Casa de Piscis

Las pruebas de vestuario iniciaron temprano. Al ser cinco integrantes, Afrodita necesitaba iniciar con la confección de cada prenda lo más pronto posible puesto que eran cinco para cada uno de los bailarines, lo cual era una tarea compleja, pero, Afrodita lo hacía con gusto. El vestuario era una clave fundamental para que el regreso de Arianna y Danna fuera sublime. Además, esos chicos tenían unos rasgos muy finos, fácilmente competían con cualquier modelo de alta costura.

Gracias al cielo, Shura llegó temprano así que de inmediato lo puso a trabajar. Osea, él lo apoyaba si quería ligarse a Aria, pero tampoco lo iba a dejar andar a sus anchas.

-Debes ir anotando cada medida que te diga. Debo utilizarlas en todos los trajes. - ordenó el dorado de piscis mientras le entregaba un libro de notas.

El español lo tomó y de inmediato se dispuso a anotar todo lo que su compañero de armas le indicaba. Gracias al cielo, él siempre fue hábil en la escritura porque el sueco hablaba muy rápido. Iniciaron tomando las medidas de Josh, luego continuaron con Savanna y Silvanna y, finalmente con Taylor y Aria. En ese asunto, duraron cerca de dos horas y media, ya que Afrodita también procedió a realizar pruebas de colores y telas.

El grupo se notaba visiblemente aburrido, incluso Shura lo estaba, pero colaboraban con la mejor disposición que podían en miras a lograr un resultado perfecto. El dorado de capricornio de vez en cuando miraba de reojo a Aria. Luego de que se besaron, la chica volvió al templo de Piscis sin decirle una sola palabra. Este hecho no le molestaba, en realidad era todo lo contrario, le gustaba porque significaba que, en efecto, Aria continuaba teniendo sentimientos por su persona.

-Entonces, para recapitular…- informó Afrodita. - Josh, los trajes en tono verde oscuro, negro y azul serán para tí; Savanna tendrá los colores rosa, morado y blanco; Silvanna tendrá los rojos, celestes y blancos; Tayler compartirá el rojo, rosa y negro, y Aria, compartirá el verde, blanco y morado. Esos serán los colores base. Asegúrate de anotarlo todo, Shura. - pidió el sueco.

Shura rodó los ojos. Ya lo había anotado todo desde que habló.

-¿Ya podemos irnos? - pidió Savanna apresurada.

-Tenemos planes. - secundó Silvanna.

Durante la noche, las gemelas habían acordado tener una cita entre ellas con el fin de animar a la primera, por lo que almorzarían y luego irían de compras.

-¿Planes? - preguntó Aria. - Lo que sea que vayan a hacer no bajen al pueblo. - prohibió, la chica de cabellos azules.

-Yo no pienso salir. - respondió de inmediato Savanna. - Tengo planes distintos. Lo siento Silvanna, tendremos una cita en otra ocasión. - respondió sin más la chica de ojos verdes para indignación de su gemela.

-¡Eh! ¡Eres una traidora! - se quejó Silvanna.

-Rodorio en un lugar agradable. - comentó Afrodita extrañado por la repentina prohibición de la mujer bailarina. Un poco fuera de lugar, a su criterio.

- Ellas son extranjeras, preferimos que no se expongan. - respondió Taylor tratando de sonar conciliador. - Aunque no parezca, Aria y yo compartimos su custodia por lo que somos responsables por ellas.

-Oh…Ya veo. Son sus tutores legales. - razonó el sueco.

-Y es por eso que ninguna saldrá de aquí. Menos solas. - respondió la griega mirando inquisidoramente a Silvanna.

-¡No es justo! - volvió a quejarse la morena de ojos azules.

-Bien, nosotros terminamos aquí. - finalizó Afrodita.

Al final, cada quien se fue por su lado. Aria, caminó lo más rápido que pudo con tal de evitar que Shura se le acercara. Logró perderlo arrastrando a Taylor al salón de ensayos. El joven asiático le devolvió la mirada como si estuviera loca una vez que llegaron.

-Oye, ¿qué te pasa? Desde ayer andas extraña. - preguntó el joven.

Aria empezó a caminar de un lado a otro mientras se mordía la uña de su dedo.

-Nos besamos. - confesó. Tayler la miró sin comprender. - ¡Con Shura!

-¡Ah!...¡Te besaste con Shura! - habló Tayler con fuerza. Aria por un momento deseó matarlo.

-¡Shhh! Van a escucharte. - habló la chica con pánico.

-Aria, ¿qué no te das cuenta? Ellos realmente pueden ayudarnos. Tú misma sabes que están detrás de Kostas y su banda. - suplicó Tayler tratando de hacer entrar en razón a su casi hermana.

Habían estado varios meses ahogados por las amenazas de ese desgraciado, al punto en que, hace alrededor de un año, asesinó al padre de Aria y secuestró a su madre hacía un mes. La familia de Aria se había ido de Grecia con la esperanza de huir de la banda de narcotraficantes liderada, en su momento, por Klaus Manoplas, el padre de Kostas, sin embargo, el desgraciado logró encontrarlos en Estados Unidos.

-Ya lo sé, pero, tú sabes que puede matar a mamá si descubre que les ayudamos. - respondió la peliazul con preocupación.

-Es peor no intentarlo. - Tayler tomó las manos de Aria y le dirigió una mirada seria. - Kostas es un bastardo. Por más que nos esforcemos, él no cumplirá su palabra. Aria, hay más probabilidades de salvar a la señora con ellos. - dijo refiriéndose a los dorados.

El sonido del teléfono interrumpió el momento fraterno. Aria miró con pánico cómo en la pantalla se observaba el número que Kostas usaba para llamarla. La chica se sentía dividida. Realmente sentía muchísima preocupación por su madre, pero Tayler tenía razón, y si no se apresuraba, era cuestión de tiempo para que también persiguiera a los chicos.

Respiró hondo, y procedió a contestar el teléfono.

-H-Hola. - contestó la chica con nerviosismo.

-¡Aria mi amor! Has estado algo calladita últimamente. - habló Kostas al otro lado de la línea.

-N-No ha habido nada relevante que reportar. - respondió la chica.

-Mmm…sabes, no suenas muy convencida. Es decir, me dijiste que tuvieron una misión, pero no me dijiste dónde o de qué. También me informaste sobre el puerto, sin embargo, mis hombres no han encontrado nada. Empiezo a creer que me estás mintiendo.

-¡Por supuesto que no! - respondió alterada.

-Aria, arribaré en dos semanas. Más te vale tenerme más información la próxima semana acerca de esos Santos Dorados. ¿Acaso quieres que te envíe a tu madre por el correo? - amenazó Kostas.

Aria colgó el teléfono sintiendo las lágrimas abandonar sus ojos. Dos semanas. Ese sería todo el plazo que tendría. Abrazó a Tayler con fuerza buscando consuelo. El chico devolvió el abrazo. Estaba cansado. Cansado de Kostas y el acoso que le infringía a su familia desde hace tantos años, era momento de detenerlo y, él estaba decidido a hacerlo, con o sin el consentimiento de Aria. Le daría tiempo a su hermana hasta el fin de semana, si no hablaba con Shura, él mismo lo haría.

. . .

Templo de Escorpio.

Milo había tenido entrenamiento toda la mañana. Esta vez, para su fastidio, le había correspondido instruir a los mocosos de bronce. No eran jóvenes débiles, pero les faltaba disciplina para entrenar. Estuvo tan inmerso en su labor que había olvidado por completo su teléfono, por lo que hasta ese momento notó la cantidad exorbitante de llamadas y mensajes por parte de Natasha, quién no había dejado de acosarlo desde hace una hora.

El griego bufó en señal de fastidio. Había estado evitando a la rubia a propósito ya que, el pensamiento constante de la chica de cabellos rizados lo tenía totalmente en las nubes. Se acostaba y despertaba pensando en ella, en su olor a frutas y su sonrisa juguetona; pasaba el día entero esperando toparse e intercambiar palabras sencillas…No le interesaba ser un descarado coqueto, simplemente quería estar al lado de Silvanna.

Milo leyó de reojo los mensajes, unos más hirientes que otros, pero le importaba poco. Natasha era esa clase de mujer y él lo sabía. Apagó su teléfono y lo lanzó contra el sillón, yendo directamente a su habitación a vestirse. En cuanto llegó de los entrenamientos optó por darse una ducha para relajar los músculos. Sin embargo, justo cuando iba a entrar, el sonido de lo que parecían tacones llamó de inmediato su atención. No se trataba de una intrusa, pero definitivamente no era una invitada.

-¡Milo! - la voz enfadada de Natasha resonó en el templo de Escorpio. - ¿Dónde estás?

-¿Natasha? ¿Qué rayos haces aquí? - preguntó molesto el dorado.

-Vine a que me dieras la cara. Ignoras mis mensajes y llamadas…¡Y me dejaste plantada! - se quejó la exuberante rubia.

-Natasha…por amor a… - Milo suspiró con frustración.

-¿Qué? - inquirió la rubia acercándose a Milo. - Tengo todo el derecho de venir aquí a pedir una explicación. ¡Estás ignorándome y la última vez que te vi, estabas con esa chiquilla! - alegó.

-¿Derecho? ¿De qué derecho hablas? Natasha, tú y yo no somos pareja ni mucho menos. Esto fue casual, ¿recuerdas?. No tienes derecho a absolutamente nada. - respondió el dorado molesto.

La rubia tragó grueso. No comprendía qué sucedía con Milo estos últimos días. Si bien comprendía que la relación con el chico no era de noviazgo, ella tenía la esperanza de conquistarlo con su belleza y su amplia experiencia en la cama. Sin embargo, ahora el griego se comportaba totalmente distante y ella no estaba dispuesta a perderlo.

-Milo…- habló esta vez con voz dulce. - Vamos, cariño, la hemos pasado muy bien estos meses juntos. Es que acaso, ¿ya dejaste de desearme? - provocó mientras se desabrochaba el escote de su blusa.

Milo la observó y rodó los ojos. El desplante tomó a Natasha por sorpresa.

-No se trata de eso. Y créeme, definitivamente el problema no eres tú. Eres hermosa, sexi y puedes tener al hombre que quieras, pero yo, ahora, quiero otra cosa en mi vida. - confesó mirándola con sinceridad.

-¿Otra cosa? - preguntó la rubia sin comprender. - ¿A qué te refieres?

-A que debo madurar. Dejar de actuar como el idiota de siempre que anda con cuanta mujer se le atraviese.

-Puedes andar conmigo. Si lo que quieres es ser mi exclusivo, yo estoy dispuesta Milo. - sugirió Natasha acercándose al chico y tocando su torso desnudo.

-Lo que quiero como persona, te excluye Natasha. - dijo sin tacto el de escorpio. - Sé que estoy siendo una mierda de persona, pero créeme que esto es lo mejor para ambos. No quiero seguir acostándome contigo y es mejor que lo sepas. No te haré perder más el tiempo. Eres una mujer que puede conseguir lo que quiera, así que ve y búscalo. ¡Crece como mujer!

La rubia observaba perpleja a Milo. Simplemente no podía creer lo que escuchaba. Milo, el famoso Milo, conocido por ser un amante sin igual, ¿se atrevía a dejarla? Ella había esperado muchísimo tiempo por conocerlo y tener la oportunidad de llevarlo a la cama. Cuando lo logró, no pudo evitar caer rendida por él; le alegraba en demasía sabe que fue la mujer con quien más tiempo estuvo, de ahí sus esperanzas de conquistar su corazón.

-Tú no puedes decidir por mí. – reprochó de inmediato la mujer.

-Pero puedo decidir por mí. Y ahora lo que quiero es dejar de salir y acostarme contigo. - contestó tajante el griego. Empezaba a cansarse de esa actitud posesiva de la rubia.

-Milo, tú y yo somos el uno para el otro. Nadie te dará el placer que te he dado. - rogó la chica mientras intentaba besarlo sin éxito.

Milo estaba tan concentrado en quitarse a la mujer de encima que no notó una voz que llamó varias veces solicitando permiso para entrar al templo. Cuando reparó en la presencia, el de escorpio se sintió palidecer. Frente a la entrada principal, se encontraba Silvanna mirando la escena perpleja. La morena estaba estática en su sitio sosteniendo la caja de jugo de naranja que había prometido el día anterior.

El cuadro no era el más alentador. Milo desnudo, únicamente tapándose con su toalla y la rubia sobre él intentando tocarlo y besarlo.

"-¡Cosas de adultos!" - se dijo a sí misma Silvanna sonrojada.

-¡L-Lamento interrumpir! Yo…solo venía a dejar esto. - se excusó dejando el jugo en el suelo y retirándose de inmediato.

Estaba sumamente avergonzada. Ella solo quería devolver el favor al caballero, pero ahora quedaría como una entrometida. Qué situación tan bochornosa en la que se vio envuelta…

Cuando se recompuso de la sorpresa, Milo sonrió con calidez mirando el jugo. Su corazón latía con fuerza y sentía mucha calidez en su pecho. Aún le sorprendía toda la gama de sensaciones que Silvanna causaba en él con actos tan simples como ese. Soltó a Natasha y de inmediato procedió a recoger el jugo para guardarlo en la cocina. La rubia, quien al principio no comprendió muy bien ésta escueta interacción, no tardó mucho en maquinar en su cabeza lo que, supuestamente sucedía.

De la nada empezó a reírse escandalosamente para extrañeza de Milo.

-¡Ay ya entiendo! - habló una vez que se calmó. - Esa chiquilla está intentando conquistarte. - afirmó. - Oh, Milo, querido, habérmelo dicho antes. Si una de tus fantasías era tener sexo con esa jovencita pudiste perdirlo con confianza. ¿Cuántos años le llevas? ¿Cinco? ¿Cuatro?

Milo sintió la rabia crecer de inmediato en su interior. Una cosa era la visión que Natasha tuviera de él, porque todos los términos despectivos que pudiera usar en su contra se los ganó por mérito propio, desgraciadamente, pero otra muy diferente era que insultara a Silvanna; eso no estaba dispuesto a tolerarlo.

-¡Escúchame bien! - habló el dorado tomando a Natasha del brazo con brusquedad. - ¡Quéjate de mí todo lo que quieras, pero no te atrevas a insultarla nunca más! Ella no es como tú o como yo, es muchísimo mejor. ¡Ahora largo de aquí!

Acto seguido la echó de su templo y pidió a unos de los guardias que pasaba por ahí, que la acompañara hasta la salida del santuario.

. . .

Luego del bochornoso momento Silvanna se dedicó a buscar a su hermana. Aún estaba dolida por lo traicionera que fue al dejarla plantada con su cita de hermanas. Sin importar que la líder Aria les prohibiera bajar a Rodorio, el hecho fue que a su hermana no le importó dejar su cita de lado y, aunque le doliera admitirlo, Savanna había comenzado a actuar un poco extraña.

-¡Y ni siquiera me dijo por qué! - se quejó para sí misma la morena de ojos celestes.

Buscó en el coliseo y no la encontró, pasó por varios templos más sin éxito. Gracias al cielo, ella era una chica muy inteligente y recordó la actitud que ésta tuvo con el caballero dorado de Tauro. ¡Eso era! Ahí debía de estar. Corrió la más rápido que pudo hasta el segundo templo y, una vez que llegó se acercó cuidadosamente. Le costó un poco ubicarla al principio, pero luego vio a Savanna sentada en una banca mientras escuchaba hablar al enorme hombre sobre la cultura brasileña.

-¿Desde cuándo le interesa eso? - se preguntó a sí misma sin poder creerlo.

-Sin temor a equivocarme, diría que a tu hermana le gusta Aldebarán.

La voz intrusa provocó que Silvanna levantara la cabeza asustada. Una cabellera morada la recibió desde arriba, seguida de una sonrisa juguetona.

La murena suspiró con alivio, al menos no fue el idiota de Josh o Taylor.

-Casi me matas del susto. – se quejó la chica mientras colocaba una de sus manos en el pecho tratando de normalizar su agitada respiración.

-Lo siento, lo siento. – respondió Milo riendo por lo bajo. – Gracias por el jugo.

-De nada. Por cierto, tu novia salió de aquí furiosa. – informó con inocencia la chica.

Milo suspiró. Realmente lo que pasó fue sumamente desagradable y le avergonzaba que la chica lo hubiese presenciado.

-Silvanna…Lamento muchísimo lo que viste. Yo…- trató de excusarse.

-En realidad no me importa lo que pasó. Ese es tú problema, no mío. – respondió de la manera más fría posible. Ciertamente, a Milo de dolió un poco su respuesta. – Pero dime, ¿realmente es tu novia? – preguntó interesada.

-N-No, no lo es. E-En realidad nunca lo fuimos. Era algo casual. – respondió nervioso. ¡Esperen! ¿Nervioso? ¿Él? Por Athena, de verdad que estaba perdiendo el juicio por esa joven.

-Mmm…ya veo. Entonces tenían "esa" otra clase de relación. – afirmó la morena sonriendo con picardía. Tanto ella como Savanna habían sido instruidas por Aria en todo lo relacionado al tema de la sexualidad, no es que ella fuera tonta ni mucho menos, simplemente las relaciones y todo eso no estaban en su lista de prioridades actuales; no como Savanna quién por lo visto, sí empezaba a aplicar dichos conocimientos. Aún así, en realidad lo que Silvanna buscaba con la afirmación que hizo era molestar al caballero. No pasó por alto el hecho de que el dorado de escorpio se ponía nervioso cuando ella estaba, lo cual le generaba diversión. – Bromeo. – respondió cuando el rosto de Milo empezaba a tornarse carmín. – En fin…Entonces, Milo, si no tienes novia, ¿puedo invitarte a una cita?

La mirada azul era profunda. Tanto que se quedó sin aliento y su cerebro casi se fundió al procesar la solicitud.

-¿Por qué quieres una cita? – preguntó Milo sin comprender. Con todo el conflicto existencial que estaba teniendo los últimos días, se consideraba a sí mismo indigno de salir con la joven.

-Originalmente saldría con mi hermana, pero como puedes ver, ella tiene otro interés. – respondió señalando a la pareja sentada en la banqueta.

-Así que me quieres de reemplazo. – comentó el griego con una pizca de decepción.

-Sino quieres está bien. Buscaré a otra…

-¡Lo hare, mocosa! – interrumpió Milo algo sofocado. – Solo quiero que sepas algo…Yo, no he sido un buen hombre, así que no te sorprendas si escucha cosas desagradables sobre mí. – Con total honestidad Milo prefería ser quién le dijera directamente la verdad a Silvanna a que ésta se enterara por terceros de sus "gracias":

La morena lo examinó durante unos segundos. Ese caballero dorado era particular. Era honesto con ella, pero a la vez no lo era. Era amable, pero a la vez, rehuía. Se acercaba a ella, y a la vez se mantenía lejos. No comprendía muy bien su actuar, pero a pesar de todo, le agradaba. Tenía algo que hacia a su espíritu feliz.

-No es correcto ser mala persona…- tomó la palabra haciendo que Milo le dirigiera su atención. – Pero creo que quieres cambiar, lo veo en tu mirada. Yo te apoyaré y te daré muchos jugos a cambio si prometes esforzarte muchísimo, Milo. – finalizó mirándolo con dulzura y levantando su dedo meñique.

Milo sintió todo su cuerpo temblar. Las sensaciones que experimentaba…No tenía palabras para describirlas.

-Te lo juro. – respondió mientras tomaba el meñique de Silvanna con el propio.

Una promesa inocente era tan solo el principio de su redención.