? Seguro que habían sentido lástima y la habían compadecido, pensando que cualquier ofrecimiento sería bien recibido, ya que no tenía más opciones.
Suspiró y se sentó en la cama con un jersey de color verde oscuro entre las manos. En realidad no estaba enfadada con Ronald, solamente sentía vergüenza. De toda la gente que en el pasado la había rodeado, con excepción de Blaise, ya no le quedaba nadie. Había sido la madre de un compañero de clase con el que hasta hacía poco no hacía más que pelearse quien le había abierto las puertas de su casa. Y eso que ni siquiera la conocía más allá de lo que su hijo pudiera haberle escrito y lo que hubiera leído en los periódicos. Cada día que pasaba tenía más claro que la lealtad de los slytherins era de lo más selectiva.
Sacó todas sus cosas del baúl y empezó de nuevo, esta vez siguiendo su método habitual. Cuando terminó, poco antes de las diez y media, bajó a la entrada principal y buscó un par de cabezas pelirrojas. Ronald parecía estar haciendo lo mismo porque cuando la vio levantó la mano para llamarla. Hermione inspiró hondo y se dirigió hacia su grupo con una sonrisa forzada. Iba a tener que ser doblemente simpática los siguientes días.
Quien no parecía tener intención de esforzarse era Ginevra, que la observó muy poco entusiasmada.
—Seguramente compartiremos cuarto, así que espero que no ronques —fue su saludo.
—Iba a hacer una broma sobre que si lo hacía podías asfixiarme con la almohada, pero seguramente te lo tomarías al pie de la letra —replicó Hermione.
Las comisuras de la boca de la pelirroja se curvaron hacia arriba por unos instantes, pero se obligó a permanecer impasible.
—Ahora ya lo has dicho.
Hermione miró a Harry.
—¿Tú también vienes?
El gryffindor asintió.
—Ya es tradición. Aunque creo que mañana cenaremos en Grimmauld Place. —Hermione no tuvo tiempo de asimilar que iba a conocer a uno de los Black renegados, porque Harry añadió—: Vaya, a alguien le ha impactado la noticia de que vas a pasar las navidades con nosotros.
Hermione siguió su mirada hacia el grupo de slytherins en el que estaban Draco y Theo. El primero la miró a ella y luego a los demás para después girarse y darles la espalda. El segundo entrecerró los ojos y negó con la cabeza, pero Hermione decidió no entrar en su juego e imitó a Draco.
En ese momento los llamaron para desplazarse hasta la estación. La bruja inspiró hondo mientras cogía su baúl.
—Allá vamos.
-N/A: Desde que empecé este fic este capítulo y el siguiente son los que más veces he recreado en mi mente. En el próximo Draco y Hermione van a vivir las navidades por separado y los veremos en ambientes totalmente distintos. También aparecerán personajes a los que amo como Narcisa, Sirius y Remus, y otros a los que no aprecio tanto (Bellatrix). No sé cuándo podré actualizar, pero intentaré que sea durante septiembre. Tengo una semana de vacaciones, cruzad los dedos conmigo.
¡No olvidéis dejar un review! N/A-
