Esa mañana el Santuario de Athena se llenó de personas desconocidas que caminaban de un lado a otro. Preparaban escenografías, cámaras, ángulos de toma, edición, vestuario, maquillaje y todo lo necesario para iniciar la primera grabación de la semana. La primera parte la harían al atardecer, mientras que la última al anochecer e iluminarían el coliseo. Los doce caballeros observaban desde una esquina cómo el Coliseo era literalmente transformado en una especie de escenario egipcio.
-Estas personas parecen de otro mundo. - comentó Aldebarán al notar el cambio radical que tuvo el coliseo en cuestión de horas.
-El dinero hace maravillas. - respondió Kanon.
-Yo quiero verlos bailar. Arianna me dijo que para hoy incendiarían parte de la arena. Aunque me preocupa un poco, estoy intrigado. - comentó Mu señalando los galones con gasolina.
-¿La doc está de acuerdo con eso? - preguntó Milo interesado. Le generó pánico la posibilidad de que Silvanna saliera herida.
-La señorita Aria llenó todos los permisos y seguros de los muchachos, así que en principio pueden hacerlo. Pero de todas maneras, Sofía y yo estaremos en las grabaciones por precaución. - respondió Máscara.
-Esperemos que por Athena todo salga bien. - comentó Aiorios.
El peli café notó que Shura se había mantenido completamente al margen, algo que le preocupaba mucho. Hace dos días lo encontró regresando del bosque cerca de Piscis. Extrañado, se acercó con el fin de preguntarle la razón de su estadía en esa zona del Santuario a lo que su amigo le reveló toda la verdad, incluyendo lo que había pasado minutos antes. Sabía que Shura tuvo un amorío cuando eran adolescentes ya que él mismo se encargaba de cubrirlo cuando se escapaba por las noches a encontrarse con una chica; lo único que sabía era que se trataba de una bailarina. Admitía que sentía curiosidad por ella, pero tomando en consideración la inminente Guerra Santa no era prudente indagar más allá. Tiempo después, el dorado de Capricornio le comentó que se habían separado y cada quien tomó su camino.
Es por ello que cuando lo descubrió observando a la líder de los bailarines como idiota captó de inmediato que debía tratarse de la misma persona.
Por su parte, Shura solo observaba fijamente a Aria. La chica se dedicaba a hablar con el director, afinando detalles para las grabaciones. Desde lo que sucedió en la poza, la peli azul lo evitó por todos los medios, pero ahora que la veía, alcanzó a notar en su semblante que estaba deprimida. Aunque fingía una sonrisa a él no se le escapaba nada.
- Caballeros…- la voz de Catrina los sacó del espectáculo. - Necesito que vengan conmigo, hay información nueva respecto al caso.
La pelinegra estaba seria. Antes de retirarse por completo, observó fijamente a Aria, quien permanecía aparentemente ajena a lo ocurrido. Cuando llegaron a la base, la oficial encendió la pantalla dejando ver una serie de mensajes impresos. Se trataba de una conversación vía mensaje de texto.
-Esto llegó hoy por la mañana. Un guardia lo encontró en la entrada principal del Santuario. Parece ser una conversación entre una persona y el actual líder Kostas Manoplas. - informó Catrina.
En la imagen los dorados alcanzaron a leer:
"Ya están los preparativos. Llegaré a Rodorio en una semana y más te vale que no hayan trampas y la información que me enviaste sea cierta. Ya sabes lo que le sucederá a tu querida madre si descubro que hay una emboscada. Si cumples con este encargo, tendrán su libertad, sino, las mataré a ambas, querida."
-¿Es verídico? - preguntó intrigado Camus. Le parecía extraño que una información tan importante como esa apareciera de la nada.
-Lo es. La línea pertenece a un teléfono desechable que compraron hace unos pocos meses. Rastreé la ubicación del teléfono, pero un oficial lo encontró en un basurero en las afueras de Rodorio. Hay llamadas periódicas y mensajes. Había uno en particular eliminado. - respondió Catrina.
-Si el traficante tenía un espía en Rodorio que le enviaba información lo más probable es que ya sepa que lo estamos investigando. - razonó Saga.
-Pero su informante lo está traicionando. - comentó Aldebarán.
-Nunca fue su informante. - Shura tomó la palabra. - Esta persona estaba amenazada. Tiene de rehén a su madre y también indicó que la mataría.
-Si está tratando de entregarlo es porque esta persona empezó a quebrarse, posiblemente por la presión que está sintiendo.
-Mu tiene razón. - habló Catrina. - Al enviarnos esto se arriesga no solo a que asesinen su madre, sino a ella misma.
- ¿Cuál es el plan? - preguntó Dohko. - Me parece que lo más conveniente es mantener un perfil bajo y esperar a que lleguen a Rodorio. Sabemos que vendrá, tiene un cargamento de droga que entregar a también a un rehén, si nos apresuramos y saturamos el muelle hará todo lo contrario.
-Sin mencionar que buscará a su informante para matarla. - siguió Aioria.
-Empezaremos las operaciones de vigilancia dos días antes del supuesto arribo. Debemos ser imperceptibles si queremos asegurar la vida de esta persona y que el cargamento de droga no se distribuya en Rodorio. Por ahora, estén alertas, quiero disponibilidad inmediata de todos ustedes. - finalizó Catrina.
-¡Sí! - respondieron al unísono.
. . .
Al atardecer, los cinco bailarines se encontraban completamente preparados. El vestuario y maquillaje era principalmente en tonos terracota, rojos y negros, todo para combinar con la preciosa escenografía. Por esa ocasión en especial, el director había permitido la presencia de público con la condición de que debían mantener distancia para que ninguna cámara los captara por tratarse de grabaciones continuas y también permanecer en silencio.
Tal como Mu predijo se incendió parte de la arena del coliseo y los bailarines harían la coreografía sobre una tarima.
-Sigo creyendo que el fuego es una mala idea. - comentó Milo.
Los bailarines, con precaución ingresaban a la tarima y se colocaban en sus posiciones. El dorado de escorpio no pasó por alto que Silvanna se echó hacia atrás al sentir el calor sobre su piel.
- Ari y yo tuvimos nuestras dudas al principio, pero queríamos algo muy atrevido. La señorita Aria estuvo de acuerdo siempre que el vestuario evitara quemaduras y fuera antiinflamable. - informó Danna para tratar de tranquilizar el tenso ambiente entre los caballeros.
-Además, Sofía y Máscara están abajo preparados. Dios mediante no ocurrirá ningún accidente. - secundió Arianna
Cuando la música interrumpió, todos los presentes observaron atentos la presentación. Conforme pasaban los minutos, los movimientos, gesticulación y actuación que demostraba el grupo los impresionaba más y más. No solo iban sincronizados con la canción, sino que daban la impresión de ellos mismos estar cantando la canción.
Shura empezó a sentir una presión en su pecho al observar a Aria. Recordó todas esas ocasiones en que le contó con pasión sobre su sueño de ser una bailarina profesional y ahora que la veía en vivo se daba cuenta que esa misma pasión no murió con el paso de los años, por el contrario se transformó y adquirió madurez en conjunto con su dueña. Movimientos limpios, sensuales, llenos de energía, atrapantes. Se vio a sí mismo como ese adolescente de dieciséis años que se quedó absorto en la habitación femenina observando a Aria bailar grácilmente hace diez años atrás. Claro, era obvio, después de todo lo que más amaba de la mujer era justamente lo apasionada que era para el baile.
Milo tenía una sonrisa de orgullo pintada en su rostro. No se había equivocado, Silvanna estaba increíble en su presentación, era aún más maravillosa que en los ensayos. El pánico rápidamente fue desplazado por admiración hacia la joven. Honestamente, no parecía una adolescente sino una mujer por los movimientos que hacía al bailar, estaba completamente al nivel de Aria y Taylor, los dos profesionales.
"¡Esa es mi chica!" - Pensó para sus adentros lleno de felicidad.
El sentimiento de asombro fue colectivo dada la impecable demostración de profesionalismo por parte de las y los bailarines. Afrodita se abanicaba el rostro al reparar en el abdomen perfectamente marcado de Taylor, quien como parte de la coreografía había roto su camisa, lo que dejaba su trabajado cuerpo de bailarín al descubierto y movía sus caderas de forma sensual. Aldebarán estaba sonrojado. Gracias a esa presentación, su percepción sobre Savanna había cambiado radicalmente.
-¡Corte!
El grito del director los sacó de su trance.
Máscara ayudó a las adolescentes a bajar de la tarima mientras el resto del equipo técnico apagaba el fuego.
-¡Eso fue excelente! Superaron mis expectativas. - comentó el director acercándose.
Aria y Taylor sonrieron mientras daban las gracias. Aún tenían la respiración agitada por el baile.
-Muchas gracias. - se inclinó Taylor.
-¡Waaaa! Silvana, tócame, aún estoy temblando por el miedo al fuego. - exclamó Savanna mientras agarraba a su hermana y la abrazaba para tratar de tranquilizarse.
-¡Yo también tenía miedo! ¡Pero estaba muy emocionada! Quiero hacerlo nuevamente - comentó Silvanna devolviendo el abrazo, efusiva.
Minutos antes de iniciar la grabación, la morena sintió muchos nervios e inseguridad, pero Aria la tranquilizó y le dijo que todo saldría muy bien y que solo debía relajarse. Hizo caso al consejo y se concentró hasta que el resultado fue mejor de lo esperado.
-Bueno, era lo mínimo que teníamos que hacer clones, están pagando mucho dinero. - comentó Josh.
El joven en realidad no quería admitir que el trabajo hecho por las gemelas había sido impecable.
-Tú también lo hiciste bien Josh. - se felicitó Savanna con una sonrisa burlona.
-Awww, eso era lo que el niñito quería, sus felicitaciones. Qué adorable. - secundó Silvanna revolviendo los cabellos negros.
Al fondo, Milo apretaba indignado una botella con agua. No quería admitirlo, pero le generó celos notar a Silvanna acariciando los cabellos del chico. ¡A él también podía tocarlo! ¡Maldición!
-¡Agh! ¡Déjenme en paz par de clonadas! - se quejó el joven.
Aria observó divertida la interacción entre los chicos. Se convenció a sí misma de que ellos eran personas a las cuales quería proteger y alejar de las garras de Kostas. Fue por eso que, después del momento que pasó con Shura, no pudo evitar entrar en un conflicto.
. . .
Después del encuentro con Shura se fue directo a la habitación a acostarse. Gracias al cielo, todos dormían por lo que supuso podía procesar lo ocurrido con tranquilidad. Quería golpearse a sí misma por actuar como una adolescente hormonal, pero no estaba logrando manejar correctamente sus emociones. Tenía tantas cosas en la cabeza: el baile, su madre en riesgo, Shura, ¡eran tantas cosas! Sentía que iba a estallar en cualquier momento por la presión. Tenía ya varios días de estar rogando por una señal para poder salir adelante, para que esa pesadilla acabara y por fin liberarse de Kostas.
Miró con odio el celular desechable que Kostas le había entregado. Recordó vívidamente el día en que Kostas secuestró a su madre. Luego del operativo en Rodorio, su padre logró que los reubicaran lo más lejos posible, por lo que les dieron residencia en Estados Unidos. Vivieron en Florida durante su primer año. Todo parecía marchar muy bien; su madre continúo siendo ama de casa, mientras que su padre trabajaba para una unidad de inteligencia - o algo así entendió -, a ella por su parte le permitieron asistir a una academia de baile local donde aprendió muchas cosas nuevas y su talento natural rápidamente le ayudó a subir posiciones hasta convertirse en una genuina promesa del baile. Eso, sin que el dorado de capricornio saliera de sus pensamientos. Cada día observaba las estrellas, preguntándose por Shura; rogando al cielo porque estuviera llevando a buen término esa misión tan importante.
En una ocasión, mientras volvía del mercado con su madre, recibieron la llamada de que el cuerpo de su padre había sido encontrado en un canal con varios impactos de bala. Fue un golpe duro, especialmente para su madre, quien se sumergió en una profunda depresión. El cuerpo policial les informó que tenían sospechas de que la banda de Klaus Manoplas había dado con su paradero, por lo que sin mucho preámbulo, las trasladaron a Miami.
En la colorida ciudad, conocieron a Taylor. El muchacho vagaba por las calles bailando a cambio de comida. A Aria le había llamado poderosamente la atención lo bien que el joven bailaba, por lo que se interesó rápidamente por él y le ofreció un hogar al enterarse que sus padres lo habían echado de casa al enterarse que era gay. Su madre también lo acogió con los brazos abiertos e incluso, Aria se atrevía a admitir que salió de la depresión gracias a la influencia carismática de Taylor. El muchacho siempre hacía que los días fueran más divertidos, haciéndolas olvidar por un momento a la banda Manoplas.
Tiempo después, su madre llegó a la casa de la mano de dos niñas de diez años. Silvanna y Savanna. Ambas habían sido entregadas a su madre por el departamento de Bienestar Infantil luego de ser separadas de su madre biológica quién era una mujer adicta a las drogas que trabajaba en un circo ambulante. Las niñas vivían en condiciones precarias, de poca salubridad y con costo sabían leer y escribir.
-A partir de ahora, estas pequeñas serán parte de nuestra familia. - les había dicho con una sonrisa. Según el informe final de Bienestar Infantil, ya no podrían regresar con su familia biológica porque nadie deseó hacerse cargo de ellas. Aria no comprendía tal desprecio si las gemelas eran completamente adorables.
Desde ese momento, se convirtieron en una familia. Josh se unió tiempo después, cuando ingresó a la academia de baile a la cual Aria y Taylor trabajaban como instructores. El joven se había quedado solo en Estados Unidos luego de que su familia fuera deportada al ostentar una condición migratoria irregular y él, al ser el único que había nacido en el país norteamericano se quedó tratando de sobrevivir por sus propios medios.
Fueron ocho años de grata armonía en la familia de Aria.
El día que secuestraron a su madre, Josh, Silvanna y Savanna se encontraban asistiendo a la escuela. Regresarían cerca de las cinco de la tarde. Ni Aria ni Taylor tuvieron clases de danza ese día, por lo que se quedaron ayudando a su madre con las labores domésticas y preparando la cena. El sonido de la puerta interrumpió los quehaceres. Al no esperar visitas, Aria abrió la puerta creyendo que se trataba de los chicos. La recibieron un puñado de hombres vestidos de negro y con armas, quienes rápidamente, la sujetaron, golpearon salvajemente a Taylor, hiriéndolo hasta casi dejarlo inconsciente. Los gritos no se hicieron esperar, pero tanto ella como su madre fueron amordazadas.
-Así que este es el cuchitril donde se escondían, ¿he? - la voz extraña, anunció la llegada de Kostas Manoplas.
El hijo de Klaus había tomado el mando del cartel a los pocos años de fallecido su padre. Al enterarse que la muerte de su Klaus se logró gracias a la ayuda del padre de Aria, juró vengarse, y no solo eso, estaba dispuesto a reclamar lo que era suyo. El padre de Aria ofreció a su única hija como garantía por el préstamo que Klaus le hizo para poder solventar la crisis económica por la que estaban atravesado, de ahí la insistencia del anciano de que su hija solo podía ser novia de Kostas. Como escapó, evadió su compromiso. Kostas logró matar al anciano hacía unos años atrás, pero cuando planeaba asesinar a Aria y su madre, estas fueron reubicadas, por lo que había regresado no solo para terminar su trabajo, sino para cobrar lo adeudado.
-Aria querida, ¿me habrás olvidado? - preguntó irónicamente Kostas mientras tomaba una silla del comedor y se sentaba detallando el apartamento. - Sabes, yo no los olvidé ni por un segundo. Especialmente el día que estaba enterrando a mi padre, quien murió por culpa del tuyo. ¡Pero descuida! Ya eso está solucionado, porque fui yo quien envió a tu papito al otro mundo.
-¡Desgraciado! - le gritó la mujer desesperada. No alcanzaba a creer como ese despreciable hombre aún las seguía atormentando.
-Esa no es forma de tratarme querida. Recuerda que las deudas con la mafia son para siempre si no se saldan correctamente. - respondió Kostas. Con un movimiento de su mano, ordenó a uno de sus matones que golpeara a su madre.
-¡No lo hagas! ¡Déjala! ¡¿Qué quieres?! Por favor, dime qué quieres, haré lo que quieras pero déjalos en paz, Kostas… - suplicó Aria llorando.
El hombre se levantó con una enorme sonrisa y le extendió un teléfono donde Aria alcanzó a ver un volante donde se buscaban bailarines para un video musical.
-Estas dos mujeres son cantantes muy famosas. Viven y Rodorio y, según una hermosa informante que tengo allá, se casaron con unos hombres pertenecientes a los "Santos Dorados". Estos sujetos están trabajando con la policía de Rodorio y por desgracia, están obstaculizando mis planes. Tengo un cargamento de mil kilos de droga para distribuir en nuestro antiguo hogar, así que quiero que aceptes esta oferta y me consigas toda la información que necesito. Especialmente cuándo harán los operativos.
Aria, atemorizada, aceptó mientras continuaba llorando. Con Kostas a sus espaldas, envió toda la información a la dirección indicada. A su mente, llegó de inmediato el recuerdo de Shura. Él también pertenecía a esa élite, si lo volvía a ver, quién sabe qué pensaría sobre ella.
-¡Ah! Y otra cosa querida. Tu mamita viene conmigo, solo para asegurarme de que cumplas con tu parte. - Al preveer los inminentes gritos de Aria, Kostas le apuntó con una pistola, haciéndola callar instantáneamente. - No agotes mi paciencia, primor. Es más, yo que tú, mejor invierto mi tiempo en algo productivo, como por ejemplo en él, que está bastante mal y, en arreglar este basurero porque tus niños llegarán muy pronto.
Aún temblando por el miedo, Aria se acercó a Taylor y lo abrazó mientras lloraba amargamente. Luego de un par de horas, lo llevó a su habitación, curó sus heridas y procedió a acomodar la casa. Para cuando los chicos regresaron y preguntaron por su madre, Aria solo atinó a decirles que tuvo que salir de viaje por una emergencia familiar. Les contó sobre la posibilidad de bailar para las cantantes Danna y Arianna, lo cuál serviría como perfecto distractor ya que las gemelas eran fanáticas de las artistas.
Así, habían llegado al Santuario de Athena.
Aria volvió en sí y se limpió las lágrimas. Esta vez, el sonido de su teléfono personal llamó su atención. Al tomarlo notó que el emisor de la llamada estaba guardado como "Casero", lo que le extrañó aún más. Salió del cuarto y se dirigió al jardín de Piscis.
-¡Aria! Por fin, he estado tratando de contactarte. ¿Has tenido el teléfono apagado?
-Señor Jaime, cuánto lo siento. He estado tan ocupada que apenas si alcanzo a ver el teléfono. - se disculpó Aria. La llamada del casero la tenía preocupada, no solía llamarla.
-Lo imaginé. Por eso no había querido llamarte, sé que estás en un trabajo importante, pero creo que mejor que lo sepas… Hace una semana el cuerpo de tu madre apareció en un canal con varios impactos de bala. - Aria sintió una corriente helada atravesar su cuerpo por completo. El tiempo, su percepción de la realidad, su respiración, su mente en blanco. Sintió su mundo entero derrumbarse. - ¿Aria?
-...- No logró articular palabra. Solo sentía las pesadas lágrimas caer por su rostro.
-Sé que es duro, pero yo me encargué de todo el funeral. Yo… lo lamento mucho, hice todo lo que estuve a mi alcance por evitarte a tí y a Taylor mayores dolores de cabeza.
Aria hizo un gran esfuerzo para controlarse. Debía hablar, debía al menos darle las gracias al casero.
-G-Gracias, señor Jaime. Yo… No puedo volver ahora, pero en cuanto el trabajo termine… Volveré y le pagaré todo. - su voz era quebrada.
-No te preocupes por eso, mi niña. Lo hice sin esperar nada a cambio. Tómense su tiempo, sus cosas están aquí y no se irán a ninguna parte.
Cuando cortó el teléfono, Aria se cubrió la boca para tratar de aminorar el ruido de su llanto desgarrador. Hace una semana… Kostas había asesinado a su madre luego de haber conversado por última vez. El desgraciado faltó a su promesa.
Al día siguiente recibió un mensaje indicando que su arribo sería esa semana. Le ordenó verse en el muelle de Rodorio a lo que ella aceptó. Había decidido ponerle fin a ese calvario y si su madre se había ido, no tenía nada que perder. Haría que arrestaran a Kostas sin importar qué. Borró su mensaje de contestación, sacó fotografías de la conversación y las envió al Santuario, luego, aprovechó una salida que hicieron en Rodorio para buscar accesorios y desechó el teléfono. Ya no habría marcha atrás, ese desgraciado iba a pagarle muy caro el haberle quitado su felicidad.
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Continuamos con la actualización!
Esta historia traté de hacerla con problemáticas sociales reales, ya que pienso que los problemas de este tipo son la verdadera pesadilla para muchas personas por lo que quería un contacto más real. Y bueno, tampoco obviar el hecho de que pese a que los Santos Dorados enfrentan enemigos míticos y demás, siguen perteneciendo al mundo real y por ende esta clase de situaciones, pienso, los llegaría a alcanzar en algún punto.
Espero que disfruten leyendo el capítulo tanto como al escribirlo. ¡Nos leemos!
