Capítulo 01

Imagina esto.

Un día, llegas a una nueva ciudad.

En esa ciudad a la cual has llegado, has escuchado cosas muy buenas y positivas, sobre todo si es que deseas asentarte para siempre y no tener que mudarte de nuevo, aparte que la comida allí es buena y que, como es una ciudad donde la gente acostumbra a hacer vino, y uno muy bueno, es un excelente lugar. Las tierras allí son fértiles y si uno quiere darse una vida tranquila, con tu propia granja y demás, eres libre de vivir.

Te ha chocado un poco las costumbres de las personas, su idioma y demás porque conoces de alguna manera el idioma, las costumbres. Has venido de muchos lugares, en otras tierras, en otros mundos, mundos donde las personas también hablaban este idioma y los demás idiomas de dónde has estado en este mundo en particular también. Te sigues sorprendiendo pese a que en otras ciudades hablan un idioma que conoces de otro mundo así como sus costumbres.

Te has llegado a sorprender a tal punto que, la gente, las personas que patrullaban las calles para asegurarse que todo estuviese bien, te han mirado un poco raro. Pero, raro en el sentido de preguntarse si estabas bien y si era tu primera vez en tu ciudad. En algunos casos, te miraban de manera rara porque, no es normal que alguien se comporte así en una ciudad como esta. Ninguna persona, por más que viviese fuera por mucho tiempo, actuase así.

Una cosa llevo a la otra, y ahora, Aether, muchacho que vino a esta ciudad hace dos semanas casi, perdió la cuenta de los días la verdad, estaba tras las rejas de lo que era una celda, una pequeña cárcel o una especie de calabozo. No sabría decir con certeza, el lugar tenía una cama y listo. Era más que suficiente para él. ¿Habían cárceles con camas? No ha estado en muchas. La mayoría tiene algo para tirarse encima y listo.

Sí, lo encerraron al final porque parecía un espía.

¿Por qué?

No hay porqué.

—… —y trataba de pensar entonces el rubio sus comportamientos. No ha hecho nada raro, solamente sorprenderse como tonto de tan solo ver que ahora habían alemanes y demás. No debía de sorprenderse porque viene de gente que hablaba chino, japonés… no debía sorprenderse. Aun así, era algo fresco escuchar a gente hablar alemán. Además, ha visto algunas chicas lindas en el paso de este lugar—. …¿y si me encerraron por eso? —se decía a sí mismo—. Quizás… me vieron viendo raro a alguna chica… quizás sea eso… —echado en la cama, suspiraba—. Ah Aether, de nuevo has hecho algo así…

Su hermana, según recuerda, era la que más o menos le ponía los pies en la tierra si se quedaba viendo de una manera algo rara a las mujeres.

La extraña, mucho.

Por las noches no puede dormir. El recuerdo de ella dando su vida por él… nunca debió ser de esa manera. Es el mayor… por minutos, pero sigue siendo el mayor. ¿Por qué ella debería dar su vida por él? Siente que ha fallado como hermano mayor.

Tampoco tenía algo, un objeto, para poder tener algo de ella, como para sentir que de alguna manera, ella estaba aquí. Solamente vive en sus recuerdos…

Sumido en sus recuerdos, Aether no era muy consiente que en estos momentos, la puerta de su disque celda se había abierto por alguien que, tras abrir la puerta, se quedó debajo de esta para luego ver dentro, ver al rubio que estaba recostado y posiblemente en su propio mundo, miró fuera de la celda para "quejarse" con la persona que terminó trayendo a este muchacho aquí.

Aether, tras escuchar un grito, se dio cuenta que alguien estaba fuera. Se sentó en la cama y ahí vio a una chica parada en la puerta, no sabiendo si era una buena o mala persona…

. . . . . . . . . .

—En el nombre de los Caballeros de Favonius, lamento el haberte encerrado sin prueba alguna. No esperábamos que ALGUIEN decidiese tomar cartas en el asunto y encerrarte por… ¿por qué le has encerrado, Kaeya?

—Oye, que le he visto por un par de días actuar de una manera muy rara y sospechosa. Creía firmemente que era un espía.

—¿Un espía?

—Mi corazonada jamás falló, hermano. Lo sabes de sobra.

—… ¿te parece que este muchacho es un espía, Kaeya?

—No me mires de esa manera Diluc, sabes muy bien que últimamente están usando gente con esa apariencia para que creamos que no son una amenaza… y cuando menos no los esperemos, ¡bum!, ocasionan estragos en la ciudad…

—…

Aether, quien fue de alguna manera liberado, vio cómo dos muchachos, portando armaduras con el logo de la orden de caballeros el cual aquel maestro de caravanas le dijo, discutían con respecto a su caso. Ambos chicos altos, uno de tez morena y de cabello azul algo oscuro con ojos claros, y el otro era de la misma altura casi, una tez clara con uno cabello largo rojo y ojos cual rubí. Casi que tienen el mismo peinado. Ambos tenían el cabello atado. ¿Hermanos? Pues, no puede decir mucho. Es normal que hermanos, en algunos casos, tengan piel distinta… que mal que suena eso, pero, se entiende.

Espero que se entienda y no suene demasiado mal.

Por lo que entiende, el peli rojo es Diluc, el peli azul es Kaeya. Ambos parecen demasiado animados para discutir sobre que fue encerrado por parecer un espía.

De un momento a otro, ambos hermanos dejaron de discutir. Se dieron cuenta que el rubio seguía mirándoles como si nada. No les culpa tampoco dicho rubio, ha tenido discusiones así con su hermana alguna vez, con más gente como espectadores. No es una gran escena, pero se dieron cuenta, tal vez, que no era muy propio de ambos el tener que discutir frente a alguien encerrado sin prueba alguna.

—Perdona por vernos discutir —diría el peli rojo, tosiendo un poco. Aether respondió que no le importaba, que ha tenido peleas así en el pasado—. Volviendo al tema, en nombre de nuestra orden y en nombre de mi hermano, de mi familia, lamentamos el haberte encerrado sin prueba alguna…

—No hace falta disculparse —diría negando—. Supongo que me lo tengo merecido por ver de más a las mujeres de este lugar…

—… —alzó una ceja Diluc. Se giró entonces a un Kaeya quien, bueno, era Kaeya. No dijo nada salvo esbozar una leve sonrisa como diciendo "¿qué? Me parecía culpable con eso" para mirar de nuevo a Aether—. Aunque es un motivo discutible, de todas maneras, encerrarte no fue una buena idea.

—Ya, ya, ya entiendo —Kaeya negaba con esa sonrisa suya. Sabía que su hermano decía esto para que se disculpe. Se paró junto a él. Miró a Aether—. Perdona por haberte encerrado…

—Sin rencores —negaba con una sonrisa

—Oh —Kaeya miró con sorpresa esto—. Mira, ha aceptado mis disculpas. No hay problema ya con esta situación —palmeaba la mejilla de Diluc, un Diluc que estaba estoico con todo esto—. ¿Ves? Siempre es bueno tener una sonrisa en momentos como este, hermano. La gente entiende cuando eres sincero…

—¿Quiere decir que le dirás a Varkas sobre esto?

—Oh, no, para nada —se reía—. Espero que tú tampoco…

—Bien… —suspiró. Es buen hermano después de todo. ¿Qué sería de su vida de no ser un buen hermano?—. Encárgate tú del papeleo de…

—Aether

—De Aether —Kaeya pasó de sonreír a dejar de sonreír. Imagina que estaba sonriendo, de la nada todo su rostro se partió como si fuese un espejo y mostró un rostro de sorpresa y tristeza de escuchar esto—, has eso, no diré nada —no le quedó otra cosa que aceptar esto.

Kaeya maldecía por debajo ante esto de su hermano.

¿Existe otra peor cosa que tener que hacer el papeleo?

Si lo hay, no quiere saberlo

Más tarde…

—¿Y bien?

—Ha dicho que es un viajero con intenciones de instalarse aquí.

—¿Viajero? No parece un viajero común.

—¿También te has dado cuenta?

—Su mirada es extraña y su físico no parece el de un viajero común. Me atrevo a decir que podría ocultar algo… pero, eso ya no es nuestra incumbencia…

—Siempre y cuando se comporte, Diluc. Si no se comporta, es obvio que tendremos que actuar…

—De todas maneras, ¿qué más dijo?

—Vino como escolta de una caravana comerciante. El mismo ya se ha ido de la ciudad para seguir con sus negocios. Los que custodiaban la entrada de la ciudad no recuerdan verle para nada… quizás debería hablar con algunos aventureros y mercenarios para saber si le conocen… pero después de eso, vino para establecerse aquí. Escuchó que la ciudad promete muchas cosas a diferencia de otras…

—¿Es de otro lado?

—Dijo que es de muy lejano, que su primera parada fue Inazuma… —ahora, Kaeya tuvo que hacer una pausa mientras hablaba con su hermano posterior a hacer los papeleos y entrevistar un poco a Aether—. Curioso fue el hecho que pregunté sobre el idioma de allí y me respondió en japonés —e hizo memoria también—, y también en chino. Se ve que es bastante bueno en idiomas…

—¿Qué opinión tienes entonces sobre Aether?

—Puede que mi corazonada haya fallado —respondió, admitiendo un poco la verdad—. Pero, por las dudas, estaré vigilándole para que no comenta ninguna otra tontería…

Discutiendo sobre Aether, los dos muchachos vieron cómo una muchacha de un cabello rubio de ojos muy claros, de la misma edad que ellos dos, y portando también la misma armadura con el acabado de la orden, es decir con el emblema, en el pecho, se acercó hasta los dos con una sonrisa.

—Hola chicos —se notaba un tanto la energía que tenía. La nobleza en esta mujer de cabellos dorados y con una cola de caballo se podía notar desde lejos. Vio la expresión de ambos—. ¿Sucedió algo?

—Hola Jean —saludaron ambos a la rubia—. Estábamos discutiendo sobre algo que Kaeya hizo mal

—¿De nuevo? —no pudo evitar soltar una leve risa con esto. Miró al peli azul quien rodeaba con sus ojos. Diluc no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar la risa de Jean—. ¿Qué has hecho esta vez?

—Simplemente encerré a alguien porque actuaba extraño, nada del otro mundo —diría como si no fuese nada—. Estas cosas siempre pasan…

—¿Por actuar extraño? —se cruzó de brazos Jean. Inclinó su cabeza a un costado, confundida con las palabras de Kaeya—. ¿Por eso le has encerrado?

—Quería torturarlo para sacarle información —informaba Diluc—. Por eso tuve que intervenir… y ahí mismo me di cuenta, porque me lo dijo, que estaba viendo cosas que no eran…

Jean se quedó mirando ahora impresionada a un Kaeya que simplemente se hacía el desentendido de todo esto que estaba escuchando decir su hermano… quizás lo de torturar tenía algo de razón, lo demás que decía, claramente, eran mentiras.

Por eso, Jean se quedó mirando detenidamente al de tez morena.

—¿En serio? —no dijo nada—. ¿Qué sucedió con el muchacho?

—Libre, por supuesto —contestó Diluc—. Varkas de enterarse, Kaeya seguramente estaría castigado… —se giró para verle—, qué bueno que tienes un buen hermano ¿no Kaeya?

—Claro —respondió honestamente—. De no ser por ti, seguramente no tendría esta maravillosa oportunidad de pasar tiempo en esta orden contigo y con una chica tan agradable como Jean

Los dos muchachos, Diluc y Jean, se reían de las palabras del moreno. No porque dijese algo tonto sino porque están acostumbrados a las palabras tan aduladoras que puede soltar. Da vida a los momentos en que pasan juntos, más también porque están en un pequeño escuadrón que comanda el peli rojo.

Era charlar, entonces, un rato más, dejando de lado el tema de Aether, para luego ponerse de acuerdo que en el momento de salir de servicio, poder ir a tomar algo a la taberna Cola de Gato para, bueno, tomar algo y de paso, comer pizza y que ahí preparan la mejor de todas, una comida que a Jean, le fascina…

Con Aether…

Tras ser liberado, y responder algunas preguntas de ese muchacho llamado Kaeya, se dirigió, con algunas indicaciones por parte de la gente, al Gremio de Aventureros, lugar donde, bueno, tendría sentido alguno que se registre como alguno y empezar a ganar dinero… porque si bien quiere establecerse aquí, necesita dinero…

¿Te imaginas querer mudarte a un lugar nuevo sin dinero alguno?

Cuando llegó al gremio y entró al mismo, incluso si el sol estaría ocultándose poco a poco, había tráfico de personas. Entraban, salían, había vida dentro del gremio mismo.

Es tu típico gremio de aventureros. Le trae bastante nostalgia estar en un lugar así. Su hermana estaría feliz de estar aquí. Suspiró. No tiene caso tratar de recordar cosas con su hermana… aunque, es siquiera tener un pensamiento bonito de algo que habrá hecho en el pasado, aparece ella. Todo momento siempre fue con ella a su lado.

Sacudió su cabeza.

Los aventureros pasando a su lado seguramente le verán y pensarán extraño.

Fue hasta la recepción de la misma.

Allí, había una chica en la recepción que tras cruzar miradas, esta sonreía.

—Hola y bienvenido al Gremio de Aventureros de Mondstadt —diría la misma, viendo cómo es que Aether se acercaba a ella—. Mi nombre es Katheryne. ¿En qué puedo ayudarle?

—¿Katheryne?

—Así es, ese es mi nombre, joven aventurero.

—¿Puede… que tengas que ver con la chica de Liyue?

—¿Disculpa?

—Es que… —Aether se estaba confundiendo un poco—. La chica que trabaja allí, al menos la que me ha atendido, se llama como tú… y se ve igual —cabello corto negro, un poco ondulado, flequillo, ojos oscuros… era la misma por no decir que era un clon—. ¿No eres tú?

—Lo siento mucho, no entiendo a lo que se refiere —dice, confundida Katheryne—. Yo he trabajo aquí en Mondstadt desde que tengo uso de la razón. Si hay alguien parecida a mí en otro lado, no sabría decirle, joven aventurero…

—Okey… —aunque no estuvo en contacto con el gremio de aventureros de aquella ciudad, ha visto y escuchado el nombre de la recepcionista. Está muy seguro que es la misma… pero, no quiere entrar en detalles—. Me gustaría poder inscribirme al gremio

—Aunque siempre recibimos con brazos abiertos a nuevos reclutas para nuestro gremio, es nuestro deber también asegurarnos que estas personas no tengan un record criminal y que al menos tengan conocimientos básicos de poder vivir al aire libre, además del manejo de alguna arma en específico —dicho esto, sacó una planilla. La deslizó para que Aether la tomara y la viese. La miró haciendo algunas caras, algo que a Katheryne le decía mucho de él—. Si tienes problemas, puedo completarla por ti —diría—. A veces es normal que algunos nuevos reclutas no sepan leer o escribir…

—No, entiendo perfectamente. Muchas gracias igual —sonreía—. Simplemente me sorprende que tenga que llenar una planilla… ¿es normal?

—No del todo. Es algo que se ha implementado hace poco. Siempre hay personas que se unen que al final nos terminan sorprendiendo para bien o para mal —el rubio aceptó completar esto. Dejó algunos huecos sin completar, no siente que sea muy necesario rellenar aquellas partes. Tras hacerlo rápidamente, le entregó la planilla a una Katheryne quien la inspeccionó y miraba al rubio para luego mirar la planilla de nuevo. Había algo que le sorprendió un poco—. ¿Manejas varias armas?

—Lo hago —estaba serio—. Lanza, espada, mandoble, alabarda, doble espada, mazos, de todo un poco. Un soldado, un caballero, debe ser capaz de tener un conocimiento básico de cualquier arma, simplemente para poder tener una idea de a qué me enfrentaría —contaba—. Ya sabe, si tengo un conocimiento de cómo portar una lanza, al enfrentarme a un enemigo con una lanza, sé más o menos los pros y los contras…

—Entiendo… —y terminó de mirar la planilla. Dudó un poco. Esa explicación, soldado, caballero… ¿qué era? Intrigante, pero no lo suficiente como para tener que preocuparse. Conoce varios idiomas, lo que sirve para poder ir de un lugar a otro o servir como traductor para algunos comerciantes que vienen aquí de tierras lejanas. Tomó un selló, aprobó la planilla de Aether—. No te muevas

—¿Qué?

Un flash golpeó a un Aether que no lo esperó para nada. Casi que queda ciego con esto. Puede ver todavía, pero fue de la nada esto. Cuando pudo ver mejor, sin ver dobles, Katheryne estaba entregando lo que parecía ser una pequeña… ¿tarjeta? La tomó.

—Aquí tienes

—…

—Oficialmente eres miembro del gremio de aventureros —diría alegremente—. Puedes venir cuando quieras a aceptar misiones que tenemos todos los días. Dependiendo de tu nivel, podrás aceptar encargos cada vez más y más complejos. No hay un límite de tiempo para tener que aceptar una misión u otra. Eso sí, el incumplimiento de alguna misión conlleva a un aviso. Al tercer aviso, se te revocará la licencia de aventurero y por lo tanto, no podrás acceder nuevamente al gremio hasta dentro de varios años… si el líder del gremio dice algo diferente.

—Comprendo —asentiría—. Muchas gracias… —y miró su tarjeta del gremio. Tiene su rostro, su nombre y su nivel. Qué bueno que no tiene cara de idiota… no salió con cara de uno, mejor dicho. Suspiraba aliviado por ello—. ¿Qué hay con respecto a las misiones?

—Encargos, misiones y demás, irán dependiendo del nivel en el que te encuentras. En tu caso —pensando—, debido a lo que vi en la planilla, puedes optar por hacer algunas misiones que superen tu nivel. Se nota que eres una persona capaz…

—…

Una persona capaz…

No quiere hacer comentarios sobre eso.

—¿Tienes idea sobre los Hilichurls?

—Son esas criaturas con máscaras, sí —asentía—, cuando vine aquí con una caravana, tuve que defender la misma de aquellas criaturas. Muy molestas a decir verdad.

—Entonces sabes lo que debes hacer —dicho esto, puso un mapa encima del mostrador. Señaló una parte específica. Aether miraba dónde señalaba Katheryne—. Se han avistado, según algunos aventureros, algunos grupos de ellos rondando por la zona. Los Caballeros de Favonius nos han pedido si podemos ocuparnos de los campamentos puesto que se encuentran en estos momentos atentos a otras cosas —levantó la cabeza. Aether dijo que sí—. Llévate el mapa contigo, lo vas a necesitar.

—Gracias —guardó el mapa consigo mismo en su anillo, único que conversa y suyo, fue mirado por instantes por la peli negra que no dijo nada sobre esto de su anillo, y sonrió a la misma peli negra—. Vendré… pronto… creo

No sabía qué decir Aether luego de esto. Se despidió… no pudo decir mucho más, realmente no había mucho más para decir. Es que, es como todo encargo que ha hecho en su vida en otras tierras, ir, hacer lo que tiene que hacer, completar la misión, volver, recibir la paga y así repetir esto… descansos de por medio, comidas, agradecimientos de esas personas que ayudó, etc.

Esto debe hacerlo.

Más allá de haberse unido al gremio, es porque necesita dinero. Es un primer paso también. Con esto, conocerá gente tarde o temprano que le dará una mano en poder conseguir lo que quiere, un lugar tranquilo, relajado, un lugar para poder pasar el resto de su vida y quizás, solamente quizás, encontrar a alguien con quien compartir tal vida…

—… Lumine… aunque debí ser yo, no voy a desaprovechar esto para nada…