En el que la reina Hylla de Arendelle tiene una importante charla con Jackie Frost.
Ezra le había insistido sin parar con que por favor se sentara como una persona normal en una de las dos sillas que había delante del escritorio dentro de su oficina, esa oficina que al inicio de su relación había insistido que era un lugar privado al que solo Anne podría entrar sin permiso y que ahora era abierto y utilizado por la reina cuando se necesitaba hablar con él de algo o porque estaba aburrida y quería tocarle las narices a su marido. El rey de verdad que había intentado razonar con Hylla, ignorando ambos abiertamente la conversación que habían tenido antes, ahora mismo solo estaban interesados en lidiar con los problemas que habían surgido en el pueblo al otro lado del Bosque del Tiempo de una buena vez por todas, pero la vikinga sencillamente no escuchó en ningún momento a pesar de los excelentes e insistentes argumentos del rey de Arendelle. Terminó sentada sobre el escritorio de Ezra, con algunos papeles sobre el regazo y balanceando una de sus piernas de tal forma que de vez en cuando se escuchaba un Toc por el leve impacto de su prótesis y la madera de la silla, tan malamente encorvada que incluso Ezra estaba sintiendo que le dolía la espalda, no solo por imaginarse cómo sería estar en esa posición, sino porque podía recordar a la perfección todas las veces que le habían dado un buen golpe en la espalda para que aprendiese a pararse recto y firme.
–Te estás atrofiando la espalda –intentó comentar como si realmente no le importara. Ella respondió con un sonido desinteresado que le dejaba muy en claro que no le importaba lo que dijera–. Hylla, querida, ¿exactamente a quién estás buscando? –le pregunta apretándose el puente de la nariz. Cuando llegaron a su oficina Hylla le había pedido ver el censo oficial de la población del otro lado del Bosque del Tiempo por mucho de que él insistiera buscar alguna guía a través de diarios o anales de algún tipo de situación similar para comprender cuál había sido el plan de acción.
Su mujer tan solo se pasó una mano por el cuello, que seguramente le dolía por la terrible postura, y suspiró pesadamente. –He intentado mirar por la familia de Jackie, me dijo que no tenía a ningún familiar en el pueblo, pero quiere ver quién cuidaba de ella antes.
Ezra alza una ceja, incrédulo. –¿Te dijo que no tenía a nadie? ¿Desde cuando?
–Un par de años –responde con cierto desinterés, pasando y pasando hojas del censo.
El rey de Arendelle frunce levemente el ceño antes de responderle a su mujer. –Miente.
Hylla se voltea hacia marido, indignada. –¿Perdona? Estás hablando ahora mismo de una de mis damas de la cohorte, ¿por qué me mentiría?
–No sé porqué te mentiría, pero lo que dice no puede ser cierto, Hylla –le contesta con toda la calma posible, sabiendo que la siguiente información no le gustaría–, hace un par de años dejó de ser legal, pero culturalmente el pueblo al otro lado del Bosque del Tiempo no permite que una mujer viva sin ningún familiar, contando dentro de este término a prometidos o maridos, siempre debe estar acompañada por algún hombre, su padre, prometido, marido, hermano mayor o menor o cualquier familiar, como última opción alguna tía o su propia madre. Alguien tenía que encargarse de ella porque si no...
Se detiene al ver la furiosa expresión de su esposa, aprieta los labios, intenta adivinar qué era exactamente lo que la había llevado a aquel estado tan repentinamente, qué era lo que le había molestado tanto.
–¿Por qué narices permites eso? –lo cuestiona con los dientes apretados.
Ezra se piensa por unos segundos antes de responder. –Para ser exactos, querida, fui yo quien abolió aquella normativa, he intentado interceder en las formas del pueblo al otro lado del Bosque del Tiempo, pero comprenderás que no puedo ocupar todas mis fuerzas y tiempo en...
–¿En asegurarte que todas las mujeres de tu reino sean tratadas decentemente? –interrumpe cruzándose de brazos.
El rey de Arendelle se pasa una mano por la cara mientras suspirar pesadamente, no ganaría esa discusión.
–El asunto, querida, es que para Jackie Frost...
–No me evites el tema.
–Tenemos otros asuntos que tratar –intenta defenderse.
–Pues mira, ya lo soluciono yo misma, arreglamos la situación de las mujeres en el pueblo al otro lado del Bosque del Tiempo y así las tengo de mi lado, asunto arreglado.
Ezra se aguanta un bufido. –Querida, he ahí el gran obstáculo de tu noble cruzada, son ellas las que no quieren que cambien las cosas e, incluso si quisieran cambiarlas, ellas son minoría en su población por lo que tenerlas de tu lado tampoco serían un gran añadido a tu favor.
La vikinga se muestra espantada ante las palabras del rey. –¿Cómo que ellas son las que no quieren que una costumbre que las perjudica sea abolida? ¡Menuda locura!
–Tal vez, solo tal vez, querida, comprenderías mejor la situación si dejaras de interrumpir y me permitieras presentarte toda la situación, ¿qué te parece esa idea? –le pregunta inclinándose levemente hacia ella, aguantándose la sonrisa burlona que tiraba levemente de sus labios porque sabía a la perfección que si se dejaba llevar mínimamente por ese sentimiento de victoria Hylla se negaría por completo a seguir platicando. La vikinga desvía la mirada, se acomoda en la mesa y asiente para que él le hable largo y tendido–. El dilema aquí, querida, es que la falta de un familiar masculino para una mujer antiguamente significaba que susodicha dama era... ¿cómo decirlo de manera amable?
–¿Prostituta?
Ezra suelta un suspiro pesado. –Sí, hace un par de décadas atrás, desde el reino de mis padres hacia atrás, una mujer sin pareja o familiar no tenía más opción que dedicarse al trabajo sexual para mantener de alguna forma su economía, la prohibición de estar solas estaba pensada para que algún familiar masculino, quien sea, se hiciera cargo de la mujer o para presionarla a ella a contraer matrimonio lo más pronto posible, también venía como un reglamento denigrante para la prostituta. Estaban obligadas a bordar una "p" roja en su vestimenta, una forma de humillarlas y empujarlas aún más a conseguir un marido que las sacara de la vergüenza. La obligación la abolí en cuanto estuve en el trono, no lograba su cometido así que empujar a una mujer solitaria a más humillación era innecesario, luego me topé con el problema de que esa mujeres necesitaban sus vestidos para el trabajo y quitar el bordado arruinaría sus ropajes, por los que accedí a entregarles gratuitamente mejores vestidos para que siguieran con su profesión.
–Porque un buen rey motiva la prostitución, di que sí.
–¿Prefieres que mueran de hambre, querida?
–Prefiero que les facilites encontrar trabajos incluso sin un hombre velando por ellas.
–No puedo obligar a los jefes a que contraten a todo el mundo, y, nuevamente, nos encontramos con el problema de que las propias mujeres no están abiertas a cambiar sus costumbres, por lo que incluso seguirían siendo mal vistas a pesar de tener un trabajo diferente a la prostitución por el simple hecho de estar solas, ha ocurrido que se han negado a trabajar con mujeres sin familiar o marido por un falso estigma. Por lo que, querida, este es el problema, las mujeres del otro lado del Bosque del Tiempo no viven solas para evitarse malas miradas y desagradables comentarios del resto de sus vecinos, una muchacha tan joven como lo es tu nueva dama de la cohorte hubiera atraído miradas de inmediato, malas y buenas, alguna buena samaritana la hubiera invitado e incluso insisto a la saciedad a convivir con ella para evitarse las molestias que supone ser una joven huérfana y soltera. Pero dices que ha estado viviendo sola todo este tiempo, también me has dicho que ella no había problema alguno hasta ahora... nada de esto cuadra dentro de las lógicas que se siguen llevando a cabo en el pueblo al otro lado del Bosque del Tiempo, querida, esa muchacha te ha mentido en algún momento.
Hylla aprieta los labios frustrada. –Tal vez las cosas están cambiando.
–No, las cosas no funcionan así en aquel pueblo, querida –niega rotundamente, haciendo que Hylla tuviera que esforzarse muchísimo para no darle un puñetazo en la cara en aquel momento–. Habla con tu dama de la cohorte, pide explicaciones lógicas, es tu obligación y derecho como reina.
La vikinga frunce el ceño. –¿Y qué pasará con ella después?
Él se hunde en hombros, fingiendo que el asunto no le importaba en lo absoluto. –Lo que tú decidas, querida, esa muchacha solo responde ante ti, ¿recuerdas? Y cuando hayas tomado una decisión, vuelve, tenemos que terminar con este tema de una buena vez.
≫ ──── ≪•◦ ◦•≫ ──── ≪
La nueva reina de Arendelle cada día añoraba más su sencilla y desbordada de gente sincera isla vikinga al otro lado de un extenso y helado mar. Las cosas en Berk sencillamente era mucho más fáciles, lidiabas con dragones algo caóticos, solucionabas algunas tontas reyertas y te metías en una pelea con hachas cuando hacía falta meterte en una pelea con hachas para luego tomarte unos buenos jarrones de hidromiel con quien te hubieras enfrentado. Durante tantos años temió terminar convirtiéndose en la jefa de Berk, había temido y huido tanto como pudo la idea de tomar el legado de su padre, había intentado volar lo más lejos posibles de aquel innegable futuro, había intentando extender lo máximo posible el tiempo libre que tuviera antes de encarar aquel final... y ahora añoraba aquel simple papel con toda su alma. Las cosas eran tan terriblemente diferentes en las tierras cristianas y su complicada política toca-narices. Tanto secretismo, tantas historias adornadas, tantos personajes doble caras, tantos datos sin contar, tantas sonrisas falsas y acciones egoístas y maliciosas, no había nada de eso en su isla natal y el hecho de que no había llegado a tener más que unos pocos meses para adaptarse la estaba dejando completamente perdida en toda aquella locura donde cada vez que creía que se estaba acostumbrado la realidad se detenía para darle una buena hostia en la cara.
Había accedido al estúpido mandato de su marido, no porque realmente creyera –como lo había insinuado él en su tono al hablar– que tenía que empezar a desconfiar en Jackie, sino porque quería demostrarle que estaba equivocado y que era irremediablemente idiota. Por eso está tan firme ahora que se encamina a la habitación que hace poco le habían indicado que era de Jackie luego de asegurarse de que ninguna de sus damas seguían en aquella sala arruinada por su noche de alcohol y confesiones. Se trata de un cuarto un tanto alejado de los pasillos destinados para la realeza, un tanto demasiado cerca de la escalera que llevaba directamente al piso donde todos los sirvientes se hospedaban como para que Hylla no hubiera notado la leve ofensa contra la que no tuvo que hacer nada, pues el resto de sus damas pidieron mudarse de habitaciones a unas más cercanas a la de Jackie.
Toca la puerta con cuidado un par de veces, deseando que su dama no siguiera lidiando con el dolor de cabeza provocado por la cantidad de alcohol cristiano y pagano que le dejo consumir el día anterior, escucha su voz alegre del otro lado de la puerta y suspira aliviada. Abre lentamente y poco la puerta, como temerosa de interrumpir con demasiada brusquedad en los aposentos de la muchacha originaria del otro lado del Bosque del Tiempo.
La encuentra descalza y con el corsé tirado en el suelo de su habitación, está levemente recostada en su desecha cama con un libro abierto reposando sobre su busto, como si lo acabara de bajar hacia aquella zona. Le sonríe de una manera encantadora, le sonríe de una forma que le recuerda a la falsa dulzura que Hunter le había mostrado hace tantísimos años cuando intentó robarle el libro de los dragones, a Hylla le aliviaba poder reconocer completa sinceridad en el gesto de Jackie, una sinceridad que realmente Hunter jamás tuvo en aquello tiempos.
Una voz dentro de su cabeza le señala que ella jamás ha sido buena en lo absoluto para distinguir cuándo alguien está jugando con ella. Normalmente recordatorios como esos sonaban con la voz de Aster, pero ahora aquella vocecilla era el tono serio de Ezra.
–Veo que ya estás de mejor humor –es lo primero que se le ocurre comentar en cuanto cierra la puerta tras de ella.
Jackie sonríe con algo de gracia. –Sí, tu ruidosa respiración ya no es un tormento del averno para mi cabeza.
–Mi respiración no es ruidosa –se defiende con falsa indignación.
Soltando leves risillas, la muchacha albina se sienta en la cama, cerrando su libro y dejándolo en su mesilla de noche. –No, por supuesto que no, y tus hombros no se mueven raro cuando hablas.
Hylla se lleva una mano al pecho mientras abre la boca. –Yo no muevo los hombros al hablar.
–Claro que no –asiente con una sonrisa burlona dibujada a la perfección en su paliducho rostro.
–Dioses, suenas como Aster ahora mismo.
La nueva dama de la cohorte entonces le da unos tonos picaros a su sonrisa mientras alza las cejas sugestivamente. –Oh, ¿te recuerdo a tu verdadero amor? Haces que me sonroje.
Hylla se permite reír ante la tonta e inofensiva broma de Jackie, ignorando el pinchazo que sintió en el corazón al escuchar, luego de tanto tiempo, a alguien referirse de esa manera a Aster.
Dioses de Asgard, llevaba bastante tiempo sin pensar en Aster como el hombre con el que estuvo tan segura de casarse. No tiene ni idea de en qué momento fue, pero poco a poco Aster se había convertido tan solo en un amigo más que extrañaba, una razón para odiar a Ezra... ¿cuándo había dejado de ser el amor de su vida?
Sin que la vikinga se lo esperase, Jackie continúa con sus bromas. –Me han dicho que si solo fuera por mi cabello y mis ojos me parecería mucho al rey, ahora tú me dices que te recuerdo al vikingo que quieres, ¿debería creer que ese es el motivo por el que me convertiste en tu dama y ahora estás en mi alcoba?
La reina alza las manos, insistiéndose a sí misma de que tiene que dejar de pensar en todo eso en ese preciso momento. –Bueno, parece que ya salió la verdad a la luz.
Las dos comparten varias carcajadas en ese momento, de una forma tan sencilla y maravillosa que por un momento Hylla se permite imaginar que sigue en su isla.
–Ya en serio, su molesta majestad me ha insistido para preguntarte algo.
Jackie dibuja una mueca burlona en su rostro. –¿Yo puedo negarme responder ante el rey pero tú no?
Hylla camina hasta la cama de Jackie. –Sí, es lo que tiene ser una mujer casada en tierras cristianas. Sin ofender –añade rápidamente luego de recordar de forma abrupta que Jackie era natal de aquel reino y no de Berk.
Le quita importancia hundiéndose de hombros. –Bueno, ¿qué quieres saber?
–Según Ezra, es imposible vivir en tu pueblo siendo una mujer sin un acompañante varón –le dice yendo directo al grano–, ¿qué tan cierto es eso?
Se remueve un poco cuando ve la mueca que se le forma en el rostro de su dama de la cohorte y se hace un poco al lado cuando Jackie se acerca a ella. La muchacha toma un poco de aire antes de contestar con toda la sinceridad posible.
–No tengo familia alguna desde hace unos años, eso ya te lo había comentado. Mi madre murió al parir a mi hermano menor –suspira pesadamente, negándose a mirar a la reina–, él falleció hace tan solo unos años...
Luego de pensárselo unos segundos, Hylla decide que no haría daño alguno ponerle una mano en el hombro como muestra de apoyo incondicional, Jackie no voltea a verla, pero Hylla puede notar a la perfección la leve sonrisa que se le forma en el rostro.
–Luego está mi padre –continúa con dificultad–, realmente no estoy segura del todo quién es, jamás se preocupó por mí o mi hermano, ni siquiera sé si somos vástagos del mismo varón... un hombre viudo que no llegó a tener más que hijos bastardos, obsesionado con las mujeres de la noche. Ni siquiera me ayudó a pagarle una buena tumba a mi hermano –aquello último lo confiesa con una voz que vacila por unos segundos, una voz que amenaza con romperse en llantos, pero Jackie parpadea, se da unas palmadas en las piernas y sigue como si nada–, me ayudaron las mismas personas que me habían mantenido a salvo hasta ese momento.
Hylla entendió la mirada que le lanzó Jackie como una invitación a preguntarle directamente.
–¿Y quiénes fueron esas personas?
–Amigas de mi madre, prostitutas –responde con fingida gracia–. ¿Sabes cuando la gente se insultan y se dicen "hijos de puta"? Conmigo es literal.
Hylla no puede evitar suspirar pesadamente. –Dioses, Jackie... realmente siento mucho hacerte hablar de todo esto, no te lo hubiera pedido si...
–¿Por qué querías saber de mi familia, Hylla? –la interrumpe fingiendo que no pasa absolutamente nada, fingiendo que nada de aquella conversación la había dejado al borde de romperse a sollozar como una niña pequeña–, dijiste que Ezra quería saber quién me había estado cuidado hasta ahora, pero tú también quieres saber algo, ¿no es así?
Hylla, luego de unos segundos, termina rindiéndose ante la insistente mirada de su dama de la cohorte.
–Pensaba que si encontraba algo de tu familia podría encontrar a antiguos amigos de ellos, avanzar desde allí para que tu pueblo no solo me vea como una mujer loca y bárbarica.
Jackie se ríe para sorpresa de Hylla. –Pero eres una mujer loca y bárbarica.
–Ya, pero al menos tú ves eso como algo positivo... o eso creo. La cosa es que ya te habrás enterado que su majestad el rey –vuelve a referirse a él con la misma sorna que antes– insiste con que tenemos que solucionar la manía que seguramente tu pueblo ya me ha pillado, ya sabes, pero evitarnos un odio desmesurado y eso.
Su dama de la cohorte tan solo asiente comprensiva. –Bueno, no lograrás nada partiendo desde las compañeras de trabajo de mi madre –le dice con simpleza, levantándose de momento a otro de su propia cama–, deberías apuntar desde otra perspectiva, su majestad.
Parece que está a punto de irse, Hylla no entendía del todo por qué si aquella era su habitación, por lo que también se levanta para detenerla de la forma más sutil posible.
–Jackie –la llama con toda la delicadeza del mundo–, todo esto... yo ¿te incomodaría que se lo contara a Ezra? Llegar de regreso a él sin respuesta no parecerá otra cosa sino sospechoso.
Los ojos azules de aquella sencilla muchacha del otro lado del Bosque del Tiempo en aquel momento le parecen tan abrumadas por todo el daño de una infancia cruel como los ojos azules de su marido, eso la espanta por unos segundos y hace que ese recordatorio de que no es buena para reconocer la honestidad en las personas se repita rápida, pero constantemente, en su cabeza por a penas unos segundos.
–Preferiría que esto quedé entre nosotras y el rey solamente, que nadie más lo sepa... no será bueno ni para ti ni para mí que se sepa que una dama de vuestra cohorte de crio entre mujeres de la noche. ¿Os pido demasiado?
–En lo absoluto, Jackie, en lo absoluto... nos veremos en unas horas, o al menos eso espero.
La joven albina le dedica una sonrisa, pero parece mucho más cansada que todas las anteriores. –Nos veremos en unas horas, Hylla.
≫ ──── ≪•◦ ◦•≫ ──── ≪
Ezra suspira pesadamente mientras se deja caer abruptamente hacia el respaldar de aquella tina de retoques dorados. Su cabello blanco estaba completamente humedecido y malamente acomodado hacia atrás, algunos mechones perdían el orden y caían sobre su rostro, perdiéndose en la palidez de su pecoso rostro. Tenía los párpados fuertemente apretados mientras que uno de sus brazos se movía perezosamente para que su mano apretujara el puente de su nariz mientras que el otro brazo seguía recostado en los bordes de la tina. El agua se desparramaba del contenedor, la espuma le llegaba hasta clavícula, había un charco formado hasta casi llegar a la puerta de la estancia.
Manda narices que este sea el lugar más privado que tuvieran ahora mismo.
Al menos las burbujas y la espuma cubrían la desnudez del rey.
–La hija de una prostituta –masculla el rey–, por supuesto, te dejo sola unas horas y tú vas y pillas a la hija de una prostituta como tu dama de la cohorte.
–No sería la hija de una prostituta si tú hicieras algo por darles un trabajo más digno a esas mujeres –comenta como quien no quiere la cosa, desviando la mirada.
Lo escucha suspirar pesadamente, tomará eso como una victoria.
–Tal vez –oye la voz de su marido mostrándose como un leve suspiro–, solo tal vez...
–¿Qué?
Le sorprende a sí misma no sentir aquel típico escalofrío incomodo cuando los ojos firmes y penetrantes de Ezra se ciernen sobre ella. Se ha acomodado mejor en la tina, ha colocado un de sus manos sobre su boca y no deja de mirarla fijamente.
–Dices que su propio la ha rechazado, que se trata de un viudo... aquello se sabrá en el pueblo –hay algo de emoción que sube y sube en el tono de voz de Ezra–. Si logramos... no, si tú logras que un padre desinteresado por su bastarda se ponga de tu lado, si logras que él le importe al menso evitar que su hija sea violada y señale como acertada tu acción.
–Tendré el apoyo de un supuesto hombre decente.
Hylla pega un respingo cuando Ezra se levanta de golpe. –¡Exacto! –exclama el rey mientras ella se gira–, perdona –llega a mascullar muy por debajo.
Lo escucha salir por completo y por el reflejo del charco de agua lo ve tomando una toalla.
–Hemos de encontrar a ese hombre y hacer que hable bien de ti por las buenas, por las malas o por las monedas –le dice con una sonrisa algo juguetona tirando de sus labios.
–Espero que no pienses hacerlo desnudo –dice, intentando no mostrar su sonrisa burlona, alzando el rostro hasta el techo para no ver nada de su cuerpo.
–Vaya, hace nada estabas interesadísima por la forma de mi polla, ¿qué te ha quitado la curiosidad?
–El hecho de que te la cortaré y te la meteré por la boca como sigas haciendo el gilipollas –masculla mientras sigue mirando el techo.
–Adelante, saca toda tu violencia, tendrás que eliminarla toda antes de ir a hablar con el padre de tu dama –es lo único que le responde entre risillas antes de proponerle lo siguiente–. Dado a que no me quieres desnudo, querida, ¿no deberías de salir para que pueda cambiarme a dignos ropajes?
–Es bueno que ya empieces a hablar como alguien que tiene cerebro. ¿Cuándo iremos al pueblo?
–Mañana antes del alba, tenemos que asegurarnos de obtener el respaldo de ese hombre primero que nada, que se nos vea en el pueblo sin haber podido hablar con él antes será todo un problema, querida, y estoy seguro que te quieres ahorrar nuevos problemas, después de todo, pronto tendrás que comenzar los preparativos para tus bailes.
Hylla, sin pensarlo, lleva su mirada a él. –¿Qué bailes?
–Los que necesitarás para conocer posibles futuras damas de la cohorte.
–Ah, esos bailes –masculla, para luego resoplar aburrida y con falso cansancio–. ¿No puedes hacer eso tú?
Él se carcajea con ganas, cosa que la enoja. –Si me lo dejas a mí, prohibiré cualquier tipo de alcohol, además de...
–Dioses, eres tan aburrido –le interrumpe de inmediato, aceptando su derrota con tan solo ese argumento–, lo haré yo, lo haré yo –asiente mientras va saliendo de la estancia sin volver a voltear en su dirección.
