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— Diálogos, ya esté en formato de negrita, cursiva, cursiva-negrita o normal —
«Remembranzas»
{Pensamientos}
[Diálogos de Espíritus] o [Diálogos de Espíritus]
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The Curse Project
Por: Fjola Lovely.
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CAPÍTULO 24
Engañosas Interpretaciones
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En horas de la mañana en Funbari Onsen, en uno de los pasillos laterales que dan con el jardín de la propiedad donde residen los tres Equipos participantes de la Shaman Fight (The Ren, Abyss y Funbari Onsen junto algunos allegados); estaba el pequeño humano que se mostraba abatido y por enésima vez suspiraba cabizbajo.
— Manta, no te des mala vida.
— ¿Cómo no podría hacerlo? —Cuestionó, sin voltear el dueño del comentario, el cual se acercó a su persona hasta sentarse a su lado. — Por mi culpa, arruine tu reunión con Hao y las posibilidades de persuadirlo a cambiar.
— No creo que cambie tan fácilmente —Intervino una tercera voz, resultando ser Anna quién se apoyó en uno de los pilares del pasillo, cruzada de brazos.
Oyamada asintió en concordancia con la Itako.
— Eso nunca lo sabremos hasta intentar —Comentó optimista Yoh, riéndose despreocupado. En consecuencia se gano un manotazo de su esposa adolescente al estar del lado izquierdo de su persona, mientras le regañaba con un "¡Se serio!". — Lo digo enserio y nunca sabremos, si cedemos al mínimo rechazo. Es natural que no resultara en el primer intento.
— ¿Crees que te deje volver a reunirte con él?
El perezoso adolescente se mostró pensativo, mirando el cielo soleado. — No lo sé —Contestó para resignación de Manta que puso los ojos en blanco, su amigo es tan despreocupado que a veces le resultaba irritante. — Pero le conviene hacerlo. Total, su intención inicial era recuperar su alma faltante ¿No?
— Yoh…
No obstante, el aludido no mostró ningún signo de malestar o incomodidad. Su expresión relajada se mantenía imperturbable y pese al abrupto silencio que reino, consigo vino una calma que fue usado como un punto de reflexión para los tres que miraban perdidos algún sector del pateo de la propiedad.
— ¿…De verdad crees que Hao pueda cambiar?
Cuestionó de repente el pequeño Oyamada, se veía abatido pero también con un deseo de conservar la esperanza. El castaño giro a verlo y con un semblante igual de serio que el pequeño humano, contestó muy fresco: — Ni idea.
— ¡AY YOH!
— Es que esa respuesta solo te la puede responder él —Aclaró, lo peor que el humano como la sacerdotisa no pudieron objetarle, suspirando disgustados para satisfacción del perezoso castaño que soltó una pequeña risa. — Igual, yo quiero creer que sí. Porque nadie nace malo, solo… —Guardó silencio con un semblante pensativo y hasta melancólico. — Es que tomaron malas decisiones ante sus circunstancias.
El pequeño humano hizo una expresión descontenta, no parecía muy satisfecho con esa fe ciega del joven Asakura, más no podía objetar de manera abierta al estar el claro ejemplo de su presente círculo de amistades que iniciaron con una enemistad y ahora se tratan como buenos amigos de toda la vida. Ryunosuke, Len, HoroHoro, la familia entera Tao y Fausto, entre otros.
Incluso el propio Oyamada no puede negar que él fue una persona algo grosera a inicios con el joven Asakura, cuando lo vio por primera vez en el cementerio desolado junto un montón de fantasmas.
— Yoh… —El aludido emitió una monosílaba en claro indicativo que lo escuchaba. — ¿Qué te hace sentir tan seguro que Hao no puede ser una excepción a esa ideología tuya?
— Mmmm… pues tú mismo deberías saberlo ¿No? —Manta giró a verlo con una ceja arqueada hacía arriba en clara interrogante. A lo que el chamán adolescente explicó: — Tú mismo me contaste como eran las épocas en la que vivió Hao ¿No?
El pequeño humano quiso argumentar en contra, más no halló pronunciar palabra alguna porque su mente comenzó a divagar sobre el conocimiento que ha recopilado de sus estudios y las clases de historias. De acuerdo a los cálculos como las leyendas o rumores entre los participantes de la Shaman Fight sobre el Onmyōji milenario de las estrellas, vivió en Eras conflictivas dónde las luchas territoriales eran muy comunes, conllevando también a sumar la delincuencia como también los recursos escasearan al dañar los terrenos por los conflictos por el poder. En consecuencia, hacía que vivir un día más fuera una verdadera odisea.
También estaba al tanto que por otras fuentes, como por comentarios al azar que suele comentar Amidamaru, Bason o Tokagero sobre sus vidas pasadas no se comparaba a lo que relatan los libros, demostrando una amarga verdad que los libros suavizan mucho en describir la crueldad de las sociedades pasadas.
—…Ya veo, tienes razón —Contestó finalmente bajo un semblante pensativo, aprovechado al reinar el silencio entre los tres, que minutos después fue roto por el mismo humano que se levanto de su lugar. — Recordé que tengo tarea pendiente, hablamos más tarde.
— Ay Manta, tu eres el único que disfruta estudiar.
El aludido se carcajeo divertido. — Me gusta aprender, me hace ver de manera maravillosa cuán basto puede ser el mundo —Yoh hizo una cara de puchero y horror, dándole un aire infantil como divertido. — Tú no deberías relajarte o las tareas se te van acumular.
El castaño despegó sus labios para contestar con una expresión victoriosa como divertida, pero Anna se le había adelantado, respondiendo en su lugar: — No seas idiota, enano. Una vez que Yoh sea el Shaman King, adquirirá todo el conocimiento del Universo.
En cuanto al perezoso alzo las cejas con una sonrisa autosuficiente y victoriosa que le daba un aire pícaro. En consecuencia, se veía TAN parecido a su antepasado-gemelo que, Oyamada tuvo que luchar para no poner los ojos en blanco con una expresión horrorizada ante esa observación de su mejor amigo, así que batallando con los músculos de su cara, repitió intrigado lo que mencionó la Itako:
— Espera. ¿Conocimiento del…Universo? ¿Cómo es eso?
— Te lo diría, pero Anna lo explica mejor.
La aludida con una expresión un tanto irritada le dio un coscorrón en la cabeza al castaño por su excusa barata, ya que ese comentario tan sólo delato que una vez había olvidado lo que le explicó Silver en la aldea Apache como Yohmei y ella misma en todos estos años sobre los Grandes Espíritus. Yoh era tan malditamente holgazán, todavía era un milagro que supiera activar un OverSoul y aplicar exorcismo básico sin morir en el intento.
La rubia bufó, disgustada que su esposo pese a su inteligencia prefiriera actuar como un vago despistado: — Los Grandes Espíritus como ya sabes, está conectado con todo lo que estuvo o está vivo. Y por tanto, eso también adjudica que almacena "la esencia" de cada ser viviente sin importar en la época que existió.
— ¿Quieres decir que como individuos seríamos todos como memorias USB, mientras los Grandes Espíritus sería como la tarjeta madre y por tanto, la vida de una PC en escala espiritual?
La Itako frunció el ceño, no se le daba bien la tecnología más no estaba tan perdida a lo que mencionaba el enano. Así que se encogió de hombros, respondiendo:
— Sí, algo así.
— ¡Oooooooooooh! —Exclamaron maravillados tanto Yoh como Manta al unísono.
— Entonces cuando seas el Shaman King, por favor ¡Responde to-…! ¡No! ¡Con responder algunas de mis incógnitas, me basta!—Pidió Oyamada, ya haciendo mentalmente una lista de todas las preguntas que tiene sobre los eventos históricos como culturales que ha aprendido de sus sesiones de estudio.
El castaño al escuchar la petición de manera automática hizo una cara amarga como si fuera chupado un limón. — Aaaagh… No quiero estudiar siendo Shaman King, se supone que estoy huyendo de eso ¿Sabes?
— ¡Agh, pero si ya lo sabrás todo para ese momento! —Protestó, acercándosele y agarrándolo del cuello de su camisa blanca. — ¡¿De qué te quejas?!
— Solo quiero escuchar mi música favorita y sin hacer más nada.
— ¡ARGH, DISCULPATE CON EL UNIVERSO! —Explotó el pequeño humano, zarandeando a su amigo que hacía una chistosa cara relajada y soltando su característica risa.
De pronto el escándalo entre los dos amigos fue interrumpido por el sonido seco de un par coscorrones, siendo Anna que se puso del malhumor ante lo ruidoso que se había tornado todo.
— Lo sentimos~ —Pronunciaron los dos amigos sentados encorvados y cabizbajos mientras que un humeante chichón resaltaba sobre sus respectivas cabezas. En cuanto a la rubia, los miraba ceñuda con una mano en la cintura y la otra empuñada en alto en clara amenazada de darle otro round más de escarmiento si no se comportaban.
— Yoh, no es bueno ser egoísta ni flojo.
—…Sí, Anita.
— Enano —Manta quiso protestar por el apodo, pero se calló por el dolor de cabeza que persistía y no quería sumar más jaquecas a su persona. — Si tanto quieres dicho conocimiento, solo debes pedirlo de mejor manera.
— ¡Entonces…! —Exclamó alzando la mirada del suelo que resplandecía llena de esperanza… pero se apago abruptamente al observar la sonrisa sardónica de la Itako con un brillo codicioso en su mirada ámbar, mientras le hacía el gesto de dinero con una mano al frotar sus dedos índice y pulgar.
— Te concedo responder tus dudas nerd si pagas… ¡OYE!
Manta quién tenía unos ojos muertos con una expresión inmutable, de improvisto se levanto del suelo y se dio media vuelta para retirarse, dejando atrás a la pareja adolescente, sobretodo a una Anna malhumorada.
— ¡Es una grosería irse en medio de una conversación!
— ¡Eso no es una conversación! ¡ES UNA ESTAFA!
— ¡Qué mezquino eres! ¡No todo puede ser gratis, ¿sabes?!
Oyamada puso los ojos en blanco mientras que varias venas se hinchaban ante el descaro de la rubia quién era la persona más tacaña que ha conocido, de por si ella a todo le buscaba cómo regatearlo y para colmo cero humildad tenía, porque justo buscaba regatear era artículos de lujos. Sin embargo, no volteo a verla, lo mejor era ignorarla y marcharse ya que abrir un debate con la Itako sería más contraproducente hacía su persona.
— Aw, Anna —Pronunció en un dócil reproche mientras veía a su amigo perderse al doblar al final del corredor externo de la posada. — Sé que te gusta fastidiar a Manta pero ¿Era necesario salir con tus negocios?
— Al menos ya no está deprimido ¿No?
Él suspiró resignado con una sonrisa de soslayo, sabía en el fondo que la joven sacerdotisa le agradaba al pequeño humano a pesar de lo arisca o mandona que ella puede ser. Pero por supuesto, con el temperamento de Anna y lo poco accesible como expresiva que era está; Oyamada desconocía tal privilegio de pertenecer a su pequeño y exclusivo círculo social.
— Por cierto… ¿Deberíamos hablar con Lilirara?
Ella descendió su mirada para ver de reojo al castaño que tenía la mirada perdida por donde se perdió el pequeño humano con una expresión relajada. Manta por obviedad no lo notó, pero ellos como chamanes si sintieron hace minutos atrás la presencia de la Seminoa; escuchando su conversación sobre Hao, enterándose o mínimo confirmando de que las intenciones de Yoh de relacionarse con el Onmyōji.
Persona que el solo hecho de mencionarla, es tabú para la mujer siendo comprensible al ser el causante que su clan fue llevado a la extensión como también sus antepasados resentidos se han asegurado de trasmitir su rencor a sus descendientes sobrevivientes.
— No, solo empeoraras la situación.
El joven Asakura hizo una cara descontenta: — Mínimo ¿No podemos avisarle a Zai…?
Anna frunció el ceño ante la mención de su mejor amiga, entendía porque Yoh la mencionó y es por el hecho que hasta un ciego a kilómetros se daría cuenta que Lilirara ha demostrado una veneración casi ciega hacía Zahira. Incluso antes de revelar su identidad detrás de la máscara, se pudo apreciar como Lilirara confío de inmediato en Zai por encima de todos los demás, cuando estaba en crisis después de recibir la "Bendición de los Grandes Espíritus" en la Aldea Apache.
Y seguro no se tomará bien que Zai esté acercándose justo al hombre que más aborrece al ser el causante de todos sus males.
— Ese es su problema.
— Pero…
— Yoh, ya tenemos bastante cosas con las que lidiar. No sumes más.
Con dichas palabras, la sacerdotisa dio por finalizada la conversación. A fin de cuentas, ese no era su problema, sino el de Zai quien deberá resolverlo.
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En un sector de la isla donde se lleva a cabo de la Shaman Fight para el siglo XXI en adelante hasta cumplir cinco siglos, madre e hijo estaban reunidos. Aunque el segundo parecía estar un poco enfurruñado, mientras tenía un semblante pensativo y yacía acostado en el pasto boca abajo al lado de la mujer que se encontraba sentada a su lado.
[¿Qué ocurre, cariño?]
— Nada malo, es sólo que… esperar el retorno de las peleas es un fastidio.
Asanoha se rio, mientras acariciaba la cabeza de su pequeño provocando que al recibir las acaricias, su ceño fruncido se suavizara y su rostro se tornara con un semblante relajado hasta rayar a la pereza.
[Oh mi pequeño, entonces no debieron destruir la arena en la última batalla.]
— Pero si ni siquiera fui yo —Protestó haciendo una mueca infantil de puro descontento, dándole un aire inofensivo y aparentando más a su edad física. — Debí eliminarlos más rápido, antes de que detonaran su estúpida granada.
Dōji no perdió su semblante sonriente, conteniendo el deseo de suspirar al recordar la sangrienta pelea. Comprendía que su hijo ya no era tan pequeño, era un hombre que ha cruzado por la adultez más de una vez y ha experimentado cosas que lo han forzado a madurar en muchos aspectos.
Sin embargo, eso no evita que ella cada vez que lo escucha hablar de la muerte o asesinar como si fuera respirar… vea tan solo a un niño de cinco años.
— Estás haciendo de nuevo eso —Al recibir la mirada de incomprensión de la mujer, agregó: — De verme o tratarme como un mocoso.
[Fufufu~, quéjate todo lo que quieras. Para mi serás mi bebé y eso no cambiará por los siglos de los siglos.]
El milenario chamán hizo una mueca de puchero, quisiera protestar su desacuerdo de ser tratado como un bebé, más no podía hacer nada si su contrincante era su querida madre. Aun así, no le disgustaba este cursi ambiente familiar… si era con ella, podía aceptarlo de buena gana a pesar que el concepto de "familia" se ha ido distorsionando a lo que él ingenuamente creyó.
Sus dos "familias", Asakura y la que formó en los Pache se encargaron muy bien de demostrarle cuán falso puede ser el concepto. No importaba la época, "la familia" solo son un montón de desconocidos que en lo único que coinciden es en la consanguinidad…
«En un dormitorio iluminado con velas, revelando que había varios pergaminos como otros instrumentos usados para los rituales y rezos taoístas, estaba un hombre de largo cabello azabache que yacía sentado enfrente de una mesa rectangular que se ubica debajo una ventana y el joven hombre que no se le calculaba más de treinta tenía una expresión incomoda, dado a la presencia a sus espaldas que de un momento a otro se desato una discusión.
— Si eso era todo sobre la expedición, entonces…
— Siempre eres así. Nunca quieres escuchar…
El hombre de largo cabello azabache, frunció el ceño y para sus adentros respondió que obvio que cualquiera quisiera dejar de escuchar a las personas, más de lo que ya hace a causa del propio reishi pero por supuesto, es una dolencia que nadie sabe y debe llevarse dicho secreto a la tumba.
— Estoy ocupado. Y ya te he dicho que los ignores, se cansaran…
— ¡Nunca se cansaran! —Explotó el joven que no se le calculaba más de dieciocho años. — Desde que me trajiste a este infierno-.
— Muchos querrían estar en tu lugar —Le interrumpió, girándose a verle con dureza pero manteniendo la compostura y serenidad. — Afuera las condiciones son diez veces más desfavorables.
El joven con un vestuario que delataba como aprendiz del taoísmo, cabeceo en negativa con una sonrisa mezclada entre la resignación e ironía: — ¡Oh, gracias! Ahora en lugar de preocuparme por morir de hambre o de frío, es de mis medios hermanos que no paran de intentar asesinarme a la mínima oportunidad ¡Maravilloso!
Sabía que por muchas personas desde adentro como afuera codiciaban lo que había obtenido, de por sí, no bastando eso las personas que ha reclutado sea por parentesco o porque tienen cualidades chamanas le han estado haciendo la guerra.
Y su actual esposa, no está contenta en lo absoluta estar rodeada de sus hijos concebidos por otras mujeres, a pesar que ella como los hijos que concibió con ella son los únicos que obtendrán los derechos como beneficios a suceder el título de Onmyōji Imperial. Sin embargo, continuaba angustiándose de que le arrebaten sus riquezas y maquinando deshacerse de sus hijos que eran menos favorecidos en consecuencia de sus orígenes.
No importaba cuanto le explicara a su esposa o incluso a sus hijos, incluyendo tanto los legítimos e ilegítimos. Seguían discutiendo como animales carroñeros por las propiedades, prestigios, poder, relaciones, etc., etc.
Estaba harto.»
Una sensación de amarga pesadez se asentó en su pecho al venirle fragmentos de memorias de sus vidas pasadas, las cuales se reprodujeron aleatoriamente en su mente, siendo sobre las personas que alguna vez le juraron amor o fidelidad…
«— Eres mi hijo, siempre estaré orgullosa de ti.»
«— ¡Papá te quiero!»
«— Padre puedes contar conmigo.»
«— Te amo, Hydro»
«— Te amo, Hao»
Memorias que se superpusieron con los mismos rostros ahora diciéndole con una expresión y palabras frívolas que lo hacían tan irreconocibles:
«— ¡No eres mi hijo! Ni siquiera quise tenerte a ti ¡Fuiste un error!»
«— Padre, muere por el bien de todos.»
«— ¡Te odio! ¡No eres mi padre, sólo un monstruo!»
«— ¡Arruinaste mi vida! Creí que cambiarías por mí, por nuestro bien ¡Pero eres un maldito egoísta!»
«— Tú no amas a nadie Hao, merecido tienes que te llamen demonio.»
— ¿Aun después con todo lo que he hecho?
La pregunta formulada se escapó de sus pensamientos, recitándola en voz alta provocando que su madre le mirara con una expresión serena pero seria y para cuando se dio cuenta de su desliz, optó por cambiar de tema…
Igual no quería saber la respuesta a esa pregunta.
— Opacho no pudo venir hoy, pero me sorprendió-…
[No cambies de tema y…]
— No necesitas responder. Para mí siempre serás mi madre…
Asanoha pudo ver que con su comentario, le estaba restando importancia al tema que él mismo abordó por accidente, acompañada de su sonrisa superficial. En consecuencia, él estaba trazando una línea entre ellos dos. Conocía ese comportamiento, lo hacía cuando no quería salir herido entonces actuaba distante. Pero ella no iba a ceder, si ha luchado tanto para llegar hasta aquí, no puede tan solo dejarlo pasar.
«[Si quieres proteger a alguien con todo tu corazón, entonces deberás ser lo suficiente cruel para deshacerte de todo lo demás]»
Esas palabras seguían martillando en la conciencia de la mujer Dōji que escuchó dos décadas atrás en su travesía como espíritu, a tal punto que ha sido su mantra impulsor para continuar con sus planes de ayudar su hijo, a pesar de las adversidades. No obstante, así como se ha vuelto el mantra en una bendición… también se ha vuelto en su maldición.
«— No hay ganancias, sin sacrificios.»
Ahora que es visible ante su hijo y este es consciente de su presencia, tiene que usar cada minuto de su existencia para poder hacerlo razonar de sus intenciones genocidas contra la humanidad, impulsadas por un odio que solo lo está cegando y autodestruyendo.
[Aún con todo lo que has hecho, eres mi hijo.] Pero Hao hizo una expresión difícil, desviando la mirada de la seria y templada mirada de su madre. [No apartes los ojos. Te lo he dicho muchas veces, no hay peor ciego que aquel que no quiera ver y si buscas la verdad en las personas, entonces mira con tus propios ojos.]
El Onmyōji todavía reticente en confrontar la mirada de su madre, tan sólo contestó: — No necesito tal cosa, ya he visto suficiente.
[Si crees que el reishi siempre te ha mostrado la verdad, entonces todavía no conoces ni sabes conocer a las personas]
Está vez disgusto se asentó en el corazón de Hao, quién ahora giró a confrontar a su madre. — ¡Claro que sí sé! He sabido mejor que nadie la repulsiva crueldad de la gente —Más que enojo en sus palabras, solo había una triste amargura. — Y si me has observado todos estos años, pudiste ver muy bien como me tuve que valer por mí mismo tanto vivo como muer-…
Las palabras murieron en su garganta cuando de improvisto su madre se acercó y con ambas manos tomó su rostro, mientras que apoyaba su frente sobre la suya.
[Lo sé] Contestó Asanoha, una dulce y maternal sonrisa que tan solo expresaba amargura se reflejaba en su rostro. [Lo sé muy bien y… has sido muy valiente, soportando, luchando ¡pero…!] Su voz por unos segundos sonó quejumbrosa, más no lloró a pesar que sus ojos castaños brillaban amenazando que podría derramar lágrimas en cualquier momento. [No confundas el conocimiento con la sabiduría. Una te ayuda a sobrevivir, la otra te ayuda a tener una vida…]
— He vi-
[¿…Hijo, eres feliz?]Le volvió a interrumpir a expensas de saber que diría.
—…Por supuesto y más ahora que estás aquí.
Asanoha rió y aprovechando que todavía sostenía el rostro adolescente; besó su frente, escuchando a cambio un "¡Oye!" en protesta por la vergüenza e incomodidad. [Eres muy malo mintiendo, mi pequeño. Aun si el reishi te ayudo a ver cosas inimaginables, si solo retrocedes porque no quieres salir herido… entonces nunca sabrás los verdaderos sentimientos de los demás… ni mucho menos, los tuyos.]
— Yo no necesito tal cosa. Mi felicidad ya me basta contigo y una vez sea el Shaman King….
[Cariño, por eso te digo que tienes que aprender. En el enojo gastas demasiada energía y no puedes vivir solo de la rabia.]
— ¿Quieres apostar?
[Hijo…] Le llamó en reproche al ver que esta minimizando la importancia de la conversación al bromear. En respuesta el hizo una mueca de puchero, escuchando obediente el sermón… [Así que, con el fin de evitar el fuego del enojo, necesitas estabilidad y felicidad pero para lograrlo, necesitas saber cómo darle tu corazón a alguien.]
Hao se mostró pensativo y luego su semblante se tornó solemne al cuestionar lo siguiente:
— ¿Qué hay de ti, madre? —Asanoha parpadeo con una mirada apremiante ante la inesperada pregunta como actitud prudente que adopto su pequeño. — ¿No estás enojada? Todo lo que dices es muy bonito, pero ¿Qué hay de ti? —Su semblante pasó de reflejar tristeza a una silenciosa ira, la cual se apreció con mayor notoriedad en sus ojos castaños al haber un ligero tinte rojizo en sus iris. — Tú tiempo fue acortado por esos huma-…
La risa de la mujer Dōji interrumpió a un desconcertado Hao.
[Oh, lo siento mi pequeño. No me estoy riendo de ti] Le explicaba entre risas, a pesar que intentaba detenerse al cubrir sus labios con una mano sin efecto alguno. En cuanto el Onmyōji, pronto con una cara de pocos amigos desvío su mirada de su madre quién sufría un ataque de risa, mientras que recargaba el peso de su cabeza en una de sus manos enguantadas.
— Estaba siendo serio…
Luego de unos minutos, ella respondió: [Aw, mi pequeño. Yo también estoy siendo seria] Él giro a dedicarle una larga mirada de incredulidad. [Es qué es gracioso que a estas alturas tengas ese malentendido] El castaño tan sólo se abstuvo de alzar una ceja en clara duda como aprensión.
Entonces las siguientes palabras recitadas por Asanoha, provocó que el milenario chamán enderezara rígido su espalda que hace unos minutos yacía encorvada y abriera sus ojos en clara sorpresa pero por encima de todo, mostrándose descompuesto ante lo que le confesaba su querida madre…
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(…)
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Mientras que de pie empuñaba sus manos con impotencia, Hao admiró el lugar dónde se desvaneció su madre, apenas que el domo oscuro desapareciera. Estaba harto de tener que regular su tiempo con su madre, pero no podía hacer nada si no conoce la naturaleza de ese supuesto contrato entre su familiar y la chamana. Si tan sólo supiera, entonces él podría descifrar una manera para abolir ese contrato como el límite de tiempo para reunirse con su querida progenitora.
Sin embargo, conocer la naturaleza de dicho contrato le estaba llevando más tiempo.
El Onmyōji suspiró en desgana y comenzó a caminar en dirección donde Zahira estaba, por supuesto, acostada boca arriba mientras se resguarda bajo la sombra de un árbol. Una vez cerca de ella, se sentó a su lado y comentó sarcástico:
— ¿Ya acabaste con tu "baile" moribundo de contorsionarte como un gusano o vuelvo más tarde…?
Más no obtuvo respuesta, así que giro a verla para cerciorarse si estaba consiente siquiera. Apreciando su semblante pálido y sudoroso, pero tenía una expresión tranquila… que a sus ojos, le parecía un cadáver.
— ¿Ya te dormiste? —Le cuestionó, estirando una mano al rostro femenino y con dos de sus dedos pellizcó una de las mejillas. Resultando ser una sensación adictiva al sentir como si apretara un malvavisco entre sus dedos, motivo de porque siguió jugando con el cachete de ella hasta que esta misma le dio un manotazo, apartando su mano.
{¡Más respeto al convaleciente!} Protestó malhumorada, girándose ahora para darle la espalda al chamán y deje de atentar con sus cachetes.
— Qué grosera, me preocupe al ver que no me respondías.
Se victimizó Hao, viendo descontento que le quitaron su pequeño entretenimiento.
{…No estoy obligada a responder preguntas estúpidas} La sonrisa de póker con un aire oscuro, floreció en el rostro del castaño y justo cuando estaba a punto de decir un comentario mordaz, vio que ella sin girar a verlo, le estiró una sencilla bolsa beige de tela de tamaño mediano.
— ¿Y ahora qué? —Cuestionó, recordando que le había visto la bolsa pero no le dio importancia, imaginando que eran más regalos para Opacho de nuevo.
{Es la… compensación…} Escuchó que la voz de ella resonó en su mente algo entrecortada y entonces notó que sus hombros temblaban a la vez que se encorvaba más, adoptando una posición fetal. Así que el Onmyōji, suspirando y con una expresión apática, expandió su furyoku provocando que el entorno a su alrededor por dos metros de su persona, se mantenga cálido y gradualmente apreció como la chica dejaba de temblar.
{…Gracias} Él se hizo el desentendido al escuchar el agradecimiento y fue directo abordar otro tema, una que había quedado pendiente desde que Zahira se atrevió a llevar al grupito indeseado de su gemelo a su residencia temporal:
— ¿Y entonces piensas que con comida, será esto suficien-?
{Son panes de curry} Le dijo, interrumpiendo sus quejas. Además que se giro a duras penas y extendió su mano hasta sostener entre sus dedos la bolsa {Pero si no lo quieres…} Un pequeño manotazo interrumpió sus palabras, provocando que Zai sonría satisfecha para sus adentros al saber que le calló la boca al Onmyōji y por fin ya estaba exenta de esa compensación. Ahora podía volver a fastidiar a Hao sin reparo.
En cuanto al milenario chamán quién en esos momentos podía leer los pensamientos y emociones de Zahira sin muchos filtros, gruñó haciendo una cara de descontento lo cual le daba un aire infantil pero se negaba a perder:
— No cantes victoria tan rápido. Si no me satisfacen, exigiré otra compensación —Advirtió en un tono apático a la vez que revisaba el contenido de la bolsa, la cual emanaba un agradable calor y los dichosos panes yacían envuelto en papel de aluminio. Hao estuvo tentado a silbar por la buena impresión, pero se contuvo… — ¿De qué sabor son?
{¿No qué lo sabes todo?} El chamán de las estrellas la miró con el ceño fruncido al no obtener la respuesta que quería, aparte que los dos a estas alturas sabían cómo funcionaba el reishi y no necesariamente él lee la mente como le plazca, tiene que hacer que la persona formule el pensamiento que busca él leer en la mente ajena, al inducírselas a través del dialogo sea por preguntas o decir comentarios al azar. Es un método que suele aplicar mucho para recopilar información.
— ¿Quieres que te cobre intereses?
Ambos en silencio intercambiaron miradas por unos segundos, hasta que ella elimino el contacto visual al cerrar sus ojos y chasqueó la lengua descontenta {Hay de cuatro sabores distintos} Al sentir la persistente mirada, bufó ¿Acaso él no entiende qué ella en su actual condición, no desea hablar?
— Entonces responde de manera correcta~
Zahira hizo una mueca, al confirmar que a él le valía tres hectáreas su condición y le era más importante satisfacer sus intereses. {Hay curry de cerdo, de camarones, vegetales y de pescado con coco…}
Él silbó impresionado. — Te esmeraste, buena chica ¿Quién es mi-? —Hao iba hacer el ademán de aprovechar la ocasión y pellizcar sus mejillas, además de ser un plus porque la fastidiaría. No obstante, no se esperó que ella mostrara el indicio de querer morderle la mano y por fortuna, el reishi le hizo esquivar el atentado. — ¡Mal, Zahira! Eso no se hace —Le reprochó como si ella fuera un perro y de por sí, su mascota.
{Jódete} El castaño hizo una mueca indulgente mezclada con estoicismo al escuchar la grosería, como si tratara con una mocosa inmadura e incorregible. Así que rodó los ojos en claro fastidio y prefirió centrarla en sus panes. Escogió uno al azar, el cuál detalló que tenía una estrella verde de calcomanía al igual que los otros panes envueltos pero variando el color de la estrella.
Retiro la envoltura, hallando el pan en forma ovalada con un apetitoso color dorado y de corteza crujiente pero esponjosa al poderla apretar sin inconvenientes. Le propino un modesto mordisco, sintiendo pronto la explosión del cremoso sabor del relleno que asumió que esa sedosa textura mantecosa era a causa del fragante coco que lo sintió armonizando con las especies, en el que se asomaba la carne tierna del pescado en trozos pequeños y tenía un sutil toque dulce como picante al paladar.
La burbuja de felicidad gastronómica de Hao duró el tiempo que tardo en comer su primer pan de curry… porque recordó que no estaba solo cuando su mirada se desvió hacía Zahira quién tenía una sonrisa guasona que… gracias a su actual condición anémica, se veía como una desquiciada mental.
— Pareces una loca del manicomio.
{Ujuuum~} Canturreó ella en un tono divertido y ladino, sin molestarse por la comparativa. Y el Onmyōji chasqueo la lengua, de improvisto una brisa hizo acto de presencia, soplando una corriente contra la cara de Zai quién no tardó en llamarlo molesta: {¡HAAAAAO!}
Pero él hizo de la vista gorda, en especial al sentir la malhumorada mirada grisácea que parecía tener el silencioso deseo de golpearle en la cabeza, lo cual no pasará a menos que ella quiera ser carbonizada viva. Ya después de unos minutos, ambos se sumergieron en un silencio en dónde cada quién hizo lo suyo, él en hurgar en el interior de la bolsa para escoger otro pan y ella en estar acostada, soportando el malestar que se hacía llevadero gracias al entorno cálido por los poderes del portador del Espíritu de Fuego.
—…A todo esto, ¿Por qué siempre me das comida?
De improvisto, el tranquilo silencio que se había asentado entre ellos fue roto por el alma milenaria que dio inicio a una nueva plática. En cuanto a Zai que tenía los ojos cerrados, los abrió para dar un vistazo a Hao quién tenía una expresión tranquila, intentando disimular su satisfacción de comer uno de sus comidas favoritas… pero fallaba en el intento, al tararear de manera inconsciente…
— ¿Acaso hago una cara hambrienta? —Bromeó… pero pronto se arrepintió cuando por el rabillo del ojo, vio como la chamana de orígenes turco se le dibujo una media sonrisa maliciosa. Teniendo un mal presentimiento…
{…No te haría mal sumarle carne a esos huesos} El Asakura rio sarcástico para después propinarle un mordisco algo brusco a su tercer pan a medio comer, desquitándose un poco con el bocadillo por ser llamado un flacucho desnutrido. Maldita mocosa ignorante, muchos matarían tener una figura esbelta como la suya que está perfectamente equilibrada, no solo en estética sino en salud ¿Pero qué puede esperar de su acosadora ignorante?
El castaño siguió refunfuñando para sus adentros, refunfuños que gradualmente fueron apagándose a medida que le iba dando un mordisco a su pan ya que al sentir el buen sabor, mejoraba su humor y en el proceso llenaba satisfecho su estomago.
{…Lo hago…} De pronto, la voz de ella resonó en su cabeza como un murmullo. En consecuencia, por reflejo él frunció el ceño poniéndose a la defensiva por lo que estaba dispuesto a ignorarla… pero las siguientes palabras, lo tomaron por sorpresa {…Porque… pareces feliz…} Hao se sintió incomodo al sentir los sentimientos que acompañaban esas palabras, con una expresión un tanto aturdida giro a cerciorarse si ella no le estaba tomando el pelo sin todavía creer la sinceridad que le revelaba el reishi.
Sin embargo, Zahira yacía profundamente dormida. Finalmente el malestar y el cansancio hicieron mella en ella, arrastrándola a los brazos de Morfeo. Entonces el Onmyōji hizo una mueca de puchero que reflejaba su descontento e incomodidad mientras veía absorto el rostro durmiente de la chamana…
A continuación, la milenaria alma extendió una mano al rostro de Zahira, apartando un mechón de su flequillo que situó detrás de su oreja para luego acariciar con la punta de sus dedos el costado de su rostro… trazando un camino que se detuvo a la altura de los carnosos labios, más no los tocó, paso de largo por el mentón femenino y siguió deslizándose hasta su cuello, dónde procedió a sostenerlo…
Envolviendo sus largos dedos alrededor del delgado cuello que podría romper con facilidad… no dudando en ejercer una leve presión, lo suficiente nada más para sentir bajo su manopla el tranquilo y débil pulso del cuerpo ajeno.
{Tan fácil…} Pensó al considerar que podría matarla ahí mismo sin aplicar tanto esfuerzo, mientras que en sus ojos castaño se reflejaba un peligroso destello rojizo. {…Pero…}
Apartó su mano para ahora alzar sus manos a la altura de su cabeza y giró en dirección al árbol con su habitual sonrisa de póker. — Relájate Érebo~ Fue tan sólo una broma.
El árbol que los reguardaba bajo su sombra, en él yacía un aire siniestro como una silenciosa hostilidad… hace minutos atrás las ramas como sus hojas ni siquiera crujían por la ligera brisa. Entonces por unos segundos, en el sector más oscuro donde se proyectaba una sombra más densa en el tronco del árbol, pudo visualizar Hao dos destellos blancos similares a cuando pillas la mirada de un animal nocturno en medio de la densa oscuridad de la noche.
Pero lo que lo observaba… no era un animal, era el mismísimo Dios de la Oscuridad que destilaba un aura asesina en hostil mutismo. Era obvio para ambos que, detrás de la supuesta "bromita" del chamán de las estrellas, no estaba jugando y el Espíritu de Fuego luchaba contra la voluntad de Hao por querer materializarse para quemar a la deidad que amenazaba a su portador. Por fortuna, el evento no paso a mayores porque el Onmyōji en total calma teletrasporto el bolso de tela hacía su dormitorio, siendo envuelto en un tornado de fuego rojizo y después se acostó en el pasto, al lado de la chamana.
— No tienes sentido del humor~.
Canturreo irónico para finalizar con una risa maliciosa mientras le dio un último vistazo al rostro durmiente de Zai y luego cerró los ojos. A expensas de que Érebo no se atrevería a hacer ningún movimiento en su contra, porque sólo empeoraría la situación y el quién sufrirá las mayores consecuencias sería su protegida.
Y por ese motivo Hao decidió no marcharse, prefirió permanecer campante en el lugar y cerca de la durmiente chamana en su condición vulnerable, como una silenciosa burla hacía la deidad griega al atosigarlo con su presencia, ya que mientras permanezca cerca, es una amenaza contundente para Zahira por lo que la deidad no puede bajar la guardia (y con lo que acaba de hacer recién el chamán, debe estar aún más intranquilo).
Aparte el Espíritu de Fuego es una criatura muy sensible al ser diligente con la protección de su portador y no trae nada bueno, incentivar el lado sobreprotector de la entidad elemental, a menos, claro, quieras activar un arma destructiva de naturaleza implacable que no se detendrá hasta acabar con la amenaza…
¿En conclusión? Érebo debe estar sufriendo al reprimir con ímpetu su sed asesina hacia el chamán de las estrellas para no desencadenar un incidente trágico e irreversible.
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En altas horas de la media noche, entre las veredas de las calles, se veía a una mujer de un vestuario colorido pero armonioso caminando a un ritmo lento y tambaleante que te haría pensar a simple vista que podría estar borracha. No obstante, esa impresión estaba muy alejada de la verdad.
[Enserio Zai, deja que te lleve hasta la posada]
La aludida cabeceo en negativa, siguió avanzando en lo que le permitía su visión distorsionada como el dolor que le recorría de pies a cabeza junto con la pesadez de sus parpados que querían cerrarse. De ser por ella, caería en el suelo y dormiría… justo como demandaba su cuerpo, pero su estomago revuelto la frenaba. Además que si era hallada por ahí, a la deriva, llegaría a oídos de Anna quien se preocuparía y sería reprendida por ella como también activaría sus alarmas, vigilándola con más ahínco como un halcón tal como suele hacer con Yoh.
Gracias a ese pensamiento, Zahira agarró un nuevo impulso para avanzar hacia la posada. Lo menos que quería era tener a una Anna preocupada que de forma obstinada monitorearía cada respiro y paso que dé.
{¡Uck!} Un mareo de improvisto vino consigo en ella, provocando que se desorientara y perdiera el equilibrio. Por suerte, había un árbol cerca para usarlo como apoyo pero… eso solo fue un alivio momentáneo, una arcada le volvió a dar, haciendo que está vez se viniera en vómito.
Escuchó la voz lejana de sus compañeros espirituales llamándola, pero ese era el menor de sus preocupaciones en esos instantes… cuando intentaba no vomitar alguno de sus órganos, mientras que apuntaba al suelo sin que le salpicara.
En el proceso que el dolor opresivo se agudizaba en su estomago como en su pecho con cada arcada, fragmentos de conversaciones o escenarios se superponían con su realidad:
«En un dormitorio con un estilo decorativo de arabescos(1) combinado armoniosamente con llamativos patrones, algunos de colores, que contenían remanentes de la arquitectura Otomana, la cual esta última es como una síntesis de la arquitectura bizantina con las tradiciones arquitectónicas del Mediterráneo y de Oriente Medio.
Dado que las ventanas estaban cubiertas por las cortinas, en el entorno había un ligero humo producto del narguile(2) que una mujer fumaba, impregnándose el lugar de un aroma a manzana mentolado, mientras que tomaba café al tener la mesa de varios postres de un bocado. Sus rasgos eran fuertes pero delicados y elegantes que le daba un aire soberbio, con un tono de piel aceitunado que resaltaba su ondulado cabello de un color magenta junto su vestuario modesto que delataba ser de una buena posición social y económica.
— Entonces… ¿Cómo siempre causando problemas? —Cuestionó en voz alta, a expensas que la presencia que tenía a unos cinco pasos de distancia, la escuchaba.
— ¡Pe-Pero-…!
El sonido de un azote resonó en la habitación junto con un golpe seco y un gemido quejumbroso. La mujer de llamativo cabello color magenta mostró una expresión molesta: — Meltem, yo no te di ninguna orden.
La aludida, una doncella que sirve a la mujer empalideció y se mostró angustiada: — ¡Perdóneme mi Señora-!
— Está bien, solo que no se vuelva a repetir. Hazlo cuando lo ordene —Meltem asintió aliviada, en cuanto los ojos de un cristalino color jade se enfocaron en la persona que yacía a los pies de su sirvienta. Siendo una niña que no se le calculaba más de diez años, su largo cabello lavanda se esparcía por el suelo alfombrado… — Hazlo.
De inmediato, la doncella se agacho y con la fusta que sostenía en manos, lo impacto contra las piernas de la menor quién volvió a emitir un alarido. Las dos mujeres ni se inmutaron.
— Levántate. O me asegurare que no camines por meses.
La niña se estremeció y con dificultad se levanto, ignorando el dolor punzante en sus pantorrillas, las cuales lucían hinchadas y sus largas medias de un tono gris azulado yacían un tanto rasgada, en el que se exponía la carne sangrante. La mujer de ojos magenta hizo un gesto con la cabeza que fue captado por Meltem, quién jaló el cabello de la menor, obligándola a alzar el rostro.
— ¿Lloras? Qué lamentable eres…—Cuestionó lo obvio en un tono frío, sin mostrar una pizca de culpa al ver la condición de la pequeña quien yacía pálida, reprimiendo el llanto y transpirando a causa del dolor de las piernas que se agravaban al mantenerse de pie. — Las lágrimas nunca han solucionado nada…»
{¡Ack!} No quería recordar… no quería…, pero las voces ajenas de sus memorias seguían retumbando en su cabeza como campanadas:
«— No sientas, no pienses, solo debes obedecer.»
«— ¡Fuera de aquí, sangre sucia!»
«— ¡Por tú culpa mi madre sufre!»
Zahira dado a su desorientación, provocado por el mismo dolor de cabeza ante las voces venosas que taladraban de manera contundente, la llevó que no tuviera cuidado al caminar lejos del árbol donde vomito y tropezara e iba a caerse de no ser porque Érebo se materializo en un león, interceptándola para ser usado como un punto de apoyo.
[¡Con un demonio, Zai! ¡Te dije que mejor te llevo…!] La aludida que en vez de aferrarse al denso pelaje negro, sus piernas cedieron y cayó sentada al áspero suelo.
«— ¿Por qué debemos soportar a semejante parásito?»
{…So…Solo cállate} Alcanzó a contestar, sosteniéndose la cabeza que sentía que le iba a explotar. Las voces seguían martillando su cráneo y escuchar a Érebo, solo agravaba su molestia más no le podía explicar su incomodidad, conllevando que su actitud sea interpretada como grosera e irritable. Aunque sus espíritus acompañantes tenían una noción de los efectos adversos que sufre luego de efectuar la barrera para los encuentros de Asanoha y Hao…
«— Solo eres un instrumento que a lo mucho servirá de vientre.»
No es como si ellos puedan ayudarla a mejorar en una condición que está tan sensible y todo a su alrededor parecía empeorarlo. Incluso el solo hecho que Érebo se materialice o use de alguna manera sus poderes de oscuridad para auxiliarla en su presente condición, solo agravaba los efectos secundarios porque consume algo de su furyoku.
«— Esa "cosa" nunca debió nacer…»
Su única solución a su malestar era ir a un lugar seguro dónde sin interrupciones pueda soportar su dolencia hasta el día siguiente… solo para volver a repetirlo luego al acordar otra reunión entre madre e hijo.
[¡ASÍ NO ME SIRVES!]
{¿…Eh?} Zahira finalmente salió de su trance al escuchar a Asanoha gritando, cuando alzó su mirada se percato que en lugar de tener a Érebo enfrente ahora está de pie enfrente de su persona, que yacía sentada en el suelo; la mujer fantasma, quién tenía una expresión severa como indignada.
[Tu obstinación solo te hará inservible para mi propósito. Si vas a ser un estorbo, ¡Entonces prefiero romper nuestro contrato!]
{¡…NI SE TE OCURRA!} Rugió irascible la chamana que ni supo de donde saco la energía y sobriedad a pesar del malestar, manteniéndole la odiosa mirada severa de Dōji {¡Sólo yo debo cumplir con la misión…!} Su voz se rompió, la poca fuerza que reunió para debatir fue gradualmente menguando. Su mirada descendió al suelo al no poder mantener más la vista hacía la fantasma, solo para notar que por el mismo impulso del enojo, enterró sus uñas en la seca tierra que ante la brusquedad se tornaron como una lija conllevando a lastimar sus manos sin querer. {…solo yo…}
[Entonces deja que Érebo te lleve] Un silencio reino por unos minutos que ya estaba exasperando a la Dōji pero de improvisto, Zahira volvió hablar a través de sus pensamientos:
{¿Qué están esperando? Llévenme de una vez} Ambos espíritus intercambiaron miradas, en el fondo sintiéndose algo aliviados que por fin la chamana cabeza dura haya cedido. Así que Érebo consumiendo un poco más del Furyoku de Zai que se removió incomoda, pronto en forma de neblina negra envolvió a la joven turca y gradualmente adopto una forma de León en dónde la chamana acabo acostada boca abajo en el lomo del gran felino.
En cuanto Zahira tuvo que cerrar los ojos al darle todo vueltas… pero fue una mala idea, porque justo cuando su visión estaba sumido en la oscuridad, visualizó una mano que se aproximaba a su rostro, obligándola abrir los ojos sobresaltada.
[¿Estás bien?] La voz de Érebo le hizo reaccionar y comprender que lo de recién fue otra ilusión, provocado por los efectos secundarios. Zai no le respondió, tan solo suspiro cansada y está vez se sumió en un sueño profundo mientras pensaba con una voz apagada {…Quiero ver a Anna.}
[¿Mhm?] Exclamó apremiándola a seguir hablando, pero no recibió respuesta de la joven chamana y en su lugar intervino la mujer fantasma:
[Se quedo dormida.] El felino cabeceo y comenzó a galopar, siempre cuidando que su protegida no se caiga ni incordiar su sueño. De cerca, volaba Asanoha que se mantenía con una expresión pensativa y melancólica… [¿No dirás nada?]
[Explícate.]
[Por lo que le dije…]
Bufó un tanto burlón sin una pizca de enfado. [Está bien, yo no podría hablarle con tal crudeza. Tú misma lo has dicho, no puedo evitar malcriarla.]
Dōji hizo una mueca inquieta. [… ¿Cómo puedes-?] Acalló al reflexionar lo que iba a cuestionar, y volvió a tomar la palabra para abordar su punto: [Sabes que entre más dure este contrato, Zai-…]
[Ella tomo su decisión.] Le interrumpió con un tono más grave, más no había enojo ni acusación de su parte. [Al igual que tú.] Giró a darle un vistazo, apreciando que la mujer fantasma estaba cabizbaja, pareciendo una niña regañada. Érebo prefirió no decir más nada y continuaron el resto del recorrido en silencio…
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En la posada donde se hace la libre propaganda al Funbari Onsen que se ubica en Tokio, Japón., todos yacían profundamente dormidos o al menos en su mayoría ya que en uno de los dormitorios de la posada, una pareja que yacían dormidos y abrazados de improvisto la chica abrió sus ojos. Dejando apreciar su mirada ámbar que destacaba en la oscuridad tal cual a un felino, se removió en los brazos de su pareja y con algo de esfuerzo pudo liberarse, sentándose en el futon.
Gruñó un poco malhumorada al sentir el frío de la noche atacar su cuerpo desnudo que todavía conservaba la calidez, chocando la temperatura corporal con la del entorno e incomodándola. Buscó a tientas a los bordes del futon hasta dar con su yukata e hizo el ademán de salirse de la cama pero un brazo rodeando su cintura, la frenó.
— ¡Yoh…! —Le llamó en un tono bajo, intentando quitarse el brazo de encima pero era como un maldito fierro. Era uno de los pocos momentos que él destacaba y usaba su fuerza, lo cual la dejaba a ella en jaque.
— ¿Tienes que ir al baño? —Le cuestionó en un tono soñoliento y algo rasposo dado a estar recién despertado.
— No —Al recibir solo silencio sin signos de vida de él, Anna volvió a llamarlo un poco exasperada al comprender que el muy estúpido se quedo dormido: — ¡YOH!
— ¿…Antojo? —Cuestionó al despertarse con el reciente llamado y pellizco que recibió en su indefensa mejilla.
— No, es nada de eso- —El brazo de la cintura paso a sus hombros y ahora la empujo hacía abajo, hasta hacer que se acostara, siendo ahora acunada entre los brazos y pecho desnudo de Yoh como si fuera su peluche. — ¡Yoh!
— Entoshen a dolmir —Murmullo soñoliento con una graciosa sonrisa, hundiendo su nariz en el cuero cabelludo femenino, inhalando profundo el agradable aroma de Anna quién seguía bufando y protestando. — ¡AAAH!
El joven Asakura vocifero un grito y se incorporo en la cama, sentándose al recibir un pellizco a la altura de su ombligo, justo a un costado. El castaño miro con una cara de puchero y algo de resentimiento a su pareja, quién luchaba de no perder su semblante inmutable por su chistosa expresión al verse como un niño pequeño berrinchudo.
— Tú te lo buscaste —Protestó la Itako al sentirse algo culpable al ver esa chistosa y tierna cara de puchero que él le hacía.
En el fondo el perezoso sabía que se lo busco, pero no quería ceder y a cambio prefirió saber porque su esposa quería tanto retirarse en medio de la media noche… Cuando se supone que hicieron malabarismos para poder ocupar un dormitorio a solas, sin recibir interrupciones indeseadas, ni ser escuchados en su tiempo en pareja:
— Aish, ¿Por qué tanto apuro, Anna?
— Iré con Zai.
La cara de puchero del castaño, se dedicó ahora a expresar confusión. — ¿A esta hora? Son… —Desvío su mirada al reloj de pared, que por suerte donde se ubica le pegaba algo de la luz del exterior desde la ventana. — ¡¿Las tres de la madrugada?!
— No importa, iré —Contestó, ya terminando de colorarse su yukata para el descontento del Asakura que le gustaba apreciar su desnudez.
— Anna, vela ya al amanecer. Ahora —Se acostó y comenzó a palmear el lugar vacío, mientras movía las cejas de manera sugestiva con una supuesta sonrisa seductora que tan sólo le causaba gracia a la Itako. — Vamos a dormir.
Y por unos instantes, una sonrisa triunfante se dibujo en los labios del joven chamán al ver como la rubia se aproximaba a su persona… pero en vez de que ella se acostara a su lado, tan solo se acerco a darle un pequeño beso en los labios.
— Duerme, tu hora de entrenamiento inicia a las seis.
— ¿Qué? ¡No! —La agarro de la mano, evitando que se retirara de la cama. — ¿Soy tan mal compañero nocturno?
Entonces ella se mostró sorprendida, no esperando tal pregunta ni mucho menos la expresión malhumorada y triste en el castaño. En consecuencia, Anna no pudo evitar reír para mayor disgusto de Yoh que ahora la libero, cruzándose de brazos.
— ¡Oh~! Quién diría que los papeles se invirtieron —Comentó divertida la rubia, no pudiendo evitar una silenciosa satisfacción al ver que su querido esposo sufría lo mismo que ella. En cuanto él le miraba entre confundido y receloso, por lo que ella agregó: — Me parece que alguien está celoso.
— ¡¿Qu-?! —Exclamó sobresaltado mientras que se ruborizaba y su rostro se descomponía del más puro desconcierto pero a la vez de vergüenza. — ¡No es a-así! ¡Ah! —Soltó un pequeño grito, al recibir de sorpresa un beso en la mejilla. — ¡Te dije que no es así! —Aseveró nuevamente, más rojo que un tomate mientras que hacía una chistosa cara ceñuda de vergüenza al ver como la autosuficiente sonrisa divertida y pícara de Anna, tan solo se agrandaba.
— ¡Ack! ¿No tenías prisa en irte? —Cuestionó, acostándose en el futon y arropándose con el edredón hasta la cabeza, huyendo cobardemente del bochorno que sentía al sentirse expuesto. — ¡Ve! ¡Ve!
La Itako prefirió no seguir molestándolo, al menos por ahora. Quizás a la hora de entrenamiento retome su plática…
La rubia salió del dormitorio en silencio, cuidando de no hacer mucho ruido y una vez que la puerta se cerró, comenzó a tomar la dirección al dormitorio donde duerme Zahira y a medida que avanzaba, su sonrisa gradualmente se desvanecía. Tornándose su expresión seria mientras que en sus ojos bailaba una silenciosa angustia dado que el mal presentimiento en su pecho, seguía sin desvanecerse.
{¡Maldición Zai…!}
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FIN DEL CAPÍTULO 24.
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GLOSARIO
(1) Arabesco, palabra proveniente del Italiano arabesco, se refiere al adorno de figuras geométricas vegetales y patrones extravagantes que imita formas de hojas, flores, frutos y cintas, y aparecen casi siempre en las paredes de ciertas construcciones árabes.
(2) Narguile, más conocido como shisha, au shisha o también pipa de agua, pipa oriental, entre otros. Es un dispositivo que se emplea para fumar tabaco de distintos sabores. La shisha o Hookah, es de origen oriental, pero desde los primeros años del siglo XXI se ha ido implantando en países de la Unión Europea y América, ganando cierta popularidad en el público.
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¡AJÁ! ¿Creían que no iba a actualizar? Yo también lo creí xD. Nah, fuera de chiste, ahora hay un percance con la electricidad junto el internet que viene y se va dónde vivo, y hasta que dichos servicios públicos reparen tal daño, andaba haciendo malabarismo para terminar el capítulo. Así que en este capítulo no tuve mucho chance de editarlo, por lo que puede que se me haya pasado un ERROR u HORROR ortográfico. Luego cuando los servicios se estabilicen, veré en editarlo.
¡GRACIAS POR LOS REVIEWS, LOS VOTOS, KUDOS Y AGREGAR EN SUS LISTAS MI FIC! Me emociona ver que más gente se suma a leer el fic, así como lectores que han iniciado hace un tiempo o desde el inicio continúan leyendo mi fic, eso me alivia porque lo interpreto que la historia no se ha tornado aburrida o se ha estancado.
Mis agradecimiento a quienes me comentan, sobretodo que son continuos ¡De verdad gracias por su apoyo y compartir su opinión! ¡Me alegro de leerlos…!: Mikaelsonforever y TsubameRedRose.
Mis agradecimiento por los que me dejan sus votos o kudos, también gracias por ese apoyo porque hace más conocida la historia e invita a otros a brindarle una oportunidad mi fic: Mikaelsonforever /-/ Fatimapaulina200 /-/ Arilug /-/ jj4679y /-/ Demon_Six /-/ Gghala000 /-/ ChinaSoliz8 /-/ MilyMaldonadoGomzz /-/ sakura-th /-/ Iyamim /-/ _Anna_Asakura_/-/ Meily_mei08.
¡Espero leernos pronto! Ya saben que siempre son los sábados o jueves los días pautados para actualizar. Nos vemos, que tengan un feliz fin de semana.
