Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 6
― No están espiandome, ¿verdad? ―su mujer preguntó.
Edward rodó los ojos. Lo hizo de forma inocente y escondiendo las verdaderas intenciones.
Mantendría para él que también lo había hecho para inspeccionar que todo estuviera en perfecto orden.
― Papá dijo que debíamos revisar que el señor estirado no estuviera por aquí.
Él resopló ruidosamente sin dejar de observar a su pequeña hija. Azul era un ser diminuto y con dos pequeñas coletas en la cabeza, a simple vista parecía inocente e inofensiva, pero él sabía que era peligrosa, sobre todo, cuando hablaba.
Fijó los ojos en esa preciosa y delicada carita.
¿Por qué no podía mantenerse en silencio cinco minutos?
― Edward, deja tus crisis de celos ―Bella articuló―. No puedes estar saliendo del trabajo que queda a cuarenta minutos de distancia tan solo para compartir la hora de comida conmigo.
― ¿Por qué no? Antes nunca te quejabas ―le increpó.
Bella negó con la cabeza mientras comenzaba a comer.
― Antes vivíamos en Forks, Edward. Tardabas tres minutos en llegar a casa, ahora es distinto.
― Papá solo quiere revisar que tu amigo no esté rondando por aquí, ¿a qué sí, papi?
― Estoy pensando seriamente en no darte tu domingo, por lo que resta de tu niñez ―musitó hacia su hija.
Azul arrugó la nariz y señaló con el dedo índice hacia su espalda. No tuvo tiempo de voltear cuando escuchó una voz masculina y desconocida.
― Hola, Bella. Qué gusto volvernos a encontrar.
Por acto reflejo Edward se levantó de golpe de la silla. Sonrió sin dejar de mirar al tipo de pies a cabeza, la vestidura perfecta le daba la razón. El tipo era un afeminado que seguramente se hacía manicura.
― Ah… hola, Alec ―dijo su esposa.
Él ahora estudiaba el semblante de su mujer, quería saber si había alguna emoción en el rostro, pero no. Nada parecía suceder con Bella, quizá solo la cara de enfado que mostraba cuando el tipo llegó hasta ellos.
― ¿Tú eres…? ―Edward increpó sin ocultar su molestia―. ¿Con qué intención nos interrumpes?
El hombre flacucho sonrió. Alargó una mano queriéndose mostrar muy amigable.
― Soy… un amigo de Bella.
Edward siguió la mano que frotaba su hombro, la sacudió de un manotazo. Demostrando que con él no era para ese tipo de confianzas.
― Ellos son mi familia ―habló su esposa con mucho orgullo, se había puesto de pie y tenía una mano encima de su brazo―. Edward, mi esposo y Azul, mi niña.
La mirada amenazante de Bella era una clara advertencia de que debía comportarse.
Bufó y acomodó las mangas de su camisa; los tatuajes se apreciaban mejor al tener arremangadas las mangas hasta los codos. Lo hacía lucir más amenazante que cualquier comensal del jodido restaurante.
― Es un gusto conocerlos.
― ¡Ja!
Edward sonrió ante las palabras hipócritas del susodicho. ¿Qué maldito gusto podía tener por conocerlo? Al menos a él no le causaba ni una puñetera emoción.
Gruñó. Lo hizo ruidosamente cuando su pequeña le tendió los brazos para que la tuviera junto a él.
― Tú eres más guapo ―la niña susurró provocando que su cara tomara un color bermellón.
Estaba acostumbrado a recibir halagos de las féminas, aunque siempre eran más importantes los de su mujer e hija.
Besó el tope de la cabeza. Dejando que su gruñona apoyara el rostro en su hombro.
El ambiente era tenso y no le importaba. Bella lo estaba observando fijamente.
― ¿Qué? ―se quejó él.
― Guarda la compostura jengibre caliente ―musitó ella.
Soltó una leve carcajada. Llevaba años sin escuchar ese estúpido apodo.
Sin importar que el lugar estuviera abarrotado, dejó una nalgada en el culo de su mujer.
El afeminado se aclaró la garganta y desvió la mirada, disimuladamente.
― Encantado de conocer a tu familia, Bella.
― Qué te vaya bien, Alec.
De nuevo sonrió al escuchar a Bella despedir al hombre con tanta clase, realmente le daba gusto que ella no tuviera intención de conversar con él. Apenas vio al tipo caminar hacia las mesas del fondo y respiró relajado, volviendo a tomar su lugar.
― Eres un celoso ―acusó Bella―. Si vieras la cara de asesino que eres capaz de hacer tan solo porque alguien te incomoda, eres imposible.
― Así me conociste. No tengo porque fingir que soy un amor de hombre con gente desagradable.
― Ni siquiera lo conoces.
― No necesito hacerlo para deducir que es un idiota.
― Modera tu vocabulario, Cullen.
Volteó hacia Azul. La niña estaba sentada al lado de él comiendo su sopa de tortilla sin derramar una sola gota.
Empezaron a degustar de sus respectivos platillos y, su conversación empezó a fluir, simplemente natural y siendo ellos.
Habían pasado veinte minutos. El postre estaba aún en sus platos.
― Debo irme.
Bella se puso de pie. La barrió de pies a cabeza, le gustaba ese conjunto de falda tubo y blusa blanca que había elegido, resaltaba sus curvas y eso lo calentaba porque le parecía puñeteramente sensual.
»Los amo ―besó sus labios y la mejilla de su niña―, cuídense mucho. Nos vemos en casa.
Le dio otra última mirada en ese culo respingón.
― ¿Estás viendo el trasero de mamá?
Su hija era especialista en dar fin a momentos candentes. Era como una píldora anticonceptiva andante.
Pasó un dedo por la diminuta nariz de Azul.
― No, solo me gusta el atuendo que eligió para hoy. Es muy bonito, ¿verdad?
La niña asintió vehemente.
La vista de Edward fue involuntariamente a las mesas del rincón. Justo donde el hombre afeminado lo estaba viendo.
Sonrió triunfante cuando el tipo rehuyó su mirada de inmediato; como si la mesa fuese lo más bonito del jodido restaurante.
Maldito perdedor ―pensó.
― Papi, quiero ir al baño ―Azul se retorció en la silla―. Necesito ir pronto o ocurrirá una gran tragedia.
Sin pensar tomó el diminuto cuerpo de su hija y la alzó en brazos.
Un hombre rudo, lleno de tatuajes y con cara de pocos amigos trayendo una pequeña niña con él. Y no solo eso, sino que dirigiéndose al tocador.
Abrió la puerta. ¡No! Mejor dicho, empujó la puerta de los sanitarios femeninos. Inspeccionó que no hubiese nadie en los demás baños y la dejó entrar.
― Aquí te espero.
La niña no se movió, sino que desde su corta altura levantó su mirada y frunció el entrecejo. Tenía una mueca de enfado que la hizo cruzar sus brazos.
― ¿No me acompañarás? Mamá dice que no puedo estar sola en lugares públicos, también lo dices tú.
― Me quedaré en la puerta.
― No puedes descuidarse.
― Azul, puedes ir. No hay nadie, amor.
La niña no se movió. Era digna hija de Bella, terca hasta la médula.
»Ve, estaré vigilando ―añadió él.
― No puedo abrir la puerta yo sola.
A zancadas caminó hacia los baños y le abrió la puerta.
― Listo ―ordenó―, entra.
― Mamá dice que no puedo tocar los sanitarios públicos. Hay muchos gérmenes y es peligroso para mí.
Resopló. Se inclinó y la alzó en brazos, poniéndola encima del inodoro.
― Está bien, puedes orinar.
Estuvo inclinado, cargando su liviano peso de ella por lo que fue una eternidad y nunca escuchó el ruido de nada. Bajó la mirada, corroborando que el agua del inodoro seguía incoloro.
― Azul…
― Olvidé bajar mis calzones, papi.
En la punta de la lengua había una sarta de palabrotas que no podía repetir delante de su hija.
Tomó una gran bocanada de aire y se llenó de paciencia.
Delicadamente la puso sobre sus coquetas sandalias color celeste. Su hija se hizo cargo de bajar su propia ropa interior, era experta.
― Estoy lista.
De nuevo volvió a cargarla y ponerla sobre el váter. Se encargó de que la piel de su hija no tuviera contacto con el mármol.
― Azul, ¿qué pasa? ―Preguntó al no escuchar que hiciera pipí.
― ¿Estás enojado?
Bufó. Edward tenía toda la paciencia del mundo para su hija, pero reconocía que se le estaba agotando.
― Me dijiste que ya no aguantabas.
La delicada y tierna mano de su niña pasó por su mejillas y mandíbula. Recorriendo con sus diminutos dedos la creciente barba de su rostro.
― Tranquilo, papi.
Eso era suficiente para tenerlo bajo su dominio y controlarlo.
Su hija era su más grande debilidad.
Y también su dolor de cabeza.
Hola, ¿cómo ven a este par? ¿quieren más aventuras juntos?
Infinitas gracias por sus comentarios: Lizzye Masen, Car Cullen Stewart Pattinson, Kasslpz, Flor McCarty-Cullen, Patty, Ary Cullen 85, Gabby352, Daniela Masen, Valeria Sinai Cullen, cocoa blizzard, PaolaValencia, Diannita Robles, Lore562, Patito feo, Andrea, NarMaVeg, ALBANIDIA, Pepita GY, Dulce Carolina, Verónica, jupy, miop, Maribel 1925, mrs puff, sandy56, francicullen, Lili Cullen-Swan, LOQUIBELL, rociolujan, Noriitha, maries24, Gigi, saraipineda44, Lizdayanna, wendy andino, Antonella Masen, Marbelli, Cinthyavillalobo, Cassandra Cantu, Rosemarie28, Adriu, marisolpattinson y comentarios Guest
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