Casa de Aries

-¿Adelantar las grabaciones? - preguntó Arianna incrédula.

-Así es. - respondió Aria sentada al otro extremo del sillón. A su lado, Taylor permanecía en silencio.

Hacía dos días que Aria había recibido la llamada de Kostas y, ambos habían conversado acerca de la situación crítica en la que se encontraban. Su hermana le había prometido hablar con los caballeros dorados sobre el asunto, pero a la fecha nada. Y ahora estaba ahí, adelantando las grabaciones ya que Kostas llegaría a Rodorio en 2 semanas. El joven estaba molesto; sentía que Aria no lo escuchó y mucho menos tomó en cuenta su opinión, pero la peli azul le había prometido hablar una vez que terminaran las grabaciones para no quedar mal ante clientas tan importantes.

-¿No es un poco apresurado? - preguntó Danna con igual preocupación. En su regazo, la pequeña Mikeyla y el pequeño Damián jugaban con unos bloques de colores. De vez en cuando, los niños armonizaban el ambiente con sus risas infantiles, a lo que ambas madres solo sonrían con dulzura.

-Sé que puede parecer apresurado, pero mis chicos están totalmente listos, con las coreografías perfeccionadas. - respondió la peliazul con firmeza.

Arianna y Danna se miraron significativamente. Era una petición extraña y un tanto sospechosa, sin embargo, no era una solicitud descabellada por lo que al final, ambas terminaron por aceptar. En el último año las cosas en el Santuario habían estado relativamente bien, sin enemigos y sus retoños han crecido seguros y saludables. Eso fue un plus en su decisión.

-Solo tengo una condición. - intervino el demonio para ponerlos a prueba. - Ya que están listos y parecen un grupo muy preparado, haremos la grabación de cada uno de los videos de manera ininterrumpida; por lo que deben ser lo más profesionales posibles.

Taylor palideció. ¿Grabar sin pausas? Eso era complicado, requería muchísimo nivel y coordinación ya que no se daba cabida a errores o cortes.

-Aceptamos. - respondió Aria de inmediato.

Arianna sonrió complacida. Por lo visto esa mujer era de armas tomar, eso le gustaba.

Cuando salieron de la casa de aries y se alejaron lo suficiente Taylor tomó a Aria del brazo y la arrastró hasta un lugar más privado. Una vez ahí, le reclamó molesto:

-¡Lo que hiciste fue una completa estupidez! Tomaste una decisión sin mí y sin la opinión de los chicos.

-Esto es lo mejor. - respondió la bailarina. Ya se había visto venir una reacción así de parte de Taylor, por lo que tenía que ser firme.

-¿Sabes qué era lo mejor? Ir, decirles a los caballeros que tienen secuestrada a nuestra madre, que ellos se hagan cargo de patearles el culo a Kostas y su gente, y que nosotros pudiésemos trabajar con tranquilidad. ¡Eso era lo mejor! No esta tontería. - continuó el joven.

-¡Van a quitarnos esta oportunidad si se enteran ahora! ¡Nos despedirán Taylor y sabes que este trabajo nos permitirá abrir la academia! Es nuestro sueño. - alegó la chica en su defensa.

-Pues tu parte la estás luchando muy mal. ¡Pésimo! Ésta no eres tú, Aria. - finalizó decepcionado.

-Claro que no soy yo… antes no era responsable legal de dos menores de edad y un chico inmigrante, ¿recuerdas? Estoy tratando de hacer lo mejor para todos. Tuve que irme de mi ciudad porque a papá se le ocurrió la brillante idea de apostarme con un narcotraficante y cuando pensé que nos libramos de él, ¡sorpresa!, nos encontró, asesinó a papá, secuestró a mamá, te golpearon y ahora hay tres chicos en riesgo. ¡Eso es mucha carga! - Las lágrimas aparecieron en el rostro femenino. Aria estaba llena de frustración. Estaba contra la espada y la pared, sentía que se ahogaba en un pozo sin salida y que poco a poco empezaba a asfixiarse. Shura… Él prometió ayudarla, pero conocía bien al caballero; sus pétreos principios le iban a nublar el juicio y no la comprendería.

-Yo también soy responsable por ellos. Esta carga es compartida… - dijo Taylor recostándose contra la pared. - Y por eso, te juro, Aria, que ante la más mínima cosa: amenaza, llamada de Kostas o peligro inminente, mandaré todo al demonio y hablaré. Poco me importa si te enojas. Prefiero que estés viva, que nuestra madre no pase ni un segundo más con ese desgraciado y que los chicos estén a salvo, prefiero eso antes que la estúpida academia.

Acto seguido, Taylor se retiró bufando y dejando a Aria con la palabra en la boca. La chica respiró hondo y se limpió las lágrimas.

Templo de Piscis

Taylor entró al templo de piscis lleno de ira. Golpeó un pilar un par de veces tratando de aplacar la furia que sentía y las ganas inmensas de ahorcar al desgraciado de Kostas. Tan ensimismado estaba en su lucha interna que no notó al aguamarina acercarse hasta que éste lo tomó por el hombro.

-Lo que sea que esté sucediendo, estoy seguro que no lo solucionarás de esta manera. – habló Afrodita preocupado. Las manos de Taylor habían empezado a sangrar levemente por los golpes. – Ven, vamos a curar tus manos. – le dijo mientras ingresaban a la cocina.

Una vez ahí, Afrodita sacó algodón, alcohol y vendas.

-Lo siento mucho, Afrodita, no era mi intención. – se disculpó de inmediato Taylor. Estaba avergonzado por su comportamiento.

-Está bien. Créeme que he visto reacciones de reacciones. – confortó el sueco limpiando cuidadosamente las heridas. Recordó cuando Camus y Arianna pensaron que habían perdido a sus seres amados. Fue desgarrador ver el sufrimiento en sus ojos.

-¿No… Me preguntarás por qué estaba molesto?

-¿Quieres que pregunte? – devolvió Afrodita mirando al joven intensamente.

-No, creo que no. – respondió el joven de ojos rasgados.

-No lo haré entonces. Sin embargo, puedes contar con mi apoyo si se trata de un problema. – ofreció. Ya había terminado de limpiar ambas manos por completo, por lo que procedió a vendarlas.

Culminada la tarea, Taylor quedó sorprendido por la delicadeza y tacto del caballero dorado. Apenas si sintió un ligero ardor por el alcohol, pero incluso el dolor se le alivió. Sonrió conmovido. Se preguntaba si realmente sería un error revelar la verdad. Creía que, una persona tan amable y servicial como Afrodita sería incapaz de tratarlos mal o despreciarlos. Él ya había sentido el desprecio en carne propia después de todo, por lo que dudaba que Afrodita fuera esa clase de persona.

Desde muy temprana edad, los padres de Taylor se mudaron a Estados Unidos por razones laborales. Ambos estaban muy orgullosos de su primogénito ya que era muy inteligente y prometía ser un hombre de negocios exitoso. Cuando cumplió diez años, Taylor se enamoró del baile luego de asistir a un show de talentos en su escuela. Un grupo había hecho un acto espectacular que lo hizo sentir mariposas en el estómago y de inmediato corrió con sus padres a pedirles que lo inscribieran en una academia. Grande fue su decepción cuando sus se negaron, alegando que era una pérdida de tiempo y dinero, incluso amenazaron con volver a su tierra natal, Japón, a fin de que se centrara en "asuntos más importantes". Sin embargo, Taylor les dijo que aquello no sería necesario, que dejaría la idea del baile.

La promesa fue falsa. Cada noche, Taylor se escabullía por la ventana de su habitación hasta las zonas urbanas de la ciudad de Nueva York donde sabía era común encontrar a bailarines haciendo espectáculos improvisados. Ahí, aprendió a bailar. Mantuvo su secreto con éxito durante cinco años, pero luego, lo peor ocurrió. Taylor empezó a sentir atracción por un miembro de su grupo de baile; un chico para ser exacto. Era un joven amable, atento, pero sobre todo muy esforzado, cualidades que Taylor empezó a admirar hasta que poco a poco sus sentimientos se convirtieron en amor. Una noche, decidió confesarle a sus padres lo ocurrido. En primer lugar, porque sentía que sus habilidades como bailarín habían mejorado muchísimo, y creía fervientemente que si les mostraba a sus padres su talento cambiarían de opinión y lo apoyaría; en segundo lugar, porque los amaba y sentía que mantenerles secretos era atentar contra su confianza, algo que sin duda no quería perder.

Pero la valiente decisión le pasó mala factura. Para su padre, el enterarse de que su hijo era bailarín no le molestó tanto, después de todo se estaban volviendo popular y ganaban mucho dinero, pero que fuera homosexual, había sido una deshonra. Pensó que había faltado como padre y que gracias a su hijo sería la vergüenza para su familia, así que, después de darle una paliza – sin que su madre interviniera por él – lo echó a la calle con tan solo unas cuantas pertenencias. Así, Taylor pasó unas cuantas noches y días durmiendo en los callejones.

Afrodita notó que el joven parecía observar las vendas, sin embargo, tenía la mirada perdida e incluso empezó a llorar. Un poco cohibido, el dorado se acercó.

-O-Oye, lamento si lo hice muy fuerte, yo…- sus palabras fueron interrumpidas. Afrodita abrió los ojos como platos al sentir los brazos de Taylor rodearlo y abrazarlo con fuerza. Su rostro se puso rojo como tomate y sintió un intenso calor recorrer su cuerpo en instantes.

-¡Gracias, Afrodita! De verdad, no sabe lo que me reconfortan sus palabras. – confesó Taylor aún llorando y apretando aún más el abrazo.

Afrodita solo atinó a devolverlo, rodeando la espalda del bailarín con sus propios brazos y sintiendo la calidez del chico.

Coliseo del Santuario.

Por la tarde, Shion citó tanto a los dorados, como también al equipo de baile en la gradería del coliseo. Nadie tenía conocimiento sobre lo que se iba a discutir, por lo que la curiosidad era palpable en el aire. Desde su posición, Shura observaba a Aria con detenimiento. No habían vuelto a cruzar palabra desde el día que tomaron las medidas y, se notaba totalmente ajena a cualquier presencia, incluso la suya. Estaba desconcentrada.

-Muchachos… Quiero comunicarles que, estos jóvenes iniciarán las grabaciones la próxima semana. Deberemos poner a disposición para los escenarios el coliseo, el templo de virgo, la zona médica y la playa. La señorita Aria, me corrige si me equivoco, me indica que se espera que la filmación dure cuatro días ya que serán continuas. - la peliazul asintió. - Por lo que les pido su colaboración en lo que sea necesario.

Savanna y Silvanna se miraron sin comprender y Josh se les unió segundos después. Aria no les había comunicado nada.

-¿Líder? - inquirió Silvanna buscando respuestas. - Eso es muy poco tiempo…

-Están listos, Silvanna, no te preocupes. Además, no se puede obstaculizar las labores de los caballeros ni los de la doctora. - respondió la griega cortante.

La gemela de ojos azules adquirió un gesto de tristeza. Tomando en consideración las horas de maquillaje, peinado, preparación, grabación, traslados, etc, serían aproximadamente noventa horas de trabajo donde debían permanecer despiertos.

-¿No es exagerado? Son más de noventa horas de trabajo continuo. - intervino Shura preocupado por los extraños e impredecibles cambios de actitud de Aria. No se daría por vencido, descubriría lo que ocultaba.

-Dímelo a mí. Debo confeccionar cinco trajes en dos días. Eso es explotación. - se quejó Afrodita. Cuando Arianna y Danna se lo comunicaron, pegó el grito en el cielo, pero a esas alturas ya nada se podía hacer. Además, aunque le disgustara trabajar a contra tiempo, tenía la motivación al cien por cierto luego de lo sucedido en el templo con Taylor. Aún se sonrojaba solo con recordarlo.

-Ya, basta de quejas. - Shion llamó la atención antes de que se empezaran a descontrolar. - Arianna y Danna estuvieron de acuerdo, y en este momento ambas son clientas que están pagando mucho dinero al Santuario, por lo que colaborarán. Solo necesito a unos cuántos voluntarios para que ayuden con la comida y bebidas para los chicos. Afrodita estará a cargo de vestuario y maquillaje, así que ya tiene una función asignada. - continuó el peliverde.

-¡Yo me ofrezco! - intervino Milo rápidamente. - Y Aldebarán puede venir conmigo.

El brasileño se quedó mudo. Literalmente, solo estaba existiendo, no había dicho n una sola palabra, pero, el problema fue que Milo lo había visto platicar con la jovencita Savanna y desde entonces no había dejado de hostigarlo preguntándole si le gustaba. El dorado de Tauro admitía que la joven era muy agradable y su belleza no la ponía en duda, pero era menor de edad según entendió, siendo que él le llevaba alrededor de cinco años de diferencia. Es por ello que optó por ser prudente y manejar la situación con cuidado a efectos de evitar problemas. O eso intentó hasta que Milo se enteró.

-"No te preocupes grandote. – le dijo mientras le daba un golpe en el hombro. – Guardaré tu secreto, si te gusta te gusta, después de todo, yo estoy en las mismas. Quién sabe, podríamos terminar siendo familia."

Le había dicho su compañero. Al principio no lo entendió, pero luego, recordó haber sentido tanto el cosmos de Milo como la energía de otra persona, muy similar a la de la señorita Savanna por lo que intuyó se trataba de su hermana.

-E-Está bien. - contestó el dorado de tauro apenado.

-Muy bien. Los demás continuarán con sus labores habituales. Ya puede retirarse. - finalizó.

Cuando solo quedaba el grupo de bailarines, los tres chicos no se hicieron esperar y pronto exigieron respuestas.

-Sin importar qué tan buenos seamos, eso es excesivo. - inició Savanna. Aunque la puso feliz que Aldebarán aceptara estar en las grabaciones, aquello no sería lo mejor puesto que la vería cansada y llena de sudor.

-Líder, yo no estoy de acuerdo… - secundó Silvanna preocupada.

-Chicos… intervino Taylor conciliador. - Sé que es duro, pero es un gran reto y, lo más importante de todo es, que si lo superan, podrán enfrentar cualquier cosa. Se los aseguro.

-Está bien. De nuestra parte, creo que solo haremos nuestro mejor esfuerzo. - respondió Josh resignado.

-Descuiden, saldremos adelante. Ustedes son los mejores bailarines que he conocido. - halagó Aria - Mañana iniciaremos el calentamiento por la mañana. Haremos un reconocimiento corto de los terrenos y descansaremos toda la tarde para estar en la mejor forma posible.

. . .

Silvanna se quedó en la gradería del coliseo. Estaba deprimida por la noticia ya que, si era sincera, tenía miedo. A diferencia de su hermana, a ella se le dificulta más aprender las coreografías; o se atrasaba o se adelantaba, pero debía realizar un gran esfuerzo por ajustarse al ritmo. Tenía muchísima inseguridad respecto a las grabaciones. Sin previo aviso, sintió como su alrededor se tornó negro producto de un par de manos que cubrieron sus orbes azules.

-Si sigues haciendo ese gesto, arruinarás tu lindo rostro. – la voz de Milo la hizo sonreír al instante. El dorado quitó sus manos permitiéndole visibilidad.

Se sentó al lado de Silvanna y, en el medio colocó una bolsa que estaba llena de comida. Ese día, acordaron tener la dichosa cita propuesta por la joven. Recordó que, cuando estuvieron en el centro comercial, Silvanna había optado por cosas dulces, por lo que compró panecillos, golosinas y, el característico jugo de naranja. Él por su parte prefirió panecillos salados y evitó por completo los dulces.

-Lo siento. Me tomó por sorpresa que adelantaran las grabaciones. Nos enteramos hasta hoy, al igual que ustedes. – informó la joven de ojos azules tomando la porción que le correspondía. Eran tres panecillos dulces, un jugo de naranja y una bolsa llena de gomitas. Silvanna observó algo cohibida la cantidad.

-¿Te sientes insegura? – preguntó Milo mientras abría la caja de jugo.

Si su yo de hace unos meses lo viera en esos momentos se reiría hasta el cansancio. Nunca se imagino que estaría teniendo una cita con una chiquilla, y, que la atracción principal sería beber jugo y comer pan. Ordinariamente, su plan para conquistar chicas consistía en: invitarlas a salir, tomar unos tragos, comer y luego pasar a la cama; pero ahora, estaba sentado viendo el atardecer. Lo curioso es, que pasó todo el día anterior emocionado por ese momento, al punto en que ni siquiera logró conciliar el sueño.

-Si. A diferencia de los demás, me cuesta un poco más perfeccionar las coreografías y, cuando se trata de grabaciones continuas no puedes equivocarte. – confesó la oji azul apretando un poco la caja.

-Mmm, ya veo. – respondió Milo mirando el cielo anaranjado. – Pero, te he visto ensayar y creo que eres fantástica. Jamás había visto una habilidad como esa, ustedes deben tener una resistencia física similar a la nuestra. Y… Estoy entusiasmado, si en las prácticas eres así de buena, estoy seguro que en las grabaciones lucirás espectacular. – respondió el dorado luchando contra su sonrojo.

La que había perdido la batalla, en cambio, fue Silvanna, quien estaba colorada hasta las orejas. No solo por las bonitas palabras de Milo, sino porque hasta ahorita caía en cuenta del atractivo del caballero dorado de escorpio. El color de sus ojos parecía ser esmeralda, su cabello le daba un toque juguetón y coqueto, su rostro era varonil y sus brazos fuertes. Para cuando se percató, Silvanna se había quedado embobada mirándolo. Reaccionó tan solo cuando el griego llamó su atención.

-¿Oye te sientes bien? – preguntó Milo preocupado. Silvanna parecía ida.

Al percatarse de su reacción, la chica sintió tanta vergüenza que tomó un trozo de pan dulce y lo metió sin previo aviso en la boca de Milo haciendo que éste casi se atragantara.

-¡P-Pueba esto! E-Está bueno. – gritó tratando de cambiar el rumbo de la conversación. Sin embargo, fue inevitable y solo atinó a acurrucarse ocultando su rostro entre sus rodillas.

Milo observó el intenso sonrojo por lo que terminó de comer el dichoso pan dulce y desvió la mirada, también sonrojado.

. . .

Por la noche, Aria se encontraba terminando de llenar unos documentos. Básicamente, eran los permisos para grabar la imagen de sus chicas menores, asuntos de aseguramiento contra accidentes, etc. Estaba sentada afuera, en una especie de quiosco al costado de la casa de piscis puesto que, Taylor seguía molesto, Josh dormía para según él reunir energías, y las gemelas se entretenían viendo una serie con Afrodita. La situación estaba mal, muy mal para ser honesta. Taylor tenía razón en todo. Estaba siendo testaruda y de paso arriesgando la vida de su madre, pero qué podría hacer, estaba llena de miedo e insegura. Decaída, ni siquiera sentía el frío de la noche, pese a que su cuerpo estaba helado.

De la nada, sintió una manta rodearla. Al voltear, se encontró con el dorado de capricornio, que se sentó a su lado, demasiado cerca.

-Es tarde, Aria. – habló Shura. Su tono de voz era el mismo de siempre, y sin importar cuánta distancia intentara poner entre los dos, él seguía hablando como cuando eran adolescentes y tenían una relación.

-Lo sé. – respondió escuetamente.

-¿Por qué tomaste la decisión de adelantar las grabaciones? – preguntó el peliverde mirándola inquisitivamente.

Aria suspiró.

-Los chicos están listos. No veo por qué deberíamos perder más tiempo aquí. – respondió fríamente.

-¿Crees que estar aquí es perder el tiempo? – preguntó nuevamente el dorado.

Aria empezaba a perder la paciencia. Tenía muchísimo estrés encima como para tener que responder preguntas que no quería.

-Shura, no es el momento, ¿sí? No estoy de humor. – respondió la peli azul levantándose de la banca.

Acto seguido, Shura la tomó de la mano, detuvo su huida y la cargó como un costal de papas. Aria empezó a patalear intentando bajarse, pero era inútil, Shura la sostenía con su fuerza sobrehumana.

-No grites, o los demás se darán cuenta y tendrás que explicarles por qué nos conocemos. – amenazó el español con burla.

Aria lo maldijo por lo bajo.

-¡No te soporto! ¡Bájame Shura! – exigió con voz baja. Sintió como el caballero empezó a caminar adentrándose en el bosque del Santuario. Aria palideció ante la incertidumbre de lo que haría. - ¿A dónde me llevas? ¡Shura! – nuevamente estaba histérica.

Shura caminó por alrededor de veinte minutos y cuando se detuvo, la bajo con cuidado. Cuando Aria se volteó dispuesta a reclamarle, se quedó muda. Frente a ella, Shura empezaba a desvestirse.

-Voy a ponerte de buen humor. – respondió el peliverde.

Cuando Aria se percató, el dorado había ingresado en una poza semi profunda, que cubría un poco más arriba del pecho de Shura. La chica había estado tan enojada, que no se percató del pequeño balneario termal.

-Descubrí este lugar hace unos pocos días. – habló Shura mientras se echaba agua en la cara. A su alrededor, el vapor y la luz de luna le daban una apariencia espectacular al cuerpo musculoso del español. Las mejillas de Aria se tiñeron levemente. – Puedes venir si quieres. Aunque, el paso de los años te ha vuelto cobarde. Ya no eres esa muchachita desvergonzada que iba por lo suyo.

-¿D-Disculpa? – preguntó la joven sintiéndose insultada. Ok, ese idiota quería provocarla, le demostraría quién era.

Sin importarle que Shura la estuviese mirando, se desvistió hasta quedar completamente desnuda y se metió la posa con lentitud. Bajo ninguna circunstancia rompieron el contacto visual.

En cuanto el agua tibia entró en contacto con su cuerpo, sintió sus músculos relajarse casi al instante. Es como si ese lugar tuviera algún poder curativo porque la hizo sentir mejor casi al instante.

-Wow, este lugar es increíble. – comentó Aria sonriendo inconscientemente. La sensación de relajación era deliciosa.

Shura se acercó con lentitud hasta arrinconarla contra la orilla. La dejó disfrutar unos segundos, pero no había olvidado su propósito.

-Aria. – llamó la atención de la chica con autoridad. – Has estado muy extraña, especialmente hoy. Te conozco, algo te sucede y quiero que me lo digas. – ordenó.

La peli azul se sintió intimidada. Los fornidos brazos le cortaban el escape y la cercanía entre sus cuerpos cada vez aumentaba. Cuando pensó en replicar, sintió los labios del peliverde devorar los suyos con ferocidad. Si no le sacaría la información a esa terca mujer por las buenas, lo haría por las malas.